“
Míralo. El rostro de un ángel malicioso y los ojos como el cielo nocturno en el Infierno. Es muy hermoso, y a los vampiros les gusta eso. Y no puedo decir que a mí me moleste. -Magnus sonrió de medio lado-. Cabello negro y ojos azules son mi combinación favorita.
”
”
Cassandra Clare (Clockwork Prince (The Infernal Devices, #2))
“
Yo creo que eso es lo que hace a las relaciones con los demás tan interesantes: esa certeza de que, aunque nos lo propongamos, nunca los vamos a conocer del todo.
”
”
Antonio Santa Ana (Los ojos del perro siberiano)
“
Le debo a Ezequiel el haberme enseñada que la vida no es más que eso: asomar la cabeza, para ver que pasa afuera, aunque haya tormenta.
”
”
Antonio Santa Ana (Los ojos del perro siberiano)
“
El hombre que dicta la sentencia debe blandir la espada. Si le vas a quitar la vida a un hombre, tienes un deber para con él, y es mirarlo a los ojos y escuchar sus últimas palabras. Si no soportas eso, quizá es que ese hombre no merece morir".
”
”
George R.R. Martin (Juego de tronos (Canción de hielo y fuego, #1))
“
-Me miras con esos ojos verdes como si yo significara algo. No me importa que tengas cosas mejores que hacer. Me conformo con tenerte a veces. De vez en cuando. Sé que puedo considerarme afortunada por eso, por tenerte aunque solo sea un poco.
”
”
Patrick Rothfuss (The Name of the Wind (The Kingkiller Chronicle, #1))
“
Al fin, podrás ver esos ojos de mar que fluyen, se hacen espuma, vuelven a la calma verde, vuelven a inflamarse como una ola: tu los ves y te repites que no es cierto, que son unos ojos hermosos verdes idénticos a todos los hermosos ojos verdes que has conocido o podrás conocer.
”
”
Carlos Fuentes (Aura)
“
Esos ojos verdes se fijan en un punto con tal intensidad que tratas de encontrar lo que ella ve.. perfección, es suficiente para mí.
”
”
Suzanne Collins (Mockingjay (The Hunger Games, #3))
“
Conoces a una chica tímida y sencilla. Si le dices que es hermosa, ella pensará que eres simpático, pero no te creerá. Sabe que esa belleza es obra de tu contemplación. Y a veces basta con eso.
Pero existe una manera mejor de hacerlo. Le demuestras que es hermosa. Conviertes tus ojos en espejos, tus manos en plegarias cuando la acaricias. Es difícil, muy difícil, pero cuando ella se convence de que dices la verdad... De pronto la historia que ella se cuenta a sí misma cambia. Se transforma. Ya no la ven hermosa. Es hermosa, y la ven.
”
”
Patrick Rothfuss (The Name of the Wind (The Kingkiller Chronicle, #1))
“
ARTE MAGNÉTICA
DE tanto amar y andar salen los libros.
Y si no tienen besos o regiones
y si no tienen hombre a manos llenas,
si no tienen mujer en cada gota,
hambre, deseo, cólera, caminos,
no sirven para escudo ni campana:
están sin ojos y no podrán abrirlos,
tendrán la boca muerta del precepto.
Amé las genitales enramadas
y entre sangre y amor cavé mis versos,
en tierra dura establecí una rosa
disputada entre el fuego y el rocío.
Por eso pude caminar cantando.
”
”
Pablo Neruda
“
La verdad.
Qué cierto es eso de que cuando llevamos mucho tiempo buscando la verdad, el día que por fin la descubrimos llega lo más difícil.
¿Qué hacer con ella?
Lo curioso no es tanto haberla tenido delante de nuestros ojos todo el tiempo y no haber sabido verla hasta el último momento. Lo realmente curioso es que cuando por fin aparece, la verdad no permite largos plazos. Exige actuar, normalmente con urgencia.
”
”
Alejandro Palomas (Un hijo)
“
Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero.
”
”
Julio Cortázar (Hopscotch)
“
-¿Por qué me miran con esos ojos? Las miradas rencorosas son muy feas. Además, desearle mal a un prójimo no es bueno.
”
”
Claudia Celis (Donde Habitan Los Angeles)
“
¡Porque esos ojos nunca habían visto nada! Solo oscuridad, en el vientre. Y la luz pincha y araña.
”
”
Irene Solà (Te di ojos y miraste las tinieblas)
“
—Porque yo no querría morirme sola —respondí, y me tembló la voz cuando volví a mirar a Tamlin y me obligué a buscar sus ojos con los míos—. Porque me gustaría que alguien me sostuviera la mano hasta el final y un rato más después. Eso es algo que todo el mundo merece, inmortales y humanos.
–Capítulo 17, pág. 177
”
”
Sarah J. Maas (A Court of Thorns and Roses (A Court of Thorns and Roses, #1))
“
Ella era su debilidad. Esos ojos ambarinos y curiosos, y la graciosa nariz repleta de pecas que Mike solía contar en silencio. Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis…, podía hacerlo durante horas y conocía cada una de las diminutas marcas que bañaban su piel. Era su secreto. A falta de las pecas de su rostro, se conformaba con volver a contar estrellas, pero si podía elegir…, si podía elegir, siempre la prefería a ella. Sin
”
”
Alice Kellen (33 Razones para volver a verte)
“
— Más libros. —Sus ojos se ensancharon—. Tienes como diez libros que acabas de decir que no has leído.
—Eso no significa que no voy a conseguir más libros —sonreí ante su expresión de incredulidad
”
”
Jennifer L. Armentrout (Onyx (Lux, #2))
“
Le debo a Ezequiel el haberme enseñado que la vida no es más que eso: asomar la cabeza para ver que pasa afuera, aunque haya tormenta.
”
”
Antonio Santa Ana (Los ojos del perro siberiano)
“
Quería verme reflejada en esos ojos verdes para siempre. Era la imagen de mí que más me gustaba.
”
”
Alina Not (Suelo sagrado 1 (Bad Ash, #4))
“
¿Es que no te acuerdas de lo que te dije en Berlín, cuando estábamos perdidos en el bosque, luchando para rebelarnos contra nuestro destino?
—Sí —le contestó Tatiana, rodeándole el cuello con las manos, cerrando los ojos—. Dijiste que ya me habías dejado marchar una vez, que viviríamos juntos o moriríamos juntos.
—Eso es —dijo Alexander—. Y esta vez, viviremos juntos.
”
”
Paullina Simons (The Summer Garden (The Bronze Horseman, #3))
“
...Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero. Claro que te curarás, porque vivís en la salud, después de mí será cualquier otro, eso se cambia como los corpiños...
”
”
Julio Cortázar (Hopscotch)
“
—Los puros lo hacen, lo hacen siempre y no les pillan.
—Sé que hay algunos pura-sangre que rompen las reglas, pero lo hacen porque
no les importa lo que le ocurra a la otra persona, y a mí me importa lo que te
pase a ti —sus ojos buscaron los míos con intensidad—. Me preocupo por ti más
de lo que debería, y por eso no voy a ponerte en esa situación y poner en peligro
tu futuro.
”
”
Jennifer L. Armentrout (Half-Blood (Covenant, #1))
“
Respecto a los perros, nadie que no haya convivido con ellos conocerá nunca, a fondo, hasta dónde llegan las palabras generosidad, compañía y lealtad. Nadie que no haya sentido en el brazo un hocico húmedo intentando interponerse entre el libro que estás leyendo y tú, en demanda de una caricia, o haya contemplado esa noble cabeza ladeada, esos ojos grandes, oscuros, fieles, mirar en espera de un gesto o una simple palabra, podrá entender del todo lo que me crepitó en la sangre cuando leí aquellas líneas; eso de que en las peleas de perros, el animal, si su amo está con él, lo da todo.
”
”
Arturo Pérez-Reverte (Perros e hijos de perra (Spanish Edition))
“
Es bueno que la gente vea películas de guerra. Si todo el mundo viera películas de guerra, sabría que la guerra está mal y dejaría de luchar. Lo que sí está mal es que hay demasiadas películas de paz. Por eso la gente no puede ver con sus propios ojos que la guerra está mal.
”
”
Irvine Welsh (A Decent Ride (Terry Lawson, #3))
“
A muchos el universo les parece honrado; las gentes honestas tienen los ojos castrados. Por eso temen la obscenidad. No sienten ninguna angustia cuando oyen el grito del gallo ni cuando se pasean bajo un cielo estrellado. Cuando se entregan 'a los placeres de la carne' lo hacen a condición de que sean insípidos.
”
”
Georges Bataille
“
Me prometiste que nunca me follarías, pero ¿qué fue lo de anoche? Ni una palabra, ni un «te quiero», ni una nota antes de marcharte. ¿Era eso? ¿Un polvo de despedida? —El susurro de ella se convirtió en un sollozo—. ¿Quién es el follaángeles ahora?
Gabriel hizo una mueca de dolor.
Fue algo más que una mueca. Fue como si acabara de recibir un puñetazo. Cerró los ojos y gimió débilmente, mientras se apoyaba en los talones y apretaba mucho los puños.
Todos vieron como palidecía de golpe.
—Eso me ha dolido, Julianne —murmuró.
”
”
Sylvain Reynard (Gabriel's Rapture (Gabriel's Inferno, #2))
“
- Te amo, Jondalar. Siento amor cuando sonríes así, con esos ojos, y muchísimo más cuando ríes. Nadie reía en el Clan y no les gustaba que yo riera. No quiero vivir nunca con gente que no me permita sonreír o reír.
”
”
Jean M. Auel
“
Al rozar sus labios, entendí que el esfuerzo valía la pena. El dolor. Quitarme el chubasquero. Dejar pasar al miedo. Sentir. Sentir. Sentir. Vi ante mis ojos cómo las emociones se equilibraban con picos y bajadas cruzándose, porque si la tristeza no existiese, nadie se habría tomado nunca la molestia de inventar la palabra «felicidad». Y besarlo había sido eso. Una chispa de felicidad, de las que prenden y explotan como un castillo de fuegos artificiales. Había sido un cosquilleo en el estómago. El sabor de esa noche estrellada en los labios. El olor del mar impregnado en su piel. Sus dedos ásperos contra mi mejilla. Su mirada desnudándome por dentro. Él. De nuevo él. Siempre él.
”
”
Alice Kellen (Todo lo que nunca fuimos (Deja que ocurra, #1))
“
¿Te han hechizado en alguna ocasión, Maureen Quilling? ¿Te has mirado alguna vez al espejo preguntándote si esos ojos que te miran desde el otro lado son en verdad los tuyos? ¿O alguna vez has estado sentada en una habitación vacía y, de repente, has tenido la sensación de que no estabas sola?
”
”
Neil Gaiman (The Graveyard Book)
“
Escucho mis latidos. He estado mirándolo por mucho tiempo, pero entonces, él ha estado mirándome de regreso, y siento que los dos estamos tratando de decir algo que el otro no puede oír, aunque podría estar imaginando eso. Demasiado tiempo; y ahora, incluso más, con mi corazón más estridente, sus tranquilos ojos me devoran entera.
”
”
Veronica Roth (Divergent (Divergent, #1))
“
Antes de saber leer, los libros eran para mí como bosques misteriosos. Me acuciaba una pregunta: ¿cómo era posible que de aquellas páginas de papel, de aquellas hormiguitas negras que la surcaban se levantara un mundo ante mis ojos, mis oídos y mi corazón de niña? ¿Qué clase de magia, de sortilegio era aquel que sobrepasaba cuanto yo vivía y cuanto vivía a mi alrededor?
Después, cuando ya había aprendido a descifrar esos signos misteriosos, la primera vez que leí la palabra "bosque" en un libro de cuentos, supe que siempre me movería dentro de ese ámbito. Toda la vida de un bosque -misterioso, atractivo, terrorífico, lejano y próximo, oscuro y transparente- encontraba su lugar sobre el papel, en el arte combinatoria de las palabras. Jamás había experimentado, ni volvería a experimentar en toda mi vida, una realidad más cercana, más viva y que me revelara la existencia de otras realidades tan vivas y tan cercanas como aquella que me reveló el bosque, el real y el creado por las palabras.
”
”
Ana María Matute
“
Tú me estás enseñando a amar y supongo que yo también te estoy enseñando a hacerlo, a mi manera —dijo y se apartó un poco para mirarla a los ojos—. No somos perfectos, pero eso no tiene por qué impedirnos ser felices, ¿no crees?
”
”
Sylvain Reynard (Gabriel's Rapture (Gabriel's Inferno, #2))
“
La camilla siguió avanzando a través de un pasillo lleno de gente en silencio. La gente me miraba con esos ojos que decían, pobre chico, tan joven, tan sano, tan blanco y yo desde la camilla les dije tranquila gente, no soy tan sano, ni tan limpio, ni tan creyente, no me lavo los dientes todas las mañanas como ustedes, no leo tantos libros, no hago deporte, ni rindo tanto en el trabajo como ustedes, tranquila gente.
”
”
Rafael Chaparro Madiedo (Opio en las nubes)
“
Te llamas a ti misma ciudadana del mundo, sus ojos susurraban, pero eso sólo significa que no perteneces a ningún sitio.
”
”
Susan Elizabeth Phillips (Call Me Irresistible (Wynette, Texas, #6))
“
Sus rostros eran absolutamente similares en un detalle: parecían extremadamente incompletos, como cuadros con agujeros por ojos o como un rompecabezas al que le faltase una pieza nimia. Y eso que echaba en falta, pensó Richards, era el aire de desesperación. En sus estómagos no aullaban los lobos. Sus mentes no estaban llenas de sueños viciados, de esperanzas insensatas.
”
”
Richard Bachman (The Running Man)
“
¡Qué triste es! -murmuraba Dorian con los ojos fijos todavía en su retrato-. ¡Qué triste! Me volveré viejo, horrible, espantoso. Pero ese retrato permanecerá siempre joven. No será nunca más viejo que en este día de junio... ¡Si ocurriera al contrario, si fuera yo siempre joven, y si este retrato envejeciese! ¡Por eso, por eso lo daría yo todo! ¡Sí, no hay nada en el mundo que no diera yo! ¡Por ello daría hasta mi alma!
”
”
Oscar Wilde (The Picture of Dorian Gray)
“
No tenían ya palabras. Las estrellas empezaban a brillar. ¿Cómo fue que sus labios se encontraron? ¿Cómo es que el pájaro canta, que la nieve se funde, que la rosa se abre? Un beso; eso fue todo. Los dos se estremecieron, y se miraron en la sombra con ojos brillantes. No sentían ni el frío de la noche, ni la frialdad de la piedra,ni la humedad de la tierra, ni la humedad de las hojas; se miraban y tenían el corazón lleno de pensamientos. Se habían cogido de las manos sin saberlo.
”
”
Victor Hugo (Les Misérables)
“
prefiero morir en sus manos en una agonía lenta, a saber que nunca te tendré a mi lado, porque hasta que eso suceda, viviré dichosa contigo y no destrozada como lo estoy. Déjame elegir a mí mi propio destino.
”
”
Florencia Bonelli (Lo que dicen tus ojos)
“
—Si te encuentran, tendré que exterminar tu fuerza vital para cerrar el portal.
Me invadió una sensación de terror. —¿Y eso qué significa? Apretó los labios contra mi frente y cerró los ojos.
—Significa que tendré que matarte.
”
”
Darynda Jones (First Grave on the Right (Charley Davidson, #1))
“
Tu cuerpo necesita algo frío. En eso consiste todo. Tu cuerpo necesita el frío e intenta crearlo, porque no lo encuentra en ninguna parte. Tu cabeza no puede ser, porque es de donde sale el calor, así que se centra en otros órganos. En el estómago. En el hígado. En los pulmones. Y, poco a poco, te das cuenta de que tu cuerpo arde por fuera, pero que estás helado por dentro. Tu cabeza está siempre alerta y se prepara para todas las posibilidades, pero cuando cierras los ojos siempre hay fondos blancos con líneas negras que se mueven en todas direcciones y, cuando coges aire, nunca es suficiente porque hay demasiadas cosas que podrían salir mal, y abres la boca y aún te cabe más aire que no eres capaz de coger, y no sabes qué hacer para conseguirlo, para conseguir eso o para conseguir nada, porque nunca eres el mejor. Nunca eres suficiente. Nunca sabes cómo moverte o qué decir o qué hacer y te da la sensación de que todos lo saben y
así es como se siente la ansiedad.
”
”
Clara Cortés (Cosas que escribiste sobre el fuego)
“
Que significa 'amar'? Durante anios he pensado que significa conocer a la otra persona..., conocerla perfectamente, con todos sus secretos; conocer cada rincon de su cuerpo, cada reflejo; conocer a fondo su alma, cada una de sus emociones... Quizas sea eso, quizas conocer sea lo mismo que amar. Pero eso solo es una teoria. Despues de todo, que quiere decir conocer? Cuanto se puede conocer a un ser humano? Hasta donde se puede seguir a un alma desconocida? Hasta sus suenios? Y luego adonde? No se puede acompaniar a nadie a su inconsciente. Ni siquiera es necesario esperar a que ella cierre los ojos, se despida de mi y se retire a ese otro mundo, al mundo que llamamos de la noche... Porque existen dos mundos y uno esta mas alla del espacio conocido en el que vivimos, y quizas en ese otro mundo vivamos de manera mas real que en el espacio y en el tiempo...Ahora ya se con certeza que hay otro lugar que es solo nuestro, la propiedad privada de cada uno. (...) Aunque todavia sigo sin saber lo que significa amar... Acaso se puede saber? Y de que sirve saberlo? No tiene nada que ver con la razon. Seguramente el amor es algo mas que el conocimiento. Conocer a alguien no es mucho, tiene unos limites... Amar debe ser algo parecido a seguir el mismo ritmo, una casualidad tan maravillosa como si en el universo hubiese dos meteoros con la misma trayectoria, la misma orbita y la misma materia. Una casualidad tal que no se puede ni calcular ni prever. Tal vez ni exista siquiera (...) Dos personas a las que les gustan las mismas comidas y la misma musica, que caminan al mismo ritmo por la calley que se buscan al mismo ritmo en la cama: quizas sea eso el amor. Que cosa mas rara debe de ser! Como un milagro... Yo imagino que los encuentros de ese tipo deben de ser misticos. La vida real no se basa en tales probabilidades. Creo que las personas que siguen el mismo ritmo, que segregan sus hormonas al mismo tiempo, que piensan lo mismo de las cosas y lo expresan con palabras identicas... bueno, creo que eso no existe. Una de las dos sera mas lenta y la otra mas rapida, una es timida, la otra osada, una ardiente, la otra tibia. Asi es como hay que tomar la vida, los encuentros... Hay que aceptar la felicidad asi, en su estado imperfecto.
”
”
Sándor Márai (Divorce à Buda)
“
Hermano chico no solo tiene los ojos azulísimos, sino que encuentra que son los más bellos de este mundo. Eso lo hace pensar que tiene muy altas posibilidades de ser secuestrado. De los ocho a los diez años, es casi lo único que piensa. Será secuestrado porque baila bien y tiene los ojos azules.
”
”
Camila Gutiérrez
“
Y eso es lo que lo hace tan perfecto: tus ojos. Tu alma esta ahí pero el resto de ti permanece indefinido esa es la belleza de la infancia. Los ojos muestran todo lo que has visto hasta el momento pero el resto de ti sigue abierto a diversas posibilidades todavia no se sabe en que te convertiras
”
”
Bree Despain (The Dark Divine (The Dark Divine, #1))
“
De eso se trata, de coincidir con gente que te haga ver cosas que tú no ves. Que te enseñen a mirar con otros ojos.
”
”
Mariani Sierra Villanueva (Ideas Viajando: Radiografía de un corazón de origami (Spanish Edition))
“
Porque lo que ocurre cuando te abres en canal delante de otra persona es eso, que después pasas a ser transparente a sus ojos. Y cuando lo das todo, te vacías por dentro.
”
”
Alice Kellen (Todo lo que somos juntos (Deja que ocurra, #2))
“
Abre sus ojos de nuevo, su expresión es desolada–sincera. –¿No ibas a escapar? –pregunta.
–¡No!
Cierra sus ojos de nuevo y todo su cuerpo se relaja. Cuando abre sus ojos, puedo ver su dolor y angustia.
–Pensé… –Se detiene–. Este soy yo, Ana. Todo yo… y soy todo tuyo. ¿Qué tengo que hacer para que te des cuenta de eso? Hacerte ver que te quiero de cualquier forma en que te pueda obtener. Que te amo.
–También te amo, Christian, y verte así… –Me ahogo y mis lágrimas comienzan de nuevo–. Pensé que te había roto.
–¿Roto? ¿A mí? Oh no, Ana. Justo lo contrario. –Se estira y toma mi mano–. Eres mi vida, –susurra, y besa mis nudillos antes de presionar mi palma contra la suya.
”
”
E.L. James (Fifty Shades Darker (Fifty Shades, #2))
“
¿Dónde estaban los recuerdos puros? En casi todos se funden impresiones de otras épocas que se les superponen y les confieren una realidad distinta. Los recuerdos no existen: es otra vida revivida con otra personalidad, y que en parte es consecuencia de esos mismos recuerdos. No se puede invertir el sentido del tiempo, a menos que se viva con los ojos cerrados y los oídos sordos.
”
”
Boris Vian (L'herbe rouge - roman / Les lurettes fourrées - nouvelles)
“
—Eso es todo. Ese día mi abuelo me explicó que nosotros somos distintos de los animales, que solo hacen lo que su naturaleza les dicta. En cambio, nosotros somos libres. Es el mayor don que hemos recibido. Gracias a la libertad podemos convertirnos en algo distinto de lo que somos. La libertad nos permite soñar y los sueños son la sangre de nuestra vida, aunque a veces cuestan algún azote y un largo viaje. «Jamás renuncies a tus sueños. Nunca tengas miedo de soñar, por mucho que los demás se rían de ti», eso me dijo mi abuelo, «pues si lo haces renunciarías a ser tú mismo». Aún recuerdo los ojos brillantes con que subrayó sus palabras.
”
”
Alessandro D'Avenia (Blanca como la nieve, roja como la sangre)
“
¡Terribles rincones vacíos del cuarto! Cada uno se llena con la deseada presencia del ser amado. Rincones desnudos. Los dedos se retuercen en el aire tratando amorosamente de hallar Esos brazos, Esos ojos, Esa boca…Y ninguna magia activa su renombre. Todo es en vano. Nuevos deseos. Nuevas frustraciones. El nombre expirado por los labios no resucita en ningún rincón. ¡No! ¡Dios mío! ¡No!
”
”
Alejandra Pizarnik (Diarios)
“
No sabes en qué momento te enamoras, creo que no existe un instante exacto, simplemente pasa, te enamoras de su rostro, de su personalidad, de sus ojos, de su humor, de sus características, de sus defectos. Eso es lo último que haces cuando amas por completo a una persona, es la circunstancia en donde ya no importa nada, en donde lo más mínimo son pormenores y tratas de mejorar por ella.
”
”
Flor M. Salvador (Boulevard)
“
Ayer volví, después de tantos años, al río.
El agua, las piedras, los árboles, el viento, son los mismos.
Yo ya no soy el mismo.
Ya no me pregunto cómo será mis destino.
Le debo a Ezequiel el haberme enseñado que la vida no es más que eso: asomar la cabeza, para ver qué pasa afuera, aunque haya tormenta. Y una
Suite de Bach.
”
”
Antonio Santa Ana (Los ojos del perro siberiano)
“
Solo piensas en la muerte cuando te mueres, Aleksy, solo cuando te mueres, y eso es una tontería, una inmensa tontería. Porque, en lugar de todos sus sueños, la muerte es lo más probable que va a sucederle a un individuo. De hecho, lo único que le va a suceder con toda certeza. Por eso, Aleksy, no hagas nunca las cosas a lo tonto pensando que tendrás tiempo de enderezarlas, porque no lo tendrás. El tiempo de después lo utilizarás para hacer más tonterías y para morir más deprisa.
”
”
Tatiana Țîbuleac (El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes)
“
«Uno nunca termina de conocer del todo a las personas, ni aún a las más cercanas [...]. Siempre hay una zona de cada uno que permanece a oscuras, alejada por completo de los demás. Una zona de pensamientos, de actividades, de cualquier cosa. Pero siempre hay un lugar de nosotros en el que no dejamos que entre nadie más. Yo creo que eso es lo que hace a las relaciones con los demás tan interesantes, esa certeza de que, aunque nos lo propongamos, nunca los vamos a conocer del todo»
”
”
Antonio Santa Ana (Los ojos del perro siberiano)
“
Walking Around
Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza.
El olor de las pelquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.
Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.
Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a une monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío.
No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.
No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos
ateridos, muriéndome de pena.
Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.
Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.
Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejos
que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.
Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentas lágrimas sucias.
”
”
Pablo Neruda
“
Pero eso de que una persona te deje de hablar porque ya se enteró de que te gusta, o que tengas que esperarte tres meses para dar un beso que los dos quieren porque si no te van a acusar de fácil, es horrible.
De hecho, creo que las femmes fatales son tan tradicionales y aburridas como las que cocinan pastelitos y esperan al príncipe azul, porque a fin de cuentas también se dedican a ser un cliché del tamaño del mundo y a reprimirse solitas para ser lo que los fulanos esperan de ellas.
”
”
Raquel Castro (Ojos llenos de sombra)
“
Yo ya no soy el mismo.Ya no pregunto cómo será mi destino.
Le debo a Ezequiel el haberme enseñado que la vida no es más que eso: asomar la cabeza, para ver qué pasa fuera, aunque haya tormenta. Y una Suite de Bach
”
”
Antonio Santa Ana (Los ojos del perro siberiano)
“
Pero el amor, esa palabra… Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero. Claro que te curarás, porque vivís en la salud, después de mí será cualquier otro, eso se cambia como los corpiños. Tan triste oyendo al cínico Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una lengua. Y es tonto porque todo eso duerme un poco en vos, no habría más que sumergirte en un vaso de agua como una flor japonesa y poco a poco empezarían a brotar los pétalos coloreados, se hincharían las formas combadas, crecería la hermosura. Dadora de infinito, yo no sé tomar, perdoname. Me estás alcanzando una manzana y yo he dejado los dientes en la mesa de luz. Stop, ya está bien así. También puedo ser grosero, fijate. Pero fijate bien, porque no es gratuito.
¿Por qué stop? Por miedo de empezar las fabricaciones, son tan fáciles. Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas. De la palabra a los actos, che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al verse. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto.
”
”
Julio Cortázar
“
Eso es porque Aki se ha ido. Porque la he perdido. Ya no hay nada que desee ver. Ni en Australia, ni en Alaska, ni en el Mediterráneo, ni en la Antártida. En este mundo, vaya a dónde vaya, siempre me sucederá lo mismo. Por más maravilloso que sea el paisaje que tenga ante los ojos, nunca me emocionaré; la más hermosa de las vistas no me gustará. Ha desaparecido la persona que me hacía desear ver, saber y sentir…, incluso vivir. Ella ya no volverá a estar jamás a mi lado.
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Kyōichi Katayama (Socrates In Love)
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—¿Por qué?
—Porque el amor no te hace dudar de ti misma. No te obliga a ser alguien que no eres. No es solo sentir mariposas, sino que esos nervios den paso a la calma. Es querer lo mejor para la otra persona. Desear verla triunfando y logrando sus objetivos. Siendo libre. Es escucharla hablar durante horas sin cansarte. Preocuparte por sus intereses. Disfrutar de pasar tiempo a solas, sin hacer nada, en silencio. Es que incluso las cosas más simples adquieran sentido, como una sonrisa. O como una estrella con una inscripción. O como tumbarse a ver el cielo de noche. Es saber que estás completa por ti misma, que no necesitas a nadie y que, aun así, quieres estar a su lado. El amor es pensar en la otra persona cada vez que te ocurre algo bueno. Querer contárselo. Es ser consciente de los riesgos y, aun así, entregarse con los ojos cerrados. Y es que haya canciones que, da igual cuándo las escuche, siempre me recordarán a ti. —El corazón me late a toda velocidad. Vuelvo a clavar mis ojos en los suyos—. Liam, no tengo ni idea de lo que es el amor. Creo que nunca antes lo había sentido. Lo único que tengo claro es que, cada vez que pienso en él, eres tú quien se me viene a la cabeza.
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Inma Rubiales (Hasta que nos quedemos sin estrellas)
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Si escuchas la canción Asleep, y piensas en esos días en los que hace un clima precioso que te hace recordar cosas, y piensas en los ojos más hermosos que has visto jamás, y lloras, y esa persona te devuelve el abrazo, entonces creo que verás la fotografía.
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Stephen Chbosky
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En sus ojos se leía a menudo el ardiente deseo de tomar parte en alguna conversación interesante o de juntarse a otro grupo, pero se retenía al pensar que aquello podía parecer excesivo por su parte o demasiado familiar, y que con ello rebajaría su dignidad. Y por eso permanecía eternamente solo, en la misma actitud silenciosa, emitiendo de cuando en cuando un sonido monótono, con lo cual llegó a pasar por un hombre de lo más aburrido.
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Nikolai Gogol (The Overcoat)
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—¿Vas a pelear conmigo ahora? —le espeté—. ¿O vas a esconderte detrás de otro de tus cerditos?
Ares estaba morado de rabia.
—Ojo, chaval. Podría convertirte en…
—… ¿una cucaracha o una lombriz? Sí, estoy seguro. Eso evitaría que patearan tu divino trasero, ¿verdad?
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Rick Riordan
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En eso consiste la madurez. No en pensar, sino en concretar. No en soñar sino en actuar.
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Carlos Cuauhtémoc Sánchez (Los ojos de mi princesa 2)
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No necesitas mojar tus ojos para llorar... eso hasta yo lo sé, Eikka.
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Maike Marquez (Eikka)
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Eso es valor, Enrique, el valor del corazón que no razona ni vacila, y va derecho con los ojos cerrados a donde oye el grito de quien se muere.
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Edmondo de Amicis (Cuore)
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La vista del entendimiento, ten por cierto, empieza a ver adecuadamente cuando la de los ojos comienza a perder su fuerza, y tú todavía estás lejos de eso.
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Plato (El Banquete)
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Entonces los ojos y el corazón del guerrero empiezan a acostumbrarse a la luz. Ya no le asusta, y él pasa a aceptar su Leyenda, aunque eso signifique correr riesgos.
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Paulo Coelho (Warrior of the Light)
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Así que cierras los ojos y recuerdas cosas. A veces está bien hacer eso
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Sally Green (Half Bad (The Half Bad Trilogy, #1))
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—¿Oliva? —Eso es. —Nunca lo había oído, pero tiene sentido. Ahora soy yo la que me pierdo por completo. —¿Qué es lo que tiene sentido? —Es el color de tus ojos, verde oliva.
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Neïra (La lista de Oliva)
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La belleza solo sirve para marear un par de ojos, pero para estremecer un alma, se necesita más que eso.
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Andrés Ixtepan
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—No hagas eso.
—¿Hacer qué?
—Sonreírme —murmuró, la plata de sus ojos se arremolinaba.
—¿Por qué?
—Porque cuando haces eso, no hay absolutamente nada que no permitiría que me hicieras.
Entonces sonreí plenamente.
—Joder —Él gimió. Una carcajada me abandonó, un sonido ligero y aireado que se sintió bien incluso cuando sus ojos se estrecharon en mí—. Tampoco hagas eso.
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Jennifer L. Armentrout (A Shadow in the Ember (Flesh and Fire, #1))
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Pero el amor puede transformar en belleza y dignidad cosas bajas y viles, porque no ve con los ojos, sino con la mente, y por eso pinta ciego a Cupido el alado. Ni tiene en su mente el amor señal alguna de discernimiento; como que las alas y la ceguera son signos de imprudente premura. Y por ella se dice que el amor es niño, siendo tan a menudo engañado en la elección. Y como en sus juegos perjuran los muchachos traviesos, así el rapaz amor es perjurado en todas partes.
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William Shakespeare (A Midsummer Night’s Dream)
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Si hubiera podido, habría elegido uno de esos días y me habría conservado en él para siempre, como esos insectos atrapados en una gota de ámbar que parecen vivos incluso doscientos años después.
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Tatiana Țîbuleac (El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes)
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Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
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Pablo Neruda (Veinte poemas de amor y una canción desesperada)
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—Nunca nos quisimos —le dijo besándola en el pelo. —No hablés por mí —dijo la Maga cerrando los ojos—. Vos no podés saber si yo te quiero o no. Ni siquiera eso podés saber. —¿ Tan ciego me creés?
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Julio Cortázar (Hopscotch)
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Los dias no se tomaban de la mano,
no se abrían paso en la fila india amablemente, lento flujo del aceite del tiempo, ida y vuelta, va y viene, no: los dias se atropellaban y amontonaban unos sobre otros y caían al vacío con las piernas enredadas: zumbaban y atacarán, acusan: naciste mañana, morirás ayer: dijiste diras adiós:amor o miedo ardiendo en esos ojos que miraron la próxima ultima vez.
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Eduardo Galeano
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—A veces, muchacho —continuaba Cayo Mario mirando muy fijamente a los ojos a su sobrino—, una guerra no se gana el día de la batalla decisiva. Ese día se gana esa batalla, que, ciertamente, es muy importante, pero la guerra la ganaste todos esos otros días en los que tus enemigos te provocaron para que entraras en combate donde ellos querían, cuando ellos querían, pero que era cuando y donde a ti no te convenía.
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Santiago Posteguillo (Roma soy yo: La verdadera historia de Julio César (Julio César, #1))
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Sería más… prudente para ti que no fueras mi amiga. —Sumido en las profundidades de esos ojos color chocolate fundido, mis dedos se soltaron del concepto «aligerar»—. Pero me he cansado de alejarme de ti, Bella.
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Stephenie Meyer (Sol de medianoche (Crepúsculo #5))
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Cuando ella vuelve a abrir los ojos, descubre que están en la cubierta de un barco, en mar abierto. Eso sí, el barco está hecho de libros, las velas son miles de páginas superpuestas y el mar que surca es de tinta negra.
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Erin Morgenstern (El circo de la noche)
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Años más tarde, cuando parece definitivamente confirmado que lo suyo es un trastorno esquizo-afectivo, me atrevo a ser clara con Daniel sobre lo que ningún médico quiere llamar por su nombre frente a él. Me pregunta, con los ojos muy abiertos, si eso es para siempre. Y yo, tragándome las lágrimas le contesto:
-Sí, Dani, para siempre.
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Piedad Bonnett (Lo que no tiene nombre)
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Si tú quieres que tome clases como un estudiante, puedo hacerlo. Si quieres mudarte a una gran ciudad para perseguir tus sueños, te seguiré. Y si algún día deseas casarte con un vestido blanco y hacer esto oficial ante los ojos humanos, estoy dispuesto a hacer eso también (...)―Para bien o para mal, me temo que estas ligada a mí por ahora.
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Julie Kagawa (The Iron Queen (The Iron Fey, #3))
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Contemplé el temblor de mis dedos y supe que el detalle no le pasaría desapercibido.
-¿Te molesta?- pregunté, ya que había vuelto a cerrar los ojos.
-No- respondió sin abrirlos- no puedes ni imaginarte cómo se siente eso.
Suspiró.
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Stephenie Meyer (Twilight (The Twilight Saga, #1))
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- Entiende la lógica detrás de lo ilógico, Alyssa. Está en tu naturaleza encontrar la tranquilidad en medio de la locura y eso es lo que estamos haciendo aquí. Estamos dando a nuestros alimentos ona oportunidad de pelear. - Me guiña el ojo.
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A.G. Howard
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Usted tiene todas las condiciones para concurrir a mi felicidad, pero yo tengo muy pocas para concurrir a la suya. Y no crea que me estoy mandando la parte. En otra posición (quiero decir, más bien, en otras edades) lo más correcto sería que yo le ofreciese un noviazgo serio, muy serio, quizá demasiado serio, con una clara perspectiva de casamiento al alcance de la mano. Pero si yo ahora le ofreciese algo semejante, calculo que sería muy egoísta, porque sólo pensaría en mí, y lo que yo más quiero ahora no es pensar en mí sino pensar en usted. Yo no puedo olvidar usted tampoco que dentro de diez años yo tendré sesenta. Escasamente un viejo, podrá decir un optimista o un adulón, pero el adverbio importa muy poco. Quiero que quede a salvo mi honestidad al decirle que ni ahora ni dentro de unos meses, podré juntar fuerzas como para hablar de matrimonio. Pero siempre hay un pero ¿de qué hablar entonces? Yo sé que, por más que usted entienda esto, es difícil, sin embargo, que admita otro planteo. Porque es evidente que existe otro planteo. En ese otro planteo hay cabida para el amor, pero no la hay en cambio para el matrimonio. Levantó los ojos, pero no interrogaba. Es probable que sólo haya querido ver mi cara al decir eso. Pero, a esta altura, yo ya estaba decidido a no detenerme. A ese otro planteo, la imaginación popular, que suele ser pobre en denominaciones, lo llama una Aventura o un Programa, y es bastante lógico que usted se asuste un poco. A decir verdad, yo también estoy asustado, nada más que porque tengo miedo de que usted crea que le estoy proponiendo una aventura. Tal vez no me apartaría ni un milímetro de mi centro de sinceridad, si le dijera que lo que estoy buscando denodadamente es un acuerdo, una especie de convenio entre mi amor y su libertad. Ya sé, ya sé. Usted está pensando que la realidad es precisamente la inversa; que lo que yo estoy buscando es justamente su amor y mi libertad. Tiene todo el derecho de pensarlo, pero reconozca que a mi vez tengo todo el derecho de jugármelo todo a una sola carta. Y esa sola carta es la confianza que usted pueda tener en mí.
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Mario Benedetti (La tregua)
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–¿Adrián?
El chico se detuvo y la miró a los ojos luego de una leve vacilación.
Nova tragó saliva.
–Fue real –susurró–. Espero que sepas eso.
Adrián la miró inmutable, inexpresivo. Finalmente, dijo:
–Desearía poder creerlo, Nova. Pero ambos sabemos que solo es una mentira más
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Marissa Meyer (Supernova (Renegades, #3))
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Coge un cuenco grande, dije. Llénalo con medidas iguales de hechos, fantasías, historia, mitología, ciencia, superstición, lógica y locura. Oscurece la mezcla con lágrimas amargas, aclárala con carcajadas, viértele tres mil años de civilización, grita kan pei, que significa "copa seca", y bébela hasta las heces."
Propocio me clavó los ojos. "¿Y seré sabio?", preguntó.
"Mejor que eso", le respondí. "Serás chino.
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Barry Hughart (Bridge of Birds (The Chronicles of Master Li and Number Ten Ox, #1))
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―Linette.
Un susurro. Eso era todo lo que había llegado hasta sus oídos. Una brisa que el ambiente había traído hasta ella, pero fue suficiente para que sus ojos parpadearan incrédulos y sus pies dieran un paso hacia delante sin siquiera pensar en ello.
Había alguien.
«No estoy sola».
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Irene Sánchez Cuenca (Volveremos a encontrarnos)
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—Bruno no sabía lo que decía —insistió—. ¿Qué podía saber ese desdichado de finales felices? — la voz le temblaba—. Nada. No sabía nada. La felicidad es estar aquí y ahora, bajo la lluvia, mirándote a los ojos. La felicidad es tener un corazón capaz de amar. Es saber que has sido importante para alguien... Que, de algún modo, en algún momento, has marcado al diferencia. Y la muerte no es nada en comparación con esos momentos.
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José Antonio Cotrina (La sombra de la luna (El ciclo de la luna roja, #3))
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En estos momentos tuve una certeza fulminante: cada uno tenía una “misión”, pero ésta no podía ser elegida, definida, administrada a voluntad. Era un error desear nuevos dioses, y completamente falso querer dar algo al mundo. No existía ningún deber, ninguno, para el hombre consciente, excepto el de buscarse a sí mismo, afirmarse en su interior, tantear un camino hacia adelante sin preocuparse de la meta a que pudiera conducir. Aquel descubrimiento me conmovió profundamente, este fue el fruto de aquella experiencia. Yo había jugado a menudo con imágenes del futuro y soñado con papeles que pudieran estar destinados de poeta quizás, de profeta, de pintor o de cualquier otra cosa. Aquellas imágenes no valían nada. Yo no estaba en el mundo para escribir, predicar o pintar; ni yo ni nadie estaba para eso. Tales cosas sólo podían surgir marginalmente. La misión verdadera de cada uno era llegar a sí mismo. Se podía llegar a poeta o a loco, a profeta o a criminal; ese no es asunto de uno: a fin de cuentas, carecía de toda importancia. Lo que importaba era encontrar su propio destino, no un destino cualquiera, y vivirlo por completo. Todo lo demás eran medianías, un intento de evasión, de buscar refugio en el ideal de la masa, era amoldarse; era miedo ante la propia individualidad. La nueva imagen surgió terrible y sagrada ante mis ojos, presentido múltiples veces, quizás pronunciada ya otras tantas, pero nunca vivida hasta ahora. Yo era un proyecto de la naturaleza, un proyecto hacia lo desconocido, quizá hacia lo nuevo, quizá hacia la nada; y mi misión, mi única misión, era dejar realizarse este proyecto que brotaba de las profundidades. Sentir en mí su voluntad e identificarme con él por completo.
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Hermann Hesse (Demian: Die Geschichte von Emil Sinclairs Jugend)
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Nuestro padre le había enseñado a analizar las cosas que temía.
Así que ir de trato o truco con él, cuando era pequeño, era como escuchar una reunión de información técnica: —Eso no es una bruja de verdad, es una figura de plástico con luces LED para los ojos y una pista pregrabada de chirridos.
Esas no son tumbas reales, sino que son de PVC moldeadas en forma de lápidas, con frases espeluznantes escritas por un escritor de bromas. Esos no son verdaderos demonios que vienen por la calle, esos son los chicos de laescuela secundaria vestidos con trajes que consiguieron en Walgreens o tal vez por medio de un pedido en línea...
Y todo el tiempo Alex había apretado mi mano, como si le ofreciera el último vínculo con la cordura. Me había gustado ser su protector, el que le hiciera sentirse seguro.
Razón por la cual me sentía aún peor por haberlo atacado.
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Emmy Laybourne (Monument 14 (Monument 14, #1))
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–Quiero que me prometas algo –su voz se había vuelto repentinamente grave.
Asentí con la cabeza–.
–Quiero que me prometas que, pase lo que pase, recordarás siempre dos cosas. Dime que lo harás.
Asentí nuevamente.
–La primera es que el sexo y el amor no tienen nada que ver…
–Eso ya me lo dijiste anoche–.
–Bien. La segunda es que lo de anoche fue un acto de amor –me miró a los ojos con una intensidad especial–. ¿De acuerdo?
Me paré a meditar unos segundos, pero fue inútil. No sabía qué quería decir con todo eso.
–No te entiendo.
–No importa, prométemelo.
–Te lo prometo.
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Almudena Grandes (Las edades de Lulú)
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—Bienvenida otra vez —musitó, tomandome en brazos. —Has dormido profundamente, no me he perdido nada —Sus ojos centellaron. —Empezaste a habar en sueños muy pronto.
—¿Qué oíste? —Los ojos dorados se suavizaron.
—Dijiste que me querías.
—Eso ya lo sabías —le recordé. Hundí mi cabeza sobre su hombro.
—Da lo mismo, es agradable oírlo.
Oculté la cara contra su hombro.
—Te quiero —susurré.
—Ahora tú eres mi vida —se limitó a contestar.
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Stephenie Meyer (Twilight (The Twilight Saga, #1))
“
—James, ¿puedo hacerte una pregunta?
—Eh… NO.
—¿Alguna vez has tenido novia?
—¿Es que no me has oído? Te prohíbo que me preguntes cosas.
—Eso significa que siempre has estado soltero, ¿verdad?
James comenzó a ruborizarse lentamente, y sus mofletes se tornaron de un
gracioso tono rojizo. Se incorporó en el sofá, sentándose y mirándola.
—Pues claro que no. Soy el sex symbol del instituto.
—¿De veras? No me lo creo.
—Abre los ojos, mírame fijamente y verás cómo se te despejan las dudas.
Kelsey rió descaradamente. Su ego no tenía límites.
—¿Y con cuántas chicas has salido?
—¡Sabía adónde querías llegar, vieja picarona! —La apuntó con un dedo
acusador—. No pienso decírtelo. Te quedarás con las ganas de saberlo.
Kelsey se acercó a James, rompiendo la normativa de espacio vital
individual que ambos habían acordado. Él pareció sentirse intimidado y la miró
con una mezcla de miedo y desconcierto.
—¡Va, James! ¡No te hagas el malote! —Le dio un pequeño codazo—.
¡Venga, sex symbol, cuéntame a cuántas fashion victims te has llevado a la
cama!
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”
Silvia Hervás
“
—Eso es, colega. No podemos rendirnos —Minho volvió a colocar con cuidado los papeles en el baúl, lo cerró y luego se incorporó—. Bueno, tendremos que darnos prisa porque aquí hemos estado mucho rato. Los primeros días sólo tendrás que seguirme. ¿Listo?
Thomas sintió una corriente de nerviosismo en su interior, pellizcándole la barriga. Ya había llegado el momento, iban a salir de verdad; se había acabado hablar y pensar sobre el tema.
—Ummm…, sí.
—Aquí no hay «ums» que valgan. ¿Estás listo o no?
Thomas miró a los ojos de Minho, que de repente reflejaban dureza.
—Estoy listo.
—Entonces, vamos a correr.
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James Dashner (The Maze Runner (The Maze Runner, #1))
“
Llena tus ojos de ilusión -decía-. Vive como si fueras a morir dentro de diez segundos. Ve al mundo. Es más fantástico que cualquier sueño real o imaginario. No pidas garantías, no pidas seguridad. Nunca ha existido algo así. Y, si existiera, estaría emparentado con el perezoso que cuelga boca abajo de un árbol, todos y cada uno de los días, empleando la vida en dormir. Al diablo con eso -dijo- sacude el árbol y haz que el gran perezoso caiga sobre su trasero.
”
”
Ray Bradbury (Fahrenheit 451)
“
—No sé qué es porque nunca he sentido algo así. Solo sé que cierro los ojos y te veo a ti, que tengo tu aroma incrustado en mi mente, que mi ira se desataba cada vez que se cruzaba otro gran predador por mi camino porque pienso que puede dañarte. Temo mirarme en el espejo porque me odio ante la posibilidad de que pueda corromperte. Sé que te hice daño, Lena, y toda una eternidad no será bastante para compensártelo, pero soy una criatura egoísta que solo mira por su propio bienestar, por eso estoy ante ti, de nuevo, pidiendo que no me aparte de tu lado. Quiero protegerte de todo, aunque no pueda defenderte de lo que soy.
”
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Anissa B. Damom (Éxodo (Éxodo, #1))
“
La justicia pertenece al campo de las fuerzas del alma. Y por eso puede brotar en los lugares menos propicios, pues cuando la llamamos, allí acude, a veces con la venda en los ojos pero alenta al oído, desde no se sabe muy bien dónde, como una cosa anterior a jueces y acusados, incluso a las propias leyes escritas
”
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Manuel Rivas (The Carpenter's Pencil)
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Antes, cada vez que dibujaba, le pintaba ojos a cada cosa. Pensaba que, bajo dos puntos de color, los sentimientos se aparecían. Ver el mundo es un camino abierto para que el corazón se nos rompa o se nos hinche. Por eso se los dibujaba a los árboles, a las piedras y al sol. Era triste imaginarlos en la oscuridad.
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”
Lana Corujo (Han cantado bingo)
“
¡Qué tonto eres! Naturalmente, no he necesitado verte, si eso es lo que quieres decir. Ya sabes que no tienes nada regocijante para los ojos. Necesito que existas y que no cambies. Eres como ese metro de platino que se conserva en alguna parte, en París o en los alrededores. No creo que nadie haya tenido deseos de verlo.
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Jean-Paul Sartre (Nausea)
“
¿Podrías decirlo una vez? —suplicó—. Como dicen que hace la gente.
El corazón de Eleanor latió con la fuerza de las alas de un águila y la elevó a lo más alto mientras se lo decía:
—Te amo, Will Parker.
Will sintió una punzada de dolor y bajó la cabeza porque nadie le había preparado para eso, nadie le había dicho: «Cuando ocurra, resucitarás. Dejarás de ser lo que fuiste. Serás lo que no eras.» Se precipitó hacia ella y hundió la cara en su pecho.
—Oh, Dios mío… —gimió, abrazado con fuerza a ella—. Oh, Dios mío.
Elly le sujetó la cabeza como si fuera un niño que se despertaba de una pesadilla.
—Te amo —le susurró en el pelo con lágrimas en los ojos.
—Oh, Elly, yo también te amo —dijo con la voz entrecortada—, pero tenía tanto miedo de que nadie pudiera amarme. Creía que tal vez era imposible que alguien lo hiciera.
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”
LaVyrle Spencer (Morning Glory)
“
Por desgracia, él no se conformaba con besarme, siempre quería meterme la mano por debajo del jersey. Yo no se lo permitía porque pensaba que ya había tiempo para eso. Una opinión que él no compartía. Por eso, en una fiesta de confirmandos, metió la mano debajo del jersey de otra, justo delante de mis ojos. Y el mundo que yo conocía acabó en aquel momento.
”
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David Safier (Jesus liebt mich)
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Guapo está. Pero es tan tonto. Pone K en vez de q, en vez de c, en vez de todo, ya ni hablemos de la ausencia total de acentos y signos de interrogación.
“Kieres k t compre 1 helado”.
¡Me pongo verde cuando manda esas cosas! Una cosa es estar in y otra ser subnormal. Un día le pregunté por qué hacía esa babosada.
—Por ahorrar tiempo.
—Pero tu teléfono es nuevo, ¿no?
—¿Y eso qué?
—Que el celular te completa las frases solito. Te apuesto lo que quieras a que tuviste que meterle la nueva palabra.
—¿Y?
—Que perdiste más tiempo.
—Pero se ve padre.
—Se ve horrible. Me duelen los ojos cuando veo tus kas bailoteando por todos lados.
—¿Por qué eres tan anticuada?
Y no sólo eso, ¡pone “jajaja” en los correos después de alguna dizque broma hilarante! ¿Quién pone “jaja- ja”? Sólo un imbécil que cree ser graciosísimo. Caray, empecé con que no me gustaba y ahora hasta imbécil resultó.
”
”
Ana Romero (Algunas primeras veces)
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Pero es eso lo que somos, dos extraños reunidos por accidente en el acertijo imposible de la enfermedad.
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”
Lina Meruane (Sangre en el ojo)
“
Oh, Dios mío!, ¿qué harán esos infelices cuando yo ya no esté aquí?» Pero alzó los ojos al cielo, y se acusó de haber carecido de confianza, de haberse creído necesario para algo.
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Alessandro Manzoni (I Promessi Sposi (1827))
“
Kino escuchó el leve romper de las olas de la mañana en la playa. Era estupendo...Kino volvió a cerrar los ojos y atendió a su música interior. Quiza sólo él hiciera eso, y quizá lo hiciera toda su gente. Los suyos habían sido una vez grandes creadores de canciones, hasta el punto de que todo lo que veían o pensaban o hacían u oían, se convertía en canción...
”
”
John Steinbeck (The Pearl)
“
La Historia inmortal hace cosas raras cuando se cruza con el amor de los cuerpos mortales. O quizás no, y es sólo que el amor de la carne no aflora a esa versión oficial de la historia que termina siendo la propia Historia, con una mayúscula severa, rigurosa, perfectamente equilibrada entre los ángulos rectos de todas sus esquinas, que apenas condesciende a contemplar los amores del espíritu, más elevados, sí, pero también mucho más pálidos, y por eso menos decisivos. Las barras de carmín no afloran a las páginas de los libros. Los profesores no las tienen en cuenta mientras combinan factores económicos, ideológicos, sociales, para delimitar marcos interdisciplinares y exactos, que carecen de casillas en las que clasificar un estremecimiento, una premonición, el grito silencioso de dos miradas que se cruzan, la piel erizada y la casualidad inconcebible de un encuentro que parece casual, a pesar de haber sido milimétricamente planeado en una o muchas noches en blanco. En los libros de Historia no caben unos ojos abiertos en la oscuridad, un cielo delimitado por las cuatro esquinas del techo de un dormitorio, ni el deseo cocinándose poco a poco, desbordando los márgenes de una fantasía agradable, una travesura intrascendente, una divertida inconveniencia, hasta llegar a hervir en la espesura metálica del plomo derretido, un líquido pesado que seca la boca, y arrasa la garganta, y comprime el estómago, y expande por fin las llamas de su imperio para encender una hoguera hasta en la última célula de un pobre cuerpo humano, mortal, desprevenido. Los amores del espíritu son más elevados, pero no aguantan ese tirón. Nada, nadie lo aguanta.
”
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Almudena Grandes (Inés y la alegría (Episodios de una guerra interminable, #1))
“
No sabía cuál era la realidad, la de adentro o la de afuera, si había inventado lo que pensaba o lo que pensaba había inventado lo que sus ojos veían. Era un mundo sellado, ahogante, como vivir adentro de un saco tratando de morder el yute para buscar una salida o darle una entrada al aire y ver si era afuera o adentro o en otra parte donde estaba su destino, beber un poco de aire fresco no confinado por sus obsesiones, dónde comenzaba a ser él y dejaba de ser los demás... por eso el dolor, el mordisco necesario para salir, o para dejar entrar el aire.
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José Donoso (The Obscene Bird of Night)
“
Tegan rodó con ella sobre la cama, suavemente acomodándola debajo de su cuerpo que ya despertaba. Miró a sus ojos lavandas viéndolo con tanto amor y eso simplemente lo desarmó. La besó lentamente, con sinceridad y ternura.
“Ya estoy en casa” le dijo con esa voz grave y ronca por la emoción, mientras la presionaba debajo de él. “Éste es el único hogar que siempre voy a necesitar”.
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Lara Adrian
“
-No voy a dejar que hagas esto –dije.
-No me vas a detener.-Su voz era baja, ahora. Indescriptiblemente sexy.
Mis ojos revolotearon cerrándose. –Como el infierno que no lo haré –le susurre-.Podría matarte.
- Entonces moriría feliz.
- No es gracioso.
- No estoy bromeando.
Abrí los ojos y me centre en los suyos. –Sería más feliz sin ti –le mentí tan convincentemente como pude.
-Es una lastima. –La boca de Noah se curvó en la media sonrisa que yo amaba y odiaba tanto, a pocos centímetros de mi ombligo.
Mi cabeza estaba nublada. –Se supone que debes decir. “Todo lo que quiero es tu felicidad. Voy a hacer lo que sea, incluso si eso significa estar sin ti.”
- Lo siento –dijo Noah-. No soy tan buena persona. –Sus manos subieron por el costado de los vaqueros, a mi cintura. Las yemas de sus dedos razonaron la piel justo debajo de la tela de mi camisa. Traté de calmar mi pulso y fallé.
- Me quieres –dijo Noah simplemente, en definitiva-. No me mientas. Lo puedo escuchar.
- Irrelevante –suspiré.
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Michelle Hodkin (The Unbecoming of Mara Dyer (Mara Dyer, #1))
“
Hoy a los niños se les enseña a cerrar los ojos y a bloquear los oídos para que nunca vean las necesidades del pueblo ni oigan sus gemidos. El que solía oír, hoy se ha convertido en sordo. El resultado de esos colegios son aquellos de quienes se dice: «¡Lástima de esta generación, porque tienen ojos y no pueden ver, y tienen oídos y no pueden oír!». Porque se les ha enseñado a ver y oír un solo mundo.
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Ngũgĩ wa Thiong'o (Devil on the Cross)
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Lo que tengo ante mí es mi pasado. He de conseguir mirarlo con otros ojos, hacer que el mundo lo mire con otros ojos, hacer que Dios lo mire con otros ojos. Eso no lo puedo conseguir soslayándolo, ni menospreciándolo, ni alabándolo, ni negándolo. Únicamente se puede hacer aceptándolo plenamente como una parte inevitable de la evolución de mi vida y mi carácter: inclinando la cabeza a todo lo que he sufrido.
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Oscar Wilde (De Profundis)
“
Tú me echabas una mirada con un gris signo de interrogación en tus ojos. "Oh, no, no empecemos de nuevo" (incredulidad, exasperación). Pues nunca te dignabas a creer que yo pudiera sentir el deseo -sin intenciones específicas- de hundir mi cara en tu falda tableada, amor mío. La fragilidad de tus brazos desnudos... Cómo anhelaba envolver esos brazos, y tus cuatro miembros límpidos, encantadores -un potrillo acurrucado-, y tomar tu cabeza entre mis manos indignas y estirar hacia atrás la piel de tus sienes y besar tus ojos achinados y... "Por favor, déjame en paz, ¿quieres?", decías. "Dios mío, déjame tranquila". Y yo me levantaba del suelo, mientras tú me mirabas crispando el rostro en una imitación deliberada de mi tic nerveux. Pero no importa, no importa, soy un miserable, no importa, sigamos con mi desgraciada historia.
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Vladimir Nabokov (Lolita)
“
Con Ichimei descubrió las múltiples sutilezas del amor y del placer, desde la pasión desenfrenada y urgente, hasta esos momentos sagrados en que la emoción los elevaba y se quedaban inmóviles, tendidos frente a frente en la cama, mirándose a los ojos largamente, agradecidos de su suerte, humildes por haber tocado lo más hondo de sus almas, purificados por haberse desprendido de todo artificio y yacer juntos totalmente
”
”
Isabel Allende (El amante japonés)
“
-¿Es verdad.., que no lo olvidaré?
Estaba arrodillado a su lado y esperó un momento antes de
responder.
-Sí, es verdad -dijo suavemente-, Pero también es verdad que con el
tiempo no te importará.
-¿No? -Estaba demasiado cansada para seguir preguntándole. Se
sentía extrañamente lejana-. ¿Aunque no sea lo bastante fuerte para
matarlo?
-Eres una mujer muy fuerte.
-No lo soy. Me lo acabas de demostrar, no soy...
Una mano en el hombro la detuvo.
-No es eso lo que quería decirte -dijo pensativo-, Jenny tenía diez años
cuando murió nuestra madre. -Y al día siguiente del funeral la encontré
con el delantal de mi madre.
Había estado llorando como yo. Pero me dijo: «Ve a lavarte, Jamie, voy
a hacer la comida para ti y para papá».
Cerró los ojos y tragó con fuerza.
-Sé lo fuertes que pueden llegar a ser las mujeres. Y tú eres muy
fuerte, créeme.
”
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Diana Gabaldon (Drums of Autumn (Outlander, #4))
“
Estoy mirando a sus ojos aterrorizados y, por primera vez desde que nos conocimos... creo que realmente lo entiendo. Todo de él. No reacciona de la manera que lo hace porque hay cinco diferentes lados de su personalidad. Reacciona como lo hace porque sólo hay un lado en Dean Holder.
Apasionado.
Es un apasionado sobre la vida, sobre el amor, sobre sus palabras, sobre Les. Y seré condenada si no estoy agregada a su lista. La intensidad que transmite no es desconcertante... es hermosa. He pasado tanto tiempo tratando de encontrar maneras de sentirme entumecida en cualquier oportunidad que tenga, pero al ver el entusiasmo detrás de sus ojos ahora mismo... me dan ganas de sentir cada cosa de la vida. Lo bueno, lo malo, lo bello, lo feo, el placer, el dolor. Quiero eso. Quiero empezar a sentir la vida de la misma manera en que él lo hace. Y mi primer paso para hacerlo, se inicia con este muchacho sin esperanza delante de mí, que está vertiendo su corazón, en busca de la palabra perfecta, deseando desesperadamente ayudarme a agregar el sentimiento de nuevo en la vida.
”
”
Colleen Hoover (Hopeless (Hopeless, #1))
“
—¿Para qué quieres eso? —preguntó Mallory mientras cruzaban la avenida Dulac siguiendo el mapa.
—Para atrapar cosas —contestó Simon sin mirarla a los ojos.
—¿Qué clase de cosas? ¿Es que no tienes ya suficientes animales?.
”
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Tony DiTerlizzi (Lucinda's Secret (The Spiderwick Chronicles, #3))
“
Creo en el mundo como en una margarita
porque lo veo. Pero no pienso en él,
porque pensar es no comprender...
El mundo no se hizo para pensar en él
(pensar es estar enfermo de los ojos)
sino para mirar hacia él y estar de acuerdo...
Yo no tengo filosofía: tengo sentidos...
Si hablo de la Naturaleza no es porque sepa lo que es
sino porque la amo, y la amo por eso,
porque quien ama nunca sabe lo que ama
ni sabe por qué ama, ni lo que es amar...
”
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Fernando Pessoa (The Keeper of Sheep)
“
A Oliveira le gustaba hacer el amor con la Maga porque nada podía ser más importante para ella y al mismo tiempo, de una manera difícilmente comprensible, estaba como por debajo de su placer, se alcanzaba en él un momento y por eso se adhería desesperadamente y lo prolongaba, era como un despertarse y conocer su verdadero nombre, y después recaía en una zona siempre un poco crepuscular que encantaba a Oliveira temeroso de perfecciones, pero que la Maga sufría de verdad cuando regresaba a sus recuerdos y a todo lo que oscuramente necesitaba pensar y no podía pensar, entonces había que besarla profundamente, incitarla a nuevos juegos, y la otra, la reconciliada, crecía debajo de él y lo arrebataba, se daba entonces como una bestia frenética, los ojos perdidos y las manos torcidas hacia adentro, mítica y atroz como una estatua rodando por una montaña, arrancando el tiempo con las uñas.
”
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Julio Cortázar (Hopscotch)
“
Cógeme sin más y múdame la piel y pon mis entrañas al aire, hasta que, al igual que el personaje de Ovidio, me mimetice con tu lujuria, eso desearía. Véndame los ojos, cógeme la mano y no me pidas que piense. ¿Harías eso por mí?
”
”
André Aciman (Call Me By Your Name (Call Me By Your Name, #1))
“
-Detesto a la gente descuidada. Por eso me gustas tú.
Sus ojos grises entrecerrados debido a la luz miraban hacia el frente, pero de manera deliberada ella había cambiado nuestras relaciones, y por un momento pensé que la amaba.
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F. Scott Fitzgerald (The Great Gatsby)
“
-Escribí algo para ti,- dijo, agarrando su guitarra para nuestra noche de sexo música, como él la llamaba. La primera vez que escuche su voz cantando, me sorprendió. Su voz cuando hablaba era increíble, pero su canto era como si la miel y el humo se hubieran enganchado en la parte trasera de una camioneta en un concierto de rock y tuvieron un cariñoso hijo. Era suave y áspero al mismo tiempo.
Te voy a contar una historia de una chica que conozco,
Su nombre es Missy, y ella quiere hacérmelo,
Quiero hablarte de mi chica Missy,
Su cabello es castaño y sus labios son de color rosa,
Sus ojos son de color verdoso o azulado creo,
Ella lucha y coquetea conmigo todo el día,
Es por eso que me decidí a escribir esta canción,
Ella puede pensar que yo he cruzado la línea,
Pero ella me dice que me odia todo el tiempo,
Así que realmente no crean nada de lo que dice.
Me gusta la forma en que se ve cuando ella está enojada conmigo,
Me gusta la forma en que sonríe cuando piensa que nadie la ve,
Puedes pensar que esta canción significa que me gusta,
Pero ella estaría muy equivocada,
Me aburría mucho, por lo que me decidí a escribir una canción,
Hay dos cosas más sobre Missy que me gustan,
¿Podría alguien entregarme un micrófono por favor?
La forma en que se pone su aparato de dientes cuando lee obscenidades vampíricas,
Y realmente, realmente me gusta su… Me guiña un ojo.
…culo.
Yo le tiro una almohada a él, pero eso no impidió que parara la canción. Se trataba de mí.
Mi tonta, linda y sexy chica Missy… chica Missy… chica Missy.
El toco el último acorde y la guitarra paro de sonar.
”
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Chelsea M. Cameron (My Favorite Mistake (My Favorite Mistake, #1))
“
—Estoy harta de vivir mi vida, a partir de ahora quiero vivir la nuestra. Phillip la estrechó con muchísima fuerza y apoyó la barbilla en su cabeza.
—Y yo podré verla a través de tus ojos —musitó—. Cómo te quiero, Stella... Notó que se estremecía entre sus brazos y trataba de ahogar un sollozo.
—Bella, por favor, eso no —la separó y tanteó su rostro pura secarle una lágrima—. Si te hace llorar, no volveré a decírtelo nunca.
—Pobre de ti como no lo hagas —gimoteó.
”
”
Olivia Ardey (Delicias y secretos en Manhattan (Delicias y secretos en Manhattan, #1))
“
Unicornios y cíclopes.
Cuernos de oro
y ojos verdes.
Sobre el acantilado,
en tropel gigantesco
ilustran el azogue
sin cristal, del mar.
Unicornios y cíclopes.
Una pupila
y una potencia.
¿Quién duda la eficacia
terrible de esos cuernos?
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”
Federico García Lorca
“
«Solo piensas en la muerte cuando te mueres, Aleksy, solo cuando te mueres, y eso es una tontería, una inmensa tontería. Porque, en lugar de todos sus sueños, la muerte es lo más probable que va a sucederle a un individuo. De hecho, lo único que le va a suceder con toda certeza. Por eso, Aleksy, no hagas nunca las cosas a lo tonto pensando que tendrás tiempo de enderezarlas, porque no lo tendrás. El tiempo de después lo utilizarás para hacer más tonterías y para morir más deprisa.»
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Tatiana Țîbuleac (El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes)
“
y me parece que el señor Hamil se equivoca cuando dice eso. Creo que los que mejor duermen son los injustos porque todo les importa un bledo, mientras que los justos no pueden pegar ojo y por cualquier cosa se dan mala sangre. Si no, no serían justos.
”
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Émile Ajar (La vida ante sí)
“
Un feminismo que no moleste, un feminismo amable, no es posible. Tampoco deseable. Si la injusticia no nos conmueve ni nos araña es porque vivimos anestesiadas. Por eso es necesario que nos sacudan los cimientos del sentimiento para abrir los ojos. Me
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Erika Irusta (Diario de un Cuerpo: La menstruación, el úlitmo tabú (Libros digitales) (Spanish Edition))
“
Sin tratar de influenciarla, seguía extendiendo sus enormes y suaves alas oscuras alrededor de ella para que no tuviera ningún lugar adonde correr, ningún lugar al que huir. Elena sintió que empezaba a desmayarse con la intensidad de la pasión que había forjado entre ellos y, como un gesto definitivo, no de repudio, sino de invitación, arqueó la cabeza hacia atrás, mostrándole la garganta desnuda, y dejó que percibiera su ansia. Y como si repicaran grandes campanas de cristal a lo lejos, sintió el júbilo de Damon ante su rendición voluntaria a la aterciopelada oscuridad que caía sobre ella.
No llegó a sentir los dientes que perforaban la piel y reclamaban su sangre. Antes de que eso sucediese veía estrellas. Y luego los oscuros ojos de Damon engulleron el universo.
”
”
L.J. Smith (Shadow Souls (The Vampire Diaries: The Return, #2))
“
Esta vez Blake fue incapaz de contenerse y en sus labios asomó una sonrisa que rápidamente pasó también a sus hermosos ojos grises.
—¿Me quieres? —le susurró.
—Por eso tenemos que poner fin a esto cuanto antes —respondió ella. Blake cerró los ojos y, sin dejar de negar con la cabeza, dejó escapar una exclamación de sorpresa.
—¿Qué?
—Ya es suficientemente duro estar embarazada. Este dolor en el pecho, esta sensación de no saber si vas a dar por buena la fecha de finalización de nuestro contrato de matrimonio, es algo con lo que no puedo vivir. —Mirarle, incluso en aquellos momentos tan duros, era suficiente para que se le partiera el corazón. ¿Cómo podía pasar los ocho meses siguientes pensando que en cualquier momento podía pedirle que se marchara?
—¿Me has oído cuando te he dicho que te quiero?
—Sí,pero...
Blake le cubrió los labios con un dedo para hacerla callar.
—Te quiero, Samantha Harrison, y si estás esperando a que te pida que salgas de mi vida, será mejor que te pongas cómoda porque vas a esperar mucho tiempo.
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Catherine Bybee (Wife by Wednesday (The Weekday Brides, #1))
“
Hannah intentaba describir el amor el semestre pasado. Me dijo que uno siente como si el corazón estuviera a punto de desbordarse, y que cuando quieres a alguien, necesitas a esa persona más que nada en el mundo, más que la comida, o el agua, o el aire. Eso es lo que siento por ti. TE ECESITO.
No puedo soportar la idea de estar sin ti. Eres la última persona en la que pienso antes de irme a dormir, y la primera persona en la que pienso cuando abro los ojos por la mañana. Lo eres todo para mí, peque” - John Logan
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Elle Kennedy (The Mistake (Off-Campus, #2))
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Escribo para el pueblo, aunque no pueda leer mi poesía con sus ojos rurales. Vendrá el instante en que una línea, el aire que removió mi vida, llegará a sus orejas, y entonces el labriego levantará los ojos, el minero sonreirá rompiendo piedras, el palanquero se limpiará la frente, el pescador verá mejor el brillo de un pez que palpitando le quemará las manos, el mecánico, limpio, recién lavado, lleno de aroma de jabón mirará mis poemas, y ellos dirán tal vez: «Fue un camarada». Eso es bastante; ésa es la corona que quiero.
”
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Pablo Neruda (Antología poética (AUSTRAL EDICIONES ESPECIALES) (Spanish Edition))
“
Porque posee usted la más maravillosa juventud, y la juventud es lo más precioso que se puede poseer.
–No lo siento yo así, lord Henry.
–No; no lo siente ahora. Pero algún día, cuando sea viejo y feo y esté lleno de arrugas, cuando los pensamientos le hayan marcado la frente con sus pliegues y la pasión le haya quemado los labios con sus odiosas brasas, lo sentirá, y lo sentirá terriblemente. Ahora, dondequiera que vaya, seduce a todo el mundo. ¿Será siempre así?… Posee usted un rostro extraordinariamente agraciado, señor Gray. No frunza el ceño. Es cierto. Y la belleza es una manifestación de genio; está incluso por encima del genio, puesto que no necesita explicación. Es uno de los grandes dones de la naturaleza, como la luz del sol, o la primavera, o el reflejo en aguas oscuras de esa concha de plata a la que llamamos luna. No admite discusión. Tiene un derecho divino de soberanía. Convierte en príncipes a quienes la poseen. ¿Se sonríe? ¡Ah! Cuando la haya perdido no sonreirá… La gente dice a veces que la belleza es sólo superficial. Tal vez. Pero, al menos, no es tan superficial como el pensamiento. Para mí la belleza es la maravilla de las maravillas. Tan sólo las personas superficiales no juzgan por las apariencias. El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo que no se ve… Sí, señor Gray, los dioses han sido buenos con usted. Pero lo que los dioses dan, también lo quitan, y muy pronto. Sólo dispone de unos pocos años en los que vivir de verdad, perfectamente y con plenitud. Cuando se le acabe la juventud desaparecerá la belleza, y entonces descubrirá de repente que ya no le quedan más triunfos, o habrá de contentarse con unos triunfos insignificantes que el recuerdo de su pasado esplendor hará más amargos que las derrotas. Cada mes que expira lo acerca un poco más a algo terrible. El tiempo tiene celos de usted, y lucha contra sus lirios y sus rosas. Se volverá cetrino, se le hundirán las mejillas y sus ojos perderán el brillo. Sufrirá horriblemente… ¡Ah! Disfrute plenamente de la juventud mientras la posee. No despilfarre el oro de sus días escuchando a gente aburrida, tratando de redimir a los fracasados sin esperanza, ni entregando su vida a los ignorantes, los anodinos y los vulgares. Ésos son los objetivos enfermizos, las falsas ideas de nuestra época. ¡Viva! ¡Viva la vida maravillosa que le pertenece! No deje que nada se pierda. Esté siempre a la busca de nuevas sensaciones. No tenga miedo de nada… Un nuevo hedonismo: eso es lo que nuestro siglo necesita. Usted puede ser su símbolo visible. Dada su personalidad, no hay nada que no pueda hacer. El mundo le pertenece durante una temporada… En el momento en que lo he visto he comprendido que no se daba usted cuenta en absoluto de lo que realmente es, de lo que realmente puede ser. Había en usted tantas cosas que me encantaban que he sentido la necesidad de hablarle un poco de usted. He pensado en la tragedia que sería malgastar lo que posee. Porque su juventud no durará mucho, demasiado poco, a decir verdad. Las flores sencillas del campo se marchitan, pero florecen de nuevo. Las flores del codeso serán tan amarillas el próximo junio como ahora. Dentro de un mes habrá estrellas moradas en las clemátides y, año tras año, la verde noche de sus hojas sostendrá sus flores moradas. Pero nosotros nunca recuperamos nuestra juventud. El pulso alegre que late en nosotros cuando tenemos veinte años se vuelve perezoso con el paso del tiempo. Nos fallan las extremidades, nuestros sentidos se deterioran. Nos convertimos en espantosas marionetas, obsesionados por el recuerdo de las pasiones que nos asustaron en demasía, y el de las exquisitas tentaciones a las que no tuvimos el valor de sucumbir. ¡Juventud! ¡Juventud! ¡No hay absolutamente nada en el mundo excepto la juventud!
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Oscar Wilde (The Picture of Dorian Gray)
“
Ahora es ella quien lo mira divertida, o tierna, o nerviosa, y finalmente le pregunta: —¿Vas a decirme qué te pasa, Benjamín? Chaparro se siente morir, porque acaba de advertir que esa mujer pregunta una cosa con los labios y otra con los ojos: con los labios le está preguntando por qué se ha puesto colorado, por qué se revuelve nervioso en el asiento o por qué mira cada doce segundos el alto reloj de péndulo que decora la pared próxima a la biblioteca; pero, además de todo eso, con los ojos le pregunta otra cosa: le está preguntando ni más ni menos qué le pasa, qué le pasa a él, a él con ella, a él con ellos dos; y la respuesta parece interesarle, parece ansiosa por saber, tal vez angustiada y probablemente indecisa sobre si lo que le pasa es lo que ella supone que le pasa. Ahora bien —barrunta Chaparro—, el asunto es si lo supone, lo teme o lo desea, porque esa es la cuestión, la gran cuestión de la pregunta que le formula con la mirada, y Chaparro de pronto entra en pánico, se pone de pie como un maníaco y le dice que tiene que irse, que se le hizo tardísimo; ella se levanta sorprendida —pero el asunto es si sorprendida y punto o sorprendida y aliviada, o sorprendida y desencantada—, y Chaparro poco menos que huye por el pasillo al que dan las altas puertas de madera de los despachos, huye sobre el damero de baldosas negras y blancas dispuestas como rombos, y recién retoma el aliento cuando se trepa a un 115 milagrosamente vacío a esa hora pico del atardecer; se vuelve a su casa de Castelar, donde esperan ser escritos los últimos capítulos de su historia, sí o sí, porque ya no tolera más esta situación, no la de Ricardo Morales e Isidoro Gómez, sino la propia, la que lo une hasta destrozarlo con esa mujer del cielo o del infierno, esa mujer enterrada hasta el fondo de su corazón y su cabeza, esa mujer que a la distancia le sigue preguntando qué le pasa, con los ojos más hermosos del mundo.
”
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Eduardo Sacheri (El secreto de sus ojos (Spanish Edition))
“
Y se van sin más, en el silencio de una noche hecha de espera, de miedo, de impotencia, de esperanza, de plegaria. De la certeza de un mañana, eso está claro, pero de un mañana que puede no serlo para todos. ¿Cómo es la vida? Qué raro cuando no estamos distraídos, cuando no tenemos tanta prisa, cuando sabemos detenernos. Y sonreír. Y comprender. Y cerrar los ojos. Y notar incluso los segundos que corren por nosotros. Y saber vivirlos a fondo. Y saborearlos con una sonrisa, con preocupación, con esperanza, con deseo, con claridad, con cualquier duda.
”
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Federico Moccia (Scusa ma ti chiamo amore)
“
—Y sí —sonrió con malicia, los ojos fijos en el papel—, todavía te resultaré atractivo mañana sin importar cuánto desees lo contrario. Soy impredecible, y eso te encanta. Tal como yo no puedo hacer que mi gran cerebro entienda la ecuación que eres y, sin embargo, eso me encanta.
”
”
Kerri Maniscalco (Stalking Jack the Ripper (Stalking Jack the Ripper, #1))
“
Todo el que lo ve recibe la impresión de un hombre sin sangre ardiente, roja, pulsante. Y, efectivamente, también en lo psíquico pertenece a la raza de los flemáticos, de los temperamentos fríos. No conoce pasiones recias, avasalladoras; no es arrastrado hacia las mujeres, ni hacia el juego; no bebe vino, no le tienta el despilfarro, no mueve sus músculos, no vive más que en su estudio, entre documentos y papeles. Nunca se enfada visiblemente, nunca vibra un nervio de su cara. Sólo una leve sonrisa, cortés, mordaz, se contraen esos labios afilados, anémicos; nunca se observa bajo esta máscara gris, terrosa, aparentemente desmadejada, una verdadera tensión; nunca delatan los ojos, bajo los párpados pesados y orillados, su intención, ni revela sus pensamientos con un gesto. Esta sangre fría, imperturbable, constituye la verdadera fuerza de Fouché.
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”
Stefan Zweig (Fouché)
“
Y recién cuando te hablé en francés me dijiste que tenía otra voz, que parecía más insegura y supongo que eso hace que cambie todo, porque al hablar más agudo elegís otras palabras, otras frases, se razona distinto, naturalmente distinto, se eligen otros argumentos, otros caballos para la cruzada, se arma otra estrategia para la misión y se mata de otro modo. No es lo mismo clavar una navaja que darle un tiro a alguien en los ojos, o lanzarlo al río, eso es elegir en qué idioma y en qué lengua. Hablar siempre me pareció que es una carpa de campaña militar y varias personas con un mapa delante.
”
”
Ariana Harwicz (Desertar)
“
No cabía la menor duda. Cerró los ojos y lo absorbió por completo. El sonido cesó de pronto.
—Vamos —murmuró a media voz—. Esto no es el fin.
El fin llegó luego con absoluta nitidez, como un arrullo entre dos ráfagas de lluvia. Mary Postgate soltó de golpe el aire entre los dientes y se estremeció de la cabeza a los pies.
Eso es —asintió con satisfacción, y volvió a la casa, poniendo patas arriba la rutina doméstica al darse el lujo de tomar un baño caliente antes del té, y después bajó con un aspecto que, al verla relajadamente tendida en el otro sofá, la señorita Fowler calificó de «¡muy atractivo!».
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Rudyard Kipling
“
Por eso resulta crucial para la vida social no solo trabajar para mejorar nuestro carácter, sino ser capaz de evaluar el carácter de las otras personas. En este sentido hay una buena historia sobre Diógenes el Cínico. Un día (presumiblemente antes de convertirse en filósofo a jornada completa, cuando seguía siendo un banquero, nada menos), le pidieron una carta de presentación. Le dijo a su interlocutor: «Eres un hombre, y eso se lo dirán sus ojos; pero si eres bueno o malo lo acabará descubriendo si tiene la capacidad de diferenciar el bueno del malo; y si no tiene esa capacidad, nunca lo descubrirá aunque le escriba diez mil cartas».
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Massimo Pigliucci (Cómo ser un estoico: Utilizar la filosofía antigua para vivir una vida moderna)
“
Me quedaba quieto igual que una vez, cuando tenía cinco años, que estábamos de visita en casa de un tío. La conversación de grandes me había dado sueño y me recosté en el sillón. Mi tío me apoyó sobre sus piernas y siguió conversando mientras me acariciaba la cabeza. Me despabiló por completo esa mano grande pasando suave por mis cabellos, pero seguí haciéndome el dormido porque, de alguna manera, supe que esos mimos eran porque creían que no me daba cuenta, curioso. Oí cuando mi madre dijo: Éste se está haciendo el dormido. Y a mi tío responderle que no, que estaba dormido en serio, sentí como su mano tocaba mis párpados y debo haberme acordado de algún perro que vi durmiendo, porque hasta los ojos para atrás puse con tal de que siguierna acariciándome la cabeza. Quien sabe cómo hace uno, a los seis años, para ya saber que hay cosas que se terminan si uno se despierta. No me pregunté entonces porqué se terminaba tanta ternura si se daban cuenta de que estaba despierto. ¿Sería posible que alguien te acariciara aunque estuvieras despierto? Eso lo aprendí de grande, como también, a oir el amor callado de los que sólo te acarician si te ven dormido, por pudor, por vergüenza, por campesina falta de costumbre de decir cuánto se quiere y también porque les gana el sentimiento.
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Luis María Pescetti (El ciudadano de mis zapatos)
“
-Te amo -le dijo Buttercup-. Sé que esto debe resultarte sorprendente, puesto que lo único que he hecho siempre ha sido mofarme de tí, degradarte y provocarte, pero llevo ya varias horas amándote, y cada segundo que pasa te amo más. Hace una hora, creí que te amaba más de lo que ninguna mujer ha amado nunca a un hombre; media hora más tarde, supe que lo que había sentido entonces no era nada comparado con lo que sentí después. Mas al cabo de diez minutos, comprendí que mi amor anterior era un charco comparado con el mar embravecido antes de la tempestad. A eso se parecen tus ojos, ¿lo sabías? Pues sí. ¿Cuántos minutos hace de eso? ¿Veinte? ¿Serían mis sentimientos tan encendidos entonces? No importa. -Buttercup no podía morarlo. El sol comenzó a asomar entonces a sus espaldas y le infundió valor -. Ahora te amo más que hace veinte minutos, tanto que no existe comparación posible. Te amo mucho más en este momento que cuando abriste la puerta de tu choza. En mi cuerpo no hay sitio más que para tí. Mis brazos te aman, mis orejas te adoran, mis rodillas tiemblan de ciego afecto. Mi mente te suplica que le pidas algo para que pueda obedecerte. ¿Quieres que te siga para el resto de tus días? Lo haré. ¿Quieres que me arrastre? Me arrastraré. Por tí me quedaré callada, por tí cantaré, y si tienes hambre, deja que te traiga comida, y si tienes sed y sólo el vino árabe puede saciarla, iré a Arabia, aunque esté en el otro confín del mundo, y te traeré una botella para el almuerzo. Si hay algo que sepa hacer por tí, lo haré; y si hay algo que no sepa, lo aprenderé. Pero recuera, por favor, que ella es vieja y tiene otros intereses, mientras que yo tengo diecisiete años y para mí sólo existes tú. Mi querido Westley... nunca te había llamado por tu nombre, ¿verdad...? Westley, Westley, Westley, Westley... querido Westley, adorado Westley, mi dulce, mi perfecto Westley, dime en un susurro que tendré la oportunidad de ganarme tu amor.
”
”
William Goldman (The Princess Bride)
“
Regresar resulta un tanto raro. Si uno viaja a alguna parte, no piensa ya en el estado de la gente y de los lugares que se dejan atrás. Pero cuando regresas después de un largo periodo de ausencia, es como un golpe en la cabeza o un terremoto en toda regla. De pronto, todo tiene un aspecto distinto. Las montañas son más bajas, el agua mucho menos profunda, los largos caminos terminan abruptamente, personas que hasta hace poco decían: "Eso tú no lo entiendes. No te entremezcles", te escuchan y asienten amablemente, el póster en la pared, que te ha costado todo tu dinero, ha perdido toda importancia y los ojos de mamá están a la misma altura que los de una misma.
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Iva Procházková (Carolina: Ein knapper Lebenslauf)
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Caminas con los muertos,” dice gentilmente. Sus ojos están iluminados y —no puedo creerlo— comprensiva.
“Has caminado con nosotros desde…”
“Desde que mi padre murió,” digo. “Y antes de eso, él camino entre ustedes y lo seguí. La muerte es mi mundo. Todo lo demás, la escuela y los amigos, son solo cosas en el camino hacia mi próximo fantasma.
”
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Kendare Blake (Anna Dressed in Blood (Anna, #1))
“
Sigo teniendo ante mis ojos a Teresa, sentada en un tocón, acariciando la cabeza de Karenin y pensando en la debacle de la humanidad. En ese momento recuerdo otra imagen: Nietzsche sale de su hotel en Turín. Ve frente a él un caballo y al cochero que lo castiga con el látigo. Nietzsche va hacia el caballo y, ante los ojos del cochero, se abraza a su cuello y llora.
Esto sucedió en 1889, cuando Nietzsche se había alejado ya de la gente. Dicho de otro modo: fue precisamente entonces cuando apareció su enfermedad mental. Pero precisamente por eso me parece que su gesto tiene un sentido más amplio. Nietzsche fue a pedirle disculpas al caballo por Descartes. Su locura (es decir, su ruptura con la humanidad) empieza en el momento en que llora por el caballo.
Y ése es el Nietzsche que yo quiero, igual que quiero a Teresa, sobre cuyas rodillas descansa la cabeza de un perro mortalmente enfermo. Los veo a los dos juntos: ambos se apartan de la carretera por la que la humanidad, «ama y propietaria de la naturaleza», marcha hacia adelante.
”
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Milan Kundera (The Unbearable Lightness of Being)
“
La filología es un arte venerable, que pide, ante todo, a sus adeptos que se mantengan retirados, que se tomen tiempo y se vuelvan silenciosos y pausados, un arte de orfebrería, un oficio de orífice de la palabra, un arte que requiere un trabajo sutil y delicado, y en que nada se consigue sin aplicarse con lentitud. Precisamente por ello es hoy más necesario que nunca; precisamente por eso nos seduce y encanta en medio de esta época de trabajos forzosos, es decir, de precipitación, que se empeña por consumir rápidamente todo. Ese arte no acierta a concluir fácilmente; enseña a leer bien, es decir a leer despacio, con profundidad, con intención penetrante, a puertas abiertas y con ojos y dedos delicados.
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Friedrich Nietzsche (Aurora/El Anticristo)
“
Margarida suplicó que, por favor, la mataran deprisa. En vez de eso, la ataron detrás de un caballo y la arrastraron por un camino bordeado de garras que no se acababa nunca. Y entonces la oyó. Inconfundible como un trueno en el fondo de los oídos. La voz de Dios, Nuestro Señor, que le decía, «Huye de mí, maldita». El clamor horrible salía de entre las ancas de la montura, «Entra en el fuego del infierno, que lo han preparado el demonio y sus ministros. Adéntrate en las tinieblas con la serpiente que no descansa». Y, mientras subían montañas de estiércol y de fuego y bajaban a valles de brasas donde el viento bramaba y los árboles rechinaban cargados de urracas y cuervos, la voz incesante la fustigaba, «Yo te cincelé y tú te hiciste sierva de otro», tan ensordecedora que la mujer era incapaz de separar las palabras, «Aléjate de mí, endemoniada, que yo te di oídos y escuchaste a otro». Margarida, aterrorizada, miraba el culo del caballo y negaba con la cabeza, «Te di boca y confabulaste con otro», tropezaba, pero el estrépito continuaba, «Te di ojos y miraste las tinieblas».
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”
Irene Solà
“
extraña obstinación, se convirtiera, oponiéndose a diablos y dioses, en una especie de ser propio, autónomo y exclusivo. Y este ser podía vivir y arder mientras la vitalidad común a que estaba ligado huía espantada de ese nacimiento inesperado y arbitrario. Por consiguiente, el espíritu atormentado que relucía en esos ojos corpóreos cuando el ser parecido a Ahab salía tumultuosamente de la cabina era, en esos momentos, sólo algo vacía, una informe criatura sonambulesca, un rayo de luz viviente, sin duda, pero sin un objeto al cual pudiera atribuir color: algo inexistente en sí mismo. Que Dios te ayude, anciano; tus pensamientos han creado a un ser en ti; un buitre devora el corazón del hombre convertido en Prometeo por obra de su intenso pensamiento. Ese buitre es el ser que él ha creado.
”
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Herman Melville (Moby Dick)
“
Luego la risa cesó y se hizo ese silencio. Ese silencio extraño y cómodo a la vez. ¿Qué demonios fue eso?
Fue como si el mundo dejara de dar vueltas en ese instante. Como si todos los que nos rodeaban hubiesen desaparecido. Como si hubiese olvidado todo lo que me aguardaba (...). Fue como si esos pocos minutos hubiesen sido creados sólo para nosotros y lo único que pudiéramos hacer fuese mirarnos el uno al otro. Era como si (...) estuviera viendo mi cara por primera vez. Parecía confundido y al mismo tiempo complacido. Exactamente igual que yo. Porque estaba sentada en la hierba con mi amigo íntimo (...), y aquél era el rostro de mi amigo íntimo (...) con su nariz, sus ojos y sus labios, pero todo ello me parecía distinto. De modo que le di un beso. Me dejé llevar por la magia del momento y le di un beso.
”
”
Cecelia Ahern (Love, Rosie)
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Mátenme al alba. Con cuchillos [ilegible] y con cuchillas oxidadas. Estaré en cuclillas esperando. Salva tu amor. No lo salves. Desafección y mierda violenta que aprendió a expresarse en nuestros días mediante fórmulas atroces como «hacer el amor» y «asumir la responsabilidad» y «negar el pasado» y «el hombre es lo que se hace». No hay más que la memoria, maravilla sin igual, horror sin semejanza. Hace mucho que me entregué a las sombras. Y no me contenta mi destino sombrío, mi destino asombrado. Me han asolado, me han agostado. Libérame de ti pues te amo y no estás. No me hables. No te apostes en mis rincones preferidos. Estás aquí. Me deliras. Me cortas las cintas de colores que me aliaban a las niñas que fui. Me abandonas loca furiosa, comiendo sombras furiosamente, girando convulsa con las manos espantadas, revolcándome en tu huida hasta los atroces orgasmos y gritos de bestia asesinada. Pero te amo. A ti te asumo, ante ti sin pasado ni relojes ni sonidos. Sucia y susurrante, leve, ingrávida, llena de sangre y de sustancias sexuales, húmeda, mojada, reventando de calor, de sangre que pide. Me dañas la columna vertebral, tantos días despeñada sobre tu cuerpo imaginado. Me dañas la cabeza que di contra las paredes porque no sabía qué hacer salvo esto: que debía golpearme y castigarme ya que tú no venías. Con tu sonrisa de paraíso exactamente situado en el tiempo y en el espacio. Con tus ojos que sonríen antes que tus labios. En tus ojos encuentro mi persona súbitamente reconstruida. En tus ojos se acumulan mis fragmentos que se unen apenas me miras. En tus ojos vivo una vida de aire puro, de respiración fiel. En tus ojos no necesito del conocimiento, no necesito del lenguaje. En tus ojos me siento y sonrío y hay una niña azul en el jardín de un castillo. Ahora que no estás me atrae la caída, la mierda, lo abyecto, lo denigrante. Salgo a la calle y siento la suciedad, la ruina. Entro en los bares más siniestros y tomo un vino como sangre coagulada, como menstruación, y me rodean brujas negras, perros sarnosos, viejos mutilados y jóvenes putos de ambos sexos. Yo bebo y me miro en el espejo lleno de mierda de moscas. Después no me veo más. Después hablo en no sé cuál idioma. Hablo con estos desechos que no me echan, ellos me aceptan, me incorporan, me reconocen. Recito poemas. Discuto cuestiones inverosímiles. Acaricio a los perros y me chupo las manos. Sonrío a los mutilados. Me dejo tocar, palpar, manos en mi cuerpo adolescente que tanto te gustaba por ser ceñido y firme y suave. («La lisura de tu vientre, tus caderas de efebo solar, tu cintura hecha a la medida de mis manos cerrándose, tus pechos de niña salvaje que los deja desnudos aun cuando llueve, tu sexo y tus gritos rítmicos, que deshacían la ciudad y me llevaban a una selva musical en donde todo confabulaba para que los cuerpos se reconozcan y se amen con sonidos de leves tambores incesantes. Esas noches en que hacíamos el amor debajo de las grandes palabras que perdían su sentido, porque no había más que nuestros cuerpos rítmicos y esenciales… Y ahora llueve y tengo náuseas y vomito casi todo el día y siempre que hay un olor espantoso en la calle, un olor a paquete olvidado, a muerto olvidado. Y tengo miedo. Eso quería decir: que no estás y tengo miedo.»)
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Alejandra Pizarnik (Diarios)
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Brendan la giró entre sus brazos y se olvidó enseguida del proceso de respiración. Estaba guapísima, con los ojos húmedos y las mejillas rosadas por la vergüenza persistente, toda ella bañada por la luz de la luna. Tuvo que recurrir a toda su fuerza de voluntad para no bajar su boca a la de ella, pero no era el momento. Había un fantasma entre ellos y un anillo en su dedo, y todo eso debía resolverse primero
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Tessa Bailey (It Happened One Summer (Bellinger Sisters, #1))
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Con Ichimei descubrió las múltiples sutilezas del amor y del placer, desde la pasión desenfrenada y urgente, hasta esos momentos sagrados en que la emoción los elevaba y se quedaban inmóviles, tendidos frente a frente en la cama, mirándose a los ojos largamente, agradecidos de su suerte, humildes por haber tocado lo más hondo de sus almas, purificados por haberse desprendido de todo artificio y yacer juntos totalmente.
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Isabel Allende (The Japanese Lover)
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Y Dios dijo: «Golpeaste al pobre y al débil
Prestaste tu cuerpo vil a juegos libertinos
Engañaste a tu semejante en vergonzosos mercados
No amabas sino el mal y en eso fuiste hábil…»
Y el hombre desviaba su ojo sombrío y móvil.
Y Dios dijo «El infierno para tu corazón desecado».
El hombre alzó la cabeza, y su cara estaba triste
Y la sombra, a su alrededor, se espesaba sin límite
«Nunca he dejado de vivir allí» y Dios palideció…
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Boris Vian
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No quise hablar con Avellaneda. Primero, porque no quiero asustarla; segundo, porque no sé realmente qué decirle. Antes tengo que saber con precisión qué me está sucediendo. No puede ser que, a mis años, aparezca de pronto esta muchacha, que ni siquiera es definidamente linda, y se convierta en el centro de mi atención. Me siento nervioso como un adolescente, eso es cierto, pero cuando miro mi piel que empieza a aflojarse, cuando veo estas arrugas de mis ojos, estas várices de mis tobillos, cuando siento por las mañanas mi tos vejancona, absolutamente necesaria para que mis bronquios empiecen su jornada, entonces ya no me siento adolescente sino ridículo. Todo el mecanismo de mis sentimientos quedó detenido hace veinte años, cuando murió Isabel. Primero fue dolor, después indiferencia, más tarde libertad, últimamente tedio. Largo, desierto, invariable tedio.
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Mario Benedetti (La tregua)
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Tu abuela se está muriendo. Querrías poner tu atención en otro sitio, en otra cosa. No sabes. Hay que intentarlo.
- Es que es como si no hubiera vivido nada. Ahora lo pienso, pienso en mi vida y... ¿dónde está? -Mueve las manos palpando el aire, mostrándote que no hay nada que tocar.
Lo entiendes. Se lo dices: "Ya". Asientes. Ella también se siente menos sola cuando tú la comprendes. Todavía pega el sol en la terraza. La abuela deja la cucharita sobre el plato y coge la primera pastilla y el vaso de agua. Le tiembla la mano al sujetarlo. Haces un ademán de hablar, pero esperas a que se tome la segunda pastilla. Luego, la tercera. Al fin, la cuarta. El silencio, el sol, la terraza. Se te han terminado las excusas.
- Yo por eso escribo.
Lo dices como dices las confesiones, sintiendo que te cuesta la vida misma, que tienes algo atorado en el pecho que hay que sacar y al mismo tiempo preservar. Y cómo se hacen las dos cosas al mismo tiempo. Lo dices mirando al suelo. Por eso no te das cuenta de que ella te mira de vuelta, te mira con ojos suspicaces y en ese momento lo comprende todo, todas esas cosas tuyas que ella había sentido ajenas: las películas subtituladas, los bolígrafos, los cuadernos, los libros, la facultad, los idiomas y la carrera universitaria esa que estudias y de cuyo nombre no quiere acordarse.
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Marta Jiménez Serrano (Los nombres propios)
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Había una vez,
Una vez, cuando fuistes mía.
Me acuerdo de cielos,
Reflejada en tus ojos.
Me pregunto dónde te encuentras?
Me pregunto si
Piensas en mí?
Había una vez
En tus sueños más distantes?
Por una vez, el mundo era nuevo.
Nuestros cuerpos se sentía el rocío de la mañana,
Que da la bienvenida al nuevo día.
Y no nos podíamos separar.
Me pregunto si a ti te importa?
Me pregunto si ay aún recuerdo de mi?
Había una vez,
En tus sueños más distantes?
Y cuando suena Enrique...
Y cuando las palabras son
Conmovido por el dolor...
Cuando suena la música,
Oigo el sonido.
Tuvia que seguirlo,
Había una vez.
Una vez bajo las estrellas,
El universo era de nosotros.
El amor era todo lo que yo sabía
Y todo lo que sabía eras tu.
Me pregunto si usted sabe?
Me pregunto si te piensas en eso?
Había una vez
En tus sueños más distantes?
Había una vez
En tus sueños más distantes,
que te recuerdas de mi?
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José N. Harris
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aquel cuerpo—. Eh, Johnnycake. Johnny no abrió los ojos, pero emitió una débil pregunta. —¿Soda? —Sí, soy yo —dijo Sodapop—. No hables. Te pondrás bien. —Eran un montón —empezó Johnny, tragando, sin hacer caso de la orden de Soda—. Un Mustang azul lleno de ellos... Me acojoné... —intentó soltar un taco, pero de pronto se echó a llorar, luchando por controlarse, y llorando más porque no lo logró. Johnny se había llevado más de una con la fusta de su viejo, pero nunca soltó ni un quejido. Eso ponía peor las cosas, pues le costaba trabajo aliviarse. Soda no hizo más que sujetarle y apartarle el pelo de los ojos. —No te preocupes, Johnny. Se han ido. No te preocupes. Finalmente, entre sollozos, Johnny pudo contarnos cómo había sido. Estaba en el solar con el balón para practicar un poco, cuando un Mustang azul aparcó al lado. Venían cuatro socs. Le cogieron; uno de ellos llevaba la mano llena de anillos; eso fue lo que le hizo tantos cortes. No fue sólo cosa del palizón que le habían dado. Además, le habían aterrorizado. Le habían amenazado con toda clase de cosas. Johnny era muy excitable, una secuela nerviosa de las muchas veces que le habían pegado, de tanto oír pelearse a sus padres todo el tiempo. Vivir en esas condiciones habría vuelto amargo y rebelde a cualquier otro; a Johnny le estaba matando. Nunca había sido un cobarde. Era un buen tío a la hora de pelear contra otra pandilla. Estaba muy unido a la nuestra, y mantenía la boca bien cerrada cuando se trataba de la bofia. Pero después de la noche de la paliza, Johnny se amedrentaba más que nunca. Yo llegué a creer que jamás lo superaría. Nunca más anduvo por ahí solo. Johnny, que era el que mejor cumplía la ley de todos nosotros, llevaba ahora una faca de seis pulgadas en el bolsillo. Y estaba dispuesto a usarla si volvían a asaltarle. Le habían
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S.E. Hinton (Rebeldes (Spanish Edition))
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—Ash —dijo, su voz entusiasta—, ¿puedes hacer algo por mí?
—Cualquier cosa, Sota. Dilo y es tuyo.
—Hazme hermosa.
El giró su rostro hacia él y le dio un beso en los labios que prendió fuego a su sangre.
Retirándose él le sonrió.
—Ya está. Eres la mujer más bella del mundo.
Tory se giró hacia el espejo, muriéndose por ver como lucía.
Cuando se vio a sí misma, frunció el ceño.
No había cambiado.
—¡Ash!
—¿Qué? — le pregunto inocentemente, tirando de su espalda contra su pecho a fin de que
pueda mirarla en el espejo.
—No hiciste nada.
Su mirada se encontró con la suya y la sinceridad en esos remolinantes ojos de plata la
quemaron.
—Tú eres la mujer más bella del mundo, Soteria. Esta es la mujer de la que me enamoré y no
hay nada acerca de ti que yo cambiaría.
Recostándose sobre él, se inclinó para tocar su mejilla.
—¿De verdad?
—Por supuesto. Y espero que algún día, tengamos una casa llena de niños que luzcan como
tú.
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Sherrilyn Kenyon
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El viejo maricón que baila para él y él se deja bailar y que ya no da risa porque es como si él, también, estuviera anhelando. Que Octavio no sepa. No se dé cuenta. Que nadie se dé cuenta. Que no lo vean dejándose tocar y sobar por las contorsiones y las manos histéricas de la Manuela que no lo tocan, dejándose sí, pero desde aquí desde la silla donde está sentado nadie ve lo que le sucede debajo de la mesa, pero que no puede ser no puede ser y toma una mano dormida de la Lucy y la pone allí, donde arde. El baile de la Manuela lo soba y él quisiera agarrarla así, así, hasta quebrarla, ese cuerpo olisco agitándose en sus brazos y yo con la Manuela que se agita, apretando para que no se mueva tanto, para que se quede tranquila, apretándola, hasta que me mire con esos ojos de redoma aterrados y hundiendo mis manos en sus vísceras babosas y calientes para jugar con ellas, dejarla allí tendida, inofensiva, muerta: una cosa.
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José Donoso (El lugar sin límites)
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—Entonces cogeremos lo que más nos guste de Kerch y les dejaremos el resto. Construiremos algo mejor, algo para todos.
—Si el destino nos da una mísera oportunidad.
—Y si no nos la quiere dar, se las robaremos.
—Se te está pegando el espíritu de Ketterdam. —Una leve sonrisa apareció en sus labios—. Pero me parece que te creo. Será cosa del abrigo.
Nikolai le guiñó un ojo.
—No es por el abrigo.
—Acércate un poco más para que te tire al canal.
—De eso nada.
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Leigh Bardugo (Rule of Wolves (King of Scars, #2))
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Tenía muchos pecados que expiar. Pecados tan grandes que dos mil años de cautiverio ni siquiera bastaban para enmendarlos.
No solo era un bastardo por nacimiento; tras una vida brutal, plagada de desesperación y traiciones, había acabado convirtiéndose en uno de verdad.
Cerró los ojos y se obligó a alejar esos pensamientos. Eso era, nunca mejor dicho, historia antigua y en esos momentos se encontraba en el presente. Grace era el presente.
Y estaba allí por ella.
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Sherrilyn Kenyon (Fantasy Lover (Hunter Legends, #1))
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Aquí donde me ves, yo, a veces, también hago las cosas a ojo de buen cubero. En términos técnicos, eso vendría a ser “omisión del proceso intuitivo de información continua”, pero si empiezo a darte pormenores sobre esto, la cosa se alargará mucho y, además, me da la impresión de que tú tampoco lo entenderías. Así que abreviemos, Lo que quiero decirte es que yo no le voy buscando el pelo al huevo. Pero, eso sí, el balance ha de cuadrar. Porque ésa es mi responsabilidad
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Haruki Murakami (Kafka on the Shore)
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—¿Dónde está tu otra mitad? —dije.
—¿Qué? —Se volteó a mirarme— ¿De qué hablas?
—De tu otra mitad —repetí el chiste por más que haya sido un completo fracaso—. Del joven que estaba contigo, que era idéntico a ti.
—¿Por qué quieres saber? Preciosa. ¿Te gustó?
—No, no es eso… Es que…
—Dime una cosa y te diré a dónde se fue —me miró a los ojos y sonrió— ¿Qué tiene él que no tenga yo? Tú misma lo dijiste, somos idénticos.
—Al parecer, sobriedad. Pero ese no es el punto
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Santiago Espinosa (Protectores (Las Batallas de Luz, #1))
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el perro dormido se despertó de pronto y, levantando la cabeza, tendiendo el cuello, mirando hacia el fuego con sus ojos casi apagados, dio uno de esos lúgubres aullidos que hacen estremecerse a los viajeros, de noche, en el campo. Todos los ojos se volvieron hacia él; ahora permanecía inmóvil, tieso sobre las patas, como atormentado por una visión; se echó de nuevo a aullar hacia algo invisible, desconocido, sin duda horroroso, ya que todo el pelo se le ponía de Punta. El
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Guy de Maupassant (El miedo)
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Algunos se reían al ver su transformación, pero el dejaba que se riesen y les hacía poco caso, pues era lo bastante discreto como para saber que jamás había ocurrido nada bueno en este mundo de lo que no se hubiesen reído algunos, al principio, hasta hartarse; y, comprendiendo que tales gentes siempre estarían ciegas, consideraba que era preferible que arrugasen los ojos con sus muecas, a que mostrasen su falta de sensibilidad de manera más nociva. También su corazón se reía; y eso bastaba para él.
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Charles Dickens (A Christmas Carol)
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habiendo algunos fanáticos en el valle de Shah-i-Kot, en la provincia de Paktia. Una vez más la información era inexacta: no eran un puñado, sino centenares. Al ser afganos los talibanes derrotados, tenían a donde ir: sus aldeas y pueblos natales. Allí podían escabullirse sin dejar rastro. Pero los miembros de Al Qaeda eran árabes, uzbekos y, los más feroces de todos, chechenos. No hablaban pastún y la gente del pueblo afgano los odiaba, de manera que solo podían rendirse o morir peleando. Casi todos eligieron esto último. El mando estadounidense reaccionó al chivatazo con un plan a pequeña escala, la operación Anaconda, que fue asignada a los SEAL de la Armada. Tres enormes Chinook repletos de efectivos despegaron rumbo al valle, que se suponía vacío de combatientes. El helicóptero que iba en cabeza se disponía a tomar tierra, con el morro levantado y la cola baja, la rampa abierta por detrás y a solo un par de metros del suelo, cuando los emboscados de Al Qaeda dieron el primer aviso. Un lanzagranadas hizo fuego. Estaba tan cerca que el proyectil atravesó el fuselaje del helicóptero sin explotar. No había tenido tiempo de cargarse, así que lo único que hizo fue entrar por un costado y salir por el otro sin tocar a nadie, dejando un par de boquetes simétricos. Pero lo que sí hizo daño fue el incesante fuego de ametralladora desde el nido situado entre las rocas salpicadas de nieve. Tampoco hirió a nadie de a bordo, pero destrozó los controles del aparato al horadar la cubierta de vuelo. Gracias a la habilidad y la genialidad del piloto, pocos minutos después el moribundo Chinook ganaba altura y recorría cuatro kilómetros hasta encontrar un sitio más seguro donde proceder a un aterrizaje forzoso. Los otros dos helicópteros se retiraron también. Pero un SEAL, el suboficial Neil Roberts, que se había desenganchado de su cable de amarre, resbaló en un charquito de fluido hidráulico y cayó a tierra. Resultó ileso, pero inmediatamente fue rodeado por miembros de Al Qaeda. Los SEAL jamás abandonan a uno de los suyos, esté vivo o muerto. Poco después de aterrizar regresaron en busca de Roberts, al tiempo que pedían refuerzos por radio. Había empezado la batalla de Shah-i-Kot. Duró cuatro días, y se saldó con la muerte del suboficial Neil Roberts y otros seis estadounidenses. Había tres unidades lo bastante cerca como para acudir a la llamada: un pelotón de SBS británicos por un lado y la unidad de la SAD por el otro; pero el grupo más numeroso era un batallón del 75 Regimiento de Rangers. Hacía un frío endemoniado, estaban a muchos grados bajo cero. La nieve, empujada por el viento incesante, se clavaba en los ojos. Nadie entendía cómo los árabes habían podido sobrevivir en aquellas montañas; pero el caso era que allí estaban, y dispuestos a morir hasta el último hombre. Ellos no hacían prisioneros ni esperaban serlo tampoco. Según testigos presenciales, salieron de hendiduras en las rocas, de grutas invisibles y nidos de ametralladoras ocultos. Cualquier veterano puede confirmar que toda batalla degenera rápidamente en un caos, y en Shah-i-Kot eso sucedió más rápido que nunca. Las unidades se separaron de su contingente, los soldados de sus unidades. Kit Carson se encontró de repente a solas en medio de la ventisca. Vio a otro estadounidense (pudo identificarlo por lo que llevaba en la cabeza: casco, no turbante) también solo, a unos cuarenta metros. Un hombre vestido con túnica surgió del suelo y disparó contra el soldado con su lanzagranadas. Esa vez la granada sí estalló; no dio en el blanco sino que explotó a los pies del soldado.
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Frederick Forsyth (La lista)
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No puede estar claro, padre, porque no tiene sentido, porque es estúpido decirlo, estúpido pensarlo, porque no lo puedes evitar, nadie puede evitarlo a no ser que los matéis a todos, a todos sus hijos, a todos sus nietos, a tus hermanos, y a tus primos, y a tus sobrinos, y a los de madre. Eso tendríais que hacer, matar a tanta gente que sus cadáveres lo cubrieran todo, lo pudrieran todo, y en España no se pudiera respirar, nadie podría volver a andar por las calles ni a cultivar los campos, y cuando las aguas de los ríos tiñeran el mar de rojo, y sólo entonces, por fin estaría claro, pero de momento aquí estamos todos, ellos y nosotros, de momento, aquí vivimos todos, ellos y nosotros, aquí vives tú y aquí vivo yo, que ya no sé de quién soy, pero sé que haré lo que me parezca, lo que yo crea que tengo que hacer, porque Elena no tiene la culpa de nada, porque yo no tengo la culpa de nada y bastante he hecho cargando con la tuya, con haber renunciado a mirarte a los ojos y decirte que sé que eres un asesino, para que tú ahora conviertas una docena de churros en un delito
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Almudena Grandes (El lector de Julio Verne (Episodios de una guerra interminable #2))
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Sabía que de tanto en tanto había cometido errores; pero no dejaba que le rompieran el corazón. Incluso con este último y más grande de todos, su corazón no se había roto. Peyna sabía, al igual que nosotros en nuestro propio mundo, que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones. También sabía que, para los seres humanos, a veces las buenas intenciones sólo se quedan en eso. Los ángeles podrían estar a salvo del castigo eterno, pero las personas eran criaturas menos afortunadas, para las que el infierno siempre se encuentra cerca.
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Stephen King (The Eyes of the Dragon)
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La voz de Kayen sonó como un látigo a sus oídos, pero asintió con la cabeza, aceptando su destino.
—Muy bien.
Caminó atravesando la habitación, con Kayen yendo detrás de ella, escoltándola hasta la puerta.
—Rura.
Se detuvo al oír la voz del que había sido su marido hasta aquel momento, y giró el rostro para mirarlo a los ojos otra vez.
Fuera lo que fuese lo que iba a decirle, lo encararía sin demostrar ni un solo sentimiento en su cara.
—¿Por qué lo hiciste? —le preguntó el gobernador.
Ella lo miró a los ojos durante unos instantes, valorando si debía decirle la verdad o no.
—¿El qué? ¿Intentar matarte, o golpear a tu esclava? —preguntó finalmente.
—Las dos cosas.
—¿De veras te importa? —le preguntó con evidente desprecio en la voz.
—Sí. Si no fuese así, no te hubiera preguntado.
—Muy bien. —Asintió con la cabeza, la ladeó un poco, y esbozó una sonrisa fría como la nieve—. Porque tu corazón debería haber sido mío, pero se lo entregaste a ella en el mismo momento en que la viste.
—Tú nunca quisiste mi corazón.
—En eso te equivocas, Kayen. Lo quería… para destrozarlo.
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Alaine Scott (La princesa sometida (Cuentos eróticos de Kargul #3))
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Harper se acercó a mí con un propósito en la mirada, y con un último vistazo hacia Art, cruzó. No vi el dolor y el miedo que había sufrido durante todos esos años. No la vi
aterrorizada, y tampoco vi la pesadilla que había sido su estancia en el hospital psiquiátrico.
Lo que vi fue cómo su padre la cogía y se la subía a los hombros mientras ella le señalaba
la ruta a seguir a través de los árboles que había en la parte trasera de la propiedad. Vi a su perro, un golden retriever llamado Sport, que le lamió los dedos hasta que ella no pudo soportar las cosquillas. Y vi el primer beso que le dio Art. Ella estaba en el instituto, viendo uno de los partidos de baloncesto en los que él participaba. Art se había lesionado y estaba en el vestuario. Harper corrió a ver cómo estaba. Estuvo a punto de desmayarse al ver el enorme bulto del brazo que tenía sujeto al costado, donde el hueso casi atravesaba la piel.
Art se había tapado los ojos con el otro brazo para ocultar su angustia. Harper se acercó y, antes de que se diera cuenta de lo que ocurría, él le rodeó la cabeza con la mano y tiró de ella hasta que sus labios se unieron.
Y luego cruzó.
Ese toque romántico, la agonía del amor perdido, fue mi perdición.
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Darynda Jones (Fourth Grave Beneath My Feet (Charley Davidson, #4))
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—Vi a mi madre en su ataúd—dijo por fin—. Las mujeres le habían trenzado el pelo para que tuviera un aspecto decoroso, pero mi padre no lo permitió. Quería verla por última vez tal como era para él. Fue personalmente al ataúd, le deshizo las trenzas y extendió la cabellera con las manos, cubriendo la almohada.
Hizo una pausa; su pulgar quedó inmóvil.
—Yo estaba allí, quieto en el rincón. Cuando todos salieron para recibir al cura me acerqué sigilosamente. Era la primera vez que veía a una persona muerta.—Dejé que mis dedos se cerraran sobre su antebrazo.— Una mañana mi madre me dio un beso en la frente; luego volvió a colocarme la horquilla que se me había desprendido de mi pelo ensortijado y salió. Jamás volví a verla. La velaron con el ataúd cerrado.
—¿Era…ella?
—No.—Contemplaba el fuego con los ojos entornados—. No del todo. Se le parecía, pero nada más. Como si alguien la hubiera tallado en madera de abedul. Pero su pelo… eso aún tenía vida. Eso todavía era…ella.
Lo oí tragar saliva y carraspear un poco.
—La cabellera le cruzaba el pecho, cubriendo al niño que yacía con ella. Pensé que a él no le gustaría sofocarse de ese modo. Y retiré las guedejas rojas para dejarlo a la vista. Mi hermanito, acurrucado en sus brazos, con la cabeza en su seno, abrigado y en sombras bajo la cortina de pelo. Y enseguida pensé que no, que estaría más contento si lo dejaba así. Y volví a alisar la cabellera de mi madre para cubrirle la cabeza.
Su pecho se elevó bajo mi mejilla. Deslizó lentamente las manos por mi pelo.
—No tenía una sola cana, Sassenach. Ni una.
Ellen Fraser había muerto de parto a los treinta y ocho años. Mi madre, a los treinta y dos. Y yo… yo tenía la riqueza de todos esos años largos que ellas habían perdido. Y más aún.
—Para mí es un gozo ver cómo te tocan los años, Sassenach—susurró—, pues significa que vives.
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Diana Gabaldon (The Fiery Cross (Outlander, #5))
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Era extraño ver a un humano llevarse bien con tantas razas diferentes.
Archie escuchó la conversación de Choi Han y Rosalyn en ese momento.
"Como se esperaba de Cale-nim."
"¿No crees que dices, 'como se esperaba de Cale-nim', demasiado?"
"¿Me equivoco?"
"No, tienes razón. El joven maestro Cale es único. Muy único".
Choi Han y Rosalyn sonaban muy casuales, lo que hacía que pareciera que estaban acostumbrados a llamar a Cale único. Archie continuó mirando hacia ellos hasta que hizo contacto visual con Rosalyn.
Los ojos de Rosalyn se abrieron de par en par antes de darse cuenta de lo que debía estar pasando por la mente de la Ballena y empezar a hablar.
"¿No es asombroso lo bien que se lleva el joven maestro Cale con todos?"
"Sí."
Archie respondió de inmediato.
"¿Pero no es obvio ese trato después de pensar en todo lo que el joven maestro Cale ha hecho hasta ahora en todo el continente?"
Paseton, que había estado escuchando a Rosalyn, dejó escapar un grito ahogado.
Las cosas que Cale había hecho hasta ahora.
Rosalyn continuó hablando.
"El joven maestro Cale ha hecho todo eso, pero nunca pidió un título ni nada de influencia. Aunque ha recibido algunas recompensas monetarias, no creo que valgan más que su vida".
Rosalyn sabía que Cale era más estratégico que brillante. Sin embargo, había una razón por la que ella seguía creyendo que él era una buena persona.
No era codicioso.
¿Le gusta el dinero?
La codicia por la fama y el poder era peor que la codicia por el dinero.
¿Por qué los comerciantes intentan comprar títulos para sí mismos una vez que están desbordados de dinero? ¿Y por qué los reyes de la historia que tenían suficiente dinero y poder inician guerras inútiles?
Había muchos tipos de codicia que eran peores que la codicia por el dinero.
Pero Cale no mostró ninguna codicia hacia estas cosas. De hecho, trató de evitarlos.
"Él tampoco usa el dinero para sus propias razones egoístas".
Rosalyn sabía que las mejoras al territorio de Henituse y todas sus otras acciones habían requerido una gran cantidad de la propia riqueza de Cale.
Hubo momentos en que Cale usó su dinero para sí mismo.
Pero esos tiempos eran para alimentarse a sí mismo o para proporcionar comida y alojamiento a su grupo.
"Este es el tipo de persona que debería tener dinero".
Pensó que alguien como Cale, que sabía cuándo usar el dinero para el bien común mientras se sentía satisfecho con comer frutas simples para sí mismo, merecía tener dinero.
Rosalyn pensó que estaría bien que Cale ganara más dinero, no, creía que Cale debería ganar más dinero.
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Yoo Ryeo Han (Trash of the Count's Family)
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Un hombre, después de mucho tiempo caminando, llegó al lugar donde vivía un gran sabio. Al recibirle, le pidió encarecidamente: -¡Muéstreme el camino hacia Alá! -¿Te has enamorado alguna vez de alguien? -preguntó el sabio. -¿Enamorarme? ¿Qué es lo que el gran maestro quiere decir con eso? Me prometí a mí mismo jamás aproximarme a una mujer, huyo de ellas como quien intenta escapar de una enfermedad. Ni siquiera las miro. Cuando pasan, cierro los ojos. -Procura volver a tu pasado e intenta descubrir si alguna vez, en toda tu vida, hubo algún momento de pasión que dejase tu cuerpo y tu espíritu llenos de fuego. -Vine hasta aquí para aprender a rezar, y no a cómo enamorarme de una mujer. Quiero ser guiado hasta Alá y usted insiste en querer llevarme hacia los placeres de este mundo. No entiendo lo que desea enseñarme. El sabio permaneció silencioso algunos minutos y finalmente dijo: -No puedo ayudarte. Si tú nunca tuviste alguna experiencia de amor, nunca conseguirás experimentar la paz de una oración. Por lo tanto, regresa a tu ciudad, enamórate, y vuelve a buscarme sólo cuando tu alma esté llena de momentos felices. >>Sólo una persona que entiende el amor puede entender el significado de la oración. Porque el amor por alguien es una oración dirigida al corazón del Universo, una plegaria que Alá colocó en las manos de cada ser humano como un presente divino.
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Jalal ad-Din Muhammad ar-Rumi (La danza del corazón)
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-Sé muy bien lo que me vas a decir- dijo tranquilamente-. ¡Uno siempre se estanca con lo mismo! Pero voy a decirte una cosa: esta es una de las partes en donde se pueden ver claramente todas las fallas de nuestra religión. El Dios del Antiguo y del Nuevo Testamento es, lógicamente, una figura maravillosa, pero eso no es lo que debe representar. Es lo bueno, lo paternal, lo bello, lo noble y también lo sentimental y lo elevado, ¿de acuerdo? Pero en el mundo podemos encontrarnos con cosas muy distintas a eso, las cuales, siempre se le adjudican al demonio, Si esto es así, se esta eliminando la mitad de lo que hay en nuestro mundo. Siempre se ha glorificado a Dios como Padre de toda vida, y sin embargo, se oculta la sexualidad que está relacionada al pecado, y que es el verdadero origen de la vida misma. Entiende que no estoy en contra de la veneración de Dios, ¡En absoluto! Pero creo que deberíamos venerar y santifica al mundo entero y no solo a la mitad de él, a esa parte oficial y correcta que está en la Biblia. Creo que lo mismo que se alaba el lado bueno de Dios, también debería rendírsele culto a ese otro lado, que se dice, pertenece al Diablo. Creo que eso sería lo correcto. Y si esto no es así, deberíamos de fabricar un Dios que uniera lo bueno y lo malo, y ante el cual no deberíamos de cerrar los ojos ante hechos tan naturales y tan esenciales para el hombre.
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Hermann Hesse (Demian / Siddharta / El lobo estepario)
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El rostro que ponemos especial empeño en recordar al principio es muy nítido y omnipresente, pero a medida que pasa el tiempo —y seguramente por ese ahínco, que lo desgasta y lo desvirtúa y deforma— empieza a difuminársenos, y acaba por resultar casi imposible que los ojos de la mente lo convoquen y se lo representen con fidelidad. De pronto nos sorprendemos mirando una fotografía para conseguirlo, y aun así: la foto quieta va suplantando a la cara real, con sus gestos y su movimiento, las facciones se congelan y ya sólo existen las de la instantánea, que de tanto mirarla sustituye a la persona y la borra o la destierra o expulsa, por eso cuesta tanto recordar de veras a los muertos que se nos alejan.
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Javier Marías (Berta Isla)
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Mientras, Vives regresó a escena casi corriendo, subió al podio, y con la cabeza y los brazos al mismo tiempo echó a sonar su orquesta casi sobre los aplausos. Como si les hubiera dicho “todos, otra vez, desde la 24”. Sólo que la música era algo que se podía tararear, como si la hubiera pedido mi papá. Ya no sé cuántas mañanas lo oí levantarse tarareando eso, a veces se paraba en la puerta de nuestro cuarto y lo chiflaba durante un rato hasta que nosotros empezábamos a sacar las cabezas de bajo de las sábanas y a maldecir el sol y al padre madrugador que nos había tocado. Cómo no estaba mi papá para contarle, cómo no estaba para lamentar con él las equivocaciones de la vida, para ir a preguntarle qué hacer con el deseo fuera de sitio que me estaba creciendo. Toda la orquesta era mi papá silbando en las mañanas, y yo como siempre que él estaba sin estar, que algo me traía la certidumbre de que sus palabras y su abrazo se habían muerto y no serían jamás otra cosa que un recuerdo, nada mejor que la terquedad de mi nostalgia, me puse a llorar hipeando y moqueando hasta hacer casi tanto ruido como la orquesta. Dejé la butaca y me senté en el suelo para que nadie viera mi escándalo. Andrés, que nunca supo que hacer en esos casos, me puso la mano sobre la cabeza y me acarició como si fuera yo un gato. Resultado: cuando la orquesta terminó de tocar yo tenía la cara sucia, los ojos hinchados y la melena revuelta.
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Ángeles Mastretta (Arráncame la vida)
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La sirenita viene a visitarme de vez en cuando. Me cuenta historias que cree inventar, sin saber que son recuerdos. Sé que es una sirena, aunque camina sobre dos piernas. Lo sé porque dentro de sus ojos hay un camino de dunas que conduce al mar. Ella no sabe que es una sirena, cosa que me divierte bastante. Cuando ella habla yo simulo escucharla con atención pero, al mínimo descuido, me voy por el camino de las dunas, entro al agua y llego a un pueblo sumergido donde hay una casa, donde también está ella, sólo que con escamada cola de oro y una diadema de pequeñas flores marinas en el pelo. Sé que mucha gente se ha preguntado cuál es la edad real de las sirenas, si es lícito llamarlas monstruos, en qué lugar de su cuerpo termina la mujer y empieza el pez, cómo es eso de la cola. Sólo diré que las cosas no son exactamente como cuenta la tradición y que mis encuentros con la sirena, allá en el mar, no son del todo inocentes. La de acá, naturalmente, ignora todo esto. Me trata con respeto, como corresponde hacerlo con los escritores de cierta edad. Me pide consejos, libros, cuenta historias de balandras y prepara licuados de zanahoria y jugo de tomate. La otra está un poco más cerca del animal. Grita cuando hace el amor. Come pequeños pulpos, anémonas de mar y pececitos crudos. No le importa en absoluto la literatura. Las dos, en el fondo, sospechan que en ellas hay algo raro. No sé si debo decirles cómo son las cosas.
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Abelardo Castillo
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La gente no acepta que se le diga sus verdades. Quieren que se crea sus lindas palabras o por lo menos que uno haga como si. Yo soy lúcida soy franca arranco las caretas. La tipeja que susurra: '¿Así que quiere mucho a su hermanito?' y yo con mi vocecita serena 'Lo detesto'. He seguido siendo esa adolescente que dice lo que piensa no hace trampas. Se me partía el corazón escucharlo pontificar y todos esos infelices de rodillas delante de él. Yo aparecía con mis grandes zuecos sus palabras solemnes quedaban desinfladas: el progreso la prosperidad el porvenir del hombre la felicidad de la humanidad la ayuda a los países subdesarrollados la paz del mundo. No soy racista pero me importan un pito los árabes los judíos los negros exactamente como me importan un pito los chinos los rusos los yanquis los franchutes. Me importa un pito la humanidad qué es lo que ella ha hecho por mí me gustaría saberlo. Si son lo bastante estúpidos como para degollarse bombardearse tirarse napalm exterminarse no gastaré mis ojos llorando. Un millón de niños degollados ¿y qué? Los niños nunca son otra cosa que semilla de canallas y así se descongestiona un poco el planeta reconocen que está superpoblado ¿y entonces qué? Si yo fuera la tierra me daría asco toda esa gusanada en mi espalda me la sacudiría. Si todos revientan yo quiero reventar. Los niños no son nada para mí no voy a enternecer por ellos. Mi hija está muerta y me han robado a mi hijo.
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Simone de Beauvoir (The Woman Destroyed)
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A sus ojos yo siempre sería una criatura dependiente. Huberto pensaba así desde que tuvo uso de razón, era improbable que la revolución cambiara esos sentimientos. Comprendí que nuestros problemas no tenían relación con las vicisitudes de la guerrilla; aunque él lograra sacar adelante su sueño, la igualdad no alcanzaría para mí. Para Naranjo y otros como él, el pueblo parecía compuesto sólo de hombres; nosotras debíamos contribuir a la lucha, pero estábamos excluidas de las decisiones y del poder. Su revolución no cambiaría en esencia mi suerte, en cualquier circunstancia yo tendría que seguir abriéndome paso por mí misma hasta el último de mis días. Tal vez en ese momento me di cuenta de que la mía es una guerra cuyo final no se vislumbra.
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Isabel Allende (Eva Luna)
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Aunque se lamentaba de tener que cumplir sus compromisos sociales y se declaraba amante de la soledad, a Poirot le gustaban muchísimo todas estas cosas. el que le bailaran el agua y le trataran como el centro de la reunión le venía de perilla.
En algunas ocasiones llegaba a ronronear como un gato. Le he visto recibir tranquilamente los cumplidos más desorbitados como si se tratara de un homenaje merecido, y proferir con el peor gusto frases tan engreídas que me resisto a ponerlas por escrito.
Algunas veces discutía conmigo sobre este tema.
-Pero, amigo mío, yo no soy anglosajón. ¿Por qué motivo he de hacerme el hipócrita? Sí, sí, eso es lo que hacen todos ustedes. El aviador que ha realizado un vuelo difícil, el campeón de tenis, bajan los ojos y farfullan de un modo ininteligible que "no tiene importancia". ¿Lo creen ellos así? En absoluto. Admitirían la hazaña si la hubiera realizado otro. Por lo tanto, lógicamente tienen que admirarla habiéndola realizado ellos. Pero su educación les impide reconocerlo. Yo no soy así. Las cualidades que yo poseo las respetaría en otro. Se da la circunstancia de que en mi terreno no hay nada que me iguale. C'est dommage! Por lo tanto, reconozco abiertamente y sin hipocresía que soy un gran hombre. Poseo las virtudes del orden, el método y la psicología en un grado extraordinario. Soy, en una palabra, Hércules Poirot. ¿Por qué motivo tengo que ponerme colorado, y tartamudear y farfullar entre dientes diciendo que soy muy tonto? No sería cierto.
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Agatha Christie (The Regatta Mystery and Other Stories)
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En un abrir y cerrar de ojos, los años se deslizan como el agua de un arroyo. Adeline ha cumplido ya los dieciséis, y todos hablan de ella como si fuera una flor de verano,
algo que pueden arrancar de la tierra y meter en un jarrón, como si solamente estuviera destinada a florecer y a pudrirse. Igual que Isabelle, quien sueña con una familia en lugar de la libertad, y parece satisfecha con florecer durante un breve instante y después marchitarse. No, Adeline ha decidido que prefiere ser un árbol, igual que Estele. Si tiene que echar raíces, prefiere florecer en estado salvaje en lugar de ser podada, prefiere quedarse sola y que le permitan crecer bajo el cielo abierto. Mejor eso que acabar convertida en leña y arder en la chimenea de otra persona.
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Victoria Schwab (The Invisible Life of Addie LaRue)
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Mi abuela tenía una teoría muy interesante, decía que si bien todos nacemos con una caja de cerillas en nuestro interior, no las podemos encender solos, necesitamos oxígeno y la ayuda de una vela. Sólo que en este caso, el oxígeno tiene que provenir, por ejemplo, del aliento de la persona amada; la vela puede ser cualquier tipo de alimento, música, caricia, palabra o sonido que haga disparar el detonador y así encender una de las cerillas. Por un momento nos sentiremos deslumbrados por una intensa emoción. Se producirá en nuestro interior un agradable calor que irá desapareciendo poco a poco conforme pase el tiempo, hasta que venga una nueva explosión que haga reavivarlo.
Cada persona tiene que descubrir cuáles son sus detonadores para poder vivir, pues la combustión que se produce al encenderse una de ellas es lo que nutre de energía el alma. En otras palabras, esta combustión es su alimento. Si uno no descubre a tiempo cuáles son sus propios detonadores, la caja de cerillas se humedece y ya nunca podremos encender un solo fósforo.
Si eso llega a pasar el alma huye de nuestro cuerpo, camina errante por las tinieblas más profundas tratando vanamente de encontrar alimento por sí misma, ignorante de que sólo el cuerpo que ha dejado inerme, lleno de frío, es el único que podría dárselo.
Por eso hay que permanecer alejados de personas que tengan un aliento gélido. Su sola presencia podría apagar el fuego más intenso, con los resultados que ya conocemos. Mientras más distancia tomemos de estas personas, será más fácil protegernos de su soplo.
Hay muchas maneras de poner a secar una caja de cerillas húmeda, pero puede estar segura de que tiene remedio.
Claro que también hay que poner mucho cuidado en ir encendiendo las cerillas una a una. Porque si por una emoción muy fuerte se llegan a encender todas de un solo golpe, producen un resplandor tan fuerte que ilumina más allá de lo que podemos ver normalmente y entonces ante nuestros ojos aparece un túnel esplendoroso que nos muestra el camino que olvidamos al momento de nacer y que nos llama a reencontrar nuestro perdido origen divino. El alma desea reintegrarse al lugar de donde proviene, dejando al cuerpo inerte…
Desde que mi abuela murió he tratado de demostrar científicamente esta teoría. Tal vez algún día lo logre
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Laura Esquivel (Como Água Para Chocolate)
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Pues éste es el valle de la muerte, aunque las vacas medren en él.
En el jardín de esa mujer, las mentiras estaban desplegando sus sedas húmedas,
Y los ojos del asesino moviéndose como babosas, de soslayo,
Incapaces de encararse con los dedos, esos malditos egotistas.
Los dedos estaban estampando una mujer en una pared,
Un cuerpo en una pipa, y el humo elevándose.
Este olor es el de los años que arden, aquí en la cocina,
Éstos son los engaños, clavados como fotos familiares,
Y esto es un hombre, mira su sonrisa,
¿El arma homicida? No, nadie ha muerto.
En la casa, no hay ningún cuerpo del delito.
Hay un olor a brillo, hay alfombras de felpa.
Hay la luz del sol, empuñando sus aceros,
Matón aburrido en un cuarto rojo
Donde la radio habla sola como un pariente anciano.
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Sylvia Plath
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de los ojos expresivos de Basil Ransom. Amaba, estaba enamorada… lo sentía en cada partícula de su cuerpo. En vez de haber sido constituida por la naturaleza para abrigar ese sentimiento en un grado excesivamente pequeño (cosa que estaba implicada en el meollo de su cruzada, y por eso había ofrecido su renunciación hacía tiempo a Olive) se daba cuenta de que por el contrario había sido creada para amar con la mayor intensidad posible. Se trataba en realidad siempre de la misma pasión; pero el objeto se había vuelto otro. Había creído hasta entonces que en su espíritu había una especie de doble llama, la mitad de la cual se dirigía hacia una amistad íntima con una persona verdaderamente extraordinaria y la otra se dirigía hacia los sufrimientos de las mujeres en general.
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Henry James (Las bostonianas)
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Le dije que estaba bien porque tampoco podía decir mucho más. Nadie quiere oír lo que se siente cuando pierdes a alguien. No digo que la preocupación fuera real, sino que yo agradecía ese gesto aunque viniese de gente que hace dos semanas se reía de mí por los pasillos. No sentía que mereciese esa compasión que se les reflejaba en los ojos. Lo mínimo que podía hacer era agradecerlo con una mentira, con un "bien" fácil en vez de con una crónica de todas las combinaciones de químicos que estaban explotando en mi cabeza como pequeños 11-S que me iban matando poco a poco. Un "bien" era como puré para digerir. Yo me preocupo, tú estás bien, de acuerdo, he hecho la buena acción del día y ya me puedo ir. Tragar con la verdad era como comer una caja entera de Legos. A diferencia de lo que se pueda leer entre líneas, no no te falsos esos acercamientos. Lo fácil era quedarse mirando, lo normal, lo que yo hubiese hecho. Lo complicado y valiente era acercarse a la persona más rara y hermética de todo el colegio e intentar abrirla con palanca. Algunos se quedaban a mi lado esperando no sé el qué. ¿Que me derrumbase? ¿Que sacase algún tema banal para quitar hierro al asunto? Deseaba poder decirles que gracias por acercarse, que aunque no lo pareciese, era algo que me llenaba un poco el vacío que me había dejado dentro todo este asunto. Quise decir que era un gesto muy bonito y que aunque no quisiesen lidiar conmigo cuando todo estaba normal valoraba su esfuerzo y su arrojo al hablar a una lata de judías de 1994 que nunca se ha abierto, de las que tienes que destapar clavando un cuchillo en las esquinas y dándole en el mango con un martillo.
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Esty Quesada (FREAK)
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—Pero ¿no te das cuenta de que la noción de la muerte entre nosotros es muy poca cosa, Claire? —susurró.
Mis manos se cerraron contra su pecho. No, no pensaba que fuera poca cosa.
—Todo el tiempo, cuando me dejaste después de Culloden, estuve muerto, ¿no es así?
—Creí que estabas muerto. Por eso...
—Dentro de doscientos años seguro que estaré muerto, Sassenach —dijo sonriendo—. A causa de los indios, los animales salvajes, una plaga, la cuerda de la horca o sólo por la bendición de una edad avanzada, pero estaré muerto.
—Sí.
—Y mientras tú estabas allí, en tu propio tiempo... yo estaba muerto, ¿no?
Asentí sin palabras. Incluso ahora puedo mirar hacia atrás y ver el abismo de desesperación en el que aquella partida me sumió y del que salí trepando penosamente centímetro a centímetro.
—«El hombre es como la hierba del campo —citó, frotando mis manos—. Hoy florece; mañana se seca y se tira al horno.»
Levantó el penacho verde y se lo llevó a los labios, para luego pasarlo por mi boca.
—Estaba muerto, Sassenach, y sin embargo todo ese tiempo te amé.
Cerré los ojos sintiendo la leve picazón de la hierba en mis labios.
—Yo también te amaba —susurré—. Siempre lo hice.
—Mientras mi cuerpo y el tuyo vivan, seremos una sola carne —susurró.
Sus dedos me tocaron el pelo, la barbilla, el cuello y los pechos; respiré su aliento y lo sentí en mis manos.
—Y cuando mi cuerpo perezca, mi alma todavía será tuya, Claire. Juro por mi esperanza de ganarme el cielo que no seré separado de ti. Nada se pierde, Sassenach; sólo se transforma.
—Eso es la primera ley de la termodinámica —dije secándome la nariz.
—No —respondió—. Eso es fe.
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Diana Gabaldon (Drums of Autumn (Outlander, #4))
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Me apresure hacia adelante hasta que otro baño de chicas apareció. Abrí la puerta, planeando dejar a Noah afuera mientras me recomponía.
Pero me siguió dentro.
Dos chicas menores estaban paradas en el espejo aplicándose brillo labial.
- Salgan-Noah les dijo, su voz con aburrimiento. Como si fueran las que no pertenecieran al baño de chicas. Pero no esperaron a que se lo dijeran dos veces. Salieron tan rápido que me habría reído si no estuviera tan impactada.
Noah dirigió su mirada a mi, y algo centello detrás de sus ojos - ¿Cuál es tu problema?- pregunto en una voz baja.
Lo mire. Se había ido la indiferencia casual. Pero no estaba enojado. O incluso molesto. Más bien…curioso. Su expresión callada era ruinosa.
- No tengo un problema- dije confiadamente. Avance, mis ojos estrechándose hacia él-. Estoy libre de problemas.
Su cuerpo largo, acentuado por la línea de su camisa no metida y pantalones de corte bajo parecían tan fuera de lugar contra los feos azulejos amarillos. Mi respiración se aceleró. – No soy tu tipo – fui capaz de decir.
Entonces Noah dio un paso hacia mí, y una anormal sonrisa burlándose en la esquina de su boca. Demonios. – No tengo un tipo.
- Eso es aun peor-dije, y juro que trate de sonar malvada cuando lo dije-. Eres tan sin criterio como dicen.
Pero lo quería cerca.
- He sido difamado.- Su voz era apenas más que un susurro. Dio otro paso, tan cerca que sentí la caliente aura de su pecho. Miro abajo hacia mí, todo sincero y abierto y con ese caótico cabello en sus ojos como que quería y no quería decir algo.
- Lo dudo- fue lo mejor que pude hacer. Su rostro estaba a centímetros del mio. Iba a besarlo, e iba a arrepentirme.
Pero en ese momento, no me importaba.
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Michelle Hodkin (The Unbecoming of Mara Dyer (Mara Dyer, #1))
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Dudé mucho antes de convencerme a mí misma de que debía seguir con aquel cometido. Reflexioné, sopesé opciones y valoré alternativas. Sabía que la decisión estaba en mi mano: sólo yo tenía la capacidad de elegir entre seguir adelante con aquella vida turbia o dejarlo todo de lado y volver a la normalidad (…)
Dejarlo todo y volver a la normalidad: sí, aquélla sin duda era la mejor opción. El problema era que ya no sabía dónde encontrarla. ¿Estaba la normalidad en la calle de la Redondilla de mi juventud, entre las muchachas con las que crecí y que aún se peleaban por salir a flote tras perder la guerra? ¿Se la llevó Ignacio Montes el día en que se fue de mi plaza con una máquina de escribir a rastras y el corazón partido en dos, o quizás me la robó Ramiro Arribas cuando me dejó sola, embarazada y en la ruina entre las paredes del Continental? ¿Se encontraría la normalidad en Tetuán de los primeros meses, entre los huéspedes tristes de la pensión de Candelaria, o se disipó en los sórdidos trapicheos con los que ambas logramos salir adelante? ¿Me la dejé en la casa de Sidi Mandri, colgada de los hilos del taller que con tanto esfuerzo levanté? ¿Se la apropió tal vez Félix Aranda alguna noche de lluvia o se la llevó Rosalinda Fox cuando se marchó del almacén del Dean’s Bar para perderse como una sombra sigilosa por las calles de Tánger? ¿Estaría la normalidad junto a mi madre, en le trabajo callado de las tardes africanas? ¿Acabó con ella un ministro depuesto y arrestado, o la arrastró quizás consigo un periodista a quien no me atreví a querer por pura cobardía? ¿Dónde estaba, cuándo la perdí, qué fue de ella? La busqué por todas partes: en los bolsillos, por los armarios y en los cajones; entre los pliegues y las costuras. Aquella noche me dormí sin hallarla.
Al día siguiente desperté con una lucidez distinta y apenas entreabrí los ojos, la percibí: cercana, conmigo, pegada a la piel. La normalidad no estaba en los días que quedaron atrás: tan sólo se encontraba en aquello que la suerte nos ponía delante cada mañana. En Marruecos, en España o Portugal, al mando de un taller de costura o al servicio de la inteligencia británica: en el lugar hacia el que yo quisiera dirigir el rumbo o clavar los puntales de mi vida, allí estaría ella, mi normalidad. Entre las sombras, bajo las palmeras de una plaza con olor a hierbabuena, en el fulgor de los salones iluminados por lámparas de araña o en las aguas revueltas de la guerra. La normalidad no era más que lo que mi propia voluntad, mi compromiso y mi palabra aceptaran que fuera y, por eso, siempre estaría conmigo. Buscarla en otro sitio o quererla recuperar del ayer no tenía el menor sentido.
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María Dueñas (The Time in Between)
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A VECES LA MAÑANA AYUDA
Hace tiempo que ando escribiendo una crónica que llevaría el título "No siempre la mañana ayuda". Y hasta tenía el comienzo apuntado en un papel por ahí, a toda prisa, sobre la mesa del despacho. Empieza así: "Al salir de la casa y tropezar con el rostro del sol(antiguamente lo representábamos así, con una amplia sonrisa y los ojos alegres, con una cabellera de rayos resplandecientes), deberíamos caer de rodillas, ofrecer cualquier cosa al culto pagano de la luz y sentir después el mundo conquistado. Pero todos tenemos otra cosa que hacer". Y saldría uno por ahí fuera a ahuyentar la melancolía, a justificar el título, en definitiva.
Algo me ha impedido continuar. Y sé que hoy no voy a concluir una prosa que me enfrentaría al lector. Y es que, sin esperarlo, se despertó en mi memoria un caso acontecido entre dos hombres, un caso que viene a demostrar que, a veces, la mañana ayuda, sí señor. Vamos, pues, con la historia.
Imagine el lector un vagón de tren. Lleno. El día no es ni feo ni bonito: tiene algo de sol, unas nubes que lo cubren, y hay una brisa cortante allá afuera. Los viajeros van callados, hacen todos unos gestos involuntarios al albur del traqueteo. Unos leen periódicos, otros se ausentan hacia un país silencioso y sólo habitado por pensamientos ocultos e indefinidos. Hay una gran indiferencia en la atmósfera, y el sol, al descubrirse, ilumina un escenario de rostros apagados.
Entonces, el hombre más(pero muy lejos deser un adolescente), que está sentado junto a la ventanilla, empieza a tararear en sordina una vaga canción. Quizá no tenga motivos especiales de contento, pero, en aquella hora, la necesidad de cantar es irresistible. Todo cuanto acude a su memoria sirve. Y va tan absorto en su pura y gratuita alegría que ni siquiera repara en que el vecino de asiento se muestra ofendido y esboza esos movimientos elocuentes que sustituyen a las palabras cuando no hay valor para pronunciarlas.
Frente al hombre que canta, hay un viejo. Éste desde que salió anda rumiando problemas que lo atormentan. Es muy viejo, y está enfermo. Ha dormido mal. Sabe que va a tener un día difícil. Y detrás de él una voz deshilacha canciones, badabádabá, notas de música, de un modo impreciso pero obstinadamente vivo y afirmativo.
El sol sique jugando al escondite. Y el mar, que súbitamente aparece se puebla de islas de sombra entre grandes lagos de plata fundida. A lo lejos, la ciudad se diluye en humo y niebla seca. Silenciosa, a aquella distancia, tiene un aire de fatalidad y resignación, como un cuerpo que ha renunciado a vivir y se extingue lentamente. Es grande el peligro de que la melancolía triunfe definitivamente.
Pero el hombre insiste. Ya no es posible identificar al que canta. Ahora sale de su boca un flujo de armonía, un lenguaje que ha desistido de la articulación coherente para penetrarse mejor de la sustancia de la música. Esto acabrá sin duda con un grito irreprimible de alegría, con indignación y escandalo de los viajeros.
Ocurrió, sin embargo, que la ciudad llegó de repente. Se abrieron las puertas, la gente se precipitó, empujándose, olvidándose unos de otros. El hombre se levanta, murmurando aún algo. Sigue a lo largo del andén, va a lo suyo, con su música. Y, de pronto, alguien lo coge del brazo. El viejo está a su lado, se juraría que tiene los ojos húmedos, y dice: "Gracias. Yo venía preocupado y triste. Cuando lo oí cantar sentí una gran paz, y durante todo el camino vine pidiéndole a Dios que siguiera usted cantando. Muchas gracias".
El hombre de las canciones sonrió, primero con embarazo, luego como si fuera el amo del mundo. Se separaron. Y fue cada uno a su trabajo, con la música que era de los dos.
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José Saramago (Las maletas del viajero)
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Porque si una lleva una falda o un escote de un tiempo a esta parte lo lleva para sí misma o en nombre del empoderamiento, una de dos, y que no me mire nadie porque machete al machote y madre mía qué fuerte e independiente con mi falda, que era a lo que me reducían antes, a ser dos piernas y poca tela y me quejaba y con razón y ahora como por arte de magia resulta que eso es signo de empoderamiento, pero no puede mirarlo nadie. Nos hemos encerrado tanto en nosotros mismos, nos hemos individuado tanto y hemos hecho tantos esfuerzos por acabar con lo de las dinámicas de poder —y, nos guste o no, la belleza siempre ha implicado y siempre implicará poder— que hemos terminado creyendo que no provocamos ningún efecto, ninguna reacción en el otro y que lo contrario sería inaceptable, aunque las mujeres nos lo hemos creído a medias, como todas las mentiras que nos contamos a nosotras mismas.
Por eso rara vez nos ponemos escote y los labios rojos para estar solas en casa, de la misma forma que el pavo real no desplegaría su cola si no hubiera una pava a la vista, porque gilipollas no es y por lo del ahorro energético, y negar que un escote bonito es enseñado de cuando en cuando para ser visto, solo cuando quiere ser visto, cuando quiere ser mirado, además de ridículo niega parte de nuestro poder como mujeres, un poder que no se reduce a lo bello y a lo sexual pero del que lo bello y lo sexual forman parte y no pasa nada y por eso toda mujer ama a un fascista: porque todo el que mira nuestros escotes lo es, a no ser que sea un trapero en un videoclip, entonces es un trapero al uso, entonces se le permite. Y porque mal que bien y según el nuevo canon, nuestros abuelos lo fueron y nuestros padres lo son. No solo porque se les fueran los ojos con las mujeres bonitas que cruzaban los pasos de cebra cuando pensaban, inocentes, que no nos dábamos cuenta.
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Ana Iris Simón (Feria)
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Me mostró la ciudad hechicera a través de sus ojos. Me habló de sus misterios, sus rincones encantados y el espíritu que vivía en aquellas calles. Me explicó mil y una leyendas. [...]
Observé a aquel desconocido con el que había estado callejando durante horas y me pareció que le conocía desde siempre. Así se lo hice saber. Rió y en ese momento, con esa rara certeza que sólo se tiene un par de veces en la vida, supe que iba a pasar el resto de mi vida a su lado.
Aquella noche Mijail me contó que él creía que la vida nos concede a cada uno de nosotros unos escasos momentos de pura felicidad. A veces son sólo días o semanas. A veces, años. Todo depende de nuestra fortuna. El recuerdo de esos momentos nos acompaña para siempre y se transforma en un país de la memoria al que tratamos de regresar durante el resto de nuestra vida sin conseguirlo. Para mí esos instantes estarán siempre enterrados en aquella primera noche, paseando por la ciudad...
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Carlos Ruiz Zafón (Marina)
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—Disculpa un momento, ¿se puede saber qué está pasando aquí? —le preguntó a Julian—. ¿Por qué lo has golpeado?
Cuando la miró, el humor brillaba en sus ojos.
—Porque me encanta hacerlo.
—Muy bonito —le dijo Cupido muy despacio a Julian, sin mirar ni una vez a Grace—. No me has visto desde… ¿cuánto hace ya?, ¿dos mil años? Y, a pesar de eso, en lugar de recibir un abrazo fraternal y amistoso, acabo aporreado. —Cupido miró a Psiqué con una sonrisa socarrona—. Y mamá se pregunta por qué no me relaciono más con mis hermanos…
—No estoy de humor para aguantar tus sarcasmos, Cupido —advirtió Julian entre dientes.
Cupido resopló.
—¿Es que no vas a dejar de llamarme por ese horrible nombre? Jamás he podido soportarlo y no puedo creer que te guste, dado lo mucho que odiabas a los romanos.
Julian le dedicó una fría sonrisa.
—Lo utilizo porque sé lo mucho que lo odias, Cupido.
Cupido apretó los dientes y Grace percibió el esfuerzo que el dios hacía para no abalanzarse sobre Julian.
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Sherrilyn Kenyon (Fantasy Lover (Hunter Legends, #1))
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¿Cuándo cambié a tus ojos?
Adam me miró con otro «tú estás loca».
—No pienso contártelo.
—¿Por qué no?
—Porque es una de esas cosas de tíos que no entenderías y que probablemente te cabreará.
Genial. Ahora estaba definitivamente intrigada.
—No me enfadaré. Solo dímelo por favor —le supliqué con dulzura.
—Vale. —Me miró con cautela—. Fue la mañana siguiente a tu decimoctavo cumpleaños.
Mis ojos se agrandaron al recordarlo. «¿En serio?»
—Sí, la mañana en la que tú… oh, casualmente, me dijiste que habías perdido la virginidad.
¿Fue ese el momento en que se dio cuenta de que sentía algo por mí? Dios… Joss tenía razón, los hombres era trogloditas.
(...) Adam había estado celoso. No fue lo que me pareció en aquel momento.
—Supe que estabas enojado conmigo, pero creí que era otro de esos episodios de «hermano mayor sobreprotector».
—¡No! —Adam movió la cabeza sombríamente, se echó hacia atrás y se apoyó en las palmas de las manos—. Fue uno de esos episodios «estoy buscando a la hermana pequeña de mi mejor amigo, que me acaba de decir que se ha acostado con un tío por primera vez y lo único que veo son sus labios hinchados y su pelo revuelto recién salido de la cama y me he puesto jodidamente cachondo». —Sus ojos se detuvieron en mi boca conforme recordaba—. Mi cuerpo reaccionó a lo que habías dicho antes de que pudiera hacerlo mi cabeza. De repente me encontré preguntándome cómo sería ser acariciado por tus labios, a qué sabrías, cómo me sentiría al tener tus largas piernas alrededor de mi espalda mientras empujaba dentro de ti... —Me sacudí, notando cómo se me calentaba la piel ante el conocimiento de que Adam había estado teniendo pensamientos lascivos sobre mí durante mucho tiempo sin que yo tuviera ni idea—. Así que me cabreé. Conmigo por desearte así. Y también contigo… por dejarle probarte…
Nuestras miradas se encontraron y mi respiración se tornó pesada.
Supe que si no decía nada terminaríamos haciendo el amor en la segunda habitación antes de que pudiéramos acabar nuestro paseo por el sendero de la memoria.
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Samantha Young (Until Fountain Bridge (On Dublin Street, #1.5))
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Si alguien les pregunta por él,
díganle que quizá no vuelva nunca o que si regresa
acaso ya nadie reconozca su rostro;
díganle también que no dejó razones para nadie,
que tenía un mensaje secreto, algo importante que decirles
pero que lo ha olvidado.
Díganle que ahora está cayendo, de otro modo y en otra parte del mundo,
díganle que todavía no es feliz,
si esto hace feliz a alguno de ellos; díganle también que se fue con el corazón vacío y seco
y díganle que eso no importa ni siquiera para la lástima o el perdón
y que ni él mismo sufre por eso,
que ya no cree en nada ni en nadie y mucho menos en él mismo,
que tantas cosas que vio apagaron su mirada y ahora, ciego, necesita del tacto,
díganle que alguna vez tuvo un leve rescoldo de fe en Dios, en un día de sol,
díganle que hubo palabras que le hicieron creer en el amor
y luego supo que el amor dura
lo que dura una palabra.
Díganle que como un globo de aire perforado a tiros,
su alma fue cayendo hasta el infierno que lo vive y que ni siquiera está desesperado
y díganle que a veces piensa que esa calma inexorable es su castigo;
díganle que ignora cuál es su pecado
y que la culpa que lo arrastra por el mundo la considera apenas otro dato del problema
y díganle que en ciertas noches de insomnio y aun en otras en que cree haberlo soñado,
teme que acaso la culpa sea la única parte de sí mismo que le queda
y díganle que en ciertas mañanas llenas de luz
y en medio de tardes de piadosa lujuria y también borracho de vino en noches de lluvia
siente cierta alegría pueril por su inocencia
y díganle que en esas ocasiones dichosas habla a solas.
Díganle que si alguna vez regresa, volverá con dos cerezas en sus ojos
y una planta de moras sembrada en su estómago y una serpiente enroscada en su cuello
y tampoco esperará nada de nadie y se ganará la vida honradamente,
de adivino, leyendo las cartas y celebrando extrañas ceremonias en las que no creerá
y díganle que se llevó consigo algunas supersticiones, tres fetiches,
ciertas complicidades mal entendidas
y el recuerdo de dos o tres rostros que siempre vuelven a él en la oscuridad
y nada.
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Darío Jaramillo Agudelo
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Podrías POR FAVOR dejar de aprecer de la nada y asustarme" Pagan
"Normalmente no eres tan Irritable". Dank
"Mantente fuera de mi habitación, Podría haber estado Desnuda". Pagan
"¿Quieres que vuele lejos?. Eso es lindo". Dank
"No queria ser Linda, pero parecia que ya no podía seguir enojada tampoco". Pagan
"¿Su risa había causado este calor relajante en mi cuerpo?". Pagan
"Estupido Tipo Muerto Parlante". Pagan
"Pagan: ¿Has estado Observandome? Dank: Durante semanas, Pagan, Durante Semanas..."
"No puedo decirte lo que soy, Ya he roto Demasiadas Reglas". Dank
"Nunca he tenido Problema en dejar saber a una Chica que me interesa... Hasta Ahora". Leif
"Siento el dolor de cada corazon que tomo". Cancion de Dank
"La oscuridad me abraza, pero la luz aún dibuja mi alma Vacía". Canción de Dank
"El vacío en el que solía usar dolor, para llenar el agujero ya no me controla, ya no me llama, Gracias a ti". Cancion de Dank
"Dank Walker esta aqui. Como, en nuestra escuela. Como, Inscrito en nuestra escuela. ¿Puedes Creerlo?". Miranda
"Dank Walker. El alma, Mi alma ¿Era Dank Walker, el Rockero?
"El tipo parece que no puede apartar los ojos de ti, No es que lo pueda Culpar". Leif
"Te necesito, Nunca dudes de mi necesidad por ti". Dank
"Sabía que el rosa pálido te sentaría, la mayoría de las chicas no pueden llevarlo, pero en ti, es Perfecto". Dank
"Tu eres lo único que mas quiero en el Mundo. Sin Embargo, lo único que no puedo Tener". Dank
"Sin Embargo Te quedas, Aferrandote a mi, pero te Quedas". Canción de Dank.
"Mi Primer sabor de el, hizo Girar mi Mundo". Pagan
"Te he dado vida, cuando estaba en mis manos darte Muerte. Alejate de Mi". Cancion de Dank
"Alejate de mi, antes de que colapse y te lleve conmigo". Canción de Dank.
"Eres una chica Frustante. No eres como ninguna de las almas que he conocido". Dank
"Yo no soy un hombre, Por lo que no tengo un Corazón, que ame como un ser humano lo hace". Dank
"Tu eres mi existencia, Yo soy Tuyo". Dank
"Eres Mía ahora, Mientras camines por la Tierra me perteneces, Nada puede hacerte Daño". Dank
"Es practicamente imposible hacer daño a lo que La Muerte proteje". Dank
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Abbi Glines (Existence (Existence, #1))
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Cuando Hewan regresó a buscarla, Bahana se había ido y ella ya se había vestido con el lindo modelito que le había dejado.
El saco le llegaba hasta las rodillas. Tenía dos agujeros por los que había metido los brazos, y estaba cortado por la mitad, como un chaleco. Se lo había atado a la cintura con una cuerda para evitar que se abriera.
La miró desde la entrada de los baños, repasándola descaradamente de arriba a abajo, con una sonrisa irónica serpenteando en sus labios.
—¿Te gusta tu ropa nueva? —le preguntó, burlándose.
Rura alzó la cabeza, mirándolo directamente a los ojos, y un destello de ira cruzó sus hermosos ojos.
—Seguiré siendo una princesa sin importar la ropa que me obligues a vestir —dijo con orgullo.
—Lo que quieres decir —replicó—, es que seguirás siendo una mujer malcriada y caprichosa, y que nada de lo que haga cambiará eso.
Rura casi se echó a reír. La idea que Hewan tenía de ella estaba tan equivocada… Toda su actitud no era más que una fachada con la que se obligó a vestirse para conseguir la aceptación de su padre, el maldito príncipe Nikui; pero estaba tan arraigada que ahora era incapaz de deshacerse de ella. Una máscara tras la que esconderse, y una armadura con la que protegerse. No era así de niña. Recordaba reír a menudo, excepto cuando su padre estaba cerca; disfrutaba de las cosas pequeñas de la vida, y no necesitaba mucho para sentirse feliz: un vestido desechado, un plato de sopa caliente, una manta con que abrigarse, y una muñeca rota a la que abrazarse.
Pero su padre lo cambió todo, obligándola a ser cruel, a odiar en lugar de amar, a despreciarse a sí misma pensando que no era suficientemente buena, hasta que lo único que quedó fue la amargura y el resentimiento.
—Jamás me ha importado lo que los demás pensaran de mí. —Mentira, a pesar de todo el esfuerzo que había puesto en hacer que se convirtiera en verdad—. ¿De veras crees que me interesa lo que tú pienses?
Hewan se acercó a ella, remoloneando, caminando a su alrededor.
—Tsk. Es una pena que un envoltorio tan hermoso no guarde nada dentro.
—Mejor estar vacía que tener a un monstruo escondido tras unos ojos bonitos.
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Alaine Scott (La princesa sometida (Cuentos eróticos de Kargul #3))
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ASIGNATURAS OBLIGATORIAS:
Astronomia: Centrado en planetas o derivados: El principito. El principito sale de su planeta huyendo de su Rosa, descubriendo y aprendiendo de los demas planetas.
Historia de la magia: Sombra y Hueso. Alina Starkov no espera mucho de la vid hasta que un dìa descubre que es una grisha y su mundo cambia completamente.
Defensa contra las artes oscuras: Wolfsong. Ox es un chico timido e introvertido que pierde a su padre pero crea un lazo particular con sus nuevos vecinos, los Bennet pero no todo es lo que parece y con ello vienen los problemas.
Herbologìa: El dìa que el oceano te mire a los ojos. Aurora tenìa la vida perfecta junto al mar, hasta que descubre que su marido le es infiel y ella tiene una enfermedad que va a acabar con su vida en poco tiempo.
Vuelo: De la tierra a la luna. Despues de que el gun-club se quedara sin guerras belicas en el horizonte, se someten al aburrimiento absoluto; por eso, un dia se les ocurre la maravillosa idea de crear un cohete a la luna.
Pociones: Y el mundo gira. La amistad de dos amigos se complica cuando el amor y la muerte se cruza en el medio.
transformaciones: ravensong. Nos encontramos con la continuacion de la manada Bennet.
Encantamientos: looking for Alaska. Miles decide ir a un internado para buscar su Gran Quiza.
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John Green (Looking for Alaska)
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Porque de tanto vivir en Westminster - ¿cuántos años ya?... más de veinte - sientes, aun en medio del tráfico, o al despertarte de noche, Clarissa estaba segurísima, una quietud particular, o mejor cierta solemnidad; una pausa indescriptible; un suspense (aunque eso podía ser del corazón, según decían aquejado de gripe) antes de que el Big Ben diese la hora. ¡Ahora! El reloj tronó. Primero un aviso, musical; luego la hora, irrevocable. Los círculos de plomo se disolvieron en el aire. ¡Qué locos estamos!, pensó cruzando Victoria Street. Porque sólo Dios sabe por qué nos gusta tanto, por qué lo vemos así, por qué lo inventamos, por qué construimos todo esto que nos rodea, y lo destrozamos para volverlo a crear de nuevo; pero si hasta los mismísimos mendigos, los miserables más desesperados sentados en los portales (beben su destrucción) hacen lo mismo; y eso no lo pueden solucionar las leyes del Parlamento y por una y misma razón: aman a la vida. En los ojos de la gente, en el vaivén, el caminar y la caminata; en el estruendo y el tumulto; en los coches, automóviles, omnibuses, camiones, hombres-anuncio que van y vienen de un lado a otro; en las bandas de música; organillos; en el triunfo, y en el tintineo y en el extraño canto de algún aeroplano que pasaba volando estaba lo que ella amaba: la vida; Londres; este momento de junio.
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Virginia Woolf (Mrs. Dalloway)
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Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, aprovecharía ese tiempo lo más que pudiera posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz.
Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen.
Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo,
me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto,
no solamente mi cuerpo, sino mi alma.
A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A un niño le daría alas, pero le dejaría que él sólo aprendiese a volar.
A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido. Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombre. He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada. He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre.
He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse. Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrá de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo. Trata de decir siempre lo que sientes y haz siempre lo que piensas en lo más profundo de tu corazón. Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma. Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo, te diría “te quiero” y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes. Siempre hay un mañana y la vida nos da siempre otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré. El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado para concederles un último deseo.
Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesitas, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles, “lo siento,” “perdóname”, “por favor,” “gracias” y todas las palabras de amor que conoces. Nadie te recordará por tus nobles pensamientos secretos. Pide al Señor la fuerza y sabiduría para expresarlos. Finalmente, demuestra a tus amigos y seres queridos cuanto te importan.
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Gabriel García Márquez
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Me acerqué a ella, la miré a esos increíbles ojos azules y le dije: —Creo que te quiero. Entonces sujeté el cinturón de su bata y tiré de él. Lo hice despacio. Tan despacio que ella habría podido detenerme un millón de veces antes de que se soltara. Pero no lo hizo. Se irguió en el asiento, me miró con más audacia y apoyó una mano en mi cintura. Apenas el cinturón cayó, los lados de su bata se abrieron, y allí estaba ella, desnuda y sentada frente a mí. Su piel era pálida y suave. Sus pechos eran más turgentes de lo que yo había imaginado, y sus pezones eran rosados. Su vientre plano se redondeaba apenas por debajo del ombligo. Y cuando mis ojos llegaron a sus piernas, las abrió ligeramente. Por instinto, la besé. Apoyé las manos en sus pechos y los toqué como quería hacerlo, y luego, como me gustaba que me tocaran a mí. Cuando ella gimió, me excité. Me besó el cuello y la parte superior del pecho. Me quitó la blusa por encima de la cabeza. Me miró, mis pechos descubiertos. —Eres preciosa —dijo—. Aún más de lo que había imaginado. Me sonrojé y me tomé la cabeza con las manos, avergonzada de sentirme tan insegura, tan inexperta. Celia me quitó las manos de la cara y me miró. —No sé lo que estoy haciendo —confesé. —No importa —respondió—. Yo sí. Esa noche, Celia y yo dormimos desnudas, abrazadas. Ya no simulamos tocarnos sin querer. Y cuando desperté por la mañana con su pelo en mi rostro, inhalé, con fuerza y con orgullo. Entre esas cuatro paredes, no teníamos vergüenza.
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Taylor Jenkins Reid (Los siete maridos de Evelyn Hugo)
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El hombre vulgar se abre por completo a la vida; no le da vueltas a la cabeza pensando: ¿de dónde vengo?, o ¿adónde voy? Tiene siempre firmemente ante sus ojos sus objetivos terrenales. El sabio, por su parte, vive en la restringida atmósfera que se ha proporcionado a sí mismo, y ha alcanzado plena claridad sobre sí mismo y sobre el mundo -siendo indiferente por qué camino ha llegado a ella-. Ambos reposan firmemente sobre sí mismos. Pero el humorista es diferente. Él ha saboreado la paz del sabio; ha sentido la beatitud del estado estético; ha sido huésped en la mesa de lo dioses; ha vivido en un éter de claridad meridiana; y, sin embargo, un impulso incontenible le empuja de nuevo al fango del mundo. Huye de él, porque solo tiene un anhelo: el de reposar en la tumba, y solo puede rechazar todo lo demás como una solemne estupidez; pero una y otra vez cede a la llamada que le lanzan las sirenas desde la vorágine, y baila y salta en el sofocante salón, con el profundo anhelo de la paz en su corazón; por eso, se puede decir de él que es hijo de un ángel y de una hija de los hombres. Pertenece a dos mundos, porque le falta la fuerza para renunciar a uno de ellos. Cuando se encuentra en el festín de los dioses, una llamada desde abajo interrumpe su alegría; y, cuando se lanza en sus brazos, despeñándose desde el aire, le amarga el anhelo de puro goce, que le reclama desde arriba. Así, su demonio se ve lanzado de acá para allá, y se siente desgarrado. El talante fundamental del humorista es estar a disgusto. Pero lo que en él no se debilita, ni vacila; lo que se alza, firme como una roca; aquello que ha comprendido, y ya no le abandona, es el conocimiento [Erkenntnis] de que la muerte es preferible a la vida y que «el día de la muerte es mejor que el del nacimiento». Él no es un sabio, y mucho menos un héroe sabio; pero, precisamente por eso, es alguien que puede comprender plena y enteramente la grandeza y la sublimidad del carácter de estos seres tan nobles, y se siente embargado por el sentimiento sagrado que les caracteriza. Lo porta en sí como ideal, y sabe que él, por ser un hombre, puede realizarlo ... «si el Sol [está] en conjunción con los planetas». Con esto, y con el firme conocimiento de que la muerte es preferible a la vida, se las arregla con su disgusto y se eleva sobre sí mismo. Ahora está libre de él, y es ahora -téngase muy en cuenta- cuando llega a hacérsele objetivo [gegenstandlich] el propio estado del que ha escapado. Lo mezcla con el estado de su ideal, y se ríe de la estupidez de su insuficiencia: pues el reír surge siempre cuando descubrimos una discrepancia, es decir, cuando medimos algo con una medida espiritual, y encontramos que se pasa o no llega. Puesto en la relación genial con su propio estado, no pierde, sin embargo, de vista que pronto volverá a caer en la ridícula estupidez, porque conoce su amor por el mundo; por eso, mientras ríe con un ojo, llora con el otro; solo ríe su boca, mientras su corazón sangra y amenaza con quebrarse, ocultando, bajo la máscara de la alegría, la más profunda seriedad.
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Philipp Mainländer (Die Philosophie der Erlösung (1879))
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—¡Arriba, princesita!
El grito la sobresaltó, incorporándose de golpe, desorientada.
Miró a su alrededor. La luz había vuelto, y Hewan estaba de pie en mitad de la estancia. Tenía una cadena más delgada en una mano, y una bolsa negra en la otra. Se había cambiado la falda de cuero de la noche anterior por otra de lana gruesa, tejida a cuadros verdes con líneas negras
—¿No puedes ser más delicado a la hora de despertarme? —se quejó Rura con irritación.
—¿La princesita se ha asustado? —Se llevó la mano al pecho, simulando estupor—. Lo lamento mucho, alteza imperialísima. ¿Vais a ordenar azotarme?
Rura se levantó. Se sentía sucia y horrenda, con el pelo enredado y el quimono lleno de arrugas. Y olía a sudor. Hacía años que sus axilas no olían.
—No me llames así —gruñó.
—¿Princesita? ¿No te gusta?
—Me importa un comino si me llamas princesita. No te dirijas a mí como Alteza Imperial. No tengo el derecho a usar el título.
Rura intentó evitarlo, pero la amargura fue evidente en su voz. Hewan soltó una carcajada y puso los brazos en jarras. La cadena y la bolsa negra colgaban de sus manos.
—Vaya, vaya, vaya… Así que no eres hija legítima —se burló—. Lástima. Pensaba utilizarte como moneda de cambio, pero ya veo que no me servirás ni para eso. Probablemente, cuando la noticia de tu captura llegue a oídos de tu padre, el gran príncipe heredero, se sentirá aliviado. ¿No es así?
—¡Mi padre me quiere! —gritó furiosa—. ¿Me oyes, bestia inmunda? ¡Mi padre me quiere, y cuando venga a por mí, traerá con él todo el ejército imperial! ¡Destrozará estas montañas hasta encontrarme! Y tú y tu pueblo lo pagaréis con la exterminación.
Se sintió como una niña malcriada gritando toda esa sarta de mentiras, pero en aquel momento no podía afrontar la verdad que había en las palabras de aquel extraño.
La sonrisa de Hewan murió y su rostro se transformó en una máscara colérica.
—Claro que te quiere, princesita —siseó. Tenía el cuello en tensión, y los tendones se marcaban, abultados bajo la piel—. Por eso permitió que tu esposo el gobernador te repudiara y te exiliara.
Rura no contestó. ¿Qué iba a decir? ¿Confesar ante este extraño que se lo merecía por lo que había hecho? ¿Que tenía suerte de estar viva? Había conspirado para matar a Kayen. El hecho que fuese por orden de su padre, no la convertía en inocente.
Además, estaba segura que su exilio tenía mucho más que ver con la paliza que le dio a la esclava, que con el intento de asesinato.
—¿No dices nada?
Rura se escondió de nuevo tras su máscara de princesa. Levantó la barbilla con orgullo y se negó a hablar.
Hewan se acercó a ella, y Rura luchó con el impulso de huir de él. Le puso la bolsa delante de la cara.
—Hueles que apestas —le dijo. Rura enrojeció de rabia y de vergüenza—. Te voy a llevar a los baños para que te puedas lavar, pero para eso tengo que taparte la cabeza.
—No quiero ir. Puedo lavarme aquí si alguien me trae agua y jabón.
—Nadie te ha pedido tu opinión, princesita. —Le pasó la bolsa por la cabeza y se la anudó en el cuello, por encima del collar metálico—. No te preocupes, no dejaré que te caigas… creo.
Desenganchó la cadena que la mantenía sujeta a la pared, y aseguró la nueva cadena que llevaba en la mano, más delgada y corta.
—¿Tienes que llevarme como si fuera un perro? —preguntó indignada— . No voy a echar a correr.
—Por supuesto que no correrás —contestó Hewan, guasón—. Esta cadena no es para impedir que huyas; es para humillarte.
—Eres un animal.
—Puede ser, pero no soy yo el que lleva collar y cadena, princesita. Y que no se te ocurra intentar quitarte la bolsa de la cabeza: si lo haces, tendré que arrancarte esos bonitos ojos que tienes.
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Alaine Scott (La princesa sometida (Cuentos eróticos de Kargul #3))
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Ante la Ley hay un guardián. Hasta ese guardián llega un campesino y le ruega que le permita entrar a la Ley. Pero el guardián responde que en ese momento no le puede franquear el acceso. El hombre reflexiona y luego pregunta si es que podrá entrar más tarde. —Es posible —dice el guardián—, pero ahora, no. Las puertas de la Ley están abiertas, como siempre, y el guardián se ha hecho a un lado, de modo que el hombre se inclina para atisbar el interior. Cuando el guardián lo advierte, ríe y dice: —Si tanto te atrae, intenta entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda esto: yo soy poderoso. Y yo soy sólo el último de los guardianes. De sala en sala irás encontrando guardianes cada vez más poderosos. Ni siquiera yo puedo soportar la sola vista del tercero. El campesino no había previsto semejantes dificultades. Después de todo, la Ley debería ser accesible a todos y en todo momento, piensa. Pero cuando mira con más detenimiento al guardián, con su largo abrigo de pieles, su gran nariz puntiaguda, la larga y negra barba de tártaro, se decide a esperar hasta que él le conceda el permiso para entrar. El guardián le da un banquillo y le permite sentarse al lado de la puerta. Allí permanece el hombre días y años. Muchas veces intenta entrar e importuna al guardián con sus ruegos. El guardián le formula, con frecuencia, pequeños interrogatorios. Le pregunta acerca de su terruño y de muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y al final le repite siempre que aún no lo puede dejar entrar. El hombre, que estaba bien provisto para el viaje, invierte todo —hasta lo más valioso— en sobornar al guardián. Este acepta todo, pero siempre repite lo mismo: —Lo acepto para que no creas que has omitido algún esfuerzo. Durante todos esos años, el hombre observa ininterrumpidamente al guardián. Olvida a todos los demás guardianes y aquél le parece ser el único obstáculo que se opone a su acceso a la Ley. Durante los primeros años maldice su suerte en voz alta, sin reparar en nada; cuando envejece, ya sólo murmura como para sí. Se vuelve pueril, y como en esos años que ha consagrado al estudio del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de pieles, también suplica a las pulgas que lo ayuden a persuadir al guardián. Finalmente su vista se debilita y ya no sabe si en la realidad está oscureciendo a su alrededor o si lo engañan los ojos. Pero en aquellas penumbras descubre un resplandor inextinguible que emerge de las puertas de la Ley. Ya no le resta mucha vida. Antes de morir resume todas las experiencias de aquellos años en una pregunta, que nunca había formulado al guardián. Le hace una seña para que se aproxime, pues su cuerpo rígido ya no le permite incorporarse. El guardián se ve obligado a inclinarse mucho, porque las diferencias de estatura se han acentuado señaladamente con el tiempo, en desmedro del campesino. —¿Qué quieres saber ahora? –pregunta el guardián—. Eres insaciable. —Todos buscan la Ley –dice el hombre—. ¿Y cómo es que en todos los años que llevo aquí, nadie más que yo ha solicitado permiso para llegar a ella? El guardián comprende que el hombre está a punto de expirar y le grita, para que sus oídos debilitados perciban las palabras. —Nadie más podía entrar por aquí, porque esta entrada estaba destinada a ti solamente. Ahora cerraré.
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Franz Kafka (Ante la ley)