Davis Brent Quotes

We've searched our database for all the quotes and captions related to Davis Brent. Here they are! All 3 of them:

“
Sun had hit $1 billion in sales within four years. McNealy did it by smartly targeting a customer base that had money to spend—corporate R&D departments, the U.S. military, and the National Laboratories, a less glamorous but much more affluent set of customers than the universities Steve went after. Sun next went after Wall Street, which was just beginning to discover the power of using computers to identify quick trading opportunities. These customers didn’t much care what the computers looked like, as long as they had big screens and could handle multiple computing threads simultaneously. Sun succeeded by identifying the market’s real need, by delivering just that product, and by keeping its machines reasonably affordable. NeXT failed at all of that. In fact, NeXT didn’t actually sell its first computer until almost a year after that splashy debut in Davies Hall—four full years after Steve had started the company.
”
”
Brent Schlender (Becoming Steve Jobs: The Evolution of a Reckless Upstart into a Visionary Leader)
“
The same year, both the Russian and the French governments adopted a plan to rifle all of their old smoothbore muskets. And of course, during Jefferson Davis's tenure as secretary of war (1853-57) the Americans produced what today might be termed an unauthorized knockoff in the form of the Springfield rifle.
”
”
Brent Nosworthy (The Bloody Crucible of Courage: Fighting Methods and Combat Experience of the Civil War)
“
Progresivamente me aficionĂ© a las pelĂ­culas, me convertĂ­ en espectador asiduo y ahora pienso que la sala de un cinematĂłgrafo es el lugar que yo elegirĂ­a para esperar el fin del mundo. Me enamorĂ©, simultĂĄnea o sucesivamente, de las actrices de cine Louise Brooks, Marie PrĂ©vost, Dorothy Mackay, Marion Davis, Evelyn Brent y Anna May Wong. De estos amores imposibles, el que tuve por Louise Brooks fue el mĂĄs v ivo, el mas desdichado. ÂĄMe disgustaba tanto creer que nunca la conoscerĂ­a! Peor aĂșn, que nunca volverĂ­a a verla. Esto, precisamente, fue lo que sucediĂł. Despuesde tres o cuatros pelĂ­culas, en que la vi embeselado, Louise Brooks desapareciĂł de las pantallas de Buenos Aires. SentĂ­ esa desapariciĂłn, primero, como un desgarriamento; despuĂ©s, como una derrota personal. DebĂ­a admitir que si Louise Brooks hubiera gustado al pĂșblico, no hubiera desaparecido. La verdad (o lo que yo sentĂ­a) es que no sĂłlo pasĂł inadvertida por el gran pĂșblico, sino tambiĂ©n por las personas que yo conocĂ­a. Si concedĂ­an que era linda – mĂĄs bien ‘bonitilla’ – , lamentaban que fuera mala actriz; si encontraban que era una actriz inteligente, lamentaban que no fuera mĂĄs bella. Como ante la derrota de Firpo, comprobĂ© que la realidad y yo no estĂĄbamos de acuerdo. Muchos años despĂ©s, en ParĂ­s, vi una pelĂ­cula (creo que de Jessua) en que el hĂ©roe, como yo (cuando estaba por escribir CorazĂłn de payaso, uno de mis primeros intentos literarios), inconteniblemente echaba todo a la broma y, de ese modo, se hacĂ­a odiar por la mujer querida. El personaje tenĂ­a otro parecido conmigo: admiraba a Louise Brooks. Desde entonces, en mi paĂ­s y en otros, encuentro continuas pruebas de esa admiraciĂłn, y tambiĂ©n pruebas que la actriz la merecĂ­a. En el New Yorker y en los Cahiers du cinĂ©ma leĂ­ articulos sobre ella, admirativos e inteligentes. LeĂ­, asimismo, LulĂș en Hollywood, un divertido libro de recuerdos, escrito por Louise Brooks. En el 73 o en el 75, mi amigo Edgardo Cozarinsky me cito una tarde en un cafe de la Place de L’Alma, en Paris, para que conociera a una muchacha que haria el papel de Louise Brooks en un filme en preparacion. Yo era el experto que debia decirle si la muchacha era aceptable o no para el papel. Le dije que si, no solamente para ayudar a la posible actriz. Es claro que si me huberian hecho la pregunta en tiempos de mi angustiosa pasion, quiza la respuesta hubiera sido distinta. Para me, entonces, nadie se parecia a Louise Brooks.
”
”
Adolfo Bioy Casares