Vecinos Quotes

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Una elección es cosa muy seria, o al menos debería serlo, y cada uno debería votar según su propia conciencia y dejar que el vecino haga lo mismo.
Anna Sewell (Azabache)
«Cuarto, educado». Yo soy muy educado, casi nunca digo tacos, solamente cuando me irrito si algo me saca de mis casillas, y respecto a lo del «cerdo del vecino», yo no tengo ningún cerdo.
Silvia García Ruiz (Mi perfecto sapo azul (Los hermanos Lowell #1))
Sólo entonces caí en la cuenta de que los vecinos de asiento en los aviones, al igual que los matrimonios viejos, no se dan los buenos días al despertar. Tampoco ella.
Gabriel García Márquez (Doce Cuentos Peregrinos)
Desde chicas nos enseñaban que no debíamos hablar con extraños y que debíamos cuidarnos del Sátiro. El Sátiro era una entidad tan mágica como, en los primeros años de la infancia, la Solapa o el Viejo de la Bolsa. Era el que podía violarte si andabas sola a deshora o si te aventurabas por sitios desolados. El que podía aparecer de golpe y arrastrarte hasta alguna obra en construcción. Nunca nos dijeron que podía violarte tu marido, tu papá, tu hermano, tu primo, tu vecino, tu abuelo, tu maestro. Un varón en el que depositaras toda tu confianza.
Selva Almada (Chicas muertas)
Aquí en la frontera, caen las hojas. Aunque mis vecinos son todos bárbaros, y tú, tú estás a mil kilómetros de aquí, siempre hay dos tazas en mi mesa.
John Fowles (The Magus)
Mientras más lees te percatas con mayor claridad de la estupidez de los otros: te tornas agresivo, extraño y desembocas tú mismo en la imbecilidad. Lunático, raro, mamón, pedante, extraño son algunos de los adjetivos preferidos de los vecinos para referirse a mi persona. ¿Cómo lo sé? Alguna vez los he escuchado por allí murmurando en los pasillos.
Guillermo Fadanelli (Lodo (Spanish Edition))
Un cronopio va a abrir la puerta de la calle, y al meter la mano en el bolsillo para sacar la llave lo que saca es una caja de fósforos, entonces este cronopio se aflige mucho y empieza a pensar que si en vez de llave encuentra fósforos, sería horrible que el mundo se hubiera desplazado de golpe, y a lo mejor si los fósforos están donde la llave, puede suceder que encuentre la billetera llena de fósforos, y la azucarera llena de dinero, y el piano lleno de azúcar, y la guía del teléfono llena de música, y el ropero lleno de abonados, y la cama llena de trajes, y los floreros llenos de sábanas, y los tranvías llenos de rosas, y los campos llenos de tranvías. Así que este cronopio se aflige horriblemente y corre a mirarse al espejo, pero como el espejo está algo ladeado lo que ve es el paragüero del zaguán, y sus presunciones se confirman y estalla en sollozos, cae de rodillas y junta sus manecitas no sabe para qué. Los famas vecinos acuden a consolarlo, y también las esperanzas, pero pasan horas antes de que el cronopio salga de su desesperación y acepte una taza de té, que mira y examina mucho antes de beber, no vaya a ser que en vez de una taza de té sea un hormiguero o un libro de Samuel Smiles.
Julio Cortázar (Cronopios and Famas)
Yo no sé muy bien qué sea amor, pero de lo que sí estoy convencido es de que es algo muy distinto al sexo y a la reproducción, con los que lo confunde mi vecino. El amor es puro; el sexo entretenido y sano; y la reproducción, criminal.
Fernando Vallejo (Peroratas)
¿Acaso no estábamos todos locos cuando dormíamos? ¿Qué era el sueño, al fin y al cabo, sino el proceso por el cual vaciábamos nuestra demencia al pozo oscuro del inconsciente quedando así listos para levantarse a la mañana siguiente y a desayunarnos con cereales en lugar de hacerlo con los niños del vecino? -Dexter
Jeff Lindsay (El oscuro pasajero (Dexter, #1))
La muerte era como un vecino desagradable: no hablabas de él por temor a que te oyera y decidiera pasar a hacerte una visita.
Patrick Rothfuss (The Wise Man's Fear (The Kingkiller Chronicle, #2))
¿Cuántos millones de papanatas habrá en el mundo decididos a demostrarles a sus vecinos que tienen algo más que ellos?
Xavier Velasco (Diablo guardián)
Pero eso es precisamente lo que no entiendo: si mis vecinos logran sobrevivir sin matarse a sí mismos, sin volverse locos, manteniendo un interés en los partidos políticos, sin ceder a la desesperación, persiguiendo resueltamente la lucha por la existencia, ¿sus penas pueden ser realmente genuinas?
Osamu Dazai (Indigno de ser humano)
En esos momentos desearía creer que existe algún tipo de vida después de la muerte, y que en otro universo, tal vez en un pequeño planeta rojo donde no tenemos piernas sino colas, donde chapoteamos por la atmósfera como focas y el aire, compuesto de trillones de moléculas de proteínas y azúcar, es nuestro alimento, y todo lo que hay que hacer para seguir vivo y sano es abrir la boca e inhalar, tal vez estáis los dos juntos. O tal vez él está aún más cerca y es ese gato gris que se sienta en el alféizar de la ventana de nuestros vecinos y ronronea cuando alargo la mano para tocarlo; tal vez es el cachorro que tira de la correa de otro de mis vecinos, o el niño de dos años que vi correr por la plaza hace un par de meses gritando regocijado mientras sus padres resoplaban detrás de él, o esa flor que se ha abierto de pronto en el rododendro que había dado por muerto; tal vez es esa nube, esa ola, esa lluvia, esa niebla. De modo que intento ser amable con todo lo que veo y en todo lo que veo lo veo a él.
Hanya Yanagihara (Tan poca vida)
Así es el comportamiento de los humanos, nos reconforta aliviar a otros, valorando en positivo el propio camino que nos tocaba recorrer, cuando en realidad los problemas seguirían ahí por mucho que intentáramos evitar las lágrimas del vecino.
Sónia A. Kirchen (En la piel del lobo)
…pues nada define mejor la España de mi siglo, y la de todos, que la imagen del hidalgo pobre y miserable, muerto de hambre, que no trabaja porque es rebaje de su condición; y aunque ayuna a diario sale a la calle con espada, dándose aires, y se echa migas de pan en la barba para que sus vecinos piensen que ha comido.
Arturo Pérez-Reverte (El puente de los asesinos (Las aventuras del capitán Alatriste, #7))
Todas las guerras son malas, pero la guerra civil es la peor de todas, pues enfrenta al amigo con el amigo, al vecino con el vecino, al hermano contra el hermano. Hace casi 80 años, entre 1936 y 1939, en tiempos de nuestros abuelos y bisabuelos, una espantosa guerra civil tuvo lugar en España. Causó miles de muertos, destruyó hogares, arruinó el país y llevó a mucha gente al exilio. Para evitar que tan desoladora tragedia vuelva a repetirse nunca es conveniente recordar cómo ocurrió. Así, de aquella desgracia podrán extraerse conclusiones útiles sobre la paz y la convivencia que jamás se deben perder. Lecciones terribles que jamás debemos olvidar.
Arturo Pérez-Reverte (La Guerra Civil contada a los jóvenes)
Él nunca había demostrado otro tipo de prejuicio: estaba dirigida en exclusiva a los psiquíatras, a los problemas mentales, a la locura. Habían conversado sobre el tema hacía poco: Miguel le había confesado que, en su opinión, salvo las enfermedades graves, todos los problemas emocionales se podía mejorar a voluntad. "El patio del vecino
Mariana Enriquez (Las cosas que perdimos en el fuego)
Sacó un cuchillo de su gran bolsillo, Trinchó a su vecino como a un asado, Y cantaba: abrirlo es un juego de niños[
Boris Vian
Querer cambiar a otra persona es como si un paciente va con una dolencia y el médico le receta un remedio para el vecino.
Borja Vilaseca (Las casualidades no existen: Espiritualidad para escépticos)
Los vecinos llevan comida cuando hay muerte, y flores cuando hay enfermedad, y otros detalles entre ambas ocasiones
Harper Lee (Matar a un ruiseñor)
Ese contraste entre los planes y las decisiones de los mortales que el tiempo se encarga siempre de resaltar para instrucción propia y diversión de los vecinos.
Jane Austen (Mansfield Park)
No te quejes de la nieve en el techo del vecino cuando también cubre el umbral de tu casa
Dale Carnegie (How to Win Friends & Influence People)
desapariciones. La dejaban en mala posición ante La Inca y los vecinos, que siempre le preguntaban
Junot Díaz (La maravillosa vida breve de Óscar Wao)
¿Qué es la humanidad? Sentir dolor ante las penas de tus vecinos, sentirse humillado ante la humillación de tus semejantes.
Idries Shah (The World Of The Sufi)
Después de todo, el alma y el cuerpo viven separados por un tabique, y lo mejor es que se llevan como buenos vecinos.
Carmen Martín Gaite
Un libro, en manos de un vecino, es un arma cargada. Quémalo.
Ray Bradbury (Fahrenheit 451)
¿Para qué vivimos sino para entretener a nuestros vecinos y reírnos de ellos a la vez?
Jane Austen (Orgullo y prejuicio)
Otro vecino torturó a su caballo más viejo atándolo a una rueda y haciéndolo girar hasta quebrarle las patas, vino la policía al alba, más tarde se hizo pastor y ayuda en centros benéficos, dicta clases en las cárceles, auxilia a los moribundos, no se entiende nada, ya sé, lo que digo es que muchos encuentran el bien, la redención después de cometer un acto feroz.
Ariana Harwicz (Degenerado)
Cuando dejamos de creer en la magia que transmite nuestro entorno y nos entregamos al deporte de pisarle el cuello al vecino para evitar que sea él quien nos lo pise antes a nosotros.
Jesús Callejo
En el mundo que abandoné, la presencia de los otros ejerce un control sobre los actos. Mantiene la disciplina. En la ciudad, sin la mirada de los vecinos nos comportaríamos con menos elegancia.
Sylvain Tesson (Dans les forêts de Sibérie)
Seas quien seas, Dios te ha confiado recursos a fin de usarlos para su gloria y el bien de los demás. No necesitas ganar tantas monedas como el vecino, solo necesitas ser fiel con lo que tienes.
Ana Avila (Aprovecha bien el tiempo: Una guía práctica para honrar a Dios con tu día (Spanish Edition))
Un libro, en manos de un vecino, es un arma cargada. Quémalo. Saca la bala del arma. Abre la mente del hombre. ¿Se sabe acaso quién puede ser el blanco de un hombre leído? ¿Yo? No puedo aceptarlo.
Ray Bradbury (Fahrenheit 451)
Observando a mi alrededor y escuchando a mis vecinos jamás pude oír hablar de un ser semejante a mí. ¿Era, por lo tanto, un monstruo, una criatura de la que todos se alejarían con repugnancia y horror?
Mary Wollstonecraft Shelley
Naves espaciales nanorrobóticas inteligentes, no tripuladas, podrían alcanzar sistemas estelares vecinos con una pequeña fracción del coste de construir y lanzar una enorme nave espacial que lleve una tripulación humana.
Michio Kaku (Física de lo imposible: ¿Podremos ser invisibles, viajar en el tiempo y teletransportarnos?)
Las tardes de Altos de la Cascada se pueblan de vecinos paseando perros en ropa de entrenamiento, con zapatillas con colchón de aire para running o línea sport Brand. O hasta en rollers si están bien entrenados…, los perros.
Claudia Piñeiro (Las viudas de los jueves)
Bueno, Steve, me parece que hay más de una forma de verlo. Yo diría más bien que es como si ambos tuviésemos un vecino rico llamado Xerox y, cuando yo me colé en su casa para robar el televisor, descubrí que ya te lo habías llevado tú.
Walter Isaacson
Lo irreal no es lo opuesto a lo real, sino su lenguaje. Lo banal no es lo contrario de lo profundo, sino su fracaso. Lo trágico no es el reverso de lo cómico, sino su vecino. Lo antiguo no es la negación de lo nuevo, sino su futuro.
Martín Hopenhayn (Asi de Fragil Es La Cosa (Spanish Edition))
La mayoría de las personas trabajan en algo que odian para consumir cosas que no necesitan y poder así impresionar a vecinos que detestan. Y entretanto —para alejarse de su dolor—, tratan de divertirse y de evadirse todo lo que pueden, mientras pueden...
Clay Newman (El prozac de Séneca: Claves para afrontar problemas existenciales con sabiduría (Spanish Edition))
Despertar su lascivia no excitaba la mía. Ni siquiera necesitaba las monedas que me daban. Era como una persona a la que le han robado todo lo que posee y ama y que se vuelve a su vez una ladrona, no para disfrutar de los bienes de sus vecinos, sino para estropearlos.
Sarah Waters (El lustre de la perla)
Se mira en un espejo, se encuentra hermosa. Es la primera vez que lo piensa al verse. Ahora es cierto, porque no hay nadie más que ella para juzgarlo. Ya no tiene que preguntarse qué pensará de ella el vecino de enfrente. Ha borrado del mapa a todos los vecinos de enfrente.
Virginie Despentes (Fóllame)
(...) En cierto momento de la vida, uno descubre que está rodeado de extraños: compañeros de trabajo, clientes, acreedores, vecinos, cuñados. Los amigos de verdad están lejos, probablemente encerrados en círculos parecidos. Algunos empecinados insisten en cultivar amistades nuevas. Los matrimonios maduros se visitan mutuamente y desarrollan pálidas parodias de la amistad verdadera: se cuentan una y otra vez episodios antiguos, vividos con los amigos viejos, que ya no están. Cuando uno es joven no cuenta historias a sus amigos: las vive con ellos.
Alejandro Dolina (Crónicas del Ángel Gris)
Jamás existirá un Estado realmente libre e iluminado hasta cuando ese Estado reconozca al individuo como un poder más alto e independiente, del cual se deriva su propio poder y autoridad y lo trate de acuerdo a ello. Me complace imaginar un Estado que finalmente pueda darse el lujo de ser justo con todos, y que trate al individuo con respecto; más aún, que no llegue a pensar que es inconsistente con su propia tranquilidad si unos cuantos viven separados de él, no mezclándose con él, sin abrazarlo, pero cumpliendo con su obligación de vecinos y compañeros.
Henry David Thoreau (On the Duty of Civil Disobedience)
Ir en contra de la corriente general es algo sumamente incómodo. Puede que la mayoría de las miserias morales e intelectuales se cometan por eso: por no contradecir las ideas de tus patronos, de tus vecinos, de tus amigos. Un pensamiento independiente es un lugar solitario y ventoso.
Rosa Montero (La loca de la casa)
Las dos nos quedamos ahí paradas en la acera, con las manos a nuestros lados, sin saber qué decir. Oigo el aullido de los niños vecinos en los aspersores. Pienso en mí y Melanie cuando éramos más jóvenes, en la plataforma de clavado en la piscina en México. Siempre nos tomábamos de la mano mientras saltábamos, pero en el momento en que nadábamos de vuelta a la superficie, nos habíamos soltado. No importa cuánto tratábamos, una vez que empezábamos a nadar, siempre nos soltábamos. Pero después de que llegábamos a la superficie, nos gustaba salir de la piscina, trepábamos las escaleras de la plataforma, nos agarrábamos las manos, y lo hacíamos de nuevo. Estamos nadando separadas ahora. Lo entiendo. Tal vez es lo que tienes que hacer para mantenerte flotando. ¿Pero quién sabe? Tal vez un día, salgamos, agarremos nuestras manos y saltemos de nuevo.
Gayle Forman (Just One Day (Just One Day, #1))
El deseo de saber algo sobre nuestros vecinos en las inmensas profundidades del espacio no se debe a la curiosidad ociosa ni a la sed de conocimiento, sino a una causa más profunda, y es un sentimiento firmemente arraigado en el corazón de todo ser humano capaz de pensar. NIKOLA TESLA
Michio Kaku (El futuro de la humanidad: La terraformación de Marte, los viajes interestelares, la inmortalidad y nuestro destino más allá de la Tierra (Spanish Edition))
¡Cuánta holgura se logra si no se mira lo que el vecino dijo, hizo o pensó, sino lo que hace uno mismo, para que también esta acción sea justa, santa y conforme con el bien! No observes los malos caracteres, sino lleva adelante tu camino hacia el fin, sin mirar acá ni allá, por los lados.
Marcus Aurelius (Meditaciones (Meditations - Spanish Edition))
Los fundadores, ya se sabe, eran campesinos: gentecita humilde que traía del campo sus costumbres, como rezar el rosario, beber aguardiente, robarle al vecino y matarse por chichiguas con el prójimo en peleas a machete. ¿Qué podía nacer de semejante esplendor humano? Más. Y más y más y más.
Fernando Vallejo (La virgen de los sicarios)
Enzo no dice nada pero su cabeza no hace más que dar vueltas. Ya vuelven a estar con lo mismo, <>, <>, hace semanas que lo escucha por todo el Liceo. Parecen palabras inocentes y, sin embargo, son peligrosas porque en cuanto eres capaz de llamar <> a tu vecino, se te hace fácil llamarlo <>.
Costa Alcalá (Ellos y nosotros (La segunda revolución, #2))
[...] Eso es muy corto, joven; yo os abono que podíais variar bastante el tono. Por ejemplo: Agresivo: «Si en mi cara tuviese tal nariz, me la amputara.» Amistoso: «¿Se baña en vuestro vaso al beber, o un embudo usáis al caso?» Descriptivo: «¿Es un cabo? ¿Una escollera? Mas ¿qué digo? ¡Si es una cordillera!» Curioso: «¿De qué os sirve ese accesorio? ¿De alacena, de caja o de escritorio?» Burlón: «¿Tanto a los pájaros amáis, que en el rostro una alcándara les dais?» Brutal: «¿Podéis fumar sin que el vecino —¡Fuego en la chimenea!— grite?» Fino: «Para colgar las capas y sombreros esa percha muy útil ha de seros.» Solícito: «Compradle una sombrilla: el sol ardiente su color mancilla.» Previsor: «Tal nariz es un exceso: buscad a la cabeza contrapeso.» Dramático: «Evitad riñas y enojos: si os llegara a sangrar, diera un Mar Rojo.» Enfático: «¡Oh nariz!… ¡Qué vendaval te podría resfriar? Sólo el mistral.» Pedantesco: «Aristófanes no cita más que a un ser sólo que con vos compita en ostentar nariz de tanto vuelo: El Hipocampelephantocamelo.» Respetuoso: «Señor, bésoos la mano: digna es vuestra nariz de un soberano.» Ingenuo: «¿De qué hazaña o qué portento en memoria, se alzó este monumento?» Lisonjero: «Nariz como la vuestra es para un perfumista linda muestra.» Lírico: «¿Es una concha? ¿Sois tritón?» Rústico: «¿Eso es nariz o es un melón?» Militar: «Si a un castillo se acomete, aprontad la nariz: ¡terrible ariete!» Práctico: «¿La ponéis en lotería? ¡El premio gordo esa nariz sería!» Y finalmente, a Píramo imitando: «¡Malhadada nariz, que, perturbando del rostro de tu dueño la armonía, te sonroja tu propia villanía!» Algo por el estilo me dijerais si más letras e ingenio vos tuvierais; mas veo que de ingenio, por la traza, tenéis el que tendrá una calabaza y ocho letras tan sólo, a lo que infiero: las que forman el nombre: Majadero. Sobre que, si a la faz de este concurso me hubieseis dirigido tal discurso e, ingenioso, estas flores dedicado, ni una tan sólo hubierais terminado, pues con más gracia yo me las repito y que otro me las diga no permito.
Edmond Rostand (Cyrano de Bergerac)
Yo había estado en otros pueblos de los que me había ido sin parecer un lloricas. Así había sido varias veces: mi madre tenía una nueva plaza, hacíamos el equipaje y nos íbamos, sin más. Viajaba contento y a salvo porque «mi patria», como decía mi padre, cabía «en un utilitario pequeño». No solo es que con cada nuevo destino nos acercáramos más al puñetero Madrid, o sea, a mi padre. Sino que, de algún modo, también sentía que todas las cosas imprescindibles para mi vida estaban en ese coche: mi madre, mis hermanas, mis cosas, mis tebeos. Pero llega una edad en la que te das cuenta de que hay un tam-tam apache que te llama, una edad en la que amplías esa patria que decía papá. O, directamente, la cambias. Y entonces sales y compruebas que las cosas imprescindibles no tienen necesariamente tu sangre, ni tu apellido, ni tu mismo techo, ni el mismo destino que tu madre. Lo de fuera empieza a ganarle terreno a lo de dentro. Tu casa es un espacio borroso como un día de niebla que va desde los caminos hasta las riberas. Tu familia son también los amigos, un tendero cojo, los gatos del vecino. Y las lecciones no son cosa de una maestra, sino de una sorda o de una niña que te cobra un duro por enseñarte el culo.
Pedro Simón (Los ingratos)
En la cadena Starbucks adiestran a sus vendedores de forma mecánica en unas pocas cosas, sobre todo en la preparación de las bebidas, pero el gran concepto de capacitación es orgánico. Le dicen a cada empleado: “De ahora en adelante, tú tienes una sola misión en Starbucks: ser el mejor vecino del barrio”.
Jürgen Klaric (Véndele a la mente, no a la gente)
Pero Ivana, acostumbrada a bregar con estas dificultades, consecuencia nociva de su despampanante belleza, resultó ser exquisita, cuidadosa, delicada, minuciosa, pulcra, primorosa, refinada, distinguida, elegante, impoluta, angelical, detallista, amable, sensible, sumisa, obediente, respetuosa, indefensa y fascinante, para mayor espanto y mortificación de Cecilia, Noelia, Catalina y Azucena y total desconcierto de Andrés Leal, Justice y todo ser humano del género masculino —léase cartero, repartidor de pizzas, compañero de estudios, policía municipal, familiar de alguna de las inquilinas, encuestador o vecino—, que la encontraban arrebatadora.
Mamen Sánchez (Se prohíbe mantener afectos desmedidos en la puerta de la pensión (ESPASA NARRATIVA) (Spanish Edition))
Con la aparición de la escritura empezamos a oír la historia a través de los oídos de sus protagonistas. Cuando los vecinos de Kushim lo llamaban, podían haber gritado realmente «¡Kushim!». Es revelador que el primer nombre registrado en la historia pertenezca a un contable, y no a un profeta, un poeta o un gran conquistador.
Yuval Noah Harari (Sapiens. De animales a dioses: Una breve historia de la humanidad)
Uno de ellos cantaba bajo la ventana del dormitorio; otro posado en la rama mas alta de las lilas; un tercero sobre el reborde del muro. Todos cantaban con una voz estridente, apasionada, vehemente, que parecía que iba a hacerles estallar el corazón, sin cuidarse de la áspera disonancia producida con el canto del pájaro vecino.
Virginia Woolf (Las olas (Spanish Edition))
La verdad es que no nos gustan los nombres. Cuando le pones nombre a algo, le quitas parte de su poder. Se vuelve algo conocido. Nos han llamado muchísimas cosas: los buenos vecinos, los seres mágicos. Los grises, los antiguos, los otros. Espíritus y fantasmas y demonios. En Gentry nunca nos han dado un nombre. Aquí no somos nada.
Brenna Yovanoff (The Replacement)
Un hombre formado según las reglas, jamás producirá nada absurdo y absolutamente malo, así como el que obra con sujeción a las leyes y a la urbanidad nunca puede ser un vecino insoportable ni un gran malvado. Sin embargo, y dígase lo que se quiera, toda regla asfixia los verdaderos sentimientos y destruye la verdadera expresión de la naturaleza.
Johann Wolfgang von Goethe (The Sorrows of Young Werther)
Hagas lo que hagas, habrá cierta benevolencia, al igual que cierta malicia, en el alma de tu paciente. Lo bueno es dirigir la malicia a sus vecinos inmediatos, a los que ve todos los días, y proyectar su benevolencia a la circunferencia remota, a gente que no conoce. Así, la malicia se hace totalmente real y la benevolencia en gran parte imaginaria.
C.S. Lewis (Cartas del Diablo a Su Sobrino (Spanish Edition))
Al lado del depósito, que tiene como entrada una cortina de hierro pintada de verde, está la casa abandonada, en el número 504 de Villarreal, entre Moreno y Ortiz de Rosas. Muchos vecinos pasan inconscientemente más rápido por delante de su portón oxidado; quieren dejarla atrás lo antes posible aunque no se den cuenta. Tratan, también, de no mirarla.
Mariana Enriquez (Nuestra parte de noche)
KATIE: Cuando alguien dice que es una larga historia quiere decir que es una historia corta y tonta de la que no tiene ganas de hablar o que le da demasiada vergüenza contar. ¿Por qué no hablas con él? ROSIE: Porque ya no me importa lo que haga o lo que deje de hacer. Es muy libre de hacer lo que quiera con su vida y yo no tengo nada que ver. Además, no quiere oír lo que tengo que decirle. KATIE: Nuestro vecino Rupert dice: «Los errores son los portales del descubrimiento». ROSIE: Eso no lo dice Rupert. Lo dijo James Joyce. KATIE: ¿James qué? ¿Le conozco? ROSIE: Está muerto. KATIE: Vaya, lo siento, ¿le conocías bien? ROSIE: ¿Qué demonios os enseñan en el colegio? KATIE: Ahora mismo educación sexual. Un aburrimiento mortal.
Cecelia Ahern (Love, Rosie)
equipaje está perdido, sin sus provisiones está perdido, sin sus bases de suministro, está perdido. 12. No podemos entrar en alianzas hasta estar familiarizados con los designios de nuestros vecinos. 13. No se está en condiciones de conducir un ejército en marcha, a menos que se esté familiarizado con cada aspecto del país que se recorre; con sus montañas y sus bosques, sus trampas
Sun Tzu (El Arte de la Guerra. El tratado militar más antiguo (Translated) (Spanish Edition))
Los vecinos se han agolpado a la entrada del edificio. Mujeres más que nada. Observan la ambulancia, con los ojos cuajados de lágrimas. Lloran y quieren enterarse. Se alzan de puntillas. Intentan distinguir lo que ocurre tras el cordón policial, dentro de la ambulancia que ha arrancado con las sirenas a todo volumen. Se susurran información al oído. Ya corre el rumor. Ha sucedido una desgracia a los niños.
Leïla Slimani (The Perfect Nanny)
Quizá los sexos estén más emparentados de lo que se cree y la gran renovación del mundo consistirá, quizá, en que el hombre y la mujer, liberados de todos los sentimientos erróneos y de todas las desganas, no se buscarán como opuestos, sino como hermanos y vecinos; y se realizarán juntos como personas, a fin de llevar conjuntamente, con seriedad y paciencia, el sexo, que es difícil y que les ha sido impuesto.
Rainer Maria Rilke (Letters to a Young Poet)
12 Y dijo también al que le había convidado: Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; para que ellos te vuelvan a convidar, y te sea hecha compensación. 13 Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos, los ciegos; 14 y serás bienaventurado; porque no te pueden pagar; mas te será pagado en la resurrección de los justos.
Russell M. Stendal (Las Sagradas Escrituras (Jubilee Bible 2000))
Los florentinos, que carecían de ejércitos propios, trajeron diez mil franceses para conquistar a Pisa; y esta resolución les hizo correr más peligros de los que corrieran nunca en ninguna época. El emperador de Constantinopla, para ayudar a sus vecinos, puso en Grecia diez mil turcos, los cuales, una vez concluida la guerra, se negaron a volver a su patria; de donde empezó la servidumbre de Grecia bajo el yugo de los infieles.
Niccolò Machiavelli (El Principe)
Mira, Deborah, los vecinos vienen a verme, para consolarme. Pero a pesar de que son muchos y de que todos se estrujan el cerebro, no hallan consuelo para mi situación. Mi corazón aún late. Mis ojos aún ven. Mis miembros aún se mueven. Mis pies aún caminan. Como y bebo, rezo y respiro. Pero mi sangre se paraliza. Mis manos están marchitas. Mi corazón, vacío. Ya no soy Mendel Singer. Soy lo que queda de Mendel Singer. América nos ha matado.
Joseph Roth (Job: Historia de un hombre sencillo)
No puede entenderlo. Aquí se para el tiempo y ninguna noticia importa más que las cosechas de la tierra, la llegada del camión del pescado o las aceitunas la señora milagros. En Serralles el ritmo de la vida se ralentiza y se noblezce, la luz se vuelve dorada y nuestros vecinos que devienen amigos con los que salir a tomar un helado o sentarse en las terrazas de los soportales con un bocadillo de beicon y queso caliente y una cerveza fría.
Mónica Gutiérrez Artero (Todos los veranos del mundo)
Él se había colocado, literalmente, en un alto sitial entre los demonios de la tierra. No lo podéis entender, ¿cómo podríais entenderlo vosotros, que tenéis los pies sobre el sólido pavimento, que estáis rodeados de amables vecinos dispuestos siempre a prestaros ayuda o a caer sobre vosotros, que camináis delicadamente entre el carnicero y el policía, bajo el sagrado terror del escándalo, la horca y los manicomios? ¿Cómo podéis vosotros imaginaros a qué precisa región de los primeros tiempos pueden conducir a un hombre sus pies sin trabas impulsados por la soledad (soledad absoluta, sin un solo policía), por el silencio (silencio absoluto, donde no se oye la voz consejera de amables vecinos susurrando acerca de la opinión pública)? Estas pequeñas cosas son las decisivas. En el momento en que desaparece, uno tiene que recurrir a su propia fuerza innata, a su capacidad de lealtad.
Joseph Conrad (Heart of Darkness)
la pregunta del millón de euros no es si loros y humanos pueden llevar a término sus deseos íntimos: la pregunta es si, para empezar, pueden elegir sus deseos. ¿Por qué quiere el loro una galletita en lugar de un pepino? ¿Por qué decido matar al pesado de mi vecino en lugar de ofrecerle la otra mejilla? ¿Por qué quiero comprar el coche rojo en lugar del negro? ¿Por qué prefiero votar por los conservadores en lugar de hacerlo por el Partido Laborista? No elijo ninguno de estos deseos.
Yuval Noah Harari (Homo Deus: Breve historia del mañana)
Pero Drimus se equivocaba. Ni lo mago que era le alcanzaba para comprender la forma en que aquel continente pensaba y sentía. El ejército de las Tierras Fértiles se dolía en el corazón de tener que abrirse camino entre un montón de carnadas que Drimus le había arrojado. Carnada de vecinos que sería imposible matar sin morirse en un lugar de adentro. Enfrente estaban los Pastores cubriendo con su vida a los sideresios; unos que fueron hermanos estaban cubriendo a los que siempre serían enemigos
Liliana Bodoc (Los días de la sombra (La saga de los confines, #2))
con un cadáver. Quien ha esperado que su vecino terminase de morir para quitarle un cuarto de pan, está, aunque no sea culpa suya, más lejos del hombre pensante que el más zafio pigmeo y el sádico más atroz. Parte de nuestra existencia reside en las almas de quien se nos aproxima: he aquí por qué es no humana la experiencia de quien ha vivido días en que el hombre ha sido una cosa para el hombre. Nosotros tres fuimos en gran parte inmunes, y nos debemos por ello mutua gratitud; es por lo que mi
Primo Levi (Trilogía de Auschwitz)
Había descubierto que muchas cosas acerca de la muerte no te las contaban, y una de las importantes era el tiempo que tus seres queridos tardaban en morir en tu corazón. Es un secreto -pensó Lisey-, y así debe ser, porque ¿quién querría acercarse a otra persona sabiendo lo difícil que resultaría prescindir de ella? En tu corazón, los seres queridos mueren muy despacio ¿verdad? Como una planta cuando te vas de viaje y olvidas pedirle al vecino que pase de vez en cuando con la regadera, y es tan triste...
Stephen King (Lisey's Story)
Se podría hacer una lista muy larga Desde jugar a los médicos o a la gallina ciega Pasando por la lengua extranjera y el juego De cada uno su agujero, agujero común, agujero del vecino. Sería fastidioso y nada nuevo. Es mucho más espiritual coger unos pinceles Y dar alquitrán a una inmensa alfombra persa, Luego cortar a un hombre en pequeños pedazos, Cortar a una mujer en pequeños pedazos Y hacer un hermafrodita Con los pedacitos juiciosamente reunidos. El alquitrán era para no estropear la alfombra Que estaría mojada de sangre.
Boris Vian
Después vendrán las lágrimas de un niño que no entiende por qué toda la maldad del mundo ha tenido que coincidir en su casa; que no entiende el daño que puede hacer una cometa; un niño que se pregunta cuántos golpes caben en un cuerpo; un niño que, en pleno huracán del sinsentido aún sonríe al recordar el rato que ha pasado con su vecino. El mismo que continuará escuchando el infierno desde su lado, el mismo hombre que se preguntará cómo es posible que sea tan complicado adoptar un niño y en cambio cualquier malnacido pueda ser padre.
Eloy Moreno (El regalo)
Con la virtud de la humildad, como con todas las demás, nuestro Enemigo quiere apartar la atención del hombre de sí mismo y dirigirla hacia Él, y hacia los vecinos del hombre. Todo el abatimiento y el autoodio están diseñados, a la larga, sólo para este fin; a menos que alcancen este fin, nos hacen poco, daño, e incluso pueden beneficiarnos si mantienen al hombre preocupado consigo mismo; sobre todo, su autodesprecio puede convertirse en el punto de partida del desprecio a los demás y, por tanto, del pesimismo, del cinismo y de la crueldad.
C.S. Lewis (The Screwtape Letters)
El drama del desencantado …el drama del desencantado que se arrojó a la calle desde el décimo piso, y a medida que caía iba viendo a través de las ventanas la intimidad de sus vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la escalera común, de modo que en el instante de reventarse contra el pavimento de la calle había cambiado por completo su concepción del mundo, y había llegado a la conclusión de que aquella vida que abandonaba para siempre por la puerta falsa valía la pena de ser vivida.
Gabriel García Márquez
En una palabra, todas las cosas buenas son salvajes y libres. Hay algo en unos acordes musicales, sean producidos por un instrumento o por la voz humana —por ejemplo, el sonido de una corneta en una noche de verano— que por su salvajismo, hablando sin ánimo de ironizar, me recuerda a las voces que profieren los animales salvajes en sus bosques originarios. Puedo entender mucha de su naturalidad. Dadme por amigos y vecinos hombres salvajes, no hombres domesticados. La naturaleza de un salvaje no es sino un pálido símbolo de la terrible ferocidad que conocen los hombres buenos y los amantes.
Henry David Thoreau
Sin embargo, el dinero tiene un lado todavía más oscuro. Si bien el dinero compra la confianza universal entre extraños, esta confianza no se invierte en humanos, comunidades o valores sagrados, sino en el propio dinero y en los sistemas impersonales que lo respaldan. No confiamos en el extraño, ni en el vecino de la puerta de al lado: confiamos en la moneda que sostienen. Si se les acaban las monedas, se nos acaba la confianza. Mientras el dinero hace caer los diques de la comunidad, la religión y el Estado, el mundo se encuentra en peligro de convertirse en un mercado enorme y despiadado.
Yuval Noah Harari (Sapiens. De animales a dioses: Una breve historia de la humanidad)
Los madrileños se han puesto a levantar barricadas. Cada uno hace la suya a su gusto y según su concepto particular de la estrategia. Los vecinos de cada calle tienen a orgullo que su barricada sea la mejor de todo el barrio. Como cada cual concibe la guerra como un asunto privado y todos creen que la gran batalla para el aniquilamiento del fascismo internacional tendrá lugar a la puerta de su casa, se prescinde alegremente de toda consideración general y las barricadas cortan arbitrariamente la circulación, impidiendo el paso de camiones y retardando los movimientos de tropa y los suministros.
Manuel Chaves Nogales
La putada de un sistema de bienestar es que la gente no tiene conciencia social. [...] Yo estoy de acuerdo contigo en que no estamos educados para vivir en una democracia con derechos social, porque eso incluye necesariamente la solidaridad social, que la tenemos. Que todo hijo de vecino, cuando le llega la nómina, lo primero que piensa es "Estos cabrones están quedándose con mi sueldo". ¿O no? ¿O no lo pensáis vosotros? ¿Y esi sabéis por qué lo pensamos? Porque no estamos educados para cuidar lo público, porque sólo nos han enseñado a cuidar lo privado... Que no tenemos ni puta idea de lo que significa "conciencia social".
Mara Torres (La vida imaginaria)
fue entonces cuando Towarowski (un francopolaco de veintitrés años, con tifus) propuso a los otros enfermos que cada uno de ellos nos diese una rebanada de pan a los tres que trabajábamos, y su proposición fue aceptada. Sólo un día antes un acontecimiento semejante habría sido inconcebible. La ley del Lager decía: «Come tu pan y, si puedes, el de tu vecino», y no dejaba lugar a la gratitud. Quería decir que el Lager había muerto. Fue aquél el primer gesto humano que se produjo entre nosotros. Creo que se podría fijar en aquel momento el principio del proceso mediante el cual nosotros, los que no estábamos muertos, de Häftlinge empezamos
Primo Levi (Trilogía de Auschwitz)
En tales extremos de soledad, nadie podía esperar la ayuda de su vecino; cada uno seguía solo con su preocupación. Si alguien, por casualidad, intentaba hacer confidencias o decir algo de sus sentimientos, la respuesta que recibía le hería casi siempre. Entonces se daba cuenta de que él y su interlocutor hablaban cada uno de una cosa distinta. Uno, en efecto, hablaba desde el fondo de largas horas pasadas rumiando el sufrimiento, y la imagen que quería comunicar estaba cocida al fuego lento de la espera y de la pasión. El otro, por el contrario, imaginaba una emoción convencional, uno de esos dolores baratos, una de esa melancolías de serie.
Albert Camus (The Plague)
En el fondo, la conquista no sólo es el origen, es también el fin supremo de todos los Estados grandes o pequeños, poderosos o débiles, despóticos o liberales, monárquicos o aristocráticos, democráticos y socialistas también, suponiendo que el ideal de los socialistas alemanes, el de un gran Estado comunista, se realice alguna vez. Que ella fue el punto de partida de todos los Estados, antiguos y modernos, no podrá ser puesto en duda por nadie, puesto que cada página de la historia universal lo prueba suficientemente. Nadie negará tampoco que los grandes Estados actuales tienen por objeto, más o menos confesado, la conquista. Pero los Estados medianos y sobre todo los pequeños, se dirá, no piensan más que en defenderse y sería ridículo por su parte soñar en la conquista. Todo lo ridículo que se quiera, pero sin embargo es su sueño, como el sueño del más pequeño campesino propietario es redondear sus tierras en detrimento del vecino; redondearse, crecer, conquistar a cualquier precio y siempre, es una tendencia fatalmente inherente a todo Estado, cualquiera que sea su extensión, su debilidad o su fuerza, porque es una necesidad de su naturaleza. ¿Qué es el Estado si no es la organización del poder? Pero está en la naturaleza de todo poder la imposibilidad de soportar un superior o un igual, pues el poder no tiene otro objeto que la dominación, y la dominación no es real más que cuando le está sometido todo lo que la obstaculiza; ningún poder tolera otro más que cuando está obligado a ello, es decir, cuando se siente impotente para destruirlo o derribarlo. El solo hecho de un poder igual es una negación de su principio y una amenaza perpetua contra su existencia; porque es una manifestación y una prueba de su impotencia. Por consiguiente, entre todos los Estados que existen uno junto al otro, la guerra es permanente y su paz no es más que una tregua. Está en la naturaleza del Estado el presentarse tanto con relación a sí mismo como frente a sus súbditos, como el objeto absoluto. Servir a su prosperidad, a su grandeza, a su poder, esa es la virtud suprema del patriotismo. El Estado no reconoce otra, todo lo que le sirve es bueno, todo lo que es contrario a sus intereses es declarado criminal; tal es la moral de los Estados. Es por eso que la moral política ha sido en todo tiempo, no sólo extraña, sino absolutamente contraria a la moral humana. Esa contradicción es una consecuencia inevitable de su principio: no siendo el Estado más que una parte, se coloca y se impone como el todo; ignora el derecho de todo lo que, no siendo él mismo, se encuentra fuera de él, y cuando puede, sin peligro, lo viola. El Estado es la negación de la humanidad.
Mikhail Bakunin (God and the State)
Por lo general espero sin saber qué espero ni si aquello vendrá algún día. Sospecho que a mis vecinos les para lo mismo, porque se les nota en lo profundo de los ojos, aunque estén sonrientes y me den los buenos días con amabilidad. hay otros que no esconden esa espera incierta en los ojos, y diría que son los únicos realmente felices. Pero son pocos. Los demás y yo nos hemos acostumbrado a vivir en esa espera, y la recordamos a veces en aquellas tardes tranquilas, cuando nos reconocemos en un suspiro como eternos esperadores de algo que no sabemos qué es, pero que aguardamos con un anhelo tan grande que termina siendo aquello que nos hace levantarnos todas las mañanas
Andrés Montero (La muerte viene estilando)
mujer, y con mis hijos, y con mis amigos; mis ejercicios son el de la caza y pesca, pero no mantengo ni halcón ni galgos, sino algún perdigón manso, o algún hurón atrevido. Tengo hasta seis docenas de libros, cuáles de romance y cuáles de latín, de historia algunos y de devoción otros; los de caballerías aún no han entrado por los umbrales de mis puertas. Hojeo más los que son profanos que los devotos, como sean de honesto entretenimiento, que deleiten con el lenguaje y admiren y suspendan con la invención, puesto que déstos hay muy pocos en España. Alguna vez como con mis vecinos y amigos, y muchas veces los convido; son mis convites limpios y aseados, y no nada escasos;
Miguel de Cervantes Saavedra (Don Quijote)
...y su vecino de mesa, el del hundido pecho y los hombros caídos. Le veía cómo se volvía, cómo fingía mirar hacia otro lado; luego, de nuevo, cómo volvía la cabeza por encima del hombro, mirando bizco y con el labio superior encogido en una expresión lamentable. Le veía palidecer y bajar los ojos, luego alzar la mirada a pesar de todo y mirar ávidamente cuando la puerta vidriera se cerraba y Madame Cauchat se dirigía hacia su sitio. Y algunas veces vio al desgraciado detenerse, después de la comida, entre la salida y la mesa de los rusos bien, para dejar paso a Madame Cauchat cerca de él y devorarla de cerca con los ojos, con unos ojos tristes hasta el fondo del alma, mientras que ella no se preocupaba para nada de él.
Thomas Mann (The Magic Mountain)
Escuchar es casi escribir. Pero pregunto: ¿Cómo puede uno guardar lo que ha encontrado cuando ese hallazgo es un instante de plenitud? La verdadera relación con otro ser humano es jubilosa porque ha logrado romper la trinchera del miedo. Pienso que guardar esa emoción podría ser dañino. No es sólo una responsabilidad, sino también un asunto de vida o muerte. ¿Cómo seguir viviendo aislado cuando uno conoce al vecino y sabe, además, que vive tan solo como uno? Más aún: ¿Cómo no comunicarle que uno existe? ¿Cómo no mandarle un papelito diciéndole: "aquí estoy"? Eso es escribir. Se tiene miedo de escribir porque se tiene miedo de escuchar, porque se tiene miedo de vivir. Quizá por eso son más seguros los conceptos y los prejuicios.
Alfredo Molano Bravo
Yo había crecido en el convencimiento de que aquella lenta procesión de la posguerra, un mundo de quietud, miseria y rencores velados, era tan natural como el agua del grifo, y que aquella tristeza muda que sangraba por las paredes de la ciudad herida era el verdadero rostro de su alma. Una de las trampas de la infancia es que no hace falta comprender algo para sentirlo. Para cuando la razón es capaz de entender lo sucedido, las heridas en el corazón ya son demasiado profundas. Aquella noche primeriza de verano, caminando por ese anochecer oscuro y traicionero de Barcelona, no conseguía borrar de mi pensamiento el relato de Clara en torno a la desaparición de su padre. En mimundo, la muerte era una mano anónima e incomprensible, un vendedor a domicilio que se llevaba madres, mendigos o vecinos nonagenarios como si se tratase de una lotería del infierno. La idea de que la muerte pudiera caminar a mi lado, con rostro humano y corazón envenenado de odio, luciendo uniforme o gabardina, que hiciese cola en el cine, riese en los bares o llevase a los niños de paseo al parque de la Ciudadela por la mañana y por la tarde hiciese desaparecer a alguien en las mazmorras del castillo de Montjuïc, o en una fosa común sin nombre ni ceremonial, no me cabía en la cabeza. Dándole vueltas, se me ocurrió que tal vez aquel universo de cartón piedra que yo daba porbueno no fuese más que un decorado. En aquellos años robados, el fin de la infancia, como la Renfe, llegaba cuando llegaba.
Carlos Ruiz Zafón
Hay un proverbio budista. Un granjero pierde su valioso caballo. Su vecino va a visitarlo para compadecerse por su mala suerte, pero el granjero se encoge de hombros: quién sabe si perderlo ha sido mala suerte o no. Al día siguiente, el caballo regresa. Con él vienen doce caballos salvajes. El vecino le felicita por la excelente noticia, pero el granjero se encoge de hombros. Poco después, el hijo del granjero se cae de uno de esos caballos salvajes mientras lo está adiestrando. Se rompe una pierna. El vecino le transmite sus condolencias. El granjero se encoge de hombros. Quién sabe. El país se declara en guerra y el ejército acude al pueblo para reclutar a todos los jóvenes disponibles. El hijo del granjero queda exento debido a su pierna rota. Qué maravilla, dice el vecino. Y, de nuevo, el granjero se encoge de hombros. Quizá.
Maria Konnikova (El gran farol)
pesar de todos los avances tecnológicos y el aumento de la expectativa de vida, hay una fragilidad extraordinaria en nuestra generación. Colapsamos fácilmente, nuestros matrimonios se desbaratan y somos rápidos para ofendernos. En nuestro mundo obsesionado con la celebridad, el escape a la muerte y anestesiado contra el dolor, necesitamos que se nos recuerde que es normal tener dificultades, enfermarnos, experimentar problemas financieros y enfrentar el rompimiento de relaciones. Jesús nos promete: “Ustedes tendrán tribulación” (Juan 16:33), pero no muchos de nosotros pegamos ese versículo en nuestro refrigerador. Al contrario, cuando encontramos dificultades, nos sentimos traicionados. Preguntamos: ¿por qué yo? Como si esas cosas no acosaran al seguidor de Cristo. Como si fuéramos inmunes a las enfermedades que afligen a nuestros vecinos.
Pete Greig (Cuando Dios guarda silencio: Capte el silencio de una oración no contestada (Spanish Edition))
Así como el practicante de meditación se asombra de advertir cuán poco alerta está en su vida cuotidiana, lo primero que descubre cuando comienza a cuestionar el yo no es la carencia de ego sino su total egocentrismo. Constantemente pensamos, sentimos y actuamos como si tuviéramos un yo que proteger y preservar. La menor intrusión en el territorio del yo (la astilla en el dedo, el vecino bullicioso) despierta temor y furia. La menor esperanza de exaltación del yo (ganancia, elogio, fama, placer) despierta codicia y afán. Todo indicio de que una situción es irrelevante para el yo (aguardar un autobús, meditar) provoca aburrimiento. Tales impulsos son instintivos, automáticos, ubicuos y poderosos. En la vida cotidiana los damos por sentados. Los impulsos por cierto están allí y acontecen constantemente, ¿pero qué sentido tienen a los ojos del practicante inquisitivo? ¿Qué clase de yo respalda tales actitudes?
Francisco Varela Garcia (De cuerpo presente. Las ciencias cognitivas y la experiencia humana)
A VECES LA MAÑANA AYUDA Hace tiempo que ando escribiendo una crónica que llevaría el título "No siempre la mañana ayuda". Y hasta tenía el comienzo apuntado en un papel por ahí, a toda prisa, sobre la mesa del despacho. Empieza así: "Al salir de la casa y tropezar con el rostro del sol(antiguamente lo representábamos así, con una amplia sonrisa y los ojos alegres, con una cabellera de rayos resplandecientes), deberíamos caer de rodillas, ofrecer cualquier cosa al culto pagano de la luz y sentir después el mundo conquistado. Pero todos tenemos otra cosa que hacer". Y saldría uno por ahí fuera a ahuyentar la melancolía, a justificar el título, en definitiva. Algo me ha impedido continuar. Y sé que hoy no voy a concluir una prosa que me enfrentaría al lector. Y es que, sin esperarlo, se despertó en mi memoria un caso acontecido entre dos hombres, un caso que viene a demostrar que, a veces, la mañana ayuda, sí señor. Vamos, pues, con la historia. Imagine el lector un vagón de tren. Lleno. El día no es ni feo ni bonito: tiene algo de sol, unas nubes que lo cubren, y hay una brisa cortante allá afuera. Los viajeros van callados, hacen todos unos gestos involuntarios al albur del traqueteo. Unos leen periódicos, otros se ausentan hacia un país silencioso y sólo habitado por pensamientos ocultos e indefinidos. Hay una gran indiferencia en la atmósfera, y el sol, al descubrirse, ilumina un escenario de rostros apagados. Entonces, el hombre más(pero muy lejos deser un adolescente), que está sentado junto a la ventanilla, empieza a tararear en sordina una vaga canción. Quizá no tenga motivos especiales de contento, pero, en aquella hora, la necesidad de cantar es irresistible. Todo cuanto acude a su memoria sirve. Y va tan absorto en su pura y gratuita alegría que ni siquiera repara en que el vecino de asiento se muestra ofendido y esboza esos movimientos elocuentes que sustituyen a las palabras cuando no hay valor para pronunciarlas. Frente al hombre que canta, hay un viejo. Éste desde que salió anda rumiando problemas que lo atormentan. Es muy viejo, y está enfermo. Ha dormido mal. Sabe que va a tener un día difícil. Y detrás de él una voz deshilacha canciones, badabádabá, notas de música, de un modo impreciso pero obstinadamente vivo y afirmativo. El sol sique jugando al escondite. Y el mar, que súbitamente aparece se puebla de islas de sombra entre grandes lagos de plata fundida. A lo lejos, la ciudad se diluye en humo y niebla seca. Silenciosa, a aquella distancia, tiene un aire de fatalidad y resignación, como un cuerpo que ha renunciado a vivir y se extingue lentamente. Es grande el peligro de que la melancolía triunfe definitivamente. Pero el hombre insiste. Ya no es posible identificar al que canta. Ahora sale de su boca un flujo de armonía, un lenguaje que ha desistido de la articulación coherente para penetrarse mejor de la sustancia de la música. Esto acabrá sin duda con un grito irreprimible de alegría, con indignación y escandalo de los viajeros. Ocurrió, sin embargo, que la ciudad llegó de repente. Se abrieron las puertas, la gente se precipitó, empujándose, olvidándose unos de otros. El hombre se levanta, murmurando aún algo. Sigue a lo largo del andén, va a lo suyo, con su música. Y, de pronto, alguien lo coge del brazo. El viejo está a su lado, se juraría que tiene los ojos húmedos, y dice: "Gracias. Yo venía preocupado y triste. Cuando lo oí cantar sentí una gran paz, y durante todo el camino vine pidiéndole a Dios que siguiera usted cantando. Muchas gracias". El hombre de las canciones sonrió, primero con embarazo, luego como si fuera el amo del mundo. Se separaron. Y fue cada uno a su trabajo, con la música que era de los dos.
José Saramago (Las maletas del viajero)
Una especie de pérdida Usados en común: estaciones del año, libros y una música. Las llaves, los boles de té, la panera, sabanas y una cama. Un ajuar de palabras, de gestos, traídos, empleados, gastados. Un reglamento de casa observado. Dicho. Hecho. Y siempre alargada la mano. De inviernos, de un septeto vienés y de vernos me he enamorado. De mapas, de un poblacho de montañas, de una paya y de una cama. Con fechas he hecho un culto, promesas he declarado irrevocables, he adorado un algo y he sido devota delante de una nada, (-de un periódico he doblado, de las cenizas frías, del papel con un apunte) impávida ante la religión, porque la iglesia era esta cama. De la vista de un lago surgió mi pintura inagotable. Desde el balcón había que saludar a los pueblos, mis vecinos. Junto al fuego de la chimenea, en la seguridad, mi cabello tenía su color más intenso. La llamada a la puerta era alarma para mi alegría. No te he perdido a ti, sino al mundo.
Ingeborg Bachmann (Últimos poemas)
En esos momentos desearía creer que existe algún tipo de vida después de la muerte, y que en otro universo, tal vez en un pequeño planeta rojo donde no tenemos piernas sino colas, donde chapoteamos por la atmósfera como focas y el aire, compuesto de trillones de moléculas de proteínas y azúcar, es nuestro alimento, y todo lo que hay que hacer para seguir vivo y sano es abrir la boca e inhalar, tal vez estáis los dos juntos. O tal vez él está aún más cerca y es ese gato gris que se sienta en el alféizar de la ventana de nuestros vecinos y ronronea cuando alargo la mano para tocarlo; tal vez es el cachorro que tira de la correa de otro de mis vecinos, o el niño de dos años que vi correr por la plaza hace un par de meses gritando regocijado mientras sus padres resoplaban detrás de él, o esa flor que se ha abierto de pronto en el rododendro que había dado por muerto; tal vez es esa nube, esa ola, esa lluvia, esa niebla. De modo que intento ser amable con todo lo que veo y en todo lo que veo lo veo a él.
Hanya Yanagihara (A Little Life)
Obviamente, parte de la respuesta se basa en las diferencias entre las instituciones humanas. La evidencia más clara de este punto de vista procede algunas parejas de países que comparten esencialmente un mismo entorno pero disponen de instituciones muy distintas y, asociado a ello, diferentes cifras de PNB per cápita. Cuatro ejemplos flagrantes de esta realidad son los que se derivan de comparar Corea del Sur con Corea del Norte, la antigua Alemania Occidental con la antigua Alemania Oriental, la República Dominicana con Haití e Israel con sus vecinos árabes. Entre las muchas “instituciones saludables” a las que se suele invocar para explicar la mayor riqueza de los países nombrados en primer lugar de cada una de las parejas anteriores, se encuentran la eficacia del imperio de la Ley, el respeto a los contratos, la protección del derecho a la propiedad privada, la ausencia de corrupción, la baja tasa de criminalidad, la apertura al comercio y los flujos de capital, los incentivos a las inversiones, etc.
jared diamante (Guns, Germs, and Steel: The Fates of Human Societies)
¡La laguna de Flint! Nuestra nomenclatura es pobre. ¿Qué derecho tenía el sucio y estúpido granjero, cuya granja lindaba con esta agua celestial, a darle su nombre tras haber desnudado sin piedad sus riberas? No es para mi el nombre de un avaro que prefería la resplandeciente superficie de un dólar o de un centavo nuevo, en la que podía ver su propia cara dura; que consideraba intrusos a los mismos patos salvajes que anidaban allí y cuyos dedos habían crecido hasta convertirse en garras curvas y callosas por el hábito de agarrar las cosas como una arpía. No voy allí a ver ni a oír hablar de alguien que nunca ha 'visto' (palabra enfatizada en cursiva) la laguna, ni se ha bañado en ella, ni la ha amado, ni protegido, ni pronunciado una palabra a su favor, ni agradecido a Dios que la creara. Démosle más bien el nombre de los peces que nadan en ella, de las aves salvajes o los cuadrúpedos que la frecuentan, de las flores silvestres que crecen en sus orillas o de algún hombre o niño salvaje cuya historia se haya entretejido con la de la laguna, no el de aquel que no podría mostrar otro título que el hecho de que otro vecino de mentalidad semejante o la cámara legislativa se lo hayan otorgado a él, que sólo pensaba en su valor monetario y cuya presencia ha sido nefasta para la orilla, que esquilmó la tierra a su alrededor y habría agotado el agua, que lamentaba que no fuera una pradera de heno inglés o de arándanos. A su parecer, nada había que salvar en la laguna y la habría drenado y venido por el légamo del fondo. La laguna no movía su molino ni era, para él, un privilegio contemplarla. No respeto su trabajo ni su granja, donde todo está tasado. Ese hombre sería capaz de llevar el paisaje y a su Dios y al mercado si pudiera obtener algo a cambio; su Dios es el mercado, por eso va allí; nada crece libremente en su granja: sus campos no dan cosechas, sus prados no dan flores, sus árboles no dan fruto, sino dólares. No ama la belleza de sus frutos; sus frutos no están maduros para él hasta que se convierten en dólares.
Henry David Thoreau (Walden or, Life in the Woods)
Todo le pertenecía, pero eso qué importaba. Lo importante era saber a quién pertenecía él, cuántas potencias de la oscuridad reclamaban su posesión. Esa era la reflexión que me estremecía. Era imposible -ni siquiera era conveniente- imaginárselo. Se había ganado un destacado lugar entre los demonios de esta tierra -y lo digo literalmente-. Pero ustedes no podrían entenderlo. ¿Cómo iban a entenderlo? Ustedes, con un sólido asfalto bajo sus pies, rodeados de amables vecinos dispuestos a saludarles o a quejarse por cualquier cosa; ustedes, que pasean cómodamente entre el carnicero y el policía, que viven rodeados del sagrado terror al escándalo y a la horca y a los sanitarios psiquiátricos; cómo pueden ustedes imaginar a qué regiones de la edad primigenia pueden llevar a un hombre sus pies libres de ataduras por medio de la soledad -de la verdadera soledad, sin policías., por medio del silencio -un silencio profundo, en el que no puede oírse la voz de un amable vecino que en susurros te pone al corriente de las habladurías-.
Joseph Conrad (Heart of Darkness)
Díjele que entre nosotros existía una sociedad de hombres educados desde su juventud en el arte de probar con palabras multiplicadas al efecto que lo blanco es negro y lo negro es blanco, según para lo que se les paga. El resto de las gentes son esclavas de esta sociedad. Por ejemplo: si mi vecino quiere mi vaca, asalaria un abogado que pruebe que debe quitarme la vaca. Entonces yo tengo que asalariar otro para que defienda mi derecho, pues va contra todas las reglas de la ley que se permita a nadie hablar por si mismo. Ahora bien; en este caso, yo, que soy el propietario legítimo, tengo dos desventajas. La primera es que, como mi abogado se ha ejercitado casi desde su cuna en defender la falsedad, cuando quiere abogar por la justicia -oficio que no le es natural- lo hace siempre con gran torpeza, si no con mala fe. La segunda desventaja es que mi abogado debe proceder con gran precaución, pues de otro modo le reprenderán los jueces y le aborrecerán sus colegas, como a quien degrada el ejercicio de la ley. No tengo, pues, sino dos medios para defender mi vaca. El primero es ganarme al abogado de mi adversario con un estipendio doble, que le haga traicionar a su cliente insinuando que la justicia está de su parte. El segundo procedimiento es que mi abogado dé a mi causa tanta apariencia de injusticia como le sea posible, reconociendo que la vaca pertenece a mi adversario; y esto, si se hace diestramente, conquistará sin duda, el favor del tribunal. Ahora debe saber su señoría que estos jueces son las personas designadas para decidir en todos los litigios sobre propiedad, así como para entender en todas las acusaciones contra criminales, y que se los saca de entre los abogados más hábiles cuando se han hecho viejos o perezosos; y como durante toda su vida se han inclinado en contra de la verdad y de la equidad, es para ellos tan necesario favorecer el fraude, el perjurio y la vejación, que yo he sabido de varios que prefirieron rechazar un pingüe soborno de la parte a que asistía la justicia a injuriar a la Facultad haciendo cosa impropia de la naturaleza de su oficio. Es máxima entre estos abogados que cualquier cosa que se haya hecho ya antes puede volver a hacerse legalmente, y, por lo tanto, tienen cuidado especial en guardar memoria de todas las determinaciones anteriormente tomadas contra la justicia común y contra la razón corriente de la Humanidad. Las exhiben, bajo el nombre de precedentes, como autoridades para justificar las opiniones más inicuas, y los jueces no dejan nunca de fallar de conformidad con ellas. Cuando defienden una causa evitan diligentemente todo lo que sea entrar en los fundamentos de ella; pero se detienen, alborotadores, violentos y fatigosos, sobre todas las circunstancias que no hacen al caso. En el antes mencionado, por ejemplo, no procurarán nunca averiguar qué derechos o títulos tiene mi adversario sobre mi vaca; pero discutirán si dicha vaca es colorada o negra, si tiene los cuernos largos o cortos, si el campo donde la llevo a pastar es redondo o cuadrado, si se la ordeña dentro o fuera de casa, a qué enfermedades está sujeta y otros puntos análogos. Después de lo cual consultarán precedentes, aplazarán la causa una vez y otra, y a los diez, o los veinte, o los treinta años, se llegará a la conclusión. Asimismo debe consignarse que esta sociedad tiene una jerigonza y jerga particular para su uso, que ninguno de los demás mortales puede entender, y en la cual están escritas todas las leyes, que los abogados se cuidan muy especialmente de multiplicar. Con lo que han conseguido confundir totalmente la esencia misma de la verdad y la mentira, la razón y la sinrazón, de tal modo que se tardará treinta años en decidir si el campo que me han dejado mis antecesores de seis generaciones me pertenece a mí o pertenece a un extraño que está a trescientas millas de distancia.
Jonathan Swift (Los viajes de Gulliver)
Habían aparecido pintadas en las paredes. Una de tantas: TXATO TXIBATO. Por la rima, supongo, pero el caso es difamar y meter miedo. Fulano hace un poco, mengano hace otro poco y, cuando ocurre la desgracia que han provocado entre todos, ninguno se siente responsable porque, total, yo solo pinté, yo solo revelé dónde vivía, yo solo le dije unas palabras que igual ofenden, pero, oye, son solo palabras, ruidos momentáneos en el aire. De la noche a la mañana mucha gente del pueblo empezó a negarles el saludo. ¿El saludo? Eso es mucho pedir. Hasta la mirada les negaban. AHabían aparecido pintadas en las paredes. Una de tantas: TXATO TXIBATO. Por la rima, supongo, pero el caso es difamar y meter miedo. Fulano hace un poco, mengano hace otro poco y, cuando ocurre la desgracia que han provocado entre todos, ninguno se siente responsable porque, total, yo solo pinté, yo solo revelé dónde vivía, yo solo le dije unas palabras que igual ofenden, pero, oye, son solo palabras, ruidos momentáneos en el aire. De la noche a la mañana mucha gente del pueblo empezó a negarles el saludo. ¿El saludo? Eso es mucho pedir. Hasta la mirada les negaban. Amigos de toda la vida, vecinos, también algunos niños. ¿Qué sabrán los inocentes? Pero, claro, en casa escuchan las conversaciones de sus padres
Fernando Aramburu (Patria)
Singapur sigue siendo «puerto libre, abierto sin discriminación al comercio con cualquier país». En los demás aspectos es una isla desprovista de recursos, e incluso de buenas playas. Sus tres millones y medio de habitantes no tienen la renta per cápita más alta de Asia, y una de las más altas del mundo, porque exploten petróleo, gas natural, yacimientos minerales, piedras preciosas, tierras fértiles o cualquier don análogo del suelo o el subsuelo. Riquezas de esa índole caracterizan a países vecinos que a pesar de ello resultan pobres o misérrimos, pues lo propio de Singapur es —como repiten sus folletos oficiales de turismo— «capital humano», esto es: diligencia, fiabilidad, renovación. Carece de cocoteros y petróleo, aunque tiene la manufactura final de los productos del coco (conocidos genéricamente como copra), la mayor refinería de la zona, industria electrónica e informática, un avanzado sistema bancario y hasta un foco de ingeniería financiera. Ejecutivos, comerciantes y empleados dan constantes muestras de flexibilidad, como si no les costase lo más mínimo adaptarse a las veleidosas irregularidades del mercado. Los hoteles, por ejemplo, varían de tarifa por días y hasta por horas, en estrecha correlación con la demanda, semejantes a las fluctuaciones de una Bolsa.
Antonio Escohotado (Sesenta semanas en el trópico: Viajes por el planeta exterior)
ASIGNATURAS OBLIGATORIAS: Astronomia: Centrado en planetas o derivados: El principito. El principito sale de su planeta huyendo de su Rosa, descubriendo y aprendiendo de los demas planetas. Historia de la magia: Sombra y Hueso. Alina Starkov no espera mucho de la vid hasta que un dìa descubre que es una grisha y su mundo cambia completamente. Defensa contra las artes oscuras: Wolfsong. Ox es un chico timido e introvertido que pierde a su padre pero crea un lazo particular con sus nuevos vecinos, los Bennet pero no todo es lo que parece y con ello vienen los problemas. Herbologìa: El dìa que el oceano te mire a los ojos. Aurora tenìa la vida perfecta junto al mar, hasta que descubre que su marido le es infiel y ella tiene una enfermedad que va a acabar con su vida en poco tiempo. Vuelo: De la tierra a la luna. Despues de que el gun-club se quedara sin guerras belicas en el horizonte, se someten al aburrimiento absoluto; por eso, un dia se les ocurre la maravillosa idea de crear un cohete a la luna. Pociones: Y el mundo gira. La amistad de dos amigos se complica cuando el amor y la muerte se cruza en el medio. transformaciones: ravensong. Nos encontramos con la continuacion de la manada Bennet. Encantamientos: looking for Alaska. Miles decide ir a un internado para buscar su Gran Quiza.
John Green (Looking for Alaska)
Cuando Adam Smith se sentaba a cenar, pensaba que si tenía la comida en la mesa no era porque les cayera bien al carnicero y al panadero, sino porque estos perseguían sus propios intereses por medio del comercio. Era, por tanto, el interés propio el que le servía la cena. Sin embargo, ¿era así realmente? ¿Quién le preparaba, a la hora de la verdad, ese filete a Adam Smith? Adam Smith nunca se casó. El padre de la ciencia económica vivió la mayor parte de su vida con su madre,[13] que se encargaba de la casa mientras un primo gestionaba sus finanzas. Cuando Smith ocupó el puesto de director de aduanas en Edimburgo, su madre se mudó a vivir con él. Toda su vida se dedicó a cuidar de su hijo; a la hora de responder a la pregunta de cómo llegamos a tener nuestra comida en la mesa, ella es la parte que Adam Smith pasó por alto. En la época en la que Adam Smith escribió sus teorías, para que el carnicero, el panadero y el cervecero pudieran ir a trabajar, era condición sine qua non que sus esposas, madres o hermanas dedicaran hora tras hora y día tras día al cuidado de los niños, la limpieza del hogar, preparar la comida, lavar la ropa, servir de paño de lágrimas y discutir con los vecinos. Se mire por donde se mire, el mercado se basa siempre en otro tipo de economía. Una economía que rara vez tenemos en cuenta. La
Katrine Marçal (¿Quién le hacía la cena a Adam Smith?: Una historia de las mujeres y la economía)
Había una vez, una chica que hablaba con la luna. Y ella era misteriosa y perfecta, de la forma en que lo son las chicas que hablan con la luna. En la casa de al lado, vivía un chico. Y el chico observaba a la chica volverse más y más perfecta, y más y más hermosa con cada año que pasaba. Él la veía observar la luna. Y comenzó a preguntarse si la luna le ayudaría a desentrañar el misterio de la hermosa chica. Así que el chico miró hacia el cielo. Pero no podía concentrarse en la luna. Estaba demasiado distraído por las estrellas. Y no importaba cuántas canciones o poemas hubiera escrito ya sobre ellas, cada vez que él pensaba en la chica, las estrellas resplandecían más brillantes. Como si fuera ella quien las mantenía iluminadas. Un día, el chico tuvo que mudarse. No podía llevarse a la chica con él, así que se llevó las estrellas. Cada vez que miraba por la ventana en la noche, comenzaría con una. Una estrella. Y el chico le pediría un deseo, y el deseo sería su nombre. Ante el sonido de su nombre, una segunda estrella aparecería. Y entonces él desearía su nombre otra vez, y las estrellas se duplicarían en cuatro. Y cuatro se convertirían en ocho, y las ocho en dieciséis, y así sucesivamente, en la mayor ecuación matemática que el universo jamás había visto. Y para el momento en que una hora había transcurrido, el cielo estaría iluminado de tantas estrellas que despertaría a sus vecinos. La gente se preguntaba quién había encendido los focos. El chico lo hizo. Al pensar en la chica.
Stephanie Perkins (Lola and the Boy Next Door (Anna and the French Kiss, #2))
Mientras tanto, un general venido de allende los mares impone a los habitantes de Weimar la obligación de desfilar ante los crematorios del vecino campo de concentración y declara –¿quién se atreverá a decir injustamente?– que la responsabilidad de aquellos crímenes ahora descubiertos alcanza también a unos ciudadanos que se ocupaban de sus quehaceres bajo todas las apariencias de la honorabilidad y no trataban de averiguar nada a pesar de que el viento había de traer hasta sus narices el hedor de la carne humana quemada. Les declara culpables y les obliga a fijar sus ojos en aquella monstruosidad. Bien está que así sea –y yo me sumo a ellos en espíritu, desfilo con ellos en sus filas silenciosas o estremecidas–. La cámara de tormento de espesos muros en que Alemania había quedado convertida por obra y gracia de un poder indigno, condenado desde un principio a la más completa esterilidad, está ahora abierta de par en par y nuestra ignominiosa deshonra se ofrece a los ojos del mundo, de las comisiones extranjeras que por doquier descubren semejantes horrores y tienen misión de informar a sus gobiernos y a sus pueblos. Lo que ven supera en horror a cuanto pudo concebir la imaginación humana. Hablo de nuestra deshonra, de nuestra ignominia. ¿Es acaso pura hipocondría decirse que todo lo alemán, incluso el espíritu alemán, el pensamiento alemán, la palabra alemana, se encuentran manchados y puestos en entredicho por esta deshonrosa exhibición? ¿Es acaso signo de susceptibilidad enfermiza preguntarse cómo podrá en el porvenir «Alemania», bajo cualquiera de sus formas, tomarse la libertad de intervenir en las cosas humanas?
Thomas Mann (Doktor Faustus)
Su versatilidad como experimentador y hombre habilidoso en diferentes terrenos era sorprendente. En su madriguera o estudio, había pilas enormes compuestas por capas estratificadas con muestras de diez o doce entretenimientos creativos: acuarelas, esculturas, fotografías, vidrieras, grecas, linternas gráficas e iluminaciones medievales. He heredado, o acaso he imitado, su hábito de dibujar, pero en todos los otros aspectos soy decididamente un patoso. Se decía que en su juventud había estudiado arte para ser un profesional, pero obviamente el negocio familiar era más seguro, y su vida siguió un camino de cierta prudencia satisfecha y desprendida, extraordinariamente típica de él, de su familia y de su generación. Jamás se le ocurrió sacar provecho económico de su talento para las artes plásticas ni utilizarlo para nada que no fuese su propio placer y el nuestro. A nosotros, él nos parecía, por supuesto, el Hombre de la llave dorada, un mago que abría las verjas de los castillos de los duendes y los sepulcros de los héroes muertos, con lo que no era incongruente llamar linterna mágica a su linterna. Sin embargo, durante todos aquellos años, el mundo, e incluso los vecinos de al lado, le tenían por un hombre de negocios digno de confianza y capaz, pero desprovisto de ambición. Fue una magnífica primera lección en lo que también es la última lección de la vida: en todo lo importante, el interior es mucho mayor que el exterior. En resumen, me alegro de que nunca fuese un artista. Ello podría haberle impedido ser un amateur. Podría haber estropeado su carrera, su carrera personal. Nunca habría conseguido un vulgar éxito en las miles de cosas que con tanto éxito hacía.
G.K. Chesterton (The Autobiography of G.K. Chesterton)
En consecuencia, se abandonaron los poderes olfativos humanos. Las áreas del cerebro que hace decenas de millones de años probablemente se ocupaban de los olores se pusieron a trabajar en tareas más urgentes, como la lectura, las matemáticas y el razonamiento abstracto. El sistema prefiere que nuestras neuronas resuelvan ecuaciones diferenciales a que huelan a nuestros vecinos.[5] Lo mismo ocurrió con el resto de nuestros sentidos, y con la capacidad subyacente de prestar atención a nuestras sensaciones. Los antiguos cazadores-recolectores fueron siempre sagaces y atentos. Mientras deambulaban por el bosque en busca de setas, olisqueaban minuciosamente el viento y observaban detenidamente el suelo. Cuando encontraban una seta, la comían con la máxima atención, al tanto de cualquier pequeño matiz en el sabor que pudiera distinguir una seta comestible de su pariente venenosa. Los miembros de las sociedades opulentas actuales no necesitan este conocimiento tan diligente. Podemos ir al supermercado y comprar cualquiera de los 1.000 productos alimentarios diferentes, cada uno de los cuales ha sido supervisado por las autoridades sanitarias. Pero sea lo que sea que elijamos (pizza italiana o fideos tailandeses), es probable que lo comamos apresuradamente sentados frente al televisor, sin apenas prestar atención a su sabor (razón por la que los productores de alimentos inventan constantemente nuevos sabores excitantes, que de alguna manera podrían atravesar el telón de la indiferencia). De forma parecida, cuando vamos de vacaciones podemos elegir entre miles de destinos asombrosos. Pero, una vez allí, es probable que nos dediquemos a jugar con nuestros teléfonos inteligentes en lugar de conocer de verdad el lugar. Tenemos más donde elegir que nunca, pero, al margen de lo que escojamos, hemos perdido la capacidad de prestarle verdadera atención.[6] Además de oler y prestar atención, también hemos perdido la capacidad de soñar.
Yuval Noah Harari (Homo Deus: Breve historia del mañana)
La vida empezó a hacerse dura para Marius. Comerse la ropa y el reloj no significaba nada. Se vio reducido a esa situación inexplicable que se llama comerse los codos, algo terrible que se traduce en días sin pan, noches sin sueños y sin luz, hogar sin fuego, semanas sin trabajo, porvenir sin esperanza; la levita rota en los codos, el sombrero viejo y raído, que hace reír a las jóvenes; la puerta cerrada de noche, porque no se paga a la patrona; la insolencia del portero y del bodegonero, la burla de los vecinos, las humillaciones, la dignidad ultrajada; el trabajo de cualquier clase, aceptado; los disgustos, la amargura, el abatimiento. Marius aprendió a devorarlo todo, y a no tener para devorar más que estas cosas. En ese momento de la existencia en que el hombre tiene necesidad de orgullo, porque tiene necesidad de amor, se vio despreciado, porque iba mal vestido, y se sintió ridículo, porque era pobre. A la edad en que la juventud hincha el corazón con imperial altivez, posó más de una vez los ojos en las botas agujereadas y conoció las injustas afrentas, el punzante bochorno de la miseria. Admirable y terrible prueba, de la cual los débiles salen infames y los fuertes, sublimes. Crisol donde el destino arroja a un hombre muchas veces, cuando quiere hacer de él un ser despreciable o un semidiós. Porque hay muchas acciones grandes en estas pequeñas luchas. El valor tenaz e ignorado, que se defiende palmo a palmo en la sombra, contra la fatal invasión de las necesidades y de la ignominia. Nobles y misteriosos triunfos que ninguna mirada ve, que ninguna fama recompensa, que ningún aplauso saluda. La vida, la desgracia, el aislamiento, el abandono, y la pobreza son campos de batalla que tienen sus héroes, héroes oscuros, es verdad, pero a veces más grandes que los héroes ilustres. Hay naturalezas firmes y raras, que han sido creadas así; la miseria, casi siempre madrastra, es algunas veces madre, la desnudez engendra en ocasiones el vigor del alma y del corazón; la miseria suele ser nodriza de la grandeza; la desgracia es una buena leche para los magnánimos.
Victor Hugo (Les Misérables)
Es indudable y evidente que no son cristianos si creemos lo que ha dicho el Señor: los cristianos viven en santidad, ellos viven en iniquidad; los cristianos aman a Dios, ellos aman al mundo; los cristianos son humildes, ellos son orgullosos; los cristianos son amables, ellos son impulsivos; los cristianos tienen el sentir que hubo también en Cristo Jesús,19 ellos están muy lejos de alcanzarlo. Por lo tanto son tan cristianos como son arcángeles. Sin embargo, creen que lo son y pueden presentar numerosas razones para probarlo. En primer lugar, durante toda su vida los han llamado así, y fueron bautizados hace muchos años; han adoptado «las ideas cristianas», comúnmente llamadas fe cristiana o católica; usan «formas de culto cristianas», como lo hicieron sus padres antes que ellos, y, finalmente, viven una «buena vida cristiana» al igual que el resto de sus vecinos. ¿Quién, entonces, se atreverá a pensar o decir que estas personas no son cristianas? Sin embargo, no tienen un ápice de auténtica fe en Cristo o de verdadera santidad interior. ¡Jamás han experimentado el amor de Dios o fueron hechos partícipes del Espíritu Santo!20 17. ¡Pobre gente! No hacen otra cosa que engañarse a sí mismos. Ustedes no son cristianos; son entusiastas en grado sumo. Me podrán decir: «Médico, cúrate a ti mismo».21 De acuerdo, pero primero deben conocer qué enfermedad tienen. Toda su vida se reduce al entusiasmo, en el sentido de que viven imaginando que recibieron la gracia de Dios cuando no es así. Como consecuencia de este tremendo error, continúan equivocándose día tras día, hablando y actuando bajo una apariencia que en verdad no les pertenece. De aquí surge esa incoherencia tan palpable y visible que atraviesa todas sus acciones, y que es una extraña mezcla de paganismo real y cristianismo imaginario. Sin embargo, como tienen a la gran mayoría de su lado, guiándose por los números siempre podrán argumentar que son las únicas personas en su sano juicio, y que son dementes quienes no compartan sus ideas. Pero esto no altera la verdadera naturaleza de las cosas. Ante los ojos de Dios y de sus ángeles, y aun ante los hijos de Dios en la tierra, ustedes no son otra cosa que dementes, entusiastas nada más.
Justo L. González (Obras de Wesley, Tomo I-II)
Cuando se fundó el Estado de Israel, en 1948, todos mis amigos judíos estaban felices; yo fui el aguafiestas. Les advertí: —Estamos construyendo un gueto nosotros mismos. Estaremos rodeados por decenas de millones de musulmanes que nunca perdonarán, nunca olvidarán y nunca desaparecerán. Estaba en lo cierto, sobre todo cuando resultó que los árabes estaban asentados en la mayor parte de los abastecimientos petrolíferos del mundo. Así que las naciones del mundo, que necesitaban el petróleo, pensaron que era diplomático ser pro-árabe. (Si el tema de las reservas petrolíferas se hubiese conocido antes, estoy convencido de que Israel no se habría creado.) Pero ¿no merecemos los judíos una patria? En realidad, creo que a ningún grupo humano le conviene pertenecer a una “patria” en el sentido habitual de la palabra. La Tierra no debería estar dividida en cientos de secciones diferentes, cada una habitada por un solo segmento autodefinido de la humanidad que considera que su propio bienestar y su propia “seguridad nacional” están por encima de cualquier otra consideración. Soy partidario de la diversidad cultural y me gustaría que cada grupo identificable valorara su patrimonio cultural. Por ejemplo, soy un patriota de Nueva York y si viviera en Los Ángeles me encantaría reunirme con otros neoyorquinos expatriados y cantar Give My Regards to Broadway. No obstante, este tipo de sentimientos deben ser culturales y benignos. Estoy en contra de ello si cada grupo desprecia a los demás y aspira a destruirlos. Estoy en contra de dar armas a cada pequeño grupo autodefinido con las que reforzar su propio orgullo y sus prejuicios. La Tierra se enfrenta en la actualidad a problemas medioambientales que amenazan con la inminente destrucción de la civilización y con el final del planeta como un lugar habitable. La humanidad no se pude permitir desperdiciar sus recursos financieros y emocionales en peleas interminables y sin sentido entre los diversos grupos. Debe haber un sentido de lo global en el que todo el mundo se una para resolver los problemas reales a los que nos enfrentamos todos. ¿Se puede hacer esto? La pregunta equivale a: ¿puede sobrevivir la humanidad? Por tanto, no soy sionista porque no creo en las naciones y porque los sionistas lo único que hacen es crear una nación más para dar lugar a más conflictos. Crean su nación para tener “derechos”, “exigencias” y “seguridad nacional” y para sentir que deben protegerla de sus vecinos. ¡No hay naciones! Sólo existe la humanidad. Y si no llegamos a entender esto pronto, las naciones desaparecerán, porque no existirá la humanidad.
Isaac Asimov
El Aprendiz tartamudeó: —Brinsley Sheridan Cooper, del Setenta y ocho, señor. Harlan casi experimentó cierta simpatía por el muchacho. Solo diecisiete Siglos de distancia del suyo propio. Eran casi unos vecinos en el Tiempo.
Isaac Asimov (El fin de la eternidad)
Una vieja historia de confianza relata cómo dos hermanos de siete y cinco años de edad quedaron atrapados en un incendio en un momento en el que su mamá, irresponsablemente, se había ausentado de casa. No se dieron cuenta del peligro hasta que las llamas llegaron a la puerta de su dormitorio. De alguna manera consiguieron abrir el seguro de la ventana, desenganchar la pesada escalera de emergencia y descolgarse por ella hasta la seguridad de la calle. Cuando los vecinos y curiosos preguntaron cómo dos niños tan pequeños habían conseguido realizar semejante proeza, el jefe de bomberos no dudó en su respuesta: «Lo consiguieron porque no había ningún adulto que les dijera que no iban a ser capaces de hacerlo solos».
Álvaro Bilbao (El cerebro del niño explicado a los padres)
La paradoja de nuestro tiempo en la historia es que: Tenemos edificios más altos pero temperamentos más cortos, 
autopistas más anchas, pero puntos de vista más estrechos. Gastamos más pero tenemos menos, 
compramos más, pero gozamos menos. Tenemos casas más grandes y familias más pequeñas, 
más conveniencias, pero menos tiempo. Tenemos más grados pero menos sentido, 
más conocimiento, pero menos juicio, 
más expertos, sin embargo más problemas,
más medicina, pero menos bienestar. Bebemos demasiado, fumamos demasiado, gastamos muy imprudentemente, reímos muy poco, 
manejamos demasiado rápido, nos ponemos demasiado irritados, nos estamos hasta muy tarde en la noche, nos levantamos demasiado cansados, 
leemos muy poco, miramos demasiada TV, y rezamos muy rara vez. Hemos multiplicado nuestras posesiones, pero reducido nuestros valores. Hablamos demasiado, amamos muy rara vez, y odiamos muy a menudo. Hemos aprendido cómo ganarnos la vida, pero no cómo hacer una vida. Hemos adicionado años a la vida pero no vida a los años. Hemos ido todo el camino a la luna y de regreso, pero tenemos problema para cruzar la calle para conocer a un nuevo vecino. Hemos conquistado el espacio exterior pero no el espacio interior. Hemos hecho grandes cosas, pero no mejores cosas. Hemos limpiado el aire, pero contaminado el alma. Hemos conquistado el átomo, pero no nuestros prejuicios. Escribimos más, pero aprendemos menos. Planeamos más, pero logramos menos. Hemos aprendido a ir de prisa, pero no a esperar. Construimos más computadores para tener información, para producir más copias que siempre, pero comunicamos menos y menos. Hay los tiempos de comidas rápidas y de baja digestión, de hombrotes y mujerzotas pero de carácter pequeño, ganancias empinadas y relaciones superficiales. Éstos son los días de dos ingresos pero más divorcios, 
casas más extravagantes, pero hogares rotos. Éstos son los días de viajes rápidos, pañales desechables, moralidad desechable, 
encuentros amorosos de una sola noche, cuerpos con sobrepeso, y pastillas que hacen de todo, desde animar, a aquietar, a matar. Es un tiempo cuando hay mucho en la vidriera del mostrador y nada en el almacén. Un tiempo cuando la tecnología puede traer esta carta a ustedes, y un tiempo cuando ustedes puede escoger ya sea compartir este entendimiento, o sólo pulsar borrar. Recuerden, gasten algún tiempo con sus seres queridos, porque ellos no van a estar ahí por siempre. Recuerden decir una palabra amable a alguien quien los mira maravillado,
porque esa personita crecerá y dejará de estar a su lado. Recuerden dar un caluroso abrazo a alguien cercano a ustedes, porque es ése el único tesoro que pueden dar con el corazón y no cuesta un centavo. Recuerden decir “te amo” a su pareja y a sus seres queridos, pero principalmente, háganlo con intención. Un beso y un abrazo repararán heridas cuando viene de muy adentro de ustedes. Recuerden cogerse de las manos y compartan el momento porque algún día esa persona no estará allí de nuevo. ¡Dense tiempo para amar, dense tiempo para hablar! Y dense tiempo para compartir los preciosos pensamientos de su mente. Y siempre recuerden: “La vida no es medida por el número de alientos que tomamos, sino por los momentos que nos quitan el aliento.
George Carlin
Y, aun así, los obreros son muy pocos. ¿Por qué? Porque tratamos la increíble autoridad de Jesucristo como si fuera la autoridad de un maestro de deportes en un colegio o de un guarda de seguridad en un centro comercial. Porque tratamos este evangelio transformador como si ofreciera solo algunas sugerencias para una vida más saludable y exitosa, y no como lo único que puede salvar vidas. Porque tomamos la simple instrucción de enseñar a otros lo que Jesús dice y, en lugar de ello, hacemos de nuestra misión cristiana el ser buenos vecinos, buenos empleados y, Dios mediante, buenos esposos y padres algún día.
Marshall Segal (Soltero por ahora: La búsqueda del gozo en la soltería y el noviazgo (Spanish Edition))
Uno no toma prestado el código del vecino.
Gilles Deleuze (Pintura: El Concepto de Diagrama)
De los informes de los testigos visuales, podemos imaginarnos el espectáculo que ofrecía la cámara de gas cuando se cerraban las puertas. Entre las torturas de sus sufrimientos, los condenados trataban de treparse uno encima del otro. Durante su agonía, habia quienes clavaban las uñas en la carne de sus vecinos, Por regla general, los cadáveres estaban tan apretados y entremezclados que era imposible separarlos.Los técnicos alemanes inventaron unas pértigas provistas de ganchos en su extremo, que se clavaban en la carne de los cadáveres para extraerlos.
Olga Lengyel (Los hornos de Hitler (Spanish Edition) by Olga Lengyel (2013-02-28))
ELENA ARNAO: "En 'Aquí no hay quien viva' no había guapos y fue un exitazo. Porque el público no se fija en los guapos, se fija en que los personajes le atraigan, y se vean identificados de alguna manera, o que vea reflejado a su vecino. A mí mucha gente me decía que le gustaba mucho 'Aquí no hay quien viva' porque las reuniones de vecinos eran así. Eso gustaba al público, se identificaba con sus vidas.
Javier P. Martín (Aquí no hay quien viva: Detrás de las cámaras: la delirante historia de esta nuestra comunidad)
Si otras Inquisiciones actuaron en Europa, a veces más severamente que en España, ¿por qué entonces la fama de la nuestra? Porque en Europa la Inquisición no duró tanto. Mientras que nuestros vecinos de continente suprimieron sus tribunales religiosos a lo largo del siglo XVII, España, parece mentira, mantuvo el suyo hasta el siglo XIX.
Juan Eslava Galán (Historia de España contada para escépticos (Historia para escépticos) (Spanish Edition))
Con la primera hora de ensayo tratando de sacarles a la fuerza una nota se me encharcaban los pulmones, y los vecinos empezaban a protestar contra la pared a patadas. Tal vez porque nos habíamos mudado al intolerante barrio de Laureles, donde se creen ricos… «Vendo casa barata motivo saxofón» anunció alguno, y a las once de la noche, hora perfecta para estudiar por su frescura, llamaban a la policía, y me interrumpían mi solo de trompeta con sordina con una bola de tombos. No entendían los desdichados que para que resulte un buen músico hay que sacrificar cien vecinos.
Fernando Vallejo (Los días azules (Spanish Edition))
Pero cual fue mi desdicha de que aquel hombre Santo no sólo ya sabía que sería torturado, repudiado, humillado y crucificado, sino que además lo aceptaba. Entonces comprendí. Lo que Dios ha escrito, el hombre NO lo puede deshacer. Mis visiones se fueron cumpliendo… todas. Las muertes de mis familiares, vecinos y de aquellos que conocía o me importaban.
J.S. Ortega (La maldición de Cristo)
Los caídos suspenden el ser que se pone a no ser en una ciudad larga. ... En su lecho vestido, pregonero del plomo, lo sin pecado, todo crecido en un valle donde hay cobardía. ... Las criaturas de la mente salen de su guarida con huecos. En el viaje es costumbre saludar a los vecinos en la humillación.
Juan Gelman
si la nación que necesita el recurso depende en un alto grado de él y no existen proveedores alternativos, el poder de mercado que tiene el proveedor le convierte en un monopolista que puede utilizar esa circunstancia para obtener ventajas: por ejemplo, la de invadir un país vecino sin miedo a sufrir ningún tipo de represalias.
Óscar Vara (El porvenir del Viejo Mundo: Desafíos y oportunidades geopolíticas de Europa (Ariel) (Spanish Edition))
Todo empezó un jueves a las 7:23 am, tiempo de México, y esa misma tarde mi pasillo estaba lleno de vecinos zombificados, con exnovio incluido. Y digo exnovio no por insensible; simplemente supongo que todo esto es motivo suficiente para considerar que nuestra relación ha terminado.
Raquel Castro (El ataque de los zombis [Parte mil quinientos])
—¡Aquí estoy! ¡Vamos! ¡No me asusta la muerte! Dos veces me han detenido y los vecinos les explican a los agentes que hace poco me quedé viudo y que me estoy enloqueciendo. Tal vez sí. Tal vez ya no distingo qué es real y qué no. Morir me parece una buena solución. Es como salir por la puerta de emergencia en medio de un incendio.
Mario Mendoza (Bitácora del Naufragio)
capacidad de sentir la vida, en el amplio sentido de la palabra, no es una enfermedad frente a la cual hay que crear inmunidad: es salud física y mental. Puedes dejarte llevar sin límites cuando haces el amor (aullar si se te ocurre), volar con tu música preferida hasta las cinco de la mañana (sin molestar al vecino), llorar frente a La Piedad de Miguel Ángel, gritar en una película de terror, darle una patada al automóvil porque te dejó en media vía por quinta vez, abrazar efusivamente a un amigo, decirle setenta veces “te quiero” a la mujer o al hombre que amas, aplaudir a rabiar tu concierto preferido o sentir nostalgia frente a la foto de un familiar que se ha ido para siempre. Puedes sentir lo que se te dé la gana, si no violas los derechos de las otras personas, si no te hace daño y si eso te hace feliz, aunque a unos cuantos constipados emocionales no les agrade y te censuren por ello. Paso
Walter Riso (Guía práctica para mejorar la autoestima: 24 pasos para enamorarte de ti y mejorar tu autoestima. Por Walter Riso. (Guías prácticas de Walter Riso))
La verdad es que los costos de explorar y explotar petróleo en la selva peruana son relativamente altos cuando se los compara con los de nuestros vecinos
Carlos E. Paredes Lanatta (La tragedia de las empresas sin dueño: El caso Petroperú (Spanish Edition))
Principalmente, hablaban de las calles de la ciudad. Rumores, curiosidades e historias. No fue hasta ahora, que había sido alejada de su arquitectura, aroma y sonidos, que Vess comprendió el profundo cariño que le tenía a esa jungla de edificios. Esa ciudad y su encanto los conectaba. Durante ese tiempo, Vess descubrió como Áster se fascinaba por las historias y extraños hábitos de sus vecinos de arriba. De una forma extraña, vivía a través de ellos y las biografías que lograba amarse en su cabeza.
Jean Paul Vizuete (Nombres en el Silencio)
¿Qué será más útil: hablar de los asuntos y de los defectos de los vecinos, y andar con vana curiosidad inquiriendo las cosas ajenas, o más bien tratar de los ángeles y de lo tocante a nuestra propia utilidad? Al fin y al cabo lo del vecino para nada te toca, mientras que lo del Cielo es propio tuyo.
John Chrysostom (Homilías sobre el Evangelio según San Juan (Spanish Edition))
Voltaire hablaba del derecho de los ciudadanos a expresar su opinión y a hacer la crítica del poder. A eso se le llama libertad de expresión. Sin embargo, la manera en que le hables a tu vecino no entra en esa categoría. Ahí hay siempre una frontera natural: el Otro. En todo lo que digas, en todo lo que hagas, has de tener en cuenta al Otro. Naturalmente que puedes ignorarlo, pero eso tiene sus consecuencias. Una de las más comunes es la hostilidad, el odio y, en algún momento, incluso la guerra. Y que te ocultes detrás de Voltaire, no ayuda.
Theodor Kallifatides (Otra vida por vivir)
Lo único que no perdimos, pensé, es la capacidad para el sufrimiento. El sufrimiento nos sale bien. Pero es un sufrimiento silenciosísimo. No molestamos a nuestros vecinos con él. Nos desplomamos, pero nos desplomamos con la mayor disciplina imaginable. Así somos. Sin duda, así somos. Desplomadores disciplinados.
Alfred Hayes (In Love)
Afuera, en el mundo real, la gente está atrapada en aislamientos preventivos, cuarentenas y toques de queda. La verdad es que ya nada me importa. Le he dicho a esa presencia que se los llevó que venga por mí también, que me mate, que termine su trabajo. No respeto las normas, salgo a la hora que me da la gana sin tapabocas, no me desinfecto, no me lavo las manos. He visitado a unos vecinos enfermos de coronavirus con la secreta ilusión de que me contagien. Los ayudo, les llevo comida, los abrazo. Nada, sino sano. Recorro la ciudad en las horas de la noche y grito como un alucinado hasta que me duela la garganta: - ¡Aquí estoy! ¡Vamos! ¡No me asusta la muerte! Dos veces me han detenido y los vecinos les explican a los agentes que hace poco me quedé viudo y que me estoy enloqueciendo. Tal vez sí. Tal vez ya no distingo qué es real y qué no. Morir me parece una buena solución. Es como salir por la puerta de emergencia en medio de un incendio. Si no logro contagiarme buscaré la forma de irme por mano propia. Eso es. Si la presencia quiere dejarme atrás, los alcanzaré a mi manera
Mario Mendoza (Bitácora del Naufragio)
para acabar como esos tontos de mediana edad que cuidaban de sus setos y miraban hacia el vecino para ver si tenía más signos de opulencia que él.
Karl Ove Knausgård (Bailando en la oscuridad (Mi lucha, #4))
Un beneficio secundario de mantener un estilo de vida por debajo de lo que podríamos permitirnos es evitar la continua comezón psicológica de querer estar a la altura de tus vecinos.
Morgan Housel (Cómo piensan los ricos: 18 claves imperecederas sobre riqueza y felicidad)
No hay extraño, sólo vecino. Todos familia, no hay extranjero.
Abhijit Naskar (Visvavatan: 100 Demilitarization Sonnets)
Para nosotros es justo lo que deseamos y falso lo que desean nuestros vecinos. Es una doctrina muy simple que hace la vida fácil y la diplomacia cómoda, y no difiere gran cosa, a mi modo de ver, de la teología de los llanos porque, por lo que tengo entendido, los dioses de los llanos estiman justo lo que desean
Mika Waltari (Sinuhé, el egipcio (Spanish Edition))
Cuando el pastor encuentra a la oveja extraviada, no la abruma con reproches y lamentos. Le nace la alegría, una alegría tan grande que necesita compartirla con amigos y vecinos. Dios es así. Goza perdonando, no condenando. Como el pastor cura las heridas de la recién encontrada, Dios cura nuestras heridas acogiéndonos y perdonándonos. «Padre, voy a darte la mayor de las alegrías: perdóname».
Juan María Uriarte (Palabras de vida para el ministerio. La espiritualidad apostólica según el Nuevo Testamento)
Hubo un momento hacia el final de la tarde, cuando ya todo el mundo estaba yéndose a la Plaza de Bolívar, que un par de imbéciles de mejor familia le gritaron «¡no tengo plata, amigo!», «¡vaya pues a trabajar!», «¡subversivo de mierda!», «¡agradezca más bien que su ejército lo cuida!». Nunca los había visto por allí. Iba a olvidarlos, por la gracia del Señor, en un par de horas. Y, sin embargo, perdió el control por unos cuantos minutos porque conocía de memoria aquella raza de ciegos a la desgracia de los vecinos, de petulantes, de ociosos, de caritativos, de rateros de cuello blanco, de rezanderos que llegan a misa de siete armados hasta los dientes, de muchachitos repletos de amor propio comprado con tarjeta de crédito por sus papás, de negacionistas de una guerra que según ellos es una fantasía de izquierda, de malparidos que pasan de afán junto a los harapos porque el mundo es así, de alérgicos a las primeras planas de los periódicos nacionales, de convencidos desde muy niñitos de que el pobre es pobre porque quiere, de defensores de la sinvergüencería de los comandantes que ordenan bombardeos y ráfagas caiga quien caiga, de babosos, de traidores bilingües que cambian de acera cuando ven venir a un desmoralizado, de buhoneros de cosas inútiles e invisibles que pueden buscarse en las redes sociales, de silbadores del himno que levantan el pulgar cuando se cruzan con alguna cuadrilla de soldados que algún día serán traicionados por sus superiores, de repugnados que están convencidos de que las víctimas quieren vivir gratis de la gente que ha luchado tanto para salir adelante, de verdaderos profesionales en relativizar el horror que están viviendo en las tierras calientes del país, de vengadores de la clase media convencidos hasta la médula de que decirles verdades e insultar a los poderosos son actos terroristas, de herederos de una victoria por los siglos de los siglos que habrá de convertirse en derrota a la vuelta de la esquina, de señoritos perfumados desde la cabeza hasta los pies no vaya y sea que se les pegue la miseria.
Ricardo Silva Romero (El libro del duelo)
En consecuencia, muchos de nuestros amigos y vecinos siguen profesando la fe en Dios, pero esa profesión está cada vez más vacía de cualquier autoridad moral o contenido intelectual serio.
R. Albert Mohler Jr. (La tormenta que se avecina: Secularismo, cultura e Iglesia (Spanish Edition))
Trató de concentrarse en lo que decía el locutor de la televisión. Sus labios no habían dejado de moverse, pero de ellos salían palabras incomprensibles. Nada tenía sentido. La señora Song se puso a gritar. —¿Cómo vamos a vivir? ¿Qué vamos a hacer sin nuestro mariscal? —Las palabras le salían a borbotones. Su marido fue incapaz de reaccionar. Estaba sentado mirando al vacío, pálido e inmóvil. Ella no podía estar quieta. Rebosaba adrenalina. Bajó corriendo la escalera del edificio y salió al patio. Muchos vecinos habían hecho lo mismo. Estaban todos de rodillas, dándose cabezazos contra el pavimento. Sus lamentos desgarraban el aire.
Barbara Demick (Querido líder: La vida cotidiana en Corea del Norte)
Mataron al Txato, una tarde de lluvia, a pocos metros del portal de su casa. Y el cura, menudo pájaro, le insistía a Bittori para que el funeral se celebrara en San Sebastián. ¿Y eso? No, es que allí irá más gente. Y ella, que ni hablar, que somos del pueblo, nos bautizaron en el pueblo, nos casaron en el pueblo y en el pueblo han matado a mi marido. El cura cedió. Se ofició el funeral, sonaron las campanas a muerto, había pocos vecinos de la localidad en la iglesia, algunos políticos del espectro constitucionalista, algunos parientes venidos ex profeso y poco más. ¿Empleados de la empresa? Ninguno. En la homilía, ni una palabra sobre el atentado. Trágico suceso que a todos nos conmociona. Y a Arantxa no la vio, pero Xabier dice que estaba por los bancos del fondo con su marido. No se acercaron a dar el pésame, pero allí estaban, no como otros. Y eso Bittori tampoco lo olvida
Fernando Aramburu (Patria)
La vida carecía de sentido y saberlo me atosigaba como a cualquier vecino de un callejón sin salida.
David Trueba (Queridos niños)
Entonces recordó las palabras de su abuelo paterno y lamentó no haberle hecho caso: «La hierba siempre parece más verde en el jardín del vecino»
Grupo de Facebook LLEC (40 Relatos de Terror: Libro benéfico (Hospital Amic de la Fundación Sant Joan de Déu) (Spanish Edition))
Hace años , todos los actuales vecinos de la comunidad tenían que madrugar porque había mucho que hacer y el día tenía un número limitado de horas. Ahora madrugan porque hay mucho que hacer y la vida tiene un número limitado de días
Richard Osman (The Thursday Murder Club (Thursday Murder Club, #1))
Jennifer Williams, quien acababa de mudarse a un nuevo barrio, contó que se tomó el trabajo de conocer a sus nuevos vecinos, hablar con ellos, averiguar a qué se dedicaban y aprender los nombres de sus hijos y mascotas. En consecuencia, los vecinos comenzaron a relacionarse entre sí. Un vecino le comentó: «Vaya, antes de que llegaras, apenas si nos hablábamos, no nos conocíamos y, por las noches, jamás habríamos salido a sentarnos fuera de casa a conversar y socializar. ¡Tú vives aquí desde hace menos de dos meses y ya nos conoces a todos!» Jennifer dice que eso se debe a que «las personas desean sentirse enlazadas, sentir que forman parte de algo».
John C. Maxwell (El poder de las relaciones: Lo que distingue a la gente altamente efectiva (Spanish Edition))
Rafael Celaya Iturgáiz había nacido en Bilbao. Era alto y espigado, de cabello castaño y rebelde, ojos redondos y cejas pobladas. Tenía catorce años y viajaba con su hermano Joaquín, de cuatro. Su padre fue minero y estuvo afiliado a la CNT. Había fallecido seis meses antes luchando en las filas del frente republicano. La mayoría de los vecinos de su barrio habían inscrito a sus hijos para sacarlos fuera de España, y aunque su madre tenía serias dudas sobre si hacer lo mismo con sus dos únicos hijos, Rafael la había animado a hacerlo. Iba a ser una estancia corta, de solo unos meses hasta que terminara la guerra.
Mercedes Guerrero (El baile de las marionetas)
caballo. El amable vecino
Janette Oke (El amor llega suavemente (Spanish Edition))
Quién, quién, por qué? ¿A quién se le había ocurrido que durante las navidades había que regalar cosas? ¿Quién había empezado la tradición, a quién había que matar?
Nina Klein (Mi Vecino Santa Claus)
el pirronismo de acera del que hace gala la criatura menos dogmática: la mujer pública. Desprendida de todo y abierta a todo; compartiendo el humor y las ideas del cliente; cambiando de tono y de rostro en cada ocasión; dispuesta a ser triste o alegre, permaneciendo indiferente; prodigando los suspiros por interés comercial; lanzando sobre los esfuerzos de su vecino superpuesto y sincero una mirada lúcida y falsa, propone al espíritu un modelo de comportamiento que rivaliza con el de los sabios. Carecer de convicciones respecto a los hombres y a uno mismo: tal es la elevada enseñanza de la prostitución, academia ambulante de lucidez cuando, a ejemplo suyo, se ha especializado en la sonrisa fatigada, cuando los hombres no son para él sino clientes, y las aceras del mundo, el mercado donde vende su amargura, como sus compañeras su cuerpo.
Emil M. Cioran
arar la tierra sobre la que caminaba. Lo hacía temprano, antes de que saliese el sol, para labrarla cuando aún estaba bañada por el rocío, y todavía no había sido agitada por el calor del día ni amasada por los pies de sus vecinos. Sabía que la tierra hay que labrarla cuando está serena. Ella no se preocupaba de sembrar, tan digna fecundación se lo dejaba a los frutos caídos de los árboles;
Nazareth Castellanos (Neurociencia del cuerpo)
Uno debe saber cuál es su lugar en esta vida y luchar por mejorarlo en vez de mirar al jardín del vecino.
Mikel Santiago (Historia de un crimen perfecto)
Los hombres, sin excepción, negros y blancos, felices y tristes, inteligentes y necios, somos así: enarbolamos banderas que otros odian, adoramos dioses que ofenden a nuestros vecinos, nos rodeamos de leyes que insultan a quienes nos rodean. La consecuencia es fácil de deducir: de vez en cuando, haga sol o nieve, en democracia o bajo la égida de algún fascista disfrazado de inspector de Finanzas, estrellamos aviones contra rascacielos, bombardeamos países pobres de solemnidad y nos embarcamos en cruzadas tan atroces como injustas.
Ricardo Menéndez Salmón (El corrector (Spanish Edition))
Los milicianos corrieron por las calles mientras los ciudadanos se escondían, desesperados, entre casas viejas, en los pozos, en las despensas de sus vecinos. Cerraban las puertas los padres de familia y asían con fuerza sus mejores cuchillos. Las mujeres abrazaban a sus hijos, las sirvientas aseguraban las ventanas. Algunos, los más temerosos, se acurrucaban en el camastro con la débil seguridad de las velas encendidas. Esa noche, los lobos tomaron Barcelona, y en ese ferviente caos de guerra y muerte, Fortuna desenvainó su espada. Había entendido el mensaje. «Gryal está aquí», decían los lobos. «Ha vuelto la primavera», decía su aullido.
Jordi Balaguer (El retorno de Gryal (El amante de la luna, #3))
Un hombre vio que uno de sus vecinos salía de una iglesia un domingo por la mañana y le preguntó: «¿Ya se acabó el sermón?» El vecino le respondió con sabiduría: «No. Ya lo predicaron, pero todavía falta que lo practiquemos». Si no aplicamos las revelaciones que Dios nos da, nos volveremos espiritualmente insensibles y desarrollaremos costras. Nos volvemos torpes a la obra de convencimiento del Espíritu Santo en nuestra vida. La aplicación de la Palabra de Dios es vitalmente necesaria para nuestra salud espiritual, crecimiento y madurez cristiana.
Rick Warren (Metodos de estudio biblico personal: 12 formas de estudiar la Biblia tu solo)
Ahora bien, por si el narcotráfico no fuera suficiente para complicar la agenda de la relación bilateral con nuestro poderoso vecino, siempre tendríamos a la mano otras opciones conflictivas. Allí está, para empezar, la migración. En ese espinoso asunto Estados Unidos actúa en forma igualmente contradictoria. Increíble pero cierto: los campeones de la economía de mercado se rehúsan a aceptar que la migración es un fenómeno socioeconómico e insisten en atacarlo con medidas meramente represivas. No quieren admitir algo tan obvio como el hecho de que el flujo se da porque hay demanda de mano de obra en un lado y oferta en el otro, que en consecuencia no se le puede contrarrestar con muros ignominiosos, persecuciones interminables y brutalidades policiacas sino disminuyendo la asimetría de nuestras respectivas economías, y que sería mucho mejor para todos que ellos invirtieran ese presupuesto en proyectos productivos en nuestras comunidades expulsoras para crear empleos y disminuir la brecha salarial. Pero no. Prefieren atizar la xenofobia, reeditar el racismo y propiciar violaciones a los derechos humanos recurriendo, para justificar las crisis en las economías de algunos de sus estados, al chivo expiatorio favorito, el que no se puede defender: el malévolo inmigrante ilegal (generalmente de piel morena) que le quita el empleo al sufrido ciudadano estadunidense (de preferencia blanco y si se puede anglosajón y protestante también).
Agustín Basave (Mexicanidad y esquizofrenia: Los dos rostros del mejicano (Ensayo) (Spanish Edition))
es imposible descubrir de manera no arbitraria el lugar en que los datos técnicos de un proceso se convierten en éticos: no resolveré la disputa entre los deterministas e interdeterministas, es decir, la gnoseomaquia entre Agustín y Tomás, ya que las reservas que tuviera que emplear en semejante lucha harían que mi discurso entero se desmoronase; por ello y conteniéndome, me limitaré tan solo a observar que basta con aplicar en este caso una práctica regla según la cual no es cierto que los crímenes de nuestros vecinos justifiquen los nuestros.
Stanisław Lem (Golem XIV)
ivinlos en un mundo de concesiones, en una sociedad que ha abandonado los parámetros morales y los principios cristianos a cambio de la conveniencia o del pragmatismo. La filosofía subyacente consiste en alcanzar nuestros objetivos sin importar los medios que sean necesarios para ello. Esta perspectiva egocéntrica debería tener como lema: «Si le sirve, hágalo». Esta noción lleva inevitablemente a comprometer la conciencia y las convicciones. Como las concesiones son tan prevalentes en nuestra sociedad, se podría decir que ya no poseemos una conciencia nacional; el sentimiento de culpa y el remordimiento no son factores que determinen la conducta. Los políticos. que deberían defender los altos ideales de nuestro país, nos están conduciendo en cambio hacia las concesiones. Ellos promueven sus elevados estándares e ideales antes de las elecciones, pero luego los comprometen cuando obtienen su puesto. Lo mismo sucede en el mundo de los negocios, desde los ejecutivos de corporaciones hasta los vendedores; en los tribunales, desde los jueces hasta los abogados; en los deportes, desde los dueños de los equipos hasta los atletas; y en todas las demás áreas de la vida. Como resultado, la gente aprende a mentir, a engañar, a robar y a esconder la verdad. En resumen, a hacer lo que sea necesario para obtener lo que quieren. De esa manera, el acomodo se convierte en un estilo de vida. Desgraciadamente, la filosofía y la práctica del compromiso ha invadido hasta la iglesia. Como la tolerancia es la ideología operante de nuestra sociedad, la iglesia adopta una perspectiva similar para alcanzar a los perdidos. Muchas iglesias buscan ahora modos de presentar el evangelio a la gente sin que se sientan ofendidos. Pero la misma naturaleza del evangelio es ofensiva, porque confronta a los pecadores con su pecado. Ignorando eso, muchas iglesias comprometen voluntariamente la Palabra de Dios en vez de mantenerse firmes en el evangelio, ofreciendo así al mundo una versión suavizada incapaz de efectuar cambio alguno. A nivel personal, el espíritu de compromiso se aprecia aún más en nuestras relaciones sociales. Es posible que usted haya tenido oportunidades de proclamar a Cristo a los no creyentes, pero se ha quedado callado por sentirse intimidado o por falta de confianza. Quizás haya claudicado en la Palabra de Dios respecto a algún asunto ético en su trabajo o en su vecindario, y se haya convencido a sí mismo de que tal concesión era necesaria para mantener su confianza como empleado o vecino. Sin embargo, su testimonio cristiano es proclamado a través de su total devoción a la Palabra de Dios como la autoridad suprema, sean cuales sean las consecuencias. Dios atrae a los elegidos a su reino por medio de cristianos que demuestran ser diferentes del resto del mundo, que revelan su verdadera fidelidad por su devoción y obediencia a las normas de Dios.
John F. MacArthur Jr. (El Poder de la Integridad)
Aquí, cuando las personas pierden el juicio, que es a menudo, son capaces de pegarse un tiro en el pie si creen que así dejarán cojo al vecino.
Carlos Ruiz Zafón (El laberinto de los espíritus)
Francia ha sido tradicionalmente el ideal de Estado-nación soñado por las élites políticas españolas, salvo algunos raros grupos o personajes liberales que quisieron emular a Gran Bretaña. En cambio, y comprensiblemente, el modelo francés ha sido rechazado siempre por las élites periféricas, que lo consideran el ejemplo de la centralización y la falta de respeto hacia culturas como la corsa, la occitana o la bretona. Trasplantar el canon francés a España ha sido, sin embargo, una empresa nada fácil de llevar a cabo y la obstinación por imitarlo es quizás la clave de muchos de los problemas vividos al sur de los Pirineos. Porque, a diferencia del país vecino, en España nunca hubo una gran revolución que eliminara, incluso físicamente, a los detentadores de los poderes locales o a un clero católico que ponía serios límites a la influencia cultural del Estado. Tampoco logró durar nunca un régimen republicano que implantara un servicio militar verdaderamente universal ni un sistema escolar general, gratuito, laico y obligatorio. Ni ha existido históricamente una capital cuyo tamaño, potencia económica e influencia cultural sobrepasaran de manera indiscutible a cualquier otra ciudad del país. Tampoco hubo un affaire Dreyfus, ni una guerra mundial recordada como de unánime oposición a la invasión alemana.
José Álvarez Junco (Dioses útiles: Naciones y nacionalismos)
Tus cuentos me dicen que serás un cajero de banco honrado, pero nunca un escritor de verdad. Lo siento.
Luis Noriega (Razones para desconfiar de sus vecinos)
Los artistas tienen el cerebro inflamado de fantasías y por eso se les hace difícil adoptar el proceder del común. Pero si no lo tuvieran poseído por sus ficciones, no podrían luego construir esas complejas armaduras oníricas que exigen años de trabajo. El artista es su primera ficción. Así que ningún artista sabe quién es en realidad o qué desusado ciudadano ven en él sus vecinos.
Félix de Azúa
seis meses después y le pregunté cómo le había ido. “Muy bien”, contestó. “Seis semanas exactas. Aunque el caso de mi vecino es otra historia.” He aquí lo que sucedió. Eelco decidió que los contratistas trabajaran como un equipo con Scrum. Organizó proyectos semanales que debían llegar a la columna de Terminado y en el tráiler del contratista estacionado frente a su casa puso un pizarrón blanco de Scrum lleno de papeletas adhesivas con tareas. Cada mañana reunía a los carpinteros, electricistas, plomeros o quien fuera necesario para el sprint de esa semana y revisaba lo hecho el día anterior, lo que se haría ese día y qué podía impedirlo. Eelco asegura que esto hizo que los contratistas concibieran el proyecto y se comunicaran sobre él de otra manera. Plomeros y carpinteros acordaban cómo ayudarse para trabajar más rápido. La escasez de materiales se detectaba antes de que obstruyera todo avance. Pero, añadió Eelco, lo más importante fue que las paradas eliminaron la dependencia. En todo proyecto de construcción se dedica mucho tiempo a esperar el fin de una parte del trabajo para que la siguiente pueda empezar, fases que, además, suelen implicar diferentes conjuntos de habilidades: instalaci
Jeff Sutherland (Scrum: El arte de hacer el doble de trabajo en la mitad de tiempo)
instalación eléctrica y tapizado de las paredes, por ejemplo. La parada diaria juntaba a todos en un mismo lugar, donde deducían rápidamente cómo trabajar en equipo. Dejaban de ser individuos con habilidades por separado para convertirse en un equipo resuelto a llevar a Terminado todas las tareas de una casa. Y funcionó. Seis semanas después el proyecto estaba concluido. Eelco y su familia volvieron a casa, felices de la vida. Cuando me lo contó, no lo podía creer, pero lo felicité por tener tan buenos contratistas. “Espera”, me dijo, “ahí no acaba todo”. Un vecino quiso hacer lo mismo en su propia casa. Ambos vivían en una antigua sección de los Países Bajos y sus casas habían sido construidas al mismo tiempo, con los mismos planos. Habiendo visto lo bien que los contratistas trabajaron en la casa de Eelco, el vecino supuso que podía repetir ese acto de magia. Así, contrató a los mismos trabajadores, pero esta vez demoraron tres meses. Misma gente. Mismo tipo de casa. Mismo trabajo. El doble de tiempo y, claro, el doble de dinero. La diferencia fue que el vecino no aplicó Scrum. Los problemas que éste hace salir a la superficie no se descubrieron hasta muy tarde. La gente no se coordinó de la misma manera y tuvo que esperar
Jeff Sutherland (Scrum: El arte de hacer el doble de trabajo en la mitad de tiempo)
Hay ángeles que todavía creen que todos los países terminan al borde de sus fronteras. Son los que afirman que los Estados Unidos poco o nada tienen que ver con la integración latinoamericana, por la sencilla razón de que los Estados Unidos no forman parte de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) ni del Mercado Común Centroamericano. Como quería el libertador Simón Bolívar, dicen, esta integración no va más allá del límite que separa a México de su poderoso vecino del norte. Quienes sustentan este criterio seráfico olvidan, interesada amnesia, que una legión de piratas, mercaderes, banqueros, marines, tecnócratas, boinas verdes, embajadores y capitanes de empresa norteamericanos se han apoderado, a lo largo de una historia negra, de la vida y el destino de la mayoría de los pueblos del sur, y que actualmente también la industria de América Latina yace en el fondo del aparato digestivo del Imperio. «Nuestra» unión hace «su» fuerza, en la medida en que los países, al no romper previamente con los moldes del subdesarrollo y la dependencia, integran sus respectivas servidumbres.
Eduardo Galeano
(…) Esos silencios de complicidad crean lazos, conexiones tan fuertes que ni las palabras podrían. Y en realidad no quería lazos con nadie, nada, él solamente era el hijo de mis vecinos, los amigos de mis padres, amigo de mi hermano…
Isa Quintín (LadyKiller)
Siempre quiso ver en la excitada modernidad de aquellos años en Madrid la explosión de un montón de reprimidos llegados de provincias que en la capital podían arrancase la máscara sin que sus padres, ni sus parientes, ni sus vecinos del pueblo pudieran verlos. El anonimato de la gran ciudad es lo único que nos permitió ser libres.
David Trueba (Tierra de campos)
«—No todos los hombres están destinados a hacer grandes cosas —le recordé. —¿Estás seguro, Traspié? ¿Estás seguro de eso? ¿De qué sirve vivir la vida si no ha de suponer ninguna diferencia para el devenir del mundo? Me cuesta imaginar algo más triste. [...] ¿Por qué no iba a decir a su vecino el granjero que planta una semilla, esta semilla que planto hoy dará de comer a alguien algún día, y así es como yo hoy cambio el mundo?»
Robin Hobb (Royal Assassin (Farseer Trilogy, #2))
¿Sabes cuál es la única obligación que tenemos en esta vida? Pues no ser imbéciles. La palabra «imbécil» es más sustanciosa de lo que parece, no te vayas a creer. Viene del latín baculus que significa «bastón»: el imbécil es el que necesita bastón para caminar. Que no se enfaden con nosotros los cojos ni los ancianitos, porque el bastón al que nos referimos no es el que se usa muy legítimamente para ayudar a sostenerse y dar pasitos a un cuerpo quebrantado por algún accidente o por la edad. El imbécil puede ser todo lo ágil que se quiera y dar brincos como una gacela olímpica, no se trata de eso. Si el imbécil cojea no es de los pies, sino del ánimo: es su espíritu el debilucho y cojitranco, aunque su cuerpo pegue unas volteretas de órdago. Hay imbéciles de varios modelos, a elegir: a) El que cree que no quiere nada, elque dice que todo le da igual, el que vive en un perpetuo bostezo o en siesta permanente, aunque tenga los ojos abiertos y no ronque. b) El que cree que lo quiere todo, lo primero que se le presenta y lo contrario de lo que se le presenta: marcharse y quedarse, bailar y estar sentado, masticar ajos y dar besos sublimes, todo a la vez. c) El que no sabe lo que quiere ni se molesta en averiguarlo. Imita los quereres de sus vecinos o les lleva la contraria porque sí, todo lo que hace está dictado por la opinión mayoritaria de los que le rodean: es conformista sin reflexión o rebelde sin causa. d) El que sabe que quiere y sabe lo que quiere y, más o menos, sabe por qué lo quiere pero lo quiere flojito, con miedo o con poca fuerza. A fin de cuentas, termina siempre haciendo lo que no quiere y dejando lo que quiere para mañana, a ver si entonces se encuentra más entonado. e) El que quiere con fuerza y ferocidad, en plan bárbaro, pero se ha engañado a sí mismo sobre lo que es la realidad, se despista enormemente y termina confundiendo la buena vida con aquello que va a hacerle polvo. Todos estos tipos de imbecilidad necesitan bastón, es decir, necesitan apoyarse en cosas de fuera, ajenas, que no tienen nada que ver con la libertad y la reflexión propias. Siento decirte que los imbéciles suelen acabar bastante mal, crea lo que crea la opinión vulgar. Cuando digo que «acaban mal» no me refiero a que terminen en la cárcel o fulminados por un rayo (eso sólo suele pasar en las películas), sino que te aviso de que suelen fastidiarse a sí mismos y nunca logran vivir la buena vida esa que tanto nos apetece a ti y a mí. Y todavía siento más tener que informarte qué síntomas de imbecilidad solemos tener casi todos; vamos, por lo menos yo me los encuentro un día sí y otro también, ojalá a ti te vaya mejor en el invento... Conclusión: ¡alerta!, ¡en guardia!, ¡la imbecilidad acecha y no perdona!
Fernando Savater (Ética para Amador)
¿Te imaginas llegar a casa y que estuviese tu pareja esperándote en el portal con un bidón de hidratos para recuperar cuanto antes? Tú se lo propones y se lo explicas detalladamente como yo lo he hecho y le cuentas que así podrás entrenar mucho mejor al día siguiente porqué estarás más recuperado. (Avisa antes a los vecinos para que no se asusten al escuchar los gritos).
Chema Arguedas Lozano (Alimenta tus Pedaladas)
...civiles y voluntarios patrullaron incesantemente la frontera entre México y Estados Unidos interceptando a todos los norteamericanos que trataban de escapar del TSJ huyendo al país vecino. Disparar primero y preguntar después...
Manel Loureiro (Apocalipsis Z: La ira de los justos (Apocalipsis Z, #3))
Hay otras, en cambio, que sólo porque vienen de alguien muy especial las tomamos en cuenta. De hecho, poseen sentidos muy distintos dependiendo de quién nos las dice. No es igual el halago si viene de un experto que si viene de un necio; aunque las palabras de uno y de otro pudieran ser puntualmente las mismas. Cómo me habría gustado que respecto de un libro mío Cioran hubiera dicho lo mismo que alguna vez me dijo mi vecino.
Óscar de la Borbolla (El arte de dudar)
Pero las ventas de un libro o la magnitud de los sucesos sociales no siguen este tipo de restricciones. Cuesta mucho más de mil días aceptar que un escritor carece de talento, que no se producirá un crac en la Bolsa, que no estallará una guerra, que un proyecto no tiene futuro, que un país es «nuestro aliado», que una empresa no entrará en bancarrota, que el analista de seguridad de una agencia de Bolsa no es un charlatán, o que un vecino no nos atacará. En el lejano pasado, los seres humanos podían hacer inferencias con mucha mayor precisión y rapidez.
Nassim Nicholas Taleb (El cisne negro: El impacto de lo altamente improbable)
No te dejes engañar por las primeras impresiones. Sólo has estado dos días en Kansas. Has acampado en una pradera y te ha fascinado. Y lo entiendo; Kansas también tiene su encanto, pero mi planeta se está volviendo loco, créeme. los océanos han alcanzado niveles insospechados, los gobiernos cada vez declaran más guerras a países vecinos, varias especies de plantas y animales han desaparecido de la faz de la Tierra, cada semana aparece en las noticias un niño que ha tomado la pistola de su padre y ha disparado a sus compañeros de instituto... —al ver la cara de Nox, paré—. El mundo en el que crecí también desapareció—añadí en voz baja—, pero eso no significa que vaya a perder la esperanza en él. Porque si te rindes, ¿qué sentido tendría la vida?
Danielle Paige
Todos aquellos «buenos ciudadanos» miraban a otro lado cuando su vecino o el amigo de la infancia desaparecía sin dejar rastro, se veían impotentes y esa impotencia los llevaba a la más absoluta indiferencia.
Mario Escobar (Los niños de la estrella amarilla)
Su público es más respetuoso que el de cualquier teatro o sala de conciertos. Eso tiene que ver con que en el circo la realidad tiene la palabra, no la apariencia. Aún sigue siendo más concebible que un señor del público le pida el programa a su vecino mientras Hamlet apuñala a Polonio, que mientras el acróbata realiza el doble salto mortal desde la cúpula.
Walter Benjamin (La tarea del crítico)
Por dondequiera que vayas, difunde el amor: ante todo en tu propia casa. Brinda amor a tus hijos, a tu mujer o tu marido, al vecino de al lado... No dejes que nadie llegue jamás a ti sin que al irse se sienta mejor y más feliz. Sé la expresión viviente de la bondad de Dios; bondad en tu rostro, bondad en tus ojos, bondad en tu sonrisa, bondad en tu cálido saludo
Anonymous
En la memoria del Sr. JOHN HARRISON, vecino de Red-Lion Square, Londres. Inventor del reloj marino para comprobar la LONGITUD en el mar.
Anonymous
Las personas cambian. Este tipo de felicidad se hace añicos fácilmente cuando las condiciones externas se alteran. La felicidad relativa se basa también en la comparación con los demás. Puede que sintamos este tipo de felicidad por tener una casa más nueva o grande que la de los vecinos. ¡Pero este sentimiento se convertirá en desdicha tan pronto como ellos empiecen a hacer nuevas ampliaciones a la suya! Por otra parte, la felicidad absoluta es algo que debemos encontrar adentro. Significa establecer una condición de vida en la que nunca
Anonymous
Se debe, entonces, hacer televisión con conciencia de país: historias y noticias que nos hagan más solidarios, más tolerantes, con mejor cultura ciudadana, con mayor capacidad de perdón, mejores padres, vecinos, ciudadanos y colombianos.
Anonymous
No lances piedras a la casa del vecino si tienes ventanas de cristal.
Anonymous
hijos de mis perdidos vecinos, sentado en el patio de la pequeña mezquita, los días se me antojaban
José Manuel García Marín (Azafrán)
Todo aquello que afecta la calidad de vida de uno o más vecinos, se- gún la cultura dominante, está directamente ligado al rol que ha teni- do el Estado municipal en los últimos cien años. Si bien podríamos remontarnos aún más atrás del período propues- to, resulta evidente que, desde 1880 cuando se define la capitalización de la ciudad de Buenos Aires, y de ahí en más la designación de su gobernante a manos del presidente de la Nación, el Estado municipal tomó distancia de sus gobernados. Esto lo concretó regulando todo lo referido a la vida de los mismos en esquemas normativos incompren- sibles y sin que hubiera, propio de un régimen democrático, una flui- dez participativa que diera mayor vida a las consideraciones de los vecinos acerca de su ciudad. Ni siquiera el voto popular ha sido la herramienta de juicio sobre estilos de gobierno. El hecho de concentrar todo el poder en el Estado y de distanciar a sus gobernantes de sus gobernados atentó contra la posibilidad de con- formar una comunidad definitivamente activa en lo que refiere a la calidad de vida citadina. Estas no son ni han sido las únicas razones. Desde las interrupcio- nes de la vigencia del orden constitucional hasta la influencia del siste- ma hispánico colonial explican también la conformación de la cultu- ra actual.
Anonymous
En lo venidero, el apego a «mi casa» y la separación de los vecinos se convirtieron en el rasgo psicológico distintivo de un ser mucho más egocéntrico.
Yuval Noah Harari (Sapiens. De animales a dioses: Una breve historia de la humanidad)
Observe su vida. Se levanta por la mañana y, cuando se acuesta por la noche, se da cuenta de que simplemente ha repetido un día más. Un día igual al anterior. Usted está dentro de un círculo que transcurre siempre entre su trabajo, sus desplazamientos, horarios de comidas, deudas y problemas que son sospechosamente idénticos a los de su vecino.
José Luis Camacho (La conspiración reptiliana: Y otras verdades que ignoras (Spanish Edition))
Observe su vida. Se levanta por la mañana y, cuando se acuesta por la noche, se da cuenta de que simplemente ha repetido un día más. Un día igual al anterior. Usted está dentro de un círculo que transcurre siempre entre su trabajo, sus desplazamientos, horarios de comidas, deudas y problemas que son sospechosamente idénticos a los de su vecino. Observe a sus amigos y verá que nadie es ajeno a esta dinámica.
José Luis Camacho (La conspiración reptiliana: Y otras verdades que ignoras (Spanish Edition))
La mente no es ni más ni menos que un ordenador biológico. El niño nace sin mente; en su interior no hay cháchara. Este mecanismo tarda entre tres y cuatro años en empezar a funcionar. Y se ha observado que las niñas empiezan a hablar antes que los niños, que son más parlanchinas, porque poseen un ordenador biológico de mejor calidad. Hay que introducirle información, y por eso, cuando intentas recordar tu vida te quedas estancado a la edad de cuatro años si eres hombre, o la de tres años si eres mujer. Después hay un vacío. Estabas allí, debieron de ocurrir muchas cosas, pero al parecer ningún recuerdo ha quedado registrado, no recuerdas nada. Sin embargo, sí puedes recordar con claridad hasta los tres o cuatro años de edad. La mente recoge sus datos de los padres, del colegio, de otros niños, de los vecinos, los familiares, la sociedad, las iglesias... Hay multitud de fuentes. Y te habrás dado cuenta de que cuando empiezan a hablar, los niños pequeños repiten la misma palabra muchas veces, por el gozo que les produce que haya empezado a funcionar un nuevo mecanismo.
Osho (El libro del ego)
Soy muy consciente de que la palabra propiedad ha sido definida en nuestro tiempo por la corrupción de los grandes capitalistas. Se podría pensar, cuando se oye hablar a la gente, que los Rothschild y los Rockefeller estarían del lado de la propiedad. Pero obviamente son enemigos de la propiedad, porque son enemigos de sus propias limitaciones. No quieren su propia tierra, sino la de otros. Cuando retiran el límite de su vecino, también están retirando el suyo. Un hombre que ama un pequeño terreno triangular debería amarlo porque es triangular; cualquiera que destruya la forma, dándole más tierra, es un ladrón que ha robado un triángulo. Un hombre con la verdadera poesía de la posesión desea ver la pared en la que su jardín se une con el jardín de Smith; el seto donde su granja toca la de Brown. No puede ver la forma de su propia tierra a menos que vea los bordes de la de su vecino. Es una negación de la propiedad el hecho de que el duque de Sutherland tenga que poseer las granjas de todo un condado; igual que sería la negación del matrimonio que tuviese a todas nuestras esposas en un solo harén.
G.K. Chesterton
Historia de balcones I A partir del sábado 7 de marzo de 1835 y por 6.177 días (hasta el martes 3 de febrero de 1852), Juan Manuel de Rosas fue gobernador de la provincia de Buenos Aires. Además, fue el encargado de las Relaciones Exteriores de todas las provincias que integraban la Confederación Argentina. Por lo tanto, en él confluían los dos gobiernos, el provincial y el nacional. Al caer Rosas y sancionarse la Constitución en 1853, la unidad se había perdido y el país ya estaba partido en dos: Buenos Aires por un lado y la República Argentina (las trece provincias restantes) por el otro. Así sería hasta 1860, el año en que Buenos Aires se integró al resto. Este quiebre era apenas el comienzo de las discordias, porque pronto brotaron los conflictos de jurisdicción: el presidente administraba los destinos de toda la Nación desde una provincia que tenía un gobernador con poder supremo sobre su territorio. En ese escenario, el primer mandatario del país pasaba a ser un huésped del gobernador bonaerense. El primer presidente que vivió esa situación fue Bartolomé Mitre, pero no fue traumática por el hecho de que antes de asumir la presidencia era gobernador de Buenos Aires y su lugar lo ocupó el presidente provisional del Senado. En cambio, en el transcurso del mandato de Sarmiento hubo cruces con el gobernador bonaerense Emilio Castro (aquel que le dio sus tierras en Almagro a Floro Madero para que las rematara). Uno de los conflictos tuvo lugar en medio de un acto al que tanto Sarmiento como el gobernador Castro concurrieron con sus respectivos carruajes y los dos ordenaban a sus cocheros pasarse para tomar la delantera. Cada uno consideraba que el protocolo le daba prioridad. Y así fue cómo un simple acto se convirtió en una carrera de carrozas. Otro de los enfrentamientos se dio el 2 de enero de 1870, con motivo del desfile de las tropas que habían combatido en la Guerra del Paraguay. Durante los últimos días de diciembre de 1869 se habían organizado los detalles de la bienvenida. Los veteranos desembarcados se formarían en el largo muelle de Viamonte y la Alameda (es decir, Alem). Iban a desfilar por Alem hacia la Plaza de Mayo; luego, pasando por la puerta de la catedral, por Rivadavia hasta Maipú, y por esta rumbo a Retiro, a los cuarteles que los albergarían. Para Sarmiento era una complicación porque la Casa Rosada no tenía balcón y él necesitaba estar en un lugar en el cual sobresaliera para que se le rindieran honores. En cambio, el edificio del gobierno bonaerense, que se hallaba junto al Cabildo en el espacio que ahora ocupa la Avenida de Mayo, tenía una ubicación privilegiada. El gobernador Castro invitó a Sarmiento a presenciar el desfile desde los balcones del municipio. El sanjuanino respondió que era un acto nacional, que él mismo debía presidirlo y no podía ser huésped de nadie. Incluso le pidió al gobernador que le cediera el edificio a la Nación para que Sarmiento invitara a quien quisiera. El gobierno provincial se excusó alegando que ya había cursado las participaciones a los vecinos ilustres. El 1° de enero de 1870, una numerosa cuadrilla construyó un estrado de madera junto a la Recova (que cortaba a la actual Plaza en dos). Ese sería el palco oficial. Las tropas llegaron por la noche. Se resolvió que aguardaran en los barcos hasta el amanecer. Al día siguiente, pocos minutos antes de que se iniciara el apoteótico desfile —Buenos Aires era celeste y blanca, nunca se habían visto tantas banderas argentinas adornando la ciudad—, Sarmiento ordenó un cambio de ruta. Las tropas, entonces, ingresaban a la Plaza de la Victoria y no bien cruzaban el arco principal de la Recova, viraban hacia la derecha, abandonaban la Plaza y tomaban por Reconquista hacia Retiro. Esto hizo que el balcón del gobernador Castro, plagado de invitados, quedara fuera del recorrido. Tuvieron que contentarse con ver a los veteranos a cien metros de distancia. Para evitar com
Anonymous
Más específicamente, si tienes una cita importante y de pronto te encuentras en la mitad de un embotellamiento, puedes insultar al ministro del transporte, patear el carro, maldecir el día de tu nacimiento, pelear con una señora que mira absorta desde el carro vecino, pitar el claxon como un desaforado, o por el contrario, recostarte, colocar tu música favorita, sacar los pies por la ventanilla y entregarte a los designios de Dios con beneficio de inventario. La primera estrategia segrega adrenalina y cortisona en cantidades industriales, además de hacerte ver como un idiota; la segunda te regala años de vida y, de paso, le agrega un toque de distinción a tu personalidad, que nunca sobra.
Walter Riso (Sabiduría emocional: Un reencuentro con las fuentes naturales del bienestar y la salud emocional (Biblioteca Walter Riso) (Spanish Edition))
...habían sido objeto de revueltas políticas, violentas disputas con sus vecinos y finalmente de invasión por una de las nuevas superpotencias mundiales. En medio de todo esto, odiar a un adversario se convirtió en algo completamente natural.
Keith Lowe
Quiero contarte cómo un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia. –¡Un momento! –lo interrumpió el filósofo–. ¿Ya pasaste por los tres filtros lo que vas a contarme? –¿Los tres filtros…? –Sí. El primer filtro es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto? –No… Lo oí comentar a unos vecinos. –Pero al menos lo habrás hecho pasar por el segundo filtro, que es el de la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien? –No, en realidad no, al contrario… –¡Ahá! Por lo menos lo habrás pasado por el tercero, ¿no? El filtro de la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que te inquieta? –Para ser sincero, no. Necesario no es. –Entonces –dijo sonriendo el sabio–, si no es verdadero, ni bueno, ni necesario… sepultémoslo en el olvido. ¿Tienes algo que decir a otra persona? Recuerda pasarlo por los filtros de la verdad, la bondad y la necesidad antes de decirlo.
Sergio Fernández (Vivir con abundancia)
«Qué poco sabemos de nuestros vecinos», pensó.
Henning Mankell (Asesinos sin rostro (Wallander, #1))
Mira, si la vida no es como te gustaría que fuera, ¿sabes quién es el responsable? Tú. No caigas en la trampa de echar la culpa a los vecinos, los políticos, los empresarios, los compañeros, los amigos, los enemigos, el frío o el calor. Tampoco se trata de suerte porque lo que la suerte unas veces te da, otras te lo quita. Se necesita algo más sólido. Seamos serios, ¿quién es el último responsable siempre? ¿Quien tiene en su mano levantarse del sofá y ponerse en marcha? Tú y sólo tú.
David Valois (17 Maneras (que nunca te dijeron) para conseguir AUTODISCIPLINA)
Ellos no querían hablar sobre la guerra, suponía él, querían hablar sobre sus tíos, sus primos, sus vecinos en aquellos pueblos que abandonaron hacía tanto tiempo; sobre cómo era el olor de la tierra en su hogar, el ruido de la lluvia al caer en ráfagas sobre las copas de los árboles, los colores chillones de la campiña en flor.
Daniel Alarcón (Radio Ciudad Perdida (Spanish Edition))
tu cuerpo absorbe bisfenol A, un químico que, según se ha demostrado, se desprende de los recipientes de poli-carbonato plástico en los líquidos que lo contienen. Algunos estudios en animales han descubierto que esos estrógenos exógenos se introducen en el cuerpo y, en menos de treinta minutos, disminuyen los niveles de azúcar en la sangre e incrementan de forma brusca los niveles de insulina. Después de sólo cuatro días de exposición, ese bisfenol A estimula al páncreas para segregar más insulina y el cuerpo comienza a hacerse resistente a la insulina. Ahora ten presente el hecho de que tenemos más de mil químicos aditivos en nuestros empaques y en nuestro procesamiento de alimentos. Piensa en cuántos plásticos más llegan a tus labios en un día: esa taza de café de poliestireno, la botella de aderezo para ensaladas, la envoltura de tus sobras de comida, el recubrimiento interior de una lata de sopa, la bolsa de vegetales para microondas. Piensa en los aromas en tu detergente para ropa y la mezcla de cloro en el cepillo para lavar tu baño. La camioneta de jardinería estacionada frente a la casa de tu vecino. La…
Jillian Michaels (Optimiza tu metabolismo: Los tres secretos dieteticos para equilibrar tus hormonas de manera natural y obtener un cuerpo atractivo y saludable (Spanish Edition))
Ahí están todos; amigos, conocidos, vecinos, hasta enemigos, en la porción de suelo malvinense que lograron conquistar. Todo mi mundo había terminado por caber en ese pozo y tras terminar clavo la pala en tierra y busco algo para hacer una cruz.
Carlos Gamerro (Las islas)
1. Desde su infancia comienza a darle a tu hijo todo lo que quiera. De esta manera crecerá con la idea de que alguien lo debe mantener siempre. 2. Cuando aprenda a decir groserías celébralo con risas. Esto le hará pensar que las vulgaridades son graciosas. 3. Nunca le enseñes nada acerca de Dios. Espera a que sea mayor de edad y tome entonces la decisión de creer o no en Dios. 4. Recoge todo lo que deje regado y tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes y trastos. Hazle todo para que así tenga experiencia en dejar siempre todas sus responsabilidades sobre otros. 5. Discute frecuentemente frente a él (o ella). De esta manera no se sorprenderá cuando tu hogar se desintegre. 6. Dale todo el dinero que quiera gastar, asegúrate de que nunca trabaje para ganarse lo suyo. Al fin y al cabo no necesita pasar por lo que pasas tú. 7. Complácelo en todos sus antojos: comida, bebida, ropa, juguetes, comodidades y diversión. Si le niegas algo podrías causarle una frustración. 8. Defiéndelo de todos los vecinos, maestros y policías. Es seguro que todos ellos están contra tu hijo (o hija). 9. Cuando se meta en graves problemas discúlpate diciendo: “Es que no lo puedo controlar”. 10. Prepárate para sufrir toda la vida. Lo más seguro es que así (vas derecho al dolor).
David Hormachea (Cómo ser padres buenos en un mundo malo: Principios sabios para llegar a acuerdos con los hijos (Spanish Edition))
Pienso en todos mis vecinos, que trabajan en Puerto Rico pero guardan lo mejor para cuando estén aquí. En los cuentos que hacen, repitiendo una y otra vez lo felices que fueron. De acá salieron para ser felices y acá quieren regresar para que sepa que ya lo son. Pienso en los cientos de cajas llenas de cosas que no queremos y que enviamos para "esa gente". En la insistencia boricua de que somos mejores que ellos. Vil alivio para nuestra mediocridad.
Luis Negrón (Los tres golpes)
Con el tiempo, acabaron enfrentándose en las densas junglas nueve países y doscientas tribus étnicas, cada una con sus antiguas alianzas y sus conflictos no resueltos. Si solo se hubieran visto implicados los ejércitos, lo más probable es que el conflicto del Congo se hubiera extinguido sin más. Congo tiene una extensión mayor que Alaska y es tan poco denso como Brasil, pero por carretera es incluso menos accesible que cualquiera de estos dos países, así que no es un lugar ideal para una guerra prolongada. Además, sus habitantes son pobres, y no pueden permitirse el lujo de ir a luchar si no hay dinero de por medio. Aquí es donde entran el tantalio, el niobio y la tecnología móvil. No es que pueda imputarse una responsabilidad directa, desde luego. Es obvio que no fueron los teléfonos móviles quienes provocaron la guerra, sino los odios y los rencores. Pero también es evidente que la llegada de dinero perpetuó la contienda. Congo posee el 60 por ciento de las reservas mundiales de los dos metales, que aparecen mezclados en un mineral llamado coltán. Cuando el mercado de los móviles despegó (las ventas saltaron de prácticamente cero en 1991 a más de mil millones en 2001), el hambre de Occidente por el mineral se hizo tan intenso como el de Tántalo, y el precio del coltán se multiplicó por diez. Quienes lo compraban para los fabricantes de teléfonos no preguntaban de dónde provenía, ni siquiera les importaba, y los mineros congoleños no tenían ni idea del uso que se le daba a la mena, solo sabían que los blancos la pagaban bien y que ellos podían usar el dinero para financiar sus milicias favoritas. Curiosamente, el tantalio y el niobio resultaron ser tan ponzoñosos porque el coltán era democrático. A diferencia de los tiempos en que unos impúdicos belgas controlaban las minas de diamantes y de oro del Congo, el coltán no lo controlaba ningún conglomerado empresarial; además, para extraerlo no hacían falta retroexcavadoras ni volquetes. Cualquiera que dispusiera de una pala y una buena espalda podía sacar unos cuantos kilos de mena de los lechos de los torrentes (se parece a un lodo denso). En unas pocas horas, un granjero podía ganar veinte veces más que su vecino en todo un año, así que a medida que los beneficios se inflaban, los hombres abandonaban sus granjas para dedicarse a la prospección. Esto trastornó la provisión de alimentos en el Congo, ya de por sí frágil, y la gente comenzó a cazar gorilas para comer su carne, hasta casi acabar con ellos, como si fueran búfalos. Pero las muertes de los gorilas no son nada comparadas con las atrocidades humanas. Cuando el dinero entra a espuertas en un país sin gobierno, no pasa nada bueno. Del país se apoderó una forma brutal de capitalismo en la que todo estaba en venta, incluidas las vidas humanas. Aparecieron por doquier «campamentos» vallados con prostitutas esclavizadas, y se ofrecieron innumerables recompensas por pasar a alguien a cuchillo.
Sam Kean (The Disappearing Spoon: And Other True Tales of Madness, Love, and the History of the World from the Periodic Table of the Elements)
¿Por qué México no lo ha logrado si cuenta con playas, litorales, microclimas, metales, petróleo, oro y plata, gran mano de obra calificada, con vecinos poderosos y sobrado talento? ¿Por qué somos un país rico con gente pobre? Porque somos un país de reprobados y somos un país de reprobados porque en la escuela se estupidiza a la nación, la televisión estupidiza a la nación y la iglesia, también estupidiza a la nación, en tanto los políticos no vienen a trabajar desinteresadamente a favor de la nación, sino a atrasarla y a saquearla… ¿Y la susodicha nación…? En un exquisita indolencia… Este, mi México engañado, sólo pretende aportar explicaciones, los tabiques imprescindibles para empezar a construir el México que todos queremos y soñamos. Como
Francisco Martín Moreno (México engañado)
Durante su gestión entró en vigor el «Programa Bracero», que exportaría, en su inmensa mayoría, a millones de trabajadores del campo. A lo largo de dicho programa, de 1942 a 1964 los campesinos mexicanos convirtieron a la agricultura estadounidense en la más rentable y avanzada de todo el planeta. Se trataba de hombres de las zonas rurales más importantes de México, como Coahuila, Durango, Chihuahua, etcétera, 467 una de las razones por las que las tierras del vecino del norte se convirtieron en las más productivas del mundo. Con el tiempo, además de California, los braceros fueron enviados también a Texas, Oregon, Washington, Arkansas y
Francisco Martín Moreno (México engañado)
Una de las mejores razones, si no hubiera otra, para la abolición del dinero, es precisamente que su posesión no implicaba un título legítimo en el poseedor. El dinero tenía el mismo valor en las manos del ladrón o del asesino que en las del hombre que lo había obtenido por el trabajo. Según nuestras ideas, el hecho de comprar y de vender es antisocial en todas sus tendencias. Es una educación en el egoísmo a expensas del vecino, y ninguna sociedad educada en estos principios podrá jamás elevarse por encima de un grado muy inferior de civilización.
Edward Bellamy (Looking Backward: 2000-1887)
El paraguas individual es la imágen favorita de mi padre cuando quiere caracterizar el tiempo en que cada uno vivía sólo para sí y para su familia. Hay un cuadro del siglo XIX que representa una multitud bajo la lluvia, donde cada cual mantiene su paraguas por encima de su cabeza y la de su esposa, y obsequia a su vecino con las gotas que chorrean de aquél. Dice mi padre que ese cuadro debió ser para el artista una especie de sátira de aquellos tiempos.
Edward Bellamy (Looking Backward: 2000-1887)