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—No niegas que hay una causalidad… —dijo Morgan que estaba decidida a no enfadarse con él. Pero deseaba de todo corazón que se marchara.
Julius se sentĂł en uno de los sillones, quitĂł un cojĂn y se puso cĂłmodo.
—Causalidad, en efecto. Si es que te refieres a algo como la ley de Grimm o la de Verner. Pero estas son simples observaciones de las regularidades superficiales y son en definitiva extremadamente aburridas. El lenguaje es un lĂo bastante Ăştil con capacidad para maniobrar. Y no niego que estas maniobras podamos observarlas. Pero no son más que lo que son. Nada hay tras ellas. Imaginar que las hay, es infantilismo corriente del metafĂsico aplicado a esos temas que los disfrazan sin ninguna gracia de ciencia.
—Parece que no te interesan los hechos —dijo Morgan—. La lingĂĽĂstica no es un sistema a priori, sino una extensiĂłn natural de la filologĂa. Se deriva de los estudios empĂricos de esas «maniobras» de las que hablaste tan a la ligera. ÂżPor quĂ© va a ser el lenguaje una montaña de accidentes? Nada más lo es en el mundo. Cualquier teorĂa trata de explicar, o por lo menos de desplegar, la multiplicidad basándose en la pauta profunda. Desde luego, las teorĂas lingĂĽĂsticas son hipĂłtesis, pero hipĂłtesis en el sentido cientĂfico.
—Dudo de que tus compañeros en la teorĂa estĂ©n de acuerdo —dijo Julius—. Sospecho que se figuran ser filĂłsofos o matemáticos o algo asĂ y que por ser el pensamiento humano principalmente verbal, han sondeado sus misterios y han inventado lo que imaginan ser una lengua ur. Lo cierto es que si abre uno sus libros tan aburridos se encuentra con que ni siquiera saben escribir la lengua que ellos hablan corrientemente.
—Nadie niega que la filologĂa comparada está en su infancia…
—¡La «glosemática»! Desde luego, tenĂa que haber un nombre pseudocientĂfico. Supongo que la fonĂ©tica se refiere a algo. La semántica empieza a perder contacto con la realidad. ¡Pero hemos de partir de la glosemática! ¡QuĂ© vanidad la de los seres humanos! En todas sus decenas de miles de años esforzándose miserablemente, el Ăşnico autĂ©ntico descubrimiento que han hecho son las matemáticas, y ese descubrimiento, incidentalmente, acabará con todos ellos muy pronto. Y ahonden en lo que sea, pretenden encontrar las matemáticas en el fondo de un agujero. Los pobres griegos eran tĂpicos. ¡Y tĂş, la verdad es que me haces reĂr, con la formaciĂłn intelectual de una maestra de sexto curso o de un crĂtico literario, te das importancia porque crees que estás manipulando un álgebra del lenguaje!
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