Esta Soy Yo Quotes

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Simplemente no soy de este mundo... Yo habito con frenesí la luna. No tengo miedo de morir; tengo miedo de esta tierra ajena, agresiva... No puedo pensar en cosas concretas; no me interesan. Yo no sé hablar como todos. Mis palabras son extrañas y vienen de lejos, de donde no es, de los encuentros con nadie... ¿Qué haré cuando me sumerja en mis fantásticos sueños y no pueda ascender? Porque alguna vez va a tener que suceder. Me iré y no sabré volver. Es más, nos sabré siquiera que hay un "saber volver". No lo querré acaso.
Alejandra Pizarnik
—¿Cena conmigo, señorita Mao? Sonrío con picardía y, acercándome a él, respondo: —Sólo si yo soy el postre
Megan Maxwell (Adivina quién soy esta noche (Adivina quién soy, #2))
Suicidarse es perder la noción de la fatalidad y del destino. No tener más miedo de lo que todavía puede venir a hacerme doler y sufrir. Suicidarse es reconocer que lo peor está ocurriendo ahora. El suicidio es el rechazo rotundo del presente. Por eso pocos neuróticos ansiosos se suicidan, están siempre a la espera de un mal mayor. Suicidarse implica la máxima atención y lucidez, decirse «esta soy yo, ahora, aquí». Y saber, también, que no se debe esperar más. Suicidarse es cerrar una puerta, la de la sala de espera.
Alejandra Pizarnik (Diarios)
Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas la posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros, los dos. En éste, que un favorable azar me depara, usted ha llegado a mi casa; en otro, usted, al atravesar el jardín, me ha encontrado muerto; en otro, yo digo estas mismas palabras, pero soy un error, un fantasma.
Jorge Luis Borges (Ficciones)
Había descubierto muchas cosas con ellos y no todas tenían que ver con las terminaciones nerviosas de mi cuerpo. Muchas hablaban de esa sensación que te invade cuando no te importa ser imperfecta delante de alguien. Decir «no lo sé» y que nadie te haga sentir inferior, que se pregunte las cosas junto a ti. Decir «qué a gusto estoy» y que nadie huya, sino que sonría y lo comparta. Decir «esta soy yo» y que nadie apunte diez maneras de ser mejor.
Elísabet Benavent
Sí, soy fuerte... Soy una roca... Estas cosas las entiendo. Yo, que me pongo en la piel de todos, en la mía no, la mía la dejo en el armario, entre el polvo. Pero a veces estaba demasiado cansada de ponerme en esas pieles usadas, que pertenecían a otros, que no eran de mi talla.
Giulia Carcasi (Ma le stelle quante sono)
Porque, si soy la última, significa que soy la humanidad. Y si esta es la última guerra de la humanidad, yo soy el campo de batalla.
Rick Yancey
Supongo que tiene que ver con perspectivas. Si yo quería una rosa y consigo un girasol, esta bien, ambas son flores, tienen colores fuertes, y adornaran algún rincón de mi casa. No por eso soy conformista, sino agradecida con lo que la vida me da.
Ana Coello (Detestable error)
Aquí estoy, sentado sobre esta piedra aparente. Sólo mi memoria sabe lo que encierra. La veo y me recuerdo, y como el agua va al agua, así yo, melancólico, vengo a encontrarme en su imagen cubierta por el polvo, rodeada por las hierbas, encerrada en sí misma y condenada a la memoria y a su variado espejo. La veo, me veo y me transfiguro en multitud de colores y de tiempos. Estoy y estuve en muchos ojos. Yo sólo soy memoria y la memoria que de mí se tenga. ('Los recuerdos del porvenir', 1963)
Elena Garro (Los recuerdos del porvenir)
Creo que soy yo quien ha cambiado; es la solución más simple. También la más desagradable. Pero debo reconocer que estoy sujeto a estas súbitas transformaciones. Lo que ocurre es que rara vez pienso, entonces, sin darme cuenta, se acumula en mí una multitud de pequeñas metamorfosis, y un buen día se produce una verdadera revolución. Es lo que ha dado a mi vida este aspecto desconcertante, incoherente.
Jean-Paul Sartre (Nausea)
Amigo mío... yo no soy lo que parezco. Mi aspecto exterior no es sino un traje que llevo puesto; un traje hecho cuidadosamente, que me protege de tus preguntas, y a ti, de mi negligencia. El "yo" que hay en mí, amigo mío, mora en la casa del silencio, y allí permanecerá para siempre, inadvertido, secreto. No quisiera que creyeras en lo que digo ni que confiaras en lo que hago, pues mis palabras no son otra cosa que tus propios pensamientos, hechos sonido, y mis hechos son tus propias esperanzas en acto. Cuando dices: "El viento sopla hacia el Este", digo: "Sí, siempre sopla hacia el Este"; pues no quiero que sepas entonces que mi mente no mora en el viento, sino en el mar. No puedes comprender mis navegantes pensamientos, ni me interesa que los comprendas. Prefiero estar a solas en el mar. Cuando es de día para tí, amigo mío, es de noche para mí; sin embargo, todavía entonces hablo de la luz del día que danza en las montañas, y de la sombra purpúrea que se abre paso por el valle; pues no puedes oír las canciones de mi oscuridad, ni puedes ver mis alas que se agitan contra las estrellas, y no me interesa que oigas ni que veas lo que pasa en mí; prefiero estar a solas con la noche. Cuando tú subes a tu Cielo yo desciendo a mi Infierno. Y aún entonces me llamas a través del golfo infranqueable que nos separa: " ¡Compañero! ¡Camarada!" Y te contesto: "¡Compañero! ¡Camarada!, porque no quiero que veas mi Infierno. Las llamas te cegarían, y el humo te ahogaría. Y me gusta mi Infierno; lo amo al grado de no dejar que lo visites. Prefiero estar solo en mi Infierno. Tu amas la Verdad, la Belleza y lo Justo, y yo, por complacerte, digo que está bien, y finjo amar estas cosas. Pero en el fondo de mi corazón me río de tu amor por estas entidades. Sin embargo, no te dejo ver mi risa: prefiero reír a solas. Amigo mío, eres bueno, discreto y sensato; es más: eres perfecto. Y yo, a mi vez, hablo contigo con sensatez y discreción, pero... estoy loco. Sólo que enmascaro mi locura. Prefiero estar loco, a solas. Amigo mío, tú no eres mi amigo. Pero, ¿cómo hacer que lo comprendas? Mi senda no es tu senda y, sin embargo, caminamos juntos, tomados de la mano.
Kahlil Gibran (El loco / Lágrimas y sonrisas)
Yo, señor, en realidad no sé quién soy en este momento, aunque esta mañana lo sabía muy bien cuando me levanté, ¡pero he cambiado tantas veces desde entonces!
Lewis Carroll (Alicia en el País de las Maravillas)
Yo no soy un perverso, soy un curioso de esta fuerza enorme que está en mí.
Roberto Arlt (El juguete rabioso)
—Yo, señor, en realidad no sé quién soy en este momento, aunque esta mañana lo sabía muy bien cuando me levanté, ¡pero he cambiado tantas veces desde entonces!
Lewis Carroll (Alicia en el País de las Maravillas)
—Para que lo sepas, Lenny, esta no es una cita —Trish dice. —Entonces, ¿qué es? —Soy yo sintiendo lástima por ti, porque eres un perdedor.
Simone Elkeles
Era la peregrinación de los martes, devota, insulsa, mentirosa. Venían a pedir favores. ¿Por qué esta manía de pedir y pedir? Yo no soy de aquí. Me avergüenzo de esta raza limosnera.
Fernando Vallejo (La virgen de los sicarios)
Estas pláticas que yo tengo con mi conciencia son a veces muy largas, duran días enteros; por eso no resulta que me ponga a contártelas en esta pobre carta. De verdad, cuídate mucho, come y duerme bien y sueña con los angelitos y no en esta cosa maligna que soy yo. Pero no me olvides.
Juan Rulfo (Cartas a Clara)
No sois en absoluto parecidas a mi rosa, no sois nada aún —les dijo—. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Sois como mi zorro. No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo lo hice mi amigo y ahora es único en el mundo… Y las rosas se sintieron bien molestas. —Sois bellas, pero estáis vacías —les dijo todavía—. No se puede morir por vosotras. Sin duda que un transeúnte común creerá que mi rosa se os parece. Pero ella sola es más importante que todas vosotras, puesto que es ella la rosa a quien he regado. Puesto que es ella la rosa a quien puse bajo un globo. Puesto que es ella la rosa a quien abrigué con el biombo. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté (salvo las dos o tres que se hicieron mariposas). Puesto que es ella la rosa a quien escuché quejarse, o alabarse, o aun, algunas veces, callarse. Puesto que ella es mi rosa. Y volvió hacia el zorro: —Adiós —dijo. —Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos. —Lo esencial es invisible a los ojos —repitió el principito, al fin de acordarse. —El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante. —El tiempo que perdí por mi rosa… —dijo el principito, a fin de acordarse. —Los hombres han olvidado esta verdad —dijo el zorro—. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa… —Soy responsable de mi rosa… —repitió el principito, a fin de acordarse.
Antoine de Saint-Exupéry
Pensé para mí mismo que en la palma de mi mano había una cinta que contenía todos estos recuerdos y sentimientos, grandes alegrías y tristezas. Justo ahí, en la palma de mi mano. Y pensé en cuanta gente ha amado esas canciones, cómo mucha gente ha superado un montón de malos tiempos gracias a estas canciones, cómo mucha gente ha disfrutado de buenos tiempos con estas canciones y cuánto significan estas canciones en realidad. Pienso que sería genial haber escrito alguna de estas canciones. Apuesto que si yo escribiera uno de esos temas, estaría muy orgulloso. Espero que las personas que escribieron esas canciones sean felices. Y espero que sientan que es suficiente. De verdad lo espero, porque ellos me han hecho feliz. Y soy sólo una persona.
Stephen Chbosky (The Perks of Being a Wallflower)
Yo tengo miedo de todo. Y estoy loca. Como si tal vez piensas que estoy un poco loca, pero la gente sólo ve la punta del iceberg de la locura. Por debajo de esta apariencia de ligeramente loca y socialmente inepta, soy un completo desastre. - Cath, Fangirl.
Rainbow Rowell (Fangirl)
Despues pinto un poco. Hay tranquilidad y silencio en estos dias y aprovecho que puedo concentrarme. La soledad. Quizas uno escribe y pinta no solo para crear un espacio de libertad alrededor, sino tambien para sentirse acompaNado. No exactamente para romper la soledad. No se trata de eso. La soledad siempre estA ahI. La siento, la toco, hablo con ella. Forma parte de mi vida. La soledad es inevitable. Y ayuda. Me concentro mas. Soy mas yo cuando convivimos bien apretaditos: la soledad y yo. Nos adoramos. No podria vivi sin la soledad. my translation: Later I paint a little bit. There's tranquility and silence in these days and I benefit from being able to concentrate. Loneliness. Maybe one writes and paints not only to create a space of freedom, but rather also to feel accompanied. Not exactly to break loneliness. It's not about that. Loneliness is always there. I feel it. I touch it. I talk with it. It forms part of my life. Loneliness is inevitable. And it helps. I concentrate more. I'm more me when we live pushed together: loneliness and me. We worship each other. I couldn't live with out loneliness.
Pedro Juan Gutiérrez (Animal tropical)
¿Qué significaba esto? ¡Qué forma tan extraña de proceder conmigo, como si yo fuese el más insignificante de los seres! «Tal vez todos los de la Casa Antigua no sean más que de mi imaginación mientras escribo – estuve pensando -, pues yo soy el que les ha dado la vida al permitirles anidar en esta faceta donde antes solamente había unos desiertos blancos y rectangulares de papel. Si no estuviera yo, todos aquellos que andan a través de los cauces estrechos de mis líneas, jamás serían conocidos por nadie». Desde luego, nada de todo esto le dije a la vieja, pues sé por experiencia que para un ser humano es la mayor de las afrentas el poner en duda su propia realidad, el dudar de su realidad tridimensional.
Yevgeny Zamyatin (We)
Tonterías. Soy el hombre más adecuado. Nadie puede serte menos peligroso que yo. El cuerpo de obrero desnudo que se apretaba contra ella no parecía poco peligroso. _ ¿Cómo has llegado a esta conclusión? _ Nos entendemos perfectamente. Yo soy sarcástico y desagradable. Tú eres terca y manipuladora. _ Que Dios nos bendiga.
Susan Elizabeth Phillips (Ain't She Sweet?)
—En París, es común reconocer a alguien atractivo. El francés no desvía la mirada como otras culturas lo hacen. ¿No te habías dado cuenta? St. Clair piensa que soy atractiva. Me llamó hermosa. —Créeme, no quieres dormir en mi cama. Me estoy tele transportando a Atlanta. Te estoy recogiendo, e iremos a algún lugar donde nuestras familias no nos encuentren. Nos llevaremos a Seany. Y le dejaremos correr todo lo que quiera hasta que se canse, y luego tú y yo tomaremos una larga caminata. Como Acción de Gracias. ¿Recuerdas? Y hablaremos sobre todo EXCEPTO sobre nuestros padres… O tal vez ni siquiera hablaremos. Simplemente caminaremos. Y seguiremos caminando hasta que el resto del mundo deje de existir. —Anna. —Etienne habla lentamente—. No me hiciste hacer algo que no quería hacer. Mi cara se calienta mientras el conocimiento estalla dentro de mí como dinamita. Le gusto. En verdad le gusto a Etienne. —Si me pides que te bese, lo haré. —Dice. Sus dedos aprietan mis muñecas, y me enciendo en llamas. —Bésame. —Digo. Lo hace. —La engañaba todos los días. En mi mente, pensaba en ti en formas que no podía, una y otra vez. Ella no era nada comparada contigo. Nunca antes me he sentido de esta forma por nadie. —Eres la chica más increíble que he conocido. Eres hermosa e inteligente, y me haces reír como nadie más puede. Y puedo hablar contigo. Y sé que después de todo esto no te merezco, pero lo que estoy tratando de decir es que te amo, Anna. Mucho. —¿Por favor dirías que me amas? Me estoy muriendo aquí.
Stephanie Perkins (Anna and the French Kiss (Anna and the French Kiss, #1))
Ayer unas personas me preguntaron cuál era, para mí, el gran problema de la literatura chilena. Ya es bastante absurdo que en una conversación de pasillo pueda darse una pregunta como esa. Las conversaciones de pasillo, por lo demás, siempre fracasan, o al menos así se me presentan la mayoría de las veces: como simples promesas de dispersión. Pero respondí, con seguridad, que el problema de la literatura chilena era la costumbre de escribir cigarrillo en lugar de cigarro. En Chile nadie dice cigarrillo, decimos cigarro, argumenté, como golpeando una mesa imaginaria, pero los escritores chilenos escriben cigarrillo, y al final agregué esta frase absolutamente demagógica: Yo soy de los que escriben cigarro.
Alejandro Zambra (My Documents)
Yo soy su legítimo rey Planteado, de lineaje centinario. La única razón de que usted siga vivo es que no puedo quemar el oxígeno que hay en esta habitacion.
Victoria Aveyard (Red Queen/Glass Sword (Red Queen, #1-2))
Observo el ir y venir de las olas y me doy cuenta de que yo no soy más que eso, una ola anónima sin nada en esta vida, que viene, se va y ya está, el mundo sigue y no se detiene.
Javier Jorge (La última raya)
Yo soy el único espectador de esta calle; si dejara de verla se moriría
Jorge Luis Borges (Ficciones)
¿Era yo la misma al levantarme esta mañana? Creo recordar que me he sentido algo distinta. Pero si no soy la misma, la siguiente pregunta es: ¿quién diablos soy yo? ¡Ay, ese es el gran rompecabezas!
Lewis Carroll (Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas)
«Yo soy un ser que piensa, siente, quiere, ama y odia; esta naturaleza que me rodea es bella y luminosa, y la vida nos ha sido dada por un Dios justo y benévolo, para vivirla con entereza y plenitud.»
René Descartes (Discourse on Method)
Soy uno/a con la vida, y toda la vida me ama y apoya. Por eso tengo derecho a tener un corazón lleno de amor que esta abierto a los demás. Todos actuamos lo mejor posible en cualquier momento, incluso yo. El pasado a quedado atrás y ya no volverá. Yo no soy mis padres ni manifiesto sus patrones de resentimiento. Tengo mi propio y único ser, y elijo abrir mi corazón para que se llene de amor, compasión y compresión, y expulsar de el todos los recuerdos dolorosos del pasado.Tengo la libertad para ser todo cuanto puedo ser. Esta es la verdad de mi ser, y la acepto tal como es. En mi vida todo va bien.
Louise L. Hay (Tu felicidad empieza ahora : alcanza la plenitud aprendiendo a utilizar las afirmaciones)
Quiero poseer los átomos del tiempo. Y quiero capturar el presente que, por su propia naturaleza, me esta prohibido, el presente se me escapa, la actualidad huye, la actualidad soy yo siempre en presente.
Clarice Lispector
En algunos momentos tengo la sensación de que esto ya lo he vivido y que he escrito estas mismas palabras, pero comprendo que no soy yo, sino otra mujer, que anotó en sus cuadernos para que yo me sirviera de ellos
Isabel Allende (The House of the Spirits)
En algunos momentos tengo la sensación de que esto haya lo he vivido y que he escrito estas mismas palabras, pero comprendo que no soy yo, sino otra mujer, que anotó en sus cuadernos para que yo me sirviera de ellos
Isabel Allende (The House of the Spirits)
…que hay dos maneras de hermosura: una del alma y otra del cuerpo; la del alma campea y se muestra en el entendimiento, en la honestidad, en el buen proceder, en la liberalidad y en la buena crianza, y todas estas partes caben y pueden estar en un hombre feo; y cuando se pone la mira en esta hermosura, y no en la del cuerpo, suele nacer el amor con ímpetu y con ventajas. Cervantes, Don Quioxte, Parte II, Capítulo LVIII ... y que tu posees a ambos, que quieren decir que mi amor por tu es doblado... Yo, Sancho, bien veo que no soy hermoso, pero también conozco que no soy disforme; y bástale a un hombre de bien no ser monstruo para ser bien querido, como tenga los dotes del alma que te he dicho." ..."that there are two kinds of beauty, the one of the soul, and the other of the body; that of the soul is revealed fully through understanding, in virtue and honesty, in good living, in generosity and good breeding, all such qualities can be found to be in a homely man; and when such beauty, not the physical one, becomes the object of desire, then love only bears more impetus, focus, and exactitude of purpose.
Miguel de Cervantes Saavedra (The Trials of Persiles and Sigismunda: A Northern Story)
Y lo que, por el contrario, me sucede a mí en las raras horas de placer, lo que para mí es delicia, suceso, elevación y éxtasis, eso no lo conoce, ni lo ama, ni lo busca el mundo más que si acaso en las novelas; en la vida, lo considera una locura. Y en efecto, si el mundo tiene razón, si esta música de los cafés, estas diversiones en masa, estos hombres americanos contentos con tan poco tienen razón, entonces soy yo el que no la tiene, entonces es verdad que estoy loco, entonces soy efectivamente el lobo estepario que tantas veces me he llamado, la bestia descarriada en un mundo que le es extraño e incomprensible, que ya no encuentra ni su hogar, ni su ambiente, ni su alimento.
Hermann Hesse (Steppenwolf)
-Simplemente pensé… no lo se. Pensé que me odiarías. La diversión desapareció de su rostro. Se acerco a mí y apoyo las manos en mis hombros, sus ojos color verde oscuro estaban serios. ―Rose, nada en este mundo podría hacer que te odiara. ―¿Ni siquiera intentar traer a mi exnovio de vuelta de la muerte? Adrian me acerco, y incluso en sueños, pude oler su piel y su colonia. ―Si soy honesto. Si Belikov volviera aquí en este momento, ¿vivo como solía estar? Habría algunos problemas. No quiero pensar que pasaría entre nosotros si… bien, no vale la pena perder el tiempo. Él no esta aquí. ―Yo todavía… todavía querría intentarlo - le dije humildemente. ―Todavía lo intentaría, incluso si estuviera de vuelta. Simplemente estoy teniendo un tiempo difícil para dejar ir a alguien que me importa. ―Lo se. Hiciste lo que hiciste por amor. No puedo estar enfadado contigo por esto. Fue una estupidez, pero por amor. ¿Tienes alguna idea de lo que haría por ti? ¿Por mantenerte a salvo?
Richelle Mead (Spirit Bound (Vampire Academy, #5))
¿Acaso es ya pequeña la misma miseria de no amarte? ¡Ay de mí! Dime, por tus misericordias, Señor y Dios mío, qué eres para mí. Di a mi alma: «Yo soy tu salvación». Que yo corra tras esta voz y te dé alcance. No quieras esconderme tu rostro. Muera yo para que no muera y para que lo vea.
Augustine of Hippo (Confesiones de San Agustín)
Solo aquí, qué bien, me parece que estoy encima de todo. No me puede pasar nada. Yo soy el que paso. Vivo. Vivo. Fuera de tantas preocupaciones, fuera del dinero que tenía que ganar, fuera de la mujer con la que me tenía que casar, fuera de la clientela que tenía que conquistar, fuera de los amigos que me tenían que estimar, fuera del placer que tenía que perseguir, fuera del alcohol que tenía que beber. Si estuvieras así. Manténte ahí. Ahí tienes que estar. Tengo que estar aquí, en esta altura, viendo cómo estoy solo, pero así, en lo alto, mejor que antes, más tranquilo, mucho más tranquilo. No caigas. No tengo que caer. Estoy así bien, tranquilo, no me puede pasar nada, porque lo más que me puede para es seguir así, estando donde quiero estar, tranquilo, viendo todo, tranquilo, estoy bien, estoy bien, estoy muy bien así, no tengo nada que desear. Tú no la mataste. Estaba muerta. Yo la maté. ¿Por qué? ¿Por qué? Tú no la mataste. Estaba muerta. Yo no la maté. Ya estaba muerta. Yo no la maté. Ya estaba muerta. Yo no fui. No pensar. No pensar. No pienses. No pienses en nada. Tranquilo, estoy tranquilo. No me pasa nada. Estoy tranquilo así. Me quedo así quieto. Estoy esperando. No tengo que pensar. No me pasa nada. Estoy tranquilo, el tiempo pasa y yo estoy tranquilo porque no pienso en nada. Es cuestión de aprender a no pensar en nada, de fijar la mirada en la pared, de hacer que tú quieras hacer porque tu libertad sigue existiendo también ahora. Eres un ser libre para dibujar cualquier dibujo o bien para hacer una raya cada día que vaya pasando como han hecho otros, y cada siete días una raya más larga, porque eres libre de hacer las rayas todo lo largas que quieras y nadie te lo puede impedir.
Luis Martín-Santos (Tiempo de silencio)
Di a mi alma: «soy tu salvación 23 »; dilo de modo que lo oiga. He aquí ante ti los oídos de mi corazón, Señor: ábrelos y di a mi alma: «soy tu salvación 24 ». Echaré a correr en pos de estas palabras, y te abrazaré. No quieras esconder de mí tu rostro 25 : muera yo para no morir, para verlo.
Augustine of Hippo (Confesiones)
Querer bien va de la mano del querer mal, y yo no consigo, no consigo concentrarme alrededor de ninguna buena voluntad. La maestra Oliviero tenía razón, soy mala. Ni siquiera sé mantener viva la amistad. Tú eres amable, Lenù, has tenido mucha paciencia conmigo. Pero esta noche lo he comprendido de un modo definitivo: siempre hay un solvente que actuando despacio, con un calor dulce, lo deshace todo, incluso cuando no hay terremoto. Por eso, por favor, si te ofendo, si te digo cosas feas, tú tápate los oídos, no quiero hacerlo y pese a todo lo hago. Por favor, por favor, ahora no me dejes, que, si no, me vengo abajo.
Elena Ferrante (The Story of the Lost Child (Neapolitan Novels, #4))
¡Qué raro resulta todo hoy! Y pensar que ayer las cosas andaban como siempre. ¿Habré cambiado durante la noche? Pensemos: ¿era yo la misma cuando desperté esta mañana? Casi puedo recordar sentirme un poco distinta. Pero si no soy la misma, la siguiente pregunta es ‘¿Quién cuernos soy?’ ¡Ah, ése es el gran dilema!
Lewis Carroll (Alicia en el País de las Maravillas)
¡Pero qué cosas extrañas pasan hoy! Y ayer todo sucedía como es usual. Me pregunto si cambié durante la noche. Déjame pensar, ¿era yo la misma cuando me levanté esta mañana? Creo recordar que me sentía un poco diferente. Pero si no soy la misma, la siguiente pregunta es, ¿quién de todo el mundo soy yo? ¡Ah, ese si que es un gran enigma!
Lewis Carroll (Alicia en el País de las Maravillas)
Inmerso en la corriente que acarrea todas estas vivas sensaciones, adquiero conciencia de que este ser que soy yo no es más que una minúscula pieza dentro del inmenso mosaico de la naturaleza. Al igual que el agua del río, no soy más que una mera parte reemplazable de un fenómeno natural que pasa por debajo del puente en dirección al mar.
Haruki Murakami (What I Talk About When I Talk About Running)
¿Cómo voy a irme yo de esta casa, si yo no soy Oliver? Oliver Twist no existe, Leonardo. Y su frío esta bien porque no existe. En cambio mi frío está aquí. Y dura cada segundo el maldito; mi frío no se va porque si como el frío de Oliver cuando se acaba un capitulo... La vida siempre está aquí, mi frío siempre va a seguir aquí. Siempre...
Fernando Molano Vargas (Un beso de Dick (Spanish Edition))
Para todos soy la negación de la vida. Soy algo así como el no ser. Un hombre no es como acción, luego no existe. ¿O existe a pesar de no ser? Es y no es. Ahí están esos hombres. Seguramente tienen mujer, hijos, casa. Quizá son unos miserables. Pero si alguien tratara de invadir su casa, de arrebatarles un centavo o de tocarles la mujer, se volverían como fieras. ¿Y yo por qué no me he rebelado? ¿Quién puede contestarme esa pregunta? Yo mismo no puedo. Sé que existo así, como negación. Y cuando me digo estas cosas no estoy triste, sino que el alma se me queda en silencio, y la cabeza en vacío. Entonces, después de ese silencio y vacío me sube desde el corazón la curiosidad del asesinato.
Roberto Arlt (Los siete locos (Los siete locos, #1))
¡Ah, reverendo padre! (me dicen), explícanos cómo el mal inunda toda la tierra." Mi ignorancia es igual a la de los que me formulan esta pregunta; a veces les digo que en el mundo todo va del mejor modo posible; pero los que se han arruinado o han sido mutilados en la guerra no me creen, y yo tampoco me lo creo; me retiro a mi casa abrumado por mi curiosidad y mi ignorancia. Leo nuestros antiguos libros y ellos espesan todavía más mis tinieblas. Hablo con mis compañeros: los unos me responden que hay que gozar de la vida y burlarse de los hombres; los otros creen saber algo y se pierden en ideas extravagantes; todo aumenta el sentimiento doloroso que experimento. A veces estoy a punto de caer en la desesperación cuando pienso que, después de tanto estudiar, no sé ni de dónde vengo, ni lo que soy, ni adónde iré, ni lo que será de mí." El estado de este buen hombre me causó verdadera pena: nadie era más razonable ni más sincero que él. Comprendí que cuantos más conocimientos tenía en su cabeza y más sensibilidad en su corazón, más desgraciado era.
Voltaire
La lección aprendida será esta: Hay sólo un Maestro y este Maestro es Dios, el Yo Soy dentro de ellos mismos "Yo Soy el Señor tu Dios que te sacó de la tierra de Egipto; fuera de la casa de la esclavitud". Yo Soy, tu conciencia, es Señor y Maestro y, por otra parte, tu conciencia no es ni Señor ni Maestro. Tú eres el Maestro de todo lo que siempre serás consciente de ser.
Neville Goddard (Tu Fe es tu Fortuna (Spanish Edition))
—Hay que andar con cuidado en esta vida. —¿Verdad que sí? Yo siempre soy muy cuidadosa. —Yo también. Merece la pena andar con tiento en este mundo. —Claro que sí. Eso le decía yo a Ignatius precisamente el otro día —mintió la señora Reilly—. Va y me dice: «Mamá, a que merece la pena andar con cuidado en este mundo». Y le digo: «Así es, hijo, hay que tener cuidado». —Ese es un buen consejo.
John Kennedy Toole (A Confederacy of Dunces)
—Hay que andar con cuidado en esta vida. —¿Verdad que sí? Yo siempre soy muy cuidadosa. —Yo también. Merece la pena andar con tiento en este mundo. —Claro que sí. Eso le decía yo a Ignatius precisamente el otro día — mintió la señora Reilly—. Va y me dice: «Mamá, a que merece la pena andar con cuidado en este mundo». Y le digo: «Así es, hijo, hay que tener cuidado». —Ese es un buen consejo.
John Kennedy Toole (A Confederacy of Dunces)
No hay hierbas que hagan crecer en nosotras la empatía y la justicia. No hay hierbas contra el capitalismo, el dolor y el cansancio. No hay hierbas para una mujer engañada y extraída de su tierra, violada e infectada para siempre. No las hay. Mientras tanto yo tengo esta botica, legado de La Mama Doma. Legado de Noris. Legado de Cecilia Ruano y Ceci. Legado de mi abuela. Esta botica que cargo como cura amarga de lo que soy.
Yuliana Ortiz Ruano (Botica)
Vos creés que hay una realidad postulable porque vos y yo estamos hablando en este cuarto y en esta noche, y porque vos y yo sabemos que dentro de una hora o algo así va a suceder aquí una cosa determinada. Todo eso te da una gran seguridad ontológica, me parece; te sentís bien seguro en vos mismo, bien plantado en vos mismo y en esto que te rodea. Pero si al mismo tiempo pudieras asistir a esa realidad desde mí, o desde Babs, si te fuera dada una ubicuidad, entendés, y pudieras estar ahora mismo en esta misma pieza desde donde estoy yo y con todo lo que soy y lo que he sido yo, y con todo lo que es y lo que ha sido Babs, comprenderías tal vez que tu egocentrismo barato ono te da ninguna realidad válida. Te da solamente una creencia fundada en el error, una necesidad de afirmar lo que te rodea para no caerte dentro del embudo y salir por el otro lado vaya a saber adónde.
Julio Cortázar
Cierra los ojos y serás testigo del mundo más allá de los mundos; cierra los oídos y escucharás la voz más allá de las palabras; cierra tus sentidos y experimentarás la realización más allá de las realizaciones. En esta comprensión no hay nacimiento ni muerte, ni principio ni fin, ni yo ni otro; en esta comprensión, todo es uno, uno es todo. En esta comprensión, mi corazón es tuyo, tu corazón es mío; en esta comprensión, tú eres yo, yo soy tú.
Abhijit Naskar
Aquí estoy, sentado sobre esta piedra aparente. Solo mi memoria sabe lo que encierra. La veo y me recuerdo, y como el agua va al agua, así yo, melancólico, vengo a encontrarme en su imagen cubierta por el polvo, rodeada por las hierbas, encerrada en sí misma y condenada a la memoria y a su variado espejo. La veo, me veo y me transfiguro en multitud de colores y de tiempos. Estoy y estuve en muchos ojos. Yo solo soy memoria y la memoria que de mí se tenga.
Elena Garro (Los recuerdos del porvenir)
Recuerdo la muerte de una joven de la que yo fui testigo en un campo de concentración. Es una historia sencilla; tiene poco que contar, y tal vez pueda parecer invención, pero a mí me suena como un poema. Esta joven sabía que iba a morir a los pocos días; a pesar de ello, cuando yo hablé con ella estaba muy animada. «Estoy muy satisfecha de que el destino se haya cebado en mí con tanta fuerza», me dijo. «En mi vida anterior yo era una niña malcriada y no cumplía en serio con mis deberes espirituales.» Señalando a la ventana del barracón me dijo: «Aquel árbol es el único amigo que tengo en esta soledad.» A través de la ventana podía ver justamente la rama de un castaño y en aquella rama había dos brotes de capullos. «Muchas veces hablo con el árbol», me dijo. Yo estaba atónito y no sabía cómo tomar sus palabras. ¿Deliraba? ¿Sufría alucinaciones? Ansiosamente le pregunté si el árbol le contestaba. «Sí» ¿Y qué le decía? Respondió: «Me dice: ‘Estoy aquí, estoy aquí, yo soy la vida, la vida eterna.»
Viktor E. Frankl (El hombre en busca de sentido)
El sentimiento de lo infinito sólo lo alcanzo, sin embargo, cuando estoy limitado al máximo. La mayor limitación del hombre es la persona; se manifiesta en la vivencia «¡yo no soy más que esto!». Sólo la consciencia de mi estrecha limitación en la persona me une a la infinitud del inconsciente. En esta consciencia me siento a la vez limitado y eterno, como el Uno y el Otro. Al saberme único en mi combinación personal, es decir, limitado, tengo la posibilidad de tomar consciencia también de lo infinito. Pero sólo así.
C.G. Jung (Memories, Dreams, Reflections)
He'd ride sometimes clear to the upper end of the laguna before the horse would even stop trembling and he spoke constantly to it in Spanish in phrases almost biblical repeating again and again the strictures of a yet untabled law. Soy comandante de las yeguas, he would say, yo y yo sólo. Sin la caridad de estas manos no tengas nada. Ni comida ni agua ni hijos. Soy yo que traigo las yeguas de las montañas, las yeguas jóvenes, las yeguas salvajes y ardientes. While inside the vaulting of the ribs between his knees the darkly meated heart pumped of who's will and the blood pulsed and the bowels shifted in their massive blue convolutions of who's will and the stout thighbones and knee and cannon and the tendons like flaxen hawsers that drew and flexed and drew and flexed at their articulations of who's will all sheathed and muffled in the flesh and the hooves that stove wells in the morning groundmist and the head turning side to side and the great slavering keyboard of his teeth and the hot globes of his eyes where the world burned.
Cormac McCarthy (All the Pretty Horses (The Border Trilogy, #1))
A mí, Hasan, hijo de Mohamed el alamín, a mí, Juan León de Médicis, circuncidado por la mano de un barbero y bautizado por la mano de un papa, me llaman hoy el Africano, pero ni de África, ni de Europa, ni de Arabia soy. Me llaman también el Granadino, el Fesí, el Zayyati, pero no procedo de ningún país, de ninguna ciudad, de ninguna tribu. Soy hijo del camino, caravana es mi patria y mi vida la más inesperada travesía. Mis muñecas han sabido a veces de las caricias de la seda y a veces de las injurias de la lana, del oro de los príncipes y de las cadenas de los esclavos. Mis dedos han levantado mil velos, mis labios han sonrojado a mil vírgenes, mis ojos han visto agonizar ciudades y caer imperios. Por boca mía oirás el árabe, el turco, el castellano, el beréber, el hebreo, el latín y el italiano vulgar, pues todas las lenguas, todas las plegarias me pertenecen. Mas yo no pertenezco a ninguna. No soy sino de Dios y de la tierra, y a ellos retornaré un día no lejano. Y tú permanecerás después de mí, hijo mío. Y guardarás mi recuerdo. Y leerás mis libros. Y entonces volverás a ver esta escena: tu padre, ataviado a la napolitana, en esta galera que lo devuelve a la costa africana, garrapateando como mercader que hace balance al final de un largo periplo. Pero no es esto, en cierto modo, lo que estoy haciendo: qué he ganado, qué he perdido, qué he de decirle al supremo Acreedor? Me ha prestado cuarenta años que he ido dispersando a merced de los viajes: mi sabiduría ha vivido en Roma, mi pasión en el Cairo, mi angustia en Fez, y en Granada vive aún mi inocencia.
Amin Maalouf (Leo Africanus)
Yo soy vasco. [...] Allá en Guipúzcoa, mi tierra, hay buenos prados, hermosas montañas verdes y jugosas manzanas. Hay agua fresca y abundante, pero todo es una bella trampa. Allí se nace y se muere y siempre se irá uno de esta vida con el desconsuelo de algo. Quizá sea el desconsuelo del tiempo. Por eso mi tierra da buenos marinos. Los vascos se echan al mar porque necesitan palpar el tiempo y el tiempo se palpa en el mar o... aquí, en estos horizontes siempre abiertos y vacíos, en estas llanuras muertas y presentes cada mañana. Un mar, al fin y al cabo, un mar de lavas y arenas.
Rafael Arozarena (Mararía)
Mientras bailo, se me ocurre un razonamiento que nunca he olvidado. Nunca sabré qué milagro me proporciona ese conocimiento. Me salvará la vida muchas veces, incluso después de que el horror haya acabado. Veo que el doctor Mengele, el avezado asesino que esta misma mañana ha asesinado a mi madre, da más lástima que yo. Yo soy libre en mi mente, cosa que él nunca será. Él tendrá que vivir para siempre con lo que ha hecho. Está más prisionero que yo. Cuando concluyo mi coreografía con un elegante spagat final, rezo, pero no rezo por mí. Rezo por él. Para que no sienta la necesidad de matarme.
Edith Eger (La bailarina de Auschwitz: Una inspiradora historia de valentía y supervivencia)
¿PARADOJAS DEL DESTINO? Sentí un silencio frío y absoluto. ¡Dani! ¡Hijito! ¿Estás bien? ¿Dónde estás? ¿Te hiciste daño?¡¿Daniiiii?! ¿Por qué no me contestás hijo? Qué oscuro y frío está todo. No puedo ver nada. Qué silencio. ¿Dani? ¿Me escuchás? ¿Estás bien hijito? No tendría que haber mirado ese mensaje mientras manejaba. ¡Qué estúpido que soy a veces! Hijito, ¿estás bien? ¡Volcamos y nos hicimos pelota! No veo ni escucho nada, no sé dónde estoy. ¿Estaré internado? ¿Estaré muerto? ¿Dani? Me mata tu silencio. ¡¿Estás bien?! Pará, ya puedo ver un leve resplandor. Me siento atrapado. Dani, ¿estás ahí? Carajo, no puedo moverme. Estoy como envuelto en un plástico. Tengo que salir de acá. Hay una luz ¿la ves Dani? Es cada vez más intensa. A ver, sí, creo que puedo romper esta envoltura. Ya estoy casi afuera. La luz me enceguece. Qué lugar más extraño. Nunca había visto algo así ¿y vos? No se parece a la Tierra. ¿Estaré muerto? ¿En otro planeta? ¡Uy, por Dios, y esos monstruos espantosos! ¡Qué asquerosos y espeluznantes que son! Parecen extraterrestres. ¡Son Aliens! ¡Estoy en otro planeta, claramente! No puedo creerlo. Necesito escapar urgente o estos monstruos seguro que me devoran. Tengo que alejarme. Tengo mucho miedo. ¿Estoy flotando? ¿Estoy volando? Sí, vuelo. ¿A ver? Voy a subir más alto para tratar de escapar. Ya no veo a los Aliens y el paisaje parece menos aterrador. Creo que lo logré. Hay mucho viento. ¿Es eso una carretera? Se ven como unos vehículos allá abajo. ¿Serán los transportes de los extraterrestres? Voy a descender un poco. ¡Veo personas! ¿Estoy en la Tierra? ¿Será esto un universo paralelo? ¿Dónde estará Dani? ¡Daniiiiii! No tendría que haber mirado ese mensaje mientras manejaba. Esa torre que está allá abajo se parece mucho al tanque de agua de mi pueblo. Es idéntica; pero la torre de mi pueblo no tiene ese inmenso edificio al lado. Todo esto es muy semejante a mi barrio, pero no es exactamente igual: hay muchos más edificios acá. Ahí está el río. Ah, y la fábrica. Definitivamente es mi barrio, pero luce algo diferente. Debo estar en un universo paralelo nomás. Es increíble que pueda flotar. La gente parece no advertir mi presencia. ¿Seré un fantasma? Tengo que volver a mi casa para ver si está Dani. Dios quiera que esté sano y salvo. Gabriela debe estar preocupadísima por el choque. ¡Ahí está mi casa! ¿Y esos autos de quiénes serán? La fachada está pintada de otro color. ¡Qué extraño todo! Hay alguien en el jardín. ¡Qué crecidos están los árboles que planté en primavera! Es…es… ¡¿Dani?! Sí, ¡sí! ¡Es Dani! Pero qué cambiado está, parece más grande, parece… ¡todo un muchacho! Lo importante es que está bien por suerte. Necesito abrazarlo bien fuerte y decirle cuánto lo quiero. ¿Podrá verme si soy un fantasma? Me voy a acercar despacito para no asustarlo. Necesito tocarlo, acariciarlo. ¿No me ve? Me voy a acercar más. Ahora sí, al menos movió la cabeza, creo que ya notó mi presencia. ¡Qué hambre me agarró de golpe! ¡No puedo detenerme! ¡¿Qué haces hijito?! ¡Soy yo! ¡Tu papá! ¿Hijito querido? ¡No puedo frenarme! ¡Tengo demasiada hambre! ¡Ahhhh qué ricoooo! ¡Qué placeeeer! ¡Nooo Daniii! ¡Noooooo!... ¡Soy tu papá!... ¡Pafffff! –Mamá, trae repelente que está lleno de mosquitos en el jardín –gruñó Daniel, mientras limpiaba en su pantalón la sangre que tenía en la palma de su mano derecha. Gabriela, que justo salía, frenó con brusquedad su marcha, se dio vuelta hacia la casa, y gritó: -¡Querido, trae por favor el repelente que está arriba de la chimenea! De nuevo el silencio frío y absoluto. FIN
Gonzalo Guma (Equinoccio. Susurros del destino)
¿Por qué hacemos esto? Si yo fuese inteligente, sabría la respuesta a esta pregunta. Creo que todo lo que hacemos lo hacemos porque es lo que más se acerca a continuar siendo niños. Porque ninguno de nosotros podía aceptar que lo de ser niños se había terminado, y queríamos seguir jugando. Queríamos disfraces y aventuras y fantasía y romance. Y esto era un sustitutivo decente: las chapas de hojalata, y el llavero dringui-li-drong, las canciones escandalosas, la ropa rasgada, los empujones por las esquinas, los cabellos de colores y el grupo. La panda. Los cuatro. Los Cuatro y el Misterio de las Duelistas. Tom Sawyer y Huckleberry Finn: Carnaval y yo, los dos allí, Dos Años de Vacaciones en nuestra propia miseria. ¿No es eso la adolescencia, después de todo? Un estiramiento inhumano y antinatural y dañino de la niñez. Un disparar los últimos cartuchos antes de ingresar en la vejez. Sólo que algunos cabezotas nos encariñamos con ella y, terminados los cartuchos, cargamos con la bayoneta, y luego, cuando ésta se rompió, fuimos a la carga con la culata, y luego con las manos, y luego con el culo y luego con los dientes. Con lo que hiciera falta. Sin aceptar la derrota, estúpidamente. El cuerpo de la gallina que sigue correteando tras el descabezamiento y aún no le ha llegado la información de que Ya No. Eh, Tú, Que Ya Está. La cola de lagartija, altamente desinformada de la situación actual. La cola de lagartija, enzarzada en una nueva victoria pírrica y quizás, seguro, inútil. Ahí, sobreviviendo sin futuro. Ahí, bailando. Bailar es lo que haces cuando aún no te has enterado de lo mal que están las cosas. O cuando ya te has enterado, pero quieres olvidarlo a toda costa, ¿no? Bailar para no llorar. Bailar para mantener alejada la marea de la tristeza. Si yo fuese inteligente, sabría todo esto. Pero no lo soy, y no lo sé.
Kiko Amat
Pero si el tiempo existe sólo en mi mente y yo soy el último ser humano, el tiempo finalizará con mi muerte. Me reconforta la idea. A lo mejor está en mi mano asesinar el tiempo. La gran red se romperá y caerá en el olvido con su triste cargamento. Habría que agradecérmelo, pero después de mi muerte nadie sabrá que he asesinado el tiempo. Todas estas elucubraciones carecen de interés, realmente. Las cosas suceden sin más y yo, como tantos millones de seres humanos antes que yo, les busco un sentido porque mi vanidad me impide reconocer que el único sentido de un acontecimiento reside en él mismo exclusivamente.
Marlen Haushofer (The Wall)
--Adiós --dijo el zorro--. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos. -- Lo esencial es invisible para los ojos --repitió el principito para recordarlo. --Lo que hace tan especial a tu rosa es el tiempo que has pasado con ella. --Es el tiempo que he pasado con ella... --repitió el principito para recordarlo. --Los hombres han olvidado esta verdad --dijo el zorro--, pero tú no debes olvidarla. Siempre serás responsable de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa.. --Yo soy responable de mi rosa... --repitió el principito para recordarlo.
Antoine de Saint-Exupéry (El Principito)
13) Desde que empecé estas notas sin texto oigo como rumor de fondo algo que escribiera Jaime Gil de Biedma sobre el no escribir. Sin duda, sus palabras aportan mayor complejidad al laberíntico tema del No: "Quizá hubiera que decir algo más sobre eso, sobre el no escribir. Mucha gente me lo pregunta, yo me lo pregunto. Y preguntarme por qué no escribo, inevitablemente desemboca en otra inquisición mucho más azorante: ¿por qué escribí? Al fin y al cabo lo normal es leer. Mis respuestas favoritas son dos. Una, que mi poesía consistió -sin yo saberlo- en una tentativa de inventarme una identidad; inventada ya, y asumida, no me ocurre más aquello de apostarme entero en cada poema que me ponía a escribir, que era lo que me apasionaba. Otra, que todo fue una equivocación: yo creía que quería ser poeta, pero en el fondo quería ser poema. Y en parte, en mala parte, lo he conseguido; como cualquier poema medianamente bien hecho, ahora carezco de libertad interior, soy todo necesidad y sumisión interna a ese atormentado tirano, a ese Big Brother insomne, omnisciente y ubicuo: Yo. Mitad Calibán, mitad Narciso, le temo sobre todo cuando le escucho interrogarme junto a un balcón abierto: "¿Qué hace un muchacho de 1950 como tú en un año indiferente como éste?" All the rest is silence.
Enrique Vila-Matas (Bartleby & Co.)
Veinte años fue ayer, y ayer era esta mañana, y esta mañana parece estar a años luz. -Soy como tú -dijo-. Me acuerdo de todo. Me detuve un instante. Si te acuerdas de todo, quise decirle, y de verdad eres como yo, entonces antes de que te vayas mañana, o cuando estés a punto de cerrar la puerta del taxi, te hayas despedido de todos los demás y no quede nada que decir en esta vida, entonces y solo entonces, vuélvete hacia mí, aunque sea en broma o como una última ocurrencia que hubiese significado todo para mí cuando estábamos juntos, y, al igual que hiciste en aquel entonces, mírame a la cara, aguántame la mirada, y llámame por tu nombre.
André Aciman (Call Me By Your Name (Call Me By Your Name, #1))
En vista de que ni siquiera esto soy capaz de comprender, he decidido no intentar comprender a Dios. Confieso humildemente mi incapacidad para resolver estas cuestiones. En esencia, mi mentalidad es la de Euclides: una mentalidad terrestre. ¿Para qué intentar resolver cosas que no son de este mundo? Te aconsejo que no te tortures el cerebro tratando de resolver estas cuestiones, y menos aún el problema de la existencia de Dios. ¿Existe o no existe? Estos puntos están fuera del alcance de la inteligencia humana, que sólo tiene la noción de las tres dimensiones. Por eso yo admito sin razonar no sólo la existencia de Dios, sino también su sabiduría y su finalidad para nosotros incomprensible.
Fyodor Dostoevsky (Los Hermanos Karamazov (Spanish Edition))
No ha sido muy difícil. Creí encontrar al menos un obstinado; pero los dientes de mi rueda se adaptan a todos los engranajes y los hacen andar. O bien podría decir que todos ellos están frente a mí como montones de pólvora y yo soy su mecha. ¡Es terrible que para encender a los demás la mecha misma deba destruirse! ¡He querido cuanto me he atrevido a hacer y haré cuanto he querido! Me creen loco. Por lo menos Starbuck lo cree… Pero soy demoníaco, ¡soy la locura enardecida! ¡Esa feroz locura que sólo se calma para comprenderse a sí misma! La profecía afirmaba que yo sería mutilado y… ¡Sí! He perdido esta pierna. Ahora profetizo que mutilaré a mi mutilador. Seré, pues, profeta y ejecutor a la vez.
Herman Melville (Moby Dick)
A la mano de Dios -replicó don Quijote-. Pues así es, quiero, señor caballero, que sepades que yo voy encantado en esta jaula, por envidia y fraude de malos encantadores; que la virtud más es perseguida de los malos que amada de los buenos. Caballero andante soy, y no de aquellos de cuyos nombres jamás la Fama se acordó para eternizarlos en su memoria, sino de aquellos que, a despecho y pesar de la mesma envidia, y de cuantos magos crió Persia, bracmanes la India, ginosofistas la Etiopía, ha de poner su nombre en el templo de la inmortalidad para que sirva de ejemplo y dechado en los venideros siglos, donde los caballeros andantes vean los pasos que han de seguir, si quisieren llegar a la cumbre y alteza honrosa de las armas.
Miguel de Cervantes Saavedra (Don Quixote (Great Works that Shape our World))
—Si hubiéramos tenido más tiempo, me habría enamorado de ti. Es posible que ya lo haya hecho. Espero que no me odies por decirlo, pero ahora sé que soy feliz. La gente tiene ideas preconcebidas sobre el tiempo que necesitas para estar seguro de decir una cosa como esta, pero yo no voy a mentir, y me da igual que nos quede muy poco tiempo. La gente pierde el tiempo, siempre está a la espera de que llegue el momento adecuado; nosotros no disponemos de ese lujo. Si tuviéramos unas vidas enteras por delante, creo que acabarías hartándote de escucharme decir lo mucho que te amo, porque estoy segurísimo de que eso es lo que nos está pasando. Pero como estamos a punto de morir, te lo voy a repetir una y otra vez: te amo, te amo, te amo...
Adam Silvera (They Both Die at the End (They Both Die at the End, #1))
Aunque se lamentaba de tener que cumplir sus compromisos sociales y se declaraba amante de la soledad, a Poirot le gustaban muchísimo todas estas cosas. el que le bailaran el agua y le trataran como el centro de la reunión le venía de perilla. En algunas ocasiones llegaba a ronronear como un gato. Le he visto recibir tranquilamente los cumplidos más desorbitados como si se tratara de un homenaje merecido, y proferir con el peor gusto frases tan engreídas que me resisto a ponerlas por escrito. Algunas veces discutía conmigo sobre este tema. -Pero, amigo mío, yo no soy anglosajón. ¿Por qué motivo he de hacerme el hipócrita? Sí, sí, eso es lo que hacen todos ustedes. El aviador que ha realizado un vuelo difícil, el campeón de tenis, bajan los ojos y farfullan de un modo ininteligible que "no tiene importancia". ¿Lo creen ellos así? En absoluto. Admitirían la hazaña si la hubiera realizado otro. Por lo tanto, lógicamente tienen que admirarla habiéndola realizado ellos. Pero su educación les impide reconocerlo. Yo no soy así. Las cualidades que yo poseo las respetaría en otro. Se da la circunstancia de que en mi terreno no hay nada que me iguale. C'est dommage! Por lo tanto, reconozco abiertamente y sin hipocresía que soy un gran hombre. Poseo las virtudes del orden, el método y la psicología en un grado extraordinario. Soy, en una palabra, Hércules Poirot. ¿Por qué motivo tengo que ponerme colorado, y tartamudear y farfullar entre dientes diciendo que soy muy tonto? No sería cierto.
Agatha Christie (The Regatta Mystery and Other Stories)
Tú siempre has entendido el porqué de mis actos. Los demás no me entienden, ni siquiera los que me odian. Ellos tienen su ideología y sus prerrogativas: con estas dos cosas lo explican todo; gracias a esto justifican cualquier cosa, el éxito como el fracaso; yo soy un fallo en el sistema, la conjunción fortuita y rarísima de muchos imponderables. No son mis actos lo que me reprochan, no mi ambición o los medios de que me he valido para satisfacerla, para trepar y enriquecerme: eso es lo que todos queremos; ellos habrían obrado igual si les hubiera impelido la necesidad o no les hubiera disuadido el miedo. En realidad soy yo quien ha perdido. Yo creía que siendo malo tendría el mundo en mis manos y sin embargo me equivocaba: el mundo es peor que yo.
Eduardo Mendoza (La ciudad de los prodigios)
Se le había ocurrido la pequeña historia de una ballena nacida en el desierto, y eso era todo lo que conocía. Tenía buenos amigos entre las plantas y los animales del desierto, sólo algo no estaba bien, y era la arena que tiraba por su agujero: le raspaba. Eso la confundía porque toda su vida la había pasado ahí. Poco a poco, sin saber cómo, creció la sensación de que tenía que partir a alguna otra parte. Sin imaginar una llegada, sólo irse. Un día se despidió de sus amigos y partió. La historia termina con un largo camino que hizo, sintiéndose peor porqiue ya no estaba allá y todavía no había llegado a ninguna parte. Hasta que un día llegó al mar y no sólo el agua que soplaba por su agujro no la raspaba, sino que además había encontrado otras ballenas. Obviamente quiero decir que yo también me siento como esa ballena y que sólo sé irme y ya perdí todos los caminos de regreso y que de esto se trata lo que escribo (soy el número un millón, de los que se identifican los la ballena de esa historia). Peor en verdad hay algo más que me gusta en esa historia y es que en la ballena había un conocimiento sobre cierto orden o sentido de las cosas, aun cuando no supiera de dónde venía, ni que su malestar era por eso. En ella misma había una proporción no correspondida que se expresaba como esa voz que oía: Aquí no es, así no es. Posdata número cuatro: me gusta la idea de que el propio ser está destinado a encajar bien y no a vivir patas arriba como el loco del tarot. Posdata número cinco: esta es la única historia que conozco en la que encajar bien es lo contrario de conformarse
Luis María Pescetti (El ciudadano de mis zapatos)
Pero esta vez no puedo, me quedo callada, me levanto discretamente de la mesa y voy al baño porque tengo el pecho lleno de algo, como de un ruido colosal, y sollozo. Me enfado menos con su abuelita que conmigo misma por volver a sentir esa herida. La de mi abuelita Vicki y la de tantas en las que se intersectan otros dolores en un cuerpo parecido. ¿Por qué lloro? ¿Por qué me ofende? ¿Porque yo fui a la universidad? ¿Porque no quise ser Victoria que no quiso ser Josefina? ¿Porque yo también considero que ser una trabajadora del hogar es ser menos que una periodista que escribe en El País? ¿Porque eso me recuerda mi racialización, la raza que siempre ha sido y siempre será la medida de mí misma? Porque duele que vuelvan a meterme entera en ese casillero de sus cabezas. Porque soy Victoria y no lo soy.
Gabriela Wiener (Huaco retrato)
Por lo tanto, para decirlo todo en dos palabras, los que hayan de cuidar de nuestro Estado vigilarán especialmente para que la educación se mantenga pura; y, sobre todo, para que no se haga ninguna innovación irregular ni en la gimnasia ni en la música; temiendo que, si algún poeta dice: Los cantos más nuevos que surgen de boca de los aedos son los que más agradan. No sea porque el poeta se refiere a canciones nuevas, sino a una manera nueva de cantar, y por lo mismo no deben aprobar semejantes innovaciones. No debe alabarse ni introducirse alteración ninguna de esta especie. En materia de música han de estar muy prevenidos para no admitir nada, porque corren el riesgo de perderlo todo, o como dice Damón, y yo soy en esto de su dictamen, no se puede tocar las reglas de la música sin conmover las leyes fundamentales del gobierno.
Plato (La República)
Mujer negra Todavía huelo la espuma del mar que me hicieron atravesar. La noche, no puedo recordarla. Ni el mismo océano podría recordarla. Pero no olvido el primer alcatraz que divisé. Altas, las nubes, como inocentes testigos presenciales. Acaso no he olvidado ni mi costa perdida, ni mi lengua ancestral Me dejaron aquí y aquí he vivido. Y porque trabajé como una bestia, aquí volví a nacer. A cuanta epopeya mandinga intenté recurrir. Me rebelé. Su Merced me compró en una plaza. Bordé la casaca de su Merced y un hijo macho le parí. Mi hijo no tuvo nombre. Y su Merced murió a manos de un impecable lord inglés. Anduve. Esta es la tierra donde padecí bocabajos y azotes. Bogué a lo largo de todos sus ríos. Bajo su sol sembré, recolecté y las cosechas no comí. Por casa tuve un barracón. Yo misma traje piedras para edificarlo, pero canté al natural compás de los pájaros nacionales. Me sublevé. En esta tierra toqué la sangre húmeda y los huesos podridos de muchos otros, traídos a ella, o no, igual que yo. Ya nunca más imaginé el camin a Guinea. ¿Era a Guinea? ¿A Benín? ¿Era a Madagascar? ¿O a Cabo Verde? Trabajé mucho más. Fundé mejor mi canto milenario y mi esperanza. Aquí construí mi mundo. Me fui al monte. Mi real independencia fue el palenque y cabalgué entre las tropas de Maceo. Sólo un siglo más tarde, junto a mis descendientes, desde una azul montaña. Bajé de la Sierra Para acabar con capitales y usureros, con generales y burgueses. Ahora soy: sólo hoy tenemos y creamos. Nada nos es ajeno. Nuestra la tierra. Nuestros el mar y el cielo. Nuestras la magia y la quimera. Iguales míos, aquí los veo bailar alrededor del árbol que plantamos para el comunismo. Su pródiga madera ya resuena.
Nancy Morejón
Con estas cartas he iniciado mi aproximación a Rilke. No cabe duda de que el checo respiraba y exhalaba poesía. Para ilustrarlo, unas breves citas que no necesitan mayor explicación, sólo hay que gozarlas. “Y aun permaneciendo en mi tristeza, soy feliz sintiendo que es usted, Bella; soy feliz por haberme entregado sin miedo a su belleza como un pájaro se entrega al espacio; feliz, Querida, por haber caminado como un verdadero creyente sobre las aguas de nuestra incertidumbre hasta la isla de su corazón donde florecen dolores. En fin: feliz.” "El trabajo del artista debe ser como la muerte; hay que entrar por entero en él, sin reserva alguna, solo, sin poseer nada salvo esta moneda que se ponía en la boca de los muertos para asegurarles el trayecto de ese río trágico que les separaba para siempre de sus amigos. ¿Sentirá usted, al menos, mi alma que volteará a menudo a su alrededor y al de nuestros queridos recuerdos?" "Estará usted aquí, se lo digo a mi habitación, sobre todo al gran sillón al que le gusta hacerse más vasto a su alrededor y que está infinitamente orgulloso de ser casi tocado por un Alma; pues sabe que sólo un poco de delicioso cuerpo lo separa de la suya. Hasta la vista, Querida, has muy pronto." "Mi estado, tal como lo vio, seguía empeorando; no he escrito ni una sola línea durante esos largos meses y ni siquiera la primavera ha sabido, esta vez, aliviarme; aumentaba, pero yo estaba separado de ella por todos mis sentidos que permanecían cerrados y opacos. Ése debe de ser (cuántas veces lo habré pensado) el estado de un tallo roto que una brizna de corteza sujeta todavía a su árbol, pero que, interiormente, no corresponde ya a la feliz savia con la que se embriagan todas las ramas a su alrededor.
Rainer Maria Rilke
Éste es el árbol del pulmón. Estas orquídeas son espléndidas. Moteadas y enroscadas como serpientes. El corazón es una campánula roja, angustiada. ¡Qué pequeño soy comparado con estos órganos! Arrastrándome como un gusano, Me interno en esta espesura púrpura, tajo tras tajo. La sangre es un ocaso. La admiro. ... Los intricados conductos azules que hay debajo de este pálido mármol. Cuánto admiro a los romanos: ¡Los Acueductos, los Baños de Caracalla, la nariz aguileña! El cuerpo es un objeto romano. ... Es una estatua que los camilleros se llevan Después de que yo la haya perfeccionado ... Mañana el paciente tendrá un miembro limpio, rosado, de plástico. Sobre una de las camas de la sala, una lucecilla azul Anuncia una nueva alma. La cama es azul. Esta noche, para esa persona, el azul es un color maravilloso. Los ángeles de la morfina le han levantado el ánimo, Y ahora flota a ras del techo, Oliendo la brisa de la aurora. Yo ando entre estas gentes que duermen en sarcófagos de gasa.
Sylvia Plath
He'd ride sometimes clear to the upper end of the laguna before the horse would even stop trembling and he spoke constantly to it in Spanish in phrases almost biblical repeating again and again the strictures of a yet untabled law. Soy comandante de las yeguas, he would say, yo y yo sólo. Sin la caridad de estas manos no tengas nada. Ni comida ni agua ni hijos. Soy yo que traigo las yeguas de las montañas, las yeguas jóvenes, las yeguas salvajes y ardientes. hile inside the vaulting of the ribs between his knees the darkly meated heart pumped of who's will and the blood pulsed and the bowels shifted in their massive blue convolutions of who's will and the stout thighbones and knee and cannon and the tendons like flaxen hawsers that drew and flexed and drew and flexed at their articulations of who's will all sheathed and muffled in the flesh and the hooves that stove wells in the morning groundmist and the head turning side to side and the great slavering keyboard of his teeth and the hot globes of his eyes where the world burned.
Cormac McCarthy (All the Pretty Horses (The Border Trilogy, #1))
Podrías POR FAVOR dejar de aprecer de la nada y asustarme" Pagan "Normalmente no eres tan Irritable". Dank "Mantente fuera de mi habitación, Podría haber estado Desnuda". Pagan "¿Quieres que vuele lejos?. Eso es lindo". Dank "No queria ser Linda, pero parecia que ya no podía seguir enojada tampoco". Pagan "¿Su risa había causado este calor relajante en mi cuerpo?". Pagan "Estupido Tipo Muerto Parlante". Pagan "Pagan: ¿Has estado Observandome? Dank: Durante semanas, Pagan, Durante Semanas..." "No puedo decirte lo que soy, Ya he roto Demasiadas Reglas". Dank "Nunca he tenido Problema en dejar saber a una Chica que me interesa... Hasta Ahora". Leif "Siento el dolor de cada corazon que tomo". Cancion de Dank "La oscuridad me abraza, pero la luz aún dibuja mi alma Vacía". Canción de Dank "El vacío en el que solía usar dolor, para llenar el agujero ya no me controla, ya no me llama, Gracias a ti". Cancion de Dank "Dank Walker esta aqui. Como, en nuestra escuela. Como, Inscrito en nuestra escuela. ¿Puedes Creerlo?". Miranda "Dank Walker. El alma, Mi alma ¿Era Dank Walker, el Rockero? "El tipo parece que no puede apartar los ojos de ti, No es que lo pueda Culpar". Leif "Te necesito, Nunca dudes de mi necesidad por ti". Dank "Sabía que el rosa pálido te sentaría, la mayoría de las chicas no pueden llevarlo, pero en ti, es Perfecto". Dank "Tu eres lo único que mas quiero en el Mundo. Sin Embargo, lo único que no puedo Tener". Dank "Sin Embargo Te quedas, Aferrandote a mi, pero te Quedas". Canción de Dank. "Mi Primer sabor de el, hizo Girar mi Mundo". Pagan "Te he dado vida, cuando estaba en mis manos darte Muerte. Alejate de Mi". Cancion de Dank "Alejate de mi, antes de que colapse y te lleve conmigo". Canción de Dank. "Eres una chica Frustante. No eres como ninguna de las almas que he conocido". Dank "Yo no soy un hombre, Por lo que no tengo un Corazón, que ame como un ser humano lo hace". Dank "Tu eres mi existencia, Yo soy Tuyo". Dank "Eres Mía ahora, Mientras camines por la Tierra me perteneces, Nada puede hacerte Daño". Dank "Es practicamente imposible hacer daño a lo que La Muerte proteje". Dank
Abbi Glines (Existence (Existence, #1))
Como dice Aristóteles, y es cosa verdadera, el mundo por dos cosas trabaja: la primera, por tener mantenencia, y la otra cosa era por haber juntamiento con hembra placentera. Si lo dijese yo, podríaseme culpar; dícelo gran filósofo, no se me ha de acusar; de lo que dice el sabio no debemos dudar, pues por obra se prueba el sabio y su hablar. Que dice verdad el sabio claramente se prueba: hombres, aves, animales, toda bestia de cueva, quiere, según natura, compaña siempre nueva, y mucho más el hombre que a toda costa se mueva. Mucho más digo del hombre que de toda criatura; todas en tiempo cierto se juntan, por natura; el hombre, sin seso en todo tiempo y sin mesura, siempre que puede, quiere hacer esta locura. El fuego siempre quiere estar en la ceniza, porque más arde siempre cuanto más se le atiza; el hombre cuando peca bien ve que se desliza, mas del mal no se parte, ça natura lo enriza. Y yo, como soy hombre y, como otro, pecador, tuve de las mujeres a veces gran amor; probar hombre las cosas no es portarse peor: saber el bien y el mal, y escoger lo mejor
Arcipreste de Hita (Libro de buen amor (Clásicos Castalia))
«No sé quién me ha puesto en el mundo, ni lo que es el mundo, ni lo que soy yo mismo; permanezco en una absoluta ignorancia acerca de todas estas cosas; no sé lo que es mi cuerpo, ni mis sentidos, ni mi alma, ni siquiera esta parte de mí mismo que piensa lo que estoy diciendo, que reflexiona sobre todo y sobre sí misma, y que se conoce tan poco como conoce todo lo demás. Veo estos espantables espacios del universo que me contienen, y me encuentro atado a un rincón de esta extensión tan vasta sin saber por qué estoy aquí y no en otro lugar, ni por qué ese corto lapso de tiempo que me dan para vivir me ha sido asignado a mí en vez de asignarse a otro por toda la eternidad que me ha precedido y por toda la que me sigue. No veo más que infinitos por todas partes que me envuelven como un átomo y como una sombra que no dura más que un instante sin retorno. Todo lo que sé es que no tardaré mucho en morir, pero lo que más ignoro es esta misma muerte que no podré evitar. Del mismo modo que no sé de dónde vengo, tampoco sé adónde voy; y sé solamente que al salir de este mundo he de caer para siempre o en la nada o en las manos de un Dios irritado, sin que sepa cuál de estas dos situaciones ha de corresponderme eternamente. Tal es mi estado, lleno de debilidad y de incertidumbre. Y de todo eso saco la conclusión de que lo mejor es pasar todos los días de mi vida sin pensar en averiguar lo que debe ocurrirme. Tal vez pudiera encontrar alguna luz que disipase mis dudas; pero no quiero tomarme la molestia de buscarla, ni de dar un paso para averiguar, y luego, tratando con desdén a los que se ocupan de esta cuestión» —sea cual fuere la certeza que consigan, será motivo de desesperación más que de vanidad—, «me dirijo con ignorancia y sin temor, hacia el misterio de algo tan grande, dejándome blandamente conducir a la muerte, en la incertidumbre de la eternidad de mi condición futura». ¿Quién desearía tener por amigo a un hombre que discurriese de ese modo? ¿Quién le elegiría entre todos los demás para hacerle partícipe de sus asuntos? ¿Quién recurriría a él en sus aflicciones? Y finalmente, ¿a qué función de la vida se le podría destinar?
Blaise Pascal (Pensées)
Kevin se volvió de nuevo a la cámara y dijo: —Mi historia es, prácticamente, lo único que tengo hoy a mi nombre, y ése es el motivo de que me sienta robado. Pero una historia es mucho más de lo que la mayoría de la gente llega a tener en su vida. Todos ustedes, los que me están viendo ahora, están atentos a lo que digo porque tengo algo que ustedes no tienen: un argumento que compré y pagué. Eso es lo que quieren todos ustedes y por lo que me están chupando la sangre. Quieren mi historia. Sé cómo se sienten porque, sí, yo también sentía antes lo mismo. La televisión, los videojuegos, las películas, las pantallas de ordenador… El 8 de abril de 1999 salté a la pantalla. Pasé a ser uno de los mirados. Y desde entonces conozco el sentido de mi vida. Soy una buena historia. Tal vez un poco sanguinaria pero, reconózcanlo, los encantó a todos. La devoraron. ¡Vaya que sí! A estas horas debería estar cobrando del gobierno una pasta. Sin gente como yo, todo el país saltaría de un puente, porque lo único que la tele puede ofrecer es un ama de casa embolsándose los 64.000 dólares de «¿Quiere ser millonario?» por recordar el nombre del perro del presidente.
Lionel Shriver (We Need to Talk About Kevin)
3 Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? 4 Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. 5 Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. 6 Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. 7 Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. 8 Y todo esto será principio de dolores. 9 Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. 10 Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. 11 Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; 12 y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. 13 Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. 14 Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.
Casiodoro de Reina (Reina Valera 1960)
Estas cosas son fáciles de decir, pues las palabras no sienten vergüenza y nunca se sorprenden (14) Imágenes del pasado remoto se agolpan en mi cabeza, y la mitad de las veces soy incapaz de distinguir si son recuerdos o invenciones. Tampoco es que haya mucha diferencia, si es que hay alguna (14) Hay quien afirma, que sin darnos cuenta, nos lo vamos inventando todo, adornándolo y embelleciéndolo, y me inclino a creerlo, pues Madame Memoria es una gran y sutil fingidora (14) Me la debo de estar inventando (14) En mi opinión, los nombres de las mujeres casadas nunca suenan bien. ¿Es porque todas se casan con los nombres equivocados, o, en cualquier caso, con los apellidos equivocados? (17) …y en mi oído resonaban los tins y los plofs de sus tripas en su incesante labor de transubstanciación (18) Ahora me pregunto si ella también estaba enamorada de mí, y esas muestras de gracioso desdén eran una manera de ocultarlo ¿O todo esto no es más que vanidad por mi parte? (25) …y al presenciar todas aquellas cosas sentí el dolor dulce y agudo de la nostalgia, sin objeto pero definida, como el dolor fantasma de un miembro amputado (27) …permanecimos echados boca arriba durante mucho tiempo, como si practicáramos para ser los cadáveres que seríamos algún día (34) …y yo me quedé en medio de la sala, sin ser gran cosa, a duras penas yo mismo. Había momentos como ése, en los que uno estaba en punto muerto, por así decir, sin preocuparse de nada, a menudo sin fijarse en nada, a menudo sin ser realmente en ningún sentido vital (42) El Tiempo y la Memoria son una quisquillosa empresa de decoradores de interiores, siempre cambiando los muebles y rediseñando y reasignando habitaciones (43) En lugar de los tonos de color rosa y melocotón que había esperado –Rubens es en gran parte responsable de ello-, su cuerpo, de manera desconcertante, mostraba una variedad de tonos apagados que iban del blanco magnesio al plata y al estaño, un matiz mate de amarillo, ocre pálido, e incluso una especie de verde en algunos lugares y, en los recovecos, una sombra de malva musgoso (45) ¿Era eso estar enamorado, me pregunté, ese repentino y plañidero viento que te atravesaba el corazón? (62) …no estaba acostumbrado todavía al abismo que se abre entre la comisión de un hecho y el recuerdo de lo cometido (65) …la noche del último día ella ya me había dejado para siempre (75) No todo significa algo (100) Cómo anhelábamos en aquellos años, pasar aunque sólo fuera un día normal, un día en el que pudiéramos levantarnos por la mañana y desayunar sin preocuparnos por nada, leernos fragmentos del periódico el uno al otro y planear hacer cosas, y luego dar un paseo, y contemplar las vistas con una mirada inocente, y luego compartir un vaso de vino y por la noche irnos juntos a la cama (102) Debe de ser difícil acostumbrarse a que no haya nada que hacer (107) A lo largo de los años, los vagabundos, los auténticos vagabundos, han disminuido constantemente en calidad y cantidad (107) Qué frágil resulta este absurdo oficio en el que me he pasado la vida fingiendo ser otras personas, y sobre todo fingiendo no ser yo mismo (119) …tan sólo vulgarmente humana (123) El quinto de los seis cigarrillos que según ella son su ración diaria (143) …participar en una película es algo extraño, y al mismo tiempo no lo es en absoluto; se trata de una intensificación, una diversificación de lo conocido, una concentración en el yo ramificado; y todo eso es interesante, y confuso, y emocionante y perturbador (143) El hecho es que me echó a perder a otras (157) Era, como ya he dicho, todo un género en sí misma (158) Los cisnes, con su belleza estrafalaria y sucia, siempre me dan la impresión de mantener una fachada de indiferencia tras la cual realmente viven una tortura de timidez y duda (173)
John Banville
Díjele que entre nosotros existía una sociedad de hombres educados desde su juventud en el arte de probar con palabras multiplicadas al efecto que lo blanco es negro y lo negro es blanco, según para lo que se les paga. El resto de las gentes son esclavas de esta sociedad. Por ejemplo: si mi vecino quiere mi vaca, asalaria un abogado que pruebe que debe quitarme la vaca. Entonces yo tengo que asalariar otro para que defienda mi derecho, pues va contra todas las reglas de la ley que se permita a nadie hablar por si mismo. Ahora bien; en este caso, yo, que soy el propietario legítimo, tengo dos desventajas. La primera es que, como mi abogado se ha ejercitado casi desde su cuna en defender la falsedad, cuando quiere abogar por la justicia -oficio que no le es natural- lo hace siempre con gran torpeza, si no con mala fe. La segunda desventaja es que mi abogado debe proceder con gran precaución, pues de otro modo le reprenderán los jueces y le aborrecerán sus colegas, como a quien degrada el ejercicio de la ley. No tengo, pues, sino dos medios para defender mi vaca. El primero es ganarme al abogado de mi adversario con un estipendio doble, que le haga traicionar a su cliente insinuando que la justicia está de su parte. El segundo procedimiento es que mi abogado dé a mi causa tanta apariencia de injusticia como le sea posible, reconociendo que la vaca pertenece a mi adversario; y esto, si se hace diestramente, conquistará sin duda, el favor del tribunal. Ahora debe saber su señoría que estos jueces son las personas designadas para decidir en todos los litigios sobre propiedad, así como para entender en todas las acusaciones contra criminales, y que se los saca de entre los abogados más hábiles cuando se han hecho viejos o perezosos; y como durante toda su vida se han inclinado en contra de la verdad y de la equidad, es para ellos tan necesario favorecer el fraude, el perjurio y la vejación, que yo he sabido de varios que prefirieron rechazar un pingüe soborno de la parte a que asistía la justicia a injuriar a la Facultad haciendo cosa impropia de la naturaleza de su oficio. Es máxima entre estos abogados que cualquier cosa que se haya hecho ya antes puede volver a hacerse legalmente, y, por lo tanto, tienen cuidado especial en guardar memoria de todas las determinaciones anteriormente tomadas contra la justicia común y contra la razón corriente de la Humanidad. Las exhiben, bajo el nombre de precedentes, como autoridades para justificar las opiniones más inicuas, y los jueces no dejan nunca de fallar de conformidad con ellas. Cuando defienden una causa evitan diligentemente todo lo que sea entrar en los fundamentos de ella; pero se detienen, alborotadores, violentos y fatigosos, sobre todas las circunstancias que no hacen al caso. En el antes mencionado, por ejemplo, no procurarán nunca averiguar qué derechos o títulos tiene mi adversario sobre mi vaca; pero discutirán si dicha vaca es colorada o negra, si tiene los cuernos largos o cortos, si el campo donde la llevo a pastar es redondo o cuadrado, si se la ordeña dentro o fuera de casa, a qué enfermedades está sujeta y otros puntos análogos. Después de lo cual consultarán precedentes, aplazarán la causa una vez y otra, y a los diez, o los veinte, o los treinta años, se llegará a la conclusión. Asimismo debe consignarse que esta sociedad tiene una jerigonza y jerga particular para su uso, que ninguno de los demás mortales puede entender, y en la cual están escritas todas las leyes, que los abogados se cuidan muy especialmente de multiplicar. Con lo que han conseguido confundir totalmente la esencia misma de la verdad y la mentira, la razón y la sinrazón, de tal modo que se tardará treinta años en decidir si el campo que me han dejado mis antecesores de seis generaciones me pertenece a mí o pertenece a un extraño que está a trescientas millas de distancia.
Jonathan Swift (Los viajes de Gulliver)
El Espíritu Santo es una persona. Igual que tú, Él puede sentir, percibir y responder. Él se duele. Él tiene la habilidad de amar y la habilidad de odiar. Él habla, y tiene Su propia voluntad. Pero exactamente, ¿quién es Él? El Espíritu Santo es el Espíritu de Dios el Padre y el Espíritu de Dios el Hijo. Él es el poder de la Deidad—el poder de la Trinidad. ¿Cuál es Su obra? La obra del Espíritu es traer el mandamiento del Padre y la ejecución del Hijo. Para entender la obra del Espíritu Santo necesitamos entender la obra del Padre y del Hijo. Dios el Padre es el que da el mandamiento. Él es el que siempre ha dicho: «Sea hecho». Desde el principio, ha sido Dios, quién da las órdenes. Por otro lado, es Dios el Hijo quien ejecuta el mandamiento del Padre. Cuando Dios el Padre dijo: «Sea la luz», Dios el Hijo vino y lo hizo. Luego, Dios el Espíritu Santo trajo la luz. Permíteme ilustrarlo en esta forma. Si yo te pido: «Por favor, enciende la luz», tres fuerzas estarían envueltas. Primero, yo sería el que daría la orden. Segundo, tú serías el que iría al interruptor y lo enciendes. En otras palabras, tú eres el ejecutor de la orden. Pero finalmente, ¿quién trae la luz? No soy yo, ni tú. Es el poder—la electricidad—lo que produce la luz. El Espíritu Santo es el poder de Dios. Él es el poder del Padre y del Hijo. Él es quien ejecuta la obra del Hijo.
Benny Hinn (Buenos días, Espíritu Santo (Spanish Edition))
— ¡Crueldad notoria! —dijo Sancho—. ¡Desagradecimiento inaudito! Yo de mí sé decir que me rindiera y avasallara la más mínima razón amorosa suya. ¡Hideputa, y qué corazón de mármol, qué entrañas de bronce y qué alma de argamasa! Pero no puedo pensar qué es lo que vio esta doncella en vuestra merced que así la rindiese y avasallase: qué gala, qué brío, qué donaire, qué rostro, que cada cosa por sí déstas, o todas juntas, le enamoraron; que en verdad en verdad que muchas veces me paro a mirar a vuestra merced desde la punta del pie hasta el último cabello de la cabeza, y que veo más cosas para espantar que para enamorar; y, habiendo yo también oído decir que la hermosura es la primera y principal parte que enamora, no teniendo vuestra merced ninguna, no sé yo de qué se enamoró la pobre. — Advierte, Sancho —respondió don Quijote—, que hay dos maneras de hermosura: una del alma y otra del cuerpo; la del alma campea y se muestra en el entendimiento, en la honestidad, en el buen proceder, en la liberalidad y en la buena crianza, y todas estas partes caben y pueden estar en un hombre feo; y cuando se pone la mira en esta hermosura, y no en la del cuerpo, suele nacer el amor con ímpetu y con ventajas. Yo, Sancho, bien veo que no soy hermoso, pero también conozco que no soy disforme; y bástale a un hombre de bien no ser monstruo para ser bien querido, como tenga los dotes del alma que te he dicho.
Miguel de Cervantes Saavedra (Don Quijote de la Mancha)
¿Cómo no había yo de ser un lobo estepario y un pobre anacoreta en medio de un mundo, ninguno de cuyos fines comparto, ninguno de cuyos placeres me llama la atención? No soporto estar mucho tiempo ni en un teatro ni en un cine, apenas puedo leer un periódico, rara vez un libro moderno; no puedo comprender qué clase de placer y de alegría buscan los hombres en los hoteles y en los ferrocarriles totalmente llenos, en los cafés repletos de gente oyendo una música fastidiosa y pesada; en los bares y varietés de las elegantes ciudades lujosas, en las exposiciones universales, en las carreras, en las conferencias para los necesitados de ilustración, en los grandes lugares de deportes; no puedo entender ni compartir todos estos placeres, que a mí me serían desde luego asequibles y por los que tantos millares de personas de afan y se agitan. Y lo que, por el contrario, me sucede a mí en las raras horas de placer, lo que para mí es delicia, suceso, elevación y éxtasis, eso no lo conoce, ni lo ama, ni lo busca el mundo más que si acaso en las novelas; en la vida, lo considera una locura. Y en efecto, si el mundo tiene razón, si esta música de los cafés, estas diversiones en masa, estos hombres americanos contentos con tan poco tienen razón, entonces soy yo el que no la tiene, entonces es verdad que estoy loco, entonces soy efectivamente el lobo estepario que tantas veces me he llamado, la bestia descarriada en un mundo que le es extraño e incomprensible, que ya no encuentra ni su hogar, ni su ambiente, ni su alimento.
Hermann Hesse (Steppenwolf)
DÍA A DÍA Decir que el tiempo es río es decir nada, ni nace ni termina su corriente, fluye desde horizontes infinitos y seguirá, sin duda, hasta el olvido, nacer nadie lo vio, ni le verá acabar, en él flotamos por confusos trechos, el tiempo de surgir y sumergirse es el de nuestra vida, tan pequeña, tan torpe, tan voraz, tan impaciente que apenas nace y a morir empieza. Feliz llamaban los antiguos vates al que joven moría, eran los dioses los que daban el don de no ir más lejos. El fin siempre es temprano, cada día es toda la vida en tiempo pleno, no hay más que el hoy, que este momento solo en que conozco que estoy vivo y siento. Cada día es el día y cada hora es la única hora de la vida, todo el ayer se fue en reminiscencia y el mañana no existe todavía. No llegamos a viejos, sólo somos en la invariable vaguedad del ser, los nombres son equívocos, las fechas hacen inerte cuenta sin sentido, no somos el de ayer ni el de mañana, somos el de hoy apenas, la vida empieza en cada amanecida y la conciencia muere en cada noche. Yo podría contar la historia vana de una vida que acaso fue la mía, pero que es tan ajena y tan extraña ante esta hora en que me nombro y busco. No se es viejo ni joven, se está vivo y soy yo, el de hoy, quien hace el mundo con mi mano segura o temblorosa, con la errada visión que siempre tuve, jugando el juego de ausencias y presencias que sólo para mí tiene sentido. Todo está en ti, día que amaneces, toda mi vida en mí sin sobra y falta, como fue en cada hora ya contada, como será en un siempre día a día.
Arturo Uslar Pietri (El hombre que voy siendo)
—¡Arriba, princesita! El grito la sobresaltó, incorporándose de golpe, desorientada. Miró a su alrededor. La luz había vuelto, y Hewan estaba de pie en mitad de la estancia. Tenía una cadena más delgada en una mano, y una bolsa negra en la otra. Se había cambiado la falda de cuero de la noche anterior por otra de lana gruesa, tejida a cuadros verdes con líneas negras —¿No puedes ser más delicado a la hora de despertarme? —se quejó Rura con irritación. —¿La princesita se ha asustado? —Se llevó la mano al pecho, simulando estupor—. Lo lamento mucho, alteza imperialísima. ¿Vais a ordenar azotarme? Rura se levantó. Se sentía sucia y horrenda, con el pelo enredado y el quimono lleno de arrugas. Y olía a sudor. Hacía años que sus axilas no olían. —No me llames así —gruñó. —¿Princesita? ¿No te gusta? —Me importa un comino si me llamas princesita. No te dirijas a mí como Alteza Imperial. No tengo el derecho a usar el título. Rura intentó evitarlo, pero la amargura fue evidente en su voz. Hewan soltó una carcajada y puso los brazos en jarras. La cadena y la bolsa negra colgaban de sus manos. —Vaya, vaya, vaya… Así que no eres hija legítima —se burló—. Lástima. Pensaba utilizarte como moneda de cambio, pero ya veo que no me servirás ni para eso. Probablemente, cuando la noticia de tu captura llegue a oídos de tu padre, el gran príncipe heredero, se sentirá aliviado. ¿No es así? —¡Mi padre me quiere! —gritó furiosa—. ¿Me oyes, bestia inmunda? ¡Mi padre me quiere, y cuando venga a por mí, traerá con él todo el ejército imperial! ¡Destrozará estas montañas hasta encontrarme! Y tú y tu pueblo lo pagaréis con la exterminación. Se sintió como una niña malcriada gritando toda esa sarta de mentiras, pero en aquel momento no podía afrontar la verdad que había en las palabras de aquel extraño. La sonrisa de Hewan murió y su rostro se transformó en una máscara colérica. —Claro que te quiere, princesita —siseó. Tenía el cuello en tensión, y los tendones se marcaban, abultados bajo la piel—. Por eso permitió que tu esposo el gobernador te repudiara y te exiliara. Rura no contestó. ¿Qué iba a decir? ¿Confesar ante este extraño que se lo merecía por lo que había hecho? ¿Que tenía suerte de estar viva? Había conspirado para matar a Kayen. El hecho que fuese por orden de su padre, no la convertía en inocente. Además, estaba segura que su exilio tenía mucho más que ver con la paliza que le dio a la esclava, que con el intento de asesinato. —¿No dices nada? Rura se escondió de nuevo tras su máscara de princesa. Levantó la barbilla con orgullo y se negó a hablar. Hewan se acercó a ella, y Rura luchó con el impulso de huir de él. Le puso la bolsa delante de la cara. —Hueles que apestas —le dijo. Rura enrojeció de rabia y de vergüenza—. Te voy a llevar a los baños para que te puedas lavar, pero para eso tengo que taparte la cabeza. —No quiero ir. Puedo lavarme aquí si alguien me trae agua y jabón. —Nadie te ha pedido tu opinión, princesita. —Le pasó la bolsa por la cabeza y se la anudó en el cuello, por encima del collar metálico—. No te preocupes, no dejaré que te caigas… creo. Desenganchó la cadena que la mantenía sujeta a la pared, y aseguró la nueva cadena que llevaba en la mano, más delgada y corta. —¿Tienes que llevarme como si fuera un perro? —preguntó indignada— . No voy a echar a correr. —Por supuesto que no correrás —contestó Hewan, guasón—. Esta cadena no es para impedir que huyas; es para humillarte. —Eres un animal. —Puede ser, pero no soy yo el que lleva collar y cadena, princesita. Y que no se te ocurra intentar quitarte la bolsa de la cabeza: si lo haces, tendré que arrancarte esos bonitos ojos que tienes.
Alaine Scott (La princesa sometida (Cuentos eróticos de Kargul #3))
Nunca podré dejar de maravillarme de que esta carne sostenida por sus vértebras, este tronco unido a la cabeza por el istmo del cuello y que dispone simétricamente sus miembros en torno a él, contengan y quizá produzcan un espíritu que saca partido de mis ojos para ver y de mis movimientos para palpar... Conozco sus límites y sé que le faltará tiempo para llegar más allá, y asimismo fuerza, si por casualidad le fuera concedido el tiempo. Pero existe y, en estos momentos, él es Aquel que Es. Sé que se equivoca y yerra, que a menudo interpreta torcidamente las lecciones que el mundo le dispensa, pero también sé que hay en él algo que le permite conocer y en ocasiones rectificar sus propios errores. He recorrido al menos una parte de la bola del mundo en que nos hallamos; estudié el punto de fusión de los metales y la generación de las plantas; he observado los astros y examiné el interior de los cuerpos. Soy capaz de extraer de este tizón que ahora levanto la noción de peso, y de esas llamas la noción de calor. Sé que no sé lo que no sé; envidio a aquellos que sabrán más que yo, pero también sé que tendrán que medir, pesar, deducir y desconfiar de sus deducciones exactamente igual que yo, y ver en lo falso parte de lo verdadero, y tener en cuenta en lo verdadero la eterna mixtión de lo falso. Jamás me agarré a una idea por temor al desamparo en que caería sin ella. Nunca aliñé un hecho verdadero con la salsa de la mentira, para hacerme su digestión más fácil. Nunca deformé el parecer del adversario para llevar la razón más fácilmente, ni siquiera, durante el debate sobre el antimonio, el de Bombast, que no me lo agradeció. O más bien sí: me sorprendí haciéndolo y cada vez que esto ocurrió, me reñí a mí mismo como se riñe a un criado poco honrado, y no me devolví mi confianza hasta obtener de mí mismo la promesa de hacer las cosas mejor. He soñado mis sueños; no pretendo que sean más que sueños. Me guardé muy bien de hacer de la verdad un ídolo, prefiriendo dejarle su nombre más humilde de exactitud. Mis triunfos y mis riesgos no son los que se cree; existen glorias distintas de la gloria y hogueras distintas de la hoguera. He llegado casi a desconfiar de las palabras. Moriré un poco menos necio de lo que nací.
Marguerite Yourcenar (Opus nigrum)
Asunto: Estás totalmente imaginándome desnudo ahora mismo Missy, Entonces, ¿qué tal si tú y yo nos adentramos entre las pilas para hacer algo de "estantería"? Fulminó con la mirada el mensaje antes de golpear la respuesta. Asunto: Este es un entorno de trabajo y esto es acoso. Sr. Zaccadelli, Me dirijo a usted para informarle que su propuesta ha sido rechazada. Debido al hecho de que somos compañeros de trabajo, así como compañeros de cuarto, me parece inapropiado visitar las estanterías con usted. Voy a rechazar todas las nuevas ofertas en este momento. Si, en el futuro, me decido a entretener dicha oferta, le informaremos a través de correspondencia. Respetuosamente (no) tuya, Señorita Taylor Caldwell PD: Deja de enviarme jodidos correo electrónico. Vi sus ojos echarle una ojeada al mensaje y una sonrisa en su rostro. Me Miró fijamente a los ojos mientras escribía, nunca mirando el teclado. Golpeó la tecla enter con una leve inclinación de cabeza. Ping. Asunto: No es una casualidad Missy, Acepto el reto, y te recuerdo que si quieres que te deje en paz, esta esta pequeña apuesta que tenemos. Gánala, y me voy. Impacientemente (y descaradamente) tuyo, Sr. Hunter Aaron Zaccadelli, escudero. PD: Demuéstralo Oh, él no estaba recibiendo la última palabra. Baje el volumen en mi computadora e hice un rápido barrido visual en la habitación para asegurarme de que no íbamos a quedar arrestados. Todo el mundo estaba absorto en lo que estaban haciendo. Asunto: Desafío aceptado Sr. Zaccadelli, Si sigues así, te voy a reportar a la línea directa de trabajo para el acoso. Ellos no tienen la amabilidad por los tatuajes, tocar la guitarra-amigos avanzando hacia las niñas dulces e inocentes. El Juego comienza. Atentamente, La chica que nunca tendrás PD: Escudero? Estás tan lleno de mierda. Escuché una risa ahogada del lado de Hunter en la mesa, pero mantuve mis ojos pegados a la pantalla del ordenador. Escaleras. Las precauciones de seguridad cuando trabaje con escaleras... Ping. Mire a la computadora con irritación. Supongo que no podía apagar el sonido. Asunto: Vuelve al trabajo Missy, Me estás distrayendo de los más importantes tópicos de seguridad en el trabajo. ¿Cómo te sentirías si yo subiera mal una escalera por no aprender el procedimiento adecuado y luego cayera a mi muerte? Siempre, El chico sobre el que sueñas. P.D: Yo también soy un príncipe perdido en una tierra lejana. ¿Qué quieres hacerme ahora?
Chelsea M. Cameron
Ante la Ley hay un guardián. Hasta ese guardián llega un campesino y le ruega que le permita entrar a la Ley. Pero el guardián responde que en ese momento no le puede franquear el acceso. El hombre reflexiona y luego pregunta si es que podrá entrar más tarde. —Es posible —dice el guardián—, pero ahora, no. Las puertas de la Ley están abiertas, como siempre, y el guardián se ha hecho a un lado, de modo que el hombre se inclina para atisbar el interior. Cuando el guardián lo advierte, ríe y dice: —Si tanto te atrae, intenta entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda esto: yo soy poderoso. Y yo soy sólo el último de los guardianes. De sala en sala irás encontrando guardianes cada vez más poderosos. Ni siquiera yo puedo soportar la sola vista del tercero. El campesino no había previsto semejantes dificultades. Después de todo, la Ley debería ser accesible a todos y en todo momento, piensa. Pero cuando mira con más detenimiento al guardián, con su largo abrigo de pieles, su gran nariz puntiaguda, la larga y negra barba de tártaro, se decide a esperar hasta que él le conceda el permiso para entrar. El guardián le da un banquillo y le permite sentarse al lado de la puerta. Allí permanece el hombre días y años. Muchas veces intenta entrar e importuna al guardián con sus ruegos. El guardián le formula, con frecuencia, pequeños interrogatorios. Le pregunta acerca de su terruño y de muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y al final le repite siempre que aún no lo puede dejar entrar. El hombre, que estaba bien provisto para el viaje, invierte todo —hasta lo más valioso— en sobornar al guardián. Este acepta todo, pero siempre repite lo mismo: —Lo acepto para que no creas que has omitido algún esfuerzo. Durante todos esos años, el hombre observa ininterrumpidamente al guardián. Olvida a todos los demás guardianes y aquél le parece ser el único obstáculo que se opone a su acceso a la Ley. Durante los primeros años maldice su suerte en voz alta, sin reparar en nada; cuando envejece, ya sólo murmura como para sí. Se vuelve pueril, y como en esos años que ha consagrado al estudio del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de pieles, también suplica a las pulgas que lo ayuden a persuadir al guardián. Finalmente su vista se debilita y ya no sabe si en la realidad está oscureciendo a su alrededor o si lo engañan los ojos. Pero en aquellas penumbras descubre un resplandor inextinguible que emerge de las puertas de la Ley. Ya no le resta mucha vida. Antes de morir resume todas las experiencias de aquellos años en una pregunta, que nunca había formulado al guardián. Le hace una seña para que se aproxime, pues su cuerpo rígido ya no le permite incorporarse. El guardián se ve obligado a inclinarse mucho, porque las diferencias de estatura se han acentuado señaladamente con el tiempo, en desmedro del campesino. —¿Qué quieres saber ahora? –pregunta el guardián—. Eres insaciable. —Todos buscan la Ley –dice el hombre—. ¿Y cómo es que en todos los años que llevo aquí, nadie más que yo ha solicitado permiso para llegar a ella? El guardián comprende que el hombre está a punto de expirar y le grita, para que sus oídos debilitados perciban las palabras. —Nadie más podía entrar por aquí, porque esta entrada estaba destinada a ti solamente. Ahora cerraré.
Franz Kafka (Ante la ley)
Al principio de este capítulo identificamos varias amenazas prácticas al liberalismo. La primera es que los humanos pueden volverse inútiles desde los puntos de vista militar y económico. Esto no es más que una posibilidad, desde luego, no una profecía. Dificultades técnicas u objeciones políticas podrían desacelerar la invasión algorítmica del mercado laboral. Alternativamente, puesto que gran parte de la mente humana es aún territorio inexplorado, no sabemos en verdad qué talentos ocultos pueden descubrir los humanos y qué nuevas profesiones podrían crear para sustituir las pérdidas. Sin embargo, quizá esto no sea suficiente para salvar el liberalismo, porque el liberalismo no solo cree en el valor de los seres humanos: también cree en el individualismo. La segunda amenaza a la que se enfrenta el liberalismo es que en el futuro, mientras el sistema todavía pudiera necesitar humanos, podría no necesitar individuos. Los humanos continuarán componiendo música, enseñando física e invirtiendo dinero, pero el sistema comprenderá a estos humanos mejor de lo que ellos mismos se comprenden y tomará por ellos la mayor parte de las decisiones importantes. Por lo tanto, el sistema privará a los individuos de su autoridad y de su libertad. La creencia liberal en el individualismo se fundamenta en tres supuestos importantes que ya comentamos anteriormente: 1. Yo soy un in-dividuo, es decir, poseo una esencia única que no puede dividirse en ninguna parte o subsistema. Es cierto que este núcleo interno está envuelto por muchas capas externas. Pero si hago el esfuerzo de retirar esas cortezas externas, encontraré en lo más profundo de mí una voz interior clara y única, que es mi yo auténtico. 2. Mi yo auténtico es completamente libre. 3. De estos dos supuestos se infiere que puedo conocer cosas acerca de mí que nadie más puede descubrir. Porque solo yo tengo acceso a mi espacio interior de libertad y solo yo puedo sentir los susurros de mi yo auténtico. Esta es la razón por la que el liberalismo concede al individuo tanta autoridad. No puedo confiar en nadie para que elija por mí, porque nadie puede saber quién soy yo en realidad, qué siento y qué deseo. Esto explica que el votante sea quien mejor sabe lo que le conviene, por qué el cliente siempre tiene la razón y por qué la belleza está en el ojo del espectador. Sin embargo, las ciencias de la vida desafían los tres supuestos. Según las ciencias de la vida: 1. Los organismos son algoritmos, y los humanos no son individuos: son «dividuos». Es decir, los humanos son un conjunto de muchos algoritmos diferentes que carecen de una voz interior o un yo únicos. 2. Los algoritmos que conforman un humano no son libres. Están modelados por los genes y las presiones ambientales, y toman decisiones, ya sea de manera determinista, ya sea al azar, pero no libremente. 3. De ahí se infiere que un algoritmo externo puede teóricamente conocerme mucho mejor de lo que yo nunca me conoceré. Un algoritmo que supervisa cada uno de los sistemas que componen mi cuerpo y mi cerebro puede saber exactamente quién soy, qué siento y qué deseo. Una vez desarrollado, dicho algoritmo puede sustituir al votante, al cliente y al espectador. Entonces el algoritmo será quien mejor sepa lo que le conviene, el algoritmo siempre tendrá la razón y la belleza estará en los cálculos del algoritmo.
Yuval Noah Harari (Homo Deus: Breve historia del mañana)
— Dichosa edad y siglos dichosos aquéllos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes; a nadie le era necesario, para alcanzar su ordinario sustento, tomar otro trabajo que alzar la mano y alcanzarle de las robustas encinas, que liberalmente les estaban convidando con su dulce y sazonado fruto. Las claras fuentes y corrientes ríos, en magnífica abundancia, sabrosas y transparentes aguas les ofrecían. En las quiebras de las peñas y en lo hueco de los árboles formaban su república las solícitas y discretas abejas, ofreciendo a cualquiera mano, sin interés alguno, la fértil cosecha de su dulcísimo trabajo. Los valientes alcornoques despedían de sí, sin otro artificio que el de su cortesía, sus anchas y livianas cortezas, con que se comenzaron a cubrir las casas, sobre rústicas estacas sustentadas, no más que para defensa de las inclemencias del cielo. Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia; aún no se había atrevido la pesada reja del corvo arado a abrir ni visitar las entrañas piadosas de nuestra primera madre, que ella, sin ser forzada, ofrecía, por todas las partes de su fértil y espacioso seno, lo que pudiese hartar, sustentar y deleitar a los hijos que entonces la poseían. Entonces sí que andaban las simples y hermosas zagalejas de valle en valle y de otero en otero, en trenza y en cabello, sin más vestidos de aquellos que eran menester para cubrir honestamente lo que la honestidad quiere y ha querido siempre que se cubra; y no eran sus adornos de los que ahora se usan, a quien la púrpura de Tiro y la por tantos modos martirizada seda encarecen, sino de algunas hojas verdes de lampazos y yedra entretejidas, con lo que quizá iban tan pomposas y compuestas como van agora nuestras cortesanas con las raras y peregrinas invenciones que la curiosidad ociosa les ha mostrado. Entonces se decoraban los concetos amorosos del alma simple y sencillamente, del mesmo modo y manera que ella los concebía, sin buscar artificioso rodeo de palabras para encarecerlos. No había la fraude, el engaño ni la malicia mezcládose con la verdad y llaneza. La justicia se estaba en sus proprios términos, sin que la osasen turbar ni ofender los del favor y los del interese, que tanto ahora la menoscaban, turban y persiguen. La ley del encaje aún no se había sentado en el entendimiento del juez, porque entonces no había qué juzgar, ni quién fuese juzgado. Las doncellas y la honestidad andaban, como tengo dicho, por dondequiera, sola y señora, sin temor que la ajena desenvoltura y lascivo intento le menoscabasen, y su perdición nacía de su gusto y propria voluntad. Y agora, en estos nuestros detestables siglos, no está segura ninguna, aunque la oculte y cierre otro nuevo laberinto como el de Creta; porque allí, por los resquicios o por el aire, con el celo de la maldita solicitud, se les entra la amorosa pestilencia y les hace dar con todo su recogimiento al traste. Para cuya seguridad, andando más los tiempos y creciendo más la malicia, se instituyó la orden de los caballeros andantes, para defender las doncellas, amparar las viudas y socorrer a los huérfanos y a los menesterosos. Desta orden soy yo, hermanos cabreros, a quien agradezco el gasaje y buen acogimiento que hacéis a mí y a mi escudero; que, aunque por ley natural están todos los que viven obligados a favorecer a los caballeros andantes, todavía, por saber que sin saber vosotros esta obligación me acogistes y regalastes, es razón que, con la voluntad a mí posible, os agradezca la vuestra.
Miguel de Cervantes Saavedra (Don Quijote de la Mancha)
Quizas prete el lector: "¿Que podre hacer to personalmente para que estas cosas horrendas no se repitan?" Yo no soy entendida en política ni economista. Soy simplemente una mujer que padeció, que perdió a su marido, a sus padres, a sus hijos y a sus amigos. Yo sé que el mundo tendrá que compartir colectivamente la responsabilidad. Los alemanes pecaron criminalmente, pero lo mismo hicieron las demás naciones, aunque solo fuera por negarse a creer y no afanarse dia u noche en salvar a los desventurados y desposeídos por cuantos medios estuviesen a su alcance. Sé que si la gente de todo el mundo se propone que de ahora en adelante reine una justicia indivisible y que no haya más Hitlers, algo se conseguirá. Indudablemente, todos aquellos cuyas manos se hayan manchado de sangre nuestra, bien sea directa o indirectamente, tienen que pagar por los crímenes que han cometido, lo mismo si son hombres que si son mujeres. Si no se hace así, constituirá un verdadero ultraje para millones de muertos inocentes.
Olga Lengyel (Los hornos de Hitler (Spanish Edition) by Olga Lengyel (2013-02-28))
No esperen nombres, estadísticas, fechas. Lo sólido se me escapa, solo queda entre mis dedos una atmósfera imprecisa, técnicamente soy una impresionista de la vieja escuela. Además, todos estos años en el mundo del arte me han vuelto un ser desconfiado. Sospecho en especial de los historiadores que con sus datos precisos y notas heladas a pie de página ejercen sobre el lector una coerción siniestra. Le dicen: “Esto fue así.” A esta altura de mi vida yo aprecio las gentilezas, prefiero que me digan: “Supongamos que así sucedió
María Gainza (La luz negra)
Yo soy optimista por naturaleza, o quizá por la educación que recibí (cuesta saber dónde acaba la una y empieza la otra), pero sea cual sea la causa, hace mucho tiempo que considero que el fracaso es un instrumento, no un resultado. Creo que a usted también puede beneficiarle contemplar el mundo desde esta perspectiva.
Scott Adams (Cómo fracasar en casi todo y aun así triunfar: Algo así como la historia de mi vida (Gestion Del Conocimiento) (Spanish Edition))
Eres dura, seca… y fea… fea como la verdad para un criminal… para mí. Yo soy un criminal… un criminal… como cualquier hombre de la tierra, un criminal… como cualquier ciudadano del mundo. Soy el gran criminal vestido de hollín y de betún que loco y fugitivo recorre este planeta apagado y tenebroso. Lo confesaré todo: He asesinado a la Belleza y he apuñalado a la Alegría… ¡Mirad mis manos chorreando sombras! ¡Mirad estas manos de carbón llenando de humo el aire
León Felipe
Yo no soy nadie. Y no obstante, estas manos, mis antenas de hormiga, han ayudado a clavar la lanza en el costado del mundo y detrás de la lupa de la luna hay un ojo que me ve como a un microbio royendo el corazón de la Tierra. ... El agua, por ejemplo, es más noble que yo. Por eso las estrellas se duermen en el mar y mi frente romántica es áspera y opaca. Detrás de mi frente —filósofos, escuchad esto bien—, detrás de mi frente hay un viejo dragón: el sapo negro que saltó de la primera charca del mundo y está aquí, aquí, aquí… agazapado en mis sesos, sin dejarme ver el Amor y la Justicia.
León Felipe (Nueva Antología Rota)
A veces una hijita de hierba se me pega a la planta del pie, mientras desyerbo una mata, o un terrón de tierra se aplasta contra el talón, y yo sé que soy ese rocío, esa hoja de hierba y esta tierra negra. Yo he olido esa tierra, me la he puesto en la nariz para tratar de saber (por el olor) por qué la queremos tanto. Pero no, no huele a nada, huele a tierra como cualquier otra tierra
Héctor Abad Faciolince (La oculta)
Yo soy el señor de estas ruinas.
Libertad Demitrópulos (Río de las congojas)
Tengo tres hijos minusválidos en casa. Vine a Medjugorje para pedir a Dios que los curara y quería saber por qué Él me ha enviado esta cruz. ¡Pero ahora lo entiendo! Lo entendí cuando estaba rezando. ¿Por qué no debería haberme enviado Dios esta cruz? ¡Significa que puedo llevarla! Él confía en mí y yo tengo que confiar en Él. Él me ayudará cuando sea demasiado pesada. Tengo muchas ganas de volver a casa y besar a mis hijos. Soy tan bienaventurada por tenerlos».
Mirjana Soldo (My Heart Will Triumph)
y nadie salvará para siempre a los monstruos porque el alma es un m onstruo y la vida es un monstruo ... soy menos que tú, menos que un insecto, y éste es sólo das gezeinichte Ich— ■ el yo estigmatizado— el cual está ya acostumbrado a la tortura de la vida a la condena ... en esta colonia penitenciaria que se llam a vida, contra la cual lucha el gusano, el pus inm undo de la vida
Leopoldo María Panero
Yo no soy un hombre de amigos. Ninguno de esta casa necesita amigos. Aquí nos bastamos a nosotros mismos. Ya te convencerás de ello...
Carmen Laforet (Nada)
Frente a la muerte como «extrema posibilidad» «de renunciar a sí mismo» despierta un yo-soy enfático. La muerte como mi muerte se vincula al énfasis en el sí-mismo. Conduce a una contracción del sí-mismo. Heidegger permanece cerrado a aquella experiencia de la muerte que me lleva a aflojar las trabas del mí-mismo. Este tipo de muerte dice lo siguiente: frente a la muerte me doy la muerte, en lugar de aferrarme a mi ego. Esta muerte me libera en dirección a lo otro. Frente a la muerte despierta una serenidad, una amabilidad hacia el mundo.[95]
Byung-Chul Han (Vida contemplativa: Elogio de la inactividad)
La parálisis entre muerte y muerte: ninguna palabra libre entre medio, ningún paso libre. La parálisis más grave, esa esperanza sin esperanza de que a pesar de todo la supere. ¡Oh, la comodidad de los creyentes que pueden disiparlo todo, que pueden consolarse con la idea de un reencuentro que no les será concedido nunca! ¡Lo que daría uno por vivir en ese mundo tranquilo y virtuoso en el que los muertos sólo se han ido de viaje! En el que basta con llamar adecuadamente para verlos y oírlos, al menos por un breve tiempo, antes de llegar del todo a ellos. En el que se pueden enfadar con nosotros y conseguir así que los calmemos; en el que pasan frío, hambre y sed y se preocupan por los deudos. Mi anhelo de ese mundo de la fe es a veces tan intenso que no soy capaz de concebir otra idea. Veo entonces las sombras de Odiseo y deseo que las mías se encuentren entre ellas. Dibujo su imagen en el vacío y una hábil voz dice en ese preciso instante: ¡Cree, y las tendrás cuando quieras! Pero es esta voz la que me hace entrar en razón. No puedo comprar a mis muertos. No puedo permitir a nadie que negocie entre ellos y yo. Si están cautivos, que me lo hagan saber, y yo pondré todo mi empeño en liberarlos. Si están rendidos, todavía me queda tiempo para dejarme llevar por esa misma terrible rendición/sumisión, y el plazo que tengo hasta entonces, el plazo de la rebelión, es lo más valioso que poseo. Si no están en ninguna parte, no quiero ninguna ilusión engañosa en torno a ellos, allí acaban para mí todas las mentiras y todas las ficciones, allí, y sólo allí, quiero la verdad más pura.
Elias Canetti (Il libro contro la morte)
Mi injusticia fundamental frente a los hombres se deriva de mi postura respecto a la muerte. No puedo amar a nadie que reconozca la muerte o cuente con ella. Amo a todo aquel, quienquiera que sea, que la detesta, que no la admite y nunca, en ninguna circunstancia, la utilizaría como medio para alcanzar sus fines. De ahí viene que no pueda aceptar a ninguna persona que hoy en día trabaje como físico o técnico nuclear; a nadie que siga voluntariamente una carrera militar; pero tampoco a ningún clérigo que utilice una vida futura como consuelo por la muerte mientras que a él mismo ni se le ocurre morir pronto; y a nadie que considere el fallecimiento de un pariente o amigo como acertado en el tiempo, como una suerte de cumplimiento de esa vida concreta; a nadie que no sienta vergüenza en vez de satisfacción por la muerte de un enemigo; a nadie que haya puesto el ojo en una herencia... Así las cosas, ¿a quién puedo aceptar, quién no pertenece a una de estas categorías, al menos de vez en cuando o en relación con una u otra persona? Por tanto, mientras exista la muerte, yo, que afirmo la vida sin reserva y sin restricciones, debo condenar moralmente a todo ser humano de acuerdo con una moral que, de hecho, ni siquiera es aplicable. Soy tan consciente de esta contradicción fundamental de mi naturaleza que me exhorto una y otra vez a practicar la mesura y a considerar con más detalle todas las circunstancias cuando, una vez más, he emitido el juicio más duro contra una persona.
Elias Canetti (Il libro contro la morte)
—¿Estáis dispuestos a luchar por vuestras mujeres e hijos, por vuestros hermanos, por los miles de vosotros más que pueblan las calles de Roma, por todos esos desahuciados por el Senado, por todas esas mujeres y niños y amigos que sí creen en vosotros, que sí tienen fe en vosotros? ¿Estáis dispuestos a luchar por mí, que os he armado, que os he adiestrado y que os ofrezco ésta, vuestra única oportunidad? ¿Estáis dispuestos a luchar no sólo por derrotar a los bárbaros, sino por cambiar la historia de Roma? ¿Estáis dispuestos a combatir para demostrar que estas legiones, las auténticas legiones del pueblo de Roma, son más fuertes, más poderosas, más indestructibles que cualquier otra jamás soñada? ¿Estáis dispuestos a luchar por ser partícipes de la gloria de la victoria? ¡Respondedme, porque yo sí estoy dispuesto a luchar con vosotros, a vuestro lado, en la vanguardia de vuestro ejército! ¡Yo sí estoy dispuesto a luchar con vosotros, a morir con vosotros y también a vencer con vosotros! ¿Estáis dispuestos, maldita sea? ¡Por todos los dioses, respondeeeeed!
Santiago Posteguillo (Roma soy yo: La verdadera historia de Julio César (Julio César, #1))
Se dice que la creencia en la individualidad surge de la invención de un “yo” sobre y por encima de esos cinco montones. Esta creencia se expresa en el supuesto de que algo de esto es “mío”, o que “yo soy” algo de esto, o que algo de esto “es yo mismo”. O, en otras palabras, en la creencia de que “yo soy esto”, o que “yo tengo esto”, o de que “esto está en mí”, o de que “yo estoy en esto”. El hecho de la individualidad desaparece al mismo tiempo que la creencia en él, puesto que no es más que una imaginación gratuita. Cuando el individuo, constituido por una aglomeración arbitraria tomada de esos cinco montones, deja de existir, el resultado es el Nirvana, la meta del budismo.
Edward Conze (El budismo. Su esencia y su desarrollo (Spanish Edition))
criminal nato mientras comete un crimen, por qué voy a estar triste (brrummm bom borombon crasch buum, hizo el trueno) si esto que se derrumba y seguramente también está siendo grabado por el sensible transistor de mi bragueta no soy yo, es el mundo, este manicomio, es esta horrenda manera de creer que se vive y creer que se es feliz y creer que se ama a la que llamamos la humanidad, el hombre, y es un ensayo a ciegas, un borrador, el delirio de un borracho, o
Abelardo Castillo (El que tiene sed (Spanish Edition))
Soy Lews Therin Telamon, el Dragón. Yo goberné estas tierras, unificadas durante la Era de Leyenda. Yo era el cabecilla de todos los ejércitos de la Luz. Yo llevaba el anillo de Tamyrlin. Yo era Primero entre los Siervos, el de mayor rango en la jerarquía de los Aes Sedai, con poder para invocar los Nueve Cetros del Dominio. —Rand avanzó un paso. »Me debían lealtad y fidelidad la totalidad de los diecisiete generales de la Puerta del Alba. ¡Fortuona Athamen Devi Paendrag, mi autoridad excede la vuestra!
Robert Jordan (Un Recuerdo de Luz (La Rueda del Tiempo, #14))
A veces tengo la impresión de que concluir lo emprendido se ha convertido en una especie de fin en sí mismo. Pienso en los objetivos con los que empecé, en la confianza con la que quería hacer algo verdadero. Mientras lo hacía, el mundo se fue cargando de una destrucción mil veces mayor. Es una destrucción contenida, pero ¿cuál es la diferencia? ¿Y qué es esta obsesión que me impulsa a atacar cualquier destrucción, como si me hubieran nombrado protector del mundo? ¿Qué soy yo mismo, un ser indefenso al que se le van muriendo, una tras otra, las personas más cercanas, un ser que ni siquiera puede mantener con vida aquello que más le pertenece? ¡Un naufragio por todos lados y un grito lastimero! ¿A quién le soy útil? ¿A quién sirvo con este empecinamiento inquebrantable? No ha quedado nada, salvo este empecinamiento. Las personas nuevas se alejan escurriéndose de mi lado, las palabras y conversaciones nuevas se me escapan, el pasado aún sigue vivo. ¿Cuándo lo atacará también la destrucción? No quedará nada y, no obstante, yo continuaré en pie, un niño que por vez primera se yergue sobre sus piernas, y gritaré a voz en cuello: ¡No!
Elias Canetti (Il libro contro la morte)
yo no comprendí que tu pasado no es el mío. Que mis experiencias no son las tuyas y que mis miedos, especialmente ellos, no se parecen a los que te atormentan a ti. Nuestra vida es subjetiva y yo no soy nadie para cuestionar tus causas y guerras. No todos partimos del mismo punto en la vida y esta nunca golpea a dos personas distintas de la misma manera, pero todos tratamos de avanzar por ella intentando no perder demasiados pedazos de nosotros mismos por este camino lleno de baches y accidentes inesperados.
Javier Castillo (El juego del alma (Miren Triggs, #2))
Esta convicción sumaria a favor de la vida, de cualquier vida, ¿en qué se basa? Si meramente ocultara el hecho de que tú mismo no quieres morir, no valdría nada. Sin embargo, aunque fuese honesta e incluyera realmente a todos, ¿por qué merecerían todos vivir? Has reconocido las raíces permanentemente dolorosas de esta vida de forma más meridiana que nadie, ¿y aun así ha de seguir? No sé la respuesta. Soy, tal como se demuestra, un chovinista, de todos los hombres, de todos los animales, quizás incluso de todas las plantas. Un hindú sin la migración de las almas, un cristiano sin Dios. Veo, sin ningún pudor, masas y masas que crecen ante mí, y cualquier intento de limitarlas recurriendo a la muerte como instrumento me provoca odio y repugnancia. Nunca he aceptado/admitido ninguna muerte, ni siquiera la del hombre más viejo y más miserable. La imagen de los soldados egipcios muertos en el desierto de Sinaí me persigue como la rampa de Auschwitz. Sé lo que habrían hecho estos mismos soldados si hubieran llegado a las ciudades de los judíos. Pero ahora son ellos los muertos: ahora recibo yo su rencor. No puedo hacer distinciones entre los muertos. En este caso no tengo ningún poder sobre mí, no puedo tocar esta convicción básica. Creo que podría ser útil como convicción fundamental, y una vez asumida haría desaparecer muchas de las dificultades inveteradas de la convivencia humana. De hecho, no puedo pensar de otra manera, aquí mantengo algo que resulta tan importante como parece limitado.
Elias Canetti (Il libro contro la morte)
Hay además otro elemento de control que realiza especialmente el director de cada consejo local: leer las cartas personales que los numerarios reciben. Esto deben hacerlo en todo momento, esté el numerario residiendo en un centro, en un curso de verano o donde se encuentre. Esta lectura es especialmente importante y no debe pasarse nunca por alto en el caso de numerarios jóvenes. Yo he realizado esta función multitud de veces. Es verdad que mientras soy director en España pongo muy poco interés y con mucha frecuencia las pasaba sin abrirlas. Sin embargo, cuando soy nombrado subdirector del Colegio Romano, el rector, Paulino Busca, me insiste para que dedique tiempo a ese trabajo todos los días con las cartas que llegan y me dice que, si no conozco el idioma, como sucede por ejemplo con un numerario chino, la abra con él delante para que me la traduzca.
Antonio Esquivias (El Opus Dei: el cielo en una jaula)
Tal vez escribir cartas a una mujer sea como […]. Creo que, al enfriar la emoción con lenguaje, las cartas de amor sin amor logran con mayor éxito la contención que vuelve carne y fluido el delirio amoroso. Virginia espera dejar atrás la cama y retomar su batalla contra el mundo: «Y no estás aquí para transformarme». ¿Qué único poder debería tener una mujer sobre otra sino el de transformarla? ¿Os suena de algo, señora? En sus cartas Virginia le reclama a Vita que la acuse de no tener sentimientos o de inventarse «frases encantadoras» que «le restan aspectos a la realidad». Sobra vida en Vita”. [...] ¿Qué puedo decir sobre eso sino sentirme más Vita que Virginia y a veces más Virginia que Vita? ¿En cuál de ellas se reconoce usted? Virginia insiste en que ella intenta decir lo que siente. Pero entiendo que no sea suficiente para Vita, que busca algo más. Woolf aúlla por historias frescas. Y Vita las tiene, las genera, las encarna. [...] Todo lo que latió en el encuentro entre estas dos mujeres, pero lo que se recordará será un gran libro, mi bien, otro libro de Virginia Woolf (y este puñado de cartas como anexo, un mapa alternativo de lectura). Ningún libro de Vita. Que salió a juguetear en los bosques con Mary Campbell, con Mary Carmichael o Mary Seton, mientras Virginia parecía celebrar sus trucos y reírle las gracias con deleite: «Ninguna de esas soy yo, maldita seas. En fin». Tan distante, tan razonable, tan, en fin, europea” [...] Perdone que me desvíe con asuntos mundanos. Perdone que centre todo en el amor. Es verdad, parece un vicio sentir y resentir que haya sido una mujer la que derribara más muros que nadie [...] Quizá solo he querido regalarle estas cartas para invitarla a poner una vela en el altar fascinante de la creación colaborativa que es la pasión lésbica, tan parecida al deseo por una misma. Dígame por favor si me invento este romance porque entonces saldré a celebrarlo. Su burra Gabriela W.
Virginia Woolf (The Letters of Virginia Woolf: Volume Three, 1923-1928)
Tal vez escribir cartas a una mujer sea como… Una broma de la escritora consigo misma. Otra coqueta y disimulada declaración de amor o una teoría del arte que acaba por crear a uno de los personajes más fascinantes de la literatura universal: Orlando, nacido hombre, viajero en el espacio, el tiempo y el género. Un personaje en construcción permanente. Fueron estas cartas acaso la semilla. Acaso un método furtivo y enamorado de investigación. [...] Creo que, al enfriar la emoción con lenguaje, las cartas de amor sin amor logran con mayor éxito la contención que vuelve carne y fluido el delirio amoroso. Virginia espera dejar atrás la cama y retomar su batalla contra el mundo: «Y no estás aquí para transformarme». ¿Qué único poder debería tener una mujer sobre otra sino el de transformarla? ¿Os suena de algo, señora? En sus cartas Virginia le reclama a Vita que la acuse de no tener sentimientos o de inventarse «frases encantadoras» que «le restan aspectos a la realidad». Sobra vida en Vita”. [...] ¿Qué puedo decir sobre eso sino sentirme más Vita que Virginia y a veces más Virginia que Vita? ¿En cuál de ellas se reconoce usted? Virginia insiste en que ella intenta decir lo que siente. Pero entiendo que no sea suficiente para Vita, que busca algo más. Woolf aúlla por historias frescas. Y Vita las tiene, las genera, las encarna. [...] Todo lo que latió en el encuentro entre estas dos mujeres, pero lo que se recordará será un gran libro, mi bien, otro libro de Virginia Woolf (y este puñado de cartas como anexo, un mapa alternativo de lectura). Ningún libro de Vita. Que salió a juguetear en los bosques con Mary Campbell, con Mary Carmichael o Mary Seton, mientras Virginia parecía celebrar sus trucos y reírle las gracias con deleite: «Ninguna de esas soy yo, maldita seas. En fin». Tan distante, tan razonable, tan, en fin, europea” [...] Perdone que me desvíe con asuntos mundanos. Perdone que centre todo en el amor. Es verdad, parece un vicio sentir y resentir que haya sido una mujer la que derribara más muros que nadie [...] Quizá solo he querido regalarle estas cartas para invitarla a poner una vela en el altar fascinante de la creación colaborativa que es la pasión lésbica, tan parecida al deseo por una misma. Dígame por favor si me invento este romance porque entonces saldré a celebrarlo” Su burra Gabriela W.
Virginia Woolf (Escríbeme, Orlando. Cartas a Vita Sackville-West, 1922-1928)
1. ¿Qué aspectos de tu rol profesional te resultan fáciles? 2. ¿Qué aspectos de tu rol profesional son difíciles para ti, pero los necesitas para tu puesto? 3. ¿Qué fortalezas o características tienes tú que te hacen resaltar del resto? 4. ¿Qué nuevas competencias necesitas para tu puesto actual o el siguiente en tu línea de carrera? ¿Cómo abordarlo? No existe una fórmula única, pero te comento lo que a mí me resulta práctico y me ha funcionado. En las respuestas del cuadrante 1, básicamente no necesitas hacer nada. El cuadrante 2 es como ese curso difícil en la universidad. Lo que debes hacer es exactamente lo mismo: define una meta mínima, pero retadora. Retadora, pero no matadora, para que simplemente “cumplas” con lo mínimo necesario para llevar a cabo tus funciones y tu plan, sin tratar de ser el mejor acá. Algo que yo hago, además de esto, es complementarme con algún miembro de mi equipo que sea fuerte en los aspectos donde yo no lo soy. Por ejemplo, yo soy mala con los detalles, soy más de ver el bosque entero, así que en mi equipo tengo siempre a alguien muy detallista. El cuadrante 3 es fundamental. Obsérvate o inclusive conversa con colegas o con tu jefe para que identifiques tus principales cualidades. Hace poco, dándole feedback a una colega, le comenté que me gustaba mucho que ella no ocultaba los problemas, que se atrevía a comentarlos, pero lo más lindo es que decía “Tenemos este problema” y siempre venía acompañado de una posible solución. En otras palabras, su cualidad sobresaliente era la proactividad y disposición al trabajo. Yo sugiero que identifiques dos o tres fortalezas en las cuales trabajar para que te vuelvas extraordinaria en ellas. En estas invierte tiempo capacitándote, ejercitándolas, buscando retroalimentación, etc. El cuadrante 4 es el que te hace tener un ojo en el futuro. Sabiendo cuál es tu siguiente escalón para acercarte a tu trabajo o puesto ideal, define qué competencias técnicas necesitas ir adquiriendo en el camino. Algunas las adquirirás con capacitaciones, como en mi caso, por ejemplo, que me he capacitado últimamente en cómo hacer escalar negocios. Y también identifica qué habilidades blandas requieres desarrollar o mejorar para tu futuro escalón. Las habilidades las vas a desarrollar a través de la experiencia, principalmente. Puede ser con nuevos proyectos, nuevas responsabilidades o, inclusive, fuera del trabajo, a través del deporte o actividades culturales. Por ejemplo, por mi cargo, he tenido que desarrollar mi habilidad para hacer networking, cosa que me cuesta mucho. Para ello, desarrollé un plan para participar más activamente en comités, en conferencias, en paneles, etc.
Carla Olivieri (Mujeres fuera de la caja (Fuera de colección) (Spanish Edition))
A veces, cuando estoy en compañía de mujeres más sofisticadas, me pregunto si yo –una occidental blanca de clase media, heterosexual, cisgénero– soy «una chica como es debido». Así, sin más: «¿Soy una chica como es debido?». Me comparo con las mujeres que me rodean y siento que no doy la talla. Y ahí es cuando sé que soy una chica, una chica como es debido. Porque, por supuesto, esta paranoia de que no soy lo bastante femenina, lo bastante deseable, lo bastante buena, es la representación máxima de la feminidad. Esta paranoia es un elemento crucial del control de las mujeres. Y de cómo nos controlamos nosotras mismas.
Emilie Pine (Notes To Self)
Es lo único que voy a decir sobre este tema por ahora. Como dice Chloé, hay cosas a las que más vale no darles muchas vueltas. Si quieres leer algo, lee el espacio blanco que queda en esta página. Soy yo, el que está en ese espacio.
Charles Baxter (El festín del amor)
Hoy, día de los Difuntos, me juro que esta pieza, dedicada a todos los muertos y a todos cuantos aún han de morir, estará acabada pronto y con fuerza. Ha de ser de tal forma que todos la entiendan y que yo no tenga que avergonzarme de ella ante nadie. Porque si no dejo acabada esta obra de teatro, mi primera toma de posición vinculante respecto a la muerte, no habré vivido. En comparación, no cuenta nada de todo lo demás que he hecho. Ante todas las personas que se me han acercado, he despotricado contra la muerte, y nadie me ha entendido. Unas, las mujeres, veían en ello un exceso de energía y algo así como una promesa religiosa de carácter privado y dirigida a ellas personalmente, una juventud más larga, un amor más largo, un placer más largo de todo tipo. Los otros, los cristianos, trataban de interpretarlo a su manera: o sea, un cristiano secreto a pesar de todo, perteneciente a su fe y sólo impedido por su orgullo en reconocerlo abiertamente. Otros, a su vez, los aficionados al arte, lo veían como una expresión torpe y quizá demasiado pública de su propio afán: «Quiere ser inmortal». Dios, que no existe, testimoniará en mi favor y confirmará que yo no quería nada de todo eso: ni soy un amante, ni un cristiano, ni un artista, pero no reconozco la muerte, y eso es todo.
Elias Canetti (Il libro contro la morte)
Cuando la emoción haya amainado un poco, es bueno que comencemos a desidentificarnos de ella. Que pensemos que no somos la emoción, sino que tan sólo vamos a albergarla durante un cierto periodo de tiempo. Puede ayudarnos decir la frase: «Yo tengo esta emoción, pero no soy la emoción». O: «Yo soy algo más que la emoción que ahora tengo». La emoción se mantendrá activa durante todo el tiempo que la sustentemos con los pensamientos y cavilaciones de los que se nutre. En lugar de fomentarla y retenerla, procuremos despegarnos de ella y dejarla ir.
Vicente Simón (Aprender a practicar Mindfulness (Spanish Edition))
Yo siempre lo supe. Desde que a Aquiles le dieron a elegir entre la gloria o la paz, yo ya lo sabía, hubiera elegido lo segundo. No soy de cantares de gesta. Y siempre releía la historia advirtiéndole desde mis adentros a ver si no cometía el mismo error. Pero nada. Y claro, directa al talón. Yo hubiera elegido lo otro, siempre se lo dije. Hubiera muerto a los setenta en una islita griega mirando el mar. Al fin y al cabo la gloria no es tanto… La gloria debe ser morirse en una islita griega mirando el mar. Al fin y al cabo… ¿Quién se acuerda hoy de Aquiles? Si no es esta loca rumiante mascullando te lo dijes. Para eso has quedado. Para lo que quedó Troya.
Gata Cattana (La escala de Mohs)
Si parto la piedra, estas marcas se borrarán. Pero estas marcas son mis documentos, ¿comprendes? Mis documentos de identidad. Me miro al espejo y digo: «Ése soy yo», y no siento lástima de mí.
Eduardo Galeano (La piedra arde)
(«i Yo no soy el fontanero!» Esta frase, como todas las que jalonaron el acontecimiento, frases muy comunes, proferidas por gente que las decía sin reflexionar, continúa produciendo en mi interior el mismo efecto que el estallido de una bomba. Por mucho que me la repita a mí misma una y otra vez, o intente comprenderla mediante un comentario sociopolítico no se va a atenuar su vio-lencia. Era una frase que no me esperaba. Me parece estar viendo a un hombre con guantes de goma y vestido de blanco que me vapulea mientras me grita: «¡Yo no soy el fontanero!». Y esta frase, que quizá le inspiró un sketch de Fernand Raynaud que entonces hacía reír a toda Francia, continúa jerarquizando el mundo en mi interior, separando a garrotazos a los médicos de los obreros y de las mujeres que abortan, a los dominantes de los dominados.)
Annie Ernaux
—Ah —dijo Pintor—. Ese. El otro día me hablaste de él. No te creí. —¿Podemos despertarlo? —preguntó Yumi. —Probad si queréis —dijo Diseño—. Yo llevo una eternidad intentándolo. Aunque también es verdad que, insisto, no soy muy buena en estas cosas. Lo que sí he logrado, en cambio, es abrir un restaurante respetable con una clientela fiel y aprender a hacer diecisiete tipos de fideos. Estaba en mi lista de experiencias humanas que probar, así que debo decir que la visita a este planeta está bastante bien aprovechada.
Brandon Sanderson (Yumi y el pintor de pesadillas)
— Mira, mijito, esta casa soy yo misma. Por eso no puedo salir de ella, porque sería como si me botaran de mi propio cuerpo.
Héctor Rojas Herazo (Respirando el Verano)
Joder. Soy un puto suicida. Debería mantener las distancias, pasar esta noche lo más alejado que pueda de ella y mañana, cuando los demás lleguen, olvidarme de que Rain y yo estamos bajo el mismo techo. Sin embargo, soy incapaz de parar esto que fluye en cuanto aparece. Porque Rain me despierta. No conozco mayor verdad que esa. Las cosas invisibles están por todas partes.
Andrea Longarela (El color de las cosas invisibles)
Cada vez que sientas una manifestación del Cristo, di: “Yo te alabo y acepto la Luz de la Presencia, la Actividad del YO SOY completa”. Toma esta actitud siempre, y después cierra la puerta a cualquier creación discordante e indeseable de aquello que ya ha pasado.
Comte de Saint-Germain (Libro de oro de Saint Germain (Spanish Edition))
Una reciente encuesta que realizó la organización cristiana Cumplidores de Promesas, en los Estados Unidos, reveló que el sesenta y cinco por ciento de los hombres encuestados informaron del uso regular de la pornografía.1 Sin embargo, el pecado sexual es indudablemente un problema de enormes proporciones en el cuerpo de Cristo, y por lo general no se denuncia. Existen numerosas razones por las cuales estos hombres mantienen oculto su pecado. En primer lugar, es vergonzoso admitir el pecado sexual. En nuestra sociedad se adula a un hombre por ser un don Juan, pero casi cualquier otro comportamiento sexual que esté fuera de control se mira con suspicacia e inclusive con desdén. Si un hombre admite sus luchas ante un pastor, desde ese día se preguntará qué pensará su líder espiritual de él: «¿Pensará que soy raro? ¿Se preocupará de que yo esté cerca de los adolescentes, o peor todavía, de los niños? ¿Estará ese sermón sobre la lujuria dirigido a mí? ¿Le habrá dicho a otros de la iglesia acerca de mi problema?» Estas preocupaciones hacen difícil que el creyente pueda confiar en su pastor, y ni se diga en otros de la iglesia. En segundo lugar, aunque nuestra sociedad no considera que la fornicación o incluso el adulterio sean vergonzosos, en el movimiento evangélico estos pecados se consideran graves. Una mujer puede tener el terrible hábito de propagar chismes en la iglesia, un hombre puede estar obsesionado con su trabajo a costa de su familia, otro puede ser en extremo crítico con los que lo rodean, pero estos —así como muchos otros pecados— se pasan por alto en la iglesia. No obstante, si un hombre admite haber cometido adulterio, al instante se le juzga como alguien que está lejos de Dios. Aunque es probable que esa sea la verdad, existe desde luego una doble norma dentro del cuerpo de Cristo. Otro factor que contribuye para que un hombre mantenga oculto su pecado es la facilidad con que se puede llevar una doble vida, siendo religioso en lo exterior y practicando un pecado sexual en secreto. A diferencia de lo que ocurre con el abuso de drogas o el alcoholismo, un hombre puede mantener una vida normal aparente, sin que se le descubra. Hay un estilo de vida que acompaña al que se embriaga. Las drogas y el alcohol afectan la capacidad de la persona para funcionar de modo adecuado. La mayoría no puede mantener esta clase de hábito en secreto. En cambio, un hombre puede ser presidente, una celebridad o hasta un famoso evangelista y mantener una fachada exterior de respetabilidad, pero ser un adicto sexual.
Anonymous (En el altar de la idolatría sexual (Spanish Edition))
«Dios comprende que yo soy hombre y que tengo pasiones naturales. La masturbación es lo que Dios ha dispuesto para mí hasta que me case». Algunos de los sicólogos cristianos más renombrados han dicho que la masturbación es una función normal que, a menos que se continúe en el matrimonio, por lo general es inofensiva.* En particular creo que se afirma esto con el fin de aliviar un poco la culpabilidad y la condena con que se asocia. No obstante, no se puede disculpar algo solo porque provoca que la gente se sienta culpable. ¡Puede ser normal que el hombre caído se masturbe, pero eso no lo hace aceptable ante los ojos de un Dios santo! Estas pasiones naturales se llaman «lujurias de la carne». Tal como lo descubriremos más adelante en este libro, el Señor nos ha dado respuestas con generosidad para ayudarnos a vencer estos deseos carnales. Dios no perdona ni nunca perdonará la complacencia carnal y egoísta de la masturbación. Dios creó la sexualidad para que dos personas casadas se expresen amor y disfruten de la satisfacción mutua. El sexo fuera de este contexto se convierte en algo mezquino y sucio. Por ejemplo, ¿en qué piensa una persona cuando se masturba? La masturbación gira en torno a la lujuria y la fantasía, ninguna de las cuales aprueba Dios. Además, es la masturbación la que abre la puerta para favorecer la esclavitud. Intentar justificarla espiritualmente es engañarse a uno mismo.
Zondervan
— ¡Capitán…! ¡Capitán…! ¿Qué broma es ésta? ¿Dónde se han metido? Una sombra oscura nació de entre las sombras de la cocina. Era un targuí alto, muy delgado, con un oscuro "lithan" cubriéndole el rostro, un fusil en una mano y una larga espada en la otra. Se detuvo bajo el porche. — Están muertos -dijo. Le observó incrédulo. — ¿Muertos…? -repitió estúpidamente-. ¿Todos…? — Todos. — ¿Quién los mató? — Yo. Se aproximó sin dar crédito a lo que estaba oyendo. — ¿Tú…? -inquirió agitando la cabeza como para desechar la idea-. ¿Pretendes decirme que tú, sin ayuda de nadie, has matado a doce soldados, un sargento y un oficial…? Asintió con naturalidad: — Dormían. Abdul-el-Kebir, que había visto morir a miles de personas, que había ordenado ejecutar a muchas, y que aborrecía a todos y cada uno de sus carceleros, experimentó sin embargo una insoportable sensación de angustia y vacío en la boca del estómago, y se apoyó levemente en el poste de madera que soportaba el porche para no perder el equilibrio. — ¿Los has asesinado mientras dormían? -inquirió-. ¿Por qué? — Porque ellos asesinaron a mi 1huésped. -Hizo una pausa-. Y porque eran demasiados. Si uno daba la voz de alarma, hubieras muerto de viejo entre estas cuatro paredes… Abdul-el-Kebir le observó en silencio y agitó la cabeza afirmativamente, como si comprendiese algo que se le antojó oscuro en un principio. — Ahora te recuerdo… -admitió-. Eres el targuí que nos dio hospitalidad… Te vi cuando me llevaban. — Sí -asintió. Soy Gacel Sayah, eras mi huésped, y tengo la obligación de llevarte al otro lado de la frontera. — ¿Por qué? Le miró sin comprender. Por último, señaló: — Es la costumbre… Pediste mi protección y debo protegerte. — Matar a catorce hombres por protegerme resulta excesivo, ¿no crees…? El targuí no se dignó responder y echó a andar en dirección a la abierta puerta. — Traeré los camellos… -dijo-. Prepárate para un largo viaje. Le observó mientras se alejaba, perdiéndose de vista
Alberto Vázquez-Figueroa (Tuareg (Tuareg #1))
—Señorita Constanza —dijo el doctor con un brillo en sus ojos verdes y besando mi mano—, no había tenido el placer de saludaros este día, veo que sois una imponente amazona. ¿Os gustaría dar un paseo conmigo en el ocaso? —Lo siento doctor Wallace —le contestó Randolph—, la señorita tiene unos asuntos pendientes más tarde, así que el paseo será otro día. —Es verdad —le dije—, lo siento Jonathan. Mi tiempo ahora está limitado. —¿Tan limitado que tiene tiempo como para salir a dar un paseo a caballo? —Expresó el duque con sarcasmo. —Lo siento —le respondió Randolph—, no le había podido avisar, pero su alteza llegó esta madrugada y a él, es a la única persona a la que la señorita le da razón de sus asuntos. Todo lo que ella haga en este lugar, es con el consentimiento de su alteza. —Ah sí… —Me miraba el duque fijamente rodeándome como si fuera un buitre—. Pues me gustaría saber a cambio de qué, tantas consideraciones. —No le permito que me hable así. —Reaccioné molesta sin pensarlo—. No voy a permitir que me ofenda. —¡Insolente! —Me gritó—. ¿No tienes claro cuál es tu lugar aquí? ¿No sabes con quién estás hablando? Yo soy el duque de Kronguel Rodolfo Von Hanslow, pídeme perdón por tu falta de respeto o haré que castiguen tu atrevimiento. —Yo sé perfectamente quien es usted. —Le dije firmemente sosteniéndole la mirada—. Y no voy a pedirle perdón porque fue usted, el que me ofendió con su insinuación. —¡Te voy a enseñar a…! —Exclamó levantando su mano para darme un azote con la fusta. Pero diciendo esto, comenzó a sentirse mal sujetándose el pecho. —Es suficiente. —Randolph firmemente se colocó frente a mí interponiéndose y protegiéndome—. Si le molesta la presencia de la señorita Constanza, es mejor que lo hable con el príncipe. —¡Excelencia por favor! —Jonathan se apresuró sosteniéndolo—. ¡Recordad lo delicado de vuestro corazón! —Por supuesto que lo haré. —Se dirigió el duque a Randolph tratando de respirar con tranquilidad, calmándose y conteniendo su enojo—. Pronto sabrán aquí quien soy yo y cuando eso suceda, —mirándome fijamente agregó—: Me voy a encargar de ti personalmente.
Itxamany Bustillo (El Príncipe de Bórdovar 1)
Dios mío, estoy tan persuadido de que veláis sobre todos los que en Vos esperan y de que nada puede faltar a quien de Vos aguarda toda las cosas, que he resuelto vivir en adelante sin cuidado alguno, descargando sobre Vos todas mis inquietudes. Mas yo dormiré en paz y descansaré; porque Tú ¡Oh Señor! Y sólo Tú, has asegurado mi esperanza. Los hombres pueden despojarme de los bienes y de la reputación; las enfermedades pueden quitarme las fuerzas y los medios de serviros; yo mismo puedo perder vuestra gracia por el pecado; pero no perderé mi esperanza; la conservaré hasta el último instante de mi vida y serán inútiles todos los esfuerzos de los demonios del infierno para arrancármela. Dormiré y descansaré en paz. Que otros esperen su felicidad de su riqueza o de sus talentos; que se apoyen sobre la inocencia de su vida, o sobre el rigor de su penitencia, o sobre el número de sus buenas obras, o sobre el fervor de sus oraciones. En cuanto a mí, Señor, toda mi confianza es mi confianza misma. Porque Tú, Señor, solo Tú, has asegurado mi esperanza. A nadie engañó esta confianza. Ninguno de los que han esperado en el Señor ha quedado frustrado en su confianza. Por tanto, estoy seguro de que seré eternamente feliz, porque firmemente espero serlo y porque de Vos ¡oh Dios mío! Es de Quien lo espero. En Ti esperé , Señor, y jamás seré confundido. Bien conozco ¡ah! Demasiado lo conozco, que soy frágil e inconstante; sé cuanto pueden las tentaciones contra la virtud más firme; he visto caer los astros del cielo y las columnas del firmamento; pero nada de esto puede aterrarme. Mientras mantenga firme mi esperanza, me conservaré a cubierto de todas las calamidades; y estoy seguro de esperar siempre, porque espero igualmente esta invariable esperanza. En fin, estoy seguro de que no puedo esperar con exceso de Vos y de que conseguiré todo lo que hubiere esperado de Vos. Así, espero que me sostendréis en las más rápidas y resbaladizas pendientes, que me fortaleceréis contra los más violentos asaltos y que haréis triunfar mi flaqueza sobre mis más formidables enemigos. Espero que me amaréis siempre y que yo os amaré sin interrupción ; y para llevar de una vez toda mi esperanza tan lejos como puedo llevarla, os espero a Vos mismo de Vos mismo ¡oh Creador mío! Para el tiempo y para la eternidad. Así sea.
Anonymous
Había una vez, en un pueblo, dos hombres que se llamaban Joaquín González. Uno era sacerdote de la parroquia y el otro era taxista. Quiere el destino que los dos mueran el mismo día. Entonces llegan al cielo, donde los espera san Pedro. -¿Tu nombre? —pregunta san Pedro al primero. -Joaquín González. -¿El sacerdote? -No, no, el taxista. San Pedro consulta su planilla y dice: -Bien, te has ganado el paraíso. Te corresponden estas túnicas labradas con hilos de oro y esta vara de platino con incrustaciones de rubíes. Puedes ingresar... -Gracias. Gracias... —dice el taxista. Pasan dos o tres personas más, hasta que le toca el turno al otro. -¿Tu nombre? Joaquín González. -El sacerdote... -Sí. -Muy bien, hijo mío. Te has ganado el paraíso. Te corresponde esta bata de lino y esta vara de roble con incrustaciones de granito. El sacerdote dice: -Perdón, no es por desmerecer, pero... debe haber un error. ¡Yo soy Joaquín González, el sacerdote! -Sí, hijo mío, te has ganado el paraíso, te corresponde la bata de lino... -¡No, no puede ser! Yo conozco al otro señor, era un taxista, vivía en mi pueblo, ¡era un desastre como taxista! Se subía a las veredas, chocaba todos los días, una vez se estrelló contra una casa, manejaba muy mal, tiraba los postes de alumbrado, se llevaba todo por delante...Y yo me pasé setenta y cinco años de mi vida predicando todos los domingos en la parroquia, ¿cómo puede ser que a él le den la túnica con hilos de oro y la vara de platino y a mí esto? ¡Debe haber un error! -No, no es ningún error —dice san Pedro. Lo que pasa es que aquí, en el cielo, nosotros nos hemos acostumbrado a hacer evaluaciones como las que hacen ustedes en la vida terrenal. -¿Cómo? No entiendo... -Claro... ahora nos manejamos por resultados... Mira, te lo voy a explicar en tu caso y lo entenderás enseguida. Durante los últimos veinticinco años, cada vez que tú predicabas, la gente dormía; pero cada vez que él manejaba, la gente rezaba. ¡Resultados! ¿Entiendes ahora?
Anonymous
yo padecía ya de la peste mucho antes de conocer esta actitud y esta epidemia. Basta con decir que soy como todo el mundo. Pero hay gentes que no lo saben o que se encuentran bien en ese estado
Anonymous
Por supuesto, yo también tengo mi pundonor y no me gusta perder. Pero desde antaño, no sé por qué, nunca he tenido especial interés en competir con los demás para ver quién gana o pierde. Y esta tendencia no ha cambiado, en general, al hacerme adulto. En este y en otros ámbitos, no me preocupa en exceso si gano o me ganan. Me interesa más ver si soy o no capaz de superar los parámetros que doy por buenos. Y, en este sentido, las carreras de fondo encajaban perfectamente con mi mentalidad. ========== De qué hablo cuando hablo de correr (Murakami, Haruki)
Anonymous
Esta noche y para callarte, Bubú, te diré que tengo que solucionar algunas disputas administrativas con Dios. Te diré que Dios parece tener un estilo de dirección técnica que a mi no me gusta nada. Yo soy bastante antimuerte. Y Dios da toda la impresión de ser bastante promuerte. No sé cómo nos vamos a poner de acuerdo al respecto él y yo, Bubú.
David Foster Wallace
Guarda en el lugar más preciado de tu mente estas tres sentencias positivas: «Yo puedo» «Yo quiero» y «Yo soy capaz» Y todo te será posible.
Ignacio Novo
Poco falta para que me persuadas a hacerme cristiano. 29 A lo que contestó Pablo: Pluguiera a Dios, como deseo, que no solamente faltara poco, sino que no faltara nada para que tú y todos cuantos me oyen lleguen a ser hoy tales, cual soy yo, salvo estas cadenas. 30 Aquí se levantaron el rey, y el gobernador, y Berenice, y los que les hacían la corte. 31 Y habiéndose retirado aparte, hablaban entre sí, y decían: En efecto, este hombre no ha hecho cosa digna de muerte, ni de prisión. 32 Y Agripa dijo a Festo: Si no hubiese ya apelado a César, bien se le pudiera poner en libertad. 27
Félix Torres Amat (La Sagrada Biblia (Spanish Edition))
—No soy el rey de los topos —me decía—, no es necesario que me incluya en su mapa, por cierto tan detallado, tan bien hecho. Si hay alguien que debería estar fuera de su mapa soy yo, que soy un crítico de los de antes, alguien que está en contra de la jerga feroz y cabalística que se ha esparcido por los ambientes universitarios de Estados Unidos, donde los profesores y críticos hablan de lo literario con tal indiferencia por el elemento estético, moral o político de la literatura propiamente dicha, que puede afirmarse que esta ha desaparecido bajo los escombros de la teoría.
Enrique Vila-Matas (Montano's Malady)
Si la intención de la señorita Ivonne Helderg es mantenerme en suspenso lo está logrando y sólo espero poder dormir al menos ya que me aconsejó hacerlo porque según ella, no estaba segura de que yo lograra dormir mi siguiente noche aquí, la verdad eso me asustó. La apariencia de esta mujer a simple vista es angelical pero me aterra pensar que detrás de eso se esconde otra persona, una que no soy capaz de imaginar o tal vez pero no quiero hacerlo.
Itxamany Bustillo (El Broche (Spanish Edition))
9 de noviembre A Yegórov le quemaron la casa y asesinaron a su hijo. A Wrede le mataron a su padre. A Fedia, a su madre. Entiendo por qué odian a los Rojos. Pero yo, ¿por qué los odio? No tengo casa ni familia. No tengo pérdidas porque no tengo bienes. A muchas cosas soy indiferente. Qué me importa a mí quién frecuenta el Yar: si un gran príncipe borracho o un marinero ebrio con pendiente. Me da igual quién se «enriquezca» —es decir, quién robe—, si un funcionario zarista o un comunista con «conciencia de clase»: a fin de cuentas, no solo de pan vive el hombre. No me importa quién ostente el poder en el país: si la Cheká bolchevique o la Ojrana zarista. Después de todo, se recoge lo que se siembra. ¿Qué ha cambiado? Nada, salvo los nombres. ¿Hay que blandir la espada por tanta vanidad? Pero los odio. Descamisados, con un emboquillado en los labios, traicionaron a Rusia en el frente. Y descamisados, con un emboquillado en los labios, ahora la profanan. Profanan la vida cotidiana. Profanan la lengua. Profanan incluso la palabra «ruso». Se jactan de no tener linaje. Para ellos, la patria es un prejuicio. En nombre de su bienestar, venden por unos pocos kopeks una herencia que no les pertenece, que no es suya, sino de nuestros padres. ¡Y son estas bestias las que dictan las leyes en Moscú…! Si un piojo de tu camisa te grita que eres una pulga sal a la calle y ¡mátalo! Savínkov, Borís. El caballo negro (Impedimenta) (Spanish Edition) (Posición en Kindle433-447). Impedimenta. Edición de Kindle.
Boris Savinkov (El caballo negro)
El gran recurso es: Tengo una buena estima de mí. Tengo una buena imagen de mí. Me agasajan: acepto, me siento bien. Me agreden: no acepto o devuelvo, reacciono, y luego sigo sintiéndome bien. La imagen de uno mismo se construye durante la infancia. Experiencia: Un niño deja caer un objeto. ¿Cuál es su primera reacción? Busca los ojos de su madre, con el fin de leer, de encontrar y adivinar en ellos sus pensamientos a través de sus reacciones emocionales. Escucha su voz, observa intensamente sus gestos porque: “Yo no sé qué valor tiene mi comportamiento”, “Lo que he hecho, ¿está bien o mal?”. Saca deducciones rápidas, aleatorias, inconscientes: “Se ha enfadado, es por culpa mía”, “Está contenta, es gracias a mí”, “¿Me sigue queriendo?”. En esta frase: “Lo que he hecho, ¿es bueno o malo?”, hay que oír el verbo “ser” en lugar del verbo “hacer”: “¿Soy bueno o malo?”. ¡Y es de ahí de donde vienen la mayoría de nuestros problemas, de nuestros trastornos, de nuestras confusiones! ¡“Lo que he hecho” se vive como “Lo que soy”!
Christian Flèche (Sentir para Sanar: Tus síntonas revelan tus engranajes secretos (Spanish Edition))
Yo soy tu, querida madre, y mientras yo viva, tu también lo harás. Cuando muera, tu seguiras viviendo en este libro que te he dedicado y cuyo destino esta estrechamente atado a tu destino
Vasily Grossman
«Quemando la Cabaña: Un poema para Alfred Jackson». Las dulces palabras se riman rimando, las plumas del sol se admiran pensando. Mi mamita es la mujer más bella del mundo, y mi papito me trata de salvar, pero es iracundo. Papito, te escribo este poema porque me gusta escribir, solo deseo que tu corazón lo permita, que me dejes fluir. Lo que no entiendes, padre mío, es que me inhibes, me ofuscas, limitas mi brillo y me siento solo, en la noche oscura. Cuando elevas la mano, siento que deseas pegarme, te escribo para que entiendas: no quiero cegarme del mundo de las emociones y de los sentimientos, lo que sin duda equivale a un pulmón sin aliento. No comprendes, mi papito, que me estás haciendo mal, maltratando mi alma que una vez brilló como un cirio. Mi fuego interno se apagó. Creí que se murió; fue un susto, una muestra de protección que no perduró. Aprendí que un alma sin emociones, sin razón y emociones, no es más que un faro sin tesón. Perdóname pero debo decirte cuán equivocado estabas, que no supiste guiarme; para amarme nunca estabas: Porque para amar a otro, uno antes debe amarse sin límite. Dudo mucho que tú te hayas amado como yo me amo a mi mismo. Me he encontrado, claro como la luz del día. Soy un sol, mi propia fuente de alegría. Me gustaría decirte que, a pesar de los tormentos, te amo. A pesar de tu poco apoyo, logré salvarme, y ahora me amo. Soy una llama poderosa, un sol que no muere. No titubeo. Jamás desearías retar mi alma intransigente. La libertad del alma, la verdad de los hombres es esta: somos faros, somos llamas; somos posibles como las estrellas no abandonadas. Brillemos, iluminando la razón y el amor como soles. Estas palabras son para ti, padre mío: te perdono.
Pablo Andrés Wunderlich Padilla (Cuando el sol se derrama)
-Partís del principio -dijo la Maga-. Qué complicado. Vos sos como un testigo, sos el que va al museo y mira los cuadros. Quiero decir que los cuadros están ahí y vos en el museo, cerca y lejos al mismo tiempo. Yo soy un cuadro, Rocamadour es un cuadro. Etienne es un cuadro, esta pieza es un cuadro. Vos creés que estás en esta pieza pero no estás. Vos estás mirando la pieza, no estás en la pieza.
Julio Cortázar (Rayuela (Spanish Edition))
«Te veo tan hijo de puta como esos nazis que asesinaron a los judíos. Sos un criminal de guerra frustrado. Esta casa es un campo de concentración. Por la cocina corren tus alambradas electrizadas y tus perros. Yo soy la prisionera y vos el SS. Sos un guacho».
Alberto Laiseca (Matando enanos a garrotazos)
Es fácil dejar la creatividad a las personas creativas, y decirse a uno mismo: «Lo que pasa es que yo no soy creativo». El hecho es que en una economía compleja, dinámica e intelectualmente competitiva, adoptar esta postura ya no es algo aceptable.
Dave Gray (Gamestorming: A Playbook for Innovators, Rule-breakers, and Changemakers)
La primera, la de la inocencia, la vivencia de “paraíso familiar”. Una situación en dudoso equilibrio, de dependencia y sometimiento al que sabe, te cuida y te quiere. Aquellos que desde el principio dicen que te ofrecen todo a cambio de nada. La segunda etapa, que se corresponde con la llamada, se establece cuando los hijos comienzan a ser conscientes de las diferencias y los desacuerdos insalvables. Aparecen aquí por primera vez la vivencia y la necesidad de marcar una identidad propia (soy diferente). Es común en este momento la fantasía de no ser hijo de los propios padres (“Yo soy maravilloso y ellos no... ¡debo haber sido adoptado!”). La tercera etapa equivale a la partida. Comienza con la rebeldía y lleva al joven al umbral de salida del paraíso en el cual, ahora, se siente prisionero. Es la historia de Adán y Eva cuando nos muestran que desobedecer también es crecer. La cuarta etapa es la del entrenamiento. Una etapa llena de frustraciones, de descubrimiento de los propios recursos, de desarrollo de las habilidades y de encuentro con otros saberes, personas y grupos que hacen las veces de aquel legendario maestro. También tomamos consciencia aquí de las propias limitaciones y de la existencia de algunos compañeros de ruta no demasiado nutricios. Con estas herramientas, el medio héroe llega a la quinta etapa, la de la prueba y la batalla, en la que como mínimo debe vencer sus fantasmas, dejar de culpar a los padres, asumir su responsabilidad y adueñarse de su futuro. Seguramente enfrentando directamente en este proceso a su padre interno y, en ocasiones, al externo y auténtico para transformarse en hijo adulto. La sexta y última etapa, la de compartir lo aprendido y rescatar la figura de los padres, que se conoce con el nombre de retorno, es aquélla en la que los hijos vuelven al entorno familiar. Aunque ya nada es lo mismo, estos hijos ya no son nuestros sino, como decía Gibran, son hijos e hijas de la vida, y la familia a la que “regresan” quizá sea la que ellos mismos formarán.
Jorge Bucay (El difícil vínculo entre padres e hijos (Biblioteca Jorge Bucay) (Spanish Edition))
-Partís del principio -dijo la Maga-. Qué complicado. Vos sos como un testigo, sos el que va al museo y mira los cuadros. Quiero decir que los cuadros están ahí y vos en el museo, cerca y lejos al mismo tiempo. Yo soy un cuadro, Rocamadour es un cuadro. Etienne es un cuadro, esta pieza es un cuadro. Vos creés que estás en esta pieza pero no estás. Vos estás mirando la pieza, no estás en la pieza…
Julio Cortázar
Ahora al leerme estáis tal vez pensando que no soy de mi tiempo. Del mío sí. Pero tal vez ahora ya no lo soy del vuestro. El vuestro precipita el torbellino en que lo estáis perdiendo. El mío es un remanso sosegado lo mismo que un espejo. En estas soledades en que vivo me miráis como a un muerto: sin ver que es otra vida y otro mundo lo que yo llevo dentro.
José Bergamín
—Cuando estoy metida en una carrera larga, lo único que importa en esta vida es terminar la carrera. Por una vez, mi cabeza no está diciendo bla bla bla bla todo el tiempo. Todo se calma y fluye. Soy solo yo y el desplazamiento y el movimiento.
Christopher McDougall (Nacidos para correr: La historia de una tribu oculta, un grupo de superatletas y la mayor carrera de la historia)
Siempre me ha impresionado la noble dignidad de nuestro gran pueblo. He visto esa dignidad y puedo atestiguarla. Nuestro pueblo no es servil, aun habiendo sufrido dos siglos de esclavitud. Es desenvuelto en su porte y sus ademanes, pero sin ofender a nadie con esta desenvoltura. No es ni vengativo ni envidioso. Piensa: 'Eres distinguido, rico, inteligente... Que Dios te bendiga. Te respeto, pero has de saber que también yo soy un hombre. El hecho de que te respete sin envidiarte te revelará mi dignidad humana.
Fyodor Dostoevsky (Los Hermanos Karamazov (Spanish Edition))
Los ciegos no necesitan nombre, yo soy esta voz que tengo, lo demás no es importante.
José Saramago
Las nueve lecciones de Albert Einstein   Qué legado nos ha dejado Albert Einstein en forma de reflexiones que son aplicables a la vida personal y profesional?. A través de algunas de sus citas, tratamos de sacar conclusiones que puedan ser aplicadas en forma de valores en el presente. Algunas de estas ideas son : 1. - Tu curiosidad es importante. “No tengo ningún talento especial. Yo sólo soy apasionadamente curioso”. A través de esta cita, recordamos la necesidad de seguir nuestro interior. En el proceso de toma de decisiones, podemos hacer multitud de análisis, pero al final, la intuición es importante y debe ser considerada como factor fundamental. 2. - La perseverancia es la clave del éxito.    “No es que yo soy tan inteligente, es sólo que me quedo más tiempo con los problemas”. En el artículo “Hoy es el día. Tu éxito te está esperando” recogíamos la teoría de las 10.000 horas de Malcolm Gladwell. Cualquier objetivo que nos planteemos es alcanzable tras 10.000 horas de dedicación. Al final, una de las claves del éxito y la realización personal, como bien se deduce de la frase de Einstein, son la perseverancia, el espíritu de sacrificio y la dedicación. 3. - La importancia del presente. “Cualquier hombre que puede conducir de forma segura mientras besa a una chica guapa, no está dando al beso la atención que se merece.” Debemos disfrutar cada instante del momento presente con la intensidad y la importancia que ello requiere. Pensar en el pasado podría condicionar el modo en que vivimos nuestro presente. Pensar en el futuro podría trasladarnos incertidumbres y restar  intensidad al momento actual. Debemos planificar nuestro futuro y determinar qué es lo que queremos en nuestras vidas. Sin embargo, ahora mismo, lo más importante que podemos hacer es precisamente vivir intensamente este momento. 4. - El poder de la imaginación. “La imaginación lo es todo. Es la vista previa de las próximas atracciones de la vida. La imaginación es más importante que el conocimiento”. La visualización de las metas es fundamental como proceso para la consecución de las mismas. Genera confianza y fe. Cualquier cosa que vemos o disfrutamos en la actualidad, en algún momento estuvo en la mente de alguien en forma de imaginación. Con el paso del tiempo, esa imaginación se tradujo en algo tangible. 5. - La importancia del error. Es una clave en la carrera del éxito. “Una persona que nunca ha cometido un error nunca intentó nada nuevo.” El error es un estadio en el proceso del éxito. No existe éxito sin error como no existe el día sin la noche. Es una parte importante del proceso de aprendizaje. 6. - Generar Valor. “Intenta no volverte un hombre de éxito, sino volverte un hombre de valor.” Determinar y conocer nuestros valores, y vivir la vida a partir de éstos es fundamental. En caso de duda, siempre podemos recurrir a los valores. En ellos encontraremos la clave de la respuesta. 7. - En el cambio está la clave. “Locura: hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes”. John Maxwell, decía “nunca cambiarás tu vida a menos que cambies lo que haces diariamente”. Es otra forma de entender el mismo mensaje de Einstein. 8. - El conocimiento proviene de la experiencia. “La información no es conocimiento. La única fuente de conocimiento es la experiencia.” Estamos en la “era de la información”. La información fluye, pero por sí misma no constituye conocimiento. Cuando la sintetizamos y aprendemos, podremos aplicarla en forma de acción a nuestros proyectos cotidianos, transformando así información en conocimiento. 9. - Aprende las reglas y juega lo mejor que puedas. “Tienes que aprender las reglas del juego. Y luego tienes que jugar mejor que nadie.
José María Vicedo (Ahora Sí : 101 dosis de inspiración y superación personal (Spanish Edition))
Quien quisiera hacer un catálogo de monstruos no tendría más que fotografiar con palabras esas cosas que la noche trae a las almas somnolientas que no consiguen dormir. Planean como murciélagos sobre la pasividad del alma, o vampiros que chupasen la sangre de la sumisión. Son larvas del declive y del desperdicio, sombras que llenan el valle, vestigios que quedan del destino. Unas veces son gusanos, nauseabundos para la propia alma que los alimenta y cría; otras veces son espectros, y rondan siniestramente a nada; otras veces, también, emergen, culebras, de los antros absurdos de las emociones perdidas. Lastre de lo falso, no sirven sino para que no sirvamos. Son dudas del abismo, echadas en el alma, que arrastran arrugas somnolientas y frías. Duran humos, pasan rastros, y no hay más que el haberlo sido en la substancia estéril de haber tenido conciencia de ellos. Uno u otro es como pieza íntima de fuego artificial: chisporrotea un rato entre sueños, y el resto es la inconsciencia de la conciencia con que lo vivimos. Cinta desatada, el alma no existe en sí misma. Los grandes paisajes son para mañana, y nosotros ya hemos vivido. Ha fracasado la conversación interrumpida ¿Quién diría que la vida había de ser así? Me pierdo si me encuentro, dudo si opino, no tengo si obtuve. Como si me pasease, duermo, pero estoy despierto. Como si durmiese, despierto, y no me pertenezco. La vida, al final, es, en sí misma, un gran insomnio, y hay un aletargamiento lúcido en todo cuanto pensamos y hacemos. Sería feliz si pudiese dormir. Esta opinión es de este momento, porque no duermo. La noche es un peso inmenso por detrás del ahogarme con el cobertor mudo de lo que sueño. Tengo una indigestión en el alma, Siempre, después de después, llegará el día, pero será tarde, como siempre. Todo duerme y es feliz, menos yo. Descanso un poco, sin osar dormir. Y grandes cabezas de monstruos sin ser emergen confusas del fondo de lo que soy. Son dragones del Oriente del abismo, con lenguas encarnadas al margen de la lógica, con ojos que miran sin vida mi vida muerta que no los mira. ¡La tapa, por el amor de Dios, la tapa! ¡Conclúyanme la inconsciencia y la vida! Afortunadamente, por la ventana fría, con los postigos abiertos hacia atrás, un hilo triste de luz pálida empieza a sacar sombra del horizonte. Afortunadamente, lo que va a rayar es el día. Sosiego, casi, del cansancio del desasosiego. Un gallo canta, absurdo, en plena ciudad. El día lívido comienza en mi vago sueño. Alguna vez dormiré. Un ruido de ruedas hace carro. Mis párpados duermen, pero no yo. Todo, en fin, es el Destino. 4-11-1931.
Anonymous
Con acordeones grises y misántropos, gusanos de levita, dinosaurios. Descuenten ademanes a los mismos inventados de siempre, convenciones isócronas, mecánicas, hostiles. Será dar vueltas a una rueda quieta. Ir y volver desde dos puntos. Eso. Que no mojan mis lágrimas. ¡Qué importa! Ya me cansé de lo correcto, exacto, de poner punto y comas donde debo y olvidarme en disfraces de quién soy. Imágenes variadas de mí quedan distribuidas como postales diferentes. Tras diversos cristales he posado y he sido mil ante todos los fotógrafos vestidos de persona que me auscultan. Si uso yo ese yo no es sólo uno sino muchos que giran en torno a eso mismo que podría sacar al realizarme si toda esta cosa me dejara ser yo.
Isabel de los Ángeles Ruano (Torres y tatuajes)
Yo (dices tu nombre) nacido el (dices tu fecha de nacimiento), solicito e invoco la presencia de Dios y sus Ángeles en (describes la situación) cubro esta situación y a las personas involucradas con el Manto de la Justicia Divina de Dios y la pongo en marcha ahora mismo! Es mi voluntad y a partir de este momento sé que todo será de acuerdo a la ley Divina. Yo soy libre de esta situación ya no me preocupo ahora es cuestión de Dios y sus Ángeles divinos. Gracias Padre hecho está.
Sandra Castellanos (Ángeles : Tu dulce Compañía)
El cirujano y el misionero En cierta ocasión escuché el relato de un pastor-misionero que, luego de muchos años de labor, volvía a su país de origen para su merecido retiro. Sería una etapa de transición difícil pero necesaria. Su familia lo esperaba con ansias y él añoraba verlos. En el mismo viaje por avión, también regresaba un renombrado cirujano de la zona. Al llegar a su destino, a la salida de los pasajeros, había todo un comité de bienvenida formado por familiares y amigos, que con vítores y aplausos recibían y abrazaban al cirujano, que tantas vidas había librado de enfermedades. Pero, nadie había llegado para recibir al pastor-misionero. Debido a una información incorrecta de la llegada de su vuelo, su familia y sus amigos se habían retrasado en su llegada al aeropuerto. Mientras él los esperaba, sutilmente, una raíz de sentimiento de tristeza comenzó a infiltrarse en su corazón. (¡Cuidado con las raíces!). Comenzó mentalmente a calcular y repasar todo el inmenso y tedioso trabajo de tantos años llevado a cabo en un país extranjero. Las privaciones de comodidades y buenas comidas, los momentos de gran peligro, las épocas de enfermedad, el bien hecho a cientos de almas discipuladas y bautizadas, los templos construidos, etc. Todo lo veía como una película desplegada vertiginosamente. Lágrimas calientes de amargura y resentimiento se asomaron a sus ojos. “Yo también soy digno de una bienvenida así, porque más que ayudar a personas enfermas, yo ayudé a ganar almas”, pensaba con coraje. Mientras observaba la algarabía que rodeaba al famoso cirujano, de momento le invadió un sentido de soledad. Alejándose cabizbajo y compungido en su espíritu, tomó un taxi, tirándose hacia atrás en el asiento posterior, sumido en su autocompa- sión. Llegó sin ánimo a un cuarto de hotel, a donde esperaría a sus familiares. Luego de soltar su equipaje, se lanzó de rodillas en profundo llanto y oración al lado de la cama, tratando de controlar sus emociones. De pronto… ¡él cuarto se llenó de una fuerte y brillante luz! ¡Él percibió que la presencia del Señor llenaba la atmósfera! Al momento, sintió cómo dos manos cálidas y firmes se posaron gentilmente sobre sus hombros, infundiéndole nuevas fuerzas instantaneamente. A la misma vez, oyó la voz única del Príncipe de los Pastores, diciéndole: “¡Mi siervo querido y fiel, todavía no es tu bienvenida, te estoy preparando una gran fiesta!”. El pastor-misionero, aún bañado en lágrimas pero esta vez de consolación y alegría, alzaba sus manos al cielo, arrepentido de sus resentimientos y celos, maravillado de que el Señor del universo hubiese descendido a visitarle personalmente. Distinguidos pastores y ministros en la labranza del Maestro, cuando la amargura, el resentimiento o el celo quieran asomar su nefasta “cabeza” en nuestros corazones, recordemos que nuestra recompensa aún se está preparando y algún día escucharemos su voz única dicién- donos: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!” (Mateo 25:21). ¡
David Samuel Ocasio (Olor a ovejas: Perspectivas y principios para el servicio (Spanish Edition))
yo soy el que soy; no una estructura artificial, frágil y siempre amenazada, sino lo que soy a los ojos de Dios: un niño pobre que no posee nada, un niño que todo lo recibe, pero infinitamente amado y totalmente libre; un niño que no tiene miedo a nada, ni nada que perder, porque ya lo posee todo por adelantado del amor gratuito y benevolente del Padre, que un día le dijo estas palabras definitivas: Todo lo mío es tuyo5
Jacques Philippe (La libertad interior)
Si algún lector piensa que soy innecesariamente escrupuloso en este punto, le recomiendo que tome nota de un libro singular por Samuel Rutherford (autor de las bien conocidas cartas), llamado “The Spiritual Antichrist” (El anticristo espiritual). Verán allí que, dos siglos atrás, aparecieron las herejías alocadas de una enseñanza extravagante, precisamente acerca de esta doctrina de que “Cristo mora” en los creyentes. Encontrarán que Saltmarsh, Dell, Towne y otros maestros falsos contra quienes contendió el acertado Samuel Rutherford. Aquellos tenían extrañas nociones acerca de “Cristo en nosotros” y luego procedieron a edificar sobre la doctrina antinomiana, sobre un fanatismo de la peor clase y con tendencias de las más viles. Así, ellos mantenían que la vida separada y personal del creyente había desaparecido completamente, ¡que Cristo viviendo en él era quien se arrepentía, creía y actuaba! La raíz de este tremendo error era una interpretación forzada y nada bíblica de textos como “ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gá. 2:20) y el resultado natural de esto fue que muchos infelices seguidores de este pensamiento llegaron a la cómoda conclusión de que los creyentes no eran responsables de sus acciones, ¡hicieran lo que hicieran! Según esta interpretación, ¡los creyentes estaban muertos y sepultados y sólo Cristo vivía en ellos y se hacía cargo de todo! ¡La consecuencia definitiva fue que algunos creían que podían quedarse tranquilos con una seguridad carnal, que ya no tenían ninguna responsabilidad personal y podían cometer cualquier clase de pecado sin ningún temor! No olvidemos nunca que la verdad distorsionada y exagerada, puede convertirse en el origen de las herejías más peligrosas. Cuando hablamos de que “Cristo está en nosotros”, tengamos el cuidado de explicar lo que queremos decir. Me temo que hay quienes descuidan esto en la actualidad. 6.
J.C. Ryle (Santidad (Spanish Edition))
Yo me llamo la caridad, soy el camino principal que conduce a Dios; seguidme, porque soy el objeto al que debéis todos aspirar. Esta mañana he hecho mi paseo habitual, y con el corazón lastimado vengo a deciros: ¡Oh! amigos míos, qué miserias, qué lágrimas y cuánto tenéis que hacer para sacarlas todas! He procurado vanamente consolar a las pobres madres; las he dicho al oído: ¡Animo! ¡hay buenos corazones que velan por vosotras, no os abandonarán, paciencia! Dios está aquí, sois sus amadas, sois sus elegidas. Parece que me oyen y vuelven a mí sus grandes ojos extraviados, pues leía en su pobre rostro que su cuerpo, ese tirano del espíritu, tenía hambre, y que si mis palabras serenaban un poco su corazón, no llenaban su estómago. Repetía otra vez, ¡ánimo, ánimo!, y entonces una pobre madre, joven aun, que amamantaba a su hijito, lo ha tomado en sus brazos y lo ha levantado como rogándome que protegiese a aquel pobre pequeño ser que sólo sacaba de su seno estéril un alimento insuficiente. En otra parte, amigos míos, he visto a pobres ancianos sin trabajo y en breve sin asilo, presa de todos los sufrimientos de la necesidad, y avergonzados de su miseria, no atreverse, no habiendo mendigado nunca, a implorar la piedad de los viandantes. Con el corazón conmovido de compasión, yo que nada tengo, me he puesto a mendigar para ellos, y voy por todas partes estimulando la beneficencia e inspirando buenos sentimientos a los corazones generosos y compasivos. Por esto vengo hoy, amigos míos, y os digo: allá hay desgraciados cuya artesa está sin pan, su hogar sin fuego y su cama sin abrigo. No os digo lo que debéis hacer, dejo la iniciativa a vuestros corazones; si yo os trazara vuestra línea de conducta, no tendríais el mérito de vuestra buena acción, sólo os digo: Soy la caridad, y os tiendo la mano para vuestros hermanos que sufren. Mas si pido, también doy, y doy mucho; ¡os convido al gran banquete, y os facilito el árbol en que os saciaréis todos! ¡Mirad qué hermoso es y cuán cargado está de flores y de frutos! Id, id; coged todos los frutos de ese hermoso árbol, que es la beneficencia. En el lugar que ocupaban las ramas que habréis cogido, pondré todas las buenas acciones que haréis y llevaré este árbol a Dios para que lo cargue de nuevo, porque la beneficencia es inagotable. Seguidme, pues, amigos míos, a fin de que os cuente en el número de los que se alisten a mi bandera; no tengáis miedo; yo os conduciré al camino de la salvación; porque soy la Caridad. (Caritá, martirizada en Roma. Lyon, 1861).
Allan Kardec (El Evangelio segun los Espiritus (Spanish Edition))
LA TAZA DE CAFÉ Puede que ya conozcas esta escena. Ya estás en una relación, y una persona soltera y atractiva del sexo opuesto te pide que tomes un café con ella. La idea te entusiasma. ¿Es que acaso existe tal cosa como una simple taza de café? Revísate. ¿Qué estás buscando? ¿Qué pasa en tu relación para que estés por ahí con otra persona "tomando un café"? ¿Puedes verme oculto en esta escena? ¿Qué carencia estoy activando en ti? ¿Qué te estoy proporcionando, además de un café? ¿Qué te hace sentir bien del hecho que alguien te invite a salir? No es la cafeína. ¿Es recibir atención de otra persona? ¿Soy yo? Toma en cuenta lo siguiente: si creas una abertura para mí, entraré; y probablemente no te guste el lugar al que te llevaré. A veces, las decisiones que parecen más inofensivas llevan implícitas consecuencias que cambiarán tu vida. Así que prepárate como corresponde.
Yehuda Berg (Satán. Una autobiografía de nuestro gran oponente, el ego)
«En esta gran ciudad soy la única persona que no se dedica a hacer negocios y cada uno está tan activamente preocupado en ganar dinero que yo podría pasar la vida en la más completa soledad».
Leonardo Padura (La libertad como herejía)
actitud que dice: “Yo no debería estar en esta situación, sino ser tratado mejor por Dios o por la demás gente”. Es la actitud de: “A miles les puede ocurrir, ¡pero no a mí!”. Hasta que nos humillemos y notemos cuan bendecidos somos con lo que tenemos, no cesaremos de quejamos por lo que nos falta. Por ejemplo, mi esposo no es el tipo de hombre que me compra flores los días especiales, pero en cambio es muy adaptable, y alguien con quien es fácil llevarse bien. Hubo muchos cumpleaños, aniversarios, y días de amor y amistad durante los cuales consideré como una falta suya que no hiciera algo más. Él siempre me decía: “Si quieres algo, vamos y compramos cualquier cosa que esté dentro de mis posibilidades”. Pero, claro, como soy mujer, quería que él recorriera a los centros comerciales buscando algo para luego darme la sorpresa. Refunfuñaba ante el Señor, me hervía la sangre, me enojaba, me sentía ofendida y herida, y me autocompadecía. Todo esto no me hacía ningún bien, ni cambiaba un ápice a mi marido. Dave es un hombre absolutamente
Joyce Meyer (¡Esta boca mía!: La solución de sus problemas está en su boca (Spanish Edition))
Entiendo esta mierda es intensa porque yo soy intenso
Anonymous
Y me dije que acaso él pensara: "Alto ahí, pequeña histérica, éste es mi reino, aquí soy yo el señor: vuelve atrás, a tu casa, con tu vieja malvada y egoísta, con tus hipócritas, con tus malvados encubiertos. Vuelve a tu cerrada casa de rincones mohosos, con ratones que huyen como alma en pena y tu vajilla de oro, regalo del rey. Anda, vuelve, vuelve: esta otra es mi casa, y nunca la podrás entender, estúpida, ridícula criatura".
Ana María Matute
—Vos no podrías —dijo—. Vos pensás demasiado antes de hacer nada. —Parto del principio de que la reflexión debe preceder a la acción, bobalina. —Partís del principio —dijo la Maga—. Qué complicado. Vos sos como un testigo, sos el que va al museo y mira los cuadros. Quiero decir que los cuadros están ahí y vos en el museo, cerca y lejos al mismo tiempo. Yo soy un cuadro, Rocamadour es un cuadro. Etienne es un cuadro, esta pieza es un cuadro. Vos creés que estás en esta pieza pero no estás. Vos estás mirando la pieza, no estás en la pieza. —Esta chica lo dejaría verde a Santo Tomás —dijo Oliveira. —¿Por qué Santo Tomás? —dijo la Maga—. ¿Ese idiota que quería ver para creer? —Sí, querida —dijo Oliveira, pensando que en el
Julio Cortázar (Rayuela)
Dios, yo entiendo y acepto que soy más que un cuerpo y que tal vez hay mucho acerca de la vida espiritual que yo no veo ni entiendo. Mientras yo leo acerca de estas cosas, ¿abrirías los ojos de mi entendimiento, ayudándome a ver lo que no veo? Yo sinceramente quiero saber la verdad. Amen.
Cary Schmidt (Hecho: lo que la mayoría de las religiones no cuentan acerca de la Biblia)
La pregunta correcta para ponerse en la búsqueda de la verdad es: ¿“Quién soy yo?” Pero si tú eres un verdadero buscador y no un intelectual a la busca de una nueva forma con la cual jugar con el juguete del intelecto, si eres animado por una verdadera pasión religiosa, si sientes todo tu ser comprimido de una pulsión febril hacia la verdad, si tu deseo por Dios es como la desgarradora sed de un explorador perdido en el desierto, la forma correcta de poner esta pregunta es la que nos indica Pancho López en su sanguina pasión: “¿Quién chingados soy yo?
Prem Dayal (¡Me vale madres!: Mantras mexicanos para la liberación del espíritu)
PD. DE "LA OTRA CONSULTA". Revisé la parte de la correspondencia externa que va dirigida a mi pasamontañas. Hay de todo: caricaturas, albures, mentadas (de menta y de las otras), amenazas de muerte y retos a duelo. Estos son los resultados preliminares: -El 97.98% de los consultados piensa que soy muy mamón. El 2% dice que no soy mamón, sino bastante payaso. El 0.02% no contestó (está contando un chiste de pepito). -El 87.56% piensa que voy a terminar vendiéndome con el gobierno. El 12% pregunta que cuál es el precio. El 0.44% revisa la cartera en busca de cambio. -El 74.38% dice que yo no escribo las cartas y comunicados, que con esta cara (?) dudan que pueda hilvanar un par de ideas coherentes. El 25% señala que sí escribo yo, pero me dictan. El 0.62% mejor se puso a leer El Chahuistle. -El 69.69% dice lo que dice. El resto no lo dice, pero lo piensa. Varios no contestaron, pero entornaron los ojos y jadearon ostensiblemente. -El 53.45% dice que nunca he estado en la montaña, que despacho desde un escritorio público donde se mecanografían tesis y cartas como la que, el otro día, me dictó Rutilio y que dice: "Ufemia: Claro necesito que me digas si querétaro las manzanas para que poninas dijo popochas y, si naranjas podridas y ni maiz palomas, me boinas con los cuadernos". El 46% dice que sí estuve en la montaña pero en la de Vail, Colorado, iuesei. El 0.55% está haciendo fila en la taquilla de la montaña rusa. -El 49.99% dice que nunca he agarrado un arma y que soy "soldado de escritorio". El 50% dice que la única arma que he agarrado es la que diosito me dio y quién sabe, dicen. El 0.01% se mantuvo a prudente distancia (¡órale! ¡no salpiquen!). -El 33.71% dice que "perdí el piso" con la crítica al PRD y el veto a "importantes diarios" (?). El 66% dice que nunca he tenido piso alguno, que seguro me desalojaron. El 0.29% no trajo su copia de la boleta predial. -El 26.62% dice que mi pasamontañas ya está muy guango y que enseña TODO. El 73% dice que me suba el cierre del pantalón. El 0.38% fue por unos binoculares. -El 13.64% dice que soy egocentrista. El 86% dice que soy un presumido. El 0.36% cambió de periódico y ahora lee Nexos. -El 99.99999% dice que ya está hasta la madre de encuestas y consultas. El 0.00001% fue al baño, ahorita regresa (ojo: se llevó la hoja de la encuesta, no se vayan a manchar).
Subcomandante Marcos
En el mundo hay gente que lee y gente que no lee. En el mundo hay gente que puede con todo y jamás abandona una lectura y hay gente que deja de leer un texto porque no le dice nada. Yo soy de los lectores que pertenecen a esta clase. Hoy he dejado de leer un libro de Pamuk, “El libro negro”. Me cuesta renunciar a la lectura, me parece un desprecio a la literatura. Me pasó con el “Ulises” de Joyce y casi me pasa lo mismo con “El jinete polaco” de Muñoz Molina. Meses después logré leerla y me emocionó la escena del encuentro, o más bien, reencuentro del hijo y el padre en una estación de trenes. Antonio Muñoz Molina alarga exageradamente las líneas. No es fácil. Con otro libro extraño de un autor extraño- Juan Rulfo- me veía incapaz de acabarlo. Más adelante pude con la novela gracias a unas líneas referentes a la grandeza de “Pedro Páramo” puestas en boca de la Reina del Sur* Soy un lector que no lee todos los libros. Me pregunto si sería bueno anotar en un diario de lecturas como goodreads además de los libros leídos-mis pequeños desafíos- registrar igualmente los libros no leídos. Hoy he dejado de leer “El libro negro” y lo siento. Detrás de muchas batallas ganadas se guardan muchas derrotas. Esta es mi cuenta en mi diario de lecturas goodreads Una novela de Vargas Llosa me espera, me está esperando inquieta … _
Eugenio Fouz
Se que lo nuestro esta jodido, ¿vale? Yo soy impulsivo, tengo mal carácter y tú me calas mas hondo que cualquiera. Actúas como si me odiaras y al minuto siguiente me necesitaras. Nunca hago nada bien, y no te merezco..., pero estoy jodidamente enamorado de ti, Abby. Te quiero mas de lo que he querido a nadie o a nada jamás. Cuando estoy contigo no necesito beber, ni dinero, ni pelear, ni los líos de una noche..., solo te necesito a ti. No pienso en nada más. No sueño con nada mas. Eres todo lo que quiero.
Jamie McGuire (Beautiful Disaster (Beautiful, #1))
Partís del principio —dijo la Maga—. Qué complicado. Vos sos como un testigo, sos el que va al museo y mira los cuadros. Quiero decir que los cuadros están ahí y vos en el museo, cerca y lejos al mismo tiempo. Yo soy un cuadro, Rocamadour es un cuadro. Etienne es un cuadro, esta pieza es un cuadro. Vos creés que estás en esta pieza pero no estás. Vos estás mirando la pieza, no estás en la pieza.
Julio Cortázar (Rayuela)
El veterano machetero se dejó conducir hasta una casa, donde lo obligaron a recostarse en una cama, al pie de una mesita de noche donde un coro de velas blancas parecía cantar el encantamiento de un silencio benefactor: Ahora si que ya me morí, pensó Miguel. ¿No había un velorio esta noche? ¿Acaso no le había dicho eso su primo Yeison durante el desayuno? El muerto soy yo, pensó Miguel, que ni siquiera podía llorar en su media ausencia. Me mataron, se dijo, me mataron y no me di cuenta. A lo lejos se escuchaba una música de violines y tambores. La musica de los funerales negros.
Juan Cárdenas (Elástico de sombra)
— Mi señor, ¿has visto el amanecer esta mañana? Se hubiera dicho que la tierra saltaba al encuentro del sol. Al principio, todo era oscuridad; luego surgió la luz como una nota musical. Mi señor, yo soy tu pobre tierra, que espera.
Pearl S. Buck (East Wind: West Wind)
No voy a darle nombres, pero una vez vi a un ciclista fumando un cigarrillo maloliente justo antes de una etapa. Y cuando digo maloliente me quedo corto... era realmente repugnante, un hedor que se metía dentro y te llegaba a marear entre nauseas. Pues bien, terminado el parcial pregunté al mismo tipo, que había llegado cómodamente en el pelotón delantero, que qué era aquello. Bajó la voz, te lo cuento si no se lo dices a nadie. Yo se lo prometí por lo más sagrado, y le juro que es la primera vez que cuento esta historia. Entonces él susurró. Es boñiga de vaca, dijo. Pero no de cualquier vaca, no, sino de las que tengo paciendo en mi casa, allá por los Pirineos. La recojo en otoño, justo al bajarlas de los puertos más altos, es entonces cuando dan la leche más espesa, así que, en buena lógica, la mierda también debe de ser la mejor. Luego la dejo secando dos semanas al sol, la desmenuzo y me la guardo para las carreras. Porque da vitalidad, mucha, ya me ha visto usted hoy, soy invencible, con la fuerza de un toro. Al final casi gritaba, con los ojos saltones, saliendo de las órbitas. Me lo contó el curandero de un pueblo que hay muy cerca del mío, él sí que sabe cómo preparar a los ases, jajaja. Y no le enseño las setas porque se me acabaron en los Alpes... Quiero decir que por supuesto que se usaría a veces cocaína para los ojos... al fin y al cabo algunos hasta fumaban bosta de vaca.
Marcos Pereda (Una pulga en la montaña: La novela de Vicente Trueba)
Asistiendo encogido junto a la estufa, donde ardía y se apagaba la brazada de ramas verdes que había acarreado el muchacho, Díaz Grey buscaba reunir todo lo que el vehemente repetidor hombre gordo ignoraba de sí mismo. «Nació aquí, en la costa, y las superficies del río, de la arena, del campo lo estuvieron aislando y lo anularon, durante cincuenta años mientras que la frecuencia de la balsa le dio, le mantiene la ilusión de participar en los hechos lejanos que él considera decisivos. No es una persona; es, como todos los habitantes de esta franja del río, una determinada intensidad de existencia que ocupa, se envasa en la forma de su particular manía, su particular idiotez. Porque solo nos diferenciamos por el tipo de autonegación que hemos elegido o nos fue impuesto. Un pequeño país en broma, desde la costa hasta los rieles que limitan la Colonia, donde cada uno cree en su papel y lo juega sin gracia. Y así yo, cuando me distraigo, cuando dejo de estar alerta y participo, soy el doctor Díaz Grey, hago el médico, el hombre de ciencia con conocimientos menos discutibles que los de las viejas que atienden partos, empachos y gualichos en el caserío de la costa. Y así también este pobre hombre, al que me empeño en querer, dejó de ser el auténtico y para siempre ignorado Euclides Barthé hace muchos años y todos, sin desconfianza, lo ven representar el boticario, el herborista, el concejal, y —ahora hasta su muerte— el profeta de los prostíbulos sanmarianos.»
Juan Carlos Onetti (Juntacadáveres)
Una risa melódica le brota de la garganta. No puedo negar que me gusta oírla. No, me gusta saber que soy yo quien la ha hecho reír. A esta cabrona y guapísima mujer con la actitud más arisca que he conocido nunca y que aprovecha toda oportunidad que se le presenta para insultarme.
Elle Kennedy (The Risk (Briar U, #2))
Quédate quieto y sabrás que Yo Soy Dios".  Cree, siente que Yo Soy; sabiendo que este conocedor dentro de ti, tu conciencia de ser, es Dios. Cierra tus ojos y siéntete sin rostro, sin forma y sin figura. Acércate a esta quietud como si fuera lo más fácil del mundo. Esta actitud asegurará tu éxito.
Neville Goddard (Tu Fe es tu Fortuna (Spanish Edition))
el diablo anoche me habló y me dijo: no serás capaz de superar esta tormenta. Esta mañana lo miré y le dije: la tormenta soy yo
Pablo Jacobsen (Máximo desempeño (Spanish Edition))
Demonio de Ángel, yo pagué el precio de tu ardiente fantasía. Allí pasé a ser lo que soy: un medicucho que explora, día a día, la vagina de tus virgenes. Desangrar virgenes ha sido mi ocupación durante años. De tu hermosa Virgen del Quinche, aborreceré cada día más el cuerno sin raíz en el que asienta su castidad. Al diablo con la castidad, pues la castidad la hago yo con mis tenazas. Aborrezco los prostíbulos con olor a sacristía, las iglesias con ambiente de prostíbulo. De tu misteriosa Virgen del Dedo, aborreceré siempre aquel gesto obsceno que parece ocultarse tras las sedas de su manto celestial. De esta Virgen sensual, provocativa, sólo me queda la imagen de sus grandes senos ocultando un corazón de vidrio rojo. Un corazón donde tus parientes, año tras año, refriegan tontamente sus penurias. De tu agresiva Virgen de la Ciudad, aborrecerá toda mi vida esa capacidad de disolverse como un arcángel en las sombras del callejón más cercano. Reina con alas de cemento durante el día, puta crepuscular que visita los bajos de mi casa a media noche. Aborrezco a todas estas virgenes que recorren la ciudad como fantasmas, exhibiendo sus impudicias, disimulando en pan de oro su condena madre. Apenas ha cesado la vida en sus entrañas, cuando ya comienzan a hilar las venas de sus vientre en silencio. No hay perdón, ni solución posible. De todas estas virgenes, sin embargo, yo bebo la sangre que despiden, alimentando así la avidez de mi sótano con sus pozos pestilentes. De todas estas putas, de todas estas potrancas que habitan los altares de la ciudad, las casas decentes como tú dirías, yo voy acumulando con sabor a muerte las monedas, los billetes, que justifican mi desgracia. Maldigo la hora en que te conocí, Angelote, pues ahí nació mi desgracia. Maldigo tu nefasta influencia, aunque ahora ya sea demasiado tarde. Maldigo el día en que, por primera vez, puse mis manos sobre el vientre de una mujer, puesto que esa mujer pudo haber sido mi madre.
Javier Vásconez (Angelote, amor mío)
Yo necesitaba desesperadamente absorber esta verdad de nuevo: estoy más allá del perdón. Soy más que un sirviente. He sido adoptado por un Padre cuyo amor es perfecto, cuya aceptación es incondicional, cuyo afecto nunca acaba y cuya generosidad no tiene límites. Un Padre que está de mi parte… para siempre.
Lee Strobel (El caso de la gracia: Un periodista explora las evidencias de unas vidas transformadas)
Yo quisiera sin duda alguna gozar del sorteo que tan generosamente V.S. ofrece para que se liberte una porción de mi clase; pero el amor que tengo a mi Señora ama, me hace resistir contra mi propio bien, y que prefiera vivir en el miserable estado en que me hallo, que gozar una libertad que desea mi corazón con tanta naturalidad, y este es el porque mi Señora es septuagenaria, soltera y achacosa: me ha criado con todo cariño; y en el día su suerte es algo escasa: yo soy albañil, y con mi jornal alivio en lo posible su estado, acompañándola el resto del tiempo que me quede libre. Es tal el respeto y reconocimiento que la profeso, que aun cuando fuese cierto de alcanzar la libertad que me lisonjea el sorteo, temería que esta me rindiese ingrato a quien debo tanto bien, y tal vez la desecharía.” (Documento Nº 479.)
Marcos de Estrada (Invasiones inglesas al Rio de la Plata, 1806-1807 (Spanish Edition))
No hay libertad en un sentimiento de colaboración alcanzado mediante el deseo de reconocimiento. Somos seres que eligen la libertad y aspiran a la felicidad. JOVEN: Entonces, la felicidad solo es posible si somos libres. FILÓSOFO: Sí. La libertad, en tanto que institución, puede variar dependiendo del país, de la época o de la cultura. Sin embargo, la felicidad en las relaciones interpersonales es universal. JOVEN: ¿No hay manera de que aceptes la realidad del deseo de reconocimiento? FILÓSOFO: Si llegas a tener un sentimiento de colaboración verdadero, no necesitarás el reconocimiento de nadie, porque ya tendrás la conciencia real de que «le soy útil a alguien» sin necesidad de esforzarte para que te reconozcan. Dicho de otro modo, las personas obsesionadas por el reconocimiento de los demás aún no han alcanzado el sentimiento de colaboración y no han conseguido aceptarse a sí mismas, sentirse seguras con los demás ni colaborar con los demás. JOVEN: Entonces, ¿si alcanzamos el sentimiento de colaboración, el deseo de reconocimiento desaparece? FILÓSOFO: Sí, desaparece. Ya no necesitamos el reconocimiento de los demás. Las ideas del filósofo podían resumirse así: solo podemos ser verdaderamente conscientes de lo que valemos cuando sentimos que somos útiles a los demás. Sin embargo, es indiferente que nuestra colaboración sea visible o invisible. Basta con tener el sentimiento subjetivo de que somos útiles a los demás, de que aportamos algo. Y entonces, el filósofo llega a esta conclusión: la felicidad es el sentimiento de colaboración. Al joven no le cabía duda de que la afirmación tenía parte de verdad. «Pero ¿la felicidad es solo eso? ¡No, si es la felicidad que yo busco!»
Ichiro Kishimi (Atrévete a no gustar: Libérate de tus miedos y alcanza la verdadera felicidad)
Entiendo que quieras tu venganza. Pero llévala a cabo después de que nuestra ciudad este a salvo. Yo soy lo que esta ciudad hizo de mí. Si tenemos que cooperar una vez más, no puedes odiarme mientras estemos en esta misión. Nuestra gente podría salir sacrificada si no tenemos cuidado. Pero en lugar de eso quería decir: “no me hagas esto. No puedo soportar verte así. Eso acabará conmigo más pronto de lo que podría hacerlo la ciudad, si alguna vez tratara de hacerlo
Chloe Gong (Our Violent Ends (These Violent Delights, #2))
Mi querido Marcos: Siempre aparece asi, súbitamente, y luego vuelve a sumergirse en esta ciudad para desaparecer en alguno de sus más intrincados laberintos. Qué grato saber de usted. Me pregunta si es posible visitarme para entrevistarme como escritor. Hombre, yo ya soy un tema muy aburrido para mí mismo. Todo lo que tenía que decir está ahí, en los libros y puedo decir literalemente que están escritos con sangre. ¿Se acuerda de que siempre nos preguntábamos con Simón y con los otros del grupo cuándo seríamos capaces de convertir a Bogotá en una ciudad literaria, en un referente novelesco, como Buenos Aires o Ciudad de México? Pues viejo, yo creo que lo logramos.
Mario Mendoza (Apocalipsis)
He cometido el error típico de principiante, el 101, «uan o uan», del que siempre me he burlado entre lesbianas. En parrilladas o entre tragos siempre comentamos: «fulana se ha mudado con mengana, horror, solo llevan dos meses». Y apostamos cuánto tiempo durarán. Yo voy una semana y me he enganchado a una extraña, he vaciado la mitad de mis cajones y mi clóset para que se instale. En el baño ahora hay dos toallas y dos cepillos de dientes. A esta situación, en los monólogos queer o en shows cómicos norteamericanos, le llaman el síndrome U-Haul, haciendo alusión a los camiones de mudanzas de dicha empresa. Conoces a una chica con la que parece que tendrás la relación perfecta y quieres mudarte a los dos días con ella, porque no quieres perder tiempo, cuando en realidad tiempo es lo que dos personas necesitan para conocerse. Por separado. Ahora yo soy la broma.
Karen Luy de Aliaga (Compórtense como señoritas)
—Todo vuelve a las cenizas, así que esta carne también arderá. Pero yo soy Tehlu. Hijo de mí mismo. Padre de mí mismo. Yo estaba antes, y estaré después. Si soy un sacrificio, lo soy únicamente a mí mismo. Y si alguien me necesita y me invoca de la forma correcta, volveré para juzgar y castigar.
Patrick Rothfuss (El nombre del viento)
Esta foto debe tener cerca de treinta años. Exagero si te digo que sólo la cuarta parte son actualmente sacerdotes. Es asombrosa la variedad de ocupaciones que tienen ahora. Éste vende vehículos, al igual que..., a ver ¿dónde están?, éste y éste, eran de la misma Orden. Por ahí hay uno que tiene un quiosco de hamburguesas. Estos dos dominicos de hábito, fíjate, siguieron caminos muy distintos, el uno es pastor evangélico y el otro dirigente del Partido Socialista, sí debes conocerlo, por lo que es copartidario de este franciscano. No te sorprenderá saber que estos dos que están aparte, conversando entre ellos, ahora se dediquen a la consultoría política, pero el pelado ya no era junior, muy mayor a nosotros. ¿Reconoces a éste que está a mi lado?… porque este soy yo. ¿No? Bueno, todavía está preso en el penal con una condena de dieciséis años por terrorismo. Lo más granado de la izquierda ecuatoriana salió del clero. Algunos de estos se perdieron en el alcohol o las drogas. Me parecen una bandada de jilgueros magallánicos listos para volar, que se dispersaron al oír el clic de la cámara, para no reunirse nunca más… —De hecho no se ha visto un grupo grande de esos pajaritos en décadas. —Ni de frailes.
Alfonso Reece Dousdebés (Todas las aves)
El gran énfasis que el vedanta pone en el Ser probablemente sea su principal característica y lo que más lo diferencia del budismo. Mientras que el vedanta considera que la conciencia pura es el Ser o Atman, el budismo prefiere destacar el anatman o no yo. Encontramos ecos de la gran importancia que el vedanta le confiere al Ser en tradiciones místicas occidentales como el gnosticismo, que influyó en el cristianismo temprano o el sufismo islámico. Todas estas disciplinas se refieren a Dios como el Ser o el Yo-soy supremo. La tradición occidental del Ser se remonta como mínimo a la revelación bíblica de Dios ante Moisés como «Yo soy el que soy», aunque esta noción quedó eclipsada por el acento que se le otorgó al monoteísmo como la verdad suprema. También encontramos esta clase de expresiones sobre el Yo-soy divino en tradiciones paganas como las de los celtas o las de los antiguos griegos y egipcios, que presentan muchos aspectos en común con el hinduismo.
David Frawley (Meditación vedanta: Enseñanzas para encender la llama de la conciencia (Spanish Edition))
Yo estoy enferma... sí señor, a pesar de estos colores y de esta carne, como dice Don Robustiano, estoy enferma; a veces se me figura que soy por dentro un montón de arena que se desmorona... No sé cómo explicarlo... siento grietas en la vida... me divido dentro de mí,... me achico, me anulo... ¡Si usted me viera por dentro, me tendría lástima!
Leopoldo Alas (La Regenta II)
¿Qué es una misión? La misión es un complemento que energiza la visión y se diferencia de ella porque no se trata de una imagen, sino de una declaración escrita de los principios y valores que van a dictar nuestra forma de pensar, de hablar y de actuar. Un ejemplo histórico y mi propia misión personal pueden ayudar a entenderlo. La claridad de una misión Nelson Mandela es uno de los grandes líderes del mundo moderno. En diciembre de 1993 obtuvo, junto con De Klerck, el Premio Nobel de la Paz. Durante los actos de celebración de su elección como presidente de su país, la primera fila del auditorio no fue ocupada por dignatarios de otros países, sino por aquellos carceleros que le custodiaron a lo largo de los 27 años que permaneció en prisión. «Fue a lo largo de aquellos largos y solitarios años cuando mi hambre por la libertad de mi propio pueblo se convirtió en hambre por la libertad de todos, fueran blancos o negros. Pude comprender que el oprimido necesita ser liberado tanto como lo necesita el opresor. Un hombre que priva a otro de su libertad es prisionero del odio y su cárcel está hecha de prejuicios y estrechez mental. Yo no soy completamente libre si le quito a otra persona la libertad, de la misma manera que tampoco yo soy libre si alguien me priva de mi libertad. Cuando salí de prisión esa era mi misión, liberar tanto al oprimido como al opresor. Ser libre no significa solamente romper las propias cadenas, sino también vivir de una manera que respeta e incrementa la libertad en otros.» La misión era esa brújula que le daba a Mandela la claridad que necesitaba para actuar no en base a lo que le apetecía hacer o le era más cómodo, sino en base a esos valores que se convirtieron en el núcleo de sus actuaciones. Muchas veces tenemos que tomar decisiones que no son ni agradables ni fáciles; en estos momentos existe mayor predisposición a actuar en base a automatismos y es difícil tomar decisiones que no sean automáticas, sino verdaderas elecciones. Estas elecciones son siempre arriesgadas pero en ellas se encuentra la capacidad de transformar nuestras vidas. Es muy poco realista pensar que cuando vengan tiempos difíciles seremos capaces de comprometernos con unos valores que ni siquiera hemos definido.
Mario Alonso Puig (Madera de líder)
Hablas sobre estar conmigo como si fuera una batalla. Lo es, en cierto modo. Pero estoy agradecido de que soy yo quien esta luchando.
Tessa Bailey (It Happened One Summer (Bellinger Sisters, #1))
—Me han hechizado y llevado a rastras a una fiesta, llorando y sola. Bajo mi punto de vista, la única diferencia entre esta noche y todas las demás en las que tuve que soportar humillaciones sin protestar es que aquellas te beneficiaron a ti. En cambio, al soportar esto, ahora la que sale ganando soy yo.
Holly Black (The Wicked King (The Folk of the Air, #2))
La lectura de un pequeño librito que de forma mágica había llegado a mis manos y que me acompañó durante mis semanas de retiro, fue también para mi decisiva. El librito se inicia con las palabras “A LOS QUE LLAMAN”, y a continuación, hay una invocación extraída de los Upanishads, los textos filosóficos-religiosos del hinduismo, que dice: De lo irreal conducidme a lo REAL De las tinieblas conducidme hacia la LUZ De la muerte conducidme a la INMORTALIDAD Su título, A los pies del Maestro de Jeddu Krishnamurti, que lo escribió cuando tenía 14 años. Se trata de una exposición sencilla de una de las filosofías más profundas que conozco. Esta invocación apela a la joya que todos tenemos en el centro de nuestro SER. Una joya inmaculada cuyo brillo es la pura expresión de la compasión y la sabiduría que cada uno de nosotros posee y que poco a poco lograremos manifestar en total plenitud. Todos llegamos a este océano de vida de forma misteriosa, pero ¿quién es realmente el personaje que nace? ¿Quién soy yo? ¿Qué hago aquí? ¿Hacia dónde voy?
Fernando Torrijos (La sabiduría de la edad: …Caminante son tus huellas el camino y nada más… (Mindfulness, meditación, budismo, yoga y otras tradiciones contemplativas) (Spanish Edition))
DESPERTARSE POR LA MAÑANA ANTES DE SALTAR DE LA CAMA Al despertarnos por la mañana y antes de levantarnos: coloca tu cuerpo boca arriba, las piernas ligeramente separadas, los brazos a lo largo de cuerpo. Percibe tu cuerpo con señal de agradecimiento, dale las gracias por todo el servicio que te ha dado hasta este momento. Él es el asiento de tu conciencia, y el que te ha llevado a mil lugares. Simplemente percibe que todas sus partes están ahí, y relájate por un instante. A continuación, coloca tus manos sobre el abdomen y realiza varias respiraciones profundas, preguntándote al respirar:       ¿Quién soy yo? ¿Qué hago aquí? ¿Hacia dónde voy? Formulas estas preguntas con sinceridad, con total atención e intención. Plántalas en tu jardín interior, sin buscar una respuesta. Deja que el subconsciente las reciba, y que perciba tu interés genuino en recibir luz y guía. Cada persona tiene su propio jardín, que se nos dio al nacer y que debemos cultivar. Una vez hecho esto, salta de la cama. Esta actividad ha de practicarse a diario. Reflexión: Yo no soy yo. Soy este que va a mi lado sin yo verlo; que, a veces, voy a ver, y que, a veces, olvido. El que calla, sereno, cuando hablo, el que perdona, dulce, cuando odio, el que pasea por donde no estoy, el que quedará en pie cuando yo muera. Juan Ramón Jiménez
Fernando Torrijos (La sabiduría de la edad: …Caminante son tus huellas el camino y nada más… (Mindfulness, meditación, budismo, yoga y otras tradiciones contemplativas) (Spanish Edition))