Roja Quotes

We've searched our database for all the quotes and captions related to Roja. Here they are! All 200 of them:

I stand and hold out my hand. She gives me a skeptical look, but takes it and lets me pull her to her feet. I put my other hand in the air. 'Bronwyn Rojas, I solemnly swear not to murder you today or at any point in the future. Deal?' 'You're ridiculous,' she mutters, going even redder. 'It concerns me you're avoiding a promise not to murder me.
Karen M. McManus (One of Us Is Lying (One of Us is Lying, #1))
- ¿Por qué somos incapaces de reconocer a los genios?- pregunté. - Porque son diferentes. Los seres humanos normales no quieren que otros se salgan del guión. Somos una civilización de ovejitas blancas que nos seguimos unas a otras rumbo al precipicio. Y de vez en cuando surge una ovejita negra, o roja, o rosa que dice: "¡Eyyy, no es hacia allí, es para el otro lado!" Y todas las ovejitas blancas no escuchan y lo atropellan y maltratan.
Benito Taibo (Persona normal)
Cuando estamos lejos de la patria nunca la recordamos en sus inviernos. La distancia borra las penas del invierno, las poblaciones desamparadas, los niños descalzos en el frío. El arte del recuerdo sólo nos trae campiñas verdes, flores amarillas y rojas, el cielo azulado del himno nacional.
Pablo Neruda (Confieso que he vivido)
Una vida sin sueños es un jardín sin flores, pero una vida de sueños imposibles es un jardín de flores falsas...
Alessandro D'Avenia (Blanca como la nieve, roja como la sangre)
Las repuestas importantes están escritas entre líneas de los libros y has de ser capaz de leerlas.
Alessandro D'Avenia (Blanca como la nieve, roja como la sangre)
Me debes tu alma, dos besos a las puertas de la muerte y una noche de masacre. Me los he ganado en buena lid.
José Antonio Cotrina (La sombra de la luna (El ciclo de la luna roja, #3))
The story of the ugly duckling was never about the cygnet discovering he is lovely. It is not a story about realizing you have become beautiful. It is about the sudden understanding that you are something other than what you thought you were, and that what you are is more beautiful than what you once thought you had to be.
Anna-Marie McLemore (Blanca & Roja)
I was a girl who would never exist in a fairy tale, not just because of the brown of my body but because of my heart, neither pure enough to be good nor cruel enough to be evil. I was a girl lost in the deep, narrow space between the two forms girls were allowed to take.
Anna-Marie McLemore (Blanca & Roja)
La ignorancia es lo más cómodo que conozco después del sofá del salón de mi casa. - Leo
Alessandro D'Avenia (Blanca como la nieve, roja como la sangre)
She hands me her phone and points to a post on my timeline from Yale University: To err is human @BronwynRojas. We look forward to receiving your application.
Karen M. McManus (One of Us Is Lying (One of Us is Lying, #1))
The biggest lie of all is the story you think you already know.
Anna-Marie McLemore (Blanca & Roja)
La cascara del huevo se agrieta y aparece la pequeña cantante, con el cuerpo cubierto de plumas rojas. La sostengo entre el pulgar y el índice, tengo miedo de aplastarla y, al mismo tiempo, de que se vaya volando.
Mathias Malzieu (La Mécanique du cœur)
O world, world when I was younger I thought there was some order governing you and your deeds. But now you seem to be a labyrinth of errors, a frightful desert, a den of wild beasts, a game in which men move in circles…a stony field, a meadow full of serpents, a flowering but barren orchard, a spring of cares, a river of tears, a sea of suffering, a vain hope.
Fernando de Rojas (La Celestina)
«Todos mueres» se dijo el demiurgo,« al final todos mueren... Pero qué vidas majestuosas podemos llevar mientras tanto. Qué de maravillas nos da tiempo a contemplar».
José Antonio Cotrina (La sombra de la luna (El ciclo de la luna roja, #3))
No hay que tener miedo a las palabras. (...). Hay que llamar a las cosas por su nombre, sin miedo. (...) Yo ya no tengo miedo a las palabras, porque ya no le tengo miedo a la verdad. Cuando tu vida es lo que está en juego, no soportas los rodeos.
Alessandro D'Avenia (Blanca como la nieve, roja como la sangre)
-¿Y si no amamos nada? -Imposible. ¿Te imaginas la Tierra sin gravedad? ¿O el espacio sin gravedad? Sería un contínuo autochoque. Incluso quien cree que no ama nada, ama algo. (...) Lo importante no es si amamos o no, sino qué amamos.
Alessandro D'Avenia (Blanca como la nieve, roja como la sangre)
Trató de volver a vivir ese momento, la tierra roja y húmeda, el intenso olor de los bosques de pinos y eucaliptos, donde el tapiz de las hojas secas se maceraba, después del largo y cálido verano, y donde la luz cobriza del sol se filtraba entre las copas de los árboles. Trató de recordar el frío, el silencio y esa preciosa sensación de ser los dueños de la tierra, de tener veinte años y la vida por delante, de amarse tranquilos, ebrios de olor a bosque y de amor, sin pasado, sin sospechar el futuro, con la única increíble riqueza de ese instante presente, en que se miraban, se olían, se besaban, se exploraban, envueltos en el murmullo del viento entre los árboles y el acantilado, estallando en un fragor de espuma olorosa, y ellos dos, abrazados dentro del mismo poncho como siameses en un mismo pellejo, riéndose y jurando que sería para siempre, convencidos de que eran los únicos en todo el universo en haber descubierto el amor.
Isabel Allende (La casa de los espíritus)
—¿Y cuál es la diferencia? —quiso saber Mistral—. El resultado es el mismo, ¿no es así? ¿Qué importa ser un héroe o fingirlo? —Que yo sé que miento —dijo.
José Antonio Cotrina (La cosecha de Samhein (El ciclo de la Luna Roja, #1))
We find what is beautiful in what is broken. We find what is heartening in what is terrifying. We find the stars in the woods’ deepest shadows.
Anna-Marie McLemore (Blanca & Roja)
Su guerra plateada se paga con sangre roja.
Victoria Aveyard (Red Queen (Red Queen, #1))
No hay historias alegres. No existen los finales felices. Es mentira. Son espejismos. Esas historias a las que te refieres están incompletas. No te cuentan la última parte. No te cuentan que siempre, al final, todos mueren.
José Antonio Cotrina (La cosecha de Samhein (El ciclo de la Luna Roja, #1))
That was the thing neither Roja nor the señoras understood. Sometimes what a story needed was not a girl who would do what the prince told her, who would content herself with meeting him only in the dark, who would not question why she must not open her eyes. Sometimes a story needed the girl who would find him among the crumbling stones where he did pretending all o fit was a castle. It needed the girl who took the prince’s orders and crushed them between her back teeth, who bound his wrists if that was what it took to set him free.
Anna-Marie McLemore (Blanca & Roja)
Mira, las mujeres son como el fuego, como las llamas. Algunas son como velas, luminosas e inofensivas. Algunas son como chispas, o como brasas, o como las luciérnagas que perseguimos las noches de verano. Algunas son como hogueras, un derroche de luz y de calor para una sola noche, y quieren que después las dejen en paz.Algunas son como el fuego de la chimenea: no muy espectaculares, pero por debajo tienen cálidas y rojas brasas que arden mucho tiempo. Pero Dianne... Dianne es como una cascada de chispas que sale de un afilado cuchillo de hierro que Dios acerca a la piedra de afilar. No puedes evitar mirar, no puedes evitar desearla. Hasta es posible que acerques una mano durante un segundo. pero no puedes dejarla allí. Te partirá el corazón.
Patrick Rothfuss (The Name of the Wind (The Kingkiller Chronicle, #1))
Multiply me when necessary. Transform me into light where there is shadow.
Ingrid Rojas Contreras (Fruit of the Drunken Tree)
Faayalo zweegbe. —Sólo aquel que va en busca del agua puede romper el cántaro.
Juan Gomez-Jurado (Reina roja (Antonia Scott, #1))
En la vida no hay ni buenos, ni malos. Sólo circunstancias.
Gema Bonnín (Arena roja (Arena roja, #1))
Se siente como un payaso de circo que se despierta una mañana y ya no quiere colocarse la nariz de goma roja.
Christina Baker Kline (El tren de los huérfanos)
Allí se derrama una luz más roja a través de los cristales color de sangre, y la oscuridad de las cortinas teñidas de negro es aterradora.
Edgar Allan Poe (La Máscara de la Muerte Roja)
Gúnnr carraspeó y miró hacia otro lado, con las mejillas rojas como tomates. Róta, en cambio, tenía los ojos abiertos como platos y susurraba: —Ahora, ahora Generala… —decía emocionada—. ¡Métele la lengua en la boca! Gúnnr, Róta, Bryn y Ardan
Lena Valenti (El libro de Ardan (Saga Vanir, #7))
Cuando veo todas esas camisas negras, pardas, rojas o azules, exigiendo que te afilies a esto o aquello, pienso que antes el mundo era de los ricos y ahora va a ser de los resentidos.
Arturo Pérez-Reverte (El tango de la Guardia Vieja)
LOS NADIES Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pié derecho, o empiecen el año cambiando de escoba. Los nadies: los hijos de los nadies, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos: Que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no profesan religiones, sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folklore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos. Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local. Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
Eduardo Galeano (The Book of Embraces)
-Si lo que pretendes es suicidarte, adelante. Pero la muerte es un lugar sumamente aburrido, te lo advierto. Está lleno de estatuas mal hechas, ciudades nauseabundas y viejas chifladas. Hector se giró hacia la voz, aturdido al reconocerla. -No te miento. Vengo de allí.
José Antonio Cotrina (La sombra de la luna (El ciclo de la luna roja, #3))
Learn to live. Live to write. Write to love. Love to learn.
Bonafide Rojas
Multiply me when necessary, make me disappear when peremptory. Transform me into light when there is shadow, into a star when in the desert.
Ingrid Rojas Contreras (Fruit of the Drunken Tree)
¿Cómo se podía querer volver al pasado de una persona que ya no existía?
Gema Bonnín (Arena roja (Arena roja, #1))
Remember what I always told you." I let my eyes fall shut. "I have teeth." I opened my eyes in time to catch his nod. "So use them," he said.
Anna-Marie McLemore (Blanca & Roja)
Que para eso nos manda el universo las señales, para que hagamos con ellas lo que nos convenga.
Juan Gomez-Jurado (Reina roja (Antonia Scott, #1))
Era ella quien se abría como una sandía madura, roja, jugosa, tibia, ella quien sudaba esa fragancia penetrante de mariscos, ella quien lo mordía, lo arañaba, lo chupaba, gemía, agonizaba de sofoco y de placer. Era en su carne compasiva donde se sumergía hasta perder el aliento y volverse esponja, medusa, estrella de altamar.
Isabel Allende (Of Love and Shadows)
I wanted to yell at the television like Mama and Papa, but I had to learn how to properly do it. I gathered that being a mouse was better than being a mosquita muerta, and being a snake was better than being a man, because flies pretending to be dead could be crushed, mice were shy, and men were persecuted; but everybody always avoided snakes.
Ingrid Rojas Contreras (Fruit of the Drunken Tree)
—¡Has dicho que sabes cómo termina! —los ojos le brillaban—. Cuéntamelo, por favor ¿Cómo acaba? ¡Necesito saber si ha merecido la pena! —No termina —Sedalar sonrió, la mirada alzada al inmaculado cielo, a la claridad que se los llevaba—. Es ahora cuando empieza.
José Antonio Cotrina (La sombra de la luna (El ciclo de la luna roja, #3))
Pero bien sé que sobí para decender, florescí para secarme, gozé para entristecerme, nascí para biuir, biuí para crecer, crecí para enuejecer, enuejecí para morirme.
Fernando de Rojas (La Celestina)
No consigo dormirme. Estoy enamorado, y cuando estás enamorado lo menos que te puede pasar es no dormir. Hasta la noche más negra se vuelve roja. Se te amontona tal cantidad de cosas en la cabeza que querrías pensar en ellas todas a la vez y el corazón no consigue calmarse. Y además resulta extraño porque todo te parece hermoso. Haces la misma vida de todos los días, con las mismas cosas y el mismo hartazgo. Y luego te enamoras y esa misma vida se vuelva grandiosa y diferente. Sabes que vives en el mismo mundo de Beatrice y entonces qué más da si el examen te sale mal, si se pincha la rueda del scooter, si Terminator quiere mear, si se pone a llover y no llevas paraguas. Te da lo mismo porque sabes que esas cosas son transitorias. El amor, en cambio, no. Tu estrella roja brilla siempre. Beatrice está ahí, tu amor está dentro de tu corazón y es grande, te hace soñar y nadie puede arrancártelo porque está en un sitio al que nadie puede llegar. No sé cómo describirlo: ojalá no se acabe nunca.
Alessandro D'Avenia (Bianca come il latte, rossa come il sangue)
My hope for you, reader, for all of us, is two sides of the same wish: that the world gives us each the space to write our own story, and that we leave room for each other’s stories. They are where our hearts survive.
Anna-Marie McLemore (Blanca & Roja)
(...) La felicidad es tener un corazón capaz de amar. Es saber que has sido importante para alguien... Que de algún modo, en algún momento, has marcado la diferencia. Y la muerte no es nada en comparación con esos momentos.
José Antonio Cotrina (La sombra de la luna (El ciclo de la luna roja, #3))
En los corazones de los hombres más temerarios hay cuerdas que no se dejan tocar sin emoción. Hasta en los más depravados, en quienes la vida y la muerte son siempre motivo de juego, hay cosas con las que no se puede bromear.
Edgar Allan Poe (La Máscara de la Muerte Roja)
»Una cosa que pienso... Escuche. ¿Cuántos años duró la guerra? Cuatro años. Es mucho tiempo... No recuerdo ni pájaros, ni colores. Claro que estaban presentes, pero no los recuerdo. Sí... Es extraño, ¿verdad? ¿Acaso las películas sobre la guerra pueden ser de color? Allí todo es negro. Tan solo la sangre es de otro color, solo la sangre es roja...
Svetlana Alexievich (La guerra no tiene rostro de mujer (Voces de utopía, #1))
War always seemed distant from Bogota, like niebla descending on the hills and forests of the countryside and jungles. The way it approached us was like a fog as well, without us realizing, until it sat embroiling everything around us.
Ingrid Rojas Contreras (Fruit of the Drunken Tree)
¿Me estás preguntando si me sale pelo en sitios donde antes no tenía? ¿O si me está saliendo rabo?
José Antonio Cotrina (Los hijos de las tinieblas (El ciclo de la luna roja, #2))
En los corazones de los hombres más temerarios hay cuerdas que no se dejan tocar sin emoción.
Edgar Allan Poe (La Máscara de la Muerte Roja)
El amor todas las cosas vence.
Fernando de Rojas (La Celestina)
El es fuerte, talentoso, capaz,… y yo soy su sombra. La sombra de la llama.
Victoria Aveyard (Red Queen (Red Queen, #1))
En un mundo sin humanos, las luces rojas dejarán de parpadear al cesar las emisiones de radio y de televisión; dejarán de producirse millones de conversaciones diarias a través de teléfono móvil, y al cabo de un año habrá varios miles de millones más de pájaros vivos. Pero mientras sigamos aquí, las torres de transmisión representan solo el principio de la involuntaria matanza que la civilización humana está perpetrando con unas criaturas con plumas a las que ni siquiera nos comemos.
Alan Weisman (The World Without Us)
Our mother always told us no to tell lies, even to ourselves, because they became truer every time you said them. But we had told ourselves lies, and they had become the truth. We had started to believe that Roja was the sister whose heart was a handful of hard red jewels, and I was the one as insubstantial as the hollow center of a cranberry. The lie of who we were had killed who we might have been. It had buried us. It stripped us down into girls uncomplicated enough to be understood.
Anna-Marie McLemore (Blanca & Roja)
—Eso es todo. Ese día mi abuelo me explicó que nosotros somos distintos de los animales, que solo hacen lo que su naturaleza les dicta. En cambio, nosotros somos libres. Es el mayor don que hemos recibido. Gracias a la libertad podemos convertirnos en algo distinto de lo que somos. La libertad nos permite soñar y los sueños son la sangre de nuestra vida, aunque a veces cuestan algún azote y un largo viaje. «Jamás renuncies a tus sueños. Nunca tengas miedo de soñar, por mucho que los demás se rían de ti», eso me dijo mi abuelo, «pues si lo haces renunciarías a ser tú mismo». Aún recuerdo los ojos brillantes con que subrayó sus palabras.
Alessandro D'Avenia (Blanca como la nieve, roja como la sangre)
Mucho, señora, daría Por tender sobre tu espalda Tu cabellera bravía, Tu cabellera de gualda: Despacio la tendería, Callado la besaría. Por sobre la oreja fina Baja lujoso el cabello, Lo mismo que una cortina Que se levanta hacia el cuello. La oreja es obra divina De porcelana de China. Mucho, señora, te diera Por desenredar el nudo De tu roja cabellera Sobre tu cuello desnudo: Muy despacio la esparciera, Hilo por hilo la abriera
José Martí
Me sentía impotente, solo podía verte llorando, tan pequeña, tan frágil. Y no podía dejar de preguntarme como alguien que apenas me conocía podía derramar tantas lagrimas por mi. Y luego me miraste intensamente aun con los ojos y la cara toda roja y me di cuenta que me habías robado el corazón.
Lolo Mayaya (Last Temptation (Divine Temptation #4))
Las mujeres son como el fuego, como las llamas. Algunas son como velas, luminosas e inofensivas. Algunas son como chispas, o como brasas, o como las luciérnagas que perseguimos las noches de verano. Algunas son como hogueras, un derroche de luz y calor para una sola noche, y quieren que después las dejes en paz. Algunas son como el fuego de la chimenea: no muy espectaculares, pero por debajo tienen cálidas y rojas brasas que arden mucho tiempo.
Patrick Rothfuss (The Name of the Wind (The Kingkiller Chronicle, #1))
Ours was a kingdom of women, with Mamá at the head, perpetually trying to find a fourth like us, or a fourth like her, a younger version of Mamá, poor and eager to climb out of poverty, on whom Mamá could right the wrongs she herself had endured.
Ingrid Rojas Contreras (Fruit of the Drunken Tree)
At Tio Pietro's funeral, Papa had said that when people became old, they couldn't bring themselves to cry anymore, because they had cried continually, on and off, over a lifetime long with happiness and sorrow. He had said their bank of tears had gone dry.
Ingrid Rojas Contreras (Fruit of the Drunken Tree)
Whether the woods knew my name or not, they took me. So I became blackbirds, birch trees, water. I existed as whatever part of the woods would have me, rocks or crows or fallen leaves. I spent time in whatever creek or poison red-and-white mushrooms let me in.
Anna-Marie McLemore (Blanca & Roja)
No hay nada más peligroso que un hombre desesperado.
José Antonio Cotrina (La sombra de la luna (El ciclo de la luna roja, #3))
What song could Pablo Escobar possibly sing in the shower?
Ingrid Rojas Contreras (Fruit of the Drunken Tree)
Será increíble, será magnifico, será leyenda.
José Antonio Cotrina (La sombra de la luna (El ciclo de la luna roja, #3))
It's human nature to go against human nature
Reinod Rojas
-Los monstruos más terribles son los que no lo parecen- murmuró Héctor.
José Antonio Cotrina (La cosecha de Samhein (El ciclo de la Luna Roja, #1))
I thought again about Pablo Escobar cutting off people's tongues. It made sense to stop speaking, to say only what was necessary and nothing beyond. It was a way to survive.
Ingrid Rojas Contreras (Fruit of the Drunken Tree)
Para algo sí que sirve la licenciatura en Filología. Acabas conociendo un montón de sinónimos para definir una situación de mierda.
Juan Gomez-Jurado (Reina roja (Antonia Scott, #1))
Todo es forma y casi nada es contenido.
Enrique Rojas (El hombre light: La importancia de una vida con valores)
Es la naturaleza humana, despreciar al de abajo y odiar al de arriba hasta que subes un escalón y el ciclo empieza de nuevo.
Juan Gomez-Jurado (Reina roja (Antonia Scott, #1))
Cuando el crepúsculo se transformaba en tinieblas y los vampiros emergían de los huecos de los árboles, a cuyos pies la tierra estaba roja de deposiciones de sangre pura.
H.G. Wells (The War of the Worlds)
Bajo aquella perfecta máscara de pintura propagandística se ocultaba una piel roja y escamosa y un agujero por boca.
Anonymous
Tal vez había cambiado de verdad. Y tal vez, si ella se ponía unas zapatillas rojas y entrechocaba los talones, aparecía en Kansas.
Linda Lael Miller (Logan (Montana Creeds, #1))
Y la tiniebla, y la ruina, y la «Muerte Roja» tuvieron sobre todo aquello ilimitado dominio.   F
Edgar Allan Poe (La Máscara de la Muerte Roja)
—¡Deja de jugar con la comida! —le dijo por signos mi madre. —Son nubes —respondió Dot. —Las nubes no son rojas —dijo por signos Soph. —Es el amanecer —replicó por signos Dot, desafiante—. Porque en mi plato está amaneciendo. Y a la salchicha le parece precioso. —Le esculpió una sonrisa a la salchicha con el cuchillo. —Vaya desastre —le dijo por signos mi madre. —Pero un desastre bonito —sonrió Dot. Le dio la vuelta a su plato para enseñárselo a nuestra madre. La salchicha estaba tumbada de espaldas, sonriéndoles a las nubes de kétchup.
Annabel Pitcher (Ketchup Clouds)
Pero la angustia persistía y era el convencimiento de que una nueva necesidad se planteaba, de que una nueva urgencia tomaba cuerpo y era como si ya no bastara con andar juntos por ahí...
Antonieta Madrid (No es tiempo para rosas rojas.)
Me pongo roja al instante. —Perdona, no quería incomodarte. —No te preocupes, es defecto de nacimiento. No soy muy hábil disimulando mis sentimientos. El rubor es totalmente incontrolable.
Tessa C. Martín (Lo que sea, pero contigo)
Estàvem esverats perquè delictes així, a desgrat d’alterar l’ordre, no es persegueixen d’ofici i les forces vives se’l volien treure del damunt, passant-lo a la Creu Roja o al braç eclesiàstic.
Pere Calders (Invasió subtil i altres contes)
Y ejecutados los había por docenas de miles; tanta sangre habría de correr, que al año siguiente los campesinos aseguraban que las cebollas salían rojas y encontraban dientes humanos dentro de las patatas.
Isabel Allende (Largo pétalo de mar)
Veremos si algun día, algún minero tome un pico con placer y vaya a envenenar sus pulmones con consciente alegría. Dicen que allá, donde viene la llamarada roja que deslumbra hoy al mundo, es así. Yo no sé.
Ernesto Che Guevara (The Motorcycle Diaries: Notes on a Latin American Journey)
—Bruno no sabía lo que decía —insistió—. ¿Qué podía saber ese desdichado de finales felices? — la voz le temblaba—. Nada. No sabía nada. La felicidad es estar aquí y ahora, bajo la lluvia, mirándote a los ojos. La felicidad es tener un corazón capaz de amar. Es saber que has sido importante para alguien... Que, de algún modo, en algún momento, has marcado al diferencia. Y la muerte no es nada en comparación con esos momentos.
José Antonio Cotrina (La sombra de la luna (El ciclo de la luna roja, #3))
Que comience el cuento de hadas una mañana de invierno, en tal caso, con una gota recién caída en la nieve marfileña: una gota tan brillante como un rubí bien cortado, roja como una solitaria mancha de clarete en un puño de encaje. Y lo que aquí se sigue, por consiguiente, es que el mal acecha detrás de cada ventana rota, maquinando malicia y encantamiento; mientras que detrás de los postigos cerrados los justos duermen sus sueños a esta temprana hora en la Ribera. Pronto despertarán para ocuparse de sus quehaceres; y uno, tal vez, será tan adorable como el día y estará armado, como lo están los justos, para enfrentarse a un triunfo predestinado...
Ellen Kushner (Swordspoint (Riverside, #1))
—Lo haré. Lo haré porque no me queda más alternativa. Pero no lo haré para cumplir tu sueño, hechicera —hizo un gesto despectivo hacia la Rocavarancolia que aquella mujer había construido en su interior—. No me interesa esta ciudad. No es la mía ni lo será nunca. Lo haré por venganza. Lo haré por justa ira. ¿Estás contenta, Dama Loca? —quiso saber—. Haré lo que deseas. —Pero por los motivos equivocados. —¿Y dónde está la diferencia? —preguntó él.
José Antonio Cotrina (La sombra de la luna (El ciclo de la luna roja, #3))
My sister and I had been born fair and dark, her looking like a girl in a fairy tale who would grow up sweet, a princess, and me like one who would grow into a cruel witch. I had seen the pictures in storybooks. I knew what I was, with my bloodstained hair. Girls like me were marked for the swans. How could they ever take a girl like Blanca?
Anna-Marie McLemore (Blanca & Roja)
El aumento del número de parejas rotas en nuestros días es una manifestación de la crisis de la persona, que se encuentra perdida de sí misma, desorientada y a merced del hedonismo, el consumismo, la permisividad y el relativismo.
Enrique Rojas (¿Quién eres?)
No hay miedo como el que ya se ha probado, del que se conoce el sabor, el olor y el tacto. Un viejo y mohoso vampiro que duerme sepultado bajo cotidianeidad y orden, y que mantenemos alejado, fingiendo una calma tan falsa como las sonrisas sincronizadas. No hay miedo como el que conocimos un día y que permanecía inmóvil, respirando con un jadeo húmedo en algún lugar de nuestra mente. No hay miedo como el que produce la sola posibilidad de que el miedo regrese. Durante los sueños vislumbramos la luz roja que sigue encendida, recordándonos que no está vencido, que sólo duerme, y que si tienes suerte no volverá. Porque sabes que si regresara, no lo resistirías; si volviese, acabaría contigo y con tu cordura.
Dolores Redondo (Legado en los huesos (Trilogía del Baztán, #2))
La amaba, y le importaba bien poco no ser correspondido, la había amado aun antes de saber que lo que sentía por ella tenía un nombre, la había amado sin esperanza. Y no le había importado hacerlo. El hecho de que él pudiera amar era un milagro que tenía sentido por sí mismo, una muestra de que la magia del universo podía estar presente en todos y cada uno de los seres que lo habitaban.
José Antonio Cotrina (La sombra de la luna (El ciclo de la luna roja, #3))
Para ti y para mí, y para los melocotones, y algunas otras moras rojas o moras azules que pudieran venir con el tiempo. Este lugar tiene bastantes cuartos para ponerlos ahí. —De cuántas moras hablamos aquí, porque estoy buscando una casa realmente grande y debe tener muchos cuartos para llenar
Raine Miller (Rare and Precious Things (The Blackstone Affair, #4))
That I was a boy, but it was not as simple as me wanting to be called he. That I liked being called he and him. But that I would've liked being called she and her sometimes, too, if it didn't let everyone settle into the assumption that I was a girl. I had never been a girl, would never be a girl...
Anna-Marie McLemore (Blanca & Roja)
«Sí, estoy enamorada de ella», se convenció Sumire. Sin duda alguna (el hielo es, al fin y al cabo, frío, y la rosa es, al fin y al cabo, roja). Y este amor me conducirá a algún sitio. No puedo impedir que esta fuerte corriente me arrastre. Ya no tengo elección. Tal vez me lleve a un mundo especial que jamás he conocido. A un lugar lleno de peligros, quizá. Donde se esconda algo que me inflija una herida profunda, mortal. Tal vez pierda todo lo que poseo. Pero ya no puedo volver atrás. Sólo puedo abandonarme a la corriente que discurre ante mis ojos. Aunque me consuma entre las llamas, aunque desaparezca para siempre.
Haruki Murakami
A ratos, cuando se volvía para sacudir la ceniza del cigarrillo en un platito, yo aprovechaba para mirar de soslayo las uñas rojas de sus pies, el brillo dorado de las pantorrillas afeitadas, el pronunciado empeine y, siempre, los senos turgentes y perfectamente redondeados. Me maravillaba que en este mundo hubiese hombres que habían tocado y besado aquellos senos mientras le hacían el amor. ¿Qué más se le podía pedir a la vida después de algo así? ¿Adónde se iba un hombre después de haber alcanzado la cima del mundo? Sólo con gran esfuerzo lograba apartar los ojos y posarlos en algún lugar seguro cuando ella se volvía de nuevo hacia mí.
Khaled Hosseini (And the Mountains Echoed)
Hugh concentrated upon different objects in the camión; the driver’s small mirror with the legend running round it—Cooperación de la Cruz Roja, the three picture postcards of the Virgin Mary pinned beside it, the two slim vases of marguerites over the dashboard, the gangrened fire extinguisher, the dungaree jacket and whiskbroom under the seat where the pelado was sitting—he watched him as they hit another bad stretch of road. Swaying from side to side with his eyes shut, the man was trying to tuck in his shirt. Now he was methodically buttoning his coat on the wrong buttons. But it struck Hugh all this was merely preparatory, a sort of grotesque toilet.
Malcolm Lowry (Under the Volcano)
Glas wen. En galés, sonrisa azul. Una mueca malévola ante el sufrimiento de nuestro peor enemigo.
Juan Gomez-Jurado (Reina roja (Antonia Scott, #1))
Como una canción enloquecida, como el preludio de las leyendas por venir.
José Antonio Cotrina (La sombra de la luna (El ciclo de la luna roja, #3))
my inpefections have made me this inperfect human that i am right now ...im happy about it some how i think i have reach perfection in this most inperfect way,
melanie rojas
Tiene que haber un cambio muy profundo y pasar de enseñar contenidos a enseñar capacidades.
Guillem Garcia Brustenga (La Reina Roja. Siete entrevistas a expertos sobre la función de la educación en la sociedad líquida (Outer Edu))
Lo que nos convierte en monstruos es lo que hacemos, no nuestro aspecto.
José Antonio Cotrina (La sombra de la luna (El ciclo de la luna roja, #3))
I really wanted to know what it was like to be dead but nobody would tell me.
Ingrid Rojas Contreras (Fruit of the Drunken Tree)
We kept our distance like we were at a border, none of us with papers.
Ingrid Rojas Contreras (Fruit of the Drunken Tree)
Antes, pensar en esto me habría entristecido. Ahora sólo siento rabia.
Victoria Aveyard (La espada de cristal (Versión Hispanoamericana) (Reina Roja))
You two never could follow rules, could you?
Anna-Marie McLemore (Blanca & Roja)
sala inmensa. Cuadros preciosos decoraban las paredes
Ana Punset (¡Amigas forever! (El club de las Zapatillas Rojas, #2))
Ahora Rocavarancolia es nuestra.
José Antonio Cotrina (La sombra de la luna (El ciclo de la luna roja, #3))
¡Somos la Guardia Escarlata y abogamos por la libertad e igualdad de todos los hombres comenzando por los Rojos!" "¡Y nos levantaremos Rojos como el amanecer!
Victoria Aveyard (Red Queen (Red Queen, #1))
Finalmente, ¿qué es un crimen sexual sino la destrucción radical y última de la belleza?
Bernardo Esquinca (Belleza roja)
Now I am fearless, a man with nothing to lose, a man who finds your company irksome, like a poor wayfarer who walks and sings at the top of his voice, unafraid of cruel brigands.
Fernando de Rojas (La Celestina)
A quien dices tu secreto das tu libertad
Fernando de Rojas
If you care to keep it going, I'll worry to make it worth
Fabian Rojas B.
Mother, serpents are inside my body, eating away at my heart. CEL:
Fernando de Rojas (The Celestina)
En la personalidad inmadura hay una exaltación del instante y un vértigo por lo inmediato; la necesidad de una pronta recompensa le impide renunciar a las demandas del entorno. Y
Enrique Rojas (¿Quién eres?)
La felicidad está íntimamente relacionada con el sentido que le damos a nuestra vida, a nuestra existencia.
Marian Rojas Estapé (Cómo hacer que te pasen cosas buenas: Entiende tu cerebro, gestiona tus emociones, mejora tu vida)
Todo lo que había hecho en su vida antes era sentarse delante de un libro. A absorber ideas de otros, sobre todo.
Juan Gomez-Jurado (Reina roja (Antonia Scott, #1))
Cuando has visto tanto, te das cuenta de que todos los finales son el mismo repetido.
Juan Gomez-Jurado (Reina roja (Antonia Scott, #1))
Donde hay amor hay ingentes, interminables, cantidades de sufrimiento. El que causas, el que te causan.
Juan Gomez-Jurado (Reina roja (Antonia Scott, #1))
A quien dices tu secreto, das tu libertad.
Fernando de Rojas (La Celestina)
Înarmează-te cu gândul suferinţei, căci prevederea este un lucru de laudă şi numai omul pregătit pentru orice poate să înfrunte o luptă grea.
Fernando de Rojas (La Celestina)
¡Oh ingratos mortales! ¡Jamás conocéis vuestros bienes, sino cuando de ellos carecéis!
Fernando de Rojas (La Celestina)
El diablo no acostumbra a aparecer al pie de tu cama con su tridente y su cola roja gritando: «Aquí estoy para engañarte». Del mismo modo, sus falsos profetas no ganan dinero subiendo al escenario para decir: «¡Entrega todo tu dinero a mi codicioso plan y te daré falsas esperanzas!». Los falsos profetas son como el caballo de Troya, se infiltran en la iglesia.
Costi W. Hinn (Dios, la avaricia y el Evangelio (de la prosperidad): Cómo la Verdad desmorona una vida construida sobre mentiras)
I sat down. I cried, knowing that what I had wanted was a return to normal, but there would never be a return to normal. Papa was gone. In his place was this man whose cheekbones cut hard into his skin, whose burnt-dark color and malnutrition were still present even though he no longer lived in a jungle. This man who allowed me to hold his hand and sob onto his shoulder, even though it made him anxious to be so close, so near to anyone. I needed to learn how to live with this new man, to negotiate a relationship with his body that was not the body I knew.
Ingrid Rojas Contreras (Fruit of the Drunken Tree)
Casi no hemos teorizado en el Perú porque siempre otros han pensando por nosotros. El traslado de esquemas de otras realidades no ha hecho sino impedir nuestro propio desarrollo intelectual
Rodrigo Montoya Rojas (A propósito del carácter predominantemente capitalista de la economía peruana actual)
Y en la antena de la radio flotaba locamente la bandera con la cruz roja, y se corría a ochenta kilómetros por hora hacia las luces que crecían poco a poco, sin que ya se supiera bien por qué tanto apuro, por qué esa carrera en la noche entre autos desconocidos donde nadie sabía nada de los otros, donde todo el mundo miraba fijamente hacia adelante, exclusivamente hacia adelante.
Julio Cortázar (La autopista del sur y otros cuentos)
A mis alumnos jóvenes en la universidad, que están en pleno alboroto hormonal, les suelo explicar la enorme importancia de saber diferenciar entre desear, querer, sentirse atraído, estar enamorado…
Enrique Rojas (5 consejos para potenciar la inteligencia)
Olvidad la esperanza. Olvidadla. Lo que necesitamos aquí es lo que queda cuando esa perra ya no está: necesitamos desesperación. ¿Me oís? ¡Desesperación! Ésa sí es una fuerza en la que puedo confiar, ése sí es un credo con el que puedo comulgar. La desesperación nunca os fallará: cuando no os quede nada siempre estará allí. ¿Y sabéis una cosa? No hay nada más peligroso que un hombre desesperado.
José Antonio Cotrina (La sombra de la luna (El ciclo de la luna roja, #3))
Algún día tendría que desistir y ese día llegó cuando noté que no podía llamar hogar a este apartamento con detalles de decoración en los que no participé. Decidí entonces ser el hombre de la casa. No
Carlos Augusto Rojas (La máquina de niebla)
-"Explícale la sensación del rojo a alguien que nunca lo ha visto, maestro. -Si lo tocáramos con la punta de un dedo sería entre el hierro y el cobre. Si lo cogiéramos en la mano, quemaría. Si lo porbáramos tendría un sabor pleno como de carne salada. Si nos lo lleváramos a la boca, nos la llenaría. Si lo oliéramos, olería a caballo. Si oliera como una flor se parecería a una margarita, no a una rosa roja
Orhan Pamuk
They told us to strive for assimilation. The quicker we transformed into one of the many the better. But how could we choose? The U.S. was the land that saved us; Colombia was the land that saw us emerge.
Ingrid Rojas Contreras (Fruit of the Drunken Tree)
«Aguja era Robb, Bran, Rickon, su madre y su padre, hasta Sansa. Aguja era los muros grises de Invernalia y las risas de sus habitantes. Aguja era las nieves del verano, los cuentos de la Vieja Tata, el árbol corazón con sus hojas rojas y su rostro aterrador, el cálido olor a tierra de los jardines de cristal, el sonido del viento del norte contra los postigos de su habitación. Aguja era la sonrisa de Jon Nieve»
George R.R. Martin (A Feast for Crows (A Song of Ice and Fire, #4))
En una sociedad dividida por el color de la sangre, los Rojos luchan por sobrevivir bajo la sombra de los Plateados, «superhumanos» con poderes terribles que les permiten manejar el mundo a su antojo. Pero cuando se revela que Mare Barrow —una joven ladronzuela Roja— tiene también esas habilidades, es llevada al mundo de los Plateados. Allí descubrirá que el poder es un juego peligroso y que la única certeza es la traición.
Victoria Aveyard (Red Queen (Red Queen, #1))
¿Comprendes qué se siente cuando te arrebatan todo lo que amas, cuando te obligan a ser lo que no eres? ¿Cuando tienes que mentir cada minuto de cada día del resto de tu vida? ¿Cuando sabes que hay algo raro en ti?
Victoria Aveyard (Red Queen (Red Queen, #1))
Both versions of the story I told were lies, probably because the truth was more difficult to tell. What was the truth? Something terrible had happened. A man had been killed. Maybe it wasn't so difficult after all.
Ingrid Rojas Contreras (Fruit of the Drunken Tree)
I blurted out a sob at the sound. Papa's voice fit into a groove in my ear, deserted for so many years, now full of his timbre. How easy it was to recognize this once lost detail. There was a home for every departed thing.
Ingrid Rojas Contreras (Fruit of the Drunken Tree)
Verdes arboles contra el cielo en la lluvia de primavera mientras el cielo enciende a los árboles de primavera en oscurecimiento. Flores rojas salpican la tierra en la persecución de la brisa mientras la tierra se colorea de rojo tras el beso". La última palabra, beso, cuelga en el aire. -La próxima vez que me enferme, me puedes decir eso. Puedes ser mi chica en las montañas. -Bien -digo-. Seré tu chica de las montañas y cuidaré de ti. Sonríe, como si fuese otra broma, otra ráfaga en nuestro coqueteo, y sonrío en respuesta, aunque no estoy bromeando. -Y como recompensa, te liberaré de la carga del tiempo- Desliza mi reloj en su larguirucha muñeca, donde no luce tanto como un grillete prisión. -Por ahora, el tiempo no existe. Es ¿Como dijo Jacques...Fluido? -Fluido -repito, como una encantación. Porque si el tiempo puede ser fluido, entonces algo que es sólo un día puede seguir indefinidamente.
Gayle Forman
No creo que tengas mucha dificultad en mantener a tu paciente en la ignorancia. El hecho de que los “diablos” sean predominantemente figuras cómicas en la imaginación moderna te ayudará. Si la más leve sospecha de tu existencia empieza a surgir en su mente, insinúale una imagen de algo con mallas rojas, y persuádele de que, puesto que no puede creer en eso (es un viejo método de libro de texto de confundirles), no puede, en consecuencia, creer en ti.
C.S. Lewis (Cartas del Diablo a Su Sobrino)
Margrét me busca, me coge de la mano, me aprieta los dedos tan fuerte que me duele, me duele. —No eres un monstruo —dice. Tiene la cara roja y se muerde el labio, se lo muerde con fuerza. Sus dedos, entrelazados con los míos, son calientes y grasientos. —Me van a matar. ¿Quién ha dicho eso? ¿He sido yo? —Nosotros te recordaremos, Agnes. Me aprieta los dedos con más fuerza hasta que casi lloro de dolor y empiezo a llorar. No quiero ser recordada, ¡quiero seguir aquí!
Hannah Kent (Burial Rites)
Mamá's headlights lit up the yellow fluorescent lines of the road. They were curvy and it seemed like they were being traced out of nothingness by the invisible hand of God - like God was bored, drawing hills and lines with a highlighter.
Ingrid Rojas Contreras (Fruit of the Drunken Tree)
Hay días en que pienso que ser de izquierdas es una especie de facultad, como la memoria. Todos la tenemos en estado de latencia. Si no la usas nunca, te mueres sin enterarte de que la tenías. La prueba de que está ahí, sin embargo, es que en determinadas situaciones aparece. Muchas veces se confunde con el orgullo. Pero hay dos clases de orgullo. Para mí, cuando esa facultad no está involucrada el orgullo es puro amor propio. Y cuando el orgullo es amor propio, lo que sale es la pataleta, el sofocón, se pone la cara roja y falta el aire. En cambio, si esa facultad interviene el orgullo se generaliza. La persona comprende que la ofensa, el abuso, lo que sea, no se lo están haciendo sólo a ella; y se le llenan los pulmones de aire; dice «no puede ser» y las tres palabras vienen de muy lejos, de muchos compañeros caídos y compañeras, de muchas personas aplastadas, humilladas; y aflora en ella un valor, una determinación con los que no soñaba.
Belén Gopegui
Page set her hand on the small of my back. She did it like it was only to guide me around rocks or fallen pinecones. But when she did it, I was that glass jar with a candle set inside. The heart of me was as soft as the wax of the tea light.
Anna-Marie McLemore (Blanca & Roja)
Y Brando nunca se había reído tanto en toda su vida, al grado de verter lágrimas histéricas y de tener que sujetarse de las paredes y de sus amigos para no caer al piso, con el cerebro arrebolado por la mota y la cerveza y el vientre adolorido de tanto carcajearse del espectáculo que ofrecían las locas, la legión de maricas, vestidas y travoltas venidas de todos los rincones de la república nomás a desatarse al famoso carnaval de Villagarbosa, a jotear libremente en las calles del pueblo embutidas en apretadas mallas de ballerina, disfrazadas de hadas con alas de mariposa, de sensuales enfermeras de la Cruz Roja, de porristas y gimnastas musculosas, policías manfloras y gatúbelas ventrudas con botas de tacón de aguja; locas bien locas vestidas de novia persiguiendo a los muchachos por los callejones; locas bufonescas con nalgas y tetas gargantuescas tratando de besar a los rancheros en la boca; locas empolvadas como geishas, con antenas de alienígenas y garrotes cavernícolas, locas capuchinas y escocesas; locas disfrazadas de batos bien machines, tan hombres como cualquiera, hasta que se alzaban los lentes oscuros y les notabas la depilada de ceja, los párpados espolvoreados con brillantina de colores, la mirada braguetera; locas que pagaban las cervezas si bailabas con ellas; locas que se peleaban a puñetazo limpio por tus favores, que se arrancaban las pelucas y las tiaras y rodaban por el suelo entre alaridos, dejando sangre y lentejuelas regadas mientras la turba reía. Total
Fernanda Melchor (Temporada de huracanes)
El peronismo es, si se quiere, un fascismo pasado por el filtro de la viveza criolla lo que, por supuesto, da un resultado confuso y polimórfico, en el que solo resaltan nítidamente la voluntad de poder, el personalismo y la movilización popular clientelista.
Mauricio Rojas (Argentina: breve historia de un largo fracaso: 1 (Spanish Edition))
Siempre me ha parecido inquietante la contigüidad que existe entre la crónica de sociales y la nota roja, no sólo porque estas dos secciones suelen aparecer juntas en los diarios del puerto (a menudo en caras opuestas del mismo pliego, como espejándose), sino porque ambos géneros suelen presentar los asuntos de su "literatura" como sucesos excepcionales, únicos e irrepetibles: la ascensión de una joven al estatuto de reina, emblema viviente de la alegría, la lozanía y la fecundidad de un pueblo y su posterior envilecimiento como filicida, villana mítica, bruja de cuento de hadas en cuyo nombre se exhorta a los niños jarochos a obedecer a sus madres y comer todas sus verduras, si no quieren que Evangelina venga a castigarlos. Arquetipos opuestos pero complementarios, máscaras que deshumanizan a mujeres de carne y hueso, y que funcionan como pantallas en donde se proyectan los deseos, los temores y las ansiedades de una sociedad que se pretende un enclave de sensualismo tropical pero que en el fondo es profundamente conservadora, clasista y misógina.
Fernanda Melchor (Aquí no es Miami)
Entonces fue hacia la cama y corrió las cortinas: la abuela estaba allí tumbada, con el gorro de dormir bien calado y un aspecto muy raro. -¡Ay, abuela, qué orejas tan grandes tienes! -Para así pode oírte mejor. -¡Ay, abuela, qué ojos tan grandes tienes! -Para así poder verte mejor. -¡Ay, abuela, qué manos tan grandes tienes! -Para así poder cogerte mejor. -¡Ay, abuela, qué boca tan grande y tan horrible tienes! -Para así poder comerte mejor. No había terminado de decir esto el lobo cuando salió de la cama de un salto y devoró a la pobre Caperucita Roja.
Jacob Grimm (Cuentos de los hermanos Grimm)
Mary me dijo: ahora ya eres una mujer, y eso me hizo llorar. Entonces ella me abrazó y me consoló mejor de lo que hubiera podido hacerlo mi madre, que siempre estaba demasiado ocupada, cansada o enferma. Después me prestó su enagua de franela roja hasta que yo tuviera una y me enseñó cómo doblar y sujetar los paños y me dijo que algunos lo llamaban «la maldición de Eva», cosa que a ella le parecía una estupidez, ya que la verdadera maldición de Eva era tener que aguantar las idioteces de Adán que, en cuanto surgió un problema, le echó toda la culpa a ella.
Margaret Atwood (Alias Grace)
Aún puedo verles en esa pantalla primitiva que nuestro cerebro produce, a unos ocho centímetros delante de mis ojos, miniaturizados por el tiempo y la distancia, desdibujados por las interferencias visuales, cada figura como una cinta roja que danzara en el aire. Todos ellos se cuentan entre aquellas personas a las que he intentado conocer dos veces, la segunda de ellas en el recuerdo y el lenguaje. A través de ellas, yo mismo. Son aquellos en lo que yo me he convertido, a través de procesos que no comprendo pero que creo que corresponden a una certeza absoluta, a una segunda vida tanto para mí como para ellos
Don DeLillo (The Names)
—Vi a mi madre en su ataúd—dijo por fin—. Las mujeres le habían trenzado el pelo para que tuviera un aspecto decoroso, pero mi padre no lo permitió. Quería verla por última vez tal como era para él. Fue personalmente al ataúd, le deshizo las trenzas y extendió la cabellera con las manos, cubriendo la almohada. Hizo una pausa; su pulgar quedó inmóvil. —Yo estaba allí, quieto en el rincón. Cuando todos salieron para recibir al cura me acerqué sigilosamente. Era la primera vez que veía a una persona muerta.—Dejé que mis dedos se cerraran sobre su antebrazo.— Una mañana mi madre me dio un beso en la frente; luego volvió a colocarme la horquilla que se me había desprendido de mi pelo ensortijado y salió. Jamás volví a verla. La velaron con el ataúd cerrado. —¿Era…ella? —No.—Contemplaba el fuego con los ojos entornados—. No del todo. Se le parecía, pero nada más. Como si alguien la hubiera tallado en madera de abedul. Pero su pelo… eso aún tenía vida. Eso todavía era…ella. Lo oí tragar saliva y carraspear un poco. —La cabellera le cruzaba el pecho, cubriendo al niño que yacía con ella. Pensé que a él no le gustaría sofocarse de ese modo. Y retiré las guedejas rojas para dejarlo a la vista. Mi hermanito, acurrucado en sus brazos, con la cabeza en su seno, abrigado y en sombras bajo la cortina de pelo. Y enseguida pensé que no, que estaría más contento si lo dejaba así. Y volví a alisar la cabellera de mi madre para cubrirle la cabeza. Su pecho se elevó bajo mi mejilla. Deslizó lentamente las manos por mi pelo. —No tenía una sola cana, Sassenach. Ni una. Ellen Fraser había muerto de parto a los treinta y ocho años. Mi madre, a los treinta y dos. Y yo… yo tenía la riqueza de todos esos años largos que ellas habían perdido. Y más aún. —Para mí es un gozo ver cómo te tocan los años, Sassenach—susurró—, pues significa que vives.
Diana Gabaldon (The Fiery Cross (Outlander, #5))
En la escuela aprendemos acerca de un mundo anterior a este, el mundo de los ángeles y los dioses que vivían en el cielo y gobernaban la Tierra con amor y bondad. Algunos dicen que son sólo leyendas, pero yo no lo creo. Los dioses aún nos dominan, han descendido de las estrellas y no les queda ni un ápice de bondad.
Victoria Aveyard (Red Queen (Red Queen, #1))
La Madre de Dios tenía siempre el dedo índice levantado cuando yo me sentaba delante, en el banco de los niños. Pero la expresión de su rostro era amable, y yo no le tenía miedo. Todo el tiempo llevaba el mismo vestido largo azul claro y tenía unos labios rojos muy bonitos. Y un día que el cura dijo que los lápices de labios se hacen con sangre de pulga y de otros bichos repugnantes, me pregunté por qué la Madre de Dios que había en el altar lateral se pintaría los labios. También se lo pregunté al cura, que me golpeó las manos con su regla hasta ponérmelas rojas y me mandó en seguida a casa. Estuve varios días sin poder mover los dedos.
Herta Müller (En tierras bajas)
—¡Oídme! —aulló, y al momento se hizo el silencio—. ¡Todos me conocéis! ¡La mayoría habéis combatido conmigo! ¡Hemos matado juntos y más de uno a muerto a mi lado! ¡Sabéis quién soy! —desplegó las alas. La multitud le contemplaba y él se sentía inmenso—. ¡Rocavarancolia nos convoca a una nueva batalla! ¡De nuevo resuenan tambores de guerra! ¡Pero no os dejéis engañar! La Rocavarancolia que nos llama no es la nuestra! ¡Nuestro reino agoniza ahí fuera y nada de los que hagamos podrá salvarlo! —Denéstor se removió inquieto y la intranquilidad del demiurgo sirvió de acicate—. ¡Bien se han encargado de ello! ¡Nos lo han arrebatado todo! ¿Me oís? ¡Todo! ¡Y aún así estoy aquí para pediros que os dejéis engañar y que luchéis! ¡Porque fuimos grandes! ¡Somos monstruos y demonios! ¡Somos pesadillas y malos sueños! ¡Somos lo que el mundo teme! ¡Y si triunfa Hurza nos convertiremos en víctimas! ¡Y me niego a que ocurra eso! ¡No somos víctimas de nadie! ¡Jamás! ¡Somos verdugos y asesinos! ¡Quisieron exterminarnos antes y no pudieron! ¡Luchad, monstruos! ¿Me oís? ¡LUCHAD! ¡Luchad por nuestra Rocavarancolia si se os antoja! ¡O por el recuerdo de la antigua! ¡Luchad por Sardaurlar y los reyes conquistadores! ¡Por las torres dragoneras, por la sangre que derramamos! ¡ O por los malditos reyes araña si os apetece! ¡Luchad porque fuimos grandes y nadie que pretenda arrebatarnos eso va a conseguirlo! ¡Luchad por la gloria, por placer, por hacer daño! ¡No me importa el motivo! ¡No me importa qué fuerza os guíe! ¡Sólo quiero que luchéis! ¡Salid ahí fuera y arrasad con todos! ¡Y si se levantan, si osan levantarse, matadlos de nuevo!
José Antonio Cotrina (La sombra de la luna (El ciclo de la luna roja, #3))
El otoño es mi estación favorita del año —dijo él al cabo de un rato—. No es que yo esté tonteando o algo así… pero me gustan las hojas cuando se tornan rojas y anaranjadas. Son hermosas a la luz de la luna, pero más concretamente, se trata de una transformación imposible. El verde de la primavera y el verano son sólo una sombra de la identidad auténtica de los árboles, y todo ese color cuando las noches se vuelven frías es un milagro cada vez que pasa. Es como si compensaran la pérdida del calor con todo su fuego. Me gusta el Otoño… —(...)—. Tú eres así. Eres hermosa y ardes llena de colorido, y ya es hora de que salgas a la luz. Así que digo… Autumn.
J.R. Ward (Lover Reborn (Black Dagger Brotherhood, #10))
Mas el gringo encontró, dentro del tercer día, interesante a Juanita por su afán de llevar la contraria y de engolfarse, sistemáticamente, en discusiones interminables. No dejaba de llamarle vivamente la atención oír que sostenía una vez determinada opinión y al día siguiente la opinión contraria, con sorprendente versatilidad, seriedad y descaro. Pero le sacaba de quicio el que tuviera ante la vida, siendo joven y bella, una actitud de cruel hostilidad y se volviera gratuitamente inaguantable con un estribillo que esgrimía al final de las más enconadas discusiones, y ese aire de superioridad insolente y burlón con que miraba con sus ojos bajo las finas cejas altas.
Ángel Felicísimo Rojas (El éxodo de Yangana)
Far from destroying our most well-loved works of fiction, abandoning assumptions of the whiteness of our characters infinitely expands all of the fictional universes, whether it be the wizarding world or the Star Wars galaxy. As vlogger Rosianna Halse Rojas points out,10 reading Harry Potter’s Hermione as black is a whole different ball game. It brings to light the incredibly racialised language of blood purity used in the wizarding world, of mudbloods and purebloods. This is terminology that could have been easily lifted straight from Nazi Germany or apartheid South Africa. Hermione’s parents were muggles after all, and that is how states and scientists have categorised races and fuelled racism – as though some heritages are contagious and are spread through lineage and blood. A black or mixed-race Hermione enduring spat-out slurs of ‘mudblood’ from her peers, plucked from her parents, told she’s special and part of a different race altogether, might be very keen to assimilate, to be accepted. No wonder she tried so hard. No wonder she did her friends’ homework, and was first to raise her hand in class. She was the model minority. A black or mixed-race Hermione agitating to free house elves, after six or seven years of enduring racial slurs, might not have the courage to challenge her peers, and instead might have hung on to something she felt she really could change.
Reni Eddo-Lodge (Why I’m No Longer Talking to White People About Race)
Ella bailaba con un chico alto del rancho de San Pablo y llevaba un vestido azul y su boca era roja. Él, Rawlins y Roberto se quedaron con otros muchachos junto a la pared, contemplando a los bailarines y, más allá de ellos, a las chicas de la pared opuesta. Empezó a caminar por delante de los grupos. El aire olía a paja y sudor y una densa fragancia de colonias. Bajo la concha acústica el acordeonista luchaba con su instrumento y marcaba el ritmo con la bota contra los tablones del suelo y luego retrocedió y el trompetista se adelantó. Los ojos de ella le miraban por encima del hombro de su pareja. Llevaba los cabellos negros recogidos con una cinta azul y su nuca era pálida como la porcelana. Cuando dio otra vuelta, le sonrió.
Cormac McCarthy (All the Pretty Horses (The Border Trilogy, #1))
We were refugees when we arrived to the U.S. You must be happy now that you'e safe, people said. They told us to strive for assimilation. The quicker we transformed into one of the many the better. But how could we choose? The U.S. was the land that saved us; Colombia was the land that saw us emerge. There were mathematical principles to becoming an American: you had to know one hundred historical facts (What was one reason for the Civil War? Who was the President during World War II?), and you had to spend five uninterrupted years on North American soil. We memorized the facts, we stayed in place - but when I elevated my feet at night and my head found its pillow I wondered: of what country was I during those hours when my feet were in the air?
Ingrid Rojas Contreras (Fruit of the Drunken Tree)
La amaba, y le importaba bien poco no ser correspondido, la había amado aún antes de saber que lo que sentía por ella tenía un nombre, la había amado sin esperanza. Y no le había importado hacerlo. El hecho de que él pudiera amar era un milagro que tenía sentido por sí mismo, una muestra de que la magia del universo podía estar presente en todos y cada uno de los seres que lo habitaban.
José Antonio Cotrina (La sombra de la luna (El ciclo de la luna roja, #3))
Todas las naciones eran diferentes. Los rusos no tenían rivales en el sufrimiento, los ingleses en su reserva, los norteamericanos en su amor por la vida, los italianos en su amor por Cristo y los franceses en sus esperanzas de amor. Por lo tanto, cuando hicieron el vestido para Tatiana, lo hicieron cargado de promesas. Lo hicieron como si quisieran decirle: Póntelo, cherie, y con este vestido tú también serás amada como nosotros amamos; póntelo y el amor será tuyo. Así que Tatiana nunca desesperaba con su vestido blanco con las rosas rojas. Si lo hubiesen hecho los norteamericanos, estaría feliz. Si lo hubiesen hecho los italianos, hubiese comenzado a rezar, si lo hubiesen hecho los británicos, cuadraría los hombros, pero como lo habían hecho los franceses, nunca perdía las esperanzas.
Paullina Simons (The Bronze Horseman (The Bronze Horseman, #1))
Hubo una explosión roja frente a mí; de pronto no conseguía respirar con suficiente rapidez, no podía pensar por encima del rugido que me atroanaba la cabeza. En un instante estaba mirando fijamente, en el siguiente, tenía un zapato en la mano. Se lo tiré con todas mis fuerzas. Todas mis fuerzas eran fuerzas considerables, fuerzas de inmortal. Apenas vi la sandalia de seda cuando voló atravesando el aire, rápida como una estrella fugaz, tan rápida que ni un alto lord hubiera podido detectarla... Lo golpeó directamente en la cabeza. Rhys se volvió, tenía una mano en la parte posterior de la cabeza, los ojos muy abiertos. Yo ya tenía el otro zapato en la mano. Los labios de Rhys se despegaron de sus dientes. —A ver si te atreves. —Genio... Debia de tener un día para dejar traslucir así su genio. –Capítulo 5, pág. 56
Sarah J. Maas (A Court of Mist and Fury (A Court of Thorns and Roses, #2))
Las brasas ya están rojas. Alonso las separa y trae la parrilla, acomoda los chorizos. Con los ojos cerrados siente la grasa crepitar sobre el hierro caliente, el olor que flota en el aire, los kilómetros y kilómetros del campo que lo rodean, la tierra en la que las plantas crecen y se secan y vuelven a crecer, los animales que nacen, mueren y se pudren; y él es una parte ínfima de todo eso que gira alrededor del sol; y para qué, que alguien se lo diga, para qué resistirse a esa inercia si a él le basta con mirar el cielo para saber que ese movimiento en espiral, sin apuro, sin pausa, algún día va a colapsar sobre su propio centro; y todo va a ser parte de una misma nube de polvo y gases; y para qué Alonso, para qué María, para qué todos los relojes del mundo, todos los caballos muertos, todas las hectáreas de tierra seca.
Tomás Downey (El lugar donde mueren los pájaros)
Todo el que lo ve recibe la impresión de un hombre sin sangre ardiente, roja, pulsante. Y, efectivamente, también en lo psíquico pertenece a la raza de los flemáticos, de los temperamentos fríos. No conoce pasiones recias, avasalladoras; no es arrastrado hacia las mujeres, ni hacia el juego; no bebe vino, no le tienta el despilfarro, no mueve sus músculos, no vive más que en su estudio, entre documentos y papeles. Nunca se enfada visiblemente, nunca vibra un nervio de su cara. Sólo una leve sonrisa, cortés, mordaz, se contraen esos labios afilados, anémicos; nunca se observa bajo esta máscara gris, terrosa, aparentemente desmadejada, una verdadera tensión; nunca delatan los ojos, bajo los párpados pesados y orillados, su intención, ni revela sus pensamientos con un gesto. Esta sangre fría, imperturbable, constituye la verdadera fuerza de Fouché.
Stefan Zweig (Fouché)
Somos los jacobinos negros y maricas, las bolleras rojas, los desahuciados verdes, somos los trans sin papeles, los animales de laboratorio y de los mataderos, los trabajadores y trabajadoras informático-sexuales, putones diversos funcionales, somos los sin tierra, los migrantes, los autistas, los que sufrimos de déficit de atención, exceso de tirosina, falta de serotonina, somos los que tenemos demasiada grasa, los discapacitados, los viejos en situación precaria. Somos la diáspora rabiosa. Somos los reproductores fracasados de la tierra, los cuerpos imposibles de rentabilizar para la economía del conocimiento. [...] Somos la red viva descentralizada. Rechazamos una ciudadanía definida a partir de nuestra fuerza de producción o nuestra fuerza de reproducción. No somos bio-operarios productores de óvulos, ni cavidades gestantes, ni inseminadores espermáticos.
Paul B. Preciado (Transfeminismos: Epistemes, fricciones y flujos)
Algún recuerdo limitado y menguante de Herbert Ashe, ingeniero de los ferrocarriles del Sur, persiste en el hotel de Adrogué, entre las efusivas madreselvas y en el fondo ilusorio de los espejos. En vida padeció de irrealidad, como tantos ingleses; muerto, no es siquiera el fantasma que ya era entonces. Era alto y desganado y su cansada barba rectangular había sido roja. Entiendo que era viudo, sin hijos. Cada tantos años iba a Inglaterra: a visitar (juzgo por unas fotografías que nos mostró) un reloj de sol y unos robles. Mi padre había estrechado con él (el verbo es excesivo) una de esas amistades inglesas que empiezan por excluir la confidencia y que muy pronto omiten el diálogo. Solían ejercer un intercambio de libros y de periódicos; solían batirse al ajedrez, taciturnamente... Lo recuerdo en el corredor del hotel, con un libro de matemáticas en la mano, mirando a veces los colores irrecuperables del cielo.
Jorge Luis Borges (Ficciones)
—Rojo… Fuego… Sus miradas chocaron de nuevo mientras sus resuellos se entrelazaron. Con lentitud, ella se deshizo de los guantes, atrapó la cremallera de su chaqueta de cuero consiguiendo que el ruido metálico, al bajar poco a poco, resonara entre las cuatro paredes de espejo. Sus ojos verdes descendieron hasta la férrea boca para a continuación posarse sobre la mirada eléctrica. Una de las manos del hombre se colocó en la nuca de ella y la otra, con suavidad, se asentó sobre la cadera dejando que sus experimentados dedos acariciaran la nívea piel, visible entre la camiseta y la cinturilla del vaquero. Las uñas moradas tiraron de la corbata negra, acercando más a su dueño, consiguiendo que sus cuerpos se amoldaran. Su osada cadera se arqueó levemente atrayendo el miembro ya erecto que se acomodó sin ningún problema a la curva sinuosa. Él tiró de la roja cabellera y levantó su rostro. —Fuego… —susurró mientras su boca se posaba hambrienta sobre la de su pareja.
Aileen Diolch (Fuego Rojo)
La memoria de la Web lo graba todo y no olvida nada. Facebook, MySpace, los blogs y los distintos portales y parajes de este nuevo mundo digital donde ya pasamos buena parte de la vida, tienen el poder de convertir nuestros errores y desatinos en pruebas fehacientes de nuestros fallos, que nos acompañaran por siempre. Es una perspectiva terrible, pues esta memoria artificial, externa e imborrable, amenaza nuestra habilidad para superar desaciertos y nos roba la opción de reinventarnos o comenzar de nuevo
Luis Marcos Rojas
He matado nuestra vida juntos, he cortado cada cabeza, con sus tristes ojos azules atrapados en una pelota de playa, rodando por separado afuera del garaje. He matado todas las cosas buenas pero son demasiado tercas. Se cuelgan. Las pequeñas palabras de tu compañía se han arrastrado hasta su tumba, el hilo de la compasión, como una frambuesa querida, los cuerpos entrelazados cargando a nuestras dos hijas, tu recuerdo vistiéndose temprano, toda la ropa limpia, separada y doblada, tú sentándote en el borde de la cama lustrando tus zapatos con un limpiabotas, y yo te amaba entonces, eras tan sabio desde la ducha, y te amé tantas otras veces y he estado por meses, tratando de ahogarlo, presionando, para mantener su gigantesca lengua roja por debajo, como un pez. Pero a donde quiera yo vaya están todos en llamas, el róbalo, el pez dorado, sus ojos amurallados flotando ardiendo entre plancton y algas marinas como tantos otros soles azotando las olas, y mi amor se queda amargamente brillando, como un espasmo que se niega dormir, y estoy indefensa y sedienta y necesito una sombra pero no hay nadie para cubrirme – ni siquiera Dios.
Anne Sexton (Selected Poems)
Fruit of the Drunken Tree is a novel inspired by personal experience. Kidnapping was a reality for many Colombians until 2005 when the practice really began to decline. If they had not been kidnapped themselves, every Colombian knew someone who had experienced it: a friend, a family member, someone at work. There was once a girl like Petrona who worked as a live-in maid in my childhood house in Bogotá. Like Petrona she was forced into aiding in a kidnapping attempt against my sister and me, and like Petrona in the face of this impossible choice, she did not comply. I have thought of her throughout the years, along with all the women I have met who are stuck in hopeless situations in Colombia.
Ingrid Rojas Contreras (Fruit of the Drunken Tree)
I didn't tell Papa that Petrona was raped. I didn't tell Cassandra I had written to Petrona and that she had written back. I didn't correct Mama when she assumed the photograph Petrona had sent was a new photograph. I didn't tell her it was actually printed the year we fled Colombia. I didn't tell Mama that the man in the photograph was Gorrion. I was the only one with all the pieces. I was the only one that knew that Petrona had made a home with a man who had betrayed her, that she had chosen to keep the baby, that this new life she had fed from her breasts was something I had to make up to her and the only thing I could do was keep silent about what I knew. After all, who am I to judge? As her photo blurred, I thought: even oblivion is a kindness.
Ingrid Rojas Contreras (Fruit of the Drunken Tree)
Los cautivos teníamos una costumbre un tanto masoquista que consistía en conversar con todo lujo de detalles sobre nuestras comidas preferidas. A mí me gustaba hablar del ajiaco con pollo, que es una sopa típica de la sabana de Bogotá, y que en la selva sería casi imposible de preparar porque no se podrían conseguir los diversos tipos de papa que se cultivan en tierra fría. También recordábamos, y se nos hacía agua la boca, el sabor de las alcaparras, las mazorcas, el aguacate, la crema de leche, el pan, la crema de curuba… y tantos otros manjares que nunca probaríamos en la selva. Y por si fuera poco, también enumerábamos nuestros restaurantes favoritos y cuál era la especialidad de cada uno de ellos. A mí también me encantaba hablar de cómo se preparaban ciertos platos, trataba de recordarlo para tenerlo bi-en presente cuando recuperara mi libertad.
Clara Rojas
No siento mi cuerpo, no siento mi alma, ¿la habré extraviado?... Solo veo rojo a mí alrededor. Rojo sangre que cubre mi cielo, que recubre mis heridas y las escose como fuego. Las serpientes rojas se deslizan por todo mi cuerpo, puedo sentirlas reptando y sujetando mi carne, sin embargo ya no siento dolor, no siento nada. Ojos de color venganza se adentran en mi mente, apoderándose de mi voluntad. Rompen poco a poco un lazo que se empezaba a formar. Ocultan la felicidad y me hunden en la oscuridad. Antes no entendía el por qué de mi existencia, ahora sé que siempre hubo un propósito. Y por más que quiero negarlo sé que es este. Solo hubiera querido que mi propósito hubieras sido tú. En verdad trate de protegerte. Pero al final no pude hacerlo, fui yo quien te hirió. Nuestro destino es odiarnos, siempre fue ese. Quisimos negarlo, la atracción era inmensa y eso es lo que nos llevara a terminar lo que empezamos. Poco a poco estoy empezando a olvidarte. Ya no recuerdo tus labios, ni el sonar de tu voz, el color de tu cabello se deshizo como hilos de humo en el aire y tu perfume se mezclo con el olor a sangre. Te estoy olvidando y me asusta pensar que pronto ya no te recordaré. Mi mente te expulsa y mi corazón terco te aferra, o al menos recupera los fragmentos destrozados de ti. Solo un constante hay…uno que no puedo quitar, por el cual aun vives en mi. Tu mirada. Tengo frío. Y no son paredes de piedra las cuales me aprisionan, el frío proviene de muy dentro de mí. Mi sed aumenta y mi hambre también. Ya no puedo reconocerme. Pronto acabare con todo, todo se vendrá a mis pies y por fin ella podrá liberarme. Ella es mi salvación. La luna de rojo se teñirá muy pronto. Y cuando eso ocurra… ¡Tú serás la siguiente Cuentista!
Brizz Briseira
Antes de que me secuestraran yo vivía esclava del reloj. Trataba de organizar mi tiempo de la mejor manera posible, incluso leía libros sobre ello. Mi vida estaba programada al segundo. Al final de cada día, cuando regresaba a mi casa agotada tras un día intenso, me acostaba con la sensación de que el tiempo no me alcanzaba para hacer todo lo que quería. Siempre sentía que me quedaba algo por concluir... ... En el secuestro, sin embargo, de repente me encontré con que tenía todo el tiempo del mundo para mí, pero aparentemente no había nada que pudiera hacer para aprovecharlo. Nunca antes en mi vida había sentido tan intensamente esa sensación de pérdida de tiempo que experimenté en los primeros meses de cautiverio. Para mí fue un conflicto existencial atroz, pues tenía la sensación de que la vida se me estaba escapando ante los ojos. Era como si estuviera enterrando mi juventud en aquellas selvas.
Clara Rojas (Captive: 2,147 Days of Terror in the Colombian Jungle)
For years the neighbors had pleaded with the Neighborhood Administration to make Mamá take her tree down. It was, after all, the tree whose flowers and fruit were used in burundanga and the date-rape drug. Apparently, the tree had the unique ability of taking people’s free will. Cassandra said burundanga was where the idea of zombies came from. Burundanga was a native drink made out of Drunken Tree seeds. The drink had once been given to the servants and wives of Great Chiefs in Chibcha tribes, in order to bury them alive with the Great Dead Chief. The burundanga made the servants and wives dumb and obedient, and they willingly sat in a corner of the underground grave waiting, while the tribe sealed the exit and left them with food and water that would have been a sin to touch (reserved as it was for use by the Great Chief in the afterworld). Many people used it in Bogotá—criminals, prostitutes, rapists. Most victims who reported being drugged with burundanga woke up with no memory of assisting in the looting of their apartments and bank accounts, opening their wallets and handing over everything, but that’s exactly what they’d done.
Ingrid Rojas Contreras (Fruit of the Drunken Tree)
Comprendí al punto: era la lucha entre los hombres y las máquinas, preparada, esperada y temida desde hace mucho tiempo, la que por fin había estallado. Por todas partes yacían muertos y mutilados, por todas partes también automóviles apedreados, retorcidos, medio quemados; sobre la espantosa confusión volaban aeroplanos, y también a éstos se les tiraba desde muchos tejados y ventanas con fusiles y con ametralladoras. En todas las paredes anuncios fieros y magníficamente llamativos invitaban a toda la nación, en letras gigantescas que ardían como antorchas, a ponerse al fin al lado de los hombres contra las máquinas, a asesinar por fin a los ricos opulentos, bien vestidos y perfumados, que con ayuda de las máquinas sacaban el jugo a los demás y hacer polvo a la vez sus grandes automóviles, que no cesaban de toser, de gruñir con mala intención y de hacer un ruido infernal, a incendiar por último las fábricas y barrer y despoblar un poco la tierra profanada, para que pudiera volver a salir la hierba y surgir otra vez del polvoriento mundo de cemento algo así como bosques, praderas, pastos, arroyos y marismas. Otros anuncios, en cambio, en colores más finos y menos infantiles, redactados en una forma muy inteligente y espiritual, prevenían con afán a todos los propietarios y a todos los circunspectos contra el caos amenazador de la anarquía, cantaban con verdadera emoción la bendición del orden, del trabajo, de la propiedad, de la cultura, del derecho, y ensalzaban las máquinas como la más alta y última conquista del hombre, con cuya ayuda habríamos de convertirnos en dioses. Pensativo y admirado leí los anuncios, los rojos y los verdes; de un modo extraño me impresionó su inflamada oratoria, su lógica aplastante; tenían razón, y, hondamente convencido, me quedé parado ya ante uno, ya ante el otro, y, sin embargo, un tanto inquieto por el tiroteo bastante vivo. El caso es que lo principal estaba claro: había guerra, una guerra violenta, racial y altamente simpática, en donde no se trataba de emperadores, repúblicas, fronteras, ni de banderas y colores y otras cosas por el estilo, más bien decorativas y teatrales, de fruslerías en el fondo, sino en donde todo aquel a quien le faltaba aire para respirar y a quien ya no le sabia bien la vida, daba persuasiva expresión a su malestar y trataba de preparar la destrucción general del mundo civilizado de hojalata. Vi cómo a todos les salía risueño a los ojos, claro y sincero, el afán de destrucción y de exterminio, y dentro de mí mismo florecían estas salvajes flores rojas, grandes y lozanas, y no reían menos. Con alegría me incorporé a la lucha.
Hermann Hesse (Der Steppenwolf.)
Aí desaparece o desinteresse e divisa-se o vago esboço do demónio; cada qual para si. O eu sem olhos uiva, procura, apalpa e rói. Existe nesse golfão o Ugolino social. As figuras ferozes que giram nessa cova, quase animais, quase fantasmas, não se ocupam do progresso universal, cuja ideia ignoram; só cuidam de saciar-se cada uma a si mesma. Quase lhes falta a consciência, e parece haver uma espécie de amputação terrível dentro delas. São duas as suas mães, ambas madrastas: a ignorância e a miséria. O seu guia é a necessidade; e para todos as formas de satisfação, o apetite. São brutalmente vorazes, quer dizer, ferozes; não à maneira do tirano, mas à maneira do tigre. Do sofrimento passam estas larvas ao crime; filiação fatal, geração aterradora, lógica das trevas. O que roja pelo entressolo social não é a reclamação sufocada do absoluto; é o protesto da matéria. Torna-se aí dragão o homem. Ter fome e sede é o ponto de partida; ser Satanás é o ponto de chegada. Esta cova produz Lacenaire. Acima viu o leitor, no livro quarto, um dos compartimentos da mina superior, da grande cova política, revolucionária e filosófica, onde, como acabou de ver, é tudo pobre, puro, digno e honesto; onde, sem dúvida, é possível um engano, e efectivamente os enganos se dão; mas onde o erro se torna digno de respeito, tão grande é o heroísmo a que anda ligado. O complexo do trabalho que aí se opera chama-se Progresso. Chegada é, porém, a ocasião de mostrarmos ao leitor outras funduras, as profunduras medonhas. Por baixo da sociedade, insistimos, existirá sempre a grande sopa do mal, enquanto não chegar o dia da dissipação da ignorância. Esta sopa fica por baixo de todas e é inimiga de todas. É o ódio sem excepção. Não conhece filósofos; o seu punhal nunca aparou penas. A sua negrura não tem nenhuma relação com a sublime negrura da escrita. Nunca os negros dedos que se crispam debaixo desse tecto asfixiante folhearam um livro ou abriram um jornal. Para Cartouche, Babeuf é um especulador; para Schinderhannes, Marat é um aristocrata. O objetivo desta sopa consiste em abismar tudo. Tudo, inclusive as sapas superiores que esta aborrece de morte. No seu medonho formigar, não se mina somente a ordem social actual: mina-se a filosofia, a ciência, o direito, o pensamento humano, a civilização, a revolução, o progresso. Tem simplesmente o nome de roubo, prostituição, homicídio e assassinato. As trevas querem o caos. A sua abóbada é formada de ignorância. Todas as outras, as de cima, têm por único alvo suprimi-la, alvo para o qual tendem a filosofia e o progresso, por todos os seus órgãos, tanto pelo melhoramento do real, como pela contemplação do absoluto. Destruí a sapa Ignorância, e teres destruído a toupeira do Crime. Humanidade quer dizer identidade. Os homens são todos do mesmo barro. Na predestinação não há diferença nenhuma, pelo menos neste mundo. A mesma sombra antes, a mesma carne agora, a mesma cinza depois. Mas a ignorância misturada com a massa humana enegrece-a. Essa negrura comunica-se ao interior do homem, e converte-se no Mal.
Victor Hugo (Les Misérables: Marius)
Six or seven minutes past 2 P.M. on September 11, 1973, an infiltration patrol of the San Bemardo Infantry School commanded by Captain Roberto Garrido burst into the second floor of the Chilean Presidential Palace, Santiago's Palacio de La Moneda. Charging up the main staircase and covering themselves with spurts from their FAL machine guns, the patrol advanced to the entrance of the Salon Rojo, the state reception hall. Inside, through dense smoke coming from fires elsewhere in the building and from the explosion of tear gas bombs, grenades, and shells from Sherman tank cannons, the patrol captain saw a band of civilians braced to defend themselves with submachine guns. In a reflex action, Captain Garrido loosed a short burst from his weapon. One of his three bullets struck a civilian in the stomach. A soldier in Garrido's patrol imitated his commander, wounding the same man in the abdomen. As the man writhed on the floor in agony, Garrido suddenly realized who he was: Salvador Allende. "We shit on the President!" he shouted. There was more machine-gun fire from Garrido's patrol. Allende was riddled with bullets. As he slumped back dead, a second group of civilian defenders broke into the Salon Rojo from a side door. Their gunfire drove back Garrido and his patrol, who fled down the main staircase to the safety of the first floor, which the rebel troops had occupied.
 Some of the civilians returned to the Salon Rojo to see what could be done. Among them was Dr. Enrique Paris, a psychiatrist and President Allende's personal doctor. He leaned over the body, which showed the points of impact of at least six shots in the abdomen and lower stomach region. After taking Allende's pulse, he signaled that the President was dead. Someone, out of nowhere, appeared with a Chilean flag, and Enrique Paris covered the body with it.
Robinson Rojas Sandford (The Murder of Allende and the End of the Chilean Way to Socialism)
Dice que la revolución y que la revolución y que el pobretariado nacional y quesque el sinarquismo, y al son de su argüende no sabe más que atornillarnos por ondee puede...
Francisco Rojas González (El Diosero)
Cuando el indio encanece, el español perece.
Francisco Rojas González (El Diosero)
Hay entre las diversas formas y especies de miedos, pavores y terrores, algunos extraordinariamente cómicos y grotescos. A esta clase pertenecen el miedo de los católicos por los masones; el miedo de los republicanos por los jesuítas; el miedo de los anarquistas por los polizontes, y el de los polizontes por los anarquistas. El miedo al coco de los niños es mucho más serio, mucho menos pueril que esa otra clase de miedos. Al católico no se le convence de que la masonería es algo así como una sociedad de baile, ni el republicano puede creer que los jesuítas son unos frailucos vanidosillos, ignorantuelos, que se las echan de poetas y escriben versos detestables, y se las echan de sabios y confunden un microscopio con un barómetro. Para el católico, el masón es un hombre terrible; desde el fondo de sus logias dirige toda la albañilería antirreligiosa, tiene un Papa rojo, y un arsenal de espadas, triángulos y demás zarandajas. Para el republicano, el jesuíta es un diplomático maquiavélico, un sabio, un pozo de ciencia y de maldad. Para el anarquista, el polizonte es un individuo listo como un demonio, que se disfraza y no se le conoce, que se cuela en la taberna y en el club, y que está siempre en acecho. Para el polizonte, el que está siempre en acecho, el listo, el terrible, es el anarquista. Todos suponen en el enemigo un poder y una energía extraordinarios. ¿Es por tontería, es por romanticismo, o solamente por darse un poco de importancia? Es muy posible que por todas estas causas juntas. Lo cierto es que al católico no se le puede convencer de que si las ideas antirreligiosas cunden no es por influencia de los masones ni de las logias, sino porque la gente empieza a discurrir; a los republicanos tampoco habrá nadie que les convenza de que la influencia jesuítica depende, no de la listeza ni de la penetración de los hijos de san Ignacio, sino de que la sociedad española actual es una sociedad de botarates y de mequetrefes dominados por beatas. Los polizontes no pueden creer que los atentados anarquistas sean obras individuales, y buscan siempre el hilo del complot; y los anarquistas, no pueden perder la idea de que son perseguidos en todos los momentos de su vida. Los anarquistas padecen además la obsesión de la traición. En cualquier sitio donde se reúnan más de cinco anarquistas, hay siempre, según ellos, un confidente o un traidor. Muchas veces este traidor no es tal traidor, sino un pobre diablo a quien algún truchimán de la policía, haciéndose pasar por dinamitero feroz, le saca todos los datos necesarios para meter en la cárcel a unos cuantos.
Pío Baroja (Aurora roja)
Regará Simón la ceniza alrededor de la casa… cuando amanezca saldrá de nuevo. El animal que haya dejado pintadas sus huellas en la ceniza será la tona del niño. Él llevará el nombre del pájaro o la bestia que primero haya venido a saludarlo; coyote o tejón, chuparrosa, liebre o mirlo, asegún…
Francisco Rojas González (El Diosero)
Jaiva La Jaiva color de violeta acecha en un rincon del mar: sus tenazas son dos enigmas: su apetito es un agujero. Luego agoniza su armadura en la sopera del infierno y ahora no es mas que una rosa: la rosa roja comestible.
Pablo Neruda (Maremoto, Aun, La Espada Encendida, Las Piedras del Cielo / Seaquake, Still, The Flaming Sword, The Stones of the Sky (Contemporanea / Contemporary))
¡Ay, amor mio, mi dueña! La muerte, que ha libado la miel de tu aliento, no ha podido arrebatarte todavia la belleza. Todavia no te ha conquistado. Aun destaca en tus labios y tus mejillas la lozana enseña roja de la hermosura, no la blanca, que la muerte aun no ha podido plantar en ellos
William Shakespeare
Entonces, mira, a veces una muchacha parte en bicicleta, la ves de espaldas alejándose por un camino (¿la Gran Vía, King´s Road, la Avenue de Wagran, un sendero entre álamos, un paso entre colinas?), hermosa y joven la ves de espaldas yéndose, más pequeña ya, resbalando en la tercera dimensión y yéndose, y te preguntas si llegará, si salió para llegar, si salió porque quería llegar, y tienes miedo como siempre has tenido miedo por ti mismo, la ves irse tan frágil y blanca en una bicicleta de humo, te gustaría estar con ella, alcanzarla en algún recodo y apoyar una mano en el /manubrio y decir que también tú has salido, que también tú quieres llegar al sur, y sentirte por fin acompañado porque la estás acompañando, larga será la etapa pero allí en lo alto el aire es limpio y no hay papeles y latas en el suelo, hacia el fondo del valle se dibujará por la mañana el ojo celeste de un lago. Sí, también eso lo sueñas despierto en tu oficina o en la cárcel, mientras te aplauden en un escenario o una cátedra, bruscamente ves el rumbo posible, ves la chica yéndose en su bicicleta o el marinero con su bolsa al hombro, entonces es cierto, entonces hay gente que se va, que parte para llegar, y es como un azote de palomas que te pasa por la cara, por qué no tú, hay tantas bicicletas, tantas bolsas de viaje, las puertas de la ciudad están abiertas todavía, y escondes la cabeza en la almohada, acaso lloras. Porque, son cosas que se saben, la ruta del sur lleva a la muerte, allá, como la vio un poeta, vestida de almirante espera o vestida de sátrapa o de bruja, la muerte coronel o general espera sin apuro, gentil, porque nadie se apura en los aeródromos, no hay cadalsos ni piras, nadie redobla los tambores para anunciar la pena, nadie venda los ojos de los reos ni hay sacerdotes que le den a besar el crucifijo a la mujer atada a la estaca, eso no es ni siquiera Ruán y no es Sing-Sing, no es la Santé, allá la muerte espera disfrazada de nadie, allá nadie es culpable de la muerte, y la violencia es una vacua acusación de subversivos contra la disciplina y la tranquilidad del reino, allá es tierra de paz, de conferencias internacionales, copas de fútbol, ni siquiera los niños revelarán que el rey marcha desnudo en los desfiles, los diarios hablarán de la muerte cuando la sepan lejos, cuando se pueda hablar de quienes mueren a diez mil kilómetros, entonces sí hablarán, los télex y las fotos hablarán sin mordaza, mostrarán cómo el mundo es una morgue /maloliente mientras el trigo y el ganado, mientras la paz del sur, mientras la civilización cristiana. Cosas que acaso sabe la muchacha perdiéndose a lo lejos, ya inasible silueta en el crepúsculo, y quisieras estar y preguntarle, estar con ella, estar seguro de que sabe, pero cómo alcanzarla cuando el horizonte es una sola línea roja ante la noche, cuando en cada encrucijada hay múltiples opciones engañosas y ni siquiera una esfinge para hacerte las preguntas rituales. ¿Habrá llegado al sur? ¿La alcanzarás un día? Nosotros, ¿llegaremos? (Se puede partir de cualquier cosa, una caja de fósforos, una lista de desaparecidos, un viento en el tejado - ) ¿Llegaremos un día? Ella partió en su bicicleta, la viste a la distancia, no volvió la cabeza, no se apartó del rumbo. Acaso entró en el sur, lo vio sucio y golpeado en cuarteles y calles pero sur, esperanza de sur, sur esperanza. ¿Estará sola ahora, estará hablando con gente como ella, mirarán a lo lejos por si otras bicicletas apuntaran filosas? ( - un grito allá abajo en la calle, esa foto del Newsweek - ) ¿Llegaremos un día?
Julio Cortázar
Entonces, en ese preciso momento, soy consciente de que, en realidad, no somos más que juguetes en manos de un despiadado destino, marionetas cuyos hilos escapan a nuestro control.
Yasmina Llacer Rojas (No te sueltes de mi mano)
La Luna, impasible espectadora, nos contempla, en todo su esplendor, desde lo alto, escoltada por un séquito de cuerpos celestes que oscilan en la negrura.
Yasmina Llacer Rojas (No te sueltes de mi mano)
La libertad no es más que una quimera que solo se hace realidad cuando su cobijo no es otro que tu mente.
Yasmina Llacer Rojas
Las rosas son rojas, La violetas azul turquesa, Ven pronto a casa, Lo conseguiremos, princesa.
Marcia Grad (La princesa que creía en los cuentos de hadas)
Si ella se hallara presente en aquel debate de la mançana con las tres diosas, nunca sobrenombre de discordia le pusieran. Porque sin contrariar ninguna, todas concedieran e vivieran conformes en que la lleuara Melibea. Assí que se llamara mançana de concordia. Pues quantas oy son nascidas, que della tengan noticia, se maldizen, querellan a Dios, porque no se acordó dellas, quando a esta mi señora hizo.
Fernando de Rojas (La Celestina)
Entonces un guardia ataviado con la cinta roja se situaba detrás de Celeste y le pegaba un tiro en la nuca.
Anonymous
Al idioma Alemán Mi destino es la lengua castellana, El bronce de Francisco de Quevedo, Pero en la lenta noche caminada, Me exaltan otras músicas más íntimas. Alguna me fue dada por la sangre- Oh voz de Shakespeare y de la Escritura, Otras por el azar, que es dadivoso, Pero a ti, dulce lengua de Alemania, Te he elegido y buscado, solitario. A través de vigilias y gramáticas, De la jungla de las declinaciones, Del diccionario, que no acierta nunca Con el matiz preciso, fui acercándome. Mis noches están llenas de Virgilio, Dije una vez; también pude haber dicho de Hölderlin y de Angelus Silesius. Heine me dio sus altos ruiseñores; Goethe, la suerte de un amor tardío, A la vez indulgente y mercenario; Keller, la rosa que una mano deja En la mano de un muerto que la amaba Y que nunca sabrá si es blanca o roja. Tú, lengua de Alemania, eres tu obra Capital: el amor entrelazado de las voces compuestas, las vocales Abiertas, los sonidos que permiten El estudioso hexámetro del griego Y tu rumor de selvas y de noches. Te tuve alguna vez. Hoy, en la linde De los años cansados, te diviso Lejana como el álgebra y la luna.
Jorge Luis Borges
«Venían del muelle Morland, sin corbatas, sin sombreros, sofocados, mojados por la lluvia, con los ojos brillantes. Gavroche les abordó con calma. - ¿Adónde vamos? - preguntó. - Ven - contestó Courfeyrac. Detrás de Feuilly marchaba, o más bien saltada Bahorel, como un pez en el agua del motín. Llevaba un chaleco carmesí y profería palabras de esas que lo rompen todo. Su chaleco impresionó a un transeúnte, que gritó asustado: - ¡Aquí están los rojos! - ¡El rojo, los rojos! - replicó Bahorel -. ¡Vaya un temor gracioso, burgués! Por lo que a mí respecta, no tiemblo ante una amapola, la caperucita roja no me inspira pavor alguno. Créame, burgués, dejemos el miedo al rojo para los animales con cuernos.»
Victor Hugo (Les Misérables)
—Usted anda buscando a Emiliano Zapata —dijo al fin. —Así es. Durante un instante, el viejo continuó fumando, como si no hubiera oído la respuesta. Los ojos más allá de la cortina roja, en la noche cerrada a las espaldas del detective. —No, Emiliano Zapata está muerto. —¿Está seguro, mi general? —Está muerto, yo sé lo que le digo. Murió en Chinameca, en 1919 asesinado por traidores. Las mismas carabinas asomarían ahora… Los mismos darían la orden. El pueblo lloró entonces, para qué quiere que llore dos veces.
Paco I., II Taibo (No habra final feliz: La serie completa de Hector Belascoaran Shayne)
Venían del muelle Morland, sin corbatas, sin sombreros, sofocados, mojados por la lluvia, con los ojos brillantes. Gavroche les abordó con calma. - ¿Adónde vamos? - preguntó. - Ven - contestó Courfeyrac. Detrás de Feuilly marchaba, o más bien saltada Bahorel, como un pez en el agua del motín. Llevaba un chaleco carmesí y profería palabras de esas que lo rompen todo. Su chaleco impresionó a un transeúnte, que gritó asustado: - ¡Aquí están los rojos! - ¡El rojo, los rojos! - replicó Bahorel -. ¡Vaya un temor gracioso, burgués! Por lo que a mí respecta, no tiemblo ante una amapola, la caperucita roja no me inspira pavor alguno. Créame, burgués, dejemos el miedo al rojo para los animales con cuernos.
Victor Hugo (Les Misérables)
El espectro de colores era complicado, como lo eran las emociones, y distinto tonos de un color significaban cosas diferentes. Para simplificarlo, digamos que las emociones positivas siempre eran de colores, variando de brillante a pastel. Las emociones negativas eran de distintos tonos de negro, con unas cuantas excepciones. La envidia era verde. El orgullo era púrpura. Y la lujuria era roja. Esa era de las populares.
Wendy Higgins (Sweet Evil (Sweet, #1))
tengo veinte centímetros cuadrados de espacio para mí solo en el vagón del metro. Esto es un lujo que uno no se da todos los días.
Hilda Rojas Correa (Un paso a la vez)
Ensuciemos la literatura con panfletos y los panfletos con la literatura porque las palabras no son un cuarto que pueda desinfectarse con lejías" - "Pequeñas Mujeres Rojas" de Marta Sanz
"Pequeñas Mujeres Rojas" de Marta Sanz
Me parece una persona encantadora que, inteligentemente, ha llegado a la conclusión de que ser auténtico no es sinónimo de aferrarse a sus orígenes. A veces los orígenes son una mierda, y si se puede echar tierra sobre ellos, mejor que mejor" - "Pequeñas Mujeres Rojas" de Marta Sanz
"Pequeñas Mujeres Rojas" de Marta Sanz
—¡Demasiado tarde para correcciones! —exclamó la Reina Roja—: Una vez que has dicho algo, ¡Ya está!, debes asumir las consecuencias.
Lewis Carroll (Alicia a través del espejo / La Caza del Snark)
Baldomera vió caer a muchas a su lado. Se desplomaban y ni siquiera sus gritos se oían. Sólo a cada momento, la voz del oficial: - ¡Fuegoo! Y la descarga cerrada, estridente, silbante. Las calles se teñían en sangre. Baldomera había llegado a la cabeza de la manifestación. Movía los brazos en el aire y gritó hasta enronquecer. Poco rato duró la sugestión de su figura. Los brazos, con los puños cerrados, cortaban el aire. Se alzaban picos, palos, banderas rojas, letreros. Y los cabellos de las mujeres flotando, flotando al viento. Y las voces que atolondraban todo. Y los empujones. La asfixia. El ir de un lado al otro, llevado por todos, sin pisar el suelo. Alaridos y quejas. El silbido cortante de las balas. El olor de la pólvora. El inclemente martilleo de los ametralladoras. Los cuerpos humanos tronchándose como racimos, fecundando la tierra, sembrando la venganza y el odio. Las quijadas abiertas, los ojos saltados, los brazos queriendo subir y subir para escapar por algún lado. Los niños con las manos crispadas, arrugando las mantas de las madres, chillando, las facciones paralizadas. Y sin armas, carajo, con qué matar soldados y generales.
Alfredo Pareja Diezcanseco (Baldomera)
Luis Alfredo Garavito
Juan Gomez-Jurado (Reina roja (Antonia Scott, #1))
Hay una estrella, la que está en el corazón del escorpión, que palpita roja, muy rojamente… ¿Estarás allá, hermano mío, atormentado Daniel? Moriste joven y eres para mí un misterio; sufriste al morir y me desespera tu recuerdo
Anonymous
En el ínterin, Miranda estuvo cerca de su meta. Al intentar organizar lo mejor posible su pequeña fuerza militar, hizo que sus soldados prestasen juramento sobre los pueblos de Sudamérica, enarbolando la bandera del nuevo imperio, que era amarilla, azul y roja. En un audaz intento de relacionar la idea de independencia con la del descubrimiento del continente, bautizó el país con el nombre de Colombia.
Anonymous
En la Fortaleza Roja hay dos tipos de personas. Las que son leales al reino y las que no sienten lealtad mas que hacia ellas mismas.
George R.R. Martin (A Game of Thrones (A Song of Ice and Fire, #1))
—¿Te queda algo? —preguntó Aziz. Su amigo dudó y tragó saliva. El puntito de luz roja que era su ojo derecho tembló. —Ya sabes que no. Hace días que lo terminamos. —No me mentirías, ¿verdad? No a mí. Nos conocemos desde hace demasiado tiempo como para eso. No le mentirías a tu único amigo, a la persona que podría abandonarte aquí a tu suerte. —La sonrisa en el rostro de Aziz se apretó—. Dime, ¿sabrías encontrar el camino de vuelta sin mí? Roc acomodó su peso en el asiento y los amortiguadores gimieron. El vehículo que conducía estaba equipado para recorrer los desiertos, compuesto por un chasis de malla espacial que se asemejaba a una jaula sostenida por cuatro ruedas enormes. El cañón de un rifle de aspecto cruel asomaba a su lado, dispuesto a ser usado en caso de necesidad. Arrastraba un remolque de un eje que estaba cubierto por una lona, sin nada todavía con lo que cargar. El motor anclado en la parte de atrás del vehículo hacía un ruido infernal. —Tú nunca… —empezó a decir Roc. —¿Yo nunca te haría eso? —bufó Aziz—. Tal vez, pero cada día que pasamos aquí es peor que el anterior y todavía tenemos que volver. Es mucho tiempo, Roc. Muuuuucho tiempo. Quién sabe qué puede pasar por la cabeza de una persona tantos días aquí fuera. Y más si esa persona lleva ya demasiado tiempo sobrio.
Pau Varela (La Cosecha Estelar (El Eterno Retorno, #2))
El polvo que empacaba el aire se abrió para mostrar la espalda robusta de una mujer de melena parda que corría furiosa en vertical por la fachada del edificio. Vestía con pieles negras y placas de materiales de origen diverso moteadas con pintura roja. Aquella mujer no conocía el miedo. No había descontrol en ella. Si el hombre es conflicto y anarquía, ¿qué demonios será esa mujer? se preguntó Térica.
Pau Varela (La Cosecha Estelar (El Eterno Retorno, #2))
Si con lobos te juntas…", le respondí en automático sonriendo: "…terminas asesinado en una boda roja".
Estibaliz Delgado Amaya (Bajo la sombra de la M)