Nube Quotes

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No te voy a cansar con más poemas. Digamos que te dije nubes, tijeras, barriletes, lápices, y acaso alguna vez sonreíste.
Julio Cortázar
Decía un amigo que las casualidades no existen. Que todo está escrito entre las nubes y las estrellas con tinta invisible.
Blue Jeans (No sonrías, que me enamoro (El club de los incomprendidos, #2))
¿Y para qué leer? ¿Y para qué escribir? Después de leer cien, mil, diez mil libros en la vida, ¿qué se ha leído? Nada. Decir: yo sólo sé que no he leído nada, después de leer miles de libros, no es un acto de fingida modestia: es rigurosamente exacto, hasta la primera decimal de cero por ciento. Pero ¿no es quizá eso, exactamente, socráticamente, lo que los muchos libros deberían enseñarnos? Ser ignorantes a sabiendas, con plena aceptación. Dejar de ser ignorantes, para llegar a ser ignorantes inteligentes. [...] Quizá, por eso, la medida de la lectura no debe ser el número de libros leídos, sino el estado en que nos dejan. ¿Qué demonios importa si uno es culto, está al día o ha leído todos los libros? Lo que importa es cómo se anda, cómo se ve, cómo se actúa, después de leer. Si la calle y las nubes y la existencia de los otros tienen algo que decirnos. Si leer nos hace, físicamente, más reales.
Gabriel Zaid (So Many Books: Reading and Publishing in an Age of Abundance)
Si vives en las nubes, te temblarán las piernas cuando pises la tierra.
Blue Jeans (Algo tan sencillo como tuitear te quiero (Algo tan sencillo, #1))
Tú, pájaro, vivirás en los árboles y volarás por los aires, alcanzarás la región de las nubes, rozarás la transparencia del cielo y no tendrás miedo de caer.
Popol Vuh
Hay aire y sol, hay nubes. Allá arriba un cielo azul y detrás de él tal vez haya canciones; tal vez mejores voces...Hay esperanza, en suma. Hay esperanza para nosotros, contra nuestro pesar.
Juan Rulfo (Pedro Páramo)
Iba a llenar de labial rojo el cielo y las nubes y el aire y los ruidos.
Rafael Chaparro Madiedo (Opio en las nubes)
Sígueme contando sobre aquellos días cuando teníamos los corazones envueltos en papel regalo.
Rafael Chaparro Madiedo (Opio en las nubes)
Según los estudiosos, cada día tenemos unos sesenta mil pensamientos. Positivos y negativos, banales y profundos. No hay que juzgarlos: son como nubes que pasan. Somos responsables de lo que hacemos, pero no de lo que pensamos. Por eso, cuando alguna idea te angustie, simplemente ponle la etiqueta «pensamiento» y déjala pasar.
Francesc Miralles (El mejor lugar del mundo es aquí mismo)
¿Qué son las nubes, si no un pretexto para el cielo? ¿Qué es la vida, si no una huida de la muerte?
James Clavell (Shōgun (Asian Saga, #1))
Cierta gente huyendo de otra gente. En cierto país bajo el sol y bajo ciertas nubes.
Wisława Szymborska
Sin pedir el consejo de nadie, me volví loco sentado bajo el mismo sol y las mismas nubes. Siempre creí que algún día todos enloquecerían solo para verme cuerdo.
Suman Pokhrel
Que pueda crear campos llanos recogiendo nubes y adornarlos con arcos iris que se arquean.
Suman Pokhrel
Tal vez el que construyó este barrio pensó que las esquinas eran parte de la circunferencia de la vida donde el amor es un punto central equidistante de la curva infinita del dolor
Rafael Chaparro Madiedo (Opio en las nubes)
La historia es memoria y tenemos memoria colectiva desde que anotamos lo que nos sucede, pero más allá de la historia, mucho antes, seguramente en alguna cueva del paleolítico, un hombre dejó perplejos a los miembros de su tribu con un relato sobre una cacería; o quizá fue una mujer con un cuento que se inventó sobre las nubes y las estrellas para calmar el miedo de un niño. Allí empezó todo.
Santiago Posteguillo (La noche en que Frankenstein leyó el Quijote)
tras las nubes siempre llega la luz.
Louisa May Alcott (Little Women (Little Women, #1))
Por la ventana se veían los largos regueros de lágrimas del crepúsculo en las negras mejillas de las nubes.
Boris Vian (L'herbe rouge - roman / Les lurettes fourrées - nouvelles)
Me gusta la lluvia porque todo lo moja y purifica, porque hace que las cosas malas se vayan y me llene de un nuevo aire de esperanza. Me encanta la lluvia porque produce música y los charcos donde las gotas repican. Me gusta la lluvia porque parece que los ángeles lloran y sus lágrimas caen sobre mi cara para esconder mis propias lágrimas. Y al final de todo miro hacia arriba, donde las nubes gordas se juntan y sonrío...
Matías Zitterkopf
¿Qué demonios importa si uno es culto, está al día o ha leído todos los libros? Lo que importa es cómo se anda, cómo se ve, cómo se actúa, después de leer. Si la calle y las nubes y la existencia de los otros tienen algo que decirnos. Si leer nos hace, físicamente, más reales.
Gabriel Zaid
Era domingo y estabas un poco como todos los domingos. Un poco triste, rota, alucinada. Un poco vuelta mierda...
Rafael Chaparro Madiedo (Opio en las nubes)
Una noche la soñé y tal como la soñé amaneció frente a mi puerta.
Elena Poniatowska (La Vendedora de Nubes)
Una noche vi una estrella corriendo entre las nubes, y le dije: ''Consúmeme''.
Virginia Woolf (The Waves)
Como la estrella fugaz, el espejismo, la llama, la ilusión mágica, la gota de rocío, la burbuja en el agua, como el sueño, el relámpago o la nube: considera así todas las cosas.
Gautama Buddha
Mis amigos dicen que soy una especie de nube negra o Midas, pero a la inversa. Cuando toco algo no es en oro precisamente que se convierte
Miriam Meza (Miss Fatality)
¿Quién iba a decir que un beso pudiera ser así, capaz de alterar el paisaje interior hasta tal punto de, desbordar los mares, de empujar los ríos montaña arriba, de devolver la lluvia a las nubes?
Jandy Nelson (I'll Give You the Sun)
«¡Adiós, querida niña! Las brillantes puertas eternas se han cerrado a tus espaldas; no veremos más tu dulce rostro. ¡Ay de los que hemos visto tu entrada en el cielo, cuando despertemos para encontramos a solas con las nubes grises de la vida cotidiana, pues tú te has marchado para siempre!».
Harriet Beecher Stowe (La Cabaña del Tío Tom)
Creo que la verdad está bien en las matemáticas, en la química, en la filosofía. No en la vida. En la vida es más importante la ilusión, la imaginación, el deseo, la esperanza. Además, ¿sabemos acaso lo que es la verdad? Si yo lo digo que aquel trozo de ventana azul, digo una verdad. Pero es una verdad parcial, y por lo tanto una especie de mentira. Porque el trozo de ventana no está solo, está en una casa, en una cuidad, en un paisaje. Está rodeado del gris de ese muro de cemento, del azul claro del cielo, de aquellas nubes alargadas, de infinitas cosas más. Y si no digo todo absolutamente todo, estoy mintiendo. Pero decir todo es imposible, aun en este caso de la ventana, de un siempre trozo de la realidad física. La realidad es infinita y además infinitamente matizada, y si me olvido de un solo matiz, ya estoy mintiendo. Ahora imagínese lo que es la realidad de los seres humano con sus complicaciones y recovecos, contradicciones y además cambiantes. Porque cambia a cada instante que pasa, y lo que éramos hace un momento no lo somos más. ¿Somos, acaso, siempre la misma persona? ¿Tenemos acaso siempre los mismos sentimientos? Se puede querer a alguien y de pronto desestimarlo y hasta detestarlo. Y si cuando lo desestimamos cometemos el error de decírselo, eso es una verdad, pero una verdad momentánea, que no será más verdad dentro de una hora o al otro día, o en otras circunstancias. Y en cambio el ser a quien se la decimos creerá que ésa es la verdad, la verdad para siempre y desde siempre. Y se hundirá en la desesperación.
Ernesto Sabato (Sobre héroes y tumbas)
Siempre es el olor de la desolación todo parece quieto pero en el fondo todo está muerto, todo parece feliz pero todo es infeliz.
Rafael Chaparro Madiedo (Opio en las nubes)
Tú eras las nubes que oscurecían el cielo y yo estaba dentro de ti, a punto de precipitarme al vacío.
Laura Tejada (Los mundos de Täryenn)
Un sueño a pleno día. Jamás escribiré nada que valga la centésima parte. Ojalá pecase de inmodesto, pero no es el caso. El sexteto del Atlas de las nubes engloba mi vida, es mi vida, ahora soy un cohete consumido; pero al menos he sido un cohete.
David Mitchell (Cloud Atlas)
Necesitas a alguien que te ayude a hacer realidad tus sueños y que sepa protegerte de tus temores. Necesitas a alguien que te trate con respeto, que ame cada parte de ti, sobre todo tus defectos. Deberías estar con alguien que supiera hacerte feliz, realmente feliz, que te hiciera sentir en las nubes de tanta felicidad".
Cecelia Ahern (Love, Rosie)
A veces, pensó Emma, se sentía como si fuera una cometa, y Julian el que la hacía volar: volaba por encima del suelo y él la mantenía ligada a la tierra. Sin él, estaría perdida entre las nubes.
Cassandra Clare (Lady Midnight (Cazadores de Sombras Renacimiento, #1))
A veces, las nubes no eran ingrávidas. A veces sus centros se tornaban oscuros y llenos. Así era la vida. Sucedía. No significaba que no daba miedo, o que yo no estaba todavía asustada, pero ahora sabía que mientras estuviera de pie debajo de ella con Braden a mi lado cuando esas nubes rompieran a llover, yo estaría bien. Estaríamos bajo la lluvia juntos. Sabiendo que Braden tendría un enorme paraguas para refugiarnos de lo peor en él.
Samantha Young (On Dublin Street (On Dublin Street, #1))
Espero ese día. Espero con ansias el día en que voy a estar sonriendo desde el Cielo, preguntándome lo que hizo a mi papá ser tan enfermo, retorcido y podrido. Espero con interés el día en que lo pueda perdonar por todo lo que ha hecho y verlo desde una nube en el cielo, rezando por su alma condenada, mientras que él está bañado en llamas, y quemándose en el infierno.
Lauren Hammond (Insanity (Asylum, #1))
Tumbado en el fondo de la canoa, veía balancearse las nubes. Las almas surcan las eras como las nubes los cielos, y aunque las nubes cambien continuamente de forma, color y tamaño, una nube siempre es una nube, y un alma siempre es un alma. ¿Quién sabe de dónde vienen las nubes y dónde estará el alma mañana? Sólo lo sabe Sonmi: el este y el oeste, la brújula y el atlas, sí señor, el atlas de las nubes.
David Mitchell (Cloud Atlas)
Y, sin embargo, mentiría si dijera que la extraño. Es el hechizo más perfecto y más doloroso. Usted está aquí, igual que yo y con mayor intensidad aún; allí donde yo estoy, está usted, como yo y más intensamente aún. No bromeo. A veces imagino que usted -que está aquí- extraña mi presencia y pregunta: "¿Pero dónde está? ¿Acaso no escribía diciendo que estaba en Merano? [...] El día es tan corto. Transcurre y termina con usted y fuera de usted sólo hay unas pocas nimiedades. Apenas me queda un rato para escribirle a la verdadera Milena, porque la Milena más verdadera aún ha estado aquí todo el día, en la habitación, en el balcón, en las nubes.
Franz Kafka
E la mia forza supina si stampa nell’arena, diffondesi nel mare; e il fiume è la mia vena, il monte è la mia fronte, la selva è la mia pube, la nube è il mio sudore. E io sono nel fiore della stiancia, nella scaglia della pina, nella bacca del ginepro: io sono nel fuco, nella paglia marina, in ogni cosa esigua, in ogni cosa immane, nella sabbia contigua, nelle vette lontane. Ardo, riluco. E non ho più nome.
Gabriele d'Annunzio
De pronto lo antiguo se precipita. Lo antiguo cae de las nubes. Es el rayo mismo. El trueno es la voz de este animal enorme y extremadamente negro que se llama tormenta. Los relámpagos saltan desde lo alto del cielo con el deseo de venir a tocar la tierra.
Pascal Quignard (Butes)
Vos, ¿crees en Dios?”, dijo continuando el diálogo que había iniciado yo, mi pensamiento. “No sé, yo querría que Dios existiese. Pero no estoy seguro. Tampoco estoy seguro de que Dios, si existe, vaya a estar conforme con nuestra credulidad a partir de algunos datos desperdigados e incompletos.” “Pero si es tan claro. Vos te complicás porque querés que Dios tenga rostro, manos, corazón. Dios es un común denominador. También podríamos llamarlo la Totalidad. Dios es esta piedra, mi zapato, aquella gaviota, tus pantalones, esa nube,
Mario Benedetti (La tregua)
Pero créeme, las palabras estaban de camino, y cuando llegaron, Liesel las sujetó entre las manos como si fueran nubes y las escurrió como si estuvieran empapadas de lluvia.
Markus Zusak (The Book Thief)
Los dientes de león son trocitos de nubes que han echado raíces porque tienen miedo a volar
Pilar Fernández Senac (Como diente de león)
Sobre nuestras cabezas, el campo de estrellas, rutilante y sin una nube, parece burlarse de nosotros con su perfección y serenidad.
Claudia Gray (Fateful)
Las nubes [...] se movían libremente, como si estuvieran destinadas a ir de oeste a este en una misión de la mayor importancia que jamás sería revelada.
Virginia Woolf (Mrs. Dalloway)
No hay necesidad de ser grosero, señor Noonan. Yo no estaba siendo grosero. Si hubiera querido ser grosero, le habría dado la bienvenida con una nube de matacucarachas en la cara.
Stephen King (Bag of Bones)
Github es una plataforma de internet que usan los programadores para colocar sus proyectos en la nube y recibir sugerencias y aportes de sus pares.
Andrés Oppenheimer (¡Sálvese quien pueda!: El futuro del trabajo en la era de la automatización)
Que la vida no es más que una quimera; Una ilusión, un sueño sin orillas, Una pequeña nube pasajera.
Nicanor Parra (Obra Gruesa (Ediciones UDP) (Spanish Edition))
«Por muy densas y grises que sean las nubes», pensé, «al otro lado siempre brilla el sol.»
Haruki Murakami (La muerte del comendador, Libro 2 (Kishidancho Goroshi, #2))
—Ella es puro fuego… un fuego ahogado por las sombras de la moral y la imposición de la conducta. ¿Sabes lo que sucederá con ese fuego una vez que este matrimonio se concrete? —su madre permaneció en silencio, tratando de interpretarlo, pero cada día le resultaba más difícil—. Se habrá extinguido. Como la nube oscura acaba con el sol”. Justin Bacon, "Malas intenciones".
Anna K. Franco
Quién sabe, quizá te hayas convencido, dada tu progresiva y alarmante tendencia a vivir cada vez con menos, de que no necesitás ni grandes aviones ni obras maestras en tu vida. Cézanne decía: "Lo grandioso acaba por cansar. Hay montañas que, cuando uno está delante, te hacen gritar ¡me cago en Dios! Pero para el día a día con un simple cerro hay de sobra". Tu ciudad es una llanura gris pero cada tanto las nubes se corren y algo emerge en medio de la nada. Hay días de cielo límpido, como hoy, en que lo alcanzás a ver desde tu ventana. Es un cerro pequeño con un nimbo detrás.
María Gainza (Optic Nerve)
—¿Hope? ¿Me prometes algo? —Sí —le digo. —¿Sabes a veces, cuando tu papa te hace llorar? —¿Me prometes que cuando él te haga sentir triste, siempre pensaras en el cielo? —Pero, ¿por qué? —Porque sí. —Vuelve su rostro hacia las estrellas—. El cielo siempre es hermoso. Incluso cuando está oscuro, o lluvioso, o lleno de nubes, aún así es precioso. Es mi favorito, porque sé que si alguna vez me siento perdido, o solo, o asustado, sólo tengo que subir la mirada y el cielo estará allí, sin importar qué… y sé que siempre será hermoso. Es en lo que puedes pensar cuando tu papi te haga sentir triste, para que así no tengas que pensar en él. —Lo prometo —susurro. —Bien —dice él. Luego estira su mano sobre el concreto entre nosotros y envuelve su meñique alrededor del mío.
Colleen Hoover (Hopeless (Hopeless, #1))
La voluntad, el deseo de vivir, es tan fuerte en el animal como en el hombre. En el hombre es mayor la comprensión. A más comprender, corresponde menos desear. Esto es lógico, y además se comprueba en la realidad. La apetencia por conocer se despierta en los individuos que aparecen al final de una evolución, cuando el instinto de vivir languidece. El hombre, cuya necesidad es conocer, es como la mariposa que rompe la crisálida para morir. El individuo sano, vivo, fuerte, no ve las cosas como son, porque no le conviene. Está dentro de una alucinación. Don Quijote, a quien Cervantes quiso dar un sentido negativo, es un símbolo de la afirmación de la vida. Don Quijote vive más que todas las personas cuerdas que le rodean, vive más y con más intensidad que los otros. El individuo o el pueblo que quiere vivir se envuelve en nubes como los antiguos dioses cuando se aparecían a los mortales. El instinto vital necesita de las ficción para afirmarse. La ciencia entonces, el instinto de crítica, el instinto de averiguación, debe encontrar una verdad: la cantidad de mentira que se necesita para la vida
Pío Baroja (El árbol de la ciencia)
Comentó, más de una vez, que la lluvia de estrellas estaba sucediendo, más allá del cielo encapotado, aunque nosotros no lo viéramos. ¿A quién le importa si puede besar? Puede ver a través de las nubes.
John Green (Turtles All the Way Down)
Pero yo te miro de frente porque no te juzgo. No te mato a ti sino a tus actos, al eco de tus actos, su resonar lejano en las costas griegas. Se habla ya tanto de ti que eres como una vasta nube de palabras, un juego de espejos, una reiteración de fábula inasible. Tal es al menos el lenguaje de mis retóricos.
Julio Cortázar (Los reyes)
A lo mejor estás en todas partes. Esa es la posibilidad que más me gusta. Allí arriba, en las nubes teñidas de rosa. Aquí abajo, en la humedad del amanecer. Allí donde voy, te busco. Y allí donde estoy, te veo.
Rosie Walsh (Ghosted)
Quiero que me toque otra vez. Quiero sentir sus manos, suaves como nubes, pero temo que al tocarme haga estallar los siete mil billones de billones de átomos que componen mi cuerpo y me disperse por el universo.
Rick Yancey (The 5th Wave (The 5th Wave, #1))
En esos momentos desearía creer que existe algún tipo de vida después de la muerte, y que en otro universo, tal vez en un pequeño planeta rojo donde no tenemos piernas sino colas, donde chapoteamos por la atmósfera como focas y el aire, compuesto de trillones de moléculas de proteínas y azúcar, es nuestro alimento, y todo lo que hay que hacer para seguir vivo y sano es abrir la boca e inhalar, tal vez estáis los dos juntos. O tal vez él está aún más cerca y es ese gato gris que se sienta en el alféizar de la ventana de nuestros vecinos y ronronea cuando alargo la mano para tocarlo; tal vez es el cachorro que tira de la correa de otro de mis vecinos, o el niño de dos años que vi correr por la plaza hace un par de meses gritando regocijado mientras sus padres resoplaban detrás de él, o esa flor que se ha abierto de pronto en el rododendro que había dado por muerto; tal vez es esa nube, esa ola, esa lluvia, esa niebla. De modo que intento ser amable con todo lo que veo y en todo lo que veo lo veo a él.
Hanya Yanagihara (Tan poca vida)
Te mereces a alguien que te ame con todo su corazón, alguien que piense en ti constantemente, alguien que pase cada minuto de cada día preguntándose qué estás haciendo, dónde estás, con quién estás y si estás bien. Necesitas a alguien que te ayude a hacer realidad tus sueños y que sepa protegerte de tus temores. Necesitas a alguien que te trate con respeto, que ame cada parte de ti, sobre todo tus defectos. Deberías estar con alguien que supiera hacerte feliz, realmente feliz, que te hiciera sentir en las nubes de tanta felicidad. Alguien que no tendría que haber dejado escapar la oportunidad de estar contigo años atrás en lugar de asustarse y dejarse dominar por el miedo a intentarlo.
Cecelia Ahern
ーEscribí algo para ti, ーla corrigió con una sonrisa y comenzó a tocar. Ella escuchó emocionada; comenzó lento, sencillo, su control sobre el arco producía un sonido armónico. La melodía la lleno tan fresca y dulce como el agua, tan esperanzadora y adorable como un amanecer. Miró a sus dedos fascinada por el movimiento tan exquisito que hacia que las notas salieran del violín. El sonido se volvió mas profundo conforme el arco se movía mas rápido, el antebrazo de Jem se desplazaba hacia adelante y atrás, su delgado cuerpo parecía difuminarse con el movimiento de su hombro. Sus dedos se deslizaban cuidadosamente arriba y abajo, el tono de la música profundizó, como nubes de tormenta reuniéndose en un horizonte brillante, un río que se convertía en torrente. Las notas se estrellaban a sus pies aumentando el sonido, el cuerpo entero de Jem parecía moverse en sintonía con los sonidos que emanaban del instrumento, a pesar de que ella sabia que sus pies se encontraban firmes en el suelo. Su corazón encontró la paz con la música, los ojos de Jem estaban cerrados, las comisuras de sus labios mostraban un gesto de dolor. Una parte de ella quería correr a sus pies, rodearlo con sus brazos; la otra otra parte no quería que se detuviera la música, el hermoso sonido de él. Era como si él hubiera tomado su arco utilizándolo como un pincel para pintar, creando un lienzo en el cual su alma se muestra claramente. Cuando las ultimas notas se alzaron más y más alto, llegando a tocar el paraíso, Tessa estuvo consciente de que su rostro estaba húmedo, pero no fue hasta que la ultima nota dejo de sonar y él bajo el violín cuando se dio que estaba llorando.
Cassandra Clare (The Infernal Devices: Clockwork Princess (The Infernal Devices: Manga, #3))
Yo me quería un poco más a mí mismo que al principio del viaje y el mundo, contra toda razón, me pareció benévolo ese día.
Juan José Saer (Las nubes)
No temas; la isla está llena de sonidos y músicas suaves que deleitan y no dañan. Unas veces resuena en mi oído el vibrar de mil instrumentos, y otras son voces que, si he despertado tras un largo sueño, de nuevo me hacen dormir. Y, al soñar, las nubes se me abren mostrando riquezas a punto de lloverme, así que despierto y lloro por seguir soñando. (Calibán)
William Shakespeare (The Tempest)
Los pensamientos que acuden a mi mente cuando corro se parecen a las nubes del cielo. Nubes de diversas formas y tamaños. Nubes que vienen y se van. Pero el cielo siempre es el cielo. Las nubes son sólo meras invitadas. Algo que pasa de largo y se dispersa. Y sólo queda el cielo. El cielo es algo que, al tiempo que existe, no existe. Algo material y a la vez, inmaterial. Y a nosotros no nos queda sino aceptar ka existencia de ese inmenso recipiente tal cual es e intentar ir asimilándolo.
Haruki Murakami (What I Talk About When I Talk About Running)
...es cómodo ser derrotado a los veinticinco años aún sin una sola cana en la cabeza sin una sola caries en la dentadura sin una sola nube en la conciencia con sólo dos o tres lagunas en la memoria y mirar el mundo desde el cielo desde el purgatorio desde el infierno desde más acá de los montes pirineos y la cordillera de los andes con frialdad con indiferencia con estupor
Camilo José Cela
Hundirás tu cabeza, tus ojos abiertos, en el pelo plateado de Consuelo, la mujer que volverá a abrazarte cuando la luna pase, tea tapada por las nubes, los oculte a ambos, se lleve en el aire, por algún tiempo, la memoria de la juventud, la memoria encarnada.
Carlos Fuentes (Aura)
Si miro al suelo, creo ver las facciones de ella grabadas en las baldosas. En los árboles y en las nubes, en todas las cosas durante el día y llenando el aire durante la noche, veo su imagen. ¡Creo verla en las más vulgares facciones de cada hombre y cada mujer, y hasta en mi propio rostro! El mundo es para mi una horrenda colección de recuerdos diciéndome que ella vivió y que la he perdido.
Emily Brontë (Wuthering Heights)
Al igual que las nubes que se forman en el cielo permanecen cierto tiempo en él y luego se disuelven en el vacío del espacio, los pensamientos ilusorios surgen, duran un momento y después se desvanecen en la vacuidad de la mente. De hecho no ha pasado realmente nada.
Dilgo Khyentse
Le han visto allí muchas mañanas, aumentando con su llanto el rocío de la mañana, añadiendo a las nubes sus nubes de suspiros. Mas, en cuanto el sol, que todo alegra, comienza a descorrer por el remoto oriente las oscuras cortinas del lecho de Aurora, mi melancólico hijo huye de la luz y se encierra solitario en su aposento, cerrando las ventanas, expulsando toda luz y creándose una noche artificial
William Shakespeare (Romeo and Juliet)
Damos por sentada la luz del día. En cambio, la luz de la luna es otra cuestión. Es inconstante. La luna llena mengua y reaparece. Las nubes pueden oscurecerla hasta un punto que no pueden oscurecer la luz del día. El agua es necesaria para nosotros, pero una cascada no lo es. Y siempre que encontramos una cascada, no es sino algo superfluo, un bello ornamento. Necesitamos la luz del día, pero no la luz de la luna. Cuando llega, no cubre ninguna necesidad. Transforma. Cae sobre los márgenes y la hierba, separando una larga brizna de otra; convirtiendo un montón de hojas marrones y mates en innumerables y álgidos fragmentos; o iluminando las ramas húmedas como si la propia luz fuera dúctil. Sus largos rayos se derraman, blancos y afilados, entre los troncos de los árboles, y palidecen y retroceden al penetrar en la brumosa distancia de los bosques de hayas.
Richard Adams (Watership Down (Watership Down, #1))
Los pájaros se entierran en pleno cielo. Incluso la más elegante de las nubes está repleta de sus cuerpecitos yertos. Se dice que de cada 10.189 gotas de lluvia, 1 sería la lágrima de un pájaro y que de cada 16.474 copos de nieve, 1 el fantasma de un pájaro descolgado de la placenta celeste.
Mathias Malzieu (Métamorphose en bord de ciel)
Se acercó y le alargó la mano. Hareton se puso sombrío como una nube de tormenta, apretó los puños y miró al suelo. Pero ella comprendió que aquello no era odio, sino testarudez, y, después de un instante de indecisión, se inclinó hacia él y le besó en la mejilla. Enseguida, se volvió a la ventana.
Emily Brontë (Wuthering Heights)
Yo creía que el alma me había sido dada para gozar de las bellezas del mundo, la luz de la luna sobre la anaranjada cresta de una nube, y la gota de rocío temblando encima de una rosa. Mas, cuando fui pequeño creí siempre que la vida reservaba para mí un acontecimiento sublime y hermoso. Pero a medida que examinaba la vida de los otros hombres, descubrí que vivían aburridos, como si habitaran en un país siempre lluvioso, donde los rayos de la lluvia les dejaran en el fondo de las pupilas tabiques de agua que les deformaban la visión de las cosas. Y comprendí que las almas se movían como los peces prisioneros en un acuario. Al otro lado de los verdinosos muros de vidrio estaba la hermosa vida cantante y altísima, donde todo sería distinto, fuerte y múltiple, y donde los seres nuevos de una creación más perfecta, con sus bellos cuerpos saltarían en una atmósfera elástica- Es inútil, tengo que escaparme de la tierra.
Roberto Arlt (Los siete locos (Los siete locos, #1))
Te dejarás arrastrar por las nubes durante miles de kilómetros y tomarás tierra en Madrid, donde cogerás un tren a Zaragoza. Luego te subirás a un autobús y, en poco tiempo, te reencontrarás con los tuyos. Todas las horas del viaje te resultarán escasas para despegarte de los últimos años, que habrán sido los mejores de tu vida. Y ese hecho, el reconocer que los mejores años de tu existencia pasaron en tierras lejanas, será un secreto que guardarás en lo más profundo de tu corazón.
Luz Gabás (Palmeras en la nieve)
Passavamo sulla terra leggeri come acqua, disse Antonio Setzu, come acqua che scorre, salta, giù dalla conca piena della fonte, scivola e serpeggia fra muschi e felci, fino alle radici delle sughere e dei mandorli o scende scivolando sulle pietre, per i monti e i colli fino al piano, dai torrenti al fiume, a farsi lenta verso le paludi e il mare, chiamata in vapore dal sole a diventare nube dominata dai venti e pioggia benedetta. A parte la follia di ucciderci l'un l'altro per motivi irrilevanti, eravamo felici. Le piante e le paludi erano fertili, i monti ricchi di pascolo e fonti. Il cibo non mancava neppure negli anni di carestia. Facevamo un vino colore del sangue, dolce al palato e portatore di sogni allegri. Nel settimo giorno del mese del vento che piega le querce incontravamo tutte le genti attorno alla fonte sacra e per sette giorni e sette notti mangiavamo, bevevamo, cantavamo e danzavamo in onore di Is. Cantare, suonare, danzare, coltivare, raccogliere, mungere, intagliare, fondere, uccidere, morire, cantare, suonare, danzare era la nostra vita. Eravamo felici, a parte la follia di ucciderci l'un l'altro per motivi irrilevanti. (pag. 56)
Sergio Atzeni (Passavamo sulla terra leggeri)
La camilla siguió avanzando a través de un pasillo lleno de gente en silencio. La gente me miraba con esos ojos que decían, pobre chico, tan joven, tan sano, tan blanco y yo desde la camilla les dije tranquila gente, no soy tan sano, ni tan limpio, ni tan creyente, no me lavo los dientes todas las mañanas como ustedes, no leo tantos libros, no hago deporte, ni rindo tanto en el trabajo como ustedes, tranquila gente.
Rafael Chaparro Madiedo (Opio en las nubes)
No tiene usted por qué compararse con los demás, y si la Naturaleza le ha creado para murciélago, no debe usted aspirar a ser avestruz. A veces se tiene usted por demasiado raro y se reprocha seguir caminos distintos a los que sigue la mayoría. Deje usted eso. Contemple el fuego, contemple las nubes, y en cuanto surjan los presagios y comiencen a sonar en su alma las voces, abandónese a ellas sin preguntarse antes si le conviene o le parece bien al señor profesor, a papá o a un buen dios cualquiera.
Hermann Hesse (Demian: Die Geschichte von Emil Sinclairs Jugend)
La gente miente. Ellos te utilizan y mienten, a la vez mientras te alimentan con mierda sobre ser leal y nunca dejarte. Nadie puede hacer esa promesa, porque la vida tiene que ver con las estaciones, y las estaciones cambian. No me gusta el cambio. No se puede confiar en ello, sólo puedes confiar en el hecho de que va a suceder. Pero antes de que suceda, y antes de que aprendas, se siente bien acerca de sus estúpidas promesas de mierda. Eliges creer, porque es necesario. Vas a través de un verano cálido, donde todo es hermoso y no hay nubes, sólo calor, calor, calor. Crees en la permanencia de una persona, porque los seres humanos tienen una tendencia a pegarse a ti cuando la vida es buena. Yo los llamo los veranos de miel. He tenido bastantes veranos de miel en la vida para saber que las personas se van cuando llega el invierno. Cuando la vida te congela y estás temblando y te pones capas de protección lo más que puedas para sobrevivir. Ni siquiera lo notas al principio. El frío te pone demasiado aturdido para ver con claridad. Entonces, de repente, miras y la nieve está empezando a derretirse, y te das cuenta que pasaste el invierno sola. Eso me molesta mucho. Tanto como para dejar a la gente antes de que me dejen a mí. Eso es lo que hice con Nick. Eso es lo que traté de hacer con Isaac. Excepto que no se iría. Él se quedó todo el invierno.
Tarryn Fisher (Mud Vein)
El cielo se apagaba sobre la ciudad con nubes en tránsito.
Carlos Ruiz Zafón (Marina)
Si una lo piensa, las historias corren juntas como gotas de lluvia en un charco. Cada una nace por separado en las nubes, pero una vez que se juntan no hay manera de distinguirlas.
Carmen Maria Machado (Su cuerpo y otras fiestas)
La poesía mueve al poeta como el viento a las nubes quietas: siempre más allá, hacia lo desconocido.
Octavio Paz
La política era algo que se había centrado en el ego, como una nube que parece sólida pero en realidad no es otra cosa que vapor.
Yehuda Berg (Kabbalah: el poder de cambiarlo todo (Spanish Edition))
DÉDALO DE NUBES Un viaje a otra dimensión Un ascenso al firmamento No hay principio No hay final Entra cuando te apetezca Márchate cuando lo desees No tengas miedo de caer.
Erin Morgenstern (The Night Circus)
Cuando hay nubes es como si el mundo tuviera una capa de lana. Se está más calentito y eso.
Annabel Pitcher (Ketchup Clouds)
La preocupación es una nube de la que llueve destrucción.
Idries Shah (El buscador de la verdad)
El pasado ya no tenía formas ni el futuro nubes.
Alexandre Dumas
Porque escribir, como amar, es hijo de las nubes, que se deshacen si las atrapas.
Mahmoud Darwish
Del choque de las nubes resulta la electricidad del relámpago y del relámpago la luz.
Alexandre Dumas (El Conde de Montecristo)
Las personas no ven en las nubes el dibujo que tienen, que no es ninguno,o que son todos, pues se altera a cada momento. Ven aquello que su corazón ansía.
José Eduardo Agualusa (A General Theory of Oblivion)
Kitsune sonreía a menudo, y sonreía como sonríen los Soles. Con alegría. Y también lloraba, y cuando lloraba, lloraba como lloran las nubes. Con tristeza.
Jordi Balaguer (Hanami)
Algo me incitaba a buscar en el cielo algunas nubes, ya que se había apoderado de mí una inexplicable aprensión acerca de los infinitos e insondables espacios etéreos.
H.P. Lovecraft
¿Que no era libre? Ah, gracias a Dios, no lo era. Pero se sentía ligera, una diosa sobre las nubes, un pez en el agua, colmada de felicidad.
Pauline Réage (Histoire d'O | Story of O (Story of O, #1))
Mi autoestima está en el suelo y mi ego está en las nubes, es el balance perfecto entre odiarse y ser el mejor haciéndolo
América Rodas (Una perfecta confusión (Confusiones, #1))
Mateo señala las oscuras nubes de tormenta en el cielo, y me siento maravillado por vivir este momento en compañía de alguien que no merece morir.
Adam Silvera (They Both Die at the End (They Both Die at the End, #1))
Supongo que no hay manera de hacer regresar la nube con forma de hongo a esa bonita y reluciente esfera de uranio.
Isaac Asimov
El tiempo había cambiado, desaparecían las nubes y ante él se extendía una llanura cubierta de un tapiz blanco y ondulante.
Alexander Pushkin
¿A quién le importa si puede besar? Puede ver a través de las nubes.
John Green (Turtles All the Way Down)
Viaja conmigo entre las nubes, juguemos bajo las estrellas, entrégame la luna.
Kate Perry (Perfecto Para Ti (Laurel Heights, #1))
—¡Deja de jugar con la comida! —le dijo por signos mi madre. —Son nubes —respondió Dot. —Las nubes no son rojas —dijo por signos Soph. —Es el amanecer —replicó por signos Dot, desafiante—. Porque en mi plato está amaneciendo. Y a la salchicha le parece precioso. —Le esculpió una sonrisa a la salchicha con el cuchillo. —Vaya desastre —le dijo por signos mi madre. —Pero un desastre bonito —sonrió Dot. Le dio la vuelta a su plato para enseñárselo a nuestra madre. La salchicha estaba tumbada de espaldas, sonriéndoles a las nubes de kétchup.
Annabel Pitcher (Ketchup Clouds)
Tan sólo tres o cuatro veces en mis años mozos divisé fugazmente las islas de la Dicha antes de que se esfumaran en la niebla, en las borrascas, entre frentes fríos, vendavales y mareas en contra... Las tomé equivocadamente por la condición adulta. Di por hecho que serían una presencia constante en mi trayecto vital y no me preocupé de anotar la latitud, la longitud, la ruta de recalada. Maldito jovenzuelo idiota. Lo que daría ahora por tener un mapa inmutable de lo veleidoso e inefable... Por tener, por así decirlo, un atlas de las nubes.
David Mitchell (Cloud Atlas)
Los caminos siguen avanzando, sobre rocas y bajo árboles, por cuevas donde el sol no brilla, por arroyos que el mar no encuentran, sobre las nieves que el invierno siembra, y entre las flores alegres de junio, sobre la hierba y sobre la piedra, bajo los montes a la luz de la luna. Los caminos siguen avanzando bajo las nubes, y las estrellas, pero los pies que han echado a andar regresan por fin al hogar lejano. Los ojos que fuegos y espadas han visto, y horrores en salones de piedra, miran al fin las praderas verdes, colinas y árboles conocidos.
J.R.R. Tolkien (The Hobbit: Or There and Back Again)
- Siempre pienso en la nieve como en uno de esos tiempos entre tiempos. En esas ocasiones hay algo mágico, según nos cuentan las leyendas. La niebla, el amanecer, el crepúsculo...Cuando el mundo no es ni una cosa ni la otra. Eso mismo me parecen a mi la nieve y el hielo, el mundo convertido en un espacio blanco, silencioso y muy bello, formado por cristales y nubes.
Susan King (The Stone Maiden (Celtic Nights, #1))
Nada es tan doloroso para la mente humana como un cambio grande y súbito . Podia brillar el sol, o cubrirlo las nubes; pero nada seria para mi semejante a como había sido el día anterior.
Mary Wollstonecraft Shelley (La noche de los monstruos)
¿Pero para qué predicar a estos miles de millones de sonámbulos que caminan hacia el caos con igual paso, bajo la batuta de sus seductores espirituales y bajo el garrote de sus amos? Son culpables porque son innumerables, las masas de perdición deben morir para que una restauración del hombre sea posible. Mi prójimo no es un insecto ciego y sordo, mi prójimo no es más un autómata espermático, mi prójimo no será jamás un anónimo presa de ideas oscuras y confusas, éstos son los diversos fracasos del hombre y nosotros los dejaremos confundir en la noche su alegría y su dolor igualmente absurdos. ¿Qué nos importa la nulidad de estos esclavos? Nadie los salva ni de ellos mismos ni de la evidencia, todo se dispone a precipitarlos en las tinieblas, ellos fueron engendrados por el azar de los apareamientos, luego nacieron igual que ladrillos saliendo de su molde y aquí están formando hileras paralelas cuyas pilas se elevan hasta las nubes. ¿Son hombres? No. La masa de perdición no se compone jamás de hombres, pues el hombre no comienza más que a partir del momento en el que la muchedumbre sea la tumba de lo humano.
Albert Caraco (Breviario del caos)
Es posible que le hubiera gustado hacerle esas confidencias a alguien. Pero ¿cómo referir un malestar indefinible que cambia de aspecto como las nubes y gira en torbellinos como el viento?
Gustave Flaubert (Madame Bovary (French Edition))
Al mismo tiempo la atormentaban sus propios pensamientos, que se transforman constantemente en desagradables fantasías sobre lo que iba a ser de ella. Odiaba esa forzada indefensión. Por mucho que intentara concentrarse en otra cosa para pasar el tiempo y olvidarse de su situación, la angustia siempre acababa por aflorar. Flotaba en el aire como una nube de gas que amenazaba con penetrar en sus poros y envenenar su existencia. Había descubierto que la mejor manera de mantener alejada esa angustia era imaginándose algo que le transmitiera una sensación de fuerza.
Stieg Larsson (The Girl Who Played with Fire (Millennium #2))
«Hay aire y sol, hay nubes. Allá arriba un cielo azul y detrás de él tal vez haya canciones; tal vez mejores voces… Hay esperanza, en suma. Hay esperanza para nosotros, contra nuestro pesar.
Juan Rulfo (Pedro Páramo)
Cuando uno es joven y vive ajeno a la realidad, cuando las estaciones pasan sin grandes cambios ni alteraciones, como si fueran nubes en día sin viento, cuando la felicidad consiste en dejarse arrastrar por los sentidos, uno percibe sólo el presente, y el futuro y el pasado pasan a un segundo plano, cuando no desaparecen por completo. Es como en medio del mar, donde sólo existe éste.
Julio Llamazares (Las lágrimas de San Lorenzo)
Pero cuando no esté, seguiré estando, para que nunca te olvides de quién eres. Y cuando te sientas perdida... estaré contigo. Seré agua. Seré la lluvia, y el mar. El río, las nubes, las lágrimas.
Alicia Jaraba Abellàn
la tristeza se localiza en la boca del estómago, es como si siempre tuvieras hambre de algo, hambre de luz, hambre de calle, hambre de noche, hambre de todo, hambre de nada, hambre de mierda, no te deja tranquilo te quema te da vueltas en el estómago te atrapa todas tus palabras y no las deja salir…
Rafael Chaparro Madiedo (Opio en las nubes)
Pienso cuando maduraban los limones. En el viento de febrero que rompía los tallos de los helechos, antes que el abandono los secara; los limones maduros que llenaban con su olor el viejo patio. El viento bajaba de las montañas en las mañanas de febrero. Y las nubes se quedaban allá arriba en espera de que el tiempo bueno las hiciera bajar al valle; mientras tanto dejaban vacío el cielo azul, dejaban que la luz cayera en el juego del viento haciendo círculos sobre la tierra, removiendo el polvo y batiendo las ramas de los naranjos. Y los gorriones reían; picoteaban las hojas que el aire hacía caer, y reían; dejaban sus plumas entre las espinas de las ramas y perseguían a las mariposas y reían. Era esa época. En febrero, cuando las mañanas estaban llenas de viento, de gorriones y de luz azul. Me acuerdo. Mi madre murió entonces. Que yo debía haber gritado: que mis manos tenían que haberse hecho pedazos estrujando su desesperación. Así hubieras tú querido que fuera. ¿Pero acaso no era alegre aquella mañana? Por la puerta abierta entraba el aire, quebrando las guías de la yedra. En mis piernas comenzaba a crecer el vello entre las venas, y mis manos temblaban tibias al tocar mis senos. Los gorriones jugaban. En las lomas se mecían las espigas. Me dio lástima que ella ya no volviera a ver el juego del viento en los jazmines; que cerrara sus ojos a la luz de los días. ¿Pero por qué iba a llorar?
Juan Rulfo (Pedro Páramo)
Por las mañanas, al asomarme al balcón, veo el pueblo con sus tejados rojos, negruzcos, sus chimeneas cuadradas y el humo que sale por ellas en hebras muy tenues en el cielo gris del otoño. Después de las lluvias abundantes, las casas están desteñidas, las calles limpias; la carretera descarnada, con las piedras al descubierto. El azul del cielo parece lavado cuando sale entre nubes: es más diáfano, más puro.
Pío Baroja (Las Inquietudes De Shanti Andia)
EL sur empuja un viento de calorífero que excita las mucosas de las cloacas. Las nubes se destripan en los pararrayos. Llueve aceite. ... Unas ovejas artificiales levantan sus dedos ensortijados de crema de menta
Paul Morand
Las montañas, Cistela... Cuando te enamoras de ellas, ya no puedes alejarte. No sé cómo explicarlo. Me hacen sentir libre, como una estrella, como una nube, un pájaro o el viento. Lo mismo me pasa contigo. Te quiero a mi lado.
Luz Gabás (Como fuego en el hielo)
El que no ha visto como yo en un anochecer lluvioso de invierno una de esas ciudades perdidas de la llanura, cuando las primeras luces vacilantes comienzan a encenderse, y todo lo visible se iguala enterrado bajo la doble capa de la noche y de la intemperie, quizás cree haberla experimentado alguna vez, pero no conoce de verdad la tristeza
Juan José Saer (Las nubes)
No decía palabras, acercaba tan sólo un cuerpo interrogante porque ignoraba que el deseo es una pregunta cuya respuesta no existe, una hoja cuya rama no existe, un mundo cuyo cielo no existe. La angustia se abre paso entre los huesos, remonta por las venas hasta abrirse en la piel, surtidores de sueño hechos carne en interrogación vuelta a las nubes. Un roce al paso, una mirada fugaz entre las sombras, bastan para que el cuerpo se abra en dos, ávido de recibir en sí mismo otro cuerpo que sueñe; mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne, iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo. Aunque sólo sea una esperanza, porque el deseo es una pregunta cuya respuesta nadie sabe.
Luis Cernuda
No puedo ni bajar la vista al suelo sin que sus rasgos se dibujen en las baldosas. En cada nube, en cada árbol, colmando el aire nocturno y refulgiendo de día a rachas en cada objeto, me veo continuamente cercado por su imagen. Los rostros más triviales de hombres y mujeres y hasta los propios rasgos de mi cara se burlan de mí, ofreciéndome su parecido. El mundo entero es una atroz colección de testimonios acreditativos de que vivió y de que ya la he perdido.
Emily Brontë (Wuthering Heights)
Mijail me agarra del pelo, y es tal el dolor que me saltan las lágrimas. Me arrastra por el pasillo mientras yo trato en vano de aferrarme a algo, lo que sea. Llegamos a una puerta la abre, y justo antes de empujarme dentro, reparo en el letrero: es el baño turco. Tropiezo por entre la oscuridad y el calor, y caigo de rodillas y manos contra un suelo de baldosas blancas y verdes. El vapor del baño todavía empaña el aire, y siento como si me hubieran arrojado a una nube de niebla. No puedo ver, no puedo respirar. La luz principal proviene del pasillo, y el cuerpo de Mijail se recorta contra ella cuando entra y cierra la puerta tras sí. Espero que me pegue, o me viole, o me mate. No espero el lobo.
Claudia Gray (Fateful)
«Tú eres la causa de que la gráfica lineal se haya disparado por las nubes en el plano cartesiano, no sé de que médida macroeconómica vas a basarte para solventar esta crisis... lo cierto es que «TÚ» eres mi crisis, así que ahora resuélvelo».
Elizabeth Hay (LA PIEL TIENE MEMORIA (Spanish Edition))
Tú y yo de la mano como dos buenos amigos; como dos buenos compañeros, unidos para caminar sobre el ancho mundo. Y que no bajen las nubes, que nunca bajen sobre nosotros. Tú, aire de las colinas, las espantarás con esa virtud de que estás llena
Juan Rulfo
...Y lo mismo ocurre con nuestra vida: tan clara, tan segura, hasta que por una razón u otra —el globo se mueve, la nube se dispersa, el sol cambia de ángulo— la imagen se pierde para siempre, se torna accesible sólo al recuerdo, se convierte en anécdota.
Julian Barnes (Levels of Life)
creían que todo tenía alma: los árboles, los animales, los ríos, las nubes. Para ellos el espíritu y la materia no estaban separados. No entendían la simpleza de la religión de los forasteros, decían que era una sola historia repetida, en cambio ellos tenían muchas historias de dioses, demonios, espíritus del cielo y la tierra. El padre Valdomero había renunciado a explicarles que Cristo murió en la cruz para salvar a la humanidad del pecado, porque la idea de tal sacrificio dejaba a los indios atónitos. No conocían la culpa.
Isabel Allende (La Ciudad de las Bestias (Memorias del Águila y del Jaguar, #1))
Pero es prueba ordinaria que la humildad es para la joven ambición una escala, desde la cual el trepador vuelve el rostro; pero una vez en el más alto peldaño, da la espalda a la escala, alza la vista a las nubes y desdeña los bajos escalones por los cuales ascendió." (Bruto)
William Shakespeare (Julius Caesar)
El cielo se acerca y por un momento estoy a punto de estrellarme contra las nubes, pero entonces me doy cuenta, me han subido a un caballo y me conducen a mi tumba como si fuera un cadáver, me enterrarán como a una mujer muerta, me meterán en un bolsillo como si fuera una piedra.
Hannah Kent (Burial Rites)
Allí, como las olas en las Hébridas, la maleza se agita continuamente. Pero ningún viento surca el cielo. Y los altos árboles primitivos oscilan eternamente de un lado a otro con un potente resonar. Y de sus altas copas se filtran, gota a gota, rocíos eternos. Y en sus raíces se retuercen, en un inquieto sueño, extrañas flores venenosas. Y en lo alto, con un agudo sonido susurrante, las nubes grises corren por siempre hacia el oeste, hasta rodar en cataratas sobre las ígneas paredes del horizonte. Pero ningún viento surca el cielo. Y en las orillas del río Zaire no hay ni calma ni silencio.
Edgar Allan Poe (Silence: A Fable)
Y sentí intensamente el paso del tiempo. No el tiempo de las nubes y del sol y de la lluvia ni del paso de las estrellas adorno de la noche, no el tiempo de las primaveras dentro del tiempo de las primaveras, no el tiempo de los otoños dentro del tiempo de los otoños, no el que pone las hojas a las ramas o el que las arranca, no el que riza y desriza y colora a las flores, sino el tiempo dentro de mí, el tiempo que no se ve y nos va amasando. El que rueda y rueda dentro del corazón y le hace rodar con él y nos va cambiando por dentro y por fuera y poco a poco nos va haciendo tal como seremos el último día.
Mercè Rodoreda (The Time of the Doves)
Hace un día espléndido, rebosante de la promesa de primavera: un cielo despejado, unas nubes vaporosas, el perfume de las primeras flores que transporta la brisa. Es injusto que haga un día tan magnifico. Que la primavera esté a las puertas. Una parre de mí había pensado que este año sería siempre invierno.
Gayle Forman (I Was Here)
Hace un día espléndido, rebosante de la promesa de primavera: un cielo despejado, unas nubes vaporosas, el perfume de las primeras flores que transporta la brisa. Es injusto que haga un día tan magnifico. Que la primavera esté a las puertas. Una parte de mí había pensado que este año sería siempre invierno.
Gayle Forman (I Was Here)
Así como localizamos en el cuerpo de una persona todas las posibilidades de su vida, el recuerdo de los seres que conoce y a quienes acaba de dejar, o a los que va a unirse, así yo, si al enterarme por Francisca de que la señora de Guermantes iría a pie a almorzar a casa de la princesa de Parma, la veía, a eso de mediodía, bajar de su casa con su traje de raso claro, sobre el cual su rostro era del mismo matiz, como una nube a la puesta del sol, lo que ante mí veía eran todos los placeres del barrio de Saint-Germain contenidos en aquel pequeño volumen como en una concha, entre aquellas bruñidas valvas de sonrosado nácar.
Marcel Proust (À la recherche du temps perdu, Tome III)
El dolor dejó en el rostro de esta mujer un velo de tristeza. Esta nube no se disipó hasta la edad terrible en que la mujer comienza a añorar sus buenos tiempos pasados sin haberlos disfrutado, cuando ve marchitarse sus rosas y cuando los deseos del amor renacen con el ansia de prolongar las últimas sonrisas de la juventud.
Honoré de Balzac (Lost Illusions)
Sono una nube congelata attorno a un oggetto centrale, in forma di pera, duro e reale più di me stessa e che riluce di rosso entro il suo diafano involucro. Dentro c'è uno spazio, vasto quanto il cielo di notte e altrettanto buio e ricurvo, sebbene rosso-nero più che nero. Puntini di luce si espandono, scintillano, scoppiano e avvizziscono all'interno, innumeri come stelle. Ogni mese c'è una luna gigantesca, rotonda, pesante, un presagio. Transita, sosta, prosegue, scompare alla vista, e vedo lo scoramento di venirmi incontro come una carestia. Sentirsi così vuota, daccapo, daccapo. Ascolto il mio cuore, onda su onda, onde salate e rosse, che segnano il tempo.
Margaret Atwood (The Handmaid’s Tale (The Handmaid's Tale, #1))
Compañera, cuando amábamos (for Juanita Ramos and other spik dykes) ¿Volverán, campañera, esas tardes sordas Cuando nos amábamos tiradas en las sombras bajo otoño? Mis ojos clavados en tu mirada Tu mirada que siempre retiraba al mundo Esas tardes cuando nos acostábamos en las nubes Mano en mano nos paseábamos por las calles Entre niños jugando handball Vendedores y sus sabores de carne chamuzcada. La gente mirando nuestras manos Nos pescaban los ojos y se sonreían cómplices en este asunto del aire suave. En un café u otro nos sentábamos bien cerquita. Nos gustaba todo: las bodegas tiznadas La música de Silvio, el ruido de los trenes Y habichuelas. Compañera, ¿Volverán esas tardes sordas cuando nos amábamos? ¿Te acuerdas cuando te decía ¡tócame!? ¿Cuándo ilesa carne buscaba carne y dientes labios En los laberintos de tus bocas? Esas tardes, islas no descubiertas Cuando caminábamos hasta la orilla. Mis dedos lentos andaban las lomas de tus pechos, Recorriendo la llanura de tu espalda Tus moras hinchándose en mi boca La cueva mojada y racima. Tu corazón en mi lengua hasta en mis sueños. Dos pescadoras nadando en los mares Buscando esa perla. ¿No te acuerdas como nos amábamos, compañera? ¿Volverán esas tardes cuando vacilábamos Pasos largos, manos entrelazadas en la playa? Las gaviotas y las brizas Dos manfloras vagas en una isla de mutua melodía. Tus tiernas palmas y los planetas que se caián. Esas tardes tiñadas de mojo Cuando nos entregábamos a las olas Cuando nos tirábamos En el zacate del parque Dos cuerpos de mujer bajo los árboles Mirando los barcos cruzando el río Tus pestañas barriendo mi cara Dormitando, oliendo tu piel de amapola. Dos extranjeras al borde del abismo Yo caía descabellada encima de tu cuerpo Sobre las lunas llenas de tus pechos Esas tardes cuando se mecía el mundo con mi resuello Dos mujeres que hacían una sola sombra bailarina Esas tardes andábamos hasta que las lámparas Se prendían en las avenidas. ¿Volverán, Compañera, esas tardes  cuando nos amábanos?
Gloria E. Anzaldúa (Borderlands/La Frontera: The New Mestiza)
Caminaba hasta el mar y la luna desaparecía, oculta por retazos de nubes, y por un instante solo oía el agua sin llegar a verla, y el cielo parecía caliente y espeso de humedad como si el aire fuera allí más denso, más sustancial. «Quizá esto es estar muerto», pensaba, y se daba cuenta de que no estaba tan mal, después de todo. Y se sentía mejor.
Hanya Yanagihara (Tan poca vida)
Pero cuando siento que todo es maravilloso, cuando ese beso profundo y sensual empieza a llevarme hacia las nubes, Jared se aleja de mi y se va sin decir más. Mi corazón frenético observa como se va sin dedicarme ni siquiera una mirada de complicidad. Pareciera que ya no existo. Se ha olvidado de que me ha dejado aquí pensando en sus besos. [pp. 148]
Zoe. (Inmortal (Inmortal #1))
En ese momento, cuando el manto de nubes se abría en grietas muy finas, la luz última del día empezaba a traspasar el cielo y ya todo era de un color dorado brillante. Se me metió una agonía fuerte dentro del pecho, como si me faltara la respiración. Yo nunca sabía decirle adiós a Isora. La miraba como quien se prepara para decir adiós por muchos años.
Andrea Abreu López (Panza de burro)
—Y cuando me enamore —empecé a decir— levantaré una montaña que toque el cielo, y entonces mi amante y yo tendremos lo mejor de los dos mundos: la realidad, bien firme bajo nuestros pies, y, al tiempo, la cabeza en las nubes, con todas nuestras ilusiones aún intactas. Y la hierba purpúrea creará todo en torno a nosotros, y tan alta que nos llegue a los ojos.
V.C. Andrews (Flores en el ático (Dollanganger, #1))
La vida es un disparo que no da nunca en el blanco.
Rafael Chaparro Madiedo (Opio en las nubes)
¿cómo vas? Y yo le contesto bien, todo va bien. Salvo mi corazón, todo va bien.
Rafael Chaparro Madiedo (Opio en las nubes)
Recuérdate, hijo —dice—, no hay clima malo, solo ropa mala.
Anthony Doerr (Ciudad de las nubes)
Así vio, por último, de improviso, el cielo sobre el palacio mancharse con el vuelo de cientos de pájaros, como expulsados fuera de la tierra, pájaros de todo tipo, estupefactos, huir por todas partes, enloquecidos, cantando y gritando, pirotécnica explosión de alas y nube de colores disparada en la luz, y de sonidos, asustados, música en fuga, volando en el cielo.
Alessandro Baricco
—¿Ha sabido alguna vez que iba a llover sin ni siquiera ver las nubes, señorita Hopper? Sientes algo, no sabes bien el qué, algo que te dice que aunque esté el sol brillando va a llover… y al final llueve. O mejor, imagine un camino largo, muy largo, y una persona al final del mismo. Esa persona camina hacia usted. No puede ver nada de ella, ni su cara ni su ropa. Pero llega un instante en que, aún sin poder ver sus rasgos, ni siquiera su manera de andar, algo hace clic en su cabeza y la reconoce. Es un familiar. Es un amigo. Es un desconocido. Pues así veo yo a la muerte. Pero con la particularidad de que ella ya no está al final del camino, sino muy cerca. Puedo verla con todo detalle. Y solo quedan unos pocos pasos para que me alcance…
Eugenio Prados (El largo funeral del señor White)
Era como si lentamente estuviese aterrizando de una pesadilla pero aún no estaba tocando suelo y no estaba seguro de querer hacerlo, pues lo que me esperaba no iba a ser mucho mejor a pesar de saber que no iba a poder quedarme colgado de la amorfa y enorme pesadilla que parecía la mayor nube de autorrechazo y remordimiento que jamás hubiese flotado sobre mi vida. No volvería a ser el mismo.
André Aciman (Llámame por tu nombre)
Men are destroyed, and destroy each other, over basic things – money or hatred. On the other hand a really complicated riddle never pushed anyone to violence; either you found the answer or gave up looking. Clouds were riddles too, but dangerously simple ones. If you zoomed in on one part of a cloud and took a photograph, then enlarged the image, you would find that a cloud’s edges seemed like another cloud, and those edges yet another, and so on. Every part of a cloud, in other words, reiterates the whole. Therefore each cloud might be called infinite, because its very surface is composed of other clouds, and those clouds of still other clouds, and so forth. Some learn to lean over the abyss of these brainteasers; others lose their balance and tumble into its eternal blackness.
Stéphane Audeguy (La teoría de las nubes)
DÉDALO DE NUBES                                 Un viaje a otra dimensión                                 Un ascenso al firmamento                                 No hay principio                                 No hay final                                 Entra cuando te apetezca                                 Márchate cuando lo desees                                 No tengas miedo de caer
Erin Morgenstern (El circo de la noche)
La soledad cada vez más intensa. El miedo aumentaba. Me cansé. Me senté en la plaza. El mundo creció alrededor de mí con la soledad. Me asustó. Las personas vienen y van. Todos tienen prisa. Huyen. Me evitan. No quieren saber nada de mí. Estoy sola. La plaza crece. La noche llega. No hay estrellas. Nubes negras ruedan por los cielos. Los relámpagos me hacen correr. Tengo miedo, mucho miedo. Mamá…
Júlio Emílio Braz (En la Oscuridad)
Pareva a me che nube ne coprisse lucida, spessa, solida e polita, quasi adamante che lo sol ferisse. Per entro sè l’eterna margarita ne recepette, com’acqua recepe raggio di luce, permanendo unita. “Meseemed a cloud enveloped us, shining, dense, firm and polished, like diamond smitten by the sun. Within itself the eternal pearl received us, as water doth receive a ray of light, though still itself uncleft”.
T.S. Eliot (The Varieties of Metaphysical Poetry)
Pero el amor no tiene forma, mi vida, ya lo descubrirás, no se coloca en un rincón de nosotros y busca su espacio. El amor te agarra de las manos, te eleva y te suelta sin paracaídas. Ese vértigo es maravilloso. Y después… Durante el descenso ves los paisajes más bellos del mundo, ves tu vida clara y limpia, como una nube, y nada más importa. Dime, ¿qué más da el suelo cuando ya lo has visto todo en la caída?
Elvira Sastre (Días sin ti)
salvajes miraron a su alrededor aterrorizadas. Primero la luz del cielo no parecía mayor que la luna, luego pareció más grande, infinitamente más grande, y todo el claro tembló y se estremeció y todas las criaturas contuvieron la respiración y las luciérnagas brillaron más de lo que habían brillado en toda su vida, convencidas de que esto, finalmente, era el amor, aunque no les sirvió de nada… Y entonces… Se oyó un ruido estruendoso, tan seco como un disparo, y la luz que había llenado el claro desapareció. O casi. Había un débil resplandor dentro de un arbusto, como si una pequeña nube de estrellas brillara allí. Y se oyó una voz, una voz aguda, clara y femenina, que dijo «Ay», y después, muy bajito, dijo «Joder», y después «Ay», una vez más. Y ya no dijo nada más, y se produjo el silencio en el claro. Capítulo 4
Neil Gaiman (Stardust)
—Eres hermosa— le susurró. Ella observó de nuevo con esa mirada que se hace con un rápido parpadeo su rostro tostado por el sol, sus anchos hombros, su porte, su figura alta, inmóvil, que estaba a sus pies. Luego sonrió. En la sombría belleza de su rostro esa sonrisa era como el primer rayo de luz en una noche de tormenta, como una flecha fugaz y clara entre nubes sombrías, anunciadora del amanecer y del trueno.
Joseph Conrad (An Outcast of the Islands)
Como debieras saber, la nube asfixiante que te impidió atacar al paciente durante el paseo de regreso del viejo molino es un fenómeno muy conocido. Es el arma más brutal del Enemigo, y generalmente, aparece cuando Él se hace directamente presente al paciente, bajo ciertas formas aún no completamente clasificadas. Algunos humanos están permanentemente envueltos en ella, y nos resultan, por tanto, totalmente inaccesibles. Y
C.S. Lewis (Cartas del Diablo a Su Sobrino (Spanish Edition))
Mientras iba caminando, al pasar por una antigua calle, vio brillar las alegres candelas a través de las viejas contraventanas, y oyó las risas bulliciosas y el divertido griterío de los que estaban reunidos en sus casas; advirtió los atareados preparativos para la fiesta del siguiente día y husmeó los abundantes olores derivados de dichas circunstancias, que se escapaban en vaporosas nubes por las ventanas de las cocinas.
Charles Dickens (Cuentos de navidad)
De repente, se detuvieron los juegos de artificio en las negras nubes. Diabólica, surgió la silueta de una bestia en el ya irreal espectáculo. La maligna criatura caminaba en dos patas por el crujiente techo; reía al igual que los sujetos más trastornados. Su cabeza parecía la de un viejo y magullado lobo, tenía el cuerpo de un chimpancé raquítico. Era gigante, medía un par de metros. Daba vueltas alrededor del impávido Alejandro.
Diego Armando Arciniegas Malagón (Del tiempo y sus demonios (Del tiempo y sus demonios, #1))
lightwoods Re: ≈ no mundanes allowed treehouse ღ . . . Opciones el 01-17-2012 02:43 PM Siempre es el olor de la desolación todo parece quieto pero en el fondo todo está muerto, todo parece feliz pero todo es infeliz.
Rafael Chaparro Madiedo (Opio en las nubes)
Amantes asesinados por una perdiz —Fue muy sencillo. Se amaban por encima de todos los museos. Mano derecha, con mano izquierda. Mano izquierda, con mano derecha. Pie derecho con pie derecho. Pie izquierdo con nube. Cabello con planta de pie. Planta de pie con mejilla izquierda. ¡Oh mejilla izquierda! ¡Oh, noroeste de barquitos y hormigas de mercurio! Dame el pañuelo, Genoveva; voy a llorar. Voy a llorar hasta que de mis ojos salga una muchedumbre de siemprevivas. Se acostaban. No había otro espectáculo más tierno. ¿Me ha oído usted? ¡Se acostaban! Muslo izquierdo con antebrazo izquierdo. Ojos cerrados con uñas abiertas. Cintura con nuca y con playa. Y las cuatro orejitas eran cuatro ángeles en la choza de la nieve. Se querían. Se amaban. A pesar de la ley de la gravedad. La diferencia que existe entre una espina de rosa y una Start es sencillísima. Cuando descubrieron esto, se fueron al campo. Se amaban. ¡Dios mío! Se amaban ante los ojos de los químicos. Espalda con tierra, tierra con anís. Luna con hombro dormido y las cinturas se entrecruzaban una y otra con un rumor de vidrios. Yo ví temblar sus mejillas cuando los profesores de la Universidad le traían miel y vinagre en una esponja diminuta. Muchas veces tenían que apartar a los perros que gemían por las yedras blanquísimas del lecho. Pero ellos se amaban.
Federico García Lorca (Poeta en Nueva York)
«el jazz es como un pájaro que migra o emigra o inmigra o transmigra, saltabarreras, burlaaduanas, algo que corre y se difunde... es la lluvia y el pan y la sal, algo absolutamente indiferente a los ritos nacionales, a las tradiciones inviolables, al idioma y al folklore: una nube sin fronteras, un espía del aire y del agua, una forma arquetípica, algo de antes, de abajo, que reconcilia mexicanos con noruegos y rusos y españoles, los reincorpora al oscuro fuego central olvidado, torpe y mal y precariamente los devuelve a un origen traicionado, les señala que quizá había otros caminos y que el que tomaron no era el único y no era el mejor, o que quizás había otros caminos, y que el que tomaron era el mejor, pero que quizá había otros caminos dulces de caminar y que no los tomaron, o los tomaron a medias, y que un hombre es siempre más que un hombre y siempre menos que un hombre, más que un hombre porque encierra eso que el jazz alude y soslaya y hasta anticipa, y menos que un hombre porque de esa libertad ha hecho un juego estético o moral, un tablero de ajedrez donde se reserva ser el alfil o el caballo, una definición de libertad que se enseña en las escuelas, precisamente en las escuelas donde jamás se ha enseñado y jamás se enseñará a los niños el primer compás de un ragtime y la primera frase de un blues, etcétera, etcétera..»
Julio Cortázar (Rayuela)
Me pregunto en qué momento un niño se convierte en un adulto. ¿Pasa de repente o es más bien poco a poco, como por etapas? ¿Hay una edad, una semana, un momento, en el que se revelan todos los secretos del universo y la madurez desciende del cielo en una nube, cambiando el cerebro para siempre? ¿Se escabullirá un día la niña que hay en mí para no volver jamás? No me puedo imaginar viviendo una vida real, o que alguna vez seré adulta. Me parece una transformación tan increíble... Puede que algún día sea la pareja de alguien o la madre de alguien o el patólogo forense de alguien. Puede que algún día beba demasiado o tenga un hijo del que no le hable a nadie. Puede que algún día huya de todo y tenga mis razones. Ese yo es imposible de imaginar por mi yo actual. No me puedo imaginar mayor. No me puedo imaginar diferente de la persona que soy ahora. No me puedo imaginar vieja ni casada ni muerta.
Meg Rosoff (Picture Me Gone)
Tutta Parigi era ai suoi piedi, coi mille pennacoli dei suoi edifici e l'orizzonte circolare delle sue molli colline, col fiume serpeggiante sotto i suoi ponti e il popolo, formicolante per le sue strade, con la nube dei suoi vapori, la catdna montuosa dei suoi tetti che rinserra Notre Dame tra le sue gambe accavallate. Ma di tutta quella città l'arcidiacono non guardava chs un punto: la piazza del Sagrato; di tutta quella folla, una figura: la zingara.
Victor Hugo (The Hunchback of Notre-Dame)
Si se permite qué tal sensación subsista, pero no que se haga irresistible y florezca en un verdadero arrepentimiento, tiene una invaluable tendencia: aumenta la resistencia del paciente a pensar en el Enemigo. Todos los humanos, en casi cualquier momento, sienten en cierta medida esta reticencia; pero cuando pensar en Él supone encararse —intensificándola— con una vaga nube de culpabilidad sólo a medias consciente, tal resistencia se multiplica por diez.
C.S. Lewis (Cartas del Diablo a Su Sobrino (Spanish Edition))
Abajo está la piscina. El matrimonio ruso toma el sol en una tumbona de mimbre tamaño familiar. Ella: bikini rosado con piedras incrustadas; él: zunga negra con pequeñísimos lunares de espejo. Sus tres hijos rubios están chapoteando en el agua con la que debe ser su abuela materna —es la misma cara de ella, pero caída: un viento la sopló fuerte desde arriba. La playa está limpia. El cielo también. Ningún alga, ninguna nube. Sombrillas y sillas alineadas frente al mar.
Margarita García Robayo (Tiempo muerto)
Los dos estaremos presente en el leve perfume de los árboles en las mañanas, nos desmoronaremos lentamente en las mañanas de lluvia, en las mañanas de sol, y luego cuando pasen los días no tendremos ni las mañanas, ni la lluvia, ni el sol.
Rafael Chaparro Madiedo
Esterina, i vent’anni ti minacciano, grigiorosea nube che a poco a poco in sé ti chiude. Ciò intendi e non paventi. Sommersa ti vedremo nella fumea che il vento lacera o addensa, violento. Poi dal fiotto di cenere uscirai adusta più che mai, proteso a un’avventura più lontana l’intento viso che assembra l’arciera Diana. Salgono i venti autunni, t’avviluppano andate primavere; ecco per te rintocca un presagio nell’elisie sfere. Un suono non ti renda qual d’incrinata brocca percossa!; io prego sia per te concerto ineffabile di sonagliere. La dubbia dimane non t’impaura. Leggiadra ti distendi sullo scoglio lucente di sale e al sole bruci le membra. Ricordi la lucertola ferma sul masso brullo; te insidia giovinezza, quella il lacciòlo d’erba del fanciullo. L’acqua’ è la forza che ti tempra, nell’acqua ti ritrovi e ti rinnovi: noi ti pensiamo come un’alga, un ciottolo come un’equorea creatura che la salsedine non intacca ma torna al lito più pura. Hai ben ragione tu! Non turbare di ubbie il sorridente presente. La tua gaiezza impegna già il futuro ed un crollar di spalle dirocca i fortilizî del tuo domani oscuro. T’alzi e t’avanzi sul ponticello esiguo, sopra il gorgo che stride: il tuo profilo s’incide contro uno sfondo di perla. Esiti a sommo del tremulo asse, poi ridi, e come spiccata da un vento t’abbatti fra le braccia del tuo divino amico che t’afferra. Ti guardiamo noi, della razza di chi rimane a terra
Eugenio Montale (Tutte le poesie)
Aquí empieza el instinto fetichista; sobre el cuerpo de la persona elegida porque sí, se forja otro más hermoso y se le adorna y se le embellece, y se convence uno de que el ídolo forjado por la imaginación es la misma verdad. Un hombre que ama a una mujer la ve en su interior deformada, y la mujer que quiere al hombre le pasa lo mismo, lo deforma. A través de una nube brillante y falsa, se ven los amantes el uno al otro, y en la oscuridad ríe el antiguo diablo, que no es más que la especie.
Pío Baroja (El árbol de la ciencia)
Holanda es un sueño, caballero, un sueño de oro y de humo, más humeante durante el día, y más dorado de noche; y noche y día su sueño está poblado por figuras de Lohengrin como éstos que se deslizan ensoñadoramente en sus negras bicicletas de altos manubrios, cisnes fúnebres que giran sin cesar por todo el país, por todos los mares, a lo largo de los canales. Sueñan con la cabeza en las nubes cobrizas, giran en círculo, rezan, sonámbulos, en el incienso dorado de la bruma, y ya no están aquí. Se han ido miles de kilómetros más allá, hacia Java, la isla lejana. Rezan a esas deidades gesticulantes de Indonesia que adornan todos sus escaparates, y que rondan en este momento por encima de nosotros, antes de agarrarse, como simios suntuosos, a los letreros y a los tejados en forma de escalera para recordar a estos colonos nostálgicos que Holanda no es solamente la Europa de los comerciantes, sino también el mar, el mar que lleva a Cipango y a esas islas donde los hombres mueren locos y felices.
Albert Camus (The Fall (Vintage International))
NUBES (I) No habrá una sola cosa que no sea una nube. Lo son las catedrales de vasta piedra y bíblicos cristales que el tiempo allanará. Lo es la Odisea, que cambia como el mar. Algo hay distinto cada vez que la abrimos. El reflejo de tu cara ya es otro en el espejo y el día es un dudoso laberinto. Somos los que se van. La numerosa nube que se deshace en el poniente es nuestra imagen. Incesantemente la rosa se convierte en otra rosa. Eres nube, eres mar, eres olvido. Eres también aquello que has perdido.
Jorge Luis Borges (Los conjurados)
(...) Y los árboles primitivos oscilan eternamente de un lado a otro con un potente resonar. Y de sus altas copas se filtran, gota a gota, rocíos eternos. Y en sus raíces se retuercen, en un inquieto sueño, extrañas flores venenosas. Y en lo alto, con un agudo sonido susurrante, las nubes grises corren por siempre hacia el Oeste, hasta rodar en cataratas sobre las ïgneas paredes del horizonte. Pero ningún viento surca el cielo. Y en las orillas del río Zaire no hay ni calma, ni silencio. [Silencio - Fábula]
Edgar Allan Poe
Las ovejas saben dónde están, Paciendo en sus sucias nubes de lana, Tan grises como el día. Las negras ranuras de sus pupilas me captan[435]. Siento como si me remitieran por correo al espacio, Como un mensaje corto, idiota. Las ovejas merodean disfrazadas de abuela ... De la gente de aquí, el aire sólo Recuerda unas pocas sílabas raras[436] Que él va repitiendo a modo de lamento: Piedra negra, piedra negra. ... Ahora, en los valles estrechos Y negros, igual que monederos, las luces de las casas Resplandecen como calderilla.
Sylvia Plath
Realmente no sabía nada de ella, cegado como estaba por ese encanto ardiente que reemplaza a todo lo demás y que lo justifica todo, y que, a diferencia del alma humana (a menudo accesible y poseíble), no se puede apropiar de ningún modo, de la misma manera que no es posible incluir entre nuestras pertenencias los colores de las desiguales nubes del ocaso sobre las casas negras, o el olor de una flor que aspiramos interminablemente, con las ventanas de la nariz tensas, hasta la intoxicación, pero sin poder extraerlo completamente de la corola.
Vladimir Nabokov (The Eye (Vintage International))
Sabed que todas las cosas son como esto: un espejismo, un castillo de nubes, un sueño, una aparición, sin esencia, pero con cualidades que pueden verse. Sabed que todas las cosas son como esto: como la luna en un cielo brillante en algún lago transparente reflejada, aunque a ese lago la luna nunca se ha desplazado. Sabed que todas las cosas son como esto: como un eco que deriva de música, sonidos y llanto, y sin embargo en ese eco no hay melodía. Sabed que todas las cosas son como esto: como un mago que crea ilusiones de caballos, bueyes, carros y otras cosas, nada es lo aparenta ser.
Buddha Shakyamuni
La compararía a un sol negro si se pudiese concebir un astro negro capaz de verter luz y felicidad. Pero hace pensar más a gusto en la luna, que indudablemente la señaló con su temible influjo; no en la luna blanca de los idilios, semejante a una novia fría, sino en la luna siniestra y embriagadora, colgada del fondo de una noche de tempestad y atropellada por las nubes que corren; no en la luna apacible y discreta, visitadora del sueño de los hombres puros, sino en la luna arrancada del cielo, vencida y rebelde, a quien los brujos tesalios obligan duramente a danzar sobre la hierba aterrorizada.
Charles Baudelaire (Paris Spleen)
El espíritu de la paz descendió como una nube de los cielos, porque si el espíritu de la paz mora en alguna parte es en los patios y céspedes de Oxbridge en una bella mañana de octubre. Paseando despacio por aquellos colegios, por delante de aquellas salas antiguas, la aspereza del presente parecía suavizarse, desaparecer; el cuerpo parecía contenido en un milagroso armario de cristal que no dejara penetrar ningún sonido, y la mente, liberada de todo contacto con los hechos (a menos que uno volviera a pisar el césped), se hallaba disponible para cualquier meditación que estuviera en armonía con el momento.
Virginia Woolf (A Room of One’s Own)
A volte, di pomeriggio, il cielo era attraversato dalla luna bianca come una nube, furtiva, senza splendore, simile a un’attrice che non deve recitare a quest’ora e che dalla platea, vestita da città, guarda per un momento i suoi compagni, cercando di scomparire, sperando che non si faccia caso a lei. Mi piaceva ritrovare la sua immagine in certi quadri, in certi libri, ma si trattava di opere d’arte ben diverse – almeno in quegli anni, prima che Bloch abituasse i miei occhi e il mio pensiero a più sottili armonie – da quelle in cui la luna mi sembrerebbe bella oggi e in cui allora non l’avrei riconosciuta.
Marcel Proust (Dalla parte di Swann (Alla ricerca del tempo perduto, #1))
¡Creedlo, ciudadanos, aquel a quien la espada material de las leyes no detiene tampoco se detendrá por el temor moral de los suplicios del infierno, de los que se burla desde su infancia!. En una palabra, vuestro teísmo ha hecho cometer muchas fechorías, pero jamás ha evitado una sola. Si es cierto que las pasiones ciegan, que su efecto es tender ante nuestros ojos una nube que nos oculte los peligros de que están rodeadas, ¿cómo podemos suponer que los que están lejos de nosotros, como lo están los castigos anunciados por vuestro dios, puedan llegar a disipar esa nube que no disuelve siquiera la espada de las leyes, siempre suspendida sobre las pasiones?
Marquis de Sade (Philosophy in the Boudoir)
Unos cuerpos son como flores, otros como puñales, otros como cintas de agua; pero todos, temprano o tarde, serán quemaduras que en otro cuerpo se agranden, convirtiendo por virtud del fuego a una piedra en un hombre. Pero el hombre se agita en todas direcciones, sueña con libertades, compite con el viento, hasta que un día la quemadura se borra, volviendo a ser piedra en el camino de nadie. Yo, que no soy piedra, sino camino que cruzan al pasar los pies desnudos, muero de amor por todos ellos; les doy mi cuerpo para que lo pisen, aunque les lleve a una ambición o a una nube, sin que ninguno comprenda que ambiciones o nubes no valen un amor que se entrega.
Luis Cernuda (Los placeres prohibidos)
- ¿Deseas tú también llegar a ser un hombre? - Sí, mucho. Cuando uno es grande puede tener caballos y emprender viajes; eso me gustaría mucho. Además, nadie me diría niñito ni me pellizcaría los carrillos. Pero, pensándolo bien, me parece que no me gustaría realmente ser grande. ¡Las personas mayores son, en general, tan desagradables! (..) a medida que las personas mayores van envejeciendo, tanto más se aproximan a la muerte. Preferiría en verdad permanecer tal como soy ahora, sólo que quisiera además, y mucho, poder volar junto con los pájaros, volar muy alto alrededor de los árboles, llegar hasta las nubes. Entonces bien que me reiría yo de toda la gente.
Hermann Hesse (Rosshalde)
¡Qué grande es que lo amen a uno! ¡Y qué cosa mucho mayor es amar! El corazón se vuelve heroico a fuerza de pasión. Ya no entra en su composición nada que no sea puro; ya no toma apoyo en nada que no sea elevado y grande. No puede ya germinar en él un pensamiento indigno como no puede germinar ortiga en un glaciar. El alma elevada y serena, inaccesible a las pasiones y a las emociones vulgares, más arriba de las nubes y de las almas de este mundo, de las locuras, de las mentiras, de los odios, de las vanidades, de las miserias, mora en el azul del cielo y no nota ya sino las conmociones profundas y subterráneas del destino, igual que la cima de las montañas nota los terremotos.
Victor Hugo (Les Misérables)
Te veo preocupado, hijo mío, y como abatido. Recobra el ánimo. Nuestra fiesta ha terminado. Los actores, como ya te dije, eran espíritus y se han disuelto en el aire, en aire leve, y, cual la obra sin cimientos de esta fantasía, las torres con sus nubes, los regios palacios, los templos solemnes, el inmenso mundo y cuantos lo hereden, todo se disipará e, igual que se ha esfumado mi etérea función, no quedará ni polvo. Somos de la misma sustancia que los sueños, y nuestra breve vida culmina en un dormir. Estoy turbado. Disculpa mi flaqueza; mi mente está agitada. No te inquiete mi dolencia. Si gustas, retírate a mi celda y reposa. Pasearé un momento por calmar mi ánimo excitado. (Próspero)
William Shakespeare (The Tempest)
Creo que mucha gente no sabe lo que dice cuando dice «emparamado». Esa palabra solo existe en los lugares en los que hay páramo, porque si uno no tiene el páramo como referente no tiene cómo saber cómo queda uno cuando va allá. «Páramo» es una palabra que muchas personas no entienden, porque es un ecosistema raro y escaso que esas muchas personas nunca han visto, del que no han oído nada y que, por eso, son incapaces de imaginar. El diccionario de la rae, por ejemplo, dice que el páramo es un «terreno yermo, raso y desabrigado». Yermo, o sea, inhabitado, que es mentira porque allá vive muchísima gente de muchísimas especies diferentes. Raso, o sea, plano, que es mentira porque allá hay terrenos ondulados y riscos y montañas. Y lo de desabrigado es lo más incompresible, porque si existe un lugar bien abrigado ese lugar es el páramo: los animales son peludos, las hojas y los pétalos de las flores son peludos, las rocas llenas de musgos y líquenes parecen peludas también, y hasta la neblina, a pesar de que es fría, se siente a veces como un abrigo, como una cobija que cubre la montaña. Seguramente la rae se refiere a otro lugar, pero si a ese lugar al que se refiere es realmente inhabitado, plano y desabrigado pues entonces tiene más merecido el lugar en el diccionario este páramo, el que está lleno de plantas con pelos y abrigos de nubes y deja emparamada a la gente que va allá y se inventa palabras.
Mariana Matija (Niñapájaroglaciar)
Una tarde, ya de regreso en los barracones, derrengados sobre el suelo, muertos de cansancio, con el cuenco de sopa entre las manos, entró de repente uno de los prisioneros para urgirnos a salir al patio y contemplar una maravillosa puesta de sol. Allí, de pie, vimos hacia el oeste unos densos nubarrones y el cielo entreplagado de nubes que continuamente cambiaban de forma y de color desde el azul acero al rojo bermellón. Esta luminosidad menguante contrastaba de forma hiriente con el gris desolador de los barracones, especialmente cuando los charcos del suelo fangoso reflejaban el resplandor de aquel cielo tan bello. Luego, tras unos minutos de silencio y emoción, un prisionero le dijo a otro: "Qué hermoso podría ser el mundo...!
Viktor E. Frankl (El Hombre en Busca de Sentido)
Amplio y destejado lugar, tal y como un inocente hasta mirar el cielo cambiar, testigo de cada viernes. En tus losas nos quedamos con un temor a perderte, o a encontrarte ocupado, o a perdernos por el Este. En lo inalcanzable estás, transeúntes verte pueden, mas ninguno experimenta la gran brisa que concedes. Ese carmesí mosaico y ventanales transparentes todo lo muestran y exhiben mas aquellos nada entienden. Tus blancas nubes de enfado te lloran y te humedecen limpiando cada recuerdo hasta que no nos reflejes. Mucho más sabio eres porque, aunque losas envejecen, perdiendo su intenso fuego, tú cantas y escribes siempre. En lo profundo sabrás de nuestro obvio y existente amor, cariño y querer. Mas aquellos nada entienden.
- Emily Reyes
Así es que no debe asustarse, querido Señor Kappus, si una tristeza se yergue frente a usted más grande que cualquiera que haya visto en el pasado; o si una inquietud como la luz y las sombras de nubes, cae sobre sus manos y sobre todo lo que haga. Debe darse cuenta de que algo le está ocurriendo, que la vida no lo ha olvidado, que lo tiene en sus manos y no lo dejará caer. ¿Por qué quiere dejar fuera de su vida cualquier preocupación, desdicha o depresión, sin saber, después de todo, cuál es el trabajo que estas condiciones están ejerciendo dentro de usted? ¿Por qué desea oprimirse con preguntas sobre el origen y destino de todo esto? Ya sabe usted, después de todo, que se encuentra en medio de transiciones, y que su deseo no es otro más que cambiar.
Rainer Maria Rilke (Cartas a un Joven Poeta (Spanish Edition))
Creo que la verdad está bien en las matemáticas, en la química, en la filosofía. No en la vida. En la vida es más importante la ilusión, la imaginación, el deseo, la esperanza. Además, ¿sabemos acaso lo que es la verdad? Si yo lo digo que aquel trozo de ventana azul, digo una verdad. Pero es una verdad parcial, y por lo tanto una especie de mentira. Porque el trozo de ventana no está solo, está en una casa, en una cuidad, en un paisaje. Está rodeado del gris de ese muro de cemento, del azul claro del cielo, de aquellas nubes alargadas, de infinitas cosas más. Y si no digo todo absolutamente todo, estoy mintiendo. Pero decir todo es imposible, aun en este caso de la ventana, de un siempre trozo de la realidad física. La realidad es infinita y además infinitamente matizada, y si me olvido de un solo matiz, ya estoy mintiendo. Ahora imagínese lo que es la realidad de los seres humanos con sus complicaciones y recovecos, contradicciones y además cambiantes. Porque cambia a cada instante que pasa, y lo que éramos hace un momento no lo somos más. ¿Somos, acaso, siempre la misma persona? ¿Tenemos acaso siempre los mismos sentimientos? Se puede querer a alguien y de pronto desestimarlo y hasta detestarlo. Y si cuando lo desestimamos cometemos el error de decírselo, eso es una verdad, pero una verdad momentánea, que no será más verdad dentro de una hora o al otro día, o en otras circunstancias. Y en cambio el ser a quien se la decimos creerá que ésa es la verdad, la verdad para siempre y desde siempre. Y se hundirá en la desesperación.
Ernesto Sabato (Sobre héroes y tumbas)
Hay almas que duermen en el ensueño, como en la nube el águila; mueren en pleno éxtasis, se hunden en la bruma después de haber vivido en la nube; no sienten la aproximación de la penumbra, entran en ella por la puerta del silencio, en la barca de los sueños luminosos: ¡almas fuertes y bellas! Abrazadas a una pasión única, viven de ella, se absorben en su culto, se la ciñen como un cilicio, y ascetas formidables, de rodillas ante un ídolo, insensible a su martirio, llegan a sentir la voluptuosidad de sus dolores; como el cóndor lleva su presa a la cima abrupta, se refugia en la soledad, y allí la devora celoso, estas almas se apoderan de su amor y se aíslan con él en un culto solitario; como el Fénix de la Arabia, viven en el fuego; su pasión las ilumina, no las quema.
José María Vargas Vila (Flor del fango)
Él me aseguró que lo mejor para pasar un día de julio era estar tumbado de la mañana a la noche entre los matorrales del campo, mientras las abejas zumban alrededor, las alondras cantan y el sol brilla en un cielo claro. Eso constituye para él el ideal de la dicha. El mío consistía en columpiarse en un árbol florido mientras sopla el viento de Poniente y por el cielo corren nubes blancas, y cantan, además de las alondras, los mirlos, los jilgueros y los cuclillos. A lo lejos se ven los pantanos, entre los que se destacan umbrías arboledas y la hierba ondula bajo el soplo de la brisa, y los árboles y las aguas murmuran, reinando la alegría por doquier. Él aspiraba a verlo todo sumido en la paz, yo en una explosión de júbilo. Le argumenté que su cielo parecía medio dormido, y él respondió que el mío medio borracho.
Emily Brontë (Cumbres borrascosas)
Las brasas ya están rojas. Alonso las separa y trae la parrilla, acomoda los chorizos. Con los ojos cerrados siente la grasa crepitar sobre el hierro caliente, el olor que flota en el aire, los kilómetros y kilómetros del campo que lo rodean, la tierra en la que las plantas crecen y se secan y vuelven a crecer, los animales que nacen, mueren y se pudren; y él es una parte ínfima de todo eso que gira alrededor del sol; y para qué, que alguien se lo diga, para qué resistirse a esa inercia si a él le basta con mirar el cielo para saber que ese movimiento en espiral, sin apuro, sin pausa, algún día va a colapsar sobre su propio centro; y todo va a ser parte de una misma nube de polvo y gases; y para qué Alonso, para qué María, para qué todos los relojes del mundo, todos los caballos muertos, todas las hectáreas de tierra seca.
Tomás Downey (El lugar donde mueren los pájaros)
Mujer negra Todavía huelo la espuma del mar que me hicieron atravesar. La noche, no puedo recordarla. Ni el mismo océano podría recordarla. Pero no olvido el primer alcatraz que divisé. Altas, las nubes, como inocentes testigos presenciales. Acaso no he olvidado ni mi costa perdida, ni mi lengua ancestral Me dejaron aquí y aquí he vivido. Y porque trabajé como una bestia, aquí volví a nacer. A cuanta epopeya mandinga intenté recurrir. Me rebelé. Su Merced me compró en una plaza. Bordé la casaca de su Merced y un hijo macho le parí. Mi hijo no tuvo nombre. Y su Merced murió a manos de un impecable lord inglés. Anduve. Esta es la tierra donde padecí bocabajos y azotes. Bogué a lo largo de todos sus ríos. Bajo su sol sembré, recolecté y las cosechas no comí. Por casa tuve un barracón. Yo misma traje piedras para edificarlo, pero canté al natural compás de los pájaros nacionales. Me sublevé. En esta tierra toqué la sangre húmeda y los huesos podridos de muchos otros, traídos a ella, o no, igual que yo. Ya nunca más imaginé el camin a Guinea. ¿Era a Guinea? ¿A Benín? ¿Era a Madagascar? ¿O a Cabo Verde? Trabajé mucho más. Fundé mejor mi canto milenario y mi esperanza. Aquí construí mi mundo. Me fui al monte. Mi real independencia fue el palenque y cabalgué entre las tropas de Maceo. Sólo un siglo más tarde, junto a mis descendientes, desde una azul montaña. Bajé de la Sierra Para acabar con capitales y usureros, con generales y burgueses. Ahora soy: sólo hoy tenemos y creamos. Nada nos es ajeno. Nuestra la tierra. Nuestros el mar y el cielo. Nuestras la magia y la quimera. Iguales míos, aquí los veo bailar alrededor del árbol que plantamos para el comunismo. Su pródiga madera ya resuena.
Nancy Morejón
A VECES LA MAÑANA AYUDA Hace tiempo que ando escribiendo una crónica que llevaría el título "No siempre la mañana ayuda". Y hasta tenía el comienzo apuntado en un papel por ahí, a toda prisa, sobre la mesa del despacho. Empieza así: "Al salir de la casa y tropezar con el rostro del sol(antiguamente lo representábamos así, con una amplia sonrisa y los ojos alegres, con una cabellera de rayos resplandecientes), deberíamos caer de rodillas, ofrecer cualquier cosa al culto pagano de la luz y sentir después el mundo conquistado. Pero todos tenemos otra cosa que hacer". Y saldría uno por ahí fuera a ahuyentar la melancolía, a justificar el título, en definitiva. Algo me ha impedido continuar. Y sé que hoy no voy a concluir una prosa que me enfrentaría al lector. Y es que, sin esperarlo, se despertó en mi memoria un caso acontecido entre dos hombres, un caso que viene a demostrar que, a veces, la mañana ayuda, sí señor. Vamos, pues, con la historia. Imagine el lector un vagón de tren. Lleno. El día no es ni feo ni bonito: tiene algo de sol, unas nubes que lo cubren, y hay una brisa cortante allá afuera. Los viajeros van callados, hacen todos unos gestos involuntarios al albur del traqueteo. Unos leen periódicos, otros se ausentan hacia un país silencioso y sólo habitado por pensamientos ocultos e indefinidos. Hay una gran indiferencia en la atmósfera, y el sol, al descubrirse, ilumina un escenario de rostros apagados. Entonces, el hombre más(pero muy lejos deser un adolescente), que está sentado junto a la ventanilla, empieza a tararear en sordina una vaga canción. Quizá no tenga motivos especiales de contento, pero, en aquella hora, la necesidad de cantar es irresistible. Todo cuanto acude a su memoria sirve. Y va tan absorto en su pura y gratuita alegría que ni siquiera repara en que el vecino de asiento se muestra ofendido y esboza esos movimientos elocuentes que sustituyen a las palabras cuando no hay valor para pronunciarlas. Frente al hombre que canta, hay un viejo. Éste desde que salió anda rumiando problemas que lo atormentan. Es muy viejo, y está enfermo. Ha dormido mal. Sabe que va a tener un día difícil. Y detrás de él una voz deshilacha canciones, badabádabá, notas de música, de un modo impreciso pero obstinadamente vivo y afirmativo. El sol sique jugando al escondite. Y el mar, que súbitamente aparece se puebla de islas de sombra entre grandes lagos de plata fundida. A lo lejos, la ciudad se diluye en humo y niebla seca. Silenciosa, a aquella distancia, tiene un aire de fatalidad y resignación, como un cuerpo que ha renunciado a vivir y se extingue lentamente. Es grande el peligro de que la melancolía triunfe definitivamente. Pero el hombre insiste. Ya no es posible identificar al que canta. Ahora sale de su boca un flujo de armonía, un lenguaje que ha desistido de la articulación coherente para penetrarse mejor de la sustancia de la música. Esto acabrá sin duda con un grito irreprimible de alegría, con indignación y escandalo de los viajeros. Ocurrió, sin embargo, que la ciudad llegó de repente. Se abrieron las puertas, la gente se precipitó, empujándose, olvidándose unos de otros. El hombre se levanta, murmurando aún algo. Sigue a lo largo del andén, va a lo suyo, con su música. Y, de pronto, alguien lo coge del brazo. El viejo está a su lado, se juraría que tiene los ojos húmedos, y dice: "Gracias. Yo venía preocupado y triste. Cuando lo oí cantar sentí una gran paz, y durante todo el camino vine pidiéndole a Dios que siguiera usted cantando. Muchas gracias". El hombre de las canciones sonrió, primero con embarazo, luego como si fuera el amo del mundo. Se separaron. Y fue cada uno a su trabajo, con la música que era de los dos.
José Saramago (Las maletas del viajero)
La naturaleza parece (cuanto más la observamos) hecha de aversiones: sin nada que odiar, perderíamos el auténtico resorte del pensamiento y de la acción. La vida se convertiría en una charca de agua estancada si no la agitaran los intereses opuestos y la pasiones irrefrenables de los hombres. La línea blanca de nuestro destino resplandece (o por lo menos se hace visible) cuando se oscurece al máximo su entorno, de la misma manera en que el arco iris pinta su propia forma sobre una nube. ¿Es orgullo? ¿Es envidia? ¿Es la fuerza del contraste? ¿Es debilidad o malicia? Lo cierto es que en la mente humana existe una atracción secreta, un ansia de maldad que encuentra un deleite perverso, y a la vez gozoso, en la fechoría, pues es una fuente inagotable de satisfacciones. La bondad absoluta no tarda en volverse insípida, carente de variedad y brío. El sufrimiento es agridulce, y no sacia nunca. El amor se convierte, con un poco de indulgencia, en indiferencia o en hastío: Únicamente el odio es inmortal.
William Hazlitt (On The Pleasure of Hating)
En esos momentos desearía creer que existe algún tipo de vida después de la muerte, y que en otro universo, tal vez en un pequeño planeta rojo donde no tenemos piernas sino colas, donde chapoteamos por la atmósfera como focas y el aire, compuesto de trillones de moléculas de proteínas y azúcar, es nuestro alimento, y todo lo que hay que hacer para seguir vivo y sano es abrir la boca e inhalar, tal vez estáis los dos juntos. O tal vez él está aún más cerca y es ese gato gris que se sienta en el alféizar de la ventana de nuestros vecinos y ronronea cuando alargo la mano para tocarlo; tal vez es el cachorro que tira de la correa de otro de mis vecinos, o el niño de dos años que vi correr por la plaza hace un par de meses gritando regocijado mientras sus padres resoplaban detrás de él, o esa flor que se ha abierto de pronto en el rododendro que había dado por muerto; tal vez es esa nube, esa ola, esa lluvia, esa niebla. De modo que intento ser amable con todo lo que veo y en todo lo que veo lo veo a él.
Hanya Yanagihara (A Little Life)
el amor está en los fosos donde luchan las sierpes del hambre, en el triste mar que mece los cadáveres de las gaviotas y en el oscurísimo beso punzante debajo de las almohadas. Pero el viejo de las manos traslúcidas dirá: amor, amor, amor, aclamado por millones de moribundos. Dirá: amor, amor, amor, entre el tisú estremecido de ternura; dirá: paz, paz, paz, entre el tirite de cuchillos y melenas de dinamita. Dirá: amor, amor, amor, hasta que se le pongan de plata los labios. Mientras tanto, mientras tanto, ¡ay!, mientras tanto, los negros que sacan las escupideras, los muchachos que tiemblan bajo el terror pálido de los directores, las mujeres ahogadas en aceites minerales, la muchedumbre de martillo, de violín o de nube, ha de gritar aunque le estrellen los sesos en el muro, ha de gritar frente a las cúpulas, ha de gritar loca de fuego, ha de gritar loca de nieve, ha de gritar con la cabeza llena de excremento, ha de gritar como todas las noches juntas, ha de gritar con voz tan desgarrada hasta que las ciudades tiemblen como niñas
Federico García Lorca
Cuando el origen del sentido y la autoridad se trasladaron del cielo a los sentimientos humanos, la naturaleza de todo el cosmos cambió. El universo exterior, que hasta entonces había estado lleno de dioses, musas, hadas y espíritus malignos, se convirtió en un espacio vacío. El mundo interior, que hasta entonces había sido un enclave insignificante de pasiones vulgares, se hizo desmesuradamente profundo y rico. Ángeles y demonios dejaron de ser entidades reales que deambulaban por los bosques y desiertos del mundo para transformarse en fuerzas interiores de nuestra propia psique. El cielo y el infierno dejaron también de ser lugares reales situados en algún lugar por encima de las nubes y por debajo de los volcanes, respectivamente, y pasaron a interpretarse como estados mentales internos. Experimentamos el infierno cada vez que encendemos los fuegos de la ira y el odio en nuestro corazón, y gozamos de la dicha celestial cada vez que perdonamos a nuestros enemigos, nos arrepentimos de nuestras fechorías y compartimos nuestra riqueza con los pobres.
Yuval Noah Harari (Homo Deus: Breve historia del mañana)
Ebbe l'intuizione di aver involontariamente infilato la mano nel Gran Nido di Vespe della Vita. Come immagine non valeva granché. Come cammeo della realtà, gli pareva abbastanza valido. Aveva infilato la mano in un gronda fradicia in piena estate e la mano e anche l'interno braccio erano stati consunti da un sacro fuoco di giustizia, che aveva operato il concetto di comportamento civile. Ci si può forse aspettare che uno si comporti da essere umano ragionante quando ha la mano infilzata su una fila di aghi da rammendo roventi? Ci si può aspettare di vivere nell'amore delle persone più vicine e più care quando la bruna nube infuriata si sprigiona dal buco nel tessuto delle cose (il tessuto che si riteneva fosse tanto innocente) e ti si scaglia addosso come una freccia? Si può forse essere considerati responsabili delle proprie azioni mentre ci si aggira a folle corsa sul tetto in pendenza a oltre venti metri d'altezza, senza sapere dove si va, senza ricordarsi che i piedi, mossi dal panico, possono indurti a fare una mossa improvvisa e a precipitare oltre la grondaia per trovare la morte sul cemento venti metri più in basso?
Stephen King (The Shining (The Shining, #1))
Eran tres hermanos Tres almas pequeñas. Una tuvo hogar Y vida serena. Al otro tocó La mejor parcela: Vivir con Jesús Dentro de su hacienda. Pero el más pequeño Tenía una reserva; Se construyó un muro De cal y de piedra. Con cuatro paredes, Y una sola puerta. Los dos varias veces Quisimos que se abriera. La dejó cerrada Por nuestra torpeza. Cuando nos herían (Un niño es de cera, De plumas de alondra Y nubes ligeras) Yo gritaba fuerte Mi dolor y afrenta Quedando después Vacía y contenta. Mi hermano callaba Lleno de prudencia; Pero el pequeñito Se escondía afuera Mojando su llanto El muro de piedra. Los años pasaron Y el gozo y la pena Me enseñaron cosas Muy sabias y ciertas. Un hombre sensible De alma de poeta No quiere herir nunca, Ni que a él lo hieran. No volví a tratar De tocar la puerta. Pero con los años Se ha abierto una grieta Muy chiquititita Como una lenteja. Yo me asomé un día Llena de impaciencia, Pensando ver sólo Lo gris de la piedra. Por el agujero Vi una bella huerta. Hay árboles grandes Que dan sombra fresca Una bugambilia Da flores bermejas Y en la fuente clara El agua gorjea. Pero lo más bello Es ver que la piedra Triste y gris del muro Una huerta encierra Con flores y frutos Con agua y con siembra.
Juan Villoro (La figura del mundo)
No hay medio al que no recurra un tal delincuente moral para alcanzar sus objetivos. Meterá el hocico en las más secretas cuestiones de familia y no descansará hasta que su olfato no haya descubierto un miserable incidente que pueda determinar la derrota de la infeliz víctima. En el caso de no encontrarlo ni en la vida pública ni en la privada, el bellaco lanzará un puñado de calumnias, firmemente convencido no sólo de que, incluso después de las réplicas, alguna cosa siempre quedará, así como también de que debido a centenas de repeticiones tal demolición de la honra encontrará cómplices y será imposible a la víctima sostener la lucha en la mayoría de los casos. Esa chusma ni siquiera actúa por motivos que puedan ser comprensibles para el resto de la Humanidad. ¡Dios nos libre! Cuando un bandido de éstos ataca al resto de la Humanidad, esa gente se esconde detrás de una verdadera nube de probidad y frases untuosas, parlotea sobre el "deber periodístico" y patrañas de la misma naturaleza y se atreve a hablar de "ética" de prensa, en asambleas y congresos, ocasiones en las que la plaga se encuentra en mayor número y en las que la chusma mutuamente se aplaude. Ésta es la chusma que en más de dos terceras partes fabrica la llamada "opinión pública", de donde surge el parlamentarismo cual una Afrodita de la espuma.
Adolf Hitler (Mi Lucha)
Y por esto conviene que las almas nobles estén siempre asociadas a sus semejantes: porque ¿quién hay tan firme que no pueda ser seducido?" (Casio) "Ni las torres de piedra, ni los muros de bronce forjado, ni la presión subterránea, ni los fuertes anillos de hierro, pueden reprimir las fuerzas del alma; Porque la vida cansada de estas barreras del mundo, jamás pierde el poder de libertarse a sí misma. Y pues se esto, sepa además todo el mundo, que de la parte de tiranía que sufro me puedo sustraer cuando quiera." (Casio) "El abuso de la grandeza existe cuando ésta separa del poder el remordimiento; y a decir verdad de César, nunca ha sabido que sus afectos hayan vacilado más que su razón. "(Bruto) "Pero es prueba ordinaria que la humildad es para la joven ambición una escala, desde la cual el trepador vuelve el rostro; pero una vez en el más alto peldaño, da la espalda a la escala, alza la vista a las nubes y desdeña los bajos escalones por los cuales ascendió." (Bruto) "No te lisonjees con la idea lleva en sí una sangre que pueda cambiar de su verdadera calidad, por lo que hace bullir la sangre de ls necios: quiero decir por las palabras almibaradas, las reverencias humillantes y las lisonjas bajas y rastreras "(Cesar) "Hay lágrimas para su afecto, alegría para su fortuna, honra para su valor, y muerte para su ambición." (Bruto)
William Shakespeare (Julius Caesar)
Yo no busco en las personas ni la bondad ni la buena educación siqiera... aunqe creo qe esto último es imprescindible para vivir con ellas. Me gustan las gentes qe ven la vida con ojos distintos qe los demás, qe consideran las cosas de otro modo qe la mayoría... Qizá me ocurra esto pqe he vivido siempre con seres demasiado normales y satisfechos de ellos mismos...Estoy segura de qe mis hermanos o mi padre tienen la certeza de su utilidad indiscutible en este mundo, qe saben en todo momento lo qe qieren, lo qe les parece mal y lo qe les parece bien… Y qe hansufrido muy poca angustia ante ningún hecho. (…) Toda mi vida he estado huyendo de mis simples y respetables parientes… Simples pero inteligentes a la vez en su género, qe es lo qe les hace tan insoportables… Me gusta la gente con ese átomo de locura qe hace qe la existencia no sea monótona, aunqe sean personas desgraciadas y estén siempre en las nubes, como tú… Personas qe, según mi familia, son calamidades indeseables… (…) ¿qé crees qe dirían mi padre o mi abuelo de ti misma si supieran tu modo real de ser? Si supieran, como yo sé, qe te qedas sin comer y qe no te compras la ropa qe necesitas por el placer de tener con tus amigos delicadezas de millonaria durante tres días… Si supieran qe te gusta vagabundear sola por la noche. Qe nunca has sabido lo qe qieres y qe siempre estás qeriendo algo…
Carmen Laforet (Nada)
Sacudimiento extraño que agita las ideas, como huracán que empuja las olas en tropel. Murmullo que en el alma se eleva y va creciendo como volcán que sordo anuncia que va a arder. Deformes siluetas de seres imposibles; paisajes que aparecen como al través de un tul. Colores que fundiéndose remedan en el aire los átomos del iris que nadan en la luz. Ideas sin palabras, palabras sin sentido; cadencias que no tienen ni ritmo ni compás. Memorias y deseos de cosas que no existen; accesos de alegría, impulsos de llorar. Actividad nerviosa que no halla en qué emplearse; sin riendas que le guíen, caballo volador. Locura que el espíritu exalta y desfallece, embriaguez divina del genio creador… Tal es la inspiración. Gigante voz que el caos ordena en el cerebro y entre las sombras hace la luz aparecer. Brillante rienda de oro que poderosa enfrena de la exaltada mente el volador corcel. Hilo de luz que en haces los pensamientos ata; sol que las nubes rompe y toca en el zenít. Inteligente mano que en un collar de perlas consigue las indóciles palabras reunir. Armonioso ritmo que con cadencia y número las fugitivas notas encierra en el compás. Cincel que el bloque muerde la estatua modelando, y la belleza plástica añade a la ideal. Atmósfera en que giran con orden las ideas, cual átomos que agrupa recóndita atracción. Raudal en cuyas ondas su sed la fiebre apaga, oasis que al espíritu devuelve su vigor… Tal es nuestra razón. Con ambas siempre en lucha y de ambas vencedor, tan sólo al genio es dado a un yugo atar las dos.
Gustavo Adolfo Bécquer (Rimas)
»Tú eres la meridiana refulgente de caridad aquí, y allá en el suelo de esperanza mortal la viva fuente. »Señora, es tan valioso tu consuelo, que quien pide merced, si a ti no corre, es cual volar sin alas, vano anhelo. »No sólo tu bondad pía socorre a quien demanda; a veces generosa, al que no pide con amor acorre. »En ti misericordia y luz piadosa; en ti magnificencia; en ti se aduna cuanto hay en la criatura bondadosa. »Ora este ser, que de ínfima laguna la vida espiritual ha recorrido, por sus gradas subiendo, una por una, »ruega le sea en gracia concedido poder mirar con ojo levantado a la final salud, fortalecido. »Y yo, que en contemplarte me he abrasado, pido por él, con voto más ferviente, que no en vano su gracia haya implorado; »y disipes las nubes de la mente de su mortalidad, y esplendorosa pueda ver la ventura claramente. »También te ruego, ¡reina poderosa!, quieras que guarde sus afectos sanos, después de una visión tan portentosa. »¡Y le guardes de caer cual los humanos! Mira a Beatriz, con todos los electos, que a par de mí suplican con las manos.» Y los ojos que a Dios son tan dilectos, fijos en el que oraba, demostraron que acogía, en sus preces, sus afectos; y hacia la eterna luz se enderezaron; que ojos mortales, según creen y creo, nunca tan claramente penetraron. Y yo, que el fin de mis anhelos veo tan próximo de mí, como debía, apago en mí las llamas del deseo. Bernardo me apuntaba y sonreía porque mirase arriba, pero ya era yo por mí mismo, lo que en mí quería; pues mi vista, más fija y más sincera, más y más se extendía penetrante en la alta luz eterna y verdadera.
Dante Alighieri (La Divina Comedia)
Recorría sin descanso la inmensidad del sur con su pequeño ejército, adentrándose en los bosques húmedos y sombríos, bajo la alta cúpula verde tejida por los árboles más nobles y coronada por la soberbia araucaria, que se perfilaba contra el cielo con su dura geometría. Las patas de los caballos pisaban un colchón fragante de humus, mientras los jinetes se abrían camino con las espadas en la espesura, a ratos impenetrable, de los helechos. Cruzaban arroyos de aguas frías, donde los pájaros solían quedar congelados en las orillas, las mismas aguas donde las madres mapuche sumergían a los recién nacidos. Los lagos eran prístinos espejos del azul intenso del cielo, tan quietos, podían contarse las piedrecillas en el fondo. Las arañas tejían sus encajes, perlados de rocío, entre las ramas de robles, arrayanes y avellanos. Las aves del bosque cantaban reunidas, diuca, chincol, jilguero, torcaza, tordo, zorzal, y hasta el pájaro carpintero, marcando el ritmo con su infatigable tac-tac-tac. Al paso de los caballeros se levantaban nubes de mariposas y los venados, curiosos, se acercaban a saludar. La luz se filtraba entre las hojas y dibujaba sombras en el paisaje; la niebla subía del suelo tibio y envolvía el mundo en un hálito de misterio. Lluvia y más lluvia, ríos, lagos, cascadas de aguas blancas y espumosas, un universo líquido. Y al fondo, siempre, las montañas nevadas, los volcanes humeantes, las nubes viajeras. En otoño el paisaje era de oro y sangre, enjoyado, magnífico. A Pedro de Valdivia se le escapaba el alma y se le quedaba enredada entre los esbeltos troncos vestidos de musgo, fino terciopelo. El Jardín del Edén, la tierra prometida, el paraíso. Mudo, mojado de lágrimas, el conquistador conquistado iba descubriendo el lugar donde acaba la tierra, Chile.
Isabel Allende (Inés del alma mía)
Russia, Russia, ti vedo, dalla mia incantevole, meravigliosa lontananza, io ti vedo: povertà, disordine e malessere sono in te; non incantano, non atterriscono gli sguardi audaci miracoli della natura, coronati da audaci miracoli dell’arte: città con alti palazzi dalle mille finestre, cresciute sulla roccia, alberi pittoreschi e edere cresciute sulle case, il fragore e l’eterno pulviscolo delle cascate; non si volta indietro la testa a guardare massi di pietra che sopra di lei si sovrappongono senza fine; non balenano attraverso gli archi scuri, sovrapposti l’uno all’altro, avvolti da tralci di vite, da edera e da innumerevoli, milioni di rose selvatiche, non balenano attraverso di loro in lontananza le eterne linee dei monti radiosi, che si alzano in limpidi cieli d’argento. Tutto in te è aperto, e deserto, e piatto; come punti, come segnetti, poco percettibili si presentano nella pianura le tue non alte città; niente lusinga e incanta lo sguardo. Ma qual è allora la forza incredibile, segreta, che attrae a te? Perché risuona e echeggia incessantemente nelle orecchie la tua canzone malinconica, che corre per tutta la tua lunghezza, da mare a mare? Cosa c’è in lei, in questa canzone? Con cosa chiama, e singhiozza, e colma il cuore? Quali sono i suoni che baciano dolorosamente, e tendono l’anima, e si fermano vicino al mio cuore? Russia! Cosa vuoi da me? Che legame inconcepibile si cela tra noi? Perché guardi così, e perché tutto quello che è in te ha fissato su di me i suoi occhi pieni di attesa?... E ancora, pieno di imbarazzo, sto immobile, io, e già sul mio capo incombe una nube minacciosa, carica di piogge future, e il pensiero ammutolisce davanti alla tua vastità. Che cosa predicono i tuoi spazi sconfinati? Non deve forse nascere qui, in te, un’idea infinita come tu stessa sei senza fine?
Nikolai Gogol (Dead Souls)
Entró con mucho amor, descalabro, café negro, pásame un cigarrillo, esto es solo para ti, esta musiquita es sólo para ti, no importa si no te has bañado, ven para acá, te tengo, no cierres la ventana, pero por favor no llores, te juro que estaré junto a ti cuando llegue la lluvia de noviembre, ven para acá, ven a mis babas, anoche no pude dormir, eres sensacional, déjame meter mis dientes en tus dientes, déjame tumbar todas tus palabras, las quiero manosear, quiero restregar mi cuerpo en cada una de tus palabras, en tu nombre, en las axilas, pero por favor sigue, no soporto más el día, mira esos perros allá cerca de los árboles, no cierres la ventana, pásame otro cigarrillo, háblame cerca del oído, quiero que tus palabras se metan por toda mi sangre, háblame de lo que más te gusta, de tu jabón preferido, de tus blusas vaporosas, de tus pantalones que huelen a días molidos, ven para acá, te tengo, ábrete un botón y luego otro, y otro, y háblame de tu amor, descalabro, angustia, café negro, ven para acá, te tengo, no cierres tu ventana, pocillo, vaso.
Rafael Chaparro Madiedo
Para todos nosotros ha sido el Bosquecillo la encarnación suprema de esta posición, un símbolo como lo era, en épocas pretéritas, una bandera desgarrada por las balas. Y de igual modo que una bandera era entonces algo más que un ennegrecido pedazo de seda clavado a un palo, también ese pedazo de tierra arrasado y machacado por los proyectiles ha llegado a ser para nosotros algo más que un lugar carente de nombre, al que por ello fue preciso añadir un número con el fin de poder distinguirlo de los demás lugares. Los más de nosotros somos personas sencillas, gente que no sabría dar más que una respuesta confusa si alguien le preguntara por el origen de esta guerra o por sus grandes objetivos y sus grandes causas. Y si alguien les dijera a estos hombres que carece de toda importancia la pérdida o la ganancia de una parcela de terreno tan mezquina como ésa, sin duda no sería mucho lo que podrían replicar. A pesar de todo, sentirían que ese terreno representa algo más que una mezcla de greda y arena plantada de astillados troncos de árboles, cuya situación es determinable en un mapa y cuya superficie puede ser medida — de igual manera que la Cruz de Hierro que muchos llevan en su pecho significa para ellos algo más que un trozo de hierro con un borde plateado. El Bosquecillo 125 despertaría en estos hombres el recuerdo de marchas difíciles, de pesadas semanas de trabajo, de guardias nocturnas durante las cuales ese pedazo de tierra se destacaba en la oscuridad como un llameante alto horno, y de días en que sus ojos lo veían aplastado bajo el peso de nubes de proyectiles. El nombre del Bosquecillo 125 no se les aparecería como un nombre cualquiera, sino como un nombre que se graba al rojo vivo en la memoria y que evoca tal cantidad de acciones y sentimientos que, al mencionarlo, todos los detalles se vuelven insignificantes, como cuando contemplamos uno de esos sepulcros megalíticos que se han conservado de tiempos remotos. Esos hombres sentirían también que ese Bosquecillo no puede ser un lugar como otro cualquiera, porque cada uno de los pasos que en él dieron hubo de ser comprado con la vida, y porque el gran destino de los pueblos fue allí vivido y sufrido en el destino del individuo. Lo que el mensajero de los pocos supervivientes de la guarnición del Bosquecillo acaba de decir suena como una sentencia dictada por un Poder superior, pero como una sentencia de la que uno no tiene por qué avergonzarse, a pesar de lo dura que es.
Ernst Jünger (Copse 125: A Chronicle from the Trench Warfare of 1918)
Todo labora en todo. El álgebra se aplica a las nubes; la irradiación del astro se aprovecha la rosa; ningún pensador se atrevería a decir que el perfume del espino albar no les es de utilidad a las constelaciones. ¿Quién puede calcular el trayecto de la molécula? ¿Sabemos acaso si unos granos de arena al caer no determinan la creación de mundos? ¿Quién sabe de los flujos y reflujos recíprocos de lo infinitamente grande y de lo infinitamente pequeño, ni de la repercusión de las causas en los precipicios del ser, ni de las avalanchas de la creación? Una cresa tiene importancia; lo pequeño es grande, lo grande es pequeño; todo está en equilibrio en la necesidad; visión que alarma a la mente. Hay entre los seres y las cosas relaciones prodigiosas; en este conjunto inagotable que va del sol al pulgón nadie se desprecia; se necesitan todos entre sí. La luz no se lleva hasta el azul del cielo los perfumes terrenales sin saber qué va a hacer con ellos; la noche reparte esencia de estrellas entre las flores dormidas. Todas la aves que vuelan llevan atado a la pata el hilo de lo infinito. Un meteoro que nace y un picotazo de golondrina para romper el huevo se suman a las complicaciones de la germinación, y ésta hace frente al mismo tiempo al nacimiento de una lombriz y a la llegada de Sócrates. Cuando se acaba con el telescopio, empieza el microscopio. ¿Cuál de los dos tiene mejor vista? Escoged. Un moho es una pléyade de flores; una nebulosa es un hormiguero de estrellas. La misma promiscuidad, y aún más inaudita, de las cosas de la inteligencia y los hechos de la sustancia. Los elementos y los principios se mezclan, se combinan, se acoplan, se multiplican entre sí, y hasta tal punto que consiguen que el mundo material y el mundo moral desemboquen en la misma claridad. El fenómeno se repliego continuamente sobre sí. En los enormes intercambios cósmicos, la vida universa va y viene en cantidades desconocidas y lo arrastra y lo revuelve todo en el invisible misterio de los efluvios, dándole uso a todo, no perdiendo ni uno de los sueños de todos los que duermen, sembrando un animálculo acá y desmigajando un astro allá, oscilando y serpenteando, convirtiendo la luz en fuerza y pensamiento en elemento, diseminada e invisible, disolviéndolo todo con la excepción de este punto geométrico, el ego; volviendo a llevarlo todo al alma átomo; haciendo florecer todo en Dios; enredando entre sí, desde la más alta hasta la más baja, todas las actividades en la oscuridad de un mecanismo vertiginoso, relacionando el vuelo de un insecto con el movimiento de la tierra, subordinando, aunque no sea más que mediante la identidad de la ley, ¿quién sabe?, la evolución del cometa en el firmamento y los giros del infusorio en la gota de agua. Máquina cuya materia es el espíritu. Engranaje gigantesco cuyo primer motor es una mosquita y la última rueda es el zodiaco.
Victor Hugo (Les Misérables)
Una ráfaga de aire helado pasó entre los presentes, haciendo una pequeña espiral y levantando hojas a su paso. Tan solo los sollozos desgarradores de Adèle rompían el silencio que reinaba en aquel claro del bosque. Recorrí con la mirada los rostros desconocidos de aquellas personas, sus caras reflejaban emociones que iban desde el dolor más profundo por la pérdida de un ser amado a la impotencia. Reconocí al moreno Ray que permanecía impertérrito con la mirada perdida cargada de dolor, de vez en cuando desviaba la vista hacia la pelirroja que lloraba desconsolada en brazos de su padre. A su lado, dos figuras imponentes captaron mi atención; me sorprendió lo diferentes y parecidos a la vez que me resultaron. La figura oscura y salvaje de Erwan se hallaba al lado de un hombre de su edad aproximada e idéntica complexión. Su cabello rubio llegaba casi a la altura de los hombros y una mueca de dolor atravesaba su bien parecido rostro. Gruesas lágrimas se derramaban por sus ojos anegados de la más profunda tristeza. A su lado, Erwan miraba un punto que quedaba frente a él con la mandíbula apretada. Había mucho dolor en su rostro, sus ojos azules estaban oscuros como el mar en plena tormenta y reflejaban una furia salvaje que apenas podía mantener controlada. En el centro del claro, sobre un lecho de ramas se hallaba un cuerpo sin vida. Me acerqué para observarlo de cerca, nadie reparó en mi presencia, era como si fuese un fantasma, como si realmente no estuviese allí. Pude adivinar mientras me acercaba que se trataba de una mujer. Su cuerpo menudo estaba bellamente vestido de blanco haciéndola parecer un hada con su magnífica melena azabache desparramada a su alrededor. Una gota de lluvia cayó en su pecosa nariz. Levanté la vista al cielo: las negras nubes habían acabado por cubrirlo todo. Una mujer alta, bastante mayor, y de porte solemne, hizo una señal de asentimiento con la cabeza a un hombre que sostenía una antorcha. El hombre la acercó al lecho de la joven y éste empezó a arder. Adèle finalmente se derrumbó sin poder aguantar más aquella tortura. El hombre rubio avanzó con decisión hacia la joven sin vida que ahora yacía entre las llamas. Fue interceptado antes de llegar al fuego por Erwan que lo agarró con fuerza desde detrás envolviéndolo con sus fuertes brazos. El hombre lanzó un gritó desgarrador al aire; estaba roto por el dolor. Sentí una gruesa lágrima resbalando por mi mejilla ante aquella desoladora escena, compartía su dolor, yo también acababa de perder una parte de mí misma. Antes de que las llamas envolvieran totalmente el cuerpo de la joven, dirigí la mirada hacia su rostro. Un escalofrío me recorrió desde la columna vertebral. Di un paso atrás totalmente conmocionada. ¿Quién era aquella gente?, ¿por qué mi cuerpo yacía sin vida en medio de las llamas? Desperté de golpe con un fuerte dolor en el pecho. Me incorporé en la cama intentado recuperar la respiración, mi corazón latía descontrolado a punto de salirse por la boca. Era yo. La mujer de la pira era yo.
Elisabet Castany (El eterno legado (La hija de la sacerdotisa, #1))