Rojo Quotes

We've searched our database for all the quotes and captions related to Rojo. Here they are! All 200 of them:

El día que te fuiste entendí que no te volvería a ver. Ibas teñida de rojo por el sol de la tarde, por el crepúsculo ensangrentado del cielo; Sonreías. Dejabas atrás un pueblo del que muchas veces me dijiste: ‘Lo quiero por ti; pero lo odio por todo lo demás, hasta por haber nacido en él’. Pensé: ‘No regresará jamás; no volverá nunca.
Juan Rulfo (Pedro Páramo)
Yo te he nombrado reina. Hay más altas que tú, más altas. Hay más puras que tú, más puras. Hay más bellas que tú, hay más bellas. Pero tú eres la reina. Cuando vas por las calles nadie te reconoce. Nadie ve tú corona de cristal, nadie mira la alfombra de oro rojo que pisas cuando pasas, la alfombra que no existe. Y cuando asomas suenan todos los ríos en mi cuerpo, sacuden el cielo las campanas, y un himno llena el mundo Sóló tú y yo, sóló tú y yo, amor mío, lo escuchamos.
Pablo Neruda (The Captain's Verses)
Me pregunté si no habría personas destinadas a encontrarse fuera cuáles fueran las decisiones que tomasen, si esa leyenda que hablaba de un hilo rojo que conecta a dos almas gemelas no sería verdad.
Victoria Vilchez (Dime que te casarás conmigo (Antes de, #2.5))
Iba a llenar de labial rojo el cielo y las nubes y el aire y los ruidos.
Rafael Chaparro Madiedo (Opio en las nubes)
No estaba herida. Sólo gritaba de dolor. El fiscal se sentó entre una anciana mamacha que lloraba en quechua y un policía con un corte en la mano que goteaba sangre. Abril Rojo
Santiago Roncagliolo
Hay tantos niños que van a nacer con una alita rota Y yo quiero que vuelen compañero Que su revolución les dé un pedazo de cielo rojo Para que puedan volar
Pedro Lemebel (Loco afán: Crónicas del sidario)
El Chico de las Estrellas conoció a gente que no se atrevía a tatuarse porque los tatuajes no se quitan, que no besaban por si se apartaban, que no viajaban en avión por si se caían, que no se ponían zapatos rojos por el qué dirán.
Chris Pueyo (El chico de las estrellas)
Al final, lo único que te permite seguir viviendo, lo único que te impulsa, son los sentimientos. No se trata de resistencia física.
David Lozano Garbala (Cielo rojo)
Uno no muere, no desaparece del mundo, mientras permanece en el recuerdo de alguien...
David Lozano Garbala (Cielo rojo)
Creo que en este tiempo contigo he aprendido que ninguna vida tiene mucho sentido si no se acepta el dolor como parte de ella, Asteria.- Orión.
Iria G. Parente (Rojo y oro)
La vida verdaderamente no conoce de probabilidades o de leyes superiores. Aparece en el sitio menos esperado y se aferra con todas sus fuerzas a donde sea necesario.- Orión.
Iria G. Parente (Rojo y oro)
Recuerdo muy bien la emoción, la alegría que sentí al pisar el acelerador. Si ha habido alguna vez una mujer enamorada, ésa era yo. Si alguna vez he estado enamorada, fue entonces, el día que viajé desde la provincia de Cuenca hasta la de Castellón, conduciendo por carreteras secundarias con un Ford Fiesta rojo que se ahogaba en todas las cuestas y un corazón tan grande que no me cabía en el cuerpo. Era demasiado amor. Demasiado grande, demasiado complicado, demasiado confuso, y arriesgado, y fecundo, y doloroso. Tanto como yo podía dar, más del que me convenía. Por eso se rompió. No se agotó, no se acabó, no se murió, sólo se rompió, se vino abajo como una torre demasiado alta, como una apuesta demasiado alta, como una esperanza demasiado alta.
Almudena Grandes (Castillos de cartón)
I won't ask you to tell me who has spoken ill of me, but I would like to know who has spoken favorably.
Santiago Roncagliolo (Abril rojo)
Las luchas que merecen la pena son aquellas en las que creemos de corazón.-Asteria.
Iria G. Parente (Rojo y oro)
Dear Stress, I would like a divorce. Please understand it is not you, it is me. –Thomas E. Rojo Aubrey
Thomas E. Rojo Aubrey (Unlocking the Code to Human Resiliency)
El profesor golpea otro escritorio, y la chica con cabello rojo a mi izquierda salta y deja caer todos sus papeles. Me inclino para ayudarla a recogerlos, y estoy sorprendida al descubrir una página entera de garabatos de un tatuaje de calavera familiar. Miro hacia arriba en sorpresa, y su cara se enciende como su cabello rojo. Miro hacia Josh y luego levanto mis cejas hacia ella. Sus ojos se amplían en horror, pero sacudo mi cabeza y sonrío. No le diré. ¿Cuál es su nombre? Isla. Isla Martin. Vive en mi piso, pero es tan silenciosa que a menudo me olvido de ella. Tendrá que ser más ruidosa si le gusta Josh. Ambos son tímidos. Es una lástima, porque se verían lindos juntos. Probablemente pelearía menos que con Rashmi, también. ¿Por qué es que las personas adecuadas no terminan juntas? ¿Por qué las personas tienen miedo de abandonar una relación, incluso cuando saben que es una mala relación?
Stephanie Perkins (Anna and the French Kiss (Anna and the French Kiss, #1))
Yo sueño un país donde tantos talentosos artistas, músicos y danzantes, actores y poetas, pintores y contadores de historias, dejen de ser figuras pintorescas y marginales, y se conviertan en voceros orgullosos de una nación, en los creadores de sus tradiciones. Todo eso sólo requiere la apasionada y festiva construcción de vínculos sinceros y valerosos. Y hay una pregunta que nos está haciendo la historia: ahora que el rojo y el azul han dejado de ser un camino, ¿dónde está la franja amarilla?...
William Ospina (¿Dónde está la franja amarilla?)
No era pintura, ni el color de la salud, ni divulgador del alcohol; era el rojo que brota en las mejillas al calor de palabras de amor o de vergüenza que se pronuncian cerca de ellas, palabras que parecen imanes que atraen el hierro de la sangre.
Leopoldo Alas
Diez negritos se fueron a cenar; uno se asfixió y quedaron nueve. Nueve negritos estuvieron despiertos hasta muy tarde; uno se quedó dormido y entonces quedaron ocho. Ocho negritos viajaron por Devon; uno dijo que se quedaría allí y quedaron siete. Siete negritos cortaron leña; uno se cortó en dos y quedaron seis. Seis negritos jugaron con una colmena; una abeja picó a uno de ellos y quedaron cinco. Cinco negritos estudiaron Derecho; uno se hizo magistrado y quedaron cuatro. Cuatro negritos fueron al mar; un arenque rojo se tragó a uno y quedaron tres. Tres negritos pasearon por el zoo; un gran oso atacó a uno y quedaron dos. Dos negritos se sentaron al sol; uno de ellos se tostó y sólo quedó uno. Un negrito quedó sólo; se ahorcó y no quedó… ¡ninguno!
Agatha Christie (And Then There Were None)
Puede que la muerte sea, al final, más amable que la vida.- Asteria.
Iria G. Parente (Rojo y oro)
Los cien enamorados duermen para siempre bajo la tierra seca. Andalucía tiene largos caminos rojos. Córdoba, olivos verdes donde poner cien cruces que los recuerden. Los cien enamorados duermen para siempre. -De Profundis Those hundred lovers are asleep forever beneath the dry earth. Andalusia has long, red-colored roads. Córdoba, green olive trees for placing a hundred crosses to remember them. Those hundred lovers are asleep forever. -De Profundis
Federico García Lorca
Tulipanes rojos: amor eterno.
Alyson Noel (Evermore (The Immortals, #1))
Las oportunidades se van si no las atrapas. Y las perderás si en vez de tomarlas te dedicas a hacerte preguntas sobre si estás o no a la altura. Sobre si eres o no capaz de hacer algo. Ese es mi consejo.- Ligeia.
Iria G. Parente (Rojo y oro)
No. En la muerte solo hay desesperación, tristeza y vacío. En la muerte no hay nada bueno, ni para quien muere ni para quienes quedan vivas para sentirla. En la muerte lo único que hay es inevitabilidad.- Asteria.
Iria G. Parente (Rojo y oro)
Creo... que el dolor de vivir y morir es suficiente para cualquier persona. Después de eso solo debería existir... paz.- Asteria.
Iria G. Parente (Rojo y oro)
Los peces son quizás los únicos animales domésticos que no hacen ruido. Pero estos me enseñaron que los gritos también pueden ser silenciosos.
Guadalupe Nettel (El matrimonio de los peces rojos)
-No quiero entrar todavía. Sólo quiero estar aquí sentado y no pensar en… -Tragó saliva. Incluso en la penumbra, noté que hacía un esfuerzo-. Sólo… quiero ser un hombre que ha ido a un concierto con una chica vestida de rojo. Sólo unos pocos minutos más.
Jojo Moyes (Me Before You (Me Before You, #1))
Aunque supongo que la Vida no es dura en sí misma, sino que son factores externos los que la convierten en algo complicado. Tiene su lógica que la Vida, en su naturaleza más absoluta, sea pura y sencilla.- Asteria.
Iria G. Parente (Rojo y oro)
No quiero que me carbonice el rayo, y como tú corres peligro de que Dios, cansado de tus impiedades, te abrase, me voy.
Stendhal (Rojo y Negro)
La libertad es algo que nadie debería tener derecho a arrebatarnos.
Iria G. Parente (Rojo y oro)
El significado de los colores es que están ante nosotros y podemos verlos - le contestó el otro -. No se puede explicar el rojo a quien no lo ha visto.
Orhan Pamuk (My Name Is Red)
Si ella no hubiese venido a mí, yo hubiera acabado cruzándome en su vida, está atada a mí por el hilo rojo del destino.
Rachel R.P (Desafiando Tokio)
Un rugido arrojado rasgó el aire y ambos nos volteamos para ver una moto de color rojo acercándose a la acera detrás del auto de Jack. El piloto levantó la mano en señal de saludo y luego se quitó el casco. Mi boca cayó abierta. Era Alex. Y sonreía de oreja a oreja. ¿Alex montaba una moto? ¿Desde cuándo? Y, más importante aún, ¿cuándo podría tener un paseo en ella?
Sarah Alderson (Hunting Lila (Lila, #1))
Cuando, en Ginebra o Zurich, la fortuna Quiso que yo también fuera poeta, Me impuse, como todos, la secreta Obligación de definir la luna. Pensaba que el poeta es aquel hombre Que, como el rojo Adán del paraíso, Impone a cada cosa su preciso Y no verdadero y no sabido nombre.
Jorge Luis Borges
Cuenta una leyenda oriental que nacemos con un hilo rojo atado a uno de nuestros dedos y en cuyo otro extremo se encuentra la persona con la que estamos destinados a compartir la vida. Este hilo no desaparece y no le afecta el tiempo ni la distancia. Da igual si el hilo se enreda un poco y tardas en conocer a esa persona porque puede estirarse, es paciente y no se rompe. Te acompaña desde tu nacimiento a lo largo de toda la vida e irremediablemente te lleva a tu destino
Elísabet Benavent (La magia de ser Sofía (La magia de ser... #1))
Tú me quieres alba, Me quieres de espumas, Me quieres de nácar. Que sea azucena Sobre todas, casta. De perfume tenue. Corola cerrada Ni un rayo de luna Filtrado me haya. Ni una margarita Se diga mi hermana. Tú me quieres nívea, Tú me quieres blanca, Tú me quieres alba. Tú que hubiste todas Las copas a mano, De frutos y mieles Los labios morados. Tú que en el banquete Cubierto de pámpanos Dejaste las carnes Festejando a Baco. Tú que en los jardines Negros del Engaño Vestido de rojo Corriste al Estrago. Tú que el esqueleto Conservas intacto No sé todavía Por cuáles milagros, Me pretendes blanca (Dios te lo perdone), Me pretendes casta (Dios te lo perdone), ¡Me pretendes alba! Huye hacia los bosques, Vete a la montaña; Límpiate la boca; Vive en las cabañas; Toca con las manos La tierra mojada; Alimenta el cuerpo Con raíz amarga; Bebe de las rocas; Duerme sobre escarcha; Renueva tejidos Con salitre y agua; Habla con los pájaros Y lévate al alba. Y cuando las carnes Te sean tornadas, Y cuando hayas puesto En ellas el alma Que por las alcobas Se quedó enredada, Entonces, buen hombre, Preténdeme blanca, Preténdeme nívea, Preténdeme casta.
Alfonsina Storni (Antología poética)
Filosóficamente, la memoria no es menos prodigiosa que la adivinación del futuro; el día de mañana está más cerca de nosotros que la travesía del Mar Rojo por los hebreos, que, sin embargo, recordamos.
Jorge Luis Borges (Brodie's Report)
—Ya te he dicho que él era el hombre más peculiar que he conocido. —¿Cómo se llamaba? Sus iris rojos destellaron con malicia. —Kra Dereth —reveló en el mismo tono en que alguien revelaría el secreto para convertir la madera en oro. La primera vez que escuché aquel nombre, no sentí nada en especial. Ni se me erizó la piel ni el corazón se saltó ningún latido. —Suena muy ridículo, con ese nombre mucho respeto no debía imponer. —Bueno, es que los elfos oscuros suelen tener nombres un poco impronunciables, la gente suele temer lo extraño y desconocido. (Joker, Idril)
Valeria González Lozano (Léiriú I: La rebelión (Léiriú, #1))
«Δε ζούμε στην παλιά εποχή κύριε διοικητά μου, ο κόσμος έχει προχωρήσει μπροστά. Κοίτα γύρω σου αν δε με πιστεύεις», είπε απλώνοντας τα χέρια του προς την έρημο που απλωνόταν γύρω από το Cielo Rojo σαν ωκεανός έτοιμος να το καταπιεί.
Γιώργος Κωστόπουλος (Εξιλέωση)
Empecé a coleccionar los tiques mensuales del transporte público. Son pequeños billetes rojos con un mes del año en el reverso. Cuando termina abril, la gente normal compra mayo y abril lo tira a la basura. Lo que la gente normal de este mundo muerto no sabe es que no hay que tirarlos. Que basta con un permanente, darla la vuelta al billete y escribir en él un momento especial. El mejor del mes. Guardarlo en una caja. Y empezar a creer en las fechas que marcan tu vida.
Chris Pueyo (El chico de las estrellas)
Palabras dichas sin intención, encuentros que son obra de la casualidad, los transforma en pruebas evidentes el hombre de imaginación, si brilla una chispa de fuego en su corazón.
Stendhal (Rojo y Negro)
Si me entrego a ese placer con tanta prudencia y circunspección, dejará de ser placer para mí. LOPE DE VEGA.
Stendhal (Rojo y Negro)
»Nace una mosca efímera a las nueve de la mañana y muere a las cinco de la tarde: ¿cómo puede comprender la palabra noche? Concededle cinco horas más de vida, y entonces verá la noche y sabrá qué es.
Stendhal (Rojo y Negro)
Las historias de damas en apuros rescatadas siempre por un héroe no son mis preferidas. Probablemente, de hecho, todas ellas las inventan los hombres con un gran afán de sentirse útiles y necesarios.- Asteria.
Iria G. Parente (Rojo y oro)
Tienes cicatrices, cicatrices feas, porque te hicieron algo feo, algo malvado. La gente ve las cicatrices. Pero también te ve a ti y tú no eres esas cicatrices. No eres fea. No eres malvada. Eres Therru y eres hermosa. Eres Therru, que puede trabajar y caminar y correr y bailar, hermosamente, con un vestido rojo.
Ursula K. Le Guin (Tehanu (Earthsea Cycle, #4))
Si quieres pregúntame por qué te necesito -susurró. Ni siquiera tuvo que decirlo. Por teléfono, en la oscuridad, le bastaba con mover los labios y respirar-. Pero no lo sé. Sólo sé que es así... Te echo de menos Eleanor. Quiero estar contigo todo el tiempo. Eres la chica más inteligente que he conocido jamás, la más divertida, y todo lo que haces me sorprende. Y me gustaría poder decir que ésas son las razones de que me gustes, porque eso me haría sentir como un ser humano mínimamente evolucionado... Pero creo que lo que siento por ti se debe también al color rojo de tu pelo y a la suavidad de tus manos... y a tu aroma, como a pastel de cumpleaños casero.
Rainbow Rowell (Eleanor & Park)
Su piel blanca, que no me digan que el blanco es la falta de color, porque es el color más hermoso y es el color de la pureza, y por supuesto que el blanco no es la falta de color: los profesores de física han descubierto a todo el mundo que en un copo de nieve, alineados en un blanco inmaculado están ocultos sin embargo el violeta de los lirios, o sea la tristeza, la melancolía, pero también está presente el azul que significa la calma de contemplar reflejado en un charco de la calle el cielo que nos espera, porque el azul está al lado del verde que es la límpida esperanza, y después viene el amarillo de las margaritas del campo, que florecen sin que nadie las plante y se presentan sin buscarlas, como buenas noticias cuando menos se las espera, y el color de las naranjas que ya están maduras por el verano se llama muy apropiadamente anaranjado, el azahar dio un fruto que el verano madura a causa del calor, qué goce saber que germinó la semilla, creció la planta que es la adolescencia y se va a entrar en la juventud del fruto que da el goce anaranjado, el fruto jugoso y refrescante de las tardes calurosas. El rojo también está oculto en el blanco, también está en ella, en Carla, que es tan blanca.
Manuel Puig (Betrayed by Rita Hayworth)
«Aunque anhelo el contacto real de la luz del sol entre nosotros, te añoro como se añora el hogar. Brilla otra vez, amor, y piensa en mí».
Casey McQuiston (Rojo, blanco y sangre azul)
Su emoción era un placer de los sentidos y no una pasión del alma, y la prueba es que, cuando entró en su habitación, ya no se acordó de otra cosa que de tomar su libro favorito.
Stendhal (Rojo y Negro)
Como se ve, aquella cabeza, tan serena y fría hasta entonces, atravesaba un periodo de extravío lamentable, de delirio completo.
Stendhal (Rojo y Negro)
Dicen que el amor es rojo... pero el desamor es Vinotinto. - Ángel J. Rodríguez.
Ángel J. Rodríguez.
rojo era símbolo de libertad, caridad y salud, y el amarillo de justicia, virtud y clemencia.
Juan Gabriel Vásquez (El ruido de las cosas al caer)
La muerte anda descalza, viste rojo carmesí, y su sonrisa es contagiosa.
Lucian F. Vaizer (Seis Almas Seis Destinos: Morir no te salvará del horror)
¿Sabías que los cielos eran azules, Yamagatasan? Azul brillante, como los ojos de los gaijins. ¿Y ahora? Rojo como tu loto. Rojo como la sangre.
Jay Kristoff
El demonio dispone de un amplio guardarropa y no solo viste de rojo.
Eduardo Galeano (Upside Down: A Primer for the Looking-Glass World)
¡Somos la Guardia Escarlata y abogamos por la libertad e igualdad de todos los hombres comenzando por los Rojos!" "¡Y nos levantaremos Rojos como el amanecer!
Victoria Aveyard (Red Queen (Red Queen, #1))
Estoy harto de este matasiete de salón, con su cordón rojo y su desvergüenza camuflada tras una seca cortesía que a nadie engaña. Si me anda buscando, es hora de que me encuentre.
Arturo Pérez-Reverte (Hombres buenos)
Atrás, en la entrada de Verdis, un manto de cadáveres lucía sobre un rojo suelo que, a la luz de los relámpagos, anunciaba el fin de una era.
Víctor Fernández García (Mago)
En su cimbreo rojo rubí oye el cuervo cantar a los muertos, apenas conoce el precio, apenas la fuerza, el poder se alza y el Círculo se cierra. Del orgulloso león de faz de diamante, vela el súbito hechizo la luz brillante. Con el sol que agoniza él cambia la suerte, y el final revela, del cuervo, la muerte. De los Escritos secretos del conde de Saint Germain
Kerstin Gier (Saphirblau (Edelstein-Trilogie, #2))
Lejos, en la llanura, en la noche sin orilla, podían ver como en un reflejo de su propio fuego en un lago oscuro el fuego de los vaqueros a unos ocho kilómetros. Por la noche llovió y la lluvia silbó en el fuego y los caballos se acercaron desde la oscuridad con sus ojos rojos parpadeando inquietos y por la mañana hacía frío y todo era gris y el sol tardó mucho en salir.
Cormac McCarthy (All the Pretty Horses (The Border Trilogy, #1))
Los besos llenos de pasión, besos como nunca los había recibido, barrieron de su memoria el pensamiento de que quien se los daba amaba a otra mujer. Se lo perdonó todo, ya no le pareció culpable.
Stendhal (Rojo y Negro)
Méndez, con gesto de ententido, pidiò otra copita de orujo gallego para amenizar la paella. El camarero se la sirviò con gesto de desearle un entierro pomposo, concurrido y lo màs inmediato posible.
Francisco González Ledesma (Crónica sentimental en rojo (Ricardo Méndez, #3))
-Tómate tu tiempo-dije con ligereza, cabreada y nerviosa a la vez. -Jenks y yo vamos a recurrir al plan B. -¿El plan B?-dijo Ivy-. ¿Cuál es el plan B? Jenks se puso rojo. -Coge el pez y sal pitando.
Kim Harrison (A Fistful of Charms (The Hollows, #4))
nos muele la sangre y nos lastima y nos hace gritar y estar despiertos y es bueno y es rojo y tiene prisa. Bienvenido el dolor porque aprendemos; bienvenido porque le pone cuerpo a la esperanza. —ALEJANDRO
Sergio Zurita y Mario Zumaya (Irse o dejar ir)
—Me dijeron que recogería a una hermosa mujer con vestido rojo —respondió el conductor—. Pero estoy seguro que el Sr. Silva no se quejará si tengo a la mujer equivocada. Le di una sonrisa mientras me deslizaba al interior del automóvil. —Estoy segura de que no lo haría. Antes de que el conductor cerrara la puerta, se detuvo. —Así que, ¿cuál es usted? ¿La mujer correcta o la incorrecta? Lo miré a los ojos y le dije—: Ambas.
Nicole Williams (Mischief in Miami (Great Exploitations, #1))
Si os he referido estos detalles acerca del asteroide B 612 y si os he confiado su número es por las personas grandes. Las personas grandes aman las cifras. Cuando les habláis de un nuevo amigo, no os interrogan jamás sobre lo esencial. Jamás os dicen: '¿Cómo es el timbre de su voz? ¿Cuáles son los juegos que prefiere? ¿Colecciona mariposas?' En cambio, os preguntan: '¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos tiene? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?' Sólo entonces creen conocerle. Si decís a las personas grandes: 'He visto una hermosa casa de ladrillos rojos con geranios en las ventanas y palomas en el techo...', no acertarán a imaginarse la casa. Es necesario decirles: 'He visto una casa de cien mil fracos'. Entonces exclaman: '¡Qué hermosa es!' Si les decís: 'La prueba de que el principito existió es que era encantador, que reía, y que quería un cordero. Querer un cordero es prueba de que se existe', se encogerán de hombros y os tratarán como se trata a un niño. Pero si les decís: 'El planeta de donde venía es el asteroide B 612', entonces quedarán convencidos y os dejarán tranquilo sin preguntaros más. Son así. Y no hay que reprocharles. Los niños deben ser muy indulgentes con las personas grandes. Pero, claro está, nosotros que comprendemos la vida, nos burlamos de los números.
Antoine de Saint-Exupéry (The Little Prince)
—Es una de mis partes preferidas de Alicia en el país de las maravillas. Alicia le pregunta al Conejo Blanco: «¿Cuánto tiempo es para siempre?», y el Conejo Blanco responde: «A veces, para siempre es solo un segundo».
Isabelle Ronin (Sueños rojos)
Por eso, cuando me sumerjo y sigo la luz, mientras siento que el mar opone su frágil resistencia y mis pulmones se debaten por aguantar un segundo más, mientras mis brazos y mis piernas se esfuerzan por elevarme —porque estoy sobre lo que hubo antes—, me siento parte de algo más grande, mucho más grande que yo, que todos nosotros juntos. El mar ha estado siempre en el mar. Me siento una partícula en movimiento dentro de lo eterno.
Patricia García-Rojo
—Y ahora no tengo dudas, se lo que soy, no hay una belleza como la mía, soy perfecta, tengo un cabello rubio y sedoso, un cuerpo formidable y unos ojos… —¿Rojos y demoníacos? —exclamó Christian interrumpiendo mi vanidad.
Lolo Mayaya (The Angel From Hell)
Anoche cuando dormía Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusiòn!, que una fontana fluía dentro de mi corazòn. Di: ¿por qué acequia escondida, agua, vienes hasta mí, manantial de nueva vida en donde nunca bebí? Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusiòn!, que una colmena tenía dentro de mi corazòn; y las doradas abejas iban fabricando en él, con las amarguras viejas, blanca cera y dulce miel. Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusiòn!, que un sol ardiente lucía dentro de mi corazòn. Era ardiente porque daba calores de rojo hogar, y era sol porque alumbraba y porque hacía llorar. Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusiòn!, que era Dios lo que tenía dentro de mi corazòn.
Antonio Machado
El sol, cuando los ojos parpadeantes alcanzan a verlo aunque sea de soslayo, los enceguece de azul y rojo como un foco. «¿Por qué no? ¿Por qué no? ¿Por qué no «no» entonces, si el mejor razonamiento que puedes hacer es por qué no?»
David Foster Wallace (Infinite Jest)
No es fácil ser ornitólogo y cruzar un bosque cuando por todas partes el mundo grita: «¡Largo, joder, este es mi matorral! ¡Aargh, maldito ladrón de nidos! ¡Mantén relaciones sexuales conmigo, puedo inflar el pecho y ponerlo rojo!».
Terry Pratchett (Regimiento Monstruoso (Mundodisco 31))
Eran muchos los colores que el paisaje ostentaba, pero en el Hanami nada es simplemente rojo, azul o verde: Los rojos no son iguales en el averno, los azules son distintos en el crepúsculo y los verdes no brillan igual en primavera.
Jordi Balaguer (HANAMI: La búsqueda de Ran)
-No me di cuenta que eras tan bueno, Grayson. El cálido sonido de la risa de Grayson retumbó gratamente contra el costado de mi cara que descansaba en su pecho. - Las damiselas en apuros siempre han sido mi talón de Aquiles, pero no dejes que eso te engañe. Realmente no soy tan bueno. - Si, lo eres. - No, no lo soy. Si yo fuera honesto, no estaría teniendo un momento tan difícil para no agarrarte el culo ahora mismo. (Avery y Grayson) -Pero miraté - dije -. Siempre pensaste que era como una hermana también. Si puedes cambiar de opinión, entonces el también puede. El sólo necesita un llamado de atención .-Oye ahora, no puedes ir saltando en la ducha con cada chico, sabes. Eso es completamente nuestra cosa. (Avery y Grayson) Escuché que mi amiga Avery te pisó tan fuerte en una partida de billas el pasado fin de semana que Grayson tuvo que tener piedad de ti antes de que cada estudiante de primer año universitario en UVU viera cuán pequeña es tu basura. (Libby a Owen) - ¿Realmente fallaste en un examen de sobre Las leyes de Newton? Está bien. Así que todos me miraban porque pensaban que yo era un idiota. - ¿Qué? - le pregunté un poco a la defensiva -. ¿Parece ser fácil? "No robar" le entiendo. "Rojo significa detenerse" tiene sentido. El chico Newton estaba fumando algo serio cuando debió haber hecho sus leyes. ¿Cuándo demonios vamos a usarlas de todos modos? (Brandon y Grayson)
Kelly Oram (The Avery Shaw Experiment (Science Squad, #1))
Nunca te creas mas listo que nadie por ser un canalla; hasta el hombre más idiota es capaz de cometer un acto de maldad insuperable(...) La crueldad ... es un poder vacío, una moneda de metal brillante con la que no se puede comprar nada.
Ismael Martínez Biurrun (Rojo alma, negro sombra)
Yo no tengo hijos. No tengo mujer. Soy un traidor a mi gente, un renegado y ladrón desertor. No soy siquiera honrado. Mi corazón he escogido la venganza, la sangre. El rojo. Sólo soy un vengador. No necesito nada más. Solo sangre, solo espada.
Jordi Balaguer (La maldición de Gryal (El amante de la luna, #1-2))
No se enamore nunca de ninguna criatura salvaje, Mr. Bell- le aconsejó Holly-. Esa fue la equivocación de Doc. Siempre llevaba a su casa seres salvajes. Halcones con el ala rota. Otra vez trajo un lince rojo con una pata fracturada. Pero no hay que entregarles el corazón a los seres salvajes: cuanto más se lo entregas, más fuertes se hacen. Hasta que se siente lo suficientemente fuertes para huir al bosque. O subirse volando a un árbol. Y luego a otro árbol más alto. Y luego al cielo...-
Truman Capote (Breakfast at Tiffany's and Three Stories)
Eres es la explosión de rosas en un cuarto oscuro. O el sabor inesperado y dulce en el té que tomamos en Starbucks You are the moon that gives midnight its meaning. And the explanation of water for all living things. You are my compass, A sapphire, A bookmark, A rare coin, Un trompo, Un canica, De mi juventud. Eres miel y canela chocolate y jamoncillo. You are rare spices lost from a boat That was once sailed by Cortez. Eres un rosa, prensado en un libro un anillo de perla de herencia y un frasco de perfume rojo que se encuentran cerca de las orillas del Nilo. You are an old soul from an ancient place, A thousand years and centuries and milleniums ago. And you have traveld all this way… Just so that I could love you… And, I do.
José N. Harris (MI VIDA: A Story of Faith, Hope and Love)
«Al final de todo, hay una lista de sus recuerdos preferidos. Tenía uno de cada uno de nosotros. Su recuerdo preferido de mí era cuando dije mi primera palabra y fue “más”. Su recuerdo preferido de ti era lo que él llamaba “el día del jardín rojo”.»
Ally Condie (Reached (Matched, #3))
Tiré de Avery hasta detenerse, cuando ella comenzo a regresar al grupo. Ante su mirada inquisitiva, hice un gesto sugerente hacia la cabina de fotos, ahora vacante. Avery se volvió con una sombra de rojo más adorable todavía. —Realmente creo que debemos de volver. —Está bien —suspire tan dramáticamente, que Avery rió—. Pero si yo ganó, entonces tienes que estar de acuerdo para ser mi novia. Avery tomó la mano que le ofrecia y dio una sonrisa como reconocimiento. —Y si ganó entonces tengo que serlo.
Kelly Oram
Cuando se es desgraciado, o no se ve nada y el mundo carece de importancia, o se ven las cosas demasiado bien y todo adquiere de pronto un significado. Incluso algo tan banal como un semáforo que cambia de rojo a verde puede decidir si se va a la derecha o a la izquierda.
Nicolas Barreau (La sonrisa de las mujeres)
Un estudio en escarlata, ¿eh? ¿Por qué no hemos de emplear un poco el argot artístico? Nos encontramos con el hilo rojo del asesinato enzarzado en la madeja incolora de la vida, y nuestro deber consiste en desenmarañarlo, aislarlo y poner a la vista hasta la última pulgada.
Arthur Conan Doyle (A Study in Scarlet (Sherlock Holmes, #1))
-No se enamore nunca de ninguna criatura salvaje, Mr. Bell -le aconsejó Holly-. Esa fue la equivocación de Doc. Siempre se llevaba a su casa seres salvajes. Halcones con el ala rota. Otra vez trajo un lince rojo con una pata fracturada. Pero no hay que entregarles el corazón a los seres salvajes: cuanto más se lo entregas, más fuertes se hacen. Hasta que se sienten lo suficientemente fuertes como para huir al bosque. O subirse volando a un árbol. Y luego a otro árbol más alto. Y luego al cielo. Así terminará usted, Mr. Bell, si se entrega a alguna criatura salvaje. Terminará con la mirada fija en el cielo.
Truman Capote (Breakfast at Tiffany's and Three Stories)
Si tengo que definir la poesía y no las tengo todas conmigo, si no me siento demasiado seguro, digo algo como: «poesía es la expresión de la belleza por medio de palabras artísticamente entretejidas». Esta definición podría valer para un diccionario o para un libro de texto, pero a nosotros nos parece poco convincente. Hay algo mucho más importante: algo que nos animaría no sólo a seguir ensayando la poesía, sino a disfrutarla y a sentir que lo sabemos todo sobre ella. Esto significa que sabemos qué es la poesía. Lo sabemos tan bien que no podemos definirla con otras palabras, como somos incapaces de definir el sabor del café, el color rojo o amarillo o el significado de la ira, el amor, el odio, el amanecer, el atardecer o el amor por nuestro país. Estas cosas están tan arraigadas en nosotros que sólo pueden ser expresadas por esos símbolos comunes que compartimos. ¿Y por qué habríamos de necesitar más palabras?
Jorge Luis Borges (Arte poética: Seis conferencias en Harvard)
Justo castigo La vida es un auténtico caos, pensé. Los sentimientos resultan tan imprevisibles. ¿Cómo es posible que alguien soporte permanecer casado durante cuarenta años? Parece un milagro mayor que el paso del mar Rojo, aunque mi padre, en su ingenuidad, sostenga que es esto último un logro de mayor envergadura.
Woody Allen (Without Feathers)
Aura vestida de verde, con esa bata de tafeta por donde asoman, al avanzar hacia ti la mujer, los muslos color de luna: la mujer, repetirás al tenerla cerca, la mujer, no la muchacha de ayer: la muchacha de ayer - cuando toques sus dedos, su talle - no podía tener mas de veinte anos; la mujer de hoy - y acaricies su pelo negro, suelto, su mejilla pálida - parece de cuarenta: algo se ha endurecido, entre ayer y hoy, alrededor de los ojos verdes; el rojo de los labios se ha oscurecida fuera de su forma antigua, como si quisiera fijarse en una mueca alegre, en una sonrisa turbia: como si alternara, a semejanza de esa plata del patio, el sabor de la miel y el de la amargura. No tienes tiempo de pensar mas: (47)
Carlos Fuentes (Aura)
Al final es imposible no sentir lástima de aquel hombre: un tanque de dolor borboteante que se destila en una minúscula y traidora lágrima
Ismael Martínez Biurrun (Rojo alma, negro sombra)
En una ciudad que tan poética parece, todo se mueve, todo obedece a la más prosaica de las razones: a la renta, al interés.
Stendhal (Rojo y Negro)
La pureza de alma y la ausencia de emociones pecaminosas prolongan considerablemente los días de la juventud.
Stendhal (Rojo y Negro)
La vida de un hombre era resultado de una serie complicada de casualidades; hoy, la civilización ha desterrado a la casualidad, ha sepultado lo imprevisto.
Stendhal (Rojo y Negro)
En su exclamación palpitaba todo el caudal de celos rabiosos que pueda caber en el pecho de un amante abandonado.
Stendhal (Rojo y Negro)
El fuego de la victoria me arde en las venas
Pierce Brown (Red Rising (Red Rising Saga, #1))
Habla y ellos te escucharán -me apremia-. Es así de simple. Todos los oídos quieren escuchar una voz que les guíe en la oscuridad.
Pierce Brown (Red Rising (Red Rising Saga, #1))
Se puede querer a una persona en cinco minutos. Olvidarla, a veces, puede llegar a durar toda una vida.
Luis Ramiro (Rojo Chanel)
Estaban juntos de nuevo y esta vez no iba a perderla aunque... -Tienes que contarle la verdad -reconoció para sí mismo.
Aileen Diolch (Fuego Rojo)
El socialismo es la filosofía del fracaso, el credo de la ignorancia, la prédica de la envidia y su virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria.” Wiston Churchill
RUTH CAPRILES (EL LIBRO ROJO DEL RESENTIMIENTO)
Atan las personas, no los lugares
David Lozano Garbala (Cielo rojo)
Ambos sabemos que alguien dispuesto a hacer un trato es alguien que no va ganando, después de todo.O que encuentra demasiada resistencia en su camino.
Iria G. Parente (Rojo y oro)
La suerte es un pobre consuelo para aquellos que no tienen a los dioses de su parte.
Iria G. Parente (Rojo y oro)
Nadie me dijo que la libertas significase seguir viviendo de rodillas.
Iria G. Parente (Rojo y oro)
Recuerde usted siempre el gran principio de su siglo: «Sé lo contrario de lo que esperan que seas.»
Stendhal (Rojo y Negro)
EL TEDIO Sacrificarse a sus pasiones, puede pasar: ¡pero sacrificarse a pasiones que no se sienten! ¡Oh triste siglo XIX! GIRODET.
Stendhal (Rojo y Negro)
¡He aquí el hermoso milagro de vuestra civilización! ¡Habéis hecho del amor un asunto ordinario! BARNAVE.
Stendhal (Rojo y Negro)
Te propongo algo: permanecer solos frente al mundo y, si este nos traiciona, fundar el nuestro propio
Lucía Arca Sancho-Arroyo (Heaven. El hilo rojo del destino)
¡La importancia! ¿Es nada, por ventura? La importancia es el respeto de los necios, el pasmo de los niños, la envidia de los ricos y el desprecio del sabio.
Stendhal (Rojo y Negro)
Pero ahora hay que estar a la altura. No vacilar, no desmayarse, no decaer. Seguir viviendo, aunque resulta difícil hacerlo cuando lo que uno quiere es morirse.
Javier Moro (El sari rojo)
If you kill with homemade bombs it's called terrorism, and if you kill with machine guns and hunger it's called defense.
Santiago Roncagliolo (Abril rojo)
Ningún sonido. Sintió en los oídos un pitido, la ilusión acústica que se produce cuando nada suena a nuestro alrededor. La pampa transmitía la música de la muerte.
Santiago Roncagliolo (Abril rojo)
¡Cosa extraña! Al creer que era amado menos, amó él más.
Stendhal (Rojo y Negro)
Una mujer que con su sola presencia aligeraba la pesadumbre de vivir.
Miguel Delibes (Señora de rojo sobre fondo gris)
felicidad... ¡Me olvidará!... ¡Le amarán... porque lo merece, y amará! ¡Qué desgraciada soy!...
Stendhal (Rojo y Negro)
No hay nada como un secreto familiar para propiciar la unidad entre los miembros.
Guadalupe Nettel (El matrimonio de los peces rojos (Voces / Literatura nº 185))
«Una cosa tengo clara como el agua: te extraño incluso más de lo que creí posible; y eso que estaba preparada para extrañarte mucho».
Casey McQuiston (Rojo, blanco y sangre azul)
significado de los cuatro colores de la bandera de UAE (United Arab Emirates): el negro es el petróleo, el rojo la unidad, el blanco la neutralidad y el verde la fertilidad, aunque también simboliza el color del Islam (la tradición cuenta que Mahoma llevaba un manto verde y por eso la mayoría de los países de religión musulmana incluyen este color en sus banderas).
Asunta López (Cartas desde Dubai)
La vida de la Iglesia es una sinfonía. Cada instrumento tiene el deber de alabar a los demás, pero no de imitarlos. El tambor no imita la flauta, pero no la censura… Es un poco ridículo, pero tiene su papel. Y los demás instrumentos, ¿pueden mofarse del bombo? No, porque no son bombo. Es como el arco iris… El rojo ¿puede censurar al amarillo? Cada uno tiene su papel.
Alberto Hurtado Cruchaga
¿Cómo es posible que el gobierno considerara un "gravísimo problema" a un puñado de muchachos y muchachas? Resulta ridículo sobre todo si se sabe que el gobierno cuenta con un aparato de represión poderosísimo y ejerce un control casi absoluto sobre los medios de información ¿Qué peligro, qué "gravísimo peligro" no puede controlar el gobierno actual? Yo creo que el único que no puede controlar es el de su propia conciencia, porque si los miembros del gobierno tuvieran la razón y gobernaran como se debe no le temerían a nada ni necesitarían escudarse en la fuerza ni en la injusticia para sostenerse... Además, gran parte de la población es pasiva, entonces, ¿qué? ¿Qué se traen? Llevan todas las de ganar. *Ernestina Rojo González, de la Facultad de Leyes de la UNAM
Elena Poniatowska (La noche de Tlatelolco)
El problema con los criollos, y hasta en mayor grado con las criollas, es que están convencidos de que merecen una mejor vida de la que tienen. La mente criolla está convencida de que bajo la corteza del cráneo porta un diamante que alguien tendría que descubrir, pulir y poner en un cojín rojo, para que los demás se admiren, se pasmen, se den cuenta de lo que siempre se habían perdido.
Valeria Luiselli (Los ingrávidos)
-"Explícale la sensación del rojo a alguien que nunca lo ha visto, maestro. -Si lo tocáramos con la punta de un dedo sería entre el hierro y el cobre. Si lo cogiéramos en la mano, quemaría. Si lo porbáramos tendría un sabor pleno como de carne salada. Si nos lo lleváramos a la boca, nos la llenaría. Si lo oliéramos, olería a caballo. Si oliera como una flor se parecería a una margarita, no a una rosa roja
Orhan Pamuk
—Oye —está diciendo Henry, furioso, al teléfono un jueves por la noche—. Me importa un comino lo que diga Joanne. Remus John Lupin3 es más gay que nadie, y no pienso consentir que nadie diga lo contrario.
Casey McQuiston (Rojo, blanco y sangre azul)
Por las mañanas, al asomarme al balcón, veo el pueblo con sus tejados rojos, negruzcos, sus chimeneas cuadradas y el humo que sale por ellas en hebras muy tenues en el cielo gris del otoño. Después de las lluvias abundantes, las casas están desteñidas, las calles limpias; la carretera descarnada, con las piedras al descubierto. El azul del cielo parece lavado cuando sale entre nubes: es más diáfano, más puro.
Pío Baroja (Las Inquietudes De Shanti Andia)
Son como palabras elementales que me obsesionan por las noches, y con ellas construyo frases. Pero la verdad está en las palabras elementales: la ciudad, la libertad, los amigos, el aire. Todo eso la vida nos lo da y no tiene valor... ¿Cómo te lo diría? Es igual que unas monedas en nuestras manos. Y un día te das cuenta de que has perdido esas monedas y ya no las vas a recuperar. Nadie te las dará de limosnas.
Francisco González Ledesma (Crónica sentimental en rojo (Ricardo Méndez, #3))
Tashi dice que quiere enfrentarse al pelotón de fusilamiento vestida de rojo. Le recuerdo que su sentencia está siendo apelada. También cabe la esperanza de que los Estados Unidos hagan valer la ciudadanía norteamericana de Tashi. Es igual, quiero ir de rojo, dice, pase lo que pase. Estoy harta del blanco y el negro. Ninguno va primero. El rojo, el color de la sangre de mujer, los precede a ambos. De modo que cosemos.
Alice Walker (Possessing the Secret of Joy)
En una sociedad dividida por el color de la sangre, los Rojos luchan por sobrevivir bajo la sombra de los Plateados, «superhumanos» con poderes terribles que les permiten manejar el mundo a su antojo. Pero cuando se revela que Mare Barrow —una joven ladronzuela Roja— tiene también esas habilidades, es llevada al mundo de los Plateados. Allí descubrirá que el poder es un juego peligroso y que la única certeza es la traición.
Victoria Aveyard (Red Queen (Red Queen, #1))
Ahora sé cómo se desvanecen los rostros, cómo bajo los párpados anida el terror, cómo el dolor traza en las mejillas rudas páginas cuneiformes, cómo unos rizos cenicientos y negros se tornan plateados de repente, la sonrisa se marchita en los labios dóciles y en una risa seca tiembla el pavor. y no sólo por mí rezo, sino por quienes permanecieron allí conmigo, en el frío feroz y en el infierno de Julio, bajo el muro rojo y ciego
Anna Akhmatova (Poemas Escogidos)
No existe misericordia en la Máquina verde; nosotros la creamos, fabricándola en las partes que han superado nuestro elemental cerebro de reptil. No existe el crimen, nosotros lo hemos creado y solo a nosotros nos incumbe.
Thomas Harris (Red Dragon (Hannibal Lecter, #1))
Verdes arboles contra el cielo en la lluvia de primavera mientras el cielo enciende a los árboles de primavera en oscurecimiento. Flores rojas salpican la tierra en la persecución de la brisa mientras la tierra se colorea de rojo tras el beso". La última palabra, beso, cuelga en el aire. -La próxima vez que me enferme, me puedes decir eso. Puedes ser mi chica en las montañas. -Bien -digo-. Seré tu chica de las montañas y cuidaré de ti. Sonríe, como si fuese otra broma, otra ráfaga en nuestro coqueteo, y sonrío en respuesta, aunque no estoy bromeando. -Y como recompensa, te liberaré de la carga del tiempo- Desliza mi reloj en su larguirucha muñeca, donde no luce tanto como un grillete prisión. -Por ahora, el tiempo no existe. Es ¿Como dijo Jacques...Fluido? -Fluido -repito, como una encantación. Porque si el tiempo puede ser fluido, entonces algo que es sólo un día puede seguir indefinidamente.
Gayle Forman
Amaba el libro, pero el libro espontáneamente elegido. Ella entendía que el vicio o la virtud de leer dependían del primer libro. Aquel que llegaba a interesarse por un libro se convertía inevitablemente en esclavo de la lectura. Un libro te remitía a otro libro, un autor a otro autor, porque, en contra de lo que solía decirse, los libros nunca te resolvían problemas sino que te los creaban, de modo que la curiosidad del lector siempre quedaba insatisfecha.
Miguel Delibes (Señora de rojo sobre fondo gris)
El príncipe salió de la cabina [...] Llevaba espada y puñal, botas negras relucientes y una capa negra con ribete de seda rojo sangre. Se había lavado y cortado el pelo y lo llevaba recién teñido de azul oscuro, con lo que sus ojos también parecían azules. Lucía al cuello los tres grandes rubíes de talla cuadrada engarzados en una cadena de hierro que le había regalado el magíster Illyrion. "Rojo y negro; los colores del dragón." Era perfecto. Danza de Dragones (pag. 363)
George R.R. Martin
En cambio, cuando le escriba, sus cartas deberán ser apasionadas, incendiarias. Leer una carta de amor bien escrita es para una orgullosa placer de dioses. Al saborearla, olvida la comedia que representa y da oídos a la voz de su corazón:
Stendhal (Rojo y Negro)
Yo te he nombrado reina. Hay más altas que tú, más altas. Hay más puras que tú, más puras. Hay más bellas que tú, hay más bellas. Pero tú eres la reina. Cuando vas por las calles nadie te reconoce. Nadie ve tu corona de cristal, nadie mira la alfombra de oro rojo que pisas donde pasas, la alfombra que no existe. Y cuando asomas suenan todos los ríos en mi cuerpo, sacuden el cielo las campanas, y un himno llena el mundo. Sólo tú y yo, sólo tú y yo, amor mío, lo escuchamos.
Pablo Neruda
We can mistakenly think that mental health is about treating mental illness, but this is only half-baked. Mental health is also about building good mental and emotional health, it’s about practicing mental health self-care and enhancing well-being.
Thomas E. Rojo Aubrey (Resilient learner: Thriving in College and Beyond)
Desde aquella altura ya no se distinguia la lucecilla de la casa de Malene, a quien recordé vivamente, en un momento. Es decir más que a ella misma, a su cabello. (Un dia, junto al muro de su casa, mientras ella sacaba agua del pozo, la contemplé de espaldas, inclinada. El cabello se le habia soltado. Era una mata de cabello espeso, de un rojo intenso, llameante, un rojo que podía quemar, si se tocase. Más fuerte, más encendido que el de su hijo Manuel. Era un hermoso cabello liso, cegador bajo el sol).
Ana María Matute (Primera memoria)
Cuando nuestros representantes no pelean por defender nuestros derechos sino contra nuestro derecho a ejercerlos, la única respuesta es la desobediencia. Puede que no tengamos nada que ocultar, pero sí tenemos mucho que temer. En una sociedad ultravigilada, todo el mundo es antisistema.
Marta Peirano (El pequeño libro rojo del activista en la red)
quedó sumido en ese estado de estupor y de inquieta alarma en que cae el alma que acaba de obtener lo que desde largo tiempo antes venía deseando, del alma habituada a desear y que, ni encuentra ya nada que desear, ni conserva recuerdos que llenen el vacío que en ella dejaron los deseos.
Stendhal (Rojo y Negro)
estimado por estas gentes, y por mí mismo, necesito demostrarles que mi pobreza podrá entrar en relaciones de negocios con su opulencia, pero que mi corazón está mil leguas por encima de su insolencia, en esfera demasiado elevada para que lleguen hasta él las muestras de sus desdenes ni de sus favores.
Stendhal (Rojo y Negro)
Tendría Dios, eso sí, y tendría religión. Pero ¿es que acaso no los tengo? Francamente, no sé si creo en Dios. A veces imagino que, en el caso de que Dios exista, no habría de disgustarle esta duda. En realidad, los elementos que él (¿o Él?) mismo nos ha dado (raciocinio, sensibilidad, intuición) no son en absoluto suficientes como para garantizarnos ni su existencia ni su no existencia. Gracias a una corazonada, puedo creer en Dios y acertar, o no creer en Dios y también acertar. ¿Entonces? Acaso Dios tenga un rostro de croupier y yo sólo sea un pobre diablo que juega a rojo cuando sale negro, y viceversa.
Mario Benedetti (La tregua)
La Madre de Dios tenía siempre el dedo índice levantado cuando yo me sentaba delante, en el banco de los niños. Pero la expresión de su rostro era amable, y yo no le tenía miedo. Todo el tiempo llevaba el mismo vestido largo azul claro y tenía unos labios rojos muy bonitos. Y un día que el cura dijo que los lápices de labios se hacen con sangre de pulga y de otros bichos repugnantes, me pregunté por qué la Madre de Dios que había en el altar lateral se pintaría los labios. También se lo pregunté al cura, que me golpeó las manos con su regla hasta ponérmelas rojas y me mandó en seguida a casa. Estuve varios días sin poder mover los dedos.
Herta Müller (En tierras bajas)
¿De dónde provienen las ideas correctas del hombre? ¿Caen del cielo? No. ¿Son innatas en su cerebro? No. Provienen únicamente de la práctica social, de los tres tipos de práctica social: la lucha por la producción, la lucha de clases y la experimentación científica. «¿De dónde provienen las ideas correctas?» (mayo de 1963).
Mao Zedong (El libro rojo)
Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusiòn!, que una fontana fluía dentro de mi corazòn. Di: ¿por qué acequia escondida, agua, vienes hasta mí, manantial de nueva vida en donde nunca bebí? Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusiòn!, que una colmena tenía dentro de mi corazòn; y las doradas abejas iban fabricando en él, con las amarguras viejas, blanca cera y dulce miel. Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusiòn!, que un sol ardiente lucía dentro de mi corazòn. Era ardiente porque daba calores de rojo hogar, y era sol porque alumbraba y porque hacía llorar. Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusiòn!, que era Dios lo que tenía dentro de mi corazòn.
Antonio Machado
No se trata de un dolor físico porque nadie la ha tocado, ni uno solo de los hierros que podían haber cortado su piel la ha rozado. Pero también es posible que sí exista un dolor real, que las emociones atrapadas por los sentidos puedan provocar un daño cierto y medible en las profundidades de un cerebro suficientemente vulnerable.
Ismael Martínez Biurrun (Rojo alma, negro sombra)
¡Qué feliz estoy de ser el rojo! Soy fogoso y fuerte; sé que llamo la atención y que no podeis resistiros a mí. No me oculto: para mí el refinamiento no se manifiesta a través de la decisión y la voluntad. Me expongo abiertamente. No temo a los demás colores, ni a las sombras, ni a la multitud, ni a la soledad. ¡Qué hermoso es llenar con mi fuego triunfante una superficie que me está esperando! Allí donde me extiendo, brillan los ojos, se refuerzan las pasiones, se elevan las cejas y se aceleran los corazones. Miradme: ¡qué hermoso es vivir! Contempladme: ¡qué bello es ver! Vivir es ver. Aparezco en cualquier parte. La vida comienza conmigo, todo regresa a mí, creedme.
Orhan Pamuk
[...] Eso es muy corto, joven; yo os abono que podíais variar bastante el tono. Por ejemplo: Agresivo: «Si en mi cara tuviese tal nariz, me la amputara.» Amistoso: «¿Se baña en vuestro vaso al beber, o un embudo usáis al caso?» Descriptivo: «¿Es un cabo? ¿Una escollera? Mas ¿qué digo? ¡Si es una cordillera!» Curioso: «¿De qué os sirve ese accesorio? ¿De alacena, de caja o de escritorio?» Burlón: «¿Tanto a los pájaros amáis, que en el rostro una alcándara les dais?» Brutal: «¿Podéis fumar sin que el vecino —¡Fuego en la chimenea!— grite?» Fino: «Para colgar las capas y sombreros esa percha muy útil ha de seros.» Solícito: «Compradle una sombrilla: el sol ardiente su color mancilla.» Previsor: «Tal nariz es un exceso: buscad a la cabeza contrapeso.» Dramático: «Evitad riñas y enojos: si os llegara a sangrar, diera un Mar Rojo.» Enfático: «¡Oh nariz!… ¡Qué vendaval te podría resfriar? Sólo el mistral.» Pedantesco: «Aristófanes no cita más que a un ser sólo que con vos compita en ostentar nariz de tanto vuelo: El Hipocampelephantocamelo.» Respetuoso: «Señor, bésoos la mano: digna es vuestra nariz de un soberano.» Ingenuo: «¿De qué hazaña o qué portento en memoria, se alzó este monumento?» Lisonjero: «Nariz como la vuestra es para un perfumista linda muestra.» Lírico: «¿Es una concha? ¿Sois tritón?» Rústico: «¿Eso es nariz o es un melón?» Militar: «Si a un castillo se acomete, aprontad la nariz: ¡terrible ariete!» Práctico: «¿La ponéis en lotería? ¡El premio gordo esa nariz sería!» Y finalmente, a Píramo imitando: «¡Malhadada nariz, que, perturbando del rostro de tu dueño la armonía, te sonroja tu propia villanía!» Algo por el estilo me dijerais si más letras e ingenio vos tuvierais; mas veo que de ingenio, por la traza, tenéis el que tendrá una calabaza y ocho letras tan sólo, a lo que infiero: las que forman el nombre: Majadero. Sobre que, si a la faz de este concurso me hubieseis dirigido tal discurso e, ingenioso, estas flores dedicado, ni una tan sólo hubierais terminado, pues con más gracia yo me las repito y que otro me las diga no permito.
Edmond Rostand (Cyrano de Bergerac)
Es la vieja doble moral estadounidense. Decir una cosa y hacer otra diferente. Y por supuesto este país fue fundado bajo una doble moral. Es parte de nuestra historia, es una doble moral muy básica: Un grupo dueño de esclavos que querían ser libres. ¿Estoy en lo cierto? Qué absurdo. Lo que hicieron fue matar a un montón de ingleses blancos, para seguir poseyendo a sus esclavos negros, para luego exterminar a los indios rojos, ir hacia el oeste para robarle territorio a los mexicanos marrones y finalmente tener un lugar de donde despegar, volar y lanzar bombas nucleares sobre los japoneses amarillos. ¿Saben cuál debería ser el lema de este país? '¡Danos un color y nosotros nos deshacemos de él!.
George Carlin
Como una gran diosa que preside de lejos los juegos de las divinidades inferiores, la princesa se había quedado voluntariamente un poco al fondo, en un canapé lateral, rojo como una roca de coral, al lado de una ancha reverberación vidriosa que era probablemente una luna y que hacía pensar en una sección que un rayo de luz hubiera practicado, perpendicular, oscura y líquida, en el cristal deslumbrado de las aguas. Pluma y corola a un tiempo, como ciertas floraciones marinas, una gran flor blanca, aterciopelada como un ala, descendía desde la frente de la princesa a lo largo de una de sus mejillas cuya inflexión seguía con flexibilidad coqueta, amorosa y viva, y parecía encerrarla a medias como un huevo rosa en la blandura de un nido de martinete.
Marcel Proust (À la recherche du temps perdu, Tome III)
Cuando Keri vio a Joe caminando hacia ella, con sus manos en sus bolsillos y sus hoyuelos visibles desde la luna, ni siquiera podía articular todas las cosas que quería decirle. Se conformo con-: Tú no me vas a hacer buscar garrapatas, Joseph Kowalski. -Demonios, nena, no vayas aplastando todas mis esperanzas en el primer día.- Era Keri la que se sentía como una idiota pero era Joe el que se estaba sonriendo como uno- Veo que encontraste a Terry. - No voy a montar uno de esos.- Señalo a los remolques de los vehículos todo terreno. -¿Vez ese nuevo rojo brillante? Ese es tuyo, nena. Y no me digas que ya olvidaste las reglas. Como si pudiera. Las Reglas habían sido entregadas a la casa de sus padres antes de que ella se hubiese levantado de la cama esa mañana.
Shannon Stacey (Exclusively Yours (Kowalski Family, #1))
La división y el resentimiento se extendieron tanto como la pobreza y la inseguridad. Prácticamente en toda familia, la política revolucionaria había causado estragos: hermanos enfrentados por posiciones políticas insalvables, matrimonios deshechos, hijos que se alejaron de sus padres, la muerte misma parecía haber pactado con todas aquellas miserias del ser humano que esa nueva clase política encarnaba.
María Elena Lavaud (Dias De Rojo)
Yo, por ejemplo, quiero sacarme el carnet de conducir este año. Quiero continuar saliendo con mis amigas los fines de semana, sentir que todo sigue igual entre nosotras y que no nos hacemos mayores. También quiero dejar de pensar que debería bajar unos kilos y disfrutar comiendo pepinillos de madrugada como si nada importase. Y quiero salir a cenar con un hombre y ponerme un vestido rojo largo que he visto en una revista de moda. Es muy arreglado y es posible que me haga parecer un botijo, pero quiero ponérmelo por un día y sentirme la chica más guapa de todo el jodido restaurante. Quiero que me saquen a bailar, aunque no se me da muy bien, pero quiero que me vean del brazo de un hombre que me mire con adoración y que la gente murmure: «¿Te has fijado en qué buena pareja hacen? ¿Y cómo la mira él?». Porque nunca me he sentido así.
Andrea Longarela (Amor se escribe con H y otras formas de decirte que te quiero)
-La política- objetaba el autor- es algo así como una piedra de molino atada al cuello de la literatura, que la sumerge y ahoga en menos de seis meses. La política, en una obra de imaginación, es un pistoletazo en medio de un concierto. Produce un estruendo que, sin ser enérgico, desgarra el oído. No está a tono con ningún instrumento. Una página política ofenderá a la mitad de los lectores y matará de aburrimiento a la otra mitad.
Stendhal (Rojo y Negro)
Lenin dice que el análisis concreto de la situación concreta es «lo más esencial del marxismo, el alma viva del marxismo». Muchos de nuestros camaradas, poco acostumbrados a pensar en forma analítica, no quieren analizar y estudiar repetida y profundamente las cosas complejas, sino que prefieren formular conclusiones simplistas que son absolutamente afirmativas o absolutamente negativas. (…) Desde ahora, debemos remediar este estado de cosas.
Mao Zedong (El libro rojo)
Qué fecha, a qué hora, nace un amor es algo difícil de precisar. ¿Nace la primera vez que vemos a la persona amada? ¿O la primera vez que, al buscarlo los ojos, nos encontramos correspondidos con la misma mirada, esa que no pretende ver sino entrar a través de las pupilas? ¿Nace la primera vez que pronunciamos su nombre como si invocáramos todo el universo? ¿Nace cuando se dice, cuando se reconoce: «Te quiero»? ¿Nace y crece tan poco a poco que no se sabe cuándo nació? Nadie registra, cronómetro en mano, la fecha de nacimiento de un amor. Pero todo el mundo necesita un número rodeado con rotulador rojo en el calendario. Lo verdaderamente difícil de precisar en el momento de marcarlo es por cuánto tiempo se seguirá celebrando. Del mismo modo en que no se sabe cuál será el futuro de una semilla cuando se planta en el suelo, la incertidumbre también es la esencia de las semillas de los aniversarios.
Begoña Oro (Pomelo y limón)
—Rojo… Fuego… Sus miradas chocaron de nuevo mientras sus resuellos se entrelazaron. Con lentitud, ella se deshizo de los guantes, atrapó la cremallera de su chaqueta de cuero consiguiendo que el ruido metálico, al bajar poco a poco, resonara entre las cuatro paredes de espejo. Sus ojos verdes descendieron hasta la férrea boca para a continuación posarse sobre la mirada eléctrica. Una de las manos del hombre se colocó en la nuca de ella y la otra, con suavidad, se asentó sobre la cadera dejando que sus experimentados dedos acariciaran la nívea piel, visible entre la camiseta y la cinturilla del vaquero. Las uñas moradas tiraron de la corbata negra, acercando más a su dueño, consiguiendo que sus cuerpos se amoldaran. Su osada cadera se arqueó levemente atrayendo el miembro ya erecto que se acomodó sin ningún problema a la curva sinuosa. Él tiró de la roja cabellera y levantó su rostro. —Fuego… —susurró mientras su boca se posaba hambrienta sobre la de su pareja.
Aileen Diolch (Fuego Rojo)
Hasta el frío y la época de lluvias habían cambiado en Agua Grande a finales del siglo XX. El frondoso pulmón vegetal que adorna el valle que es la capital, dominado por palmeras y ceibas, respiraba desconcertado intentando seguir el paso a los desarreglos que desdibujaron en el calendario el lugar del frío decembrino y las lluvias de mayo a septiembre. La anarquía se instaló en el ambiente, como presagiando la turbulencia que indefectiblemente habría de tocar a todos sus habitantes.
María Elena Lavaud (Dias De Rojo)
Habían pasado toda la mañana en la cama. Juntos... Entre caricias, besos, y risas volvieron a hacerse el amor con más lentitud que la primera vez. Los jadeos y los suspiros sustituyeron a las palabras. Las miradas que se prodigaron dieron forma a sus sentimientos. Sus manos, sus cuerpos transmitieron todo lo contrario que sus miedos impidieron ofrecerse. Se habían reencontrado, se habían amado, y Álex temblaba ante el futuro que se le presentaba con León. [Capítulo 8, Alex y León]
Aileen Diolch (Fuego Rojo)
Daisy no lo pensó. Llevaba horas trabajando, su matrimonio era una farsa y había sido humillada en público por el hombre que había jurado honrarla ante Dios. Con rapidez, recogió la tarta con una mano y se la lanzó. -¡Eres un imbécil! Alex extendió las manos automáticamente para impedir que se la arrojara, pero no fue lo suficientemente rápido. La tarta le dio en el hombro y se deshizo en mil pedazos. Ella observó el desastre con una curiosa indiferencia. Trocitos de tarta y azúcar glas habían volado por todas partes. Una pegajosa sustancia blanca salpicaba el pelo, las cejas e incluso las pestañas de Alex. Los pedazos de chocolate que se le habían quedado pegados a la mandíbula cayeron sobre el hombro de su camiseta. La indiferencia de Daisy desapareció cuando vio que se ponía rojo. Iba a matarla. Él intentó limpiarse los ojos a la vez que se movía hacia ella. Daisy se apartó de su camino y, aprovechando la ceguera temporal de Alex, salió corriendo por la puerta.
Susan Elizabeth Phillips (Kiss an Angel)
Y yo, colocado en el último peldaño de la escalera social por una Providencia que para mí es madrastra y no madre, yo, dotado de un corazón noble, pero falto de mil francos de renta, es decir, sin pan... no exagero... sin pan, ¿he de rehusar un placer que se me ofrece sin yo buscarlo, un manantial límpido que viene a apagar mi sed en el desierto abrasador de la pobreza que con tanta pena atravieso? ¡A fe que sería la estupidez mayor del mundo! ¡Primero yo, y después yo, y siempre yo, en el desierto de egoísmo que llamamos vida!
Stendhal (Rojo y Negro)
La cabeza de Nicasia descansaba sobre el pecho desnudo de Locke. El pelo rojo del zorro se le pegaba a la mejilla por el sudor. Mientras Cardan los miraba, una ráfaga de sangre le calentó las mejillas y los latidos en su cabeza se hicieron tan fuertes que momentáneamente ahogó sus pensamientos. Miró sus cuerpos enredados, las brasas incandescentes de la chimenea, el trabajo a medio terminar para los tutores de palacio que todavía estaba en su escritorio, manchas descuidadas de tinta salpicando el papel. Cardan debería haber sido el chico con el corazón de piedra en la historia de Aslog, pero de alguna manera había dejado que su corazón se volviera de cristal. Podía sentir los fragmentos rotos alojados en sus pulmones, haciendo que cada respiración le doliera. Cardan había confiado en que Nicasia no lo lastimaría, lo cual era ridículo, ya que sabía bien que todos se lastiman entre sí y que las personas que amabas te lastiman más gravemente. Ya que era muy consciente de que ambos se deleitaban en hacer daño a todos los demás que podían, ¿cómo podía haberse considerado seguro?
Holly Black (How the King of Elfhame Learned to Hate Stories (The Folk of the Air, #3.5))
Un hombre bajito y de lentes, mal afeitado y con el pelo grasiento comía chocolate a su lado. Su bata médica estaba manchada de mostaza, salsa criolla y una cosa marrón, pero mantenía en los hombros limpios para disimular en su blancura la caspa que nevaba de su cabeza. -Soy Faustino Posadas, médico legista. Le extendió una mano manchada de chocolate, que el fiscal estrechó. Luego lo llevó por un pasadizo oscuro lleno de dolores. Algunas personas se acercaban gimiendo, pidiendo ayuda, pero el médico las derivaba con un gesto a la primera sala, con la enfermera, por favor, yo sólo veo muertos.
Santiago Roncagliolo (Abril rojo)
¿En qué momento el hombre se convierte en monstruo? ¿Cuándo se traspasa esa fina línea que separa la supervivencia de la crueldad? No es algo que suceda en un instante. Ocurre de forma gradual, del mismo modo que las gotas de agua llenan un cántaro hasta desbordarlo. Es el resultado de cada golpe que te ha derribado y te ha obligado a levantarte de nuevo, una y otra vez, hasta que algo dentro de ti se acaba rompiendo y no puedes pensar en otra cosa que no sea devolverle al mundo cada uno de esos golpes y demostrarle que los vientos del destino tendrán que soplar más fuerte si quieren doblegarte.
Cris Ortega (La sombra del cuervo rojo (volumen 1))
El fiscal Chacaltana puso el punto final con una mueca de duda en los labios. Volvió a leerlo, borró una tilde y agregó una coma con tinta negra. Ahora sí. Era un buen informe. Seguía todos los procedimientos reglamentarios, elegía sus verbos con precisión y no caía en la chúcara adjetivación habitual de los textos legales. Evitaba las palabras con ñ-porque su Olivetti del 75 había perdido la ñ-pero conocía suficientes palabras para no necesitarla. Podía escribir "cónyuge" en lugar de "señor esposo", o "amanecer" en lugar de "mañana". Se repitió satisfecho que, en su corazón de hombre de leyes, había un poeta pugnando por salir.
Santiago Roncagliolo (Abril rojo)
No siento mi cuerpo, no siento mi alma, ¿la habré extraviado?... Solo veo rojo a mí alrededor. Rojo sangre que cubre mi cielo, que recubre mis heridas y las escose como fuego. Las serpientes rojas se deslizan por todo mi cuerpo, puedo sentirlas reptando y sujetando mi carne, sin embargo ya no siento dolor, no siento nada. Ojos de color venganza se adentran en mi mente, apoderándose de mi voluntad. Rompen poco a poco un lazo que se empezaba a formar. Ocultan la felicidad y me hunden en la oscuridad. Antes no entendía el por qué de mi existencia, ahora sé que siempre hubo un propósito. Y por más que quiero negarlo sé que es este. Solo hubiera querido que mi propósito hubieras sido tú. En verdad trate de protegerte. Pero al final no pude hacerlo, fui yo quien te hirió. Nuestro destino es odiarnos, siempre fue ese. Quisimos negarlo, la atracción era inmensa y eso es lo que nos llevara a terminar lo que empezamos. Poco a poco estoy empezando a olvidarte. Ya no recuerdo tus labios, ni el sonar de tu voz, el color de tu cabello se deshizo como hilos de humo en el aire y tu perfume se mezclo con el olor a sangre. Te estoy olvidando y me asusta pensar que pronto ya no te recordaré. Mi mente te expulsa y mi corazón terco te aferra, o al menos recupera los fragmentos destrozados de ti. Solo un constante hay…uno que no puedo quitar, por el cual aun vives en mi. Tu mirada. Tengo frío. Y no son paredes de piedra las cuales me aprisionan, el frío proviene de muy dentro de mí. Mi sed aumenta y mi hambre también. Ya no puedo reconocerme. Pronto acabare con todo, todo se vendrá a mis pies y por fin ella podrá liberarme. Ella es mi salvación. La luna de rojo se teñirá muy pronto. Y cuando eso ocurra… ¡Tú serás la siguiente Cuentista!
Brizz Briseira
Six or seven minutes past 2 P.M. on September 11, 1973, an infiltration patrol of the San Bemardo Infantry School commanded by Captain Roberto Garrido burst into the second floor of the Chilean Presidential Palace, Santiago's Palacio de La Moneda. Charging up the main staircase and covering themselves with spurts from their FAL machine guns, the patrol advanced to the entrance of the Salon Rojo, the state reception hall. Inside, through dense smoke coming from fires elsewhere in the building and from the explosion of tear gas bombs, grenades, and shells from Sherman tank cannons, the patrol captain saw a band of civilians braced to defend themselves with submachine guns. In a reflex action, Captain Garrido loosed a short burst from his weapon. One of his three bullets struck a civilian in the stomach. A soldier in Garrido's patrol imitated his commander, wounding the same man in the abdomen. As the man writhed on the floor in agony, Garrido suddenly realized who he was: Salvador Allende. "We shit on the President!" he shouted. There was more machine-gun fire from Garrido's patrol. Allende was riddled with bullets. As he slumped back dead, a second group of civilian defenders broke into the Salon Rojo from a side door. Their gunfire drove back Garrido and his patrol, who fled down the main staircase to the safety of the first floor, which the rebel troops had occupied.
 Some of the civilians returned to the Salon Rojo to see what could be done. Among them was Dr. Enrique Paris, a psychiatrist and President Allende's personal doctor. He leaned over the body, which showed the points of impact of at least six shots in the abdomen and lower stomach region. After taking Allende's pulse, he signaled that the President was dead. Someone, out of nowhere, appeared with a Chilean flag, and Enrique Paris covered the body with it.
Robinson Rojas Sandford (The Murder of Allende and the End of the Chilean Way to Socialism)
Érase una vez una muchacha que estaba demasiado segura de sí misma. No todos la consideraban hermosa, pero admitían que poseía cierta elegancia que intimidaba con más frecuencia de la que cautivaba. La sociedad coincidía en que no era alguien a quien uno quisiera contrariar. "Guarda su corazón en una cajita de porcelana", susurraba la gente, y tenían razón. A la joven no le gusta abrir la cajita. Contemplar su corazónla perturbaba. Siempre le parecía más pequeño y al mismo tiempo más grande de lo que esperaba. Palpitaba contra la porcelana blanca. Parecía un carnoso rudo rojo. A veces, sin embargo, apoyaba la mano sobre la tapa de la cajita y, entonces, el rítmico palpitar se transformaba en una agradable música. Una noche, otra persona oyó esa melodía. Un chico hambriento que se encontraba lejos de casa. Se trataba (por si les interesa) de un ladrón. Trepó por las paredes del palacio de la joven.Introdujo sus dedos fuertes a través de la estrecha abertura de una ventana. La abrió lo suficiente para poder pasar y entró. Mientras la dama dormía (sí, la vio en la cama y apartó rápidamente la mirada) robó la cajita sin ser consciente de lo que contenía. Lo único que sabía era que la quería. Su naturaleza estaba llena de deseos, anhelaba constantemente algo, y los anhelos que comprendía eran tan dolorosos que no le interesaba examinar los que no comprendía.Cualquier miembro de la sociedad de la dama podría haberle advertido que robarle era mala idea. Habían visto lo que les pasaba a sus enemigos. De un modo u otro, la joven siempre les daba su merecido. Pero el muchacho no habría seguido esos consejos. Se hizo con su botín y huyó. La habilidad de la joven casi parecía cosa de magia. Su padre (la gente susurraba que se trataba de un dios,pero su hija,que lo amaba,sabía que era completamente mortal) le había enseñado bien. Cuando una ráfaga de viento procedente de la ventana abierta la despertó, captó el aroma del ladrón. Había impregnado el marco de la ventana,el tocador,incluso una de las cortinas del dosel de la cama, que estaba ligeramente entreabierta. Le dio caza.
Marie Rutkoski (The Winner's Kiss (The Winner's Trilogy, #3))
Lo hice nuevamente. Uno de cada diez años puedo soportarlo… una especie de milagro ambulante, mi piel brilla como una pantalla nazi, mi pie derecho un pisapapeles, mi rostro sin forma, delgado lienzo judío. Retira la compresa, ¡ah, enemigo mío! ¿te doy miedo?… ¿La nariz, la fosa de los ojos, toda la dentadura? El aliento agrio un día se desvanecerá. Pronto, pronto la carne que alimentó la grave sepultura me será familiar y yo seré una mujer sonriente, sólo tengo treinta. Y como el gato tengo nueve vidas que morir. Ésta es la Número Tres. Qué basura para la aniquilación de cada década. Qué millón de filamentos. La multitud como maní prensado se atropella para ver desenvuelven mis manos y pies… el gran strip tease señoras y señores éstas son mis manos mis rodillas. Puede que esté piel y huesos, sin embargo, soy la misma e idéntica mujer. La primera vez que ocurrió, tenía diez. Fue un accidente. La segunda vez quise que fuera definitivo y no regresar jamás. Me mecí doblada sobre mí misma como una concha. Tuvieron que llamar y llamar y quitarme uno a uno los gusanos como perlas viscosas. Morir es un arte, como cualquier otro, yo lo hago de maravillas. Hago que se sienta como un infierno. Hago que se sienta real. Creo que podrían llamarlo un don. Es tan fácil que puedes hacerlo en una celda. Es tan fácil que puedes hacerlo y quedarte ahí, quietita. Es el teatral regreso a pleno día al mismo lugar, a la misma cara, al mismo grito brutal y divertido “¡Milagro!” que me deja fuera de combate. Hay un precio a pagar para mirar las escaras, hay un precio a pagar para auscultar mi corazón… late de veras. Y hay un precio a pagar, un precio mayor por una palabra o un contacto o un poquito de sangre o una muestra de mi cabello o de mi ropa. Bueno, bueno, Herr Doctor. Bueno, Herr Enemigo. Soy vuestra opus, soy vuestra valiosa niña de oro puro que se funde en un chillido. Giro y ardo. No crean que no estimo su enorme preocupación. Cenizas, cenizas… Ustedes atizan y remueven. Carne, hueso, no hay nada allí… Un pan de jabón, un anillo de bodas, un empaste de oro. Herr dios, Herr Lucifer tengan cuidado tengan cuidado. Sobre las cenizas me elevo con mi cabello rojo y devoro hombres como aire.
Sylvia Plath (Ariel)
—¿Alguna vez se ha sentido sitiado por el fuego y ha sabido que su vida en ese momento vale menos que un pedazo de mierda? ¿O se ha visto metido en un pueblo lleno de gente sin saber si quieren ayudarlo o matarlo? ¿Ha visto cómo sus amigos van cayendo en la batalla? ¿Ha almorzado con la gente sabiendo que quizá sea la última vez, que la próxima vez que los vea probablemente estén en un cajón? ¿Ah? Cuando eso pasa, uno deja de tener amigos, porque sabe que los perderá. Uno se acostumbra al dolor de perderlos y se limita a evitar ser una de las sillas vacías que se van multiplicando en los comedores. ¿Sabe lo que es eso? No. Usted no tiene ni la menor idea de lo que es eso. Usted estaba en Lima, pues, mientras su gente moría. Estaba leyendo poemitas de Chocano, supongo. Literatura, ¿verdad? La literatura dice demasiadas cosas bonitas, señor fiscal. Demasiadas. Ustedes los intelectuales desprecian a los militares porque no leemos. Sí, no ponga esa cara, he escuchado sus bromas, he visto la cara de los viejos políticos cuando hablamos. Y las comprendo. Nuestro problema es que estamos hasta los huevos de la realidad, nunca hemos visto las cosas bonitas de las que hablan sus libros.
Santiago Roncagliolo (Abril rojo)
Comprendí al punto: era la lucha entre los hombres y las máquinas, preparada, esperada y temida desde hace mucho tiempo, la que por fin había estallado. Por todas partes yacían muertos y mutilados, por todas partes también automóviles apedreados, retorcidos, medio quemados; sobre la espantosa confusión volaban aeroplanos, y también a éstos se les tiraba desde muchos tejados y ventanas con fusiles y con ametralladoras. En todas las paredes anuncios fieros y magníficamente llamativos invitaban a toda la nación, en letras gigantescas que ardían como antorchas, a ponerse al fin al lado de los hombres contra las máquinas, a asesinar por fin a los ricos opulentos, bien vestidos y perfumados, que con ayuda de las máquinas sacaban el jugo a los demás y hacer polvo a la vez sus grandes automóviles, que no cesaban de toser, de gruñir con mala intención y de hacer un ruido infernal, a incendiar por último las fábricas y barrer y despoblar un poco la tierra profanada, para que pudiera volver a salir la hierba y surgir otra vez del polvoriento mundo de cemento algo así como bosques, praderas, pastos, arroyos y marismas. Otros anuncios, en cambio, en colores más finos y menos infantiles, redactados en una forma muy inteligente y espiritual, prevenían con afán a todos los propietarios y a todos los circunspectos contra el caos amenazador de la anarquía, cantaban con verdadera emoción la bendición del orden, del trabajo, de la propiedad, de la cultura, del derecho, y ensalzaban las máquinas como la más alta y última conquista del hombre, con cuya ayuda habríamos de convertirnos en dioses. Pensativo y admirado leí los anuncios, los rojos y los verdes; de un modo extraño me impresionó su inflamada oratoria, su lógica aplastante; tenían razón, y, hondamente convencido, me quedé parado ya ante uno, ya ante el otro, y, sin embargo, un tanto inquieto por el tiroteo bastante vivo. El caso es que lo principal estaba claro: había guerra, una guerra violenta, racial y altamente simpática, en donde no se trataba de emperadores, repúblicas, fronteras, ni de banderas y colores y otras cosas por el estilo, más bien decorativas y teatrales, de fruslerías en el fondo, sino en donde todo aquel a quien le faltaba aire para respirar y a quien ya no le sabia bien la vida, daba persuasiva expresión a su malestar y trataba de preparar la destrucción general del mundo civilizado de hojalata. Vi cómo a todos les salía risueño a los ojos, claro y sincero, el afán de destrucción y de exterminio, y dentro de mí mismo florecían estas salvajes flores rojas, grandes y lozanas, y no reían menos. Con alegría me incorporé a la lucha.
Hermann Hesse (Der Steppenwolf.)
León gruñó y atrapó su boca en un beso voraz. No podía resistirse a ella. Sabía que tenía que hablarle de sus sentimientos (...), pero al igual que ella, también necesitaba sentirla, estar en su interior, rodeado de su calor. (...) Volvió a ponerse encima de Alex y le dió un dulce beso. - ¿Estas segura? Alejandra enrolló las piernas en la cintura de él y asintió. - Te necesito - suplicó. Y sin mas, León introdujo en su interior su pene ya erecto, arrancándole un gemido natural. Las manos de Alex se agarraron a sus hombros. Sus uñas se hincaron en su piel. Sus caderas se arquearon recibiendo el pene que entraba y salía de su interior y que conseguía (...) que las sensaciones (...) se arremolinaran en su estómago y su corazón latiera cada vez más veloz. (...) Leon atrapó su boca, alimentándose de sus gemidos. Lamió sus labios. Jugó con la lengua de ella. Besó su cuello, lo mordió, lo acarició, y descendió hasta sus pechos donde los pezones enhiestos reclamaban mayor atención. (...) Las manos de Álex descendieron con lentitud por la musculosa espalda delineando el tatuaje de León hasta sus nalgas, donde en una muda súplica le imploró que aumentara el ritmo. Su cuerpo sin control, obedeció a la que era dueña de su corazón y comenzó a embestir cada vez con mayor velocidad, (...) hasta que sus gemidos se entrelazaron y sus respiraciones se convirtieron en una. (...) León estaba enamorado de esa mujer y tenía que confesárselo, fueran cuales fueran las consecuencias. [Capítulo 13. León y Álex].
Aileen Diolch (Fuego Rojo)
Tan solo recuerdos. Pero no te haces idea de la tristeza que me provocan. Siento que he perdido algo sin darme cuenta. Y que ya es tarde para reaccionar.
David Lozano Garbala (Cielo rojo)
El día que te fuiste entendí que no te volvería a ver. Ibas teñida de rojo por el sol de la tarde, por el crepúsculo ensangrentado del cielo; Sonreías. Dejabas atrás un pueblo del que muchas veces me dijiste: 'Lo quiero por ti; pero lo odio por todo lo demás, hasta por haber nacido en él'. Pensé: 'No regresará jamás; no volverá nunca.
Anonymous
Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper. Hilo Rojo del Destino
D.C. López (Hilo Rojo del Destino)
Los cien enamorados duermen para siempre bajo la tiera seca. Andalucía tiene largos caminos rojos. Córdoba, olivos verdes donde poner cien cruces, que los recuerden. Los cien enamorados duermen para siempre.
Federico García Lorca
Tu viente sabe más que tu cabeza y tanto como tus muslos. Ésa es la fuerte gracia negra de tu cuerpo desnudo. Signo de selva el tuyo, con tus collares rojos, tus brazaletes de oro curvo, y ese caimán oscuro nadando en el Zambeze de tus ojos.
Nicolás Guillén (Songoro Cosongo y Otros Poemas: Seleccion del Autor)
Chacaltana tomó los papeles y trató de leer. Pero no había nada que entender en ellos. Sólo incoherencias. Barbarismos. No eran sólo los errores ortográficos, era todo. En el caos no hay error, y en esos papeles ni siquiera la sintaxis tenía sentido. Chacaltana había vivido toda su vida entre palabras ordenadas, entre poemas de Chocano y códigos legales, oraciones numeradas u ordenadas en verso. Ahora no sabía que hacer con un montón de palabras arrojadas al azar sobre la realidad. El mundo no podía seguir la lógica de esas palabras. O quizás todo lo contrario, quizás simplemente la realidad era así, y todo lo demás eran historias bonitas, como cuentas de colores, diseñadas para distraer y fingir que las cosas tienen algún significado.
Santiago Roncagliolo (Abril rojo)
Chorreando desde su puta frente la bala le tiñó de rojo el blanco de su puta cara.
Fernando Vallejo (La virgen de los sicarios)
Cayó en la tentación y recogió el bucle de un rojo intenso que había caído hacia delante y lo apartó. Que le den al libro de reglas
Anonymous
Hay entre las diversas formas y especies de miedos, pavores y terrores, algunos extraordinariamente cómicos y grotescos. A esta clase pertenecen el miedo de los católicos por los masones; el miedo de los republicanos por los jesuítas; el miedo de los anarquistas por los polizontes, y el de los polizontes por los anarquistas. El miedo al coco de los niños es mucho más serio, mucho menos pueril que esa otra clase de miedos. Al católico no se le convence de que la masonería es algo así como una sociedad de baile, ni el republicano puede creer que los jesuítas son unos frailucos vanidosillos, ignorantuelos, que se las echan de poetas y escriben versos detestables, y se las echan de sabios y confunden un microscopio con un barómetro. Para el católico, el masón es un hombre terrible; desde el fondo de sus logias dirige toda la albañilería antirreligiosa, tiene un Papa rojo, y un arsenal de espadas, triángulos y demás zarandajas. Para el republicano, el jesuíta es un diplomático maquiavélico, un sabio, un pozo de ciencia y de maldad. Para el anarquista, el polizonte es un individuo listo como un demonio, que se disfraza y no se le conoce, que se cuela en la taberna y en el club, y que está siempre en acecho. Para el polizonte, el que está siempre en acecho, el listo, el terrible, es el anarquista. Todos suponen en el enemigo un poder y una energía extraordinarios. ¿Es por tontería, es por romanticismo, o solamente por darse un poco de importancia? Es muy posible que por todas estas causas juntas. Lo cierto es que al católico no se le puede convencer de que si las ideas antirreligiosas cunden no es por influencia de los masones ni de las logias, sino porque la gente empieza a discurrir; a los republicanos tampoco habrá nadie que les convenza de que la influencia jesuítica depende, no de la listeza ni de la penetración de los hijos de san Ignacio, sino de que la sociedad española actual es una sociedad de botarates y de mequetrefes dominados por beatas. Los polizontes no pueden creer que los atentados anarquistas sean obras individuales, y buscan siempre el hilo del complot; y los anarquistas, no pueden perder la idea de que son perseguidos en todos los momentos de su vida. Los anarquistas padecen además la obsesión de la traición. En cualquier sitio donde se reúnan más de cinco anarquistas, hay siempre, según ellos, un confidente o un traidor. Muchas veces este traidor no es tal traidor, sino un pobre diablo a quien algún truchimán de la policía, haciéndose pasar por dinamitero feroz, le saca todos los datos necesarios para meter en la cárcel a unos cuantos.
Pío Baroja (Aurora roja)
Lo que ocurre es que el hombre, volviendo a Freud y valga la metáfora, se calienta como una bombilla: al rojo en un tris, y frío otra vez en un soplo. La hembra, sin embargo, y esto es ciencia pura, se calienta como una plancha, ¿entiende usted? Poco a poco, a fuego lento, como la buena escudella. Pero eso sí, cuando ha cogido calor, aquello no hay quien lo pare.
Carlos Ruiz Zafón (La sombra del viento)
Volvía a ser de noche. En la posada Roca de Guía reinaba el silencio, un silencio triple. El primer silencio era una calma hueca y resonante, constituida por las cosas que faltaban. Si hubiera habido caballos en los establos, estos habrían piafado y mascado y lo habrían hecho pedazos. Si hubiera habido gente en la posada, aunque solo fuera un puñado de huéspedes que pasaran allí la noche, su agitada respiración y sus ronquidos habrían derretido el silencio como una cálida brisa primaveral. Si hubiera habido música… pero no, claro que no había música. De hecho, no había ninguna de esas cosas, y por eso persistía el silencio. En la posada Roca de Guía, un hombre yacía acurrucado en su mullida y aromática cama. Esperaba el sueño con los ojos abiertos en la oscuridad, inmóvil. Eso añadía un pequeño y asustado silencio al otro silencio, hueco y mayor. Componían una especie de aleación, una segunda voz. El tercer silencio no era fácil reconocerlo. Si pasabas una hora escuchando, quizá empezaras a notarlo en las gruesas paredes de piedra de la vacía taberna y en el metal, gris y mate, de la espada que colgaba detrás de la barra. Estaba en la débil luz de la vela que alumbraba una habitación del piso de arriba con sombras danzarinas. Estaba en el desorden de unas hojas arrugadas que se habían quedado encima de un escritorio. Y estaba en las manos del hombre allí sentado, ignorando deliberadamente las hojas que había escrito y que había tirado mucho tiempo atrás. El hombre tenía el pelo rojo como el fuego. Sus ojos eran oscuros y distantes, y se movía con la sutil certeza de quienes saben muchas cosas. La posada Roca de Guía era suya, y también era suyo el tercer silencio. Así debía ser, pues ese era el mayor de los tres silencios, y envolvía a los otros dos. Era profundo y ancho como el final del otoño. Era grande y pesado como una gran roca alisada por la erosión de las aguas de un río. Era un sonido paciente e impasible como el de las flores cortadas; el silencio de un hombre que espera la muerte.
Patrick Rothfuss (The Name of the Wind (The Kingkiller Chronicle, #1))
El carmín de cochinilla, se encuentra permitido por la mayoría de las legislaciones alimentarias en diversos países; por ejemplo, lo incluye la Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos de América; la Unión Europea le ha otorgado el código de identificación E-120 y también está incluido en el listado del Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA) (FAO/OMS, 2000). Este pigmento es una interesante alternativa como colorante rojo natural a los colorantes sintéticos y se utiliza ampliamente en la industria de alimentos y cosmética. Perú es el primer productor mundial de cochinilla seca y exporta cochinilla procesada como carmín, ácido carmínico y soluciones.
Anonymous
—Adelante, pues. Música y magia. Triunfo y delirio. Pensad. ¿Qué necesita nuestra historia? ¿Qué elemento vital le falta? —Mujeres, Reshi —saltó Bast—. Hay una escasez tremenda de mujeres. Kvothe sonrió. —«Mujeres» no, Bast. Una mujer. La mujer. —Kvothe miró a Cronista—. Has oído cosas sueltas, no lo dudo. Yo te contaré la verdad sobre ella. Aunque temo no estar a la altura del reto. Cronista cogió la pluma, pero antes de que la mojara en el tintero, Kvothe levantó una mano. —Antes de empezar, dejadme decir una cosa. He relatado historias en el pasado, he pintado imágenes con palabras, he contado grandes mentiras y verdades aún más duras. Una vez le canté los colores a un ciego. Toqué durante siete horas, pero al final me dijo que los veía: verde, rojo y dorado. Creo que eso fue más fácil que lo que intento hacer ahora. Tratar de que la entendáis describiéndola solo con palabras. Vosotros nunca la habéis visto ni habéis oído su voz. No podéis entenderlo. Kvothe le hizo una seña a Cronista para que cogiera la pluma. —Aun así, lo intentaré. Ella está ahora en los bastidores, a punto de salir a escena. Preparemos el escenario para su entrada…
Patrick Rothfuss (The Name of the Wind (The Kingkiller Chronicle, #1))
Me llamo Kvothe, que se pronuncia «cuouz». Los nombres son importantes porque dicen mucho sobre la persona. He tenido más nombres de los que nadie merece. Los Adem me llaman Maedre. Que, según cómo se pronuncie, puede significar la Llama, el Trueno o el Árbol Partido. La Llama es obvio para todo el que me haya visto. Tengo el pelo de color rojo intenso. Si hubiera nacido hace un par de siglos, seguramente me habrían quemado por demonio. Lo llevo corto, pero aun así me cuesta dominarlo. Si lo dejo a su antojo, se me pone de punta y parece que me hayan prendido fuego. El Trueno lo atribuyo a mi potente voz de barítono y a la instrucción teatral que recibí a temprana edad. El Árbol Partido nunca lo he considerado muy importante. Aunque pensándolo bien, supongo que podríamos considerarlo al menos parcialmente profético. Mi primer mentor me llamaba E’lir porque yo era listo y lo sabía. Mi primera amante me llamaba Dulator porque le gustaba cómo sonaba. También me han llamado Shadicar, Dedo de Luz y Seis Cuerdas. Me han llamado Kvothe el Sin Sangre, Kvothe el Arcano y Kvothe el Asesino de Reyes. Todos esos nombres me los he ganado. Los he comprado y he pagado por ellos. Pero crecí siendo Kvothe. Una vez mi padre me dijo que significaba «saber». Me han llamado de muchas otras maneras, por supuesto. La mayoría eran nombres burdos, aunque muy pocos eran inmerecidos. He robado princesas a reyes agónicos. Incendié la ciudad de Trebon. He pasado la noche con Felurian y he despertado vivo y cuerdo. Me expulsaron de la Universidad a una edad a la que a la mayoría todavía no los dejan entrar. He recorrido de noche caminos de los que otros no se atreven a hablar ni siquiera de día. He hablado con dioses, he amado a mujeres y he escrito canciones que hacen llorar a los bardos. Quizá hayas oído hablar de mí.
Patrick Rothfuss (The Name of the Wind (The Kingkiller Chronicle, #1))
—¿Qué hacemos, R? —Julie me mira finalmente. Le tiembla la voz y tiene los ojos enrojecidos, pero no está dispuesta a abandonarse a las lágrimas—. ¿Somos tontos por creer que podemos hacer algo? Tú has logrado que vuelva a tener esperanza, pero aquí estamos, y creo que vamos a morir. Dime, ¿qué hacemos? [...] —¿Qué hacemos? —suplica ella, confundiéndome con sus ojos, los inmensos océanos de sus iris—. ¿Qué nos queda? Yo no tengo una respuesta que darle. Pero le miro la cara, las pálidas mejillas, los labios rojos rebosantes de vida y tiernos como los de una niña, y entiendo que la amo. Y si ella lo es todo, tal vez eso baste como respuesta. Atraigo a Julie hacia mí y la beso.
Isaac Marion (Warm Bodies (Warm Bodies, #1))
«Venían del muelle Morland, sin corbatas, sin sombreros, sofocados, mojados por la lluvia, con los ojos brillantes. Gavroche les abordó con calma. - ¿Adónde vamos? - preguntó. - Ven - contestó Courfeyrac. Detrás de Feuilly marchaba, o más bien saltada Bahorel, como un pez en el agua del motín. Llevaba un chaleco carmesí y profería palabras de esas que lo rompen todo. Su chaleco impresionó a un transeúnte, que gritó asustado: - ¡Aquí están los rojos! - ¡El rojo, los rojos! - replicó Bahorel -. ¡Vaya un temor gracioso, burgués! Por lo que a mí respecta, no tiemblo ante una amapola, la caperucita roja no me inspira pavor alguno. Créame, burgués, dejemos el miedo al rojo para los animales con cuernos.»
Victor Hugo (Les Misérables)
Venían del muelle Morland, sin corbatas, sin sombreros, sofocados, mojados por la lluvia, con los ojos brillantes. Gavroche les abordó con calma. - ¿Adónde vamos? - preguntó. - Ven - contestó Courfeyrac. Detrás de Feuilly marchaba, o más bien saltada Bahorel, como un pez en el agua del motín. Llevaba un chaleco carmesí y profería palabras de esas que lo rompen todo. Su chaleco impresionó a un transeúnte, que gritó asustado: - ¡Aquí están los rojos! - ¡El rojo, los rojos! - replicó Bahorel -. ¡Vaya un temor gracioso, burgués! Por lo que a mí respecta, no tiemblo ante una amapola, la caperucita roja no me inspira pavor alguno. Créame, burgués, dejemos el miedo al rojo para los animales con cuernos.
Victor Hugo (Les Misérables)
Alesky – empezó mi madre en tono culpable apretando con dedos nerviosos la taza de café - perdóname” Aquella mañana mi madre parecía una araña joven que acabara de atrapar en la telaraña a su primera víctima. Era como Mika envejecida. Como la abuela de joven. Nunca la había visto así por la sencilla razón de que nunca había sido así. Mi madre me miraba con amor. Esa mirada suya – que yo había esperado y mendigado toda mi infancia y por la que me habría desprendido voluntariamente de todo mi capital de niño ahorrador – la recibía ahora gratis. Mi madre, por fin, me la ofrecía en bandeja, sonriente y benévola, tal y como en los grandes almacenes unas guapas vendedoras ofrecen productos caducados a los ingenuos. Habría querido tirarla de la silla de una patada, como había hecho ella conmigo a lo largo de aquellos siete meses. Me habría gustado meterle aquel amor por los ojos a puñetazos y decirle que se lo guardara para el otro mundo, en el que, si tenía suerte, conseguiría engatusar a alguien y convencerle de que era capaz de amar. Me habría gustado arrancarle en aquel segundo, con unas tenazas al rojo vivo, todos los cuentos no contados, todas las nanas no cantadas, todas las caricias en el pelo que me correspondían, pero que ella me había escamoteado como una roñosa. “Mamá, no es necesario” le respondí rápidamente y ella se contuvo. Terminamos de comer en silencio y nos despedimos
Tatiana Țîbuleac (L'Été où maman a eu les yeux verts (LITTERATURE ETR))
Pero lo había sabido siempre: el miedo no se va, no desaparece, sólo se retira unos pasos atrás hasta un lugar húmedo y oscuro, y se queda ahí, esperando, reducido a poco más que un pequeño LED rojo que puedes ver aunque no quieras, aunque lo niegues, porque de otra forma no se puede vivir. Y sabía también que el miedo es propiedad privada, que la sinceridad que te permite ponerle nombre y mostrarlo no es suficiente para desligarte de él, ni siquiera compartirlo.
Dolores Redondo (Ofrenda a la tormenta (Trilogía del Baztán #3))
Horthy entró en Budapest a los dos días de haberla abandonado los rumanos, y se dedicó a liquidar la izquierda, en una campaña de «terror blanco» en la que colaboró activamente la aristocracia, y que tuvo como participantes más activos a bandas paramilitares racistas incontroladas, inspiradas por grupos como el Pacto de sangre de la doble cruz, la Sociedad científica húngara para la protección de la raza o un grupo dirigido por aristócratas, el batallón Prónay, en cuyo cuerpo de oficiales había un duque, ocho condes y siete barones. El «terror blanco» superó de largo las atrocidades que se atribuían al «terror rojo»: hubo de cinco a seis mil muertos, en su mayoría judíos, además de palizas, violaciones y abusos de todo tipo a individuos de cualquier naturaleza étnica; unas setenta mil personas fueron internadas en cárceles y campos de concentración y otras cien mil, «entre ellas algunas de las mejores mentes de Hungría», abandonaron el país para siempre.
Josep Fontana (El siglo de la revolución: Una historia del mundo desde 1914)
Una vez le canté los colores a un ciego. Toqué durante siete horas, pero al final me dijo que los veía: verde, rojo y dorado. Creo que eso fue más fácil que lo que intento hacer ahora. Tratar de que la entendáis describiéndola solo con palabras. Vosotros nunca la habéis visto ni habéis oído su voz. No podéis entenderlo.
Patrick Rothfuss
—Yo te llevaré a casa. —¿En tu caballo blanco? —En mi camión rojo.
Rainbow Rowell (Fangirl)
Un mismo coche BMW 520i, rojo, 140 caballos se puede comprar por una motivación de seguridad o por una motivación de prestigio social; en ambos casos ajustaremos la misma característica de los 140 caballos a lo que al target le motiva y, por lo tanto, le hará comprar.
Carlos Luna Calvo (Sé más persuasivo)
Me pasé días enteros abstraído, machacando tierras y mezclando los ingredientes. Los vapores de la trementina me sumían en un sopor lúcido del que salía únicamente para cambiar de disco o ir al baño. Era como si el universo se colmara de un mar de azul cobalto o rojo bermellón y no existiera nada más.
Ave Barrera (Puertas demasiado pequeñas)
Si hubieras sido de los indios - te juro - taita Alfaro - esta plaza grande se llenaría de ponchos - de más rojo colorado que los gritos que te mataron - de más soles de sangre - de otras candelas que ese fuego dónde te metieron.
Nela Martínez (Los Guandos)
Es un ojo rojo. Su ojo. El ojo del Rey.
Anonymous
parece que no le gusta mucho el sol. Creía que a los alemanes les encantaba venir a España a ponerse rojos como cangrejos ―dijo Sofía. ―No, no es eso. Fíjate en el suelo ―dijo Irene, señalando a Cipriano. Sofía se quedó boquiabierta cuando comprendió a qué se refería su hermana. Parecía imposible, pero lo estaba viendo con sus propios ojos. La torre, los arbustos, ellas mismas proyectaban sombras, pero Cipriano, el niño rarito alemán, no; era como
César García Muñoz (Un príncipe en la nevera)
«Pero mientras la miraba, mientras contemplaba sus labios rojos y sus enormes ojos castaños, siempre pícaros y perversos, supe que no iba a renunciar a ella antes de que hubiera terminado conmigo.»
Christina Lauren (Beautiful Stranger (Beautiful Bastard, #2))
Le dije que me gustaba la comida picante. No sé por qué tuve que afirmar semejante idiotez si es mentira. Voy poniendo cucharada tras cucharada de yogur en la comida. No hay nada que hacer. Cada vez me pasa igual: las papilas gustativas se me achicharran y se mueren; el rostro se me pone rojo como una remolacha; mi cabeza se me antoja una casa en llamas y el tracto digestivo empieza a retorcerse y quejarse de dolor como una boa constrictor que se acaba de tragar un cortacésped.
Yann Martel (La vida de Pi)
Yarra blandió su espada en el aire y cortó el brazo de uno de los soldados justo por debajo del codo. La sangre se derramó sobre el fino polvo lunar como perlas negras. El soldado se volteó y cayó ante Yarra. Dentro del casco el rostro de una chica, tal vez solo un par o tres de años mayor que ella, la miró con la mandíbula partida en un lamento y con los ojos rojos e hinchados. En un gesto compasivo, Yarra le hundió el filo de su espada en la garganta antes de que la descompresión diera cuenta de ella. En apenas un suspiro todo acabó.
Pau Varela (La Cosecha Estelar (El Eterno Retorno, #2))
La cápsula al fin se detuvo, se abrió como un capullo al florecer y arrojó a Nolan a una sala con monitores en las paredes y holomesas que daba vueltas. Ni siquiera se le ocurrió que pudiera ser su vista la que bailaba en un delirio. El agujero abierto en el casco se tragó la atmósfera y con ella a los pobres desgraciados que habían tenido la mala fortuna de encontrarse allí. Nolan activó el campo magnético de sus botas y disparó a los cuerpos que pasaban ante él sin pausa ni juicio. Una cadena de explosiones sangrientas lo llenaron todo de rojo y las llamas se tragaron la sala. Su mente se reinició varias veces sin llegar a razonar el cambio de realidad. La presión que había sentido en su esfínter cesó y el hedor a su propia inmundicia saturó el interior del biotraje. Concéntrate. Apunta. Dispara. El puente de mando. Busca.
Pau Varela (La Cosecha Estelar (El Eterno Retorno, #2))
Para hacerme sentir que, con cada cuerpo que se desplomaba ante una tapia de ladrillos rojos, volvían a matarlos a todos, a matarnos con ellos, a quitarnos a todas un pedazo de vida en cada ausencia
Almudena Grandes (Las tres bodas de Manolita (Episodios de una guerra interminable, #3))
Y ahora, en la sombra rodeada de murallas donde no puede una rosa de seda caer sin ruido en un montón de pétalos porque las ratas corren como envenenadas entre los papeles que el viento levanta en el patio y sólo hay silencio, tu casa, las madrugadas frente a los cristales, el olor suave de tu abrazo, la bandera a media asta en una mañana de julio, el Zócalo cubierto de antorchas y banderas, el auditorio de Física donde se reunía el Consejo, el de medicina después, los delegados siempre en los mismos asientos, la mañana de las pláticas, el cuarto de baño, el agua tibia, los ruidos de la calle a las ocho cuando empieza el otoño, los árboles rojizos, el agua de las fuentes, el tapiz, las campanadas, el arco en la bahía, el color de tu pelo, la talla de marfil que conserva la curvatura del colmillo, el rumor de miles y miles de pasos de gente que avanza en silencio, las calles de donde se ha ido la luz, la policía, el ejército, el temor, los reglamentos, y sólo queda el destello breve de la libertad que no conocíamos hasta que vivimos esos días, los regresos irreales por avenidas sin luz, por calles donde no existe el poder, ni la violencia, ni los pistoleros para mantener las cabezas inclinadas, tu imagen lejana, las sombras que cambian sobre un mantel blanco, los progresos constantes en tus conocimientos, la fotografía de la muchacha con su bandera en alto, la gran bandera roja que se turnaban María Elena y Selma, la sensación de estarlo cambiando todo, de colaborar con alemanes, franceses, italianos, checos, argentinos, brasileños, uruguayos, yugoslavos, chilenos, holandeses, japoneses, norteamericanos, polacos, para cambiarlo todo, el octavo piso de la Torre, la alfombra, el olor a madera, el sillón donde dormía, el ruido del mimeógrafo, los números rojos en el elevador, las pláticas con los maestros, la asamblea de las cinco, la autocrítica cuando voté sin conocerlo el manifiesto que Ayax presentó a las cuatro de la mañana, los proyectos sobre una Universidad diferente, las discusiones sobre la posibilidad de realizarla en el seno del Estado actual, las campanadas que siempre me regresaban a ti, al interior del auto esa noche, el color que nunca antes vi igual, el olor a sal, tus manos en mis hombros, la calle recorrida a todas horas, son ya esa cicatriz.
Luis González de Alba (Los días y los años)
puede ser que todas las palabras provengan de la intención de nombrar el rojo/ que todas las palabras nazcan de la sangre.
Yolanda Segura (O reguero de hormigas)