Rojo Quotes

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El día que te fuiste entendí que no te volvería a ver. Ibas teñida de rojo por el sol de la tarde, por el crepúsculo ensangrentado del cielo; Sonreías. Dejabas atrás un pueblo del que muchas veces me dijiste: ‘Lo quiero por ti; pero lo odio por todo lo demás, hasta por haber nacido en él’. Pensé: ‘No regresará jamás; no volverá nunca.
Juan Rulfo (Pedro Páramo)
Hay tantos niños que van a nacer con una alita rota Y yo quiero que vuelen compañero Que su revolución les dé un pedazo de cielo rojo Para que puedan volar
Pedro Lemebel (Loco afán: Crónicas del sidario)
Yo te he nombrado reina. Hay más altas que tú, más altas. Hay más puras que tú, más puras. Hay más bellas que tú, hay más bellas. Pero tú eres la reina. Cuando vas por las calles nadie te reconoce. Nadie ve tú corona de cristal, nadie mira la alfombra de oro rojo que pisas cuando pasas, la alfombra que no existe. Y cuando asomas suenan todos los ríos en mi cuerpo, sacuden el cielo las campanas, y un himno llena el mundo Sóló tú y yo, sóló tú y yo, amor mío, lo escuchamos.
Pablo Neruda (The Captain's Verses)
Me pregunté si no habría personas destinadas a encontrarse fuera cuáles fueran las decisiones que tomasen, si esa leyenda que hablaba de un hilo rojo que conecta a dos almas gemelas no sería verdad.
Victoria Vilchez (Dime que te casarás conmigo (Antes de, #2.5))
Iba a llenar de labial rojo el cielo y las nubes y el aire y los ruidos.
Rafael Chaparro Madiedo (Opio en las nubes)
El Chico de las Estrellas conoció a gente que no se atrevía a tatuarse porque los tatuajes no se quitan, que no besaban por si se apartaban, que no viajaban en avión por si se caían, que no se ponían zapatos rojos por el qué dirán.
Chris Pueyo (El chico de las estrellas)
No estaba herida. Sólo gritaba de dolor. El fiscal se sentó entre una anciana mamacha que lloraba en quechua y un policía con un corte en la mano que goteaba sangre. Abril Rojo
Santiago Roncagliolo
Al final, lo único que te permite seguir viviendo, lo único que te impulsa, son los sentimientos. No se trata de resistencia física.
David Lozano Garbala (Cielo rojo)
Creo que en este tiempo contigo he aprendido que ninguna vida tiene mucho sentido si no se acepta el dolor como parte de ella, Asteria.- Orión.
Iria G. Parente (Rojo y oro)
Uno no muere, no desaparece del mundo, mientras permanece en el recuerdo de alguien...
David Lozano Garbala (Cielo rojo)
Diez negritos se fueron a cenar; uno se asfixió y quedaron nueve. Nueve negritos estuvieron despiertos hasta muy tarde; uno se quedó dormido y entonces quedaron ocho. Ocho negritos viajaron por Devon; uno dijo que se quedaría allí y quedaron siete. Siete negritos cortaron leña; uno se cortó en dos y quedaron seis. Seis negritos jugaron con una colmena; una abeja picó a uno de ellos y quedaron cinco. Cinco negritos estudiaron Derecho; uno se hizo magistrado y quedaron cuatro. Cuatro negritos fueron al mar; un arenque rojo se tragó a uno y quedaron tres. Tres negritos pasearon por el zoo; un gran oso atacó a uno y quedaron dos. Dos negritos se sentaron al sol; uno de ellos se tostó y sólo quedó uno. Un negrito quedó sólo; se ahorcó y no quedó… ¡ninguno!
Agatha Christie (And Then There Were None)
La vida verdaderamente no conoce de probabilidades o de leyes superiores. Aparece en el sitio menos esperado y se aferra con todas sus fuerzas a donde sea necesario.- Orión.
Iria G. Parente (Rojo y oro)
Los peces son quizás los únicos animales domésticos que no hacen ruido. Pero estos me enseñaron que los gritos también pueden ser silenciosos.
Guadalupe Nettel (El matrimonio de los peces rojos)
Recuerdo muy bien la emoción, la alegría que sentí al pisar el acelerador. Si ha habido alguna vez una mujer enamorada, ésa era yo. Si alguna vez he estado enamorada, fue entonces, el día que viajé desde la provincia de Cuenca hasta la de Castellón, conduciendo por carreteras secundarias con un Ford Fiesta rojo que se ahogaba en todas las cuestas y un corazón tan grande que no me cabía en el cuerpo. Era demasiado amor. Demasiado grande, demasiado complicado, demasiado confuso, y arriesgado, y fecundo, y doloroso. Tanto como yo podía dar, más del que me convenía. Por eso se rompió. No se agotó, no se acabó, no se murió, sólo se rompió, se vino abajo como una torre demasiado alta, como una apuesta demasiado alta, como una esperanza demasiado alta.
Almudena Grandes (Castillos de cartón)
Las luchas que merecen la pena son aquellas en las que creemos de corazón.-Asteria.
Iria G. Parente (Rojo y oro)
No era pintura, ni el color de la salud, ni divulgador del alcohol; era el rojo que brota en las mejillas al calor de palabras de amor o de vergüenza que se pronuncian cerca de ellas, palabras que parecen imanes que atraen el hierro de la sangre.
Leopoldo Alas
Yo sueño un país donde tantos talentosos artistas, músicos y danzantes, actores y poetas, pintores y contadores de historias, dejen de ser figuras pintorescas y marginales, y se conviertan en voceros orgullosos de una nación, en los creadores de sus tradiciones. Todo eso sólo requiere la apasionada y festiva construcción de vínculos sinceros y valerosos. Y hay una pregunta que nos está haciendo la historia: ahora que el rojo y el azul han dejado de ser un camino, ¿dónde está la franja amarilla?...
William Ospina (¿Dónde está la franja amarilla?)
Dear Stress, I would like a divorce. Please understand it is not you, it is me. –Thomas E. Rojo Aubrey
Thomas E. Rojo Aubrey (Unlocking the Code to Human Resiliency)
El profesor golpea otro escritorio, y la chica con cabello rojo a mi izquierda salta y deja caer todos sus papeles. Me inclino para ayudarla a recogerlos, y estoy sorprendida al descubrir una página entera de garabatos de un tatuaje de calavera familiar. Miro hacia arriba en sorpresa, y su cara se enciende como su cabello rojo. Miro hacia Josh y luego levanto mis cejas hacia ella. Sus ojos se amplían en horror, pero sacudo mi cabeza y sonrío. No le diré. ¿Cuál es su nombre? Isla. Isla Martin. Vive en mi piso, pero es tan silenciosa que a menudo me olvido de ella. Tendrá que ser más ruidosa si le gusta Josh. Ambos son tímidos. Es una lástima, porque se verían lindos juntos. Probablemente pelearía menos que con Rashmi, también. ¿Por qué es que las personas adecuadas no terminan juntas? ¿Por qué las personas tienen miedo de abandonar una relación, incluso cuando saben que es una mala relación?
Stephanie Perkins (Anna and the French Kiss (Anna and the French Kiss, #1))
Los cien enamorados duermen para siempre bajo la tierra seca. Andalucía tiene largos caminos rojos. Córdoba, olivos verdes donde poner cien cruces que los recuerden. Los cien enamorados duermen para siempre. -De Profundis Those hundred lovers are asleep forever beneath the dry earth. Andalusia has long, red-colored roads. Córdoba, green olive trees for placing a hundred crosses to remember them. Those hundred lovers are asleep forever. -De Profundis
Federico García Lorca
Puede que la muerte sea, al final, más amable que la vida.- Asteria.
Iria G. Parente (Rojo y oro)
Tulipanes rojos: amor eterno.
Alyson Noel (Evermore (The Immortals, #1))
Si ella no hubiese venido a mí, yo hubiera acabado cruzándome en su vida, está atada a mí por el hilo rojo del destino.
Rachel R.P. (Desafiando Tokio)
Las oportunidades se van si no las atrapas. Y las perderás si en vez de tomarlas te dedicas a hacerte preguntas sobre si estás o no a la altura. Sobre si eres o no capaz de hacer algo. Ese es mi consejo.- Ligeia.
Iria G. Parente (Rojo y oro)
No. En la muerte solo hay desesperación, tristeza y vacío. En la muerte no hay nada bueno, ni para quien muere ni para quienes quedan vivas para sentirla. En la muerte lo único que hay es inevitabilidad.- Asteria.
Iria G. Parente (Rojo y oro)
Filosóficamente, la memoria no es menos prodigiosa que la adivinación del futuro; el día de mañana está más cerca de nosotros que la travesía del Mar Rojo por los hebreos, que, sin embargo, recordamos.
Jorge Luis Borges (Brodie's Report)
Cuando, en Ginebra o Zurich, la fortuna Quiso que yo también fuera poeta, Me impuse, como todos, la secreta Obligación de definir la luna. Pensaba que el poeta es aquel hombre Que, como el rojo Adán del paraíso, Impone a cada cosa su preciso Y no verdadero y no sabido nombre.
Jorge Luis Borges
No quiero que me carbonice el rayo, y como tú corres peligro de que Dios, cansado de tus impiedades, te abrase, me voy.
Stendhal (Rojo y Negro)
Creo... que el dolor de vivir y morir es suficiente para cualquier persona. Después de eso solo debería existir... paz.- Asteria.
Iria G. Parente (Rojo y oro)
La libertad es algo que nadie debería tener derecho a arrebatarnos.
Iria G. Parente (Rojo y oro)
Tú me quieres alba, Me quieres de espumas, Me quieres de nácar. Que sea azucena Sobre todas, casta. De perfume tenue. Corola cerrada Ni un rayo de luna Filtrado me haya. Ni una margarita Se diga mi hermana. Tú me quieres nívea, Tú me quieres blanca, Tú me quieres alba. Tú que hubiste todas Las copas a mano, De frutos y mieles Los labios morados. Tú que en el banquete Cubierto de pámpanos Dejaste las carnes Festejando a Baco. Tú que en los jardines Negros del Engaño Vestido de rojo Corriste al Estrago. Tú que el esqueleto Conservas intacto No sé todavía Por cuáles milagros, Me pretendes blanca (Dios te lo perdone), Me pretendes casta (Dios te lo perdone), ¡Me pretendes alba! Huye hacia los bosques, Vete a la montaña; Límpiate la boca; Vive en las cabañas; Toca con las manos La tierra mojada; Alimenta el cuerpo Con raíz amarga; Bebe de las rocas; Duerme sobre escarcha; Renueva tejidos Con salitre y agua; Habla con los pájaros Y lévate al alba. Y cuando las carnes Te sean tornadas, Y cuando hayas puesto En ellas el alma Que por las alcobas Se quedó enredada, Entonces, buen hombre, Preténdeme blanca, Preténdeme nívea, Preténdeme casta.
Alfonsina Storni (Antología poética)
»Nace una mosca efímera a las nueve de la mañana y muere a las cinco de la tarde: ¿cómo puede comprender la palabra noche? Concededle cinco horas más de vida, y entonces verá la noche y sabrá qué es.
Stendhal (Rojo y Negro)
Aunque supongo que la Vida no es dura en sí misma, sino que son factores externos los que la convierten en algo complicado. Tiene su lógica que la Vida, en su naturaleza más absoluta, sea pura y sencilla.- Asteria.
Iria G. Parente (Rojo y oro)
Palabras dichas sin intención, encuentros que son obra de la casualidad, los transforma en pruebas evidentes el hombre de imaginación, si brilla una chispa de fuego en su corazón.
Stendhal (Rojo y Negro)
Una mujer que con su sola presencia aligeraba la pesadumbre de vivir.
Miguel Delibes (Señora de rojo sobre fondo gris)
El significado de los colores es que están ante nosotros y podemos verlos - le contestó el otro -. No se puede explicar el rojo a quien no lo ha visto.
Orhan Pamuk (My Name Is Red)
Cuenta una leyenda oriental que nacemos con un hilo rojo atado a uno de nuestros dedos y en cuyo otro extremo se encuentra la persona con la que estamos destinados a compartir la vida. Este hilo no desaparece y no le afecta el tiempo ni la distancia. Da igual si el hilo se enreda un poco y tardas en conocer a esa persona porque puede estirarse, es paciente y no se rompe. Te acompaña desde tu nacimiento a lo largo de toda la vida e irremediablemente te lleva a tu destino
Elísabet Benavent (La magia de ser Sofía (La magia de ser... #1))
Las historias de damas en apuros rescatadas siempre por un héroe no son mis preferidas. Probablemente, de hecho, todas ellas las inventan los hombres con un gran afán de sentirse útiles y necesarios.- Asteria.
Iria G. Parente (Rojo y oro)
Tienes cicatrices, cicatrices feas, porque te hicieron algo feo, algo malvado. La gente ve las cicatrices. Pero también te ve a ti y tú no eres esas cicatrices. No eres fea. No eres malvada. Eres Therru y eres hermosa. Eres Therru, que puede trabajar y caminar y correr y bailar, hermosamente, con un vestido rojo.
Ursula K. Le Guin (Tehanu (Earthsea Cycle, #4))
—Ya te he dicho que él era el hombre más peculiar que he conocido. —¿Cómo se llamaba? Sus iris rojos destellaron con malicia. —Kra Dereth —reveló en el mismo tono en que alguien revelaría el secreto para convertir la madera en oro. La primera vez que escuché aquel nombre, no sentí nada en especial. Ni se me erizó la piel ni el corazón se saltó ningún latido. —Suena muy ridículo, con ese nombre mucho respeto no debía imponer. —Bueno, es que los elfos oscuros suelen tener nombres un poco impronunciables, la gente suele temer lo extraño y desconocido. (Joker, Idril)
Valeria González Lozano (Léiriú I: La rebelión (Léiriú, #1))
«Δε ζούμε στην παλιά εποχή κύριε διοικητά μου, ο κόσμος έχει προχωρήσει μπροστά. Κοίτα γύρω σου αν δε με πιστεύεις», είπε απλώνοντας τα χέρια του προς την έρημο που απλωνόταν γύρω από το Cielo Rojo σαν ωκεανός έτοιμος να το καταπιεί.
Γιώργος Κωστόπουλος (Εξιλέωση)
Empecé a coleccionar los tiques mensuales del transporte público. Son pequeños billetes rojos con un mes del año en el reverso. Cuando termina abril, la gente normal compra mayo y abril lo tira a la basura. Lo que la gente normal de este mundo muerto no sabe es que no hay que tirarlos. Que basta con un permanente, darla la vuelta al billete y escribir en él un momento especial. El mejor del mes. Guardarlo en una caja. Y empezar a creer en las fechas que marcan tu vida.
Chris Pueyo (El chico de las estrellas)
El fuego de la victoria me arde en las venas
Pierce Brown (Red Rising (Red Rising Saga, #1))
«Aunque anhelo el contacto real de la luz del sol entre nosotros, te añoro como se añora el hogar. Brilla otra vez, amor, y piensa en mí».
Casey McQuiston (Rojo, blanco y sangre azul)
En su exclamación palpitaba todo el caudal de celos rabiosos que pueda caber en el pecho de un amante abandonado.
Stendhal (Rojo y Negro)
Su emoción era un placer de los sentidos y no una pasión del alma, y la prueba es que, cuando entró en su habitación, ya no se acordó de otra cosa que de tomar su libro favorito.
Stendhal (Rojo y Negro)
Si me entrego a ese placer con tanta prudencia y circunspección, dejará de ser placer para mí. LOPE DE VEGA.
Stendhal (Rojo y Negro)
Recuerde usted siempre el gran principio de su siglo: «Sé lo contrario de lo que esperan que seas.»
Stendhal (Rojo y Negro)
Un hombre piensa que puede volar, pero le da miedo saltar. Un mal amigo lo empuja por la espalda. —Levanta la mirada hacia mí—. Un buen amigo salta con él.
Pierce Brown (Mañana azul (Amanecer rojo, #3))
En su cimbreo rojo rubí oye el cuervo cantar a los muertos, apenas conoce el precio, apenas la fuerza, el poder se alza y el Círculo se cierra. Del orgulloso león de faz de diamante, vela el súbito hechizo la luz brillante. Con el sol que agoniza él cambia la suerte, y el final revela, del cuervo, la muerte. De los Escritos secretos del conde de Saint Germain
Kerstin Gier (Saphirblau (Edelstein-Trilogie, #2))
Un rugido arrojado rasgó el aire y ambos nos volteamos para ver una moto de color rojo acercándose a la acera detrás del auto de Jack. El piloto levantó la mano en señal de saludo y luego se quitó el casco. Mi boca cayó abierta. Era Alex. Y sonreía de oreja a oreja. ¿Alex montaba una moto? ¿Desde cuándo? Y, más importante aún, ¿cuándo podría tener un paseo en ella?
Sarah Alderson (Hunting Lila (Lila, #1))
Lejos, en la llanura, en la noche sin orilla, podían ver como en un reflejo de su propio fuego en un lago oscuro el fuego de los vaqueros a unos ocho kilómetros. Por la noche llovió y la lluvia silbó en el fuego y los caballos se acercaron desde la oscuridad con sus ojos rojos parpadeando inquietos y por la mañana hacía frío y todo era gris y el sol tardó mucho en salir.
Cormac McCarthy (All the Pretty Horses (The Border Trilogy, #1))
-No quiero entrar todavía. Sólo quiero estar aquí sentado y no pensar en… -Tragó saliva. Incluso en la penumbra, noté que hacía un esfuerzo-. Sólo… quiero ser un hombre que ha ido a un concierto con una chica vestida de rojo. Sólo unos pocos minutos más.
Jojo Moyes (Me Before You (Me Before You, #1))
Un estudio en escarlata, ¿eh? ¿Por qué no hemos de emplear un poco el argot artístico? Nos encontramos con el hilo rojo del asesinato enzarzado en la madeja incolora de la vida, y nuestro deber consiste en desenmarañarlo, aislarlo y poner a la vista hasta la última pulgada.
Arthur Conan Doyle (A Study in Scarlet (Sherlock Holmes, #1))
Sabes muy bien que soy orgullosa... ¡Ah! ¡El orgullo es mi desgracia, lo confieso! ¿Me ha robado la mariscala de Fervaques tu corazón? ¿Ha hecho por ti todos los sacrificios que hice yo, arrastrada por mi fatal amor?
Stendhal (Rojo y Negro)
No existe misericordia en la Máquina verde; nosotros la creamos, fabricándola en las partes que han superado nuestro elemental cerebro de reptil. No existe el crimen, nosotros lo hemos creado y solo a nosotros nos incumbe.
Thomas Harris (Red Dragon (Hannibal Lecter, #1))
Nos han cortado, hemos caído. Nos hemos convertido en parte del insensible universo que duerme cuanto más despiertos estamos, y que arde, rojo, cuando nosotros yacemos dormidos. Hemos renunciado a nuestra sazón y ahora estamos tumbados, inertes, marchitos, y muy pronto seremos olvidados." Bernard
Virginia Woolf (The Waves)
Era el duque. Incluso desde donde estaba, supe qué era lo que le habían incrustado en el pecho. A través del corazón. Lo reconocería en cualquier sitio. Era la vara con la que me pegaba. Y por encima de él, escrita en rojo… con sangre… estaba la marca del Señor Oscuro. De sangre y cenizas… Resurgiremos. (Página394).
Jennifer L. Armentrout (From Blood and Ash (Blood and Ash, #1))
Es algo que suele suceder con los muertos: lamentar no haberles dicho a tiempo cuánto los amabas, lo necesarios que te eran. Cuando alguien imprescindible se va de tu lado, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales.
Miguel Delibes (Mujer de rojo sobre fondo gris)
Si os he referido estos detalles acerca del asteroide B 612 y si os he confiado su número es por las personas grandes. Las personas grandes aman las cifras. Cuando les habláis de un nuevo amigo, no os interrogan jamás sobre lo esencial. Jamás os dicen: '¿Cómo es el timbre de su voz? ¿Cuáles son los juegos que prefiere? ¿Colecciona mariposas?' En cambio, os preguntan: '¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos tiene? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?' Sólo entonces creen conocerle. Si decís a las personas grandes: 'He visto una hermosa casa de ladrillos rojos con geranios en las ventanas y palomas en el techo...', no acertarán a imaginarse la casa. Es necesario decirles: 'He visto una casa de cien mil fracos'. Entonces exclaman: '¡Qué hermosa es!' Si les decís: 'La prueba de que el principito existió es que era encantador, que reía, y que quería un cordero. Querer un cordero es prueba de que se existe', se encogerán de hombros y os tratarán como se trata a un niño. Pero si les decís: 'El planeta de donde venía es el asteroide B 612', entonces quedarán convencidos y os dejarán tranquilo sin preguntaros más. Son así. Y no hay que reprocharles. Los niños deben ser muy indulgentes con las personas grandes. Pero, claro está, nosotros que comprendemos la vida, nos burlamos de los números.
Antoine de Saint-Exupéry (The Little Prince)
No se enamore nunca de ninguna criatura salvaje, Mr. Bell- le aconsejó Holly-. Esa fue la equivocación de Doc. Siempre llevaba a su casa seres salvajes. Halcones con el ala rota. Otra vez trajo un lince rojo con una pata fracturada. Pero no hay que entregarles el corazón a los seres salvajes: cuanto más se lo entregas, más fuertes se hacen. Hasta que se siente lo suficientemente fuertes para huir al bosque. O subirse volando a un árbol. Y luego a otro árbol más alto. Y luego al cielo...-
Truman Capote (Breakfast at Tiffany’s and Three Stories)
Si quieres pregúntame por qué te necesito -susurró. Ni siquiera tuvo que decirlo. Por teléfono, en la oscuridad, le bastaba con mover los labios y respirar-. Pero no lo sé. Sólo sé que es así... Te echo de menos Eleanor. Quiero estar contigo todo el tiempo. Eres la chica más inteligente que he conocido jamás, la más divertida, y todo lo que haces me sorprende. Y me gustaría poder decir que ésas son las razones de que me gustes, porque eso me haría sentir como un ser humano mínimamente evolucionado... Pero creo que lo que siento por ti se debe también al color rojo de tu pelo y a la suavidad de tus manos... y a tu aroma, como a pastel de cumpleaños casero.
Rainbow Rowell (Eleanor & Park)
Anoche cuando dormía Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusiòn!, que una fontana fluía dentro de mi corazòn. Di: ¿por qué acequia escondida, agua, vienes hasta mí, manantial de nueva vida en donde nunca bebí? Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusiòn!, que una colmena tenía dentro de mi corazòn; y las doradas abejas iban fabricando en él, con las amarguras viejas, blanca cera y dulce miel. Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusiòn!, que un sol ardiente lucía dentro de mi corazòn. Era ardiente porque daba calores de rojo hogar, y era sol porque alumbraba y porque hacía llorar. Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusiòn!, que era Dios lo que tenía dentro de mi corazòn.
Antonio Machado
Su piel blanca, que no me digan que el blanco es la falta de color, porque es el color más hermoso y es el color de la pureza, y por supuesto que el blanco no es la falta de color: los profesores de física han descubierto a todo el mundo que en un copo de nieve, alineados en un blanco inmaculado están ocultos sin embargo el violeta de los lirios, o sea la tristeza, la melancolía, pero también está presente el azul que significa la calma de contemplar reflejado en un charco de la calle el cielo que nos espera, porque el azul está al lado del verde que es la límpida esperanza, y después viene el amarillo de las margaritas del campo, que florecen sin que nadie las plante y se presentan sin buscarlas, como buenas noticias cuando menos se las espera, y el color de las naranjas que ya están maduras por el verano se llama muy apropiadamente anaranjado, el azahar dio un fruto que el verano madura a causa del calor, qué goce saber que germinó la semilla, creció la planta que es la adolescencia y se va a entrar en la juventud del fruto que da el goce anaranjado, el fruto jugoso y refrescante de las tardes calurosas. El rojo también está oculto en el blanco, también está en ella, en Carla, que es tan blanca.
Manuel Puig (Betrayed by Rita Hayworth)
Habla y ellos te escucharán -me apremia-. Es así de simple. Todos los oídos quieren escuchar una voz que les guíe en la oscuridad.
Pierce Brown (Red Rising (Red Rising Saga, #1))
«Una cosa tengo clara como el agua: te extraño incluso más de lo que creí posible; y eso que estaba preparada para extrañarte mucho».
Casey McQuiston (Rojo, blanco y sangre azul)
En una ciudad que tan poética parece, todo se mueve, todo obedece a la más prosaica de las razones: a la renta, al interés.
Stendhal (Rojo y Negro)
¡Cosa extraña! Al creer que era amado menos, amó él más.
Stendhal (Rojo y Negro)
¡La importancia! ¿Es nada, por ventura? La importancia es el respeto de los necios, el pasmo de los niños, la envidia de los ricos y el desprecio del sabio.
Stendhal (Rojo y Negro)
La vida de un hombre era resultado de una serie complicada de casualidades; hoy, la civilización ha desterrado a la casualidad, ha sepultado lo imprevisto.
Stendhal (Rojo y Negro)
felicidad... ¡Me olvidará!... ¡Le amarán... porque lo merece, y amará! ¡Qué desgraciada soy!...
Stendhal (Rojo y Negro)
Como se ve, aquella cabeza, tan serena y fría hasta entonces, atravesaba un periodo de extravío lamentable, de delirio completo.
Stendhal (Rojo y Negro)
La pureza de alma y la ausencia de emociones pecaminosas prolongan considerablemente los días de la juventud.
Stendhal (Rojo y Negro)
—Oye —está diciendo Henry, furioso, al teléfono un jueves por la noche—. Me importa un comino lo que diga Joanne. Remus John Lupin3 es más gay que nadie, y no pienso consentir que nadie diga lo contrario.
Casey McQuiston (Rojo, blanco y sangre azul)
-No se enamore nunca de ninguna criatura salvaje, Mr. Bell -le aconsejó Holly-. Esa fue la equivocación de Doc. Siempre se llevaba a su casa seres salvajes. Halcones con el ala rota. Otra vez trajo un lince rojo con una pata fracturada. Pero no hay que entregarles el corazón a los seres salvajes: cuanto más se lo entregas, más fuertes se hacen. Hasta que se sienten lo suficientemente fuertes como para huir al bosque. O subirse volando a un árbol. Y luego a otro árbol más alto. Y luego al cielo. Así terminará usted, Mr. Bell, si se entrega a alguna criatura salvaje. Terminará con la mirada fija en el cielo.
Truman Capote (Breakfast at Tiffany’s and Three Stories)
Por las mañanas, al asomarme al balcón, veo el pueblo con sus tejados rojos, negruzcos, sus chimeneas cuadradas y el humo que sale por ellas en hebras muy tenues en el cielo gris del otoño. Después de las lluvias abundantes, las casas están desteñidas, las calles limpias; la carretera descarnada, con las piedras al descubierto. El azul del cielo parece lavado cuando sale entre nubes: es más diáfano, más puro.
Pío Baroja (Las Inquietudes De Shanti Andia)
—Me dijeron que recogería a una hermosa mujer con vestido rojo —respondió el conductor—. Pero estoy seguro que el Sr. Silva no se quejará si tengo a la mujer equivocada. Le di una sonrisa mientras me deslizaba al interior del automóvil. —Estoy segura de que no lo haría. Antes de que el conductor cerrara la puerta, se detuvo. —Así que, ¿cuál es usted? ¿La mujer correcta o la incorrecta? Lo miré a los ojos y le dije—: Ambas.
Nicole Williams (Mischief in Miami (Great Exploitations, #1))
—Es una de mis partes preferidas de Alicia en el país de las maravillas. Alicia le pregunta al Conejo Blanco: «¿Cuánto tiempo es para siempre?», y el Conejo Blanco responde: «A veces, para siempre es solo un segundo».
Isabelle Ronin (Sueños rojos)
Por eso, cuando me sumerjo y sigo la luz, mientras siento que el mar opone su frágil resistencia y mis pulmones se debaten por aguantar un segundo más, mientras mis brazos y mis piernas se esfuerzan por elevarme —porque estoy sobre lo que hubo antes—, me siento parte de algo más grande, mucho más grande que yo, que todos nosotros juntos. El mar ha estado siempre en el mar. Me siento una partícula en movimiento dentro de lo eterno.
Patricia García-Rojo
monotonía, las colas: todo o nada: ¿conocen mi albur?, ¿lo entienden?: todo o nada, todo al negro o todo al rojo, con güevos, ¿eh?, con güevos, jugándosela, rompiéndose la madre, exponiéndose a ser fusilado por los de arriba o por los de abajo; eso es ser hombre, como yo lo he sido, no como ustedes hubieran querido, hombre a medias, hombre de berrinchitos, hombre de gritos destemplados, hombre de burdeles y cantinas, macho de tarjeta postal, ¡ah, no, yo, no!,
Carlos Fuentes (La muerte de Artemio Cruz)
Si tengo que definir la poesía y no las tengo todas conmigo, si no me siento demasiado seguro, digo algo como: «poesía es la expresión de la belleza por medio de palabras artísticamente entretejidas». Esta definición podría valer para un diccionario o para un libro de texto, pero a nosotros nos parece poco convincente. Hay algo mucho más importante: algo que nos animaría no sólo a seguir ensayando la poesía, sino a disfrutarla y a sentir que lo sabemos todo sobre ella. Esto significa que sabemos qué es la poesía. Lo sabemos tan bien que no podemos definirla con otras palabras, como somos incapaces de definir el sabor del café, el color rojo o amarillo o el significado de la ira, el amor, el odio, el amanecer, el atardecer o el amor por nuestro país. Estas cosas están tan arraigadas en nosotros que sólo pueden ser expresadas por esos símbolos comunes que compartimos. ¿Y por qué habríamos de necesitar más palabras?
Jorge Luis Borges (Arte poética: Seis conferencias en Harvard)
-No me di cuenta que eras tan bueno, Grayson. El cálido sonido de la risa de Grayson retumbó gratamente contra el costado de mi cara que descansaba en su pecho. - Las damiselas en apuros siempre han sido mi talón de Aquiles, pero no dejes que eso te engañe. Realmente no soy tan bueno. - Si, lo eres. - No, no lo soy. Si yo fuera honesto, no estaría teniendo un momento tan difícil para no agarrarte el culo ahora mismo. (Avery y Grayson) -Pero miraté - dije -. Siempre pensaste que era como una hermana también. Si puedes cambiar de opinión, entonces el también puede. El sólo necesita un llamado de atención .-Oye ahora, no puedes ir saltando en la ducha con cada chico, sabes. Eso es completamente nuestra cosa. (Avery y Grayson) Escuché que mi amiga Avery te pisó tan fuerte en una partida de billas el pasado fin de semana que Grayson tuvo que tener piedad de ti antes de que cada estudiante de primer año universitario en UVU viera cuán pequeña es tu basura. (Libby a Owen) - ¿Realmente fallaste en un examen de sobre Las leyes de Newton? Está bien. Así que todos me miraban porque pensaban que yo era un idiota. - ¿Qué? - le pregunté un poco a la defensiva -. ¿Parece ser fácil? "No robar" le entiendo. "Rojo significa detenerse" tiene sentido. El chico Newton estaba fumando algo serio cuando debió haber hecho sus leyes. ¿Cuándo demonios vamos a usarlas de todos modos? (Brandon y Grayson)
Kelly Oram (The Avery Shaw Experiment (Science Squad, #1))
Nunca te creas mas listo que nadie por ser un canalla; hasta el hombre más idiota es capaz de cometer un acto de maldad insuperable(...) La crueldad ... es un poder vacío, una moneda de metal brillante con la que no se puede comprar nada.
Ismael Martínez Biurrun (Rojo alma, negro sombra)
Eres es la explosión de rosas en un cuarto oscuro. O el sabor inesperado y dulce en el té que tomamos en Starbucks You are the moon that gives midnight its meaning. And the explanation of water for all living things. You are my compass, A sapphire, A bookmark, A rare coin, Un trompo, Un canica, De mi juventud. Eres miel y canela chocolate y jamoncillo. You are rare spices lost from a boat That was once sailed by Cortez. Eres un rosa, prensado en un libro un anillo de perla de herencia y un frasco de perfume rojo que se encuentran cerca de las orillas del Nilo. You are an old soul from an ancient place, A thousand years and centuries and milleniums ago. And you have traveld all this way… Just so that I could love you… And, I do.
José N. Harris (MI VIDA: A Story of Faith, Hope and Love)
Sola en la cocina escucho en bucle 'Me quedo contigo' cantado por Rosalía con un vestido rojo, en la sala de los Goya. "Me enamorao, te quiero y te quiero' me revuelve y me hace llorar -¿por quién? Por el amor mismo-. Lo que me emociona y duele es mi propia capacidad de amar. Es el reconocimiento, y la memoria de los caminos de la pasión. Conocer la pasión, saber de su existencia y su acecho. Como un quiebre brutal de la vida hacia su éxtasis, que se arquea y se dirige y que nunca llega a completarse. Soy una flor curvada hacia la lengua de un sol presente en su quemadura algunos mediodías, siempre demasiado lejano para hacer arder. ¿Quiero arder de una vez por todas? Una flor jorobada y retorcida, alargando todas sus células en su petición
Sara Torres (Lo que hay)
Y yo, colocado en el último peldaño de la escalera social por una Providencia que para mí es madrastra y no madre, yo, dotado de un corazón noble, pero falto de mil francos de renta, es decir, sin pan... no exagero... sin pan, ¿he de rehusar un placer que se me ofrece sin yo buscarlo, un manantial límpido que viene a apagar mi sed en el desierto abrasador de la pobreza que con tanta pena atravieso? ¡A fe que sería la estupidez mayor del mundo! ¡Primero yo, y después yo, y siempre yo, en el desierto de egoísmo que llamamos vida!
Stendhal (Rojo y Negro)
quedó sumido en ese estado de estupor y de inquieta alarma en que cae el alma que acaba de obtener lo que desde largo tiempo antes venía deseando, del alma habituada a desear y que, ni encuentra ya nada que desear, ni conserva recuerdos que llenen el vacío que en ella dejaron los deseos.
Stendhal (Rojo y Negro)
El traje de maiko lleva un cuello característico, que se cose a mano al nagajuban cada vez que una se viste esta prenda. Estos cuellos rojos tienen su propia historia. Están hechos de seda bordada con exquisitez en hilo blanco, plateado y dorado, de modo que cuanto más joven sea la maiko, menos tupido es el bordado y más visible el rojo de la seda. Conforme una va creciendo, el aplique se vuelve más abigarrado, hasta que casi no se ve el color rojo, símbolo de la infancia. El proceso continúa hasta que un día una "cambia el cuello" de maiko por el de geiko y comienza a usar uno blanco en lugar del rojo.
Mineko Iwasaki (Geisha, a Life)
Amaba el libro, pero el libro espontáneamente elegido. Ella entendía que el vicio o la virtud de leer dependían del primer libro. Aquel que llegaba a interesarse por un libro se convertía inevitablemente en esclavo de la lectura. Un libro te remitía a otro libro, un autor a otro autor, porque, en contra de lo que solía decirse, los libros nunca te resolvían problemas sino que te los creaban, de modo que la curiosidad del lector siempre quedaba insatisfecha.
Miguel Delibes (Señora de rojo sobre fondo gris)
Aura vestida de verde, con esa bata de tafeta por donde asoman, al avanzar hacia ti la mujer, los muslos color de luna: la mujer, repetirás al tenerla cerca, la mujer, no la muchacha de ayer: la muchacha de ayer - cuando toques sus dedos, su talle - no podía tener mas de veinte anos; la mujer de hoy - y acaricies su pelo negro, suelto, su mejilla pálida - parece de cuarenta: algo se ha endurecido, entre ayer y hoy, alrededor de los ojos verdes; el rojo de los labios se ha oscurecida fuera de su forma antigua, como si quisiera fijarse en una mueca alegre, en una sonrisa turbia: como si alternara, a semejanza de esa plata del patio, el sabor de la miel y el de la amargura. No tienes tiempo de pensar mas: (47)
Carlos Fuentes (Aura)
La sensación que más me ha acompañado desde niña es la del hervor. Me siento como una langosta a la que han arrojado consciente a la olla al rojo vivo que significa existir. A diario me pregunto cuándo estaré cocinada y me podré poner a enfriar. Pensaba que al aprender a saltar a la comba soplaría brisa fresca pero todavía estoy esperando. Dominé la comba, dominé el idioma, aproveché las vacaciones para leer libros hasta el amanecer, aprobé todo tipo de exámenes, saqué buena nota en Selectividad sin el apoyo de ninguna academia, salí a la calle con maquillaje, tacones y ligueros de encaje y volví a casa sorteando ejércitos de obstáculos y monstruos con el rímel sin correr, me depilé las ingles, las piernas completas, los sobacos, me decoloré el bigote, limpié el cuarto de baño doscientas mil veces, hice espaguetis y mermelada de moras, digerí semen espeso y amargo con buena cara, me acordé de llevar siempre cortaúñas, líquido desinfectante, pañuelos y estuche de lentillas a todas partes, de apagar el gas antes de salir de casa, de sacar al perro al amanecer y al sol de agosto, de tender la ropa a tiempo para que no cogiese olor a humedad, de comprar el café que le gusta a mi madre porque no quería que sus mañanas fuesen aún más difíciles. Cuánto falta. Cuándo llega el punto en el que deja de quemar la vida. ¿Ocurrirá al terminar la carrera, al conseguir un trabajo digno? Cada vez quema más, quema más que nunca. Estoy al rojo vivo.
Elisa Victoria (El Evangelio)
¿Cómo es posible que el gobierno considerara un "gravísimo problema" a un puñado de muchachos y muchachas? Resulta ridículo sobre todo si se sabe que el gobierno cuenta con un aparato de represión poderosísimo y ejerce un control casi absoluto sobre los medios de información ¿Qué peligro, qué "gravísimo peligro" no puede controlar el gobierno actual? Yo creo que el único que no puede controlar es el de su propia conciencia, porque si los miembros del gobierno tuvieran la razón y gobernaran como se debe no le temerían a nada ni necesitarían escudarse en la fuerza ni en la injusticia para sostenerse... Además, gran parte de la población es pasiva, entonces, ¿qué? ¿Qué se traen? Llevan todas las de ganar. *Ernestina Rojo González, de la Facultad de Leyes de la UNAM
Elena Poniatowska (La noche de Tlatelolco)
Las historia han cambiado, mi querido muchacho. Ya no ha batallas que enfrenten al bien y al mal, ni monstruos a los que matar, ni doncellas a las que rescatar. Por lo que yo sé, la mayoría de las doncellas son perfectamente capaces de rescatarse a sí mismas o, por lo menos, lo so las que valen algo. Y no existen los cuentos sencillos acerca de búsquedas y bestias, los cuentos con final feliz. las búsquedas ya no terminan en un objetivo claro, ni tampoco el camino a seguir lo tiene. las bestias adoptan distintas formas y ya no es fácil reconocerlas como tales. Y, en realidad, los finales no existen, ni felices ni de cualquier clase. las cosas se prolongan, se superponen y se vuelven borrosas: tu historia es parte de de la historia de tu hermana, que es parte de otras muchas historias, y no hay forma de saber adónde nos conducen ninguna de ellas. El bien y el mal son ahora bastantes mas complicados: ya no es cuestión de una princesa y un dragón, o de un lobo y una niña vestida de rojo. Y... ¿Acaso no es el dragón protagonista de su propia historia? ¿Acaso no se comporta el lobo como se le presume? Aunque tal vez solo haya un lobo que llegue al extremo de disfrazarse de abuelita para jugar con su presa.
Erin Morgenstern (The Night Circus)
Verdes arboles contra el cielo en la lluvia de primavera mientras el cielo enciende a los árboles de primavera en oscurecimiento. Flores rojas salpican la tierra en la persecución de la brisa mientras la tierra se colorea de rojo tras el beso". La última palabra, beso, cuelga en el aire. -La próxima vez que me enferme, me puedes decir eso. Puedes ser mi chica en las montañas. -Bien -digo-. Seré tu chica de las montañas y cuidaré de ti. Sonríe, como si fuese otra broma, otra ráfaga en nuestro coqueteo, y sonrío en respuesta, aunque no estoy bromeando. -Y como recompensa, te liberaré de la carga del tiempo- Desliza mi reloj en su larguirucha muñeca, donde no luce tanto como un grillete prisión. -Por ahora, el tiempo no existe. Es ¿Como dijo Jacques...Fluido? -Fluido -repito, como una encantación. Porque si el tiempo puede ser fluido, entonces algo que es sólo un día puede seguir indefinidamente.
Gayle Forman
[...] Eso es muy corto, joven; yo os abono que podíais variar bastante el tono. Por ejemplo: Agresivo: «Si en mi cara tuviese tal nariz, me la amputara.» Amistoso: «¿Se baña en vuestro vaso al beber, o un embudo usáis al caso?» Descriptivo: «¿Es un cabo? ¿Una escollera? Mas ¿qué digo? ¡Si es una cordillera!» Curioso: «¿De qué os sirve ese accesorio? ¿De alacena, de caja o de escritorio?» Burlón: «¿Tanto a los pájaros amáis, que en el rostro una alcándara les dais?» Brutal: «¿Podéis fumar sin que el vecino —¡Fuego en la chimenea!— grite?» Fino: «Para colgar las capas y sombreros esa percha muy útil ha de seros.» Solícito: «Compradle una sombrilla: el sol ardiente su color mancilla.» Previsor: «Tal nariz es un exceso: buscad a la cabeza contrapeso.» Dramático: «Evitad riñas y enojos: si os llegara a sangrar, diera un Mar Rojo.» Enfático: «¡Oh nariz!… ¡Qué vendaval te podría resfriar? Sólo el mistral.» Pedantesco: «Aristófanes no cita más que a un ser sólo que con vos compita en ostentar nariz de tanto vuelo: El Hipocampelephantocamelo.» Respetuoso: «Señor, bésoos la mano: digna es vuestra nariz de un soberano.» Ingenuo: «¿De qué hazaña o qué portento en memoria, se alzó este monumento?» Lisonjero: «Nariz como la vuestra es para un perfumista linda muestra.» Lírico: «¿Es una concha? ¿Sois tritón?» Rústico: «¿Eso es nariz o es un melón?» Militar: «Si a un castillo se acomete, aprontad la nariz: ¡terrible ariete!» Práctico: «¿La ponéis en lotería? ¡El premio gordo esa nariz sería!» Y finalmente, a Píramo imitando: «¡Malhadada nariz, que, perturbando del rostro de tu dueño la armonía, te sonroja tu propia villanía!» Algo por el estilo me dijerais si más letras e ingenio vos tuvierais; mas veo que de ingenio, por la traza, tenéis el que tendrá una calabaza y ocho letras tan sólo, a lo que infiero: las que forman el nombre: Majadero. Sobre que, si a la faz de este concurso me hubieseis dirigido tal discurso e, ingenioso, estas flores dedicado, ni una tan sólo hubierais terminado, pues con más gracia yo me las repito y que otro me las diga no permito.
Edmond Rostand (Cyrano de Bergerac)
La cabeza de Nicasia descansaba sobre el pecho desnudo de Locke. El pelo rojo del zorro se le pegaba a la mejilla por el sudor. Mientras Cardan los miraba, una ráfaga de sangre le calentó las mejillas y los latidos en su cabeza se hicieron tan fuertes que momentáneamente ahogó sus pensamientos. Miró sus cuerpos enredados, las brasas incandescentes de la chimenea, el trabajo a medio terminar para los tutores de palacio que todavía estaba en su escritorio, manchas descuidadas de tinta salpicando el papel. Cardan debería haber sido el chico con el corazón de piedra en la historia de Aslog, pero de alguna manera había dejado que su corazón se volviera de cristal. Podía sentir los fragmentos rotos alojados en sus pulmones, haciendo que cada respiración le doliera. Cardan había confiado en que Nicasia no lo lastimaría, lo cual era ridículo, ya que sabía bien que todos se lastiman entre sí y que las personas que amabas te lastiman más gravemente. Ya que era muy consciente de que ambos se deleitaban en hacer daño a todos los demás que podían, ¿cómo podía haberse considerado seguro?
Holly Black (How the King of Elfhame Learned to Hate Stories (The Folk of the Air, #3.5))
Villoviado es un pequeño pueblo a pocos kilómetros de Lerma, en la provincia de Burgos, en el norte de España, tranquilo, con buena gente dedicada al pastoreo y a la agricultura. Las gallinas que correteaban por el empedrado, las voces de las mujeres llamando a sus hijos desde las ventanas de sus casas, sencillos campesinos que se limpiaban el sudor con orgullo, tejados rojos con chimeneas en forma de cono, vallas de piedra, bodegas a la entrada del pueblo, su fuente y, a finales de agosto, el olor del espliego inundando el valle, todo ello daba un carácter especial a Villoviado. También tenía su iglesia, la Iglesia de San Vítores, en una pequeña elevación casi en el centro del pueblo, con su bendito moral. La leyenda dice que lo trajeron desde Cerezo del Río Tirón, donde fue martirizado San Vítores; según los más viejos del lugar, de cada gota que cayó de su cuerpo en el martirio nació un moral. Todas las madres del pueblo, en algún que otro momento, cogían los tallos mas delgaditos del sagrado moral para colgarlos del cuello de sus hijos. Según la costumbre no solo quitaba las lombrices, sino que también protegía a esas criaturas. En aquel momento nadie se imaginaba que esos niños, años después, se sentarían en la valla del cementerio, casi tocando el moral, oteando, avisando de la llegada de los franceses. Aquellas
Reyes Galaz (Cántaras vacías (Spanish Edition))
Porque si una lleva una falda o un escote de un tiempo a esta parte lo lleva para sí misma o en nombre del em­­poderamiento, una de dos, y que no me mire nadie porque machete al machote y madre mía qué fuerte e inde­­pen­­diente con mi falda, que era a lo que me reducían antes, a ser dos piernas y poca tela y me quejaba y con razón y ahora como por arte de magia resulta que eso es signo de empoderamiento, pero no puede mirarlo nadie. Nos he­­mos encerrado tanto en nosotros mismos, nos hemos individuado tanto y hemos hecho tantos esfuerzos por acabar con lo de las dinámicas de poder —y, nos guste o no, la belleza siempre ha implicado y siempre implicará poder— que hemos terminado creyendo que no pro­­vocamos ningún efecto, ninguna reacción en el otro y que lo contrario sería inaceptable, aunque las mujeres nos lo hemos creído a medias, como todas las mentiras que nos contamos a nosotras mismas. Por eso rara vez nos ponemos escote y los labios rojos para estar solas en casa, de la misma forma que el pavo real no desplegaría su cola si no hubiera una pava a la vista, porque gilipollas no es y por lo del ahorro energético, y negar que un escote bonito es enseñado de cuando en cuando para ser visto, solo cuando quiere ser visto, cuando quiere ser mirado, además de ridículo niega parte de nuestro poder como mujeres, un poder que no se reduce a lo bello y a lo sexual pero del que lo bello y lo sexual forman parte y no pasa nada y por eso toda mujer ama a un fascista: porque todo el que mira nuestros escotes lo es, a no ser que sea un trapero en un videoclip, entonces es un trapero al uso, entonces se le permite. Y porque mal que bien y según el nuevo canon, nuestros abuelos lo fueron y nuestros padres lo son. No solo porque se les fueran los ojos con las mujeres bonitas que cruzaban los pasos de cebra cuando pensaban, inocentes, que no nos dábamos cuenta.
Ana Iris Simón (Feria)
Lo hice nuevamente. Uno de cada diez años puedo soportarlo… una especie de milagro ambulante, mi piel brilla como una pantalla nazi, mi pie derecho un pisapapeles, mi rostro sin forma, delgado lienzo judío. Retira la compresa, ¡ah, enemigo mío! ¿te doy miedo?… ¿La nariz, la fosa de los ojos, toda la dentadura? El aliento agrio un día se desvanecerá. Pronto, pronto la carne que alimentó la grave sepultura me será familiar y yo seré una mujer sonriente, sólo tengo treinta. Y como el gato tengo nueve vidas que morir. Ésta es la Número Tres. Qué basura para la aniquilación de cada década. Qué millón de filamentos. La multitud como maní prensado se atropella para ver desenvuelven mis manos y pies… el gran strip tease señoras y señores éstas son mis manos mis rodillas. Puede que esté piel y huesos, sin embargo, soy la misma e idéntica mujer. La primera vez que ocurrió, tenía diez. Fue un accidente. La segunda vez quise que fuera definitivo y no regresar jamás. Me mecí doblada sobre mí misma como una concha. Tuvieron que llamar y llamar y quitarme uno a uno los gusanos como perlas viscosas. Morir es un arte, como cualquier otro, yo lo hago de maravillas. Hago que se sienta como un infierno. Hago que se sienta real. Creo que podrían llamarlo un don. Es tan fácil que puedes hacerlo en una celda. Es tan fácil que puedes hacerlo y quedarte ahí, quietita. Es el teatral regreso a pleno día al mismo lugar, a la misma cara, al mismo grito brutal y divertido “¡Milagro!” que me deja fuera de combate. Hay un precio a pagar para mirar las escaras, hay un precio a pagar para auscultar mi corazón… late de veras. Y hay un precio a pagar, un precio mayor por una palabra o un contacto o un poquito de sangre o una muestra de mi cabello o de mi ropa. Bueno, bueno, Herr Doctor. Bueno, Herr Enemigo. Soy vuestra opus, soy vuestra valiosa niña de oro puro que se funde en un chillido. Giro y ardo. No crean que no estimo su enorme preocupación. Cenizas, cenizas… Ustedes atizan y remueven. Carne, hueso, no hay nada allí… Un pan de jabón, un anillo de bodas, un empaste de oro. Herr dios, Herr Lucifer tengan cuidado tengan cuidado. Sobre las cenizas me elevo con mi cabello rojo y devoro hombres como aire.
Sylvia Plath (Ariel)
Comprendí al punto: era la lucha entre los hombres y las máquinas, preparada, esperada y temida desde hace mucho tiempo, la que por fin había estallado. Por todas partes yacían muertos y mutilados, por todas partes también automóviles apedreados, retorcidos, medio quemados; sobre la espantosa confusión volaban aeroplanos, y también a éstos se les tiraba desde muchos tejados y ventanas con fusiles y con ametralladoras. En todas las paredes anuncios fieros y magníficamente llamativos invitaban a toda la nación, en letras gigantescas que ardían como antorchas, a ponerse al fin al lado de los hombres contra las máquinas, a asesinar por fin a los ricos opulentos, bien vestidos y perfumados, que con ayuda de las máquinas sacaban el jugo a los demás y hacer polvo a la vez sus grandes automóviles, que no cesaban de toser, de gruñir con mala intención y de hacer un ruido infernal, a incendiar por último las fábricas y barrer y despoblar un poco la tierra profanada, para que pudiera volver a salir la hierba y surgir otra vez del polvoriento mundo de cemento algo así como bosques, praderas, pastos, arroyos y marismas. Otros anuncios, en cambio, en colores más finos y menos infantiles, redactados en una forma muy inteligente y espiritual, prevenían con afán a todos los propietarios y a todos los circunspectos contra el caos amenazador de la anarquía, cantaban con verdadera emoción la bendición del orden, del trabajo, de la propiedad, de la cultura, del derecho, y ensalzaban las máquinas como la más alta y última conquista del hombre, con cuya ayuda habríamos de convertirnos en dioses. Pensativo y admirado leí los anuncios, los rojos y los verdes; de un modo extraño me impresionó su inflamada oratoria, su lógica aplastante; tenían razón, y, hondamente convencido, me quedé parado ya ante uno, ya ante el otro, y, sin embargo, un tanto inquieto por el tiroteo bastante vivo. El caso es que lo principal estaba claro: había guerra, una guerra violenta, racial y altamente simpática, en donde no se trataba de emperadores, repúblicas, fronteras, ni de banderas y colores y otras cosas por el estilo, más bien decorativas y teatrales, de fruslerías en el fondo, sino en donde todo aquel a quien le faltaba aire para respirar y a quien ya no le sabia bien la vida, daba persuasiva expresión a su malestar y trataba de preparar la destrucción general del mundo civilizado de hojalata. Vi cómo a todos les salía risueño a los ojos, claro y sincero, el afán de destrucción y de exterminio, y dentro de mí mismo florecían estas salvajes flores rojas, grandes y lozanas, y no reían menos. Con alegría me incorporé a la lucha.
Hermann Hesse (Der Steppenwolf.)