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Progresivamente me aficionĂ© a las pelĂculas, me convertĂ en espectador asiduo y ahora pienso que la sala de un cinematĂłgrafo es el lugar que yo elegirĂa para esperar el fin del mundo.
Me enamoré, simultånea o sucesivamente, de las actrices de cine Louise Brooks, Marie Prévost, Dorothy Mackay, Marion Davis, Evelyn Brent y Anna May Wong.
De estos amores imposibles, el que tuve por Louise Brooks fue el mĂĄs v ivo, el mas desdichado. ÂĄMe disgustaba tanto creer que nunca la conoscerĂa! Peor aĂșn, que nunca volverĂa a verla. Esto, precisamente, fue lo que sucediĂł. Despuesde tres o cuatros pelĂculas, en que la vi embeselado, Louise Brooks desapareciĂł de las pantallas de Buenos Aires. SentĂ esa desapariciĂłn, primero, como un desgarriamento; despuĂ©s, como una derrota personal. DebĂa admitir que si Louise Brooks hubiera gustado al pĂșblico, no hubiera desaparecido. La verdad (o lo que yo sentĂa) es que no sĂłlo pasĂł inadvertida por el gran pĂșblico, sino tambiĂ©n por las personas que yo conocĂa. Si concedĂan que era linda â mĂĄs bien âbonitillaâ â , lamentaban que fuera mala actriz; si encontraban que era una actriz inteligente, lamentaban que no fuera mĂĄs bella. Como ante la derrota de Firpo, comprobĂ© que la realidad y yo no estĂĄbamos de acuerdo.
Muchos años despĂ©s, en ParĂs, vi una pelĂcula (creo que de Jessua) en que el hĂ©roe, como yo (cuando estaba por escribir CorazĂłn de payaso, uno de mis primeros intentos literarios), inconteniblemente echaba todo a la broma y, de ese modo, se hacĂa odiar por la mujer querida. El personaje tenĂa otro parecido conmigo: admiraba a Louise Brooks. Desde entonces, en mi paĂs y en otros, encuentro continuas pruebas de esa admiraciĂłn, y tambiĂ©n pruebas que la actriz la merecĂa. En el New Yorker y en los Cahiers du cinĂ©ma leĂ articulos sobre ella, admirativos e inteligentes. LeĂ, asimismo, LulĂș en Hollywood, un divertido libro de recuerdos, escrito por Louise Brooks.
En el 73 o en el 75, mi amigo Edgardo Cozarinsky me cito una tarde en un cafe de la Place de LâAlma, en Paris, para que conociera a una muchacha que haria el papel de Louise Brooks en un filme en preparacion. Yo era el experto que debia decirle si la muchacha era aceptable o no para el papel. Le dije que si, no solamente para ayudar a la posible actriz. Es claro que si me huberian hecho la pregunta en tiempos de mi angustiosa pasion, quiza la respuesta hubiera sido distinta. Para me, entonces, nadie se parecia a Louise Brooks.
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