Cuida Lo Que Tienes Quotes

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Quien no cuida lo que tiene, luego no tiene derecho a quejarse por haberlo perdido
Megan Maxwell (Sígueme la corriente (Adivina quién soy, #3))
La historia de un hombre que oculta a todos la muerte de la persona más cercana a él. ¿Se avergüenza acaso de esa muerte? ¿Y cómo logra ocultársela a todos? ¿Recupera la vida de esa persona en los que nada saben de su muerte? Y ella, ¿dónde está? ¿Está con él? ¿En qué forma? Él la cuida, la viste, le da de comer. Pero ella jamás puede abandonar la vivienda y él nunca viaja, nunca se aleja de ella por más de pocas horas. Él no recibe visitas. Dice que ella no quiere ver a nadie. Y añade que se ha vuelto extraña y no soporta a nadie. Pero a veces, en el teléfono, habla como ella y también escribe todas sus cartas. Y así él vive por ambos. Se convierte en ambos. Se lo cuenta todo, le lee en voz alta. Al igual que antes, comenta con ella lo que debe hacer y a veces se enfada por su testarudez. Pero al final siempre logra arrancarle una respuesta. Ella está muy triste porque no ve a nadie, y él tiene que consolarla y alegrarla. Y él, con un secreto semejante, se convierte en el hombre más extraño del mundo, que debe comprenderlos a todos para que ellos no lo comprendan.
Elias Canetti (Il libro contro la morte)
El Dios que se supone que te cuida y te protege, que responde a tus plegarias y perdona tus pecados. Ese Dios es sólo una leyenda. Las religiones intentan capturar a Dios, pero Dios está más allá de la religión. El verdadero Dios reside más allá de nuestro entendimiento. No podemos entender Su voluntad; es algo que no se puede explicar en un libro. Ni nos abandonó ni vendrá a salvarnos. Él no tiene nada que ver con el hecho de que estemos aquí. Dios no cambia; simplemente es. Yo no rezo a Dios para que me perdone o me haga favores, sino que sólo le rezo para estar más cerca de él y, cuando lo hago, el corazón se me llena de amor. Cuando rezo de esta forma, sé que Dios es, sin duda, amor. Al sentir ese amor recuerdo que no necesitamos ni ángeles ni cielo, porque todos formamos parte de Dios.
Nando Parrado (Milagro en los Andes)
Acaso se lo lleva la que menos le cuesta. Halló en ella más fácil la vida ya pesada. Todo cerebro activo lleva un alma quebrada Y el hombre, en las mujeres, busca un poco de fiesta. Cuida mejor la casa la mujer que es modesta Y no tiene una vida mental imaginada. Si del hombre que adora se comprende engañada Recibe lo que sobra, y a su lado se acuesta. No por eso posee la mujer, todo entero, Al que, sin ser amante, puede ser compañero; Acaso él también sueña lo mismo que soñamos. Y, sobre el nudo diario de su vida tranquila, Regulada, en su pecho luminoso vigila Un ideal femenino, cuya clase ignoramos.
Alfonsina Storni (Antología poética)
El amor de Jesús por nosotros tiene su máxima expresión en su hora, en su copa, en su sufrimiento: en el Misterio Pascual. Queremos experimentar lo placentero del amor. Pero el amor que causa estas sensaciones placenteras - el disfrute de la presencia del otro - no es idéntico a esas sensaciones placenteras. El amor puede subsistir en ausencia de placer. Por ejemplo, la esposa que cuida a su marido con Alzheimer. Esa mujer sufre por el bien del otro. Se dona desinteresádamente igual que Cristo. Conoce el peso de la alegría que significa el amor verdadero. Su hijo le dijo que su dedicación podría acabar con ella. ¿Prefieres que muera jugando al golf? Le respondió ella. ¿Dónde moriría más feliz esa madre: disfrutando del green o entregado al amor?
Scott Hahn (The Fourth Cup: Unveiling the Mystery of the Last Supper and the Cross)
Entonces, permíteme ampliar y parafrasear lo que parece que Jesús decía: «En vista de que tienen un Dios en el cielo que se ocupa de cuidarlos como el pastor cuida a sus ovejas, como el padre cuida a sus hijos y como un rey que transfiere todo su reino, no estén ansiosos. Vendan sus posesiones, dénselas a los pobres y no se preocupen. El Dios de ustedes: su Pastor, su Padre y su Rey, tiene todo bajo control».
David Platt (Radical: Volvamos a las raices de la fe (Spanish Edition))
El tunante. En él se dan cita los efectos de la orden y los de la transformación, y, como no ocurre en ningún otro personaje, en él se puede leer la esencia de la libertad. Empieza como cabecilla; da órdenes y éstas son obedecidas. Pero lleva la obediencia de su gente ad absurdum y se libra de ellos. Se los sacude a todos; destruye costumbres, obediencia, su propio carro, sus instrumentos de magia, al fin, sus armas, para desembarazarse de ellos, para estar completamente solo. Así que está solo, puede hablar a todos los seres y a todas las cosas. Quiere aislarse y persigue sus propias transformaciones. Una vez liberado de todos aquellos que le pertenecen, se pone en camino. Pero no tiene camino. Vaga de un lado para otro, sin meta, y tiene antojos. Se entretiene con partes de su cuerpo que tienen una vida propia, con su trasero, con su miembro. Se hace cortes en su propia carne. Come de sus entrañas, no sabe de dónde provienen, le gustan. Su mano derecha riñe con la izquierda. Lo imita todo mal; en ninguna parte se orienta; no hace más que hacer preguntas equivocadas, de las que no obtiene respuesta o sólo respuestas que le confunden. Adopta a dos niños diminutos: no para alimentarles a ellos sino para alimentarse así mismo, y los cuida tan mal que necesariamente se mueren. Toma forma de mujer, con pechos femeninos falsos; se casa con el hijo de un cabecilla y se queda embarazado varias veces. No hay cambio que él no haga ante la gente. Engulle a animales y personas cuando tiene hambre, pero ellos le engullen también a él; es nada menos que héroe y vencedor. En su aislamiento puede ocurrirle todo lo que puede ocurrir en la vida. Pero este mismo aislamiento hace no dé con el fin que se propone, que dé la impresión de algo absurdo y que resulte ser un personaje tan interesante. Es el predecesor del pícaro -no hay época ni sociedad que no pueda producir su pícaro - y siempre interesará a la gente. Les divierte explicándoselo todo por inversión. Pero sus aventuras no pueden tener nunca una trabazón. Cualquier deducción interna, cualquier conexión les daría sentido y les quitaría su valor, es decir, su libertad. A veces le decimos a cualquiera nuestras mejores cosas, las más importantes. No tenemos por qué avergonzarnos de esto, pues no siempre estamos hablando al oído. Las palabras quieren que se las diga para que existan.
Elias Canetti (The Human Province)