Olvidar Todo Quotes

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¿Por qué era tan difícil olvidar un amor que ni siquiera llegó a ser real, a existir? Quizá porque para mi corazón… simplemente fue.
Alice Kellen (Todo lo que nunca fuimos (Deja que ocurra, #1))
Así fue como supe que hay corazones que se rompen poco a poco, en noches eternas que olvidar, en años siendo invisible, en días imaginando un imposible.
Alice Kellen (Todo lo que nunca fuimos (Deja que ocurra, #1))
No existe futuro sin pasado. Olvidar no es superarlo. Olvidar es de cobardes.
Alice Kellen (Todo lo que somos juntos (Deja que ocurra, #2))
El olvido es una especie de animal pequeñísimo que te va royendo lentamente los recuerdos hasta que desaparecen. Hoy, por eso me fijo mucho más en todo, para no olvidar absolutamente nada.
Benito Taibo (Persona normal)
Podré olvidar muchas experiencias de la vida, pero no las de la infancia. Siempre recuerdo aquel verso que dice: ¡Oh, infancia! ¡Oh, mi amiga! Y lo que importa en él es lo que no se dice. Nuestra infancia es ciertamente nuestra amiga, pero nosotros no fuimos amigos de nuestra infancia porque entonces no existíamos como somos ahora. Aquel ser desvalido que fuimos a veces nos conmueve porque nadie pudo comprenderlo del todo, salvo nosotros... que todavía no estábamos a su lado.
Silvina Ocampo
Es importante elegir correctamente el instrumento de movilización de las masas. Este instrumento debe ser de índole moral, fundamentalmente, sin olvidar una correcta utilización del estímulo material, sobre todo de naturaleza social.
Ernesto Che Guevara (انسان و سوسیالیسم در کوبا)
Incluso en estos tiempos de aprender a vivir sin esperarte, todos los días tengo recaídas y aunque quiera olvidar no se me olvida que no puedo olvidarte.
Joaquín Sabina
A los dieciocho años tenía todo tan claro. Creía que era valiente porque había desafiado a su familia. Creía que era inteligente porque leía a los griegos, porque aprendía latín, porque citaba a Derrida. Incluso antes, mucho antes de los dieciocho, a los diez, a los doce años, tenía un plan: hablar de otra manera, vivir de otra manera, pensar de otra manera, romper todos los espejos de la casa hasta olvidar alegremente, definitivamente su rostro.
Alejandro Zambra (Poeta chileno)
El cuerpo de uno de los míos. Para no olvidar que todos los cuerpos sin nombre son nuestros cuerpos perdidos.
Sara Uribe (Antígona González)
Todo el mundo tiene un pasado. Cosas que te apuñalan justo entre los ojos. Viejos rencores. Antiguas vergüenzas. Remordimientos que te roban el sueño y te mantienen despierto hasta que temes por tu propia cordura. Traiciones que hacen que tu alma grite tan fuerte que te preguntas porque nadie más lo oye. Al final, estamos absolutamente solos en ese infierno privado. Pero la vida no se trata de aprender a perdonar a los que te han herido u olvidar tu pasado. Trata sobre perdonarte a ti mismo por ser humano y cometer errores. Sí, las personas nos decepcionan todo el tiempo. Pero las lecciones más duras vienen cuando nos decepcionamos a nosotros mismo.
Sherrilyn Kenyon (Time Untime (Dark-Hunter, #21))
Todo lo que puedo hacer es esperar, dejar pasar los días. El tiempo no lo cura todo, esa es una mentira que se repiten los que están desesperados por olvidar, pero sí consigue poner en espera los sentimientos y las emociones. Apartas los recuerdos y los recluyes en una zona de tu mente a la que, con suerte, solo accedes en esas noches en las que te cuesta conciliar el sueño. Al final, logras vivir y seguir adelante aunque sepas que hay una parte de ti que malvive como puede. Haces balance y llegas a la conclusión de que eres más o menos feliz, y procuras no mirar atrás.
Victoria Vilchez (No me quieres, no te quiero (Quiéreme, #1))
Nunca me olvidare de cómo me sentí cuando tomo aliento, cuando le volvió el color a la piel rápidamente. Era como si el mundo entero se hubiera partido en dos, y todo lo que yo sentía que faltaba: el sentimiento, el colorido… Todo aquello me llegara con su primer aliento. La llame Blue para acordarme siempre de aquel momento, para no olvidarlo nunca.
Lauren Oliver (Pandemonium (Delirium, #2))
Un dia, mientras escribia una carta, Otoko abrio el diccionario para consultar el ideograma 'pensar'. Al repasar los restantes significados (añorar, ser incapaz de olvidar, estar triste) sintio que el corazon se le encogia. Tuvo miedo de tocar el diccionario... Aun ahi estaba Oki. Innumerables palabras se lo recordaban. Vincular todo lo que veia y oia con su amor equivalia a estar viva. La conciencia de su propio cuerpo era inseparable del recuerdo de aquel abrazo.
Yasunari Kawabata (Lo bello y lo triste)
Salí a la terraza y me maravillaron aquellas vistas. No me había percatado al subir tantas cuestas nos habíamos situado en una elevación privilegiada. A veces en la vida pasa lo mismo, la dificultad de la pendiente te hace olvidar que no paras de progresar y subir
Albert Espinosa (Si tú me dices ven lo dejo todo... pero dime ven)
Pero a Thomas ya no le importaba todo lo que hasta ese momento le había importado. En el momento que encontró a Ella descubrió que tenia alguien más en quien pensar, que su destino le había puesto a ella en el camino, y que le haría olvidar todo lo que hasta ese momento le preocupaba.
Isaias Rapan
Me has hecho entender que es diferente ver que mirar, oír que escuchar, reír que ser feliz, perder que olvidar, atreverse que ser valiente, existir que ser. Y he comprendido que soy el resultado de todo lo que me ha sucedido, lo ganado y lo perdido, pero también de las cosas que no he vivido. Así que no puedo saber quién seré mañana, pasado o dentro de un año. Pero tengo el presentimiento de que, sea lo que sea que decida hacer, lo haré apasionadamente. He decidido que, si voy a llorar, lloraré hasta desahogarme; si río, que sea hasta que me duela la tripa; y si amo, pienso hacerlo apostándolo todo a un número y con el corazón abierto. Somos tiempo. Huesos, carne y tiempo. Y todo lo demás es solo el atrezo de esta obra de teatro llamada vida.
Alice Kellen (El mapa de los anhelos)
Nos pasamos la vida deseando cosas. Unas inútiles. Otras grandes. Otras imposibles. También queriendo olvidar otras muchas. Sin embargo, lo único que de verdad olvidamos es que solo tenemos una vida. Una sola, y dejamos que transcurra sin hacer nada salvo querer y desear, como si nuestro pensamiento fuese una varita mágica, capaz de solucionarlo todo mientras permanecemos de brazos cruzados. Y convertimos la vida en una maldita espera en la que no sucede nada, porque la mayoría de las cosas importantes hay que crearlas. No nacen de los anhelos, de los lamentos, de la autocompasión y, mucho menos, de la cobardía y la pasividad. La vida no nos debe nada. Nada. Así es como me he sentido todos esos años, a la espera y desesperando. Siempre frente a una puerta que solo cruzaba cuando me invitaban a entrar. Acercándome de puntillas, llamando sin hacer ruido. Sin entender que hay puertas que no queda más remedio que derribar por nosotros mismos, que atravesar sin pedir permiso. Sin anunciarte. No basta con desear cambiar las cosas. Tienes que moverlas, darles la vuelta y transformarlas en lo que tú quieres que sean. Asumir que, hagas lo que hagas, el mundo sigue girando. No es un carrusel del que puedas subir y bajar a tu antojo, pero sí puedes elegir qué caballito quieres montar. ¿Y sabes qué? Todo parece cambiar cuando tú cambias. Esa es la verdad. Y una vez que comienzas ese tránsito, no te detienes hasta definir quién eres. Hasta aceptar tus contradicciones. Tus miedos. Tus deseos.
Maria Martinez (Cuando no queden más estrellas que contar)
Es triste olvidar a un amigo. No todos han tenido un amigo.
Antoine de Saint-Exupéry (El Principito)
Me refiero a que cuando te tengo a mi lado es fácil olvidar. -¿Olvidar qué? -Todo -respondió, y por un instante su voz dejó de sonar alegre-. Todo lo malo de mi vida. Quién soy.
Patrick Rothfuss (The Wise Man's Fear (The Kingkiller Chronicle, #2))
Es muy triste olvidar a un amigo. Tener un amigo no es cosa de la que puede ufanarse todo el mundo.
Antoine de Saint-Exupéry (El Principito)
Hasta el día de hoy, tenemos dos estrellas de mar en nuestra casa para no olvidar que es realmente importante hacer todo lo que podamos».
John C. Maxwell (Cambie su mundo: Todos pueden marcar una diferencia sin importar dónde estén (Spanish Edition))
Y silba, vuelve a silbar. Y no detenerse. No detenerse. Todos, absolutamente todos, siguen adelante. Y antes o después lograrán olvidar algo. O a lo mejor no. Pero también en esta duda reside una gran belleza.
Federico Moccia (Scusa ma ti chiamo amore)
Y luego se besaron. Algo exploto dentro de su pecho, haciéndolo olvidar la tensión, la confusión y el miedo, borrando el dolor de unos segundos antes. Por un momento sintió que ya nada le preocupaba. Que a partir de ese momento todo estaría bien.
James Dashner (The Scorch Trials (The Maze Runner, #2))
Usted tiene todas las condiciones para concurrir a mi felicidad, pero yo tengo muy pocas para concurrir a la suya. Y no crea que me estoy mandando la parte. En otra posición (quiero decir, más bien, en otras edades) lo más correcto sería que yo le ofreciese un noviazgo serio, muy serio, quizá demasiado serio, con una clara perspectiva de casamiento al alcance de la mano. Pero si yo ahora le ofreciese algo semejante, calculo que sería muy egoísta, porque sólo pensaría en mí, y lo que yo más quiero ahora no es pensar en mí sino pensar en usted. Yo no puedo olvidar usted tampoco que dentro de diez años yo tendré sesenta. Escasamente un viejo, podrá decir un optimista o un adulón, pero el adverbio importa muy poco. Quiero que quede a salvo mi honestidad al decirle que ni ahora ni dentro de unos meses, podré juntar fuerzas como para hablar de matrimonio. Pero siempre hay un pero ¿de qué hablar entonces? Yo sé que, por más que usted entienda esto, es difícil, sin embargo, que admita otro planteo. Porque es evidente que existe otro planteo. En ese otro planteo hay cabida para el amor, pero no la hay en cambio para el matrimonio. Levantó los ojos, pero no interrogaba. Es probable que sólo haya querido ver mi cara al decir eso. Pero, a esta altura, yo ya estaba decidido a no detenerme. A ese otro planteo, la imaginación popular, que suele ser pobre en denominaciones, lo llama una Aventura o un Programa, y es bastante lógico que usted se asuste un poco. A decir verdad, yo también estoy asustado, nada más que porque tengo miedo de que usted crea que le estoy proponiendo una aventura. Tal vez no me apartaría ni un milímetro de mi centro de sinceridad, si le dijera que lo que estoy buscando denodadamente es un acuerdo, una especie de convenio entre mi amor y su libertad. Ya sé, ya sé. Usted está pensando que la realidad es precisamente la inversa; que lo que yo estoy buscando es justamente su amor y mi libertad. Tiene todo el derecho de pensarlo, pero reconozca que a mi vez tengo todo el derecho de jugármelo todo a una sola carta. Y esa sola carta es la confianza que usted pueda tener en mí.
Mario Benedetti (La tregua)
Martín piensa que es imposible olvidar los lugares en los que se ha sido feliz; quizá porque somos animales y buscamos una madriguera propia para guarecernos del dolor y de los problemas o, sencillamente, porque es más fácil idealizar todo aquello que envuelve el amor: una ciudad, unos ojos, una época, una canción, un aroma...
Alice Kellen (La teoría de los archipiélagos)
Los amores platónicos son así, se quedan contigo para siempre. Pasan los años y, mientras olvidas besos y caricias de rostros borrosos, puedes seguir recordando una sonrisa de ese chico que fue tan especial para ti. A veces pensaba que lo sentía de esa manera por eso, por ser platónico, por no llegar nunca a suceder, como una pregunta que permanece flotando en el aire: «¿Cómo serían sus besos?». Años atrás, antes de quedarme dormida solía imaginármelos. En mi cabeza, los besos de Axel eran cálidos, envolventes, intensos. Como él. Como cada uno de sus gestos, su forma sigilosa de moverse, la mirada inquieta y llena de palabras no dichas, el rostro sereno de líneas marcadas… ¿Por qué era tan difícil olvidar un amor que ni siquiera llegó a ser real, a existir? Quizá porque para mi corazón… simplemente fue" - Leah
Alice Kellen (Todo lo que nunca fuimos (Deja que ocurra, #1))
¿A ti no te parece triste que a veces dejemos de tener contacto con personas que en algún instante llegaron a significarlo todo? Es extraño. Ya sé eso que se dice de que «la vida da muchas vueltas» y «la gente va y viene», pero quizá no deberíamos verlo con tanta normalidad. Porque a mí me asusta que el ser humano sea capaz de olvidar tan rápido.
Alice Kellen (Nosotros en la luna (Planeta) (Spanish Edition))
En mi opinión, un marido inteligente debe olvidar a todos los hombres que le dan recuerdos para su mujer.
Orhan Pamuk (The Black Book)
Es triste olvidar a un amigo. No todos han tenido un amigo.
Antonie Saint - Exupery (El principito (Spanish Edition))
Quiera yo, al entrar en este lugar, comprender mi transitoriedad y olvidar mi apego a todo aquello que amo.
Christopher Paolini (Eragon (Inheritance, #1))
Demasiados recuerdos, demasiadas cosas que olvidar, borrar todo eso constitiye un duro trabajo, habrá que vivir muchos momentos hermosos para reemplazar los anteriores
Frédéric Beigbeder (L'amour dure trois ans (Marc Marronnier, #3))
Tuvo bastante buen sentido, para olvidar muy pronto todo lo que en el colegio había aprendido, pero como no intentó siquiera rellenar el vacío, acabó por no saber nada.
Stendhal (Rojo y Negro)
El hombre ha nacido para la sociedad, por poco vinculado que se sienta al mundo, jamás lo puede olvidar del todo, ni soporta ser olvidado enteramente por el
Mattew Lewis
el progreso de todo Movimiento trascendental en el mundo se ha debido, generalmente, más a grandes oradores que a grandes escritores.
Adolf Hitler (Mein Kampf (Mi Lucha): Para no olvidar)
Nuestro mundo fabrica escombros en vez de ruinas, y en cuanto puede mete un bulldozer y lo hace desaparecer todo, dispuesto a olvidar.
Arturo Pérez-Reverte (El pintor de batallas)
Afuera el frío es desgarrador, pero en el interior puede olvidarlo. Olvidar el frío... olvidar la nieve. Olvidarlo todo, tal vez. No, no todo. El hielo ya es parte de ella.
Sofía Aguerre (Hilando historias)
¿Por qué era tan difícil olvidar un amor que ni siquiera llegó a ser real, a existir?
Alice Kellen (Todo lo que nunca fuimos)
Fue la primera fractura en los pilares que sostenían la majestuosidad con la que yo veía a mi padre; fue la primera vez que perdía la confianza en mi padre, y que en verdad todo hombre debe perder algún día para lograr ser él mismo. Estos sucesos, aunque nadie se da cuenta de ello, son los que determinan nuestro futuro. La ruptura puede curarse y volverse a unir, es más, hasta se puede llegar a olvidar.
Hermann Hesse (Demian / Siddharta / El lobo estepario)
Es triste olvidar a un amigo. Todo el mundo debería recordar a un amigo, si uno se olvida de ellos se corre el riesgo de volverse como las personas mayores que sólo se interesan por las cifras y los números.
Antoine de Saint-Exupéry (El Principito (Spanish Edition))
Nadie debería olvidar a sus padres, es una de las cosas más tristes que te pueden suceder en esta vida. Todos deberíamos recordar la sonrisa de una madre o la mirada orgullosa de un padre hasta el fin de nuestros días, porque esa memoria es parte fundamental de nuestra dignidad. Cuando nos sentimos mezquinos, nos recuerda que un día fuimos inocentes; cuando sólo queda el odio, nos dice que también hemos sido dignos de amor.
David B. Gil (El guerrero a la sombra del cerezo)
La confianza es un camino de dos direcciones... Todas las fortunas tienen sus límites. Hay cosas más importantes en la vida que un trozo de cristal. Las palabras, por dulces que fueran, no suavizaban la pérdida. El pasado es como un mal sueño. No se llega a olvidar del todo, pero con el tiempo pierde intensidad. las cosas no te consuelan cuando tienes miedo, ni te escuchan cuando necesitas hablar con alguien. Las cosas nunca me han hecho feliz.
Mary Burton (The Perfect Wife (Harlequin Historical, No. 614))
Porque aquellos tesoros y todo cuanto él coleccionaba en su atractiva casa, servíanle como medios para olvidar, como recursos para evadirse por una temporada del temor que le parecía a veces demasiado grande para ser soportado.
Oscar Wilde (The Picture of Dorian Gray)
Nadie es completamente bueno o malo. Lo sé, por supuesto. Tuve que comprenderlo a una edad muy temprana. Pero a veces es fácil de olvidar lo cierto que es. Eso se aplica a todos. (...) Esa es Evelyn Hugo. Alguien que está entre dos extremos.
Taylor Jenkins Reid (The Seven Husbands of Evelyn Hugo)
En términos generales, tres son los grupos en que se podría dividir el público lector de periódicos: 1°. Los crédulos, que admiten todo lo que leen. 2°. Aquellos que ya no creen nada. 3°. Los espíritus críticos, que analizan lo leído y saben juzgar.
Adolf Hitler (Mein Kampf (Mi Lucha): Para no olvidar)
El mayor de todos los males es el poder_ contestó el sumo pontífice_, y es nuestro deber borrar cualquier deseo de poder de los corazones y las almas de los hombres. Ésa es la mision de la Iglesia, pues es la lucha por el poder lo que hace que los hombres se enfrentan unos a otros. Ahí radica el mal de nuestro mundo; siempre será un mundo injusto, siempre será un mundo cruel para los menos afortunados. Quién sabe,,, Es posible que dentro de quinientos años los hombres dejen de matarse entre sí. Feliz día será aquel en el que ocurra. Pero el poder forma parte de la misma naturaleza del hombre. Igual que forma parte de la naturaleza de la sociedad que, para mantener unidos a sus súbditos, por el bien de su Dios y d su nación, un rey tenga que mandar ahorcar a quienes no obedezcan su ley. ¿Pues cómo, si no, podría doblegar la voluntad de su súbditos? Además, no debemos olvidar que la naturaleza humana es tan insondable como el mundo que nos acoge y que no todos los demonios temen el agua bendita.
Mario Puzo (The Family)
Durante unos segundos Lórim llega a sentirse Uno con el Fuego y comprende, aunque luego se le vaya a olvidar como si despertara de un sueño, La Verdad: que el Fuego destruye pero que en el calor y la energía está la semilla de todo lo que puede comenzar de nuevo.
Costa Alcalá (Ellos y nosotros (La segunda revolución, #2))
[...]otra arremetida de «Heil Hitler!». ¿Sabes? Lo cierto es que me sorprendería que alguien no perdiera un ojo o se hiciera daño en una mano o en una muñeca en medio de ese jaleo. Bastaba con quedarse mirando hacia el lugar equivocado en el peor momento o estar demasiado pegado a otra persona. Tal vez sí que hubo heridos. Por lo que a mí respecta, lo único que puedo decir es que nadie murió por estar allí, al menos físicamente. Es evidente que no podemos olvidar los cuarenta millones de personas que recogí cuando todo hubo acabado, pero esto se está poniendo metafórico.
Markus Zusak (The Book Thief)
Todo estaba bien. Papá había vuelto, mamá lo amaba. No había nada de malo, y no todo lo que Tony le mostraba sucedía siempre. Sin embargo, el miedo se había instalado en su corazón, profundo y terrible, y no podía olvidar esa palabra indescifrable que había visto en el espejo de su espíritu.
Stephen King (The Shining (The Shining, #1))
Todos tenemos historias que van marcando las decisiones de nuestras vidas. Desde niños percibimos por medio de la intuición más de lo que nuestra mente comprende, y el alma va arrullando experiencias imposibles de olvidar. Siempre escuché que la realidad supera a la ficción y fui testigo fiel de la verdad de esa afirmación.
Sandra D. Broemser (Palabra y omisión: Historia de mujeres)
Con todo, no puedo olvidar mis viejas y oscuras dudas de siempre. ¿Debo consagrar mis energías y mi tiempo a un propósito tan inútil? ¿Debo ir acarreando, uno tras otro, pesados cubos de agua a un lugar embarrado tras una larga lluvia? ¿No debería dejarme de esfuerzos inútiles y abandonarme, simplemente, a la corriente? ¿colisión? ¿y esto qué es?
Haruki Murakami (Sputnik Sweetheart)
Olvidar supondría una bendición. Después de todo, ¿qué había que recordar?. Alguien a quien nunca podría haber tenido. Amigos muertos o perdidos. Un padre que no la quería. La taza se inclinó. El agua se deslizó sobre su lengua, fresca y deliciosa. Olvidó el dolor, olvidó dónde estaba, olvidó quién había sido, olvidó que una vez le había dado miedo olvidar.
Marie Rutkoski (The Winner's Kiss (The Winner's Trilogy, #3))
Después de mi muerte un día El mundo será pequeño a las gentes Plantarán continentes sobre los mares Se harán islas en el cielo Habrá un gran puente de metal en torno de la tierra Como los anillos construidos en Saturno Habrá ciudades grandes como un país Gigantescas ciudades del porvenir En donde el hombre-hormiga será una cifra Un número que se mueve y sufre y baila (Un poco de amor a veces como un arpa que hace olvidar la vida) Jardines de tomates y repollos Los parques públicos plantados de árboles frutales No hay carne que comer el planeta es estrecho Y las máquinas mataron el último animal Arboles frutales en todos los caminos Lo aprovechable sólo lo aprovechable Ah la hermosa vida que preparan las fábricas.
Vicente Huidobro (Altazor)
Su corazón recibió las enseñas que más necesitaba: la paciencia, que aprendió mediante lecciones tan dulces que era imposible no las asimilara; la caridad por todos, que un alma buena es siempre capaz de perdonar y olvidar cualquier afrenta; la lealtad hacia el deber, que hace más llevadera la tarea más dura y la fe sincera, que no conoce el miedo y confía sin albergar dudas.
Louisa May Alcott (Mujercitas)
Su corazón recibió las enseñas que más necesitaba: la paciencia, que aprendió mediante lecciones tan dulces que era imposible no las asimilara; la caridad por todos, que un alma buena es siempre capaz de perdonar y olvidar cualquier afrenta; la lealtad hacia el deber, que hace más llevadera la tarea más dura, y la fe sincera, que no conoce el miedo y confía sin albergar dudas.
Louisa May Alcott
Si aprendes a soportar el dolor, eres capaz de sobrevivir a todo. Algunas personas aprenden a aceptarlo... a amarlo. Algunos lo soportan ahogándolo en tristeza o se fuerzan a sí mismos a olvidar. Otros lo transforman en ira. Ansel, en cambio, dejó que su dolor se tornará odio, y que la consumiera hasta convertirla en alguien distinto; una persona que sin duda jamás deseó llegar a ser.
Sarah J. Maas (The Assassin and the Desert (Throne of Glass, #0.3))
¿Cómo habríamos de olvidar esos antiguos mitos que están en el comienzo de todos los pueblos, los mitos de los dragones que, en el momento supremo, se transforman en princesas? Quizás todos los dragones de nuestra vida son princesas que esperan sólo eso, vernos una vez hermosos y valientes. Quizás todo lo espantoso, en su más profunda base, es lo inerme, lo que quiere auxilio de nosotros.
Rainer Maria Rilke
—Las leyes deben ser justas, y su cumplimiento exigirse con firmeza. —Pitágoras se llevó una mano al pecho y la dejó allí apoyada—. De todos modos, no debemos olvidar que la mejor ley es la que está escrita en el corazón de las personas. En ninguna otra se depositará tanta voluntad para su cumplimiento. Por eso te digo, amigo Eshdek, educa a los niños y no tendrás que castigar a los adultos.
Marcos Chicot (La Hermandad (El asesinato de Pitágoras #2))
tres o cuatro reglas fundamentales: no beber alcohol si conduces, no llamar la atención en tu manera de vestir o comportarte cuando no estás en tu casa o en casa de algún amigo, mantener la educación en todo momento y huir de cualquier tipo de confrontación, especialmente si se trata de locales, que no hay que olvidar en ningún momento (y ellos te aseguro que no lo hacen) que este es su país.
Asunta López (Cartas desde Dubai)
En oposición a ese parlamentarismo democrático está la genuina democracia germánica de la libre elección del Führer, que se obliga a asumir toda la responsabilidad de sus actos. Una democracia tal no supone el voto de la mayoría para resolver cada cuestión en particular, sino llanamente la voluntad de uno solo, dispuesto a responder de sus decisiones con su propia vida y haciendo entrega de sus propios bienes. Si se hiciese la objeción de que bajo tales condiciones difícilmente podrá hallarse al hombre resuelto a sacrificarlo personalmente todo en pro de tan arriesgada empresa, habría que responder: "Gracias a Dios, el verdadero sentido de una democracia germánica radica justamente en el hecho de que no puede llegar al gobierno de sus conciudadanos por medios vedados cualquier indigno arribista o emboscado moral, sino que la magnitud
Adolf Hitler (Mein Kampf (Mi Lucha): Para no olvidar)
Las personas que me encontraba y las anécdotas que me ocurrían conduciendo por aquella carretera eran tan normales y corrientes como las que podía encontrar cualquier persona en cualquier calle. Ni tenían nada de especial ni tampoco vale la pena dejar constancia de ellas. Ahora bien, Buda dijo en una ocasión que «Dos personas tienen que vivir cien vidas para coincidir en un mismo barco; y tienen que vivir mil vidas para acabar convirtiéndose en marido y mujer». De manera que no podía olvidar así como así la mano que había dado, la sonrisa que había intercambiado, la conversación que había mantenido... No podía dejar marchar volando todo aquello, a merced del viento, como mi falda. Aprendí, incluso, a querer cada grano de arena del desierto. No puedo olvidar cada amanecer ni cada puesta de sol, y mucho menos puedo borrar los rostros de mis recuerdos.
Sanmao
El recuerdo me azotó como si llevase años adormecido y de repente intentase abrirse paso aferrándose a paredes llenas de instantes que había creído olvidar. Y a veces, al encontrar cajas cubiertas de polvo, descubrimos fotografías que siguen despertando sentimientos, esa piedra con forma de corazón que un día lo significó todo, esa notita arrugada tan especial, esa canción que siempre sería «la nuestra» a pesar de que él no lo supiese" - Leah
Alice Kellen (Todo lo que nunca fuimos (Deja que ocurra, #1))
Pero nunca debemos olvidar que una experiencia espiritual es sobre todo una experiencia práctica del Amor. Y en el amor no existen reglas. Podemos intentar guiarnos por un manual, controlar el corazón, tener una estrategia de comportamiento… Pero todo eso es una tontería. Quien decide es el corazón, y lo que él decide es lo que vale. Todos hemos experimentado eso en la vida. Todos, en algún momento, hemos dicho entre lágrimas: «Estoy sufriendo por un amor que no vale la pe-na.» Sufrimos porque descubrimos que damos más de lo que recibimos. Sufrimos porque nuestro amor no es reconocido. Sufrimos porque no conseguimos imponer nuestras reglas. Sufrimos impensadamente, porque en el amor está la semilla de nuestro crecimiento. Cuando más amamos, más cerca estamos de la experiencia espiritual. Los verdaderos iluminados, con las almas encendidas por el Amor, vencían todos los prejuicios de la época.
Paulo Coelho (By the River Piedra I Sat Down and Wept)
Nunca hubiera creído que ninguno de vosotros dos tuviera tanta imaginación. ¿O es que soy yo quien lo está imaginando? Lo mismo que estoy soñando que me encuentro en un árbol mojado en una noche de tormenta. Pero nunca tengo sueños, o quizá sea que los olvido. Y este es uno que sugiero que todos debemos olvidar. - Sería mejor que esto fuera un sueño, Verena. Porque una persona que no sueña es como una que no suda: conserva en sí gran cantidad de veneno.
Truman Capote (The Grass Harp)
De pronto sus ojos rompieron en lágrimas, y todo su cuerpo tembló estremecido por la rabia y la impotencia. Maldito mundo en el que el desvalido es objeto de burla y escarnio. Maldito mundo que se deleita en atormentar al sufriente. ¿Por qué se han dirigido a él, al que tiene el corazón agarrotado? ¿Por qué exigirle a él una obra, a él, cuya alma está paralizada y cuyos sentidos ya no tienen fuerzas para percibir? Dormir. Ahora solo dormir. Como un animal, apático. Olvidar y quizás dejar de existir.
Stefan Zweig (Momentos estelares de la humanidad (Opera Magna) (Spanish Edition))
Si alguna facultad de nuestra naturaleza puede considerarse más sorprendente que las demás, creo que es la memoria. Los poderes, los fallos, las desigualdades de la memoria parecen más manifiestamente incomprensibles que los de ninguna otra de nuestras inteligencias. La memoria es unas veces retenedora, servicial, obediente; otras, aturrullada y endeble, otras… ¡incontrolable y tiránica! Por supuesto, somos un milagro en todos los sentidos… Pero el poder de recordar y olvidar parece un misterio especialmente inalcanzable.
Jane Austen (Mansfield Park)
«que vivo adentro de tu pensamiento y así te voy a acompañar siempre, nunca vas a estar solo», claro que sí, eso es lo que nunca me tengo que olvidar, si los dos pensamos igual vamos a estar juntos, aunque no te pueda ver, «eso es», entonces cuando me despierte en la isla te vas a ir conmigo, «¿no querés quedarte para siempre en un lugar tan lindo?», no, ya está bien así, basta de descanso, una vez que me coma todo y después de dormir ya voy a estar fuerte otra vez, que me esperan mis compañeros para empezar la lucha de siempre,
Manuel Puig (El beso de la mujer araña)
La muerte era de una naturaleza piadosa, significativa y tristemente bella, es decir, espiritual; pero, al mismo tiempo, también poseía una segunda naturaleza, casi contraria, muy física y material que, desde luego, no se podía considerar bella, ni significativa, ni piadosa, ni siquiera triste. La naturaleza solemne y espiritual se expresaba en la suntuosa mortaja y ataúd del difunto, las magníficas flores y las palmas que, como se sabe, significan la paz celestial (...) Todas aquellas disposiciones claramente hallaban su sentido y su buen fin en la idea de que el abuelo había adoptado su forma definitiva y verdadera para siempre. Pero además, como muy bien captó el pequeño Hans Castorp, aunque no quiso reconocerlo, todo aquello, y especialmente a su vez, la enorme cantidad de flores (y, entre éstas, en particular de nardos) tenía otro sentido y otro fin más prosaico: mitigar ese otro aspecto de la muete que no es ni bello ni realmente triste, sino más bien casi indecente, bajo, indignamente físico; hacer olvidar o impedir tomar conciencia de la muerte (pp.43-44)
Thomas Mann
¿Y quién podría hacerlo? Preocuparse por las vidas de todos menos de la propia. Entregarse, ser olvidada por los otros y agradecer. Yo no iba a agradecer, con diecisiete años decidí que debía preocuparme por mí. Pensaba que podía abandonar a mi familia, abandonar a quien fuera necesario, arrancar para siempre y deshacerme de las consecuencias. Tenía la esperanza de poder olvidar. Ansiaba la libertad de una heroína, una vida propia, feliz. En esa época me erguía ridículamente frente al mundo, creyendo que podría vencerlo y salir ilesa.
Paulina Flores (Qué vergüenza)
Olvidamos todo al final. No recuerdo la primera vez que respiré, pero sí cuando estuve a punto de dejar de hacerlo. No recuerdo a la última persona a la que mentí ni a la última que le dije un atisbo de verdad. No recuerdo los sueños esperanzadores ni las pesadillas desoladoras. No recuerdo las veces que he llorado y mucho menos las que he reído. No recuerdo cuándo las cosas perdieron el sentido ni si alguna vez lo tuvieron. No recuerdo nada de lo que ocurrió después del verano de 2008. Solo hay algo que nunca podré olvidar: Hollow Hallows, el lugar que desapareció. Ahora, nadie sabe nada de esa isla condenada. Yo sí y esta es su historia
Carlos J. Eguren (Hollow Hallows)
Quando as coisas ao nosso redor perdem o sentido, é mais fácil atribuí-lo a absurdos. Foi o que acabei compreendendo. O problema de justificar insanidades é que nelas sempre encontramos o prazer mais sombrio de nossos primórdios esquecidos, aquele tempo em que não era permitido se iludir, em que não se devia olvidar por um instante sequer do que éramos: que éramos animais selvagens, violentos e traiçoeiros. Ainda somos, todos. Infelizmente, menos sob o véu da razão, que poderia melhor entender a natureza da criatura e mantê-la acorrentada, do que debaixo desse moralismo hipócrita e cínico da civilidade cotidiana. Sim, eu entendi. No final.
Camilo Gomes Jr. (Sombra)
—Recuerda todo lo que has visto en tu vida. Los olores, los sonidos, las luces y las sombras de todo lo que alguna vez tocaste. Recuerda los paisajes que has visitado. Recuerda todo eso, hija, porque ya forman parte de tu pasado. Nunca debes olvidar que vienes de aquí, de este planeta maravilloso. Que fuiste criada con amor bajo un techo azul y diste tus primeros pasos en el verde. No olvides que tus alimentos fueron frutas que cayeron de los árboles y vegetales que crecieron en nuestros suelos —el ascensor se detuvo—. Recuerda el calor del sol en tu frente y el sonido de las cigarras por la noche. Recuerda a la tierra de los insectos y animales más maravillosos que puedas ver jamás. —Papá hizo una pausa. —Tan solo recuerda todo esto.
TOMAS ANDREI
–Todos soñamos con volver. Es difícil de explicar. Yo no volvería ni loco. Pero sueño con volver –hice una pausa–. Ustedes también. –¿Nosotros? –Los que nunca estuvieron. ¿Para qué nos buscan, si no? Nos buscan y nos tienen miedo. Suponen que sabemos algo, que no les queremos decir, y que ustedes no quieren saber; nos envidian porque conocemos el camino y temen que se los revelemos. Dejamos un espacio preciso cuando nos fuimos, pero allá cambiamos de forma, y al volver ya no encajábamos, por más vueltas que nos dieran, en el rompecabezas; volvimos diez mil iluminados, locos, profetas malditos, y ahí andamos, sueltos por las cuatro puntas del país, hablando un idioma que nadie entiende, haciendo como que trabajamos, jugamos al fútbol, cogemos, pero nunca del todo, en algún lugar sabiendo siempre que algo nuestro valioso e indefinible quedó enterrado allá. En sueños, al menos, todos volvemos a buscarlo. ¿Entendés? No es el criminal el que vuelve al lugar del crimen. Es la víctima, bajo la tiránica esperanza de cambiar ese resultado injusto que la dañó. Andá a preguntarle a los ingleses. ¿Cuántos te crees que quieren volver? Somos nosotros, los perdedores, los triturados, los que gritamos “volveremos volveremos” cada vez que hay alguien que quiera escuchar. ¿Qué puede interesarle la revancha al ganador? El infierno nos marcó de tal manera que creemos que volviendo lo haremos paraíso, y a la noche nos despertamos llamando papá a los demonios que nos clavaban arpones riendo. ¿Sabés por qué todavía, diez años después, seguimos disfrazándonos de esta manera, reuniéndonos para organizar expediciones imposibles, reconstruyendo hasta el segundo cada uno de aquellos días que lo mejor sería olvidar? Estamos infectados, entendés, las llevamos en la sangre y nos morimos de a poco, como los chagásicos. ¿No las viste, que son iguales a pólipos? Cada año que pasa, se extienden un poco más, como esas manchas en la pared. Trauma de guerra, trauma de guerra, no es tan fácil. Estamos enamorados hasta la médula, y las odiamos. Fetichistas, adoramos una foto, una silueta, una bota vieja. No es verdad que hubo sobrevivientes. En el corazón de cada uno hay dos pedazos arrancados, y cada mordisco tiene la forma exacta de Las Islas. Tratamos de llenarlos con las cosas de acá, pero es como taparlos con estopa. ¿Sabés cuántos de nosotros nos suicidamos por ese amor?
Carlos Gamerro (Las islas)
Hay ciudades tan descabaladas, tan faltas de sustancia histórica, tan traídas y llevadas por gobernantes arbitrarios, tan caprichosamente edificadas en desiertos, tan parcamente pobladas por una continuidad aprehensible de familias, tan lejanas de un mar o de un río, tan ostentosas en el reparto de su menguada pobreza, tan favorecidas por un cielo espléndido que hace olvidar casi todos sus defectos, tan ingenuamente contentas de sí mismas al modo de las mozas quinceañeras, tan globalmente adquiridas para el prestigio de una dinastía, tan dotadas de tesoros -por otra parte- que puedan ser olvidados los no realizados a su tiempo, tan proyectadas sin pasión pero con concupiscencia hacia el futuro, tan desasidas de una auténtica nobleza, tan pobladas de un pueblo achulapado, tan heroicas en ocasiones sin que se sepa a ciencia cierta por qué sino de un modo elemental y físico como el del campesino joven que de un salto cruza el río, tan abigarradas de sí mismas aunque en verdad el licor de que están ahítas no tenga nada de embriagador, tan insospechadamente en otro tiempo prepotentes sobre capitales extranjeras dotadas de dos catedrales y de varias colegiatas y de varios palacios encantados -un palacio encantado al menos para cada siglo-, tan incapaces para hablar su idioma con la recta entonación llana que le dan los pueblos situados hacia el norte a doscientos kilómetros de ella, tan sorprendidas por la llegada de un oro que puede convertirse en piedra, pero que tal vez se convierta en carrozas y troncos de caballos con gualdrapas doradas sobre fondo negro, tan carentes de una auténtica judería, tan llenas de hombres serios cuando son importantes y simpáticos cuando no son importantes, tan vueltas de espaldas a toda naturaleza -por lo menos hasta que en otro sitio se inventaron el tren eléctrico y la telesilla-, tan agitadas por tribunales eclesiásticos con relajación al brazo secular, tan poco visitadas por individuos auténticos de la raza nórdica, tan abundante de torpes teólogos y faltas de excelentes místicos, tan llenas de tonadilleras y de autores de comedias de costumbres, de comedias de enredo, de comedias de capa y espada, de comedias de café, de comedias de punto de honor, de comedias de linda tapada, de comedias de bajo coturno, de comedias de salón francés, de comedias del café no de comedia dell'arte, tan abufaradas de autobuses de dos pisos que echan humo cuanto más negro mejor sobre aceras donde va la gente con gabardina los días de sol frío, que no tienen catedral.
Luis Martín-Santos (Tiempo de silencio)
…el laberíntico mundo del doblepiensa. Saber y no saber, tener plena conciencia de algo que sabes que es verdad y al mismo tiempo contar mentiras cuidadosamente elaboradas, mantener a la vez dos opiniones sabiendo que son contradictorias y creer en ambas, utilizar la lógica en contra de la lógica, repudiar la moralidad en nombre de la moralidad misma, creer que la democracia era imposible y que el partido era el garante de la democracia, olvidar lo que hacía falta olvidar y luego recordarlo cuando hacía falta, para luego olvidarlo otra vez. Y, por encima de todo, aplicar ese mismo proceso al propio proceso. Esa era la mayor sutileza: inducir conscientemente a la inconsciencia, y luego, una vez más, volverse inconsciente del acto de hipnosis que acabas de realizar. Incluso la comprensión del término doblepiensa implicaba el uso del doblepiensa (Cap 3, primera parte - 1984)
George Orwell
Recordar lo que para mí han sido los primero libros me exige olvidar desde el principio todo lo que sé de libros. Ciertamente toda mi actual sabiduría se basa en la disposición con la que ya entonces me enfrentaba al libro. Pero así como en el día de hoy tema y contenido, objeto y materia, se enfrentan al libro como algo exterior, entonces se encontraba todo fundido en él, no era algo independiente de él. El mundo abierto en el libro y el libro mismo no podían separarse bajo ningún concepto: formaban un todo perfecto. De esta forma, junto al libro, también podían cogerse con la mano su contenido, su mundo, como si tuvieran asas. Y este mundo, el contenido, glorificaban a su vez al libro en todas sus partes: palpitando en él, iluminado desde él. Y no sólo anidaban en la portada o en los grabados. Su casa estaba también en los títulos de los capítulos, en las letras especiales con que empezaban, en los puntos y aparte, en las columnas, etc. Los libros no se leían sin más, no; se vivían, se moraba entre sus líneas...
Walter Benjamin
Se preguntó con desconsuelo en qué mundo estaban viviendo. Un mundo donde la gente joven intentaba quitarse la vida de algún modo. Decidió que en ese momento estaban sumergidos en una época que se podría llamar el tiempo de los fracasos. Las ilusiones que se habían forjado resultaron ser menos sólidas de lo esperado. Creían edificar una casa y lo que hacían en realidad era erigir un monumento sobre algo ya pasado y casi olvidado. Suecia se derrumbaba alrededor de él, como un sistema político de estantes gigantescos que se viniera abajo. Nadie sabía quiénes serían los carpinteros que estaban en el recibidor esperando entrar para colocar las nuevas estanterías. Tampoco sabía nadie cómo serían éstas. Todo era muy confuso, aparte de que era verano y hacía calor. La gente joven se suicidaba, o al menos intentaba hacerlo. La gente vivía para olvidar, no para recordar. Las viviendas eran escondites más que hogares acogedores. Y los policías estaban callados esperando el momento en el que vigilasen sus celdas de arresto unos hombres con otros uniformes, los hombres de las empresas privadas de seguridad.
Henning Mankell (Sidetracked (Kurt Wallander, #5))
(...) Lo que este tipo de autores pretende es un capitalismo funcionante, pletórico, en su mejor momento, acumulando a todo gas, sometiendo a nuevos sectores y quehaceres humanos bajo su férula y destruyéndolo todo, desde la naturaleza hasta la condición humana misma, sin olvidar el bien más preciado, la libertad (de conciencia, política y civil). Con él logran un máximo de consumo. Por el contrario, el capitalismo declinante, en crisis y decreciente, les indigna y subleva. Ese es su "anticapitalismo": constituir un orden neo-burgués tan perfeccionado que jamás conozca la crisis, que nunca deje de proporcionar a sus neo-esclavos más y más recursos consumibles, más y más goces del tubo digestivo, más y más barbarie hedonista, más renuncia a ser lo que son, o deberían ser y les gustaría ser, humanos. No es ocioso recordar que una revolución anticapitalista y antiestatal es necesaria también para poner fin a la sociedad de consumo, para reducir de manera drástica el derroche ilimitado, nihilismo consumista y destructividad patológica del actual orden económico y sistema de dominación. Esta es una diferencia sustantiva con los "anticapitalistas" pro-consumo, que se proponen construir "otro" capitalismo que permita consumir aún más, si ello es posible. Con hiper-consumo o con escasez extrema, el capitalismo ha de ser desarticulado y eliminado al completo.
Félix Rodrigo Mora (El giro estatolátrico: Repudio experiencial del Estado de bienestar)
EL DESTINO, UN REGALO El talante con el que un hombre acepta su ineludible destino y todo el sufrimiento que le acompaña, la forma en que carga con su cruz, le ofrece una singular oportunidad incluso bajo las circunstancias más adversas para dotar a su vida de un sentido más profundo. Aun en esas situaciones se le permite conservar su valor, su dignidad, su generosidad. En cambio, si se zambulle en la amarga lucha por la supervivencia, es capaz de olvidar su humana dignidad y se comporta poco más allá a como lo haría un animal, igual que nos recuerda la psicología de los internados en un campo de concentración. En esa decisión personal reside la posibilidad de atesorar o despreciar la dignidad moral que cualquier situación difícil ofrece al hombre para su enriquecimiento interior. Y ello determina si es o no merecedor de sus sufrimientos. No piensen que estas consideraciones son ilusorias o muy alejadas de la vida real. Alcanzar metas tan excelsas está reservado a unas cuantas personas. En efecto, sólo unos pocos prisioneros conservaron esa fortaleza de la libertad y aprovecharon los atroces sufrimientos para una madurez interior. Ahora bien, aunque sólo se diese un caso bastaría para demostrar que la libertad interior puede elevar al hombre muy por encima de su destino adverso. Y este tipo de hombres no surge, además, únicamente en los campos de concentración. Cualquier hombre, en toda existencia, se verá cara a cara con su destino y siempre tendrá la oportunidad de conquistar algún valor por vía del sufrimiento, por vía de su propio sacrificio.
Viktor E. Frankl (El hombre en busca de sentido)
mantienen41 Así pues, un príncipe que tenga una ciudad así de reforzada y que no se haga odiar, no puede ser atacado, y si hubiera alguien que lo atacara, se tendría que replegar avergonzado, porque las cosas del mundo son tan cambiantes que es casi imposible que alguien con sus ejércitos pueda permanecer un año entero, ocioso, en un asedio. Y a quien replique que si el pueblo tiene sus posesiones fuera y las ve arder, no tendrá paciencia, que el largo asedio y la caridad para consigo mismo le harán olvidar al príncipe, le respondo que un príncipe prudente y animoso superará siempre todas esas dificultades, ora dando esperanzas a los súbditos de que el mal no será largo, ora atemorizándolos con la crueldad del enemigo, ora protegiéndose con destreza de los que le parezcan demasiado atrevidos. Además, lógicamente el enemigo incendiará y destruirá el país nada más llegar, cuando los ánimos de los hombres todavía están enardecidos y dispuestos a la defensa; y por eso mismo el príncipe no debe temer nada, porque después de algunos días, con los ánimos enfriados, el daño ya está hecho, son asumidos los males y ya no hay remedio. Y entonces es cuando más se une el pueblo a su príncipe, pareciéndole que éste le está más obligado al haber sido incendiadas sus casas y destruidas sus posesiones por defenderle a él. Es propio de la naturaleza de los hombres el contraer obligaciones tanto por los beneficios que se hacen como por los que se reciben. De aquí que, si se considera bien todo, no le será difícil a un príncipe prudente mantener firmes los ánimos de sus ciudadanos de principio a fin del asedio, siempre y cuando no les falten los medios de subsistencia y de defensa.
Niccolò Machiavelli (EL PRÍNCIPE (Clásicos del pensamiento nº 31) (Spanish Edition))
El axioma de la igualdad afirma que x siempre es igual a x; parte de la premisa de que si tienes un objeto conceptual llamado x, siempre debe ser equivalente a sí mismo, hay una singularidad en él y está en posesión de algo tan irreducible que debemos dar por hecho que es absoluta e inalterablemente equivalente a sí mismo todo el tiempo, que su elementalidad no se puede alterar. Sin embargo, es imposible demostrarlo. «Siempre», «absolutos», «nunca»; estos son los términos que, como los números, componen el mundo de las matemáticas. No a todo el mundo le gusta el axioma de la igualdad […], pero él apreciaba cuán elusivo era, cómo la belleza de la ecuación siempre se vería quebrantada por los intentos de demostrarla. Era la clase de axiomas que podía hacerte enloquecer o consumirte, que con facilidad podía absorber tu vida entera. Sin embargo, ahora sabe hasta qué punto es cierto el axioma, porque él ha experimentado la demostración consigo mismo, con su propia vida. Ahora comprende que la persona que fue siempre será la persona que es. Tal vez haya cambiado el contexto. Sí, ahora vive en ese piso, tiene un trabajo bien remunerado que le gusta, tiene padres y amigos a los que quiere. Tal vez sea respetado y, en el juzgado, incluso temido. Pero, en esencia, es la misma persona, una persona que inspira aversión, una persona que ha nacido para ser aborrecida. Y en ese microsegundo en el que se encuentra suspendido entre el éxtasis de volar y la expectativa del aterrizaje, que le consta que será terrible, sabe que x siempre será igual a x, con independencia de lo que haga, de los años que hayan transcurrido desde que dejó el monasterio y al hermano Luke, de todo el dinero que gane o del esfuerzo que haga por olvidar el pasado. Esto es lo último que piensa al caer sobre el hormigón y fracturarse el hombro. Por un instante el mundo le ha sido felizmente arrebatado: x = x, piensa, x = x, x = x.
Hanya Yanagihara (A Little Life)
Control de la mente. Vaya estupidez. Lo cierto era que todo el mundo tenía la mente controlada, y todo el mundo se congratulaba por ello. Los controladores de mente más poderosos del mundo eran los padres, y eran ellos los que causaban más daños. Los teóricos solían olvidar que nadie nacía convencional, neurótico o con prejuicios; estas cualidades requerían ayuda ajena. Naturalmente, los padres no tenían intención de causar daño a sus hijos; se limitaban a inculcarles actitudes que consideraban importantes y útiles para ellos. Los niños recién nacidos eran pequeños computadores en espera de ser programados. Podían aprender todo cuanto les fuera enseñado, desde mala ortografía a actitudes equivocadas. Como los computadores, no sabían discriminar; carecían de elementos para diferenciar las ideas buenas de las malas. La analogía era absolutamente exacta: mucha gente había comentado el infantilismo y la fidelidad literal de los computadores. Por ejemplo, si se ordenaba a un computador <>, el computadores respondería inmediatamente que no podía ponerse los calcetines por encima de los zapatos. Toda la programación importante había terminado a la edad de siete años. Las actitudes raciales, sexuales, éticas, religiosas, nacionales. El giróscopo estaba en marcha, y los niños ya podían empezar su progreso por los cauces señalados de antemano. Control de la mente. ¿Cómo llamar a algo tan sencillo como los convencionalismos sociales? ¿Estrecharse mutuamente las manos al saludarse? ¿No dar nunca la espalda en un ascensor? ¿Servir la comida por la izquierda? ¿Colocar la copa de vino a la derecha? Cientos de pequeños convencionalismos que la gente necesitaba para estereotipar las relaciones sociales; la supresión de una sola de ellas acarrearía una ansiedad insoportable. Las personas necesitaban el control de la mente. Les gustaba sujetarse a él. Sin él se sentían irremediablemente perdidas. Pero si un pequeño grupo de gente intentaba resolver el mayor problema del mundo en la actualidad –la violencia incontrolada-, de todas partes llegaban las exclamaciones: control de la mente, ¡control de la mente! ¿Qué era mejor, control o caos?
Michael Crichton (The Terminal Man)
Control de la mente. Vaya estupidez. Lo cierto era que todo el mundo tenía la mente controlada, y todo el mundo se congratulaba por ello. Los controladores de mente más poderosos del mundo eran los padres, y eran ellos los que causaban más daños. Los teóricos solían olvidar que nadie nacía convencional, neurótico o con prejuicios; estas cualidades requerían ayuda ajena. Naturalmente, los padres no tenían intención de causar daño a sus hijos; se limitaban a inculcarles actitudes que consideraban importantes y útiles para ellos. Los niños recién nacidos eran pequeños computadores en espera de ser programados. Podían aprender todo cuanto les fuera enseñado, desde mala ortografía a actitudes equivocadas. Como los computadores, no sabían discriminar; carecían de elementos para diferenciar las ideas buenas de las malas. La analogía era absolutamente exacta: mucha gente había comentado el infantilismo y la fidelidad literal de los computadores. Por ejemplo, si se ordenaba a un computador "Ponte los zapatos y los calcetines", el computadores respondería inmediatamente que no podía ponerse los calcetines por encima de los zapatos. Toda la programación importante había terminado a la edad de siete años. Las actitudes raciales, sexuales, éticas, religiosas, nacionales. El giróscopo estaba en marcha, y los niños ya podían empezar su progreso por los cauces señalados de antemano. Control de la mente. ¿Cómo llamar a algo tan sencillo como los convencionalismos sociales? ¿Estrecharse mutuamente las manos al saludarse? ¿No dar nunca la espalda en un ascensor? ¿Servir la comida por la izquierda? ¿Colocar la copa de vino a la derecha? Cientos de pequeños convencionalismos que la gente necesitaba para estereotipar las relaciones sociales; la supresión de una sola de ellas acarrearía una ansiedad insoportable. Las personas necesitaban el control de la mente. Les gustaba sujetarse a él. Sin él se sentían irremediablemente perdidas. Pero si un pequeño grupo de gente intentaba resolver el mayor problema del mundo en la actualidad –la violencia incontrolada-, de todas partes llegaban las exclamaciones: control de la mente, ¡control de la mente! ¿Qué era mejor, control o caos?
Michael Crichton (The Terminal Man)
Lo que se enfatiza en todo momento es el olvidar, el borrar, el dejar y el reemplazar.
Zygmunt Bauman (Liquid Life)
Están obsesionados en su monomanía evolucionista de que todo lo grande procede de una semilla, o de algo incluso más pequeño. Parecen olvidar que toda semilla procede de un árbol, o de algo más grande. Y existen buenas razones para pensar que la religión no tuvo su origen en un detalle olvidado, tan pequeño que sería imposible encontrar su rastro.
G.K. Chesterton (El Hombre Eterno (Philosophiae Memoria nº 11) (Spanish Edition))
Winston bajó los brazos y llenó los pulmones de aire muy despacio. Su imaginación se deslizó por el laberíntico mundo del doblepiensa. Saber y no saber, tener plena conciencia de algo que es verdad y al mismo tiempo contar mentiras cuidadosamente elaboradas, mantener a la vez dos opiniones sabiendo que son contradictorias y creer en ambas, utilizar la lógica en contra de la lógica, repudiar la moralidad en nombre de la moralidad misma, creer que la democracia era imposible y que el Partido era el garante de la democracia, olvidar lo que hacía falta olvidar y luego recordarlo cuando hacía falta, para luego olvidarlo otra vez. Y, por encima de todo, aplicar ese mismo proceso al propio proceso. Esa era la mayor sutileza: inducir conscientemente a la inconsciencia, y luego, una vez más, volverse inconsciente del acto de hipnosis que acababas de realizar. Incluso la comprensión del término "doblepiensa" implicaba el uso del doblepiensa.
George Orwell (1984)
su realidad no solo malgasta la vida, sino que también la acorta. El yo es la descarada mentira que nos contamos a diario y la felicidad requiere ver más allá de dicha mentira, desenmascararla. «Estudiar el yo es olvidar el yo», decía Dogen, un maestro zen del siglo XIII. La voz interior, las voces externas, todo es lo mismo. No hay líneas divisorias. Sobre todo cuando se compite. La victoria, según el zen, «llega cuando nos olvidamos del yo y del adversario, que son las dos mitades de un todo. Todo esto se expone con claridad meridiana en el libro Zen en el arte del tiro con arco:
Phil Knight (Nunca te pares)
A LA HORA DE OLVIDAR Lo más difícil es conseguir que se vaya del todo todo aquello que ya se fue.
Marwán Abu-Tahoun Recio
- Ministerio de magia 4/5 Midnight secrets, es una hermosa historia de romance y suspenso con el maldito hdp de uno de los protagonistas que pertenece al senado de los Estados Unidos. -Gringgots 5/5 La historia de Tana, Julian, Lucca y Tamara, es muy linda, tiene romance con un toque de misterio, Tana y Lucca, se hicieron millonarios con su trabajo, y Julian es parte de una familia adinerada. -Hogsmeade 5/5 Dangerous lover, la historia de Jack y Caroline, transcurre en Summerville, un pequeño pueblo de Washington, su trama tiene romance, misterio y mucha pasión entre los protagonistas. -Honeydukes 4/5 Secret santa, historia corta y muy empalagosa de navidad, Logan y Emma son muy dulces, tiernos y excelentes personas. -La madriguera 5/5 Poppy es una Bridgerton, esta acostumbrada a vivir rodeada de hermanos y primos, al ser secuestrada y estar rodeada de hombres en un barco pirata, no esta para nada asustada, como vuelve loco a Andrew, es muy divertido, -El caldero chorreante 3/5 My secret valentine baby, la historia de Archer y Mila, es rápida, un instalove lindo, pero no me termino de gustar al 100%, la historia transcurre en uno de los hoteles Valentine, del cual Archer es el dueño. -Azkaban 4/5 Punto de impacto, Russell investiga el crimen cometido a un adolescente, toda la trama de la historia transcurre con Russell tratando de saber si sus contactos con la policía tuvieron que ver o no con el crimen. -La casa de los gritos 5/5 Amigo imaginario, me resulto raro que unos niños de 7 años puedan sufrir todo lo que sufrieron Christopher y David, me gusto mucho el libro, pero demasiada fantasia para mi gusto. -Hogwarts 4/5 Hielo negro, me gusto la historia, no sabes quien es el bueno, y quien el malo, hasta mas de la mitad del libro, Britt no va a olvidar nunca sus ultimas vacaciones de la preparatoria.
NOT A BOOK
A veces pienso: «¿Conseguiré olvidar todo esto?». Porque la cabeza es como un armario, y para sacar una cosa del armario tienes que meter otra. Las cosas nuevas ocupan el lugar de las antiguas. Pero yo aquí, mientras deciden mi asilo, no hago nada. No tengo trabajo, no tengo amigos, no tengo cosas nuevas que meter en el armario. Mis recuerdos están ahí, no se mueven. Y me atacan todos los días.
Ibrahima Balde (Hermanito)
En un estudio de 2016, se les proporcionó a unos ratones una palanca con la que podían activar sus propias neuronas con dopamina (gracias a un sensor óptico especial).2Los científicos observaron un comportamiento peculiar: si los dejaban solos, los ratones se pasaban todo el rato apretando la palanca para activar sus neuronas con dopamina una y otra vez. Dejaron de comer y de beber hasta el punto de que al final los científicos tuvieron que acabar con el experimento, porque de lo contrario, los ratones se hubieran muerto. La obsesión que tenían esos ratones con la dopamina les había hecho olvidar sus necesidades básicas. Todo esto era para decir que a los animales, incluidos los humanos, les gusta mucho la dopamina. Y comer alimentos dulces es una manera fácil de tener un chute de dopamina.
Jessie Inchauspé (La revolución de la glucosa: Equilibra tus niveles de glucosa y cambiarás tu salud y tu vida)
En todo caso cuando reprocha a los gubernamentales no haber sabido llegar a una transacción con los alzados parece olvidar doña Clara que para negociar hace falta ser dos y que la Historia probó que Franco jamás quiso otra paz que no fuera la victoria.
Clara Campoamor (La revolución española vista por una republicana (España en armas nº 2) (Spanish Edition))
El maestro dijo que en este mundo hay una sola cosa que nunca debe olvidarse. Si fueras a olvidar todo lo demás, pero no esto, no habría motivo de preocupación, mientras que si recordaras, realizaras y atendieras a todo lo demás pero olvidaras esa única cosa, en realidad no habrías hecho nada en absoluto. Es como si un rey te hubiera enviado a un país para cumplir una tarea específica y concreta. Vas a ese país y realizas otras cien tareas, pero si no realizas aquella para la que te enviaron, es como si no hubieras realizado nada en absoluto. Del mismo modo, el hombre ha venido al mundo para cumplir una tarea específica, y ése es su objetivo. Si no la realiza, no habrá hecho nada.
Sogyal Rinpoche (El libro tibetano de la vida y de la muerte)
Soy un azote, como las plagas, como el hambre. A donde voy llevo la vieja maldición. Mercer lo dijo: estoy obligado a hacer el mal. Todo lo que he hecho, ha sido siempre malo. Desde el comienzo. Es hora de irse a casa. Quizás, cuando vea a Irán, podré olvidar
Philip K. Dick
«Igual que hay un celo amargo que aleja de Dios y lleva al infierno, hay un celo bueno que aleja de los vicios y conduce a Dios y a la vida eterna. Éste es el celo en el que los monjes deberán ejercitarse con amor ardiente. Que se superen unos a otros en colmarse de honores, que soporten con suma paciencia sus respectivas enfermedades físicas y morales (…) Ámense unos a otros con amor fraterno (…) Amen a Dios sin olvidar el temor (…) Que no antepongan absolutamente nada a Cristo, que nos conducirá a todos a la vida eterna» (San Benito, La Regla, capítulo 72).
Pope Benedict XVI (Fe y razón según Benedicto XVI)
Fortuna Sin Amor (El Soneto) ¡Te quiero, te quiero mucho, mi amor! Me muero por escuchar esta proclamación. Estoy hablando en español, ¿sabes por qué? Si lloras bajo la lluvia, no atraerás la atención. Si hablo en inglés, todos descubrirán mi secreto, Que no soy ningún sabio, solo un alma perdida. Por eso hablo el idioma de la revolución, Solo un amante loco puede entender a otro idiota. Lastima mucho, este largo viaje lastima mucho pero, Tengo que fingir que soy la persona más fuerte. Todavía a veces solo quiero olvidar toda la guerra, A veces solo quiero perderme en el abrazo de alguien. Ahora sabes mi secreto - mi honor está confiado a ti. Si la ves, díselo - fortuna sin amor es maldición para mi.
Abhijit Naskar (Amantes Assemble: 100 Sonnets of Servant Sultans)
Entonces, ¿para qué recuerda la gente? ¿Para restablecer la verdad? ¿La justicia? ¿Para liberarse y olvidar? ¿Porque comprenden que han participado en un acontecimiento grandioso? ¿O porque buscan en el pasado alguna protección? Y todo eso, a sabiendas de que los recuerdos son algo frágil, efímero; no se trata de conocimientos precisos, sino de conjeturas sobre uno mismo. No son aún conocimientos, son solo sentimientos. Lo que siento.
Svetlana Alexievich (las voces de chernóbil)
Nunca debía olvidar que había todo un mundo al otro lado de los muros de la Torre Blanca, y que el propósito de las Aes Sedai era servir a ese mundo.
Robert Jordan (Torres de medianoche (The Wheel of Time, #13))
En una perspectiva cristiana, la gratuidad es un valor que impregna e inspira todo lo que Dios ha hecho por nosotros. Dios nos salva gratuitamente, no solo sin méritos propios sino incluso a pesar de nuestros deméritos. Él nos ha entregado gratuitamente a su Hijo. Todos los dones de su Espíritu son pura gracia. Incluso nuestra conversión y nuestra fidelidad a él son obra de su gracia, que se anticipa a nuestra voluntad y suscita en ella un movimiento de acercamiento o una actitud de fidelidad. «Un cristiano nunca puede olvidar que su fidelidad está conducida, sostenida y vivificada por la fidelidad misma de Dios. La fidelidad divina está en el corazón de la nuestra; ella es su más firme apoyo»
Juan María Uriarte (Palabras de vida para el ministerio. La espiritualidad apostólica según el Nuevo Testamento)
La maquinaria de olvidar que todos vamos a morir funcionando a tope, como una lavadora a dos mil revoluciones.
Leila Guerriero (La llamada: Un retrato)
Mi padre empezaba a olvidar. Y cuando mi padre empezó a olvidar, todos nos pusimos a recordar.
Pedro Simón (Los siguientes)