Fin Del Mundo Quotes

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Los japoneses creen que, después de morir, las almas van a un lugar que tiene, digamos, un cupo limitado. Y que cuando se llegue a ese límite, cuando no quede más lugar para las almas, van a empezar a volver a este mundo. Esa vuelta es el anuncio del fin del mundo, en realidad.
Mariana Enriquez (Los peligros de fumar en la cama)
Somos un puñado de decisiones. Somos los pasos que damos y las elecciones que hacemos. Somos los caminos, las personas, los lugares que dejamos atrás y también a los que nos dirigimos.
Andrea Longarela (Te espero en el fin del mundo)
Hay quien cree que solo puedes enamorarte una vez, pero es mentira. Puedes enamorarte mil veces. En ocasiones lo haces de la misma persona en diferentes momentos de tu vida.
Andrea Longarela (Te espero en el fin del mundo (Ficción) (Spanish Edition))
Me bastaba un simple roce o el olor para identificarle, y si me quedara ciego, podría reconocerle por el modo en que respiraba o en que pisaba el suelo. Le reconocería en el fin del mundo, incluso en la muerte.
Madeline Miller (The Song of Achilles)
El día del fin del mundo será limpio y ordenado como el cuaderno del mejor alumno
Jorge Teillier
El dolor de un corazón roto es inmortal.
José Ignacio Valenzuela (Hacia el fin del mundo (Trilogía del Malamor, #1))
...pero tenía la impresión de haber soñado dos ciudades perdidas: literalmente: ciudades perdidas dentro de otras ciudades perdidas, deambulando todas sobre una superficie impenetrable
Yuri Herrera (Señales que precederán al fin del mundo)
Somos lo que damos a los demás, sin darnos cuenta de que, si se marchan, te llevan consigo.
Andrea Longarela (Te espero en el fin del mundo (Ficción) (Spanish Edition))
Una vez que has llegado al fin del mundo importa muy poco qué ruta tomaste.
Isaac Marion (Warm Bodies (Warm Bodies, #1))
Pero si no hay futuro –dijo–. ¿Acaso todavía no lo sabes? Esto es el fin del mundo. Nosotros tendremos que quedarnos eternamente aquí.
Haruki Murakami (Hard-Boiled Wonderland and the End of the World)
Podría reconocerle por el modo en que respiraba o en que pisaba el suelo. Le reconocería en el fin del mundo, incluso en la muerte.
Madeline Miller (The Song of Achilles)
La historia que circulaba entre las personas del mundo ya ha llegado a su fin. Pero, la historia entre tú y yo apenas comienza
Mò Xiāng Tóng Xiù (人渣反派自救系统 [The Scum Villain’s Self-Saving System])
Hogar no es donde uno crece, ni duerme, ni vive. Hogar es donde uno quiere echar raíces, envejecer y morir. Puede ser un lugar o las manos de alguien que te sujeten.
Andrea Longarela (Te espero en el fin del mundo)
¿Quieres entender que es un año de vida? Pregúntaselo a un estudiante que acaba de suspender el examen de fin de curso. ¿Un mes de vida? Díselo a una mujer que acaba de traer al mundo a un niño prematuro y espera que salga de la incubadora para estrecharlo entre sus brazos, sano y salvo. ¿Una semana? Que te lo cuente un hombre que trabaja en una fábrica o en una mina para mantener a la familia. ¿Un día? Háblales del asunto a dos que están locamente enamorados uno de otro y esperan el momento de volver a estar juntos. ¿Una hora? Pregúntale a una persona claustrofóbica encerrada en un ascensor averiado. ¿Un segundo? Mira la expresión de un hombre que acaba de salvarse de un accidente de coche. ¿Y una milésima de segundo? Pregúntale al atleta que acaba de ganar la medalla de plata en los Juegos Olímpicos, en vez de la medalla de oro para la que lleva toda su vida entrenándose.
Marc Levy (If Only It Were True)
¿De qué sirve tu clase social, tu educación, todo lo que has leído, si no haces nada por tu país, por tu gente, por este pueblo que aguanta hambre desde el amanecer hasta el anochecer? ¿Para qué ser inteligente si esa inteligencia no es capaz de enfrentarse a la injusticia y a las estructuras que detentan el poder de manera inmoral? ¿De qué sirve tanta cultura si uno no es capaz de echarle una mano al otro?
Mario Mendoza (Diario del fin del mundo)
La edad te enseña que hay preguntas que es mejor no formular, palabras que no se deben decir y promesas que no se pueden cumplir.
Andrea Longarela (Te espero en el fin del mundo (Ficción) (Spanish Edition))
Por amor no todo vale; no, si dejas de ser tú, si te pierdes, si te entregas tanto que te quedas vacío.
Andrea Longarela (Te espero en el fin del mundo (Ficción) (Spanish Edition))
Qué jodido es el miedo. Qué inmenso el primer amor. Qué putada cuando, además, sabes que será el único.
Andrea Longarela (Te espero en el fin del mundo (Ficción) (Spanish Edition))
-¿Cómo es el fin del mundo? -le preguntó Baldabiou. -Invisible.
Alessandro Baricco (Silk)
¿Qué queda en la soledad del fin del mundo más que quererse?
Andrea Chapela (Todos los fines del mundo)
Somos un puñado de decisiones. Somos los pasos que damos y las elecciones que hacemos. Somos los caminos, las personas, los lugares que dejamos atrás y también a los que nos dirigimos.
Andrea Longarela (Te espero en el fin del mundo)
¿Por qué nos inquieta un hombre bañado en lágrimas? Una mujer que llora puede considerarse una parte excepcional pero conmovedora y digna de pena, de nuestra vida cotidiana, la acogemos con sinceridad y cariño. Pero ante un hombre que llora nos llena un sentimiento de desesperación. Es como si para él hubiera llegado el fin del mundo o como si él hubiera llegado al límite de lo que podía hacer.
Orhan Pamuk (The Black Book)
Happy New Year Mira, no pido mucho, solamente tu mano, tenerla como un sapito que duerme así contento. Necesito esa puerta que me dabas para entrar a tu mundo, ese trocito de azúcar verde, de redondo alegre. ¿No me prestas tu mano en esta noche de fin de año de lechuzas roncas? No puedes, por razones técnicas. Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo, el durazno sedoso de la palma y el dorso, ese país de azules árboles. Así la tomo y la sostengo, como si de ello dependiera muchísimo del mundo, la sucesión de las cuatro estaciones, el canto de los gallos, el amor de los hombres.
Julio Cortázar
Cómo será, pensé, no verse reflejado en las noticias, no entrar nunca en el pronóstico del tiempo, en la estadística, no tener nada que ver con el resto de todo un país.
Leila Guerriero (Los suicidas del fin del mundo: Crónica de un pueblo patagónico)
―Siempre seré tu caballero, Meghan Chase (...)Y juro, que si hay alguna manera de que estemos juntos, la encontraré. Sin importar lo que tome. Si tengo que perseguir tu alma hasta el fin del mundo, no me detendré hasta encontrarte, lo prometo.‖
Julie Kagawa (The Iron Queen (The Iron Fey, #3))
Pero eso de que una persona te deje de hablar porque ya se enteró de que te gusta, o que tengas que esperarte tres meses para dar un beso que los dos quieren porque si no te van a acusar de fácil, es horrible. De hecho, creo que las femmes fatales son tan tradicionales y aburridas como las que cocinan pastelitos y esperan al príncipe azul, porque a fin de cuentas también se dedican a ser un cliché del tamaño del mundo y a reprimirse solitas para ser lo que los fulanos esperan de ellas.
Raquel Castro (Ojos llenos de sombra)
—¿De dónde vienes, viajero? —Vengo desde el Fin del Mundo —dijo una voz tranquila que hizo que mi corazón deje de latir—. Desde el Río de los Sueños, a través del Pozo, las Zarzas y el Wyld profundo, con el fin de estar aquí. Sólo tengo una petición, retomar mi lugar a tu lado. Para continuar con mi deber como Caballero, y para protegerte a ti y a tu Reino mientras siga respirando. —Alzó la cabeza y empujó hacia atrás la capucha, y un grito de asombro recorrió la sala del trono—. Sigo siendo tuyo, mi Reina —dijo Ash, mirándome fijamente a los ojos—. Si tú me quieres.
Julie Kagawa (The Iron Knight (The Iron Fey, #4))
Allí fuera, en los caminos del mundo, había miles de millones líneas, de recorridos de vida. Miles de millones de direcciones. Calles enfiladas, desviadas por azar, a veces interrumpidas bruscamente. Pensó que dos enamorados no eran más que dos recorridos a merced del azar. Podían dibujar los trayectos más absurdos en el mapamundi, dirigirse a cualquier parte y no encontrarse jamás. O bien cruzarse también varias veces y no reconocerse. Podían tomar el mismo autobús todas las mañanas, sin saber nada el uno del otro. Así hasta el fin de sus días, sin relacionarse. Pero bastaba muy poco: un intercambio de frases, incluso casual, y las líneas se habrían mágicamente unido. Dos grises trazos de un solitario recorrido se habrían convertido en una sola calle compartida.
Leonardo Patrignani (Multiversum (Multiversum, #1))
- Soy la antivida, la bestia del juicio. Soy la oscuridad al fin de todo. Fin de universos, dioses, mundos... de todo. ¿Y qué serás tú, soñador? - La esperanza.
Neil Gaiman (The Sandman, Vol. 1: Preludes & Nocturnes)
el amor, si es real, siempre te espera, pero que los sueños no lo hacen. Los sueños tienen fecha de caducidad y no hay que dejar escapar las posibilidades que nos brinda la vida.
Andrea Longarela (Te espero en el fin del mundo (Ficción) (Spanish Edition))
Como siempre, la consideración de su muerte lo serenaba tanto como lo turbaba la muerte de los demás. Tal vez porque, a fin de cuentas, su muerte era el final del mundo.
Giuseppe Tomasi di Lampedusa (The Leopard)
el “problema” no se soluciona con un “cambio de cabeza”: lo que hay que cambiar es el mundo.
Tamara Tenenbaum (El fin del amor: querer y coger en el siglo XXI)
A los veinte años, todo me sabía a poco. Quizá porque, en lo referido a sentir, en el que aún seguía siendo mi hogar ya había rozado el cielo.
Andrea Longarela (Te espero en el fin del mundo (Ficción) (Spanish Edition))
«Los grandes cambios siempre vienen acompañados de una fuerte sacudida. No es el fin del mundo. Es el inicio de uno nuevo».
Lorena Franco (Perdida en el tiempo)
¿No te sientes especial, chico hielo? No solo tuvimos que ir al Fin del Mundo. Sé amable con el agradable hombre encapuchado, y tal vez consigas un alma.
Julie Kagawa (The Iron Knight (The Iron Fey, #4))
No dirías eso si hubieras visto algún pez del Wyld profundo, Goodfellow. Pero más importante, ¿verás alguna vez el Fin del Mundo si te arranco la cabeza?-El Lobo
Julie Kagawa (The Iron Knight (The Iron Fey, #4))
Me sentí como en el fin del mundo, atisbando al borde de un caos insondable de noche eterna.
H.P. Lovecraft
Incluso ante el fin del mundo, el hombre seguirá siendo el mismo, igual que es ahora. Siempre.
Svetlana Alexievich (Voices from Chernobyl: The Oral History of a Nuclear Disaster)
Supongo que ni si quiera el fin del mundo puede evitar que los humanos tratemos de pertenecer a algo
Susan Ee (World After (Penryn & the End of Days, #2))
que recuerda un eclipse solar, imitación momentánea del fin del mundo.
Charles Baudelaire (El pintor de la vida moderna (Serie Great Ideas 28))
Cómo se dirige uno al fin del mundo?
Victoria Schwab (The Invisible Life of Addie LaRue)
Con la lluvia, llega el fin del mundo.
Jandy Nelson (Te daría el sol)
Los grandes cambios siempre vienen acompañados de una fuerte sacudida. No es el fin del mundo. Es el inicio de uno nuevo.
Lorena Franco (Quédate conmigo)
The poem says you only think you’re alive but about to be born your radioactive heliographs mock the moon’s tongue.” — Philip Lamantia, “Fin Del Mundo
Philip Lamantia
Ya no nos queda demasiada música dentro para hacer bailar a la vida: ahí esta. Toda la juventud ha ido a morir al fin del mundo en el silencio de la verdad. ¿Y adónde ir, fuera, decidme, cuando no llevas contigo la suma suficiente de delirio? La verdad es una agonía ya interminable. La verdad de este mundo es la muerte. Hay que escoger: morir o mentir. Yo nunca me he podido matar.
Louis-Ferdinand Céline (Journey to the End of the Night)
Nuestros saludos son despedidas: de muchas formas vivimos en el abandono -en a búsqueda de la inconsciencia- pero tal vez lo hacemos porque tenemos tan claro y tan presente que todo va a terminar. Si cada muerte es un apocalipsis en miniatura, porque el mundo termina para quien deja de existir y todo el tiempo hay alguien que muere... Alberto Chimal, del libro "Diarios del Fin del Mundo
Alberto Chimal
El capitán Nemo me indicó con la mano ese prodigioso amontonamiento de madreperlas, una mina verdaderamente inagotable, pues la fuerza creadora de la naturaleza supera al instinto destructivo del hombre.
Jules Verne (Obras Completas de Julio Verne (Veinte mil leguas de viaje submarino, Miguel Strogoff, EL FARO DEL FIN DEL MUNDO, EL CASTILLO DE LOS CÁRPATOS, De la Tierra ... Secreto de Wilhem Storitz) (Spanish Edition))
deseo, esa «fuerza Misteriosa que hay detrás de cada cosa». ¡Cómo le gustaban esas palabras de Alfred de Musset! El deseo que hace que toda la superficie de la piel se alumbre y desee la superficie de otra piel de la que no se sabe nada. Antes de conocerse ya son íntimos. Ya no se puede vivir sin la mirada del otro, sin su sonrisa, sin su mano, sin sus labios. Se pierde el rumbo. Se vuelve uno loco. Se le seguiría al fin del mundo, mientras la razón dice: Pero ¿qué sabes tú de él? Nada, nada, ayer mismo no sabíamos ni su nombre. ¡Qué hermoso ardid inventado por la biología para el ser humano, que se creía tan fuerte! ¡Qué triunfo el de la piel sobre el cerebro! El deseo se infiltra en las neuronas y las embota. Nos encadenamos, nos privamos de libertad. En la cama, en todo caso… El último eslabón de vida primitiva
Katherine Pancol (Les yeux jaunes des crocodiles (Joséphine, #1))
Me atrevo a profetizar que ésta será la actitud básica de Alemania tras perder la guerra nazi: el lloriqueo salvaje y testarudo de un niño enfermo que equipara ansioso la pérdida de su muñeco con el fin del mundo.
Sebastian Haffner
la fusión de la infotecnología y la biotecnología abre la puerta a un sinfín de situaciones hipotéticas sobre el tema del fin del mundo, que van de las dictaduras digitales a la creación de una clase inútil global.
Yuval Noah Harari (21 lecciones para el siglo XXI)
La palabra «corazón», en japonés, tiene un significado más amplio que en castellano; abarca ámbitos del conocimiento, los sentimientos y la voluntad, de manera que incluye conceptos como pensamiento, mente, alma y espíritu.
Haruki Murakami (El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas)
La democracia es un lujo del norte. Al sur se le permite el espectáculo, que eso no se le niega a nadie. Y a nadie molesta mucho, al fin y al cabo, que la política sea democrática, siempre y cuando la economía no lo sea. Cuando cae el telón, una vez depositados los votos en las urnas, la realidad impone la ley del más fuerte, que es la ley del dinero. Así lo quiere el orden natural de las cosas. En el sur del mundo, enseña el sistema, la violencia y el hambre no pertenecen a la historia, sino a la naturaleza, y la justicia y la libertad han sido condenadas a odiarse entre sí.
Eduardo Galeano
La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, el intento de un camino, el esbozo de un sendero. Ningún hombre ha llegado a ser él mismo por completo; sin embargo, cada cual aspira a llegar, los unos a ciegas, los otros con más luz, cada cual como puede. Todos llevan consigo, hasta el fin, los restos de su nacimiento, viscosidades y cáscaras de un mundo primario. Unos no llegan nunca a ser hombres; se quedan en rana, lagartija u hormiga. Otros son mitad hombre y mitad pez. Pero todos son una proyección de la naturaleza hacia el hombre. Todos tenemos en común nuestros orígenes, nuestras madres; todos procedemos del mismo abismo; pero cada uno tiende a su propia meta, como un intento y una proyección desde las profundidades. Podemos entendernos los unos a los otros; pero interpretar es algo que sólo puede hacer cada uno consigo mismo.
Hermann Hesse (Demian: Die Geschichte von Emil Sinclairs Jugend)
Los viajeros, encarcelados en un nuevo satélite, si bien es verdad que no habían alcanzado su objetivo, formaban al menos parte del mundo lunar; gravitaban alrededor del astro de la noche, y por primera vez podía la vista penetrar todos sus misterios.
Jules Verne (Obras Completas de Julio Verne (Veinte mil leguas de viaje submarino, Miguel Strogoff, EL FARO DEL FIN DEL MUNDO, EL CASTILLO DE LOS CÁRPATOS, De la Tierra ... Secreto de Wilhem Storitz) (Spanish Edition))
Hay una teoría que afirma que si alguien descubriera lo que es exactamente el universo y el porqué de su existencia, desaparecería al instante y sería sustituido por algo aún más extraño e inexplicable. Hay otra teoría que afirma que eso ya ha ocurrido
Douglas Adams (The Restaurant at the End of the Universe (The Hitchhiker's Guide to the Galaxy, #2))
Ese silencio fue el principio del fin. ¿Quién iba a suponer que la felicidad era tan frágil? Siempre está a un segundo de quebrantarse, a un segundo de hacerse pedazos... La felicidad es volátil una pequeña chispa y todo estalla. Quizá por eso es tan escasa.
José Antonio Cotrina (La canción secreta del mundo)
Ponerse en los “zapatos del otro” Ponerse en los “zapatos del otro”, es un buen sistema para poder leer la mente. A menudo nos cruzamos con personas que no entendemos, y que no podemos llegar a comprender la coherencia de sus palabras, actos y reacciones. ¿No les pasó?… Seguramente pensaron en estos casos: ¡qué ganas de poder leerle la mente para entender por qué actúa de esta forma!!!… Creo que la principal razón por la cual no llegamos a comprender del todo en estos casos, es que tratamos de hacerlo utilizando nuestros propios esquemas mentales; en otras palabras, tratamos de entender a esta persona de acuerdo a nuestra forma de pensar, sentir, actuar y -en definitiva- vivir… Y ese es un error, si es que queremos entender realmente qué le está pasando por su cabeza. Si bien hay esquemas mentales similares y que se repinten, cada ser humano es diferente a otro. Sus vivencias, experiencias, familia, educación, valores, todo, absolutamente todo, influye en cómo actúa alguien, en incluso -a veces- hasta casi lo determina. Probemos entonces ponernos realmente en sus zapatos. Analicen, averigüen, piensen y observen… Traten de colocarse en su pellejo. Esto no significa qué harían ustedes en su lugar (si bien este es también un parámetro valido, a veces confunde en estos casos), sino, tratar de entender cómo funciona su mente, quién es y de dónde viene, cómo es su personalidad, cómo actúo anteriormente en casos similares, qué necesidades tiene, cuáles son sus objetivos, inquietudes e intereses, tiene condicionantes externos que lo están afectando, etc., etc., etc… Sé que suena algo de Perogrullo y sabido, pero les aseguro que un una herramienta ¡I M P R E S I O N A N T E M E N T E PODEROSA! Al fin y al cabo, los mayores secretos para lograr algo con éxito generalmente son sonsos y de conocimiento público, lo difícil es tener la conciencia real de lo importante que son y saber aplicarlos adecuadamente. La importancia de “ponerse en los zapatos del otro” se estudia en el Mundo, hay ejercicios bien concretos que demuestran su potencialidad. De hecho, yo tuve real dimensión de todo esto, con ejercicios que hice en Harvard cuando estudié Negociación. Uno, cuando logra comprender verdaderamente a alguien, se le abre un mundo nuevo de posibilidades respecto de esta persona. Es una herramienta con una potencialidad impresionante, así que úsenla con cuidado y prudencia… ¡Pruebelo y me cuentan! Espero respuestas… Gonzalo GUMA
Gonzalo Guma (Índigo Mentes en Juego)
Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
Casiodoro de Reina (Reina Valera 1960)
En estos momentos tuve una certeza fulminante: cada uno tenía una “misión”, pero ésta no podía ser elegida, definida, administrada a voluntad. Era un error desear nuevos dioses, y completamente falso querer dar algo al mundo. No existía ningún deber, ninguno, para el hombre consciente, excepto el de buscarse a sí mismo, afirmarse en su interior, tantear un camino hacia adelante sin preocuparse de la meta a que pudiera conducir. Aquel descubrimiento me conmovió profundamente, este fue el fruto de aquella experiencia. Yo había jugado a menudo con imágenes del futuro y soñado con papeles que pudieran estar destinados de poeta quizás, de profeta, de pintor o de cualquier otra cosa. Aquellas imágenes no valían nada. Yo no estaba en el mundo para escribir, predicar o pintar; ni yo ni nadie estaba para eso. Tales cosas sólo podían surgir marginalmente. La misión verdadera de cada uno era llegar a sí mismo. Se podía llegar a poeta o a loco, a profeta o a criminal; ese no es asunto de uno: a fin de cuentas, carecía de toda importancia. Lo que importaba era encontrar su propio destino, no un destino cualquiera, y vivirlo por completo. Todo lo demás eran medianías, un intento de evasión, de buscar refugio en el ideal de la masa, era amoldarse; era miedo ante la propia individualidad. La nueva imagen surgió terrible y sagrada ante mis ojos, presentido múltiples veces, quizás pronunciada ya otras tantas, pero nunca vivida hasta ahora. Yo era un proyecto de la naturaleza, un proyecto hacia lo desconocido, quizá hacia lo nuevo, quizá hacia la nada; y mi misión, mi única misión, era dejar realizarse este proyecto que brotaba de las profundidades. Sentir en mí su voluntad e identificarme con él por completo.
Hermann Hesse (Demian: Die Geschichte von Emil Sinclairs Jugend)
La diferencia principal consiste en su finalidad. Los Lager alemanes constituyen algo único en la no obstante sangrienta historia de la humanidad: al viejo fin de eliminar o aterrorizar al adversario político, unían un fin moderno y monstruoso, el de borrar del mundo pueblos y culturas enteros. A
Primo Levi (Trilogía de Auschwitz)
«¿Por qué no puede oírlo el resto del mundo? —me pregunto. En pocos segundos me lo pregunto muchas veces—. Porque no le importa —me respondo al fin, y sé que estoy en lo cierto. Tengo la sensación de haber sido elegido—. Pero ¿elegido para qué? —me pregunto.» La respuesta es simple: «Para que me importe».
Markus Zusak (I Am the Messenger)
Tiempo atrás había pensado que Wendy vivía en un huevo. Blanco, cerrado, opaco. Una cárcel llena de vida. Un huevo desde dentro parece la prisión más inquebrantable del mundo, pero desde fuera… desde fuera es frágil, un simple golpe y se rompe. Le parecía curiosa la diferencia que residía en la perspectiva desde la cual se mirase el huevo. Y un día cualquiera, sin ninguna importancia para el resto del mundo, Peter rompió el huevo, lo abrió y en él no había yema alguna, había estrellas. Esas estrellas que se pueden mirar, tocar y hasta oler. Wendy era, a fin de cuentas, una estrella que vivió dentro de un huevo.
Wendy Davies
No me acuerdo muy bien, pero es algo así. Los japoneses creen que después de morir, las almas van a un lugar que tiene, digamos, un cupo limitado. Y que cuando se llegue a ese límite, cuando no quede más lugar para las almas, van a empezar a volver a este mundo. Esa vuelta es el anuncio del fin del mundo, en realidad.
Mariana Enriquez (Chicos que vuelven)
Kell la miró a los ojos. —Quedarás atrapada ahí —advirtió— cuando todo termine. Lila tembló. —Quizás —dijo—, o quizás vaya contigo hasta el fin del mundo. Después de todo, me has generado curiosidad. —Lila… —Los ojos de Kell estaban oscurecidos con dolor y preocupación, pero ella solo sonrió. —Una aventura a la vez —dijo ella.
Victoria Schwab (Una magia más oscura)
Cuando tuviera un hijo se lo explicaria todo en cuanto fuese lo suficiente mayor para comprender. Pero sabia que no lo comprenderia o no querría comprenderlo, y haria todas las cosas que yo habia hecho {....] y yo no podria detenerlo. Ni tampoco el podria detener a su hijo. Y así iteraria todo hasta el fin del mundo, una vez y otra vez y otra vez
Anthony Burgess
¡El mar es todo! Cubre las siete décimas partes del globo terrestre. Su aliento es puro y sano. Es el inmenso desierto en el que el hombre no está nunca solo, pues siente estremecerse la vida en torno suyo. El mar es el vehículo de una sobrenatural y prodigiosa existencia; es movimiento y amor; es el infinito viviente, como ha dicho uno de sus poetas.
Jules Verne (Obras Completas de Julio Verne (Veinte mil leguas de viaje submarino, Miguel Strogoff, EL FARO DEL FIN DEL MUNDO, EL CASTILLO DE LOS CÁRPATOS, De la Tierra ... Secreto de Wilhem Storitz) (Spanish Edition))
Uno no nace siendo una bestia que siempre está a la defensiva, sino que lo convierten en ese animal a las malas.
Mario Mendoza (Diario del fin del mundo (Autores Españoles e Iberoamericanos) (Spanish Edition))
¿Para qué seguir oyendo canciones de amor si en pocos segundos nuestros huesos serán partículas en el seno de una estrella sin nombre?
Yuliana Ortiz Ruano (Canciones desde el fin del mundo)
Afuera el viento era un siseo oscuro, una boca rota que se tragaba todos los sonidos: los besos, las risas. Un quejido de acero, una mandíbula.
Leila Guerriero (Los suicidas del fin del mundo: Crónica de un pueblo patagónico)
La iglesia no satisface expectativas, celebra misterios.
Carlo Maria Martini (¿En qué creen los que no creen? Un diálogo sobre la ética en el fin del mundo)
Honda consternación, trágica noticia, toda una vida por delante, pero nadie hizo nada.
Leila Guerriero (Los suicidas del fin del mundo: Crónica de un pueblo patagónico)
Ser alguien era algo que querían ser muchos ahí en Las Jeras. Ser alguien, decían. Como ellos, así, no fueran nadie, nada.
Leila Guerriero (Los suicidas del fin del mundo: Crónica de un pueblo patagónico)
-(...) ¿Vos sos escritora? -Algo así. -Ah. Yo quiero ser mecánica de autos. Y si no me da el cerebro, dijo Paola, voy a ser escritora.
Leila Guerriero (Los suicidas del fin del mundo: Crónica de un pueblo patagónico)
Lo que la oruga llama fin el resto del mundo lo llama mariposa (Lao Tse)
Dolores Redondo (La cara norte del corazón)
Supongo que todo el mundo es un misterio en cierto modo, dice al fin, Es decir, nunca puedes conocer del todo a otra persona.
Sally Rooney (Normal People)
En ese instante no fuimos conscientes, pero acabábamos de aceptar nuestra historia de amor.
Andrea Longarela (Te espero en el fin del mundo (Ficción) (Spanish Edition))
En este mundo de atmósfera y agites, silencio profundo sólo hay el que se logra crear en uno mismo.
Tomás González (El fin del océano Pacífico)
Y será predicado este Evangelio del Reino en el mundo entero, por testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.
Russell M. Stendal (Las Sagradas Escrituras (Jubilee Bible 2000))
Una vez que hayas hecho del mundo un fin, y de la fe un medio, ya casi has vencido a tu hombre, e importa muy poco qué clase de fin mundano persiga.
C.S. Lewis (Cartas del Diablo a Su Sobrino (Spanish Edition))
El mundo no me interesa sino para hacer literatura con él,
Mario Mendoza (Diario del fin del mundo)
Como tantos otros, ha comenzado hallando dificultades e incomprensión, pero ha triunfado de todo por poseer el genio de la voluntad.
Jules Verne (Obras Completas de Julio Verne (Veinte mil leguas de viaje submarino, Miguel Strogoff, EL FARO DEL FIN DEL MUNDO, EL CASTILLO DE LOS CÁRPATOS, De la Tierra ... Secreto de Wilhem Storitz) (Spanish Edition))
en todas o casi todas las guerras, si no tomas partido por las víctimas, lo tomas por los verdugos.
Javier Cercas (El loco de Dios en el fin del mundo)
«Los hijos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz».
Javier Cercas (El loco de Dios en el fin del mundo)
el cristiano que no es un misionero no es un cristiano. Cuando todos los cristianos sean como ustedes se acabaron los problemas de la Iglesia.
Javier Cercas (El loco de Dios en el fin del mundo)
Esas dudas las tengo a diario. Y la fe no te sirve para anularlas, eso no, pero sí para manejarlas y seguir adelante…
Javier Cercas (El loco de Dios en el fin del mundo)
«Cabeza, corazón y manos». Es decir: razón, sentimiento y experiencia. De eso está hecho el discernimiento.
Javier Cercas (El loco de Dios en el fin del mundo)
Lo verdaderamente miedoso no son las mordeduras de serpiente, cuyo veneno puede acabar con una vida en 0.5 minutos, los terremotos, los ataques alienígenas o el fin del mundo. Lo verdaderamente miedoso es cómo el miedo nos paraliza, nos aniquila, nos deja despojados de razón. Lo miedoso son las cosas que dejamos de hacer, los silencios que cultivamos como plantas de jardín interior, los atajos que comenzamos a transitar para no enfrentarnos a nada, a nadie, ni a nosotros mismos. Lo miedoso es cuando el miedo se convierte en obstáculo, en trampa, en excusa. Cuando nos convertimos en hipocondríacos emocionales, siempre listos para buscar un diagnóstico que confirme nuestras sospechas y valide nuestras inseguridades y paranoias.
Amalia Andrade Arango (Cosas que piensas cuando te muerdes las uñas)
en una novela de Chesterton, un personaje le pregunta a otro: «¿Podrías guardarme un secreto?», y el otro contesta: «Si no eres capaz de guardarlo tú, ¿cómo quieres que te lo guarde yo?».
Javier Cercas (El loco de Dios en el fin del mundo)
Pero, a pesar de ello, siempre acababa volviendo al mismo sitio, como una barca con el timón curvado. Era mi yo. Mi yo no iba a ninguna parte. Mi yo estaba aquí, esperando a que yo volviera.
Haruki Murakami (El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas)
antes de poder musitar palabra, me di cuenta de que mamá lloraba en silencio y sentí que esas lágrimas eran mucho más catastróficas que cualquier tempestad que prometiera sepultar el cosmos.
Gloria Susana Esquivel (Animales del fin del mundo (Spanish Edition))
no tardaron en rivalizar dignamente en el arte de la guerra con sus colegas del antiguo continente, alcanzando victorias, lo mismo que éstos, a fuerza de prodigar balas, millones y hombres. 1.
Jules Verne (Obras Completas de Julio Verne (Veinte mil leguas de viaje submarino, Miguel Strogoff, EL FARO DEL FIN DEL MUNDO, EL CASTILLO DE LOS CÁRPATOS, De la Tierra ... Secreto de Wilhem Storitz) (Spanish Edition))
Son todas líneas”, pensó y comenzó a ver a cada una de esas personas como una raya trazada sobre un hipotético mapa. Un gigantesco enredo de calles que se cruzaban, se rozaba, se unían y luego proseguían adelante. Allí afuera, en los caminos del mundo, había miles de millones de líneas, de recorridos de vida. Miles de millones de direcciones. Calles enfiladas, desviadas por azar, a veces interrumpidas bruscamente. Pensó que dos enamorados no eran más que dos recorridos a merced del azar. Podían dibujar los trayectos más absurdos en el mapamundi, dirigirse a cualquier parte y no encontrarse jamás. O bien cruzarse también varias veces y no reconocerse. Podían tomar el mismo autobús todas las mañanas, sin saber nada el uno del otro. Así hasta el fin de sus días, sin relacionarse. Pero bastaba muy poco: un intercambio de frases, incluso casual, y las líneas se abrían mágicamente unido. Dos grises trazos de un solitario recorrido se habrían convertido en una sola calle compartida.
Leonardo Patrignani (Multiversum (Multiversum, #1))
He aquí el fin del hombre renacentista. La maquina y la ciencia que había lanzado sobre el mundo exterior, para dominarlo y conquistarlo, ahora se vuelven contra él, dominándolo y conquistándolo como a un objeto más. Ciencia y maquina se fueron alejando hacia un olimpo matemático, dejando sólo y desamparado al hombre que les había dado vida. Triángulos y acero, logaritmos y electricidad, sinusoides y energía atómica, unidos a las formas más misteriosas y demoníacas del dinero, constituyendo finalmente el Gran Engranaje, del que los seres humanos acabaron por ser oscuras e impotentes piezas.
Ernesto Sabato (Hombres y engranajes)
Hay una teoría que afirma que si alguien descubriera lo que es exactamente el Universo y el porqué de su existencia, desaparecería al instante y sería sustituido por algo aún más extraño e inexplicable.
Douglas Adams (Los autoestopistas galácticos: Guía del autoestopista galáctico, El restaurante del fin del mundo, La vida, el universo y todo lo demás)
Pero con todo existe un solo mundo y todo cuanto uno pueda imaginar le es necesario. Pues también este mundo que a nosotros nos parece hecho de piedras y flores y sangre no es en absoluto una cosa sino una historia. Un cuento. Y en él todo es cuento y cada cuento la suma de otros cuentos menores, y aun así estos son también el susodicho cuento y contienen asimismo todos los demás. Así, todo es necesario. Hasta lo más insignificante. Esta es la lección que debemos aprender. No podemos prescindir de nada. Nada es desdeñable. Porque las junturas nos son ocultadas, ¿comprendes? La ebanistería del mundo. La forma en que está hecho. No tenemos modo de saber qué podría quitarse. Omitir. No tenemos modo de decir qué cosa quedaría en pie y qué otra caería. Y esas junturas que nos son ocultadas están, como no, en el cuento mismo, y el cuento no tiene una morada donde existir salvo en el hecho mismo de la narración, y ahí vive y tiene su casa, y es por eso que nunca terminamos de contar. El contar no tiene fin.
Cormac McCarthy (The Crossing (The Border Trilogy, #2))
No dejes que el cansancio se adueñe de tu corazón* —dijo ella—. Mi madre siempre me lo decía. Me decía que, aunque el cansancio llegue a dominar nuestro cuerpo, debemos seguir siendo dueños de nuestro corazón.
Haruki Murakami (El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas)
La mujer que conoce otros cuerpos conoce el mundo. Circula, experimenta, sabe lo que tiene y lo que puede tener. Aprende el deseo, la búsqueda, a preguntarse por las condiciones de su propia vida, a cuestionarlas, a no tomarlas como algo dado e inquebrantable. La libertad sexual de las mujeres atenta contra la capacidad de los hombres de subyugarlas. El reconocimiento de la mujer como sujeto deseante es una amenaza para el sistema que se sostiene en su subordinación, su trabajo impago y su conducta predecible y ordenada. Eso que tanto tiempo se llamó virtud no es solamente un concepto moral y religioso: también es un concepto político y económico.
Tamara Tenenbaum (El fin del amor: querer y coger en el siglo XXI)
Miradas que se encuentran. Ojos castaños que de pronto se convierten en planicies cósmicas que uno recorre a velocidades superiores a las de la luz, con rumbo desconocido. Es el momento cuando todo encaja, todo cae en su lugar y uno piensa que jamás pudo haber sido de otro modo. Ese instante, en fin, en que el escalofrío, la sorpresa, la interrogación se convierten en certeza, certeza absoluta. Esta mujer venía a trastornarle el mundo.
Celia del Palacio (No me alcanzará la vida)
Colmé el vientre y los muslos de mi madre con estrías, rasgué las paredes de su vagina y perineo, y le traje la angustia perpetua de no saber qué hacer con una niña que dependía enteramente de ella para poder sobrevivir.
Gloria Susana Esquivel (Animales del fin del mundo (Spanish Edition))
Las personas no pueden corregir sus defectos. Las tendencias del ser humano se consolidan antes de los veinticinco años, aproximadamente, y después, por más esfuerzos que uno haga, no puede cambiar, en lo esencial, su naturaleza.
Haruki Murakami (El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas)
Sobre el fin del milenio, las personas que tienen asegurada casa, comida, entradas al cine, ropa y discos viven hostigadas por la idea de que hay una fiesta, una gran fiesta, pero que está siempre sucediendo en otro lado. Les tengo malas noticias, amigos: la fiesta no está en ninguna parte. Estar conectado, vivir sin riesgos, imaginarse el mundo como un lugar claro y racional donde queremos habitar…Esa es la distopía que propulsa a las propagandas de telefonía celular. En realidad no estamos conectados con nadie. Cada vez acumulamos más información -podemos tener 5 mil canciones en un ipod- , pero, ya no podemos pensar. Ya lo dijo Sara Connor, la mamá de John en Terminator: Las máquinas vienen por nosotros. Se achican, cada vez más pequeñas, símbolo de perfección y pedigrí para quien las posea. Mientras tanto nosotros engordamos de comida, discos, películas y revistas que ya leemos de reojo porque no damos más…
Fabián Casas
Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo. Ni siquiera yo, ¿vale? Si tienes un sueño, tienes que protegerlo. Las personas que no son capaces de hacer algo te dirán que tú tampoco puedes. Si quieres algo, ve por ello y punto.
Andrea Longarela (Te espero en el fin del mundo (Ficción) (Spanish Edition))
El pueblo antiguo que deseaba tener una clara armonía moral en el mundo, ordenaba primero su vida nacional; los que deseaban ordenar su vida nacional regulaban primero su vida familiar; los que deseaban regular su vida familiar cultivaban primero sus vidas personales; los que deseaban cultivar sus vidas personales enderezaban primero sus corazones; quienes deseaban enderezar sus corazones hacían primero sinceras sus voluntades; los que deseaban hacer sinceras sus voluntades llegaban primero a la comprensión; la comprensión proviene de la exploración del conocimiento de las cosas. Cuando se gana el conocimiento de las cosas se logra la comprensión; cuando se gana la comprensión, la voluntad es sincera; cuando la voluntad es sincera, el corazón se endereza; cuando el corazón se endereza, se cultiva la vida personal; cuando la vida personal se cultiva, se regula la vida familiar; cuando se regula la vida familiar, la vida nacional es ordenada, y cuando la vida nacional es ordenada, el mundo está en paz. Desde el Emperador hasta el hombre común, el cultivo de la vida personal es el cimiento para todo. Es imposible que cuando los cimientos no están en orden se halle en orden la superestructura. Jamás ha habido un árbol de tronco delgado cuyas ramas superiores sean pesadas y fuertes. Hay una causa y una secuencia en las cosas, y un comienzo y un fin en los asuntos humanos. Conocer el orden de precedencia es tener el comienzo de la sabiduría.
Confucius
Todas las personas poseen algún talento que les permite destacar al menos en una cosa. El problema reside en que mucha gente no sabe cómo desarrollar sus capacidades innatas y las acaba perdiendo. Por eso la mayoría es incapaz de descollar en algo.
Haruki Murakami (El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas)
Hay cosas que uno debe saber de inmediato para no andar por el mundo ni un solo minuto en una creencia tan equivocada que el mundo es otro por ellas. No es admisible pensar que todo sigue como estaba cuando todo está ya alterado o ha dado un vuelco, y es verdad que el periodo durante el que se permaneció en el error se nos hace luego insoportable. Qué tonto fui, pensamos, y en realidad eso no debería dolernos tanto. Vivir en el engaño o ser engañado es fácil, y aún más, es nuestra condición natural: nadie está libre de ello y nadie es tonto por ello, no deberíamos oponernos mucho ni debería amargarnos. Sin embargo nos parece intolerable, cuando por fin sabemos. Lo que nos cuesta, lo malo, es que el tiempo en el que creímos lo que no era queda convertido en algo extraño, flotante o ficticio, en una especie de encantamiento o sueño que debe ser suprimido de nuestro recuerdo; derepente es como si ese periodo no lo hubiéramos vivido del todo, ¿verdad?, como si tuviéramos que volver a contarnos la historia o a releer un libro, y entonces pensamos que nos habríamos comportado de distinta manera o habríamos empleado de otro modo ese tiempo que pasa a pertenecer al limbo. Eso puede desesperarnos. Y además ese tiempo a veces no se queda en el limbo, sino en el infierno.
Javier Marías (Tomorrow in the Battle Think on Me)
Dormir sin soñar. He oído hablar sobre el sueño de los muertos. ¿Será así la muerte? ¿Como el sueñecito más agradable, cálido y profundo del mundo, un sueño sin fin? En ese caso, no me importaría. Si morir es así, de verdad que no me preocuparía en absoluto.
Gayle Forman (If I Stay (If I Stay, #1))
Bueno, al fin y al cabo, esta es la era del tejido desechable. Tratamos a la gente como si fueran pañuelos de papel. Los estrujamos después de utilizarlos, los tiramos, cogemos otro, nos sonamos, lo estrujamos, lo tiramos. Todo el mundo usa la ropa de todo el mundo.
Ray Bradbury (Fahrenheit 451)
«El cristianismo consiste en encontrar una cosa tan profundamente humana que, humanamente, no la puedes explicar». Es lo que ocurría con Jesús, ¿no?: que, aunque atrajo a algunos con el misterio de su humanidad, nadie lo entendía, nadie sabía por qué hacía lo que hacía.
Javier Cercas (El loco de Dios en el fin del mundo)
Es una de las cosas que he aprendido con los años, que las personas especiales tienden a comprenderse, aunque no puedan ser más diferentes. Quizá lo que sucede es que se respetan de un modo que los demás somos incapaces. Siempre nos provoca recelo aquello que no podemos entender.
Andrea Longarela (Te espero en el fin del mundo)
El inventario de tus cicatrices, en particular las de la cara, que ves cada mañana al mirarte en el espejo del baño cuando te peinas o vas a afeitarte. Rara vez piensas en ellas, pero cuando lo haces, entiendes que son marcas que deja la vida, que el surtido de líneas irregulares grabadas en la piel de tu rostro son letras del alfabeto secreto que narra la historia de quién eres, porque cada cicatriz es la huella de una herida curada, y cada herida era resultado de una inesperada colisión con el mundo; es decir, de un accidente, de algo que no debía ocurrir a la fuerza, porque por definición un accidente es algo que no sucede necesariamente. Acontecimientos contingentes en contraposición a hechos necesario, y mientras te miras al espejo esta mañana comprendes que toda vida es contingente, salvo por el único hecho necesario de que antes o después tocará a su fin.
Paul Auster
Por fin se había liberado de las ataduras, emancipado del mundo opresivo formado por sus padres y los que eran iguales que ellos, un mundo hecho de abstracciones, seguridad y bienestar material, un mundo en el que sentía como una dolorosa amputación la ausencia del latir puro y salvaje de la existencia. Al
Jon Krakauer (Hacia rutas salvajes)
En aquel mar imposible se reflejaban todas las estrellas, todas las constelaciones, todo pliegue y toda espiral del cosmos. Como si fueran dos firmamentos y su barco fuera un buque fantasma flotando entre dos mundos. El mar se había convertido en un cristal, de modo que el cielo por fin se miraba a sí mismo.
Samantha Shannon (The Priory of the Orange Tree (The Roots of Chaos, #1))
Respiro profundo otra vez y ya van tantas... La cama es un mal lugar para estos pensamientos. Me siendo agobiado. Ya no aguanto más. El #mundo "desquició" sin darnos tiempo. Enjaulados en nuestras propias casas rogando que el #monstruo no entre a aniquilarnos. Nunca nos sentí tan frágiles e indefensos. El #virus no conoce de fronteras, ni de etnias, ni mucho menos, de religiones... iBasta de noticias, por favor! El Gobierno de turno nos indica hasta en qué momentos podemos respirar. ¿Hoy me tocaba ir al baño? Ya ni sé que día es hoy... Suspiro profundo. #Extraño a demasiada gente. Extraño demasiadas cosas. Extraño tener otro tipo de problemas. Mis pensamientos que se van enredando y diluyendo. La cama que se hace demasiado ancha y fría. Todo esto parece una película de Ciencia Ficción, una de terror, una conspiración mundial... Ya ni me doy cuenta si respiro. Sí, sí: ¡es una conspiración mundial! Es parte de un Plan #macabro de los "dueños del mundo". Inventaron una #Pandemia para que entremos en #pánico y nos encerremos como pichoncitos mojados. Las economías caen estrepitosamente. Los países que se debilitan hasta límites impensados. #Crisis, #muerte y #pobreza por doquier. Las necesidades obligan a las personas enjauladas a ser más adictas que nunca a la realidad virtual. Eso es lo que querían, eso es lo que buscaban... ¿Aún existe la realidad real? Es un Plan que viene desde muy lejos. Y esta, es la antesala del Plan Maestro. Ahora nos instalarán chips para controlarnos del todo e iremos perdiendo, una a una, las #libertades individuales que tanta sangre nos costó conseguir. "Es por nuestra seguridad", nos dirán con tono paternal. Nos quieren débiles, asustados, divididos, denunciándonos, enojados, indefinidos y adictos. La tecnología nos hace más manipulables que un ratón... Cuando suene el timbre, todos iremos tras el queso, reclamando -al unísono- por un poderoso #Gobierno Único, de un Nuevo #Orden Mundial, que cuidará el remanente de la especie... Por fin, mis pensamientos, exhaustos, terminan flanqueando y me quedo dormido... Por suerte, ahora, puedo tener otras pesadillas, algo distintas a nuestra angustiante realidad...
Gonzalo Guma
No sé, dijo mi padre respondiendo con cierta morosidad a fin de que su comentario sonara completamente desapasionado,—no sé, dijo, qué otra cosa nos queda para cedérsela en lugar del derecho a decidir quién habrá de traer nuestros hijos al mundo,——a excepción del derecho a decidir—quién habrá de engendrarlos.—
Laurence Sterne (Tristram Shandy)
Vivo en los Estados Unidos y soy chilena, sangre, voluntad y memoria. Al llegar a este país me obligaron a llenar un formulario en el cual había una casilla referente a la raza: la primera alternativa era blanca, la cual iba a automáticamente yo a marcar, cuando leí más abajo la palabra “Hispanic”. Me pareció una enorme incultura por parte de los funcionarios gringos ya que lo hispano no se refiere a una raza, pero abismada comprendí que por primera vez en mi vida me expulsaban de mi propio nicho, de lo que creía mi identidad natural y objetiva, aunque entre una norteamericana y yo no mediase la más mínima diferencia física ( más aún en este caso específico: soy pelirroja, hasta me parezco a ellos ). Ni que decirlo, marqué con saña el segundo cuadrado y cada día transcurrido de estos seis años me he ido apegando más y más a él. Cuando camino por las calles de la ciudad, a veces me da la impresión de que todos mis antepasados están allí, en la pulcra e impersonal boca del metro, con la esperanza de llegar a alguna parte. Todo chicano o salvadoreño despreciable es mi tío, el hondureño que retira la basura es mi novio. Cuando Reina se declara a sí misma una desclasada, sé exactamente a que se refiere. Toda mi vida ha corrido por este lado del mundo. Mi cuna real y ficticia, el lugar donde nací y el otro que fui adquiriendo, lucen oropeles muy americanos ( ¡ no acepto que ese adjetivo se lo atribuyan los del norte! América es tanto la de arriba como la de abajo, norte y sur tan americanos uno como el otro). Trazo los dos puntos del continente para señalar los míos y agrego un tercero, éste. Dos de ellos resultan razonablemente cercanos, y luego, inevitable, la línea larga baja y baja hasta llegar al sur, hasta lo que, a mi pesar, debo reconocer como el fin del mundo. Sólo los hielos eternos más allá de esa tierra. Allí nací. Mapuches o españoles, fluidas, impredecibles, vigorosas, allí están mis raíces.
Marcela Serrano (Lo que está en mi corazón)
Muchas veces escuchó decir que con los años llega la sabiduría, y él esperó, confiando en que tal sabiduría le entregara lo que más deseaba: ser capaz de guiar el rumbo de los recuerdos y no caer en las trampas que éstos tendían a menudo. Pero, una vez más, cayó en la trampa y dejó de sentir el rumor monótono del aguacero.
Luis Sepúlveda (Un viejo que leía novelas de amor / Mundo del fin del mundo)
Por fin brilla desde lejos el campanario blanco de la Giralda. ¡Sevilla! ¡Sevilla! Elcano ordena: ¡A las bombardas! Y esta es su última orden. Ya retumba una ancha salva a lo largo del río. Así también se han despedido de la patria, tres años atrás, con bocas metálicas. De esa misma manera los cañones han saludado solemnemente el Estrecho de Magallanes recién descubierto y el hasta entonces desconocido Océano Pacífico. Han dado voces de triunfo al distinguir el ignorado archipiélago de las Filipinas, y con el mismo júbilo estruendoso han notificado el deber cumplido al llegar a las islas de las especias, la meta señalada por Magallanes. Así han saludado a los camaradas que despidieron en Tidore, cuando el último barco tuvo que dejarlos en la infinita lontananza. Pero nunca la voz metálica ha resonado tan clara y jubilosa como ahora al proclamar la nueva: “Estamos de vuelta. Hemos cumplido lo que nadie antes que nosotros. Hemos sido los primeros en dar la vuelta al mundo".
Stefan Zweig (Magellan: Der Mann und seine Tat (insel taschenbuch) (German Edition))
Dos cosas lo rondan, sin embargo: una, la imagen de los dedos de ella abriéndose paso por entre los rulos de su mejor amigo, el contoneo de esa patrulla de soldaditos voluptuosos que exploran cada recodo de esa selva oscura y de pronto, lánguidos, se abandonan al roce de los mechones espiralados, ceden a la resistencia que le oponen las matas espesas y por fin, exhaustos, se quedan quietos, como camuflados en la maraña de pelo, a la espera de la próxima batalla; dos, la intensidad, la energía con que se besan, y sobre todo la duración de los besos, tan dilatada que a veces él, que desde ese primer día de clases ya no puede dar un paso en el colegio sin encontrárselos, sin sorprenderlos uno en brazos del otro, trenzados en una de esas ceremonias de succión mutua que los raptan del mundo, tiene la impresión de que van dejando de moverse, aplacan la respiración, se dejan mecer por el ritmo de lo único que sigue vivo en ellos, la danza muda de sus lenguas, y terminan por dormirse.
Alan Pauls
si el espacio lo permitiera, podría demostrarse claramente que gracias a los balleneros se logró al fin la liberación de Perú, Chile y Bolivia del yugo de la vieja España, y se estableció la eterna democracia en esos países. Australia, esa gran América situada al otro lado del globo, fue dada al mundo civilizado por los balleneros.
Herman Melville (Moby Dick)
Nadie necesita que tenga un sentido, nadie desea llegar a ninguna parte. Nosotros, aquí, abrimos un agujero puro tras otro. Actos sin finalidad, esfuerzos sin progreso, pasos que no conducen a ninguna parte, ¿no te parece maravilloso? Nadie resulta herido, nadie hiere. Nadie adelanta, nadie es adelantado. Sin victoria, sin derrota.
Haruki Murakami (El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas)
Aquella sociedad potosina, enferma de ostentación y despilfarro, sólo dejó a Bolivia la vaga memoria de sus esplendores, las ruinas de sus iglesias y palacios, y ocho millones de cadáveres de indios. Cualquiera de los diamantes incrustados en el escudo de un caballero rico valía más, al fin y al cabo, que lo que un indio podía ganar en toda su vida de mitayo, pero el caballero se fugó con los diamantes. Bolivia, hoy uno de los países más pobres del mundo, podría jactarse -si ello no resultara patéticamente inútil- de haber nutrido la riqueza de los países más ricos. En nuestros días, Potosí es una pobre ciudad de la pobre Bolivia: "La ciudad que más ha dado al mundo y la que menos tiene", como me dijo una vieja señora potosina, evuelta en un kilométrico chal de lana de alpaca, cuando conversamos ante al patio andaluz de su casa de dos siglos. Esta ciudad condenada a la nostalgia, atormentada por la miseria y el frío, es todavía una herida abierta del sistema colonial en América: una acusación. El mundo tendría que empezar por pedirle disculpas.
Eduardo Galeano
Si tu pareja no te hace feliz 24/7, no sirve y tenés que descartarla como un vaso de plástico usado; si tenés dudas, momentos de hartazgo o de aburrimiento, estás desempeñándote de manera subestándar en esto del amor. (...) como esta idea de que "puedo encontrar algo mejor" característica del mundo contemporáneo conspira contra la felicidad en una pareja: todo el tiempo nos encontramos comparando a nuestra pareja no solo con las parejas que conocemos o creemos que conocemos sino, también, con una especie de candidato ideal inmejorable que podría estar esperándonos "allá afuera". (...) la industria del wellness hace su negocio al convertir todo en una completencia, en algo que siempre se puede mejorar.
Tamara Tenenbaum (El fin del amor: querer y coger)
La raza, eso que tú llamas así, es solamente esa gran pandilla de gente mísera como yo, legañosos, pulgosos, ateridos, que han acabado aquí perseguidos por el hambre, la peste, los tumores y el frío, llegados tras ser vencidos de los demás rincones del mundo. No podían ir más lejos por el mar. Pues eso es nuestra nación y esos son nuestros compatriotas.
Louis-Ferdinand Céline (Viaje al fin de la noche (Ferdinand Bardamu, #1))
En realidad, ver, oír y sentir son propiedades del cerebro que los sentidos limitan y ordenan. De allí podemos vislumbrar dos planteamientos esenciales: cómo es que pensamos y qué es ser conscientes, y la única manera de entender el mundo en que vivimos es que empecemos por fin a entendernos a nosotros mismos. (Gabriel García Márquez - prólogo literario)
Rodolfo Llinás
Y de creer a Toussenel este azote no es nada en comparación con el que golpeará a nuestros descendientes cuando los mares estén despoblados de focas y de ballenas. Entonces, llenos de pulpos, de medusas, de calamares, se tornarán en grandes focos de infección al haber perdido «esos vastos estómagos a los que Dios había dado la misión de limpiar los mares».
Jules Verne (Obras Completas de Julio Verne (Veinte mil leguas de viaje submarino, Miguel Strogoff, EL FARO DEL FIN DEL MUNDO, EL CASTILLO DE LOS CÁRPATOS, De la Tierra ... Secreto de Wilhem Storitz) (Spanish Edition))
Una literatura- continuó Noreña- es más que una serie de libros. Una literatura por más restringida y menor que sea como la puertorriqueña o la de otros países de América Latina y del mundo, no puede limitarse a ser una sucesión sin fin de libros. Hay que enfrentarse a algo. Ahora lo hago contigo y con el mundo del que procedes. Mañana será con otro asunto.
Eduardo Lalo (Simone)
Esta no es la historia de la muchacha. Sino la de aquella catástrofe terrible y estúpida, y la de algunas de sus consecuencias. También es la historia de un libro, titulado Guía del autoestopista galáctico; no se trata de un libro terrestre, pues nunca se publicó en la Tierra y, hasta que ocurrió la terrible catástrofe, ningún terrícola lo vio ni oyó hablar de él.
Douglas Adams (Los autoestopistas galácticos: Guía del autoestopista galáctico, El restaurante del fin del mundo, La vida, el universo y todo lo demás)
«Las putas nunca debieron irse de aquella casa. El primero y el segundo oficio más viejos del mundo deberían estar juntos. Al fin y al cabo, entre el nacimiento de uno y otro sólo mediaron unas horas. El primero surgió para que cualquiera pudiera satisfacer las exigencias del amor; el segundo, para que nadie intentara satisfacer por su cuenta las exigencias del odio».
Eugenio Fuentes (El interior del bosque)
Una vez que hayas hecho del mundo un fin, y de la fe un medio, ya casi has vencido a tu hombre, e importa muy poco qué clase de fin mundano persiga. Con tal de que los mítines, panfletos, políticas, movimientos, causas y cruzadas le importen más que las oraciones, los sacramentos y la caridad, será nuestro; y cuanto más “religioso” (en ese sentido), más seguramente nuestro.
C.S. Lewis (The Screwtape Letters)
Al ofrecerse para ayudar al ciego, el hombre que luego robó el coche no tenía, en aquel preciso momento, ninguna intención malévola, muy al contrario, lo que hizo no fue más que obedecer a aquellos sentimientos de generosidad y de altruismo que son, como todo el mundo sabe, dos de las mejores características del género humano, que pueden hallarse, incluso, en delincuentes más empedernidos que éste, un simple ladronzuelo de automóviles sin esperanza de ascenso en su carrera, explotado por los verdaderos amos del negocio, que son los que se aprovechan de las necesidades de quien es pobre. A fin de cuentas, no es tan grande la diferencia entre ayudar a un ciego para robarle luego y cuidar a un viejo caduco y baboso con el ojo puesto en la herencia.
José Saramago (Blindness)
Entonces le dijo la profetisa al brujo: «Este consejo te doy: ponte botas de yerro, toma en la mano un bastón de yerro. Ve con tus botas de yerro hasta el fin del mundo y por el camino agita el bastón y riega todo con lágrimas. Ve a través de la agua y el fuego, no te detengas ni mires a tu alredor. Y cuando las almadreñas se te desgasten, cuando el bastón de yerro se deshaga, cuando el viento y el calor te sequen los ojos de tal forma que de ellos ni una lágrima acierte a escapar, entonces, en el fin del mundo, hallarás lo que buscas y lo que amas. Pudiera ser». Y el brujo cruzó la agua y el fuego, sin mirar a su alredor. Pero no se puso botas de yerro ni tomó bastón. Sólo llevó su espada de brujo. No escuchó las palabras de la profetisa. Y bien que hizo, porque era una mala profetisa.
Andrzej Sapkowski
Yo creo que la religión nos saca las castañas del fuego. Creo que nos enseña a pensar que en realidad no tenemos culpa de nada; que hay algo o alguien que tira de las cuerdas; que, al fin y al cabo, no tenemos la culpa de cómo son las cosas; que para mejorarlas basta con rezar. Pero lo cierto es que sí somos responsables, y mucho, de todo lo malo que sucede en el mundo. Y en nuestras manos está arreglarlo.
Bonnie Garmus (Lecciones de química)
Quizá los sexos estén más emparentados de lo que se cree y la gran renovación del mundo consistirá, quizá, en que el hombre y la mujer, liberados de todos los sentimientos erróneos y de todas las desganas, no se buscarán como opuestos, sino como hermanos y vecinos; y se realizarán juntos como personas, a fin de llevar conjuntamente, con seriedad y paciencia, el sexo, que es difícil y que les ha sido impuesto.
Rainer Maria Rilke (Letters to a Young Poet)
Intentó pensar intensamente en que existía para de esa forma olvidarse de que no se quedaría aquí para siempre. Pero resultó imposible. En cuanto se concentraba en el hecho de que existía, inmediatamente surgía la idea del fin de la vida. Lo mismo pasaba a la inversa: cuando había conseguido tener una fuerte sensación de que un día desaparecería del todo, entendía realmente lo enormemente valiosa que es la vida.
Jostein Gaarder (El mundo de Sofía)
En fin, maduramos así, formando una unidad, tomados de la mano. Y apenas experimentamos las angustias del ego sobredimensionado que acompañan la pubertad. -Si Kizuki viviera, seguiríamos juntos, amandonos y siendo cada vez más infelices. -¿Y eso por qué? -Porque tendríamos que pagar nuestra deuda al mundo. El sufrimiento de madurar, por ejemplo. No abonamos el importe en su momento y fue más adelante cuando nos pasó factura.
Haruki Murakami (Norwegian Wood)
Solo digo que no se olvida a la persona que te descubre el amor, pero sí que debes aceptar que solo te abre la puerta al que está por llegar. Te prepara para el auténtico amor de tu vida. Era bonito. No era la primera vez que escuchaba teorías sobre el amor ni sería la última. Las personas nos pasamos la vida intentando comprender, quizá con la ilusa intención de poder controlar algo tan abstracto y complicado como es el amor.
Andrea Longarela (Te espero en el fin del mundo)
Yo he escrito muchos guiones y lo primero que comento a mis alumnos es que, para ser un buen guionista, tienes que saber cómo acabarás la película, cuál será el fin. Con un buen fin eres capaz de tener una buena peli, si no sabes nada del fin, si le tienes miedo, la película puede que no acabe. Muchas veces se me han ocurrido finales que merecen una historia; a veces la encuentras y otras no. Pero sin un final no puedes hacer nada.
Albert Espinosa (El mundo amarillo: Si crees en los sueños, ellos se crearán)
Ayúdalo a entender que “nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales” (Efesios 6:12). Oro para que esté fuerte en el Señor y que se ponga toda la armadura de Dios, para que pueda hacer frente a las artimañas del diablo en el día malo. Ayúdalo a ceñir sus lomos con el cinturón de la verdad y protegerse con la coraza de justicia, calzados sus pies con la disposición de proclamar el evangelio de la paz. Ayúdalo a tomar el escudo de la fe, con el cual pueda apagar todas las flechas encendidas del maligno. Oro para que tome el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, la cual es la Palabra de Dios, orando siempre en el Espíritu con toda oración y súplica, vigilando y manteniéndose fuerte hasta el fin (Efesios 6:13-18).
Stormie Omartian (El Poder de la Esposa que Ora)
Cierra los ojos y serás testigo del mundo más allá de los mundos; cierra los oídos y escucharás la voz más allá de las palabras; cierra tus sentidos y experimentarás la realización más allá de las realizaciones. En esta comprensión no hay nacimiento ni muerte, ni principio ni fin, ni yo ni otro; en esta comprensión, todo es uno, uno es todo. En esta comprensión, mi corazón es tuyo, tu corazón es mío; en esta comprensión, tú eres yo, yo soy tú.
Abhijit Naskar
El 18 de noviembre de 1997 Luis Montiel no fue al colegio. A las cuatro de la tarde fue al galpón de su casa, se ató un alambre al cuello y se ahorcó. Lo encontró su abuelo. Lo descolgó Teresa, su tía enfermera. Al día siguiente, las puertas del ómnibus en el que sus compañeros regresaban de viaje de egresados se abrieron, y dos docenas de adolescentes eufóricos vieron lo imposible: Luis los estaba esperando. El velorio se hacía en el colegio.
Leila Guerriero (Los suicidas del fin del mundo: Crónica de un pueblo patagónico)
¡Solo por fin! Ya no se oye más que el rodar de algunos coches rezagados y derrengados. Por unas horas hemos de poseer el silencio, si no el reposo. ¡Por fin desapareció la tiranía del rostro humano, y ya sólo por mí sufriré! ¡Por fin! Ya se me consiente descansar en un baño de tinieblas. Lo primero, doble vuelta al cerrojo. Me parece que esta vuelta de llave ha de aumentar mi soledad y fortalecer las barricadas que me separan actualmente del mundo.
Charles Baudelaire (Les Fleurs du Mal)
—Ash —dijo, su voz entusiasta—, ¿puedes hacer algo por mí? —Cualquier cosa, Sota. Dilo y es tuyo. —Hazme hermosa. El giró su rostro hacia él y le dio un beso en los labios que prendió fuego a su sangre. Retirándose él le sonrió. —Ya está. Eres la mujer más bella del mundo. Tory se giró hacia el espejo, muriéndose por ver como lucía. Cuando se vio a sí misma, frunció el ceño. No había cambiado. —¡Ash! —¿Qué? — le pregunto inocentemente, tirando de su espalda contra su pecho a fin de que pueda mirarla en el espejo. —No hiciste nada. Su mirada se encontró con la suya y la sinceridad en esos remolinantes ojos de plata la quemaron. —Tú eres la mujer más bella del mundo, Soteria. Esta es la mujer de la que me enamoré y no hay nada acerca de ti que yo cambiaría. Recostándose sobre él, se inclinó para tocar su mejilla. —¿De verdad? —Por supuesto. Y espero que algún día, tengamos una casa llena de niños que luzcan como tú.
Sherrilyn Kenyon
Mi caída empezó, como muchas historias lo hacen, con una chica. Una chica llamada Meghan Chase, la hija medio humana de nuestro antiguo rival, el Rey de Verano. El destino nos unió, y a pesar de todo lo que hice para ocultar mis emociones, a pesar de las leyes de nuestra gente y de la guerra con los feys de Hierro y de la amenaza de eterno destierro de mi hogar, aun así me enamoré de ella. Nuestros caminos estaban entretejidos, nuestros destinos entrelazados, y antes de la última batalla juré que la seguiría al fin del mundo, para protegerla de cualquier amenaza, incluyendo a mi propia familia, y para morir por ella si era llamado a hacerlo. Me convertí en su caballero, y habría servido con alegría a esta chica, la mortal que había capturado mi corazón, hasta que el último aliento abandonara mi cuerpo. Pero el destino es un amante cruel, y al final, nuestros caminos fueron forzados a separarse, como había temido que lo fueran
Julie Kagawa (The Iron Knight (The Iron Fey, #4))
–¿Esa nave? –dijo Ford, súbitamente alborotado–. ¿Qué le ha pasado? ¿Lo sabes? –Me odiaba porque le hablé. –¡Que le hablaste! –exclamó Ford–. ¿Qué quieres decir con eso de que le hablaste? –Algo muy simple. Me aburría mucho y me sentía muy deprimido, así que me acerqué y me conecté a la toma externa del ordenador. Hablé un buen rato con él y le expliqué mi opinión sobre el Universo –dijo Marvin. –¿Y qué pasó? –insistió Ford. –Se suicidó –dijo Marvin, echando a anclar con aire majestuoso hacia el Corazón de Oro.
Douglas Adams (Los autoestopistas galácticos: Guía del autoestopista galáctico, El restaurante del fin del mundo, La vida, el universo y todo lo demás)
–Ese Dios vuestro pone un manzano en medio de un jardín y dice: haced lo que queráis, chicos, pero de ningún modo comáis la manzana. Pero, sorpresa, se la comen y Él salta de detrás de un arbusto diciendo: «¡Os pillé!» Si no se la hubieran comido, habría dado lo mismo. –¿Por qué? –Porque si uno anda en tratos con alguien que tiene la mentalidad del que deja sombreros en la acera con ladrillos dentro, hay que tener la plena seguridad de que nunca abandonará su empeño. Al final terminará cazándote. –Pero ¿de qué hablas? –No importa, cómete la fruta.
Douglas Adams (Los autoestopistas galácticos: Guía del autoestopista galáctico, El restaurante del fin del mundo, La vida, el universo y todo lo demás)
Odio pensar que estoy cumpliendo con mi deber cuando no estoy seguro que sea así. Al fin y al cabo, ¿quiénes somos nosotros? La mayoría siempre tiene razón, ¿no es así? Siempre, siempre. Jamás se equivoca, ni un breve e insignificante momento. En diez millones de años jamás se equivocó. ¿Qué es esa mayoría y quiénes la forman? ¿Qué piensa? ¿Cómo emprendió este camino? ¿Cambiará alguna vez? ¿Y por qué demonios ha caído en esta putrefacta mayoría? No me siento a gusto. ¿Será claustrofobia, temor a las muchedumbres, o sentido común? ¿Es posible que un hombre tenga razón, aunque el resto del mundo opine que ellos tienen razón?
Ray Bradbury (The Martian Chronicles)
multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. 13Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. 14Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin. 15Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), 16entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. 17El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; 18y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa. 19Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! 20Orad, pues,
Anonymous (Santa Biblia (Reina Valera 1960 RV60) Con índice activo por cada libro (Spanish Edition))
El sueño de un curioso ¿Conoces como yo la amargura sabrosa y haces decir de ti: «¡Qué hombre singular!»? Yo iba a morir. Mezclábanse en mi alma amorosa el horror y el deseo: un mal particular; angustia y esperanza, sin actitud facciosa. Cuando el reloj de arena se empezaba a vaciar crecía mi tortura punzante y deleitosa; mi corazón huía del mundo familiar. Yo era como un niño ávido de espectáculos que odia el telón lo mismo que se odian los obstáculos… y al fin mostrase, fría, la realidad común: había muerto sin susto, y la terrible aurora me envolvía. «Y ¿qué? —dije—, ¿Ha llegado la hora?». El telón se había alzado y yo esperaba aún.
Charles Baudelaire (Les Fleurs du Mal)
la inhumana escasez de caracteres nobles, los días de tiniebla, y todos los caminos oscuros y funestos a nuestra busca abiertos: a pesar de esas cosas, un toque de belleza quita el pesado velo de nuestro oscuro espíritu: así es el sol, la luna, viejos y nuevos árboles, brotando en don de sombra para simples ovejas: así son los narcisos con todo el verde mundo en que viven: barrancos claros, que se procuran un techo de frescura contra el calor del tiempo: la espesura del bosque rica de un salpicado de rosas almizcladas; y así es el esplendor de los destinos que hemos imaginado para los poderosos muertos; una fuente sin fin de bebida inmortal que nos llega manando desde el borde del cielo.
John Keats
Yo había crecido en el convencimiento de que aquella lenta procesión de la posguerra, un mundo de quietud, miseria y rencores velados, era tan natural como el agua del grifo, y que aquella tristeza muda que sangraba por las paredes de la ciudad herida era el verdadero rostro de su alma. Una de las trampas de la infancia es que no hace falta comprender algo para sentirlo. Para cuando la razón es capaz de entender lo sucedido, las heridas en el corazón ya son demasiado profundas. Aquella noche primeriza de verano, caminando por ese anochecer oscuro y traicionero de Barcelona, no conseguía borrar de mi pensamiento el relato de Clara en torno a la desaparición de su padre. En mimundo, la muerte era una mano anónima e incomprensible, un vendedor a domicilio que se llevaba madres, mendigos o vecinos nonagenarios como si se tratase de una lotería del infierno. La idea de que la muerte pudiera caminar a mi lado, con rostro humano y corazón envenenado de odio, luciendo uniforme o gabardina, que hiciese cola en el cine, riese en los bares o llevase a los niños de paseo al parque de la Ciudadela por la mañana y por la tarde hiciese desaparecer a alguien en las mazmorras del castillo de Montjuïc, o en una fosa común sin nombre ni ceremonial, no me cabía en la cabeza. Dándole vueltas, se me ocurrió que tal vez aquel universo de cartón piedra que yo daba porbueno no fuese más que un decorado. En aquellos años robados, el fin de la infancia, como la Renfe, llegaba cuando llegaba.
Carlos Ruiz Zafón
La autoridad del Estado no puede ser un fin en sí misma, porque ello significaría consagrar la inviolabilidad de toda tiranía en el mundo. Si por los medios que están al alcance de un gobierno se precipita una nacionalidad en la ruina, entonces la rebelión no es sólo un derecho, sino un deber para cada uno de los hijos de ese pueblo. La pregunta: "¿cuándo se presenta este caso?", no se resuelve mediante disertaciones teóricas, sino por la acción y por el éxito. Como todo gobierno, por malo que sea y aún cuando haya traicionado una y mil veces los intereses de una nacionalidad, reclama para sí el deber que tiene de mantener la autoridad del Estado, el instinto de conservación nacional en lucha contra un gobierno semejante tendrá que servirse, para lograr su libertad o su independencia, de las mismas armas que aquél emplea para mantenerse en al mando. Según esto, la lucha será sostenida por medios "legales" mientras el poder que se combate no utilice otros; pero no habrá que vacilar ante el recurso de medios ilegales si es que el opresor mismo se sirve de ellos. En general, no debe olvidarse que la finalidad suprema de la razón de ser de los hombres no reside en el mantenimiento de un Estado o de un gobierno: su misión es conservar su Raza. Y si esta misma se hallase en peligro de ser oprimida o hasta eliminada, la cuestión de la legalidad pasa a un plano secundario. Entonces poco importará ya que el poder imperante aplique en su acción los mil veces llamados medios "legales"; el instinto de conservación de los oprimidos podrá siempre justificar en grado superlativo el empleo de todo recurso. Sólo así se explican en la Historia ejemplos edificantes de luchas libertarias contra la esclavitud (interna o externa) de los pueblos. En este caso el derecho humano se impone sobre el derecho político. Si un pueblo sucumbe sin luchar por los derechos del hombre, es porque al haber sido pesado en la balanza del Destino resultó demasiado débil para tener la suerte de seguir subsistiendo en el mundo terrenal. Porque quien no está dispuesto a luchar por su existencia o no se siente capaz de ello es que ya está predestinado a desaparecer, y esto por la justicia eterna de la Providencia. ¡El mundo no se ha hecho para los pueblos cobardes!
Adolf Hitler (Mi Lucha)
P.D. MAYORITARIA QUE SE DISFRAZA DE MINORÍA INTOLERADA. A todo esto de que si Marcos es homosexual: Marcos es gay en San Francisco, negro en Sudáfrica, asiático en Europa, chicano en San Isidro, anarquista en España, palestino en Israel, indígena en las calles de San Cristóbal, chavo banda en Neza, rockero en cu, judío en Alemania, ombusdman en la Sedena, feminista en los partidos políticos, comunista en la post guerra fría, preso en Cintalapa, pacifista en Bosnia, mapuche en los Andes, maestro en la CNTE, artista sin galería ni portafolios, ama de casa un sábado por la noche en cualquier colonia de cualquier ciudad de cualquier México, guerrillero en el México de fin del siglo XX, huelguista en la CTM, reportero de nota de relleno en interiores, machista en el movimiento feminista, mujer sola en el metro a las 10 p.m., jubilado en plantón en el Zócalo, campesino sin tierra, editor marginal, obrero desempleado, médico sin plaza, estudiante inconforme, disidente en el neoliberalismo, escritor sin libros ni lectores, y, es seguro, zapatista en el sureste mexicano. En fin, Marcos es un ser humano, cualquiera, en este mundo. Marcos es todas las minorías intoleradas, oprimidas, resistiendo, explotando, diciendo "¡Ya basta!". Todas las minorías a la hora de hablar y mayorías a la hora de callar y aguantar. Todos los intolerados buscando una palabra, su palabra, lo que devuelva la mayoría a los eternos fragmentados, nosotros. Todo lo que incomoda al poder y a las buenas conciencias, eso es Marcos.
Subcomandante Marcos
Vivimos en un mundo cada día más idiota en cuestiones musicales. Los productores ofrecen mierda en lugar de canciones, mierda hidrolizada, envasada al vacío, perfectamente empaquetada, pero mierda al fin y al cabo. Y el público masivo, esa costumbre hecha animal, consume con fruición su mierda, y demanda puntualmente más dosis. El marketing se ha convertido en el vademécum de la mierda; las discográficas, en grandes empaquetadoras de mierda; las radiofórmulas, en enormes ventiladores para salpicar toda esa mierda. La publicidad, en la coartada emocional para que su olor nos resulte familiar, como si proviniera de nuestro propio retrete. Y todo el mundo contento: no tendremos música, pero ¿a quién le importa la música cuando está hasta el cuello de mierda?
Barbara Blasco (La memoria del alambre)
las aspas simbolizan cada uno de los estadios de la vida: infancia, madurez y senectud. Pero ese es tan solo uno de los numerosos significados que se le atribuyen al trisquel. A un nivel más profundo, la primera espiral encarna nuestra atadura al mundo físico regido por los sentidos, así como las limitaciones de nuestro cuerpo. La segunda constituye el universo de las ideas, la conciencia y el pensamiento. Y la tercera, la senda del alma para comunicarse con dioses y espíritus. »Asimismo, el trisquel alude al pasado, el presente y el futuro, y su circunferencia, a la totalidad del tiempo, en constante renovación. Pero también representa la trinidad de mente, alma y cuerpo en perfecto equilibrio; el principio y el fin, la evolución y el crecimiento, el aprendizaje perpetuo y la eterna transformación.
José Vicente Alfaro (Bajo el cielo de los celtas)
Comprendí al punto: era la lucha entre los hombres y las máquinas, preparada, esperada y temida desde hace mucho tiempo, la que por fin había estallado. Por todas partes yacían muertos y mutilados, por todas partes también automóviles apedreados, retorcidos, medio quemados; sobre la espantosa confusión volaban aeroplanos, y también a éstos se les tiraba desde muchos tejados y ventanas con fusiles y con ametralladoras. En todas las paredes anuncios fieros y magníficamente llamativos invitaban a toda la nación, en letras gigantescas que ardían como antorchas, a ponerse al fin al lado de los hombres contra las máquinas, a asesinar por fin a los ricos opulentos, bien vestidos y perfumados, que con ayuda de las máquinas sacaban el jugo a los demás y hacer polvo a la vez sus grandes automóviles, que no cesaban de toser, de gruñir con mala intención y de hacer un ruido infernal, a incendiar por último las fábricas y barrer y despoblar un poco la tierra profanada, para que pudiera volver a salir la hierba y surgir otra vez del polvoriento mundo de cemento algo así como bosques, praderas, pastos, arroyos y marismas. Otros anuncios, en cambio, en colores más finos y menos infantiles, redactados en una forma muy inteligente y espiritual, prevenían con afán a todos los propietarios y a todos los circunspectos contra el caos amenazador de la anarquía, cantaban con verdadera emoción la bendición del orden, del trabajo, de la propiedad, de la cultura, del derecho, y ensalzaban las máquinas como la más alta y última conquista del hombre, con cuya ayuda habríamos de convertirnos en dioses. Pensativo y admirado leí los anuncios, los rojos y los verdes; de un modo extraño me impresionó su inflamada oratoria, su lógica aplastante; tenían razón, y, hondamente convencido, me quedé parado ya ante uno, ya ante el otro, y, sin embargo, un tanto inquieto por el tiroteo bastante vivo. El caso es que lo principal estaba claro: había guerra, una guerra violenta, racial y altamente simpática, en donde no se trataba de emperadores, repúblicas, fronteras, ni de banderas y colores y otras cosas por el estilo, más bien decorativas y teatrales, de fruslerías en el fondo, sino en donde todo aquel a quien le faltaba aire para respirar y a quien ya no le sabia bien la vida, daba persuasiva expresión a su malestar y trataba de preparar la destrucción general del mundo civilizado de hojalata. Vi cómo a todos les salía risueño a los ojos, claro y sincero, el afán de destrucción y de exterminio, y dentro de mí mismo florecían estas salvajes flores rojas, grandes y lozanas, y no reían menos. Con alegría me incorporé a la lucha.
Hermann Hesse (Der Steppenwolf.)
De Emanuel Swedenborg, al que Kant llamó “visionario”, cuenta Borges que “hablaba con los ángeles por las calles de Londres”. Aunque fue un científico notable (hizo los planos de un avión y un submarino, descubrió el funcionamiento de las glándulas endocrinas, lanzó la hipótesis de la formación nebulosa del Sistema Solar, etcétera...), su verdadera especialidad fue el Mas Allá, la posvida en el Cielo y el Infierno. Explicó que al comienzo los condenados no son conscientes de su muerte y creen que continúan en su esfera cotidiana: les rodean los muebles y utensilios familiares, los paisajes conocidos. Poco a poco, van produciéndose desapariciones —la butaca favorita, el piano, una ventana, las flores del jardín...— y luego surgen en lugar de lo desvanecido formas equivocadas o amenazadoras. Por fin se dan cuenta de que no están en casa sino en el Infierno y empieza su eterna condena. Creo poder confirmar esta tesis de Swedenborg. Hace tiempo que las cosas de mi mundo se van difuminando, pierden sustancia. Los libros siguen presentes y tentadores, pero al abrirlos algo ha drenado su savia hasta dejarlos huecos, exánimes. Las películas nuevas son peores que las antiguas, las antiguas peores de lo que las recordaba: sentado ante el televisor con desasosiego ya no siento la expectativa feliz porque ahora nadie apoya sus pies en mi regazo. Se fue el disfrute... Y los sitios que recorrimos juntos están hoy cubiertos de sudarios, como esas sábanas que tapan las formas incómodas de los muebles en una casa abandonada. Los platos más sabrosos, crujientes, aromáticos... comienzan a deleitarme la boca pero luego adquieren insipidez y amargura de ceniza. Llega el infierno y se revela mi condena, la más atroz: creer que estoy vivo y que es ella la que ha muerto. Hoy hace ya dos años.
Fernando Savater
¿Por qué tenían los holandeses, en tiempos de De Witt, almirantes en sus flotas balleneras? ¿Por qué Luis XVI de Francia equipó, de su propio peculio, naves balleneras en Dunquerque e invitó cortésmente a esa ciudad a unas veinte o cuarenta familias de nuestra isla de Nantucket? ¿Por qué pagó Inglaterra, entre los años 1750 y 1788, más de 1.000.000 de libras a sus balleneros, en concepto de remuneración? Y por fin, ¿cuál es el motivo por el cual nosotros, los balleneros de Norteamérica, superamos hoy en número a todos los demás balleneros del mundo, botamos una flota de más de setecientas naves, equipadas por dieciocho mil hombres, invertimos 4.000.000 de dólares por año, y el valor de las naves, en el momento de zarpar, es de veinte millones de dólares y cada año importamos a nuestros puertos una pingüe cosecha de 7.000.000 de dólares? ¿Cómo se explica todo esto, si no por algo poderoso que existe en la caza de ballenas?
Herman Melville (Moby Dick)
La pobreza de que se habla en el Evangelio nunca es un simple fenómeno material. La pobreza puramente material no salva, aun cuando sea cierto que los más perjudicados de este mundo pueden contar de un modo especial con la bondad de Dios. Pero el corazón de los que no poseen nada puede endurecerse, envenenarse, ser malvado, estar por dentro lleno de afán de poseer, olvidando a Dios y codiciando sólo bienes materiales. Por otro lado, la pobreza de que se habla aquí tampoco es simplemente una actitud espiritual. La Iglesia, para ser comunidad de los pobres de Jesús, necesita siempre figuras capaces de grandes renuncias; necesita comunidades que le sigan, que vivan la pobreza y la sencillez, y con ello muestren la verdad de las Bienaventuranzas para despertar la conciencia de todos, a fin de que entiendan el poseer sólo como servicio y, frente a la cultura del tener, contrapongan la cultura de la libertad interior, creando así las condiciones de la justicia social.
Pope Benedict XVI (Jesus of Nazareth: From the Baptism in the Jordan to the Transfiguration)
Se deshonra el alma del hombre particularmente cuando, por lo que a sí toca, viene a hacerse como un divieso o una excrecencia en el cuerpo del mundo; porque irritarse con alguno de los acontecimientos que sobrevienen es como un absceso de la naturaleza universal, de la cual participan las naturalezas de todos los otros seres. El alma se deshonra asimismo cuando se muestra adversa a alguno de los otros hombres, o se comporta con él con intención de hacerle mal, como acontece con las almas poseídas de ira. Lo tercero, se deshonra cuando se da por vencida del dolor o el placer. Lo cuarto, cuando disimula, finge y altera la verdad por obra o de palabra. Lo quinto, cuando lanza su actividad o sus apetitos sin blanco fijo, y lo ejecuta todo al azar, y sin continuidad, siendo así que aun las más pequeñas acciones debieran tender a un fin propuesto: y el fin de los seres racionales es obedecer a la razón y a la ley de la naturaleza, la más augusta de las ciudades y gobiernos.
Marcus Aurelius (Meditaciones (Meditations - Spanish Edition))
Quizá los hilos se rompen, o quizá nuestros barcos se hunden, o quizá somos hierba y nuestras raíces son tan interdependientes que nadie está muerto mientras quede alguien vivo. Lo que quiero decir es que no nos faltan las metáforas. Pero debes tener cuidado con la metáfora que eliges, porque es importante. Si eliges los hilos estás imaginándote un mundo en el que puedes romperte irreparablemente. Si eliges la hierba, estás diciendo que todos estamos infinitamente interconectados, que podemos utilizar ese sistema de raíces no solo para entendernos unos a otros. Las metáforas implican cosas. ¿Entiendes lo que te digo? —Me gustan los hilos —sigue diciendo. Siempre me han gustado. Porque así lo siento. Pero creo que los hilos hacen que el dolor parezca más fatal de lo que es. No somos tan frágiles como nos harían creer los hilos. Y también me gusta la hierba. La hierba me ha traído hasta ti, me ha ayudado a imaginarte como una persona real. Pero no somos brotes diferentes de la misma planta. »Quizá es más como has dicho antes, que todos estamos agrietados. Cada uno de nosotros empieza siendo un recipiente hermético. Y pasan cosas. Personas que nos dejan, o que no nos quieren, o que no nos entienden, o que no les entendemos, y nos perdemos, nos fallamos y nos hacemos daño. Y el recipiente empieza a agrietarse por algunos sitios. Y sí, en cuanto el recipiente se agrieta, el final es inevitable [...]. Pero está todo ese tiempo desde que las grietas empiezan a abrirse hasta que por fin nos desmoronamos. Y solo en ese tiempo podemos vernos unos a otros, porque vemos lo que hay fuera a través de nuestras grietas, y lo que hay dentro se nos ve también a través de ellas. ¿Cuándo nos vimos tú y yo cara a cara? No hasta que me viste entre mis grietas, y yo entre las tuyas. Hasta ese momento solo veíamos ideas del otro, como mirar tu persiana, pero sin ver lo que había dentro. Pero cuando el recipiente se rompe, la luz puede entrar. Y puede salir.
John Green (Paper Towns)
El martes es el símbolo de la monotonía por excelencia. No es como el lunes, paradigma de la depresión, ni como el miércoles, bisagra de la esperanza, ni como el jueves, preludio de la alegría, ni como el viernes, éxtasis de la liberación. No, nada de eso. El martes es la evidencia de lo efímero de lo placentero. Es el canto de la monotonía. El martes demuestra que lo peor no es el lunes con su tristeza. Que lo terrible está en la continuidad, en la seguidilla, en la inútil cadena de días de la cual el martes es el eslabón más macabro. Es el puente nefasto que nos conduce de la desesperación al engaño. Pues si quedásemos en la desesperación del lunes, si nos ahogásemos en el pantano de su melancolía, vaya y pase. Pero no, fíjese que ahí está el martes con toda su vacía extensión, sin otro objeto en el mundo que conducirnos hasta el miércoles, y ponernos de nuevo a la espera de un nuevo fin de semana que nada ha de aportarnos, pero que mirado desde el dolor de la esclavitud de entre semana se nos antoja promisorio y dichoso.
Eduardo Sacheri (Te conozco, Mendizábal y otros cuentos)
Era la lucha entre los hombres y las máquinas, preparada, esperada y temida desde hace mucho tiempo, la que por fin había estallado. Por todas partes yacían muertos y mutilados, por todas partes también automóviles apedreados, retorcidos, medio quemados; sobre la espantosa confusión volaban aeroplanos, y también a éstos se les tiraba desde muchos tejados y ventanas con fusiles y con ametralladoras. En todas las paredes anuncios fieros y magníficamente llamativos invitaban a toda la nación, en letras gigantescas que ardían como antorchas, a ponerse al fin al lado de los hombres contra las máquinas, a asesinar por fin a los ricos opulentos, bien vestidos y perfumados, que con ayuda de las máquinas sacaban el jugo a los demás y hacer polvo a la vez sus grandes automóviles, que no cesaban de toser, de gruñir con mala intención y de hacer un ruido infernal, a incendiar por último las fábricas y barrer y despoblar un poco la tierra profanada, para que pudiera volver a salir la hierba y surgir otra vez del polvoriento mundo de cemento algo así como bosques, praderas, pastos, arroyos y marismas.
Hermann Hesse (El lobo estepario (Spanish Edition))
Había escuchado tantas teorías para explicarlo todo. Porque sí, porque no había nada para hacer, porque estaban aburridos, porque no se llevaban bien con sus padres, porque no tenían padres o porque tenían demasiados, porque les pegaban, porque los hacían abortar, porque tomaban tanto alcohol y tantas drogas, porque les habían hecho un daño, porque salían de noche, porque robaban, porque salían con mujeres, porque salían con mujeres de la noche, porque tenían traumas de infancia, traumas de adolescencia, traumas de primera juventud, porque hubieran querido nacer en otro lado, porque no los dejaban ver al padre, porque la madre los había abandonado, porque hubieran preferido que la madre los hubiera abandonado, porque los habían violado, porque eran solteros, porque tenían amores pero desgraciados, porque habían dejado de ir a misa, porque eran católicos, satánicos, evangelistas, aficionados al dibujo, punks, sentimentales, raros, estudiosos, coquetos, vagos, petroleros, porque tenían problemas, porque no los tenían en absoluto. Teorías. Y las cosas, que se empeñaban en no tener respuesta.
Leila Guerriero (Los suicidas del fin del mundo: Crónica de un pueblo patagónico)
3 Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? 4 Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. 5 Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. 6 Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. 7 Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. 8 Y todo esto será principio de dolores. 9 Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. 10 Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. 11 Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; 12 y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. 13 Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. 14 Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.
Casiodoro de Reina (Reina Valera 1960)
Conclusión A lo largo de estas páginas, hemos visto cómo se desarrollan los procesos perversos en algunos contextos, pero es evidente que nuestra lista no es exhaustiva y que estos fenómenos van más allá del mundo de la pareja, de la familia o de la empresa. Los volvemos a encontrar en todos los grupos en donde los individuos pueden establecer rivalidades, especialmente en las escuelas y en las universidades. La imaginación humana no tiene límites cuando pretende aniquilar la buena imagen que el otro tiene de sí mismo; sirve para enmascarar las propias debilidades y para colocarse en una posición de superioridad. La cuestión del poder atañe a toda la sociedad. En todas las épocas ha habido seres carentes de escrúpulos, calculadores y manipuladores, y para los que el fin justifica los medios. Sin embargo, la multiplicación actual de los actos de perversidad en las familias y en las empresas es un indicador del individualismo que domina en nuestra sociedad. En un sistema que funciona según la ley del más fuerte, o del más malicioso, los perversos son los amos. Cuando el éxito es el valor principal, la honradez parece una debilidad y la perversidad adopta un aire de picardía. Con el pretexto de la tolerancia, las sociedades occidentales renuncian poco a poco a sus propias prohibiciones. Pero, al aceptar demasiado, como lo hacen las víctimas de los perversos narcisistas, permiten que se desarrollen en su seno los funcionamientos perversos. Numerosos dirigentes o políticos, que ocupan no obstante una posición de modelo para la juventud, no muestran ninguna preocupación moral a la hora de liquidar a un rival o de mantenerse en el poder. Algunos de ellos abusan de sus prerrogativas y utilizan presiones psicológicas, y razones y secretos de Estado, para proteger su vida privada. Otros se enriquecen gracias a una delincuencia astuta hecha de abusos de bienes sociales, de estafas o de fraudes fiscales. La corrupción se ha convertido en una moneda corriente. Ahora bien, basta con que un grupo, una empresa o un gobierno cuenten con uno o con varios individuos perversos para que todo el sistema se vuelva perverso. Si esta perversión no se denuncia, se extiende subterráneamente mediante la intimidación, el miedo y la manipulación. Efectivamente, para atar psicológicamente a un individuo, basta con inducirlo a la mentira o a ciertos compromisos para convertirlo en cómplice del proceso perverso. Sin ir más lejos, ésta es la base del funcionamiento de la mafia o de los regímenes totalitarios. Tanto en las familias como en las empresas y los Estados, los perversos narcisistas se las arreglan para atribuir a los demás los desastres que provocan, se presentan luego como salvadores y se hacen así con el poder. En lo sucesivo, para mantenerse en él, les basta con no tener escrúpulos. La historia nos ha mostrado hombres que se niegan a reconocer sus propios errores, que no asumen sus responsabilidades, y que falsean las cosas y manipulan la realidad a fin de borrar las huellas de sus fechorías. Más allá del aspecto individual del acoso moral, se nos plantean dilemas más generales. ¿Cómo restablecer el respeto entre los individuos? ¿Qué límites debemos poner a nuestra tolerancia? Si los individuos no pueden detener por sí mismos estos procesos destructivos, la sociedad deberá intervenir y establecer una legislación. Recientemente, se ha presentado un proyecto de ley que proponía instituir un delito de novatada para reprimir cualquier acto degradante y humillante en el ámbito escolar y socioeducativo. Si no queremos que nuestras relaciones humanas acaben completamente reglamentadas por leyes, es esencial prevenir a los niños.
Marie-France Hirigoyen (El acoso moral: El maltrato psicológico en la vida cotidiana)
multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. 13Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. 14Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin. 15Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), 16entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. 17El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; 18y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa. 19Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! 20Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo; 21porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. 22Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados. 23Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. 24Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. 25Ya os lo he dicho antes. 26Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o
Anonymous (Santa Biblia (Reina Valera 1960 RV60) Con índice activo por cada libro (Spanish Edition))
«El sufrimiento es una llamada a manifestar la grandeza moral del hombre, su madurez espiritual; pero es también una invitación de la Providencia a acercarse más al Crucificado, a comprenderlo, a compartir su misterio. »Sentíos cercanos a Dios en vuestras cruces y sabed ofrecerlas con Cristo a Dios Padre, a fin de que la auténtica aportación de vuestro sacrificio genere preciosos momentos de gracia para la humanidad y para la Iglesia. En la meditación de la pasión de Cristo encontraréis la fuerza para transformar el momentáneo peso de la enfermedad en una ofrenda santificante» (JUAN PABLO II, 16-II-1986). «Cristo no responde directamente ni en abstracto a esta pregunta humana sobre el sentido del sufrimiento. El hombre percibe su respuesta salvífica a medida que él mismo se convierte en partícipe de los sufrimientos de Cristo. La respuesta es, en efecto, ante todo una llamada. Es una vocación. Cristo no explica abstractamente las razones del sufrimiento, sino que ante todo dice: Sígueme, ven, toma parte con tu sufrimiento en esta obra de salvación del mundo, que se realiza a través de mi sufrimiento. Por medio de mi cruz. A medida que el hombre toma su cruz, uniéndose espiritualmente a la Cruz de Cristo, se revela ante él el sentido salvífico del sufrimiento» (Salvifici doloris).
Jesús Martínez García (Dios no abandona: El sentido cristiano del sufrimiento (Cristianos de hoy) (Spanish Edition))
Así pues, un príncipe debe tener gran cuidado de que jamás salga de su boca cosa alguna que no esté llena de las cinco cualidades ya mencionadas, y que cuando se le vea y se le oiga, parezca todo compasión, todo lealtad, todo integridad, todo humanidad, todo religión. Y no hay cosa más necesaria que debe aparentar poseer que esta última cualidad. Y los hombres en general juzgan más por los ojos que por las manos, porque a todos les es dado ver, pero a pocos palpar: todos ven lo que pareces pero pocos sienten lo que eres, y estos últimos no se atreven a oponerse a la opinión de la mayoría, que cuenta además con la fuerza del Estado para que la defienda. Y en las acciones de todos los hombres, y sobre todo en las de los príncipes, donde no hay tribunal ante el que reclamar, se atiende al fin obtenido69. Trate, pues, el príncipe de ganar y conservar el Estado y los medios siempre serán juzgados honorables y alabados por todos, porque el vulgo se deja conquistar por la apariencia y por el resultado final de las cosas, y en el mundo no hay más que vulgo; y no hay lugar para los pocos cuando la mayoría tiene donde apoyarse. Un príncipe de nuestros días, al que no conviene nombrar70, nunca predica otra cosa que paz y lealtad, cuando es un completo enemigo de ambas; y si hubiera observado tanto la una como la otra, más de una vez le habrían arrebatado la reputación o el Estado.
Niccolò Machiavelli (EL PRÍNCIPE (Clásicos del pensamiento nº 31) (Spanish Edition))
el 16 de junio de 1712; volvía justamente de un gran baile en Arlington House; el alba estaba en el cielo y Orlando se estaba sacando las medias. «Ojalá no vuelva a encontrar un ser humano en toda mi vida», gritó, rompiendo en llanto. Tenía amantes de sobra; pero la vida, que al fin y al cabo no carece de toda importancia, se le escapaba. «¿Y es esto», preguntó –pero no había quien le contestara–, «es esto», prosiguió sin embargo, «lo que llama vida la gente?». El faldero le tendió la patita, para indicar su simpatía. El faldero la lamió con la lengua. Orlando acarició al faldero con la mano. Orlando besó al faldero con los labios. En una palabra, había entre los dos la simpatía más sincera que puede haber entre un perro y su ama, pero es indiscutible que la mudez de las bestias es un estorbo para los refinamientos del diálogo. Mueven la cola; inclinan la parte delantera del cuerpo y elevan la trasera; ruedan, brincan, rascan, gimen, ladran, babean, inventan toda clase de ceremonias y de artificios, pero todo es inútil, porque lo que es hablar, no pueden. Acostando al perro en el suelo, Orlando meditó que ése era precisamente el defecto del gran mundo en Arlington House. Ellos también mueven la cola, saludan, ruedan, babean y rascan, pero lo que es hablar no pueden: «Todos estos meses que he andado en sociedad», dijo Orlando, tirando una media por el suelo, «no he escuchado una sola cosa que Pippin no hubiera podido decir. Tengo frío. Tengo hambre. Me siento feliz. He cazado una laucha. He enterrado un hueso. Dame un beso en el hocico». Y eso no bastaba.
Virginia Woolf (Orlando)
DÍA A DÍA Decir que el tiempo es río es decir nada, ni nace ni termina su corriente, fluye desde horizontes infinitos y seguirá, sin duda, hasta el olvido, nacer nadie lo vio, ni le verá acabar, en él flotamos por confusos trechos, el tiempo de surgir y sumergirse es el de nuestra vida, tan pequeña, tan torpe, tan voraz, tan impaciente que apenas nace y a morir empieza. Feliz llamaban los antiguos vates al que joven moría, eran los dioses los que daban el don de no ir más lejos. El fin siempre es temprano, cada día es toda la vida en tiempo pleno, no hay más que el hoy, que este momento solo en que conozco que estoy vivo y siento. Cada día es el día y cada hora es la única hora de la vida, todo el ayer se fue en reminiscencia y el mañana no existe todavía. No llegamos a viejos, sólo somos en la invariable vaguedad del ser, los nombres son equívocos, las fechas hacen inerte cuenta sin sentido, no somos el de ayer ni el de mañana, somos el de hoy apenas, la vida empieza en cada amanecida y la conciencia muere en cada noche. Yo podría contar la historia vana de una vida que acaso fue la mía, pero que es tan ajena y tan extraña ante esta hora en que me nombro y busco. No se es viejo ni joven, se está vivo y soy yo, el de hoy, quien hace el mundo con mi mano segura o temblorosa, con la errada visión que siempre tuve, jugando el juego de ausencias y presencias que sólo para mí tiene sentido. Todo está en ti, día que amaneces, toda mi vida en mí sin sobra y falta, como fue en cada hora ya contada, como será en un siempre día a día.
Arturo Uslar Pietri (El hombre que voy siendo)
Digo, pues, que los trabajos del estudiante son éstos: principalmente pobreza (no porque todos sean pobres, sino por poner este caso en todo el estremo que pueda ser); y, en haber dicho que padece pobreza, me parece que no había que decir más de su mala ventura, porque quien es pobre no tiene cosa buena. Esta pobreza la padece por sus partes, ya en hambre, ya en frío, ya en desnudez, ya en todo junto; pero, con todo eso, no es tanta que no coma, aunque sea un poco más tarde de lo que se usa, aunque sea de las sobras de los ricos; que es la mayor miseria del estudiante éste que entre ellos llaman andar a la sopa; y no les falta algún ajeno brasero o chimenea, que, si no callenta, a lo menos entibie su frío, y, en fin, la noche duermen debajo de cubierta. No quiero llegar a otras menudencias, conviene a saber, de la falta de camisas y no sobra de zapatos, la raridad y poco pelo del vestido, ni aquel ahitarse con tanto gusto, cuando la buena suerte les depara algún banquete. Por este camino que he pintado, áspero y dificultoso, tropezando aquí, cayendo allí, levantándose acullá, tornando a caer acá, llegan al grado que desean; el cual alcanzado, a muchos hemos visto que, habiendo pasado por estas Sirtes y por estas Scilas y Caribdis, como llevados en vuelo de la favorable fortuna, digo que los hemos visto mandar y gobernar el mundo desde una silla, trocada su hambre en hartura, su frío en refrigerio, su desnudez en galas, y su dormir en una estera en reposar en holandas y damascos: premio justamente merecido de su virtud. Pero, contrapuestos y comparados sus trabajos con los del mílite guerrero, se quedan muy atrás en todo,
Miguel de Cervantes Saavedra (Don Quijote de la Mancha)
mantienen41 Así pues, un príncipe que tenga una ciudad así de reforzada y que no se haga odiar, no puede ser atacado, y si hubiera alguien que lo atacara, se tendría que replegar avergonzado, porque las cosas del mundo son tan cambiantes que es casi imposible que alguien con sus ejércitos pueda permanecer un año entero, ocioso, en un asedio. Y a quien replique que si el pueblo tiene sus posesiones fuera y las ve arder, no tendrá paciencia, que el largo asedio y la caridad para consigo mismo le harán olvidar al príncipe, le respondo que un príncipe prudente y animoso superará siempre todas esas dificultades, ora dando esperanzas a los súbditos de que el mal no será largo, ora atemorizándolos con la crueldad del enemigo, ora protegiéndose con destreza de los que le parezcan demasiado atrevidos. Además, lógicamente el enemigo incendiará y destruirá el país nada más llegar, cuando los ánimos de los hombres todavía están enardecidos y dispuestos a la defensa; y por eso mismo el príncipe no debe temer nada, porque después de algunos días, con los ánimos enfriados, el daño ya está hecho, son asumidos los males y ya no hay remedio. Y entonces es cuando más se une el pueblo a su príncipe, pareciéndole que éste le está más obligado al haber sido incendiadas sus casas y destruidas sus posesiones por defenderle a él. Es propio de la naturaleza de los hombres el contraer obligaciones tanto por los beneficios que se hacen como por los que se reciben. De aquí que, si se considera bien todo, no le será difícil a un príncipe prudente mantener firmes los ánimos de sus ciudadanos de principio a fin del asedio, siempre y cuando no les falten los medios de subsistencia y de defensa.
Niccolò Machiavelli (EL PRÍNCIPE (Clásicos del pensamiento nº 31) (Spanish Edition))
Bajo el concepto de lectura, concibo cosas muy diferentes de lo que piensa la gran mayoría de los llamados intelectuales. Conozco individuos que leen muchísimo, libro tras libro y letra por letra, y sin embargo no pueden ser tildados de "lectores". Poseen una multitud de "conocimientos", pero su cerebro no consigue ejecutar una distribución y un registro del material adquirido. Les falta el arte de separar, en el libro, lo que es de valor y lo que es inútil, conservar para siempre en la memoria lo que en verdad interesa, pudiendo saltarse y desechar lo que no les comporta ventaja alguna, para no retener lo inútil y sin objeto. La lectura no debe entenderse como un fin en sí misma, sino como medio para alcanzar un objetivo. En primer lugar, la lectura debe auxiliar la formación del espíritu, despertar las inclinaciones intelectuales y las vocaciones de cada cual. Enseguida, debe proveer el instrumento, el material de que cada uno tiene necesidad en su profesión, tanto para simple seguridad del pan como para la satisfacción de los más elevados designios. En segundo lugar, debe proporcionar una idea de conjunto del mundo. En ambos casos, es necesario que el contenido de cualquier lectura no sea aprendido de memoria de un conjunto de libros, sino que sea como pequeños mosaicos en un cuadro más amplio, cada uno en su lugar, en la posición que les corresponde, ayudando de esta forma a esquematizarlo en el cerebro del lector. De otra forma, resulta un bric-á-brac de materias memorizadas, enteramente inútiles, que transforman a su poseedor en un presuntuoso, seriamente convencido de ser un hombre instruido, de entender algo de la vida, de poseer cultura, cuando la verdad es que con cada aumento de esa clase de conocimientos, más se aparta del mundo, hasta que termina en un sanatorio o como político en un parlamento.
Adolf Hitler (Mi Lucha)
¿Qué clase de hombres son, pues, estos aviadores? Proceden de ese ejército gigantesco que, allá delante en las trincheras, está sometido a un fuego permanente, y constituyen una selección a la que ha congregado el afán de entregarse a formas de combate cada vez más audaces. También hay entre ellos soldados de caballería, figuras delgadas como yóqueis, de rostros afilados y monóculos brillantes. Se han cansado de estar inactivos en las aldeas y en las mansiones señoriales de la retaguardia y de esperar, sin hacer nada, a que se reanude el avance. Se les nota que pertenecen a familias que desde hace siglos llevan en la sangre el espíritu de los combates ecuestres y que miran con desdén, como poco adecuado a su rango, ese modo de luchar que consiste en situarse detrás de máquinas y de fusiles automáticos. Por ello se les acusa de que entienden más de cazar y disparar que de manejar los motores. Pero entre los aviadores hay también otros hombres que han nacido y crecido en las zonas llenas de humo de las grandes industrias y que desde su infancia han estado cerca de los medios y poderes propios de nuestra época. Ellos se han adentrado un poco más en este mundo nuestro que, por debajo de su superficie fría, hierve de misterios y prodigios incandescentes; estos hombres barruntan ese espíritu elemental que comienza a dar señales de vida en los átomos del acero y de los materiales explosivos y en las crepitantes chispas del encendido de una máquina. Y, sin embargo, sus pasos se orientan hacia lo sencillo; los aviadores dominan su avión como el australiano domina su bumerán. Hay, en fin, entre ellos, otros hombres en los que parecen haber resucitado, haber re-nacido de una manera extraña, los antiguos vikingos; apenas representa diferencia ninguna el que éstos de ahora suban a pájaros artificiales y los vikingos de otros tiempos subieran a naves piratas adornadas con escudos multicolores. Es cierto que han cambiado los tiempos y los medios, pero ha permanecido viva la audacia con que se enfrentan a la Muerte.
Ernst Jünger (Copse 125: A Chronicle from the Trench Warfare of 1918)
si todos los humanos anhelan la felicidad, en la práctica sería muy difícil usar este conocimiento para dirimir conflictos éticos, en particular porque no tenemos una definición científica ni un sistema de medición de la felicidad. Considérese el caso de la presa de las Tres Gargantas. Aun en la hipótesis de que estuviéramos de acuerdo en que el fin último del proyecto es hacer del mundo un lugar más feliz, ¿cómo podemos saber si generar electricidad barata contribuye más a la felicidad global que proteger los estilos de vida tradicionales o salvar el delfín fluvial chino? Puesto que no hemos descifrado los misterios de la conciencia, no podemos desarrollar un sistema universal de medición de la felicidad y del sufrimiento, y no sabemos cómo comparar la felicidad y el sufrimiento de individuos diferentes, por no decir ya de especies diferentes. ¿Cuántas unidades de felicidad se generan cuando 1.000 millones de chinos gozan de electricidad más barata? ¿Cuántas unidades de desgracia se producen cuando una especie entera de delfín se extingue? De hecho, y para empezar, ¿son la felicidad y la desgracia entidades matemáticas que puedan sumarse o restarse? Comer helado es agradable. Encontrar el amor verdadero es más agradable. ¿Cree el lector que si comemos suficiente helado, el placer acumulado podría llegar a equipararse con el embeleso del amor verdadero? En consecuencia, aunque la ciencia tiene mucho más que aportar a los debates éticos de lo que solemos creer, hay una línea que no puede cruzar; al menos, todavía no. Sin la mano orientadora de alguna religión, es imposible mantener órdenes sociales a gran escala. Incluso las universidades y los laboratorios necesitan el respaldo religioso. La religión proporciona la justificación ética de la investigación científica, y a cambio obtiene la influencia en la agenda científica y en el uso de los descubrimientos científicos. De ahí que no sea posible entender la historia de la ciencia sin tener en cuenta las creencias religiosas. Los científicos rara vez se preocupan por este hecho, pero la propia revolución científica se inició en una de las sociedades más dogmáticas, intolerantes y religiosas de la historia.
Yuval Noah Harari (Homo Deus: Breve historia del mañana)
Los historiadores buscan comprender el desarrollo de entidades intersubjetivas como los dioses y las naciones, mientras que los biólogos difícilmente reconocen la existencia de tales cosas. Algunos creen que si pudiéramos descifrar el código genético y cartografiar todas y cada una de las neuronas del cerebro, conoceríamos todos los secretos de la humanidad. A fin de cuentas, si los humanos no tienen alma y si los pensamientos, emociones y sensaciones son solo algoritmos bioquímicos, ¿por qué no puede la biología explicar todos los caprichos de las sociedades humanas? Desde esta perspectiva, las cruzadas fueron disputas territoriales modeladas por presiones evolutivas, y los caballeros ingleses que viajaron a Tierra Santa para luchar contra Saladino no eran muy distintos de los lobos que intentan apropiarse del territorio de una jauría vecina. Las humanidades, en cambio, ponen énfasis en la importancia crucial de entidades intersubjetivas, que no pueden reducirse a hormonas y neuronas. Pensar desde el punto de vista histórico significa adscribir poder real a los contenidos de nuestros relatos imaginarios. Evidentemente, los historiadores no obvian los factores objetivos, como los cambios climáticos y las mutaciones genéticas, pero confieren mucha mayor importancia a los relatos que la gente inventa y en los que cree. Corea del Norte y Corea del Sur son tan diferentes entre sí no porque la gente de Pyongyang tenga genes diferentes a los genes de la gente de Seúl o porque el norte sea más frío y más montañoso. Ello se debe a que el norte está dominado por ficciones muy distintas. Quizá algún día los descubrimientos en neurobiología nos permitan explicar el comunismo y las cruzadas en términos estrictamente bioquímicos, pero estamos muy lejos de este momento. Durante el siglo XXI es probable que la frontera entre la historia y la biología se desvanezca, no porque descubramos explicaciones biológicas de los acontecimientos históricos, sino más bien porque las ficciones ideológicas reescriban las cadenas de ADN, los intereses políticos y económicos reescriban el clima, y la geografía de montañas y ríos dé paso al ciberespacio. A medida que las ficciones humanas se traduzcan en códigos genéticos y electrónicos, la realidad intersubjetiva engullirá por completo la realidad objetiva, y la biología se fusionará con la historia. En el siglo XXI, la ficción puede, por lo tanto, convertirse en la fuerza más poderosa de la Tierra, sobrepasando incluso a los asteroides caprichosos y a la selección natural. De ahí que si queremos entender nuestro futuro, en absoluto bastará con descifrar genomas y calcular números. También tenemos que descifrar las ficciones que dan sentido al mundo.
Yuval Noah Harari (Homo Deus: Breve historia del mañana)
Cualquiera que sea el talento que se revele en la dirección de una propaganda, no conseguirá el éxito si no se toma en consideración siempre e intensamente un postulado fundamental: ella tiene que conformarse con poco; sin embargo, ese poco tendrá que ser repetido constantemente. La persistencia, en este caso, es, como en muchos otros de este mundo, la primera y más importante condición para el éxito. Los temas de propaganda, precisamente, no pueden ser dirigidos por estetas, ni por "blasés". Los primeros imprimen, por la forma y por la expresión, un sello a la propaganda que, dentro de poco, sólo tiene poder de atracción en los círculos literarios; los segundos, deben ser cuidadosamente evitados, pues su falta de sensibilidad hace que se busquen constantemente nuevos atractivos. Esas personas se cansan de todo con facilidad; lo que ellos desean es la variedad y son incapaces de una comprensión de las necesidades de sus conciudadanos todavía no contaminados por su pesimismo. Ellos son siempre los primeros críticos de la propaganda, o, mejor dicho, de su contenido, el cual les parece demasiado arcaico, etcétera. Sólo quieren novedades, sólo buscan variedad y se vuelven de esa forma enemigos mortales de una conquista eficiente de las masas, desde el punto de vista político. Después que una propaganda, en su organización y en su contenido, comienza a orientarse por las necesidades de aquéllos, pierde toda unidad y se dispersa completamente. La propaganda, por consiguiente, no fue creada para proporcionar a esos señores blasés una distracción interesante y sí para convencer a la masa. Ésta necesita -por ser de más lenta comprensión- de un determinado período de tiempo, antes de estar en condiciones de tomar conocimiento de un hecho y, solamente después de repetirles millares de veces los conceptos más elementales, es cuando su memoria entrará a retenerlos. La variación en la propaganda no debe alterar jamás el sentido de aquello que es el objeto de esa propaganda, sino que desde el principio hasta el fin debe significar siempre lo mismo. El motivo en cuestión puede ser considerado desde puntos de vista diferentes, mas es condición esencial que toda exposición entrañe en resumen, invariablemente, la misma fórmula. Sólo de esta suerte es posible hacer que la propaganda sea eficaz y uniforme. Sólo la línea maestra, que nunca debe ser abandonada, es capaz, guardando la acentuación uniforme y coherente, de hacer madurar el éxito final. Sólo entonces se podrá constatar con asombro cuán formidables y casi incomprensibles resultados es capaz de producir una persistencia tal. El éxito de toda propaganda, sea en el campo del comercio o en el de la política, supone una acción perseverante y la constante uniformidad de su aplicación. También en esto fue ejemplar la
Adolf Hitler (Mi Lucha)
El conflicto no tiene solución sino cuando Pío XI -este gran papa tan inflexible como conciliador según era menester- se avino a convenir con Mussolini, en 1929, los Acuerdos de Letrán, por los cuales, a cambio de la soberanía pontificia sobre un territorio minúsculo (44 hectáreas tiene en números redondos el Estado de la Ciudad del Vaticano) reconoce la Santa Sede la existencia del Reino de Italia con el territorio que le compete y con Roma como capital. (p. 15) Lo que no depende de la poca o mucha virtud del conquistador, sino de la naturaleza de lo conquistado. (p. 7) … Porque el vulgo se deja llevar siempre del éxito y de las apariencias, y en el mundo no hay sino vulgo (nel mondo non è se non vulgo). (p. 37) .. el dicho de Renan: Después de Atenas, ninguna ciudad ha contribuido tanto como Florencia en la promoción del espíritu humano. (p. 9) Con lo cual queda despachada la cuestión del fin y los medios, los cuales, si son malos, no pueden jamás ponerse por obra, así sea en la consecución del más santo de los fines. (p. 47) Nicolás Maquiavelo fue un escritor extraordinariamente fecundo, y en todos los muchos y variados géneros que cultivó -con la sola excepción de sus poesías, decididamente mediocres-, de suprema excelencia. (p. 11) Sin embargo, el que menos ha confiado en el azar es siempre el que más tiempo se ha conservado en su conquista. También facilita enormemente las cosas el que un príncipe, al no poseer otros Estados, se vea obligado a establecerse en el que ha adquirido. Pero quiero referirme a aquellos que no se convirtieron en príncipes por el azar, sino por sus virtudes. Y digo entonces que, entre ellos, los más ilustres han sido Moisés, Ciro, Rómulo, Teseo y otros no menos grandes. Y aunque Moisés sólo fue un simple agente de la voluntad de Dios, merece, sin embargo, nuestra admiración, siquiera sea por la gracia que lo hacía digno de hablar con Dios. Pero también son admirables Ciro, y todos los demás que han adquirido o fundado reinos; y si juzgamos sus hechos y su gobierno, hallaremos que no deslucen ante los de Moisés, que tuvo tan gran preceptor. Y si nos detenemos a estudiar su vida y sus obras, descubriremos que no deben a la fortuna sino el haberles proporcionado la ocasión propicia, que fue el material al que ellos dieron la forma conveniente. Verdad es que, sin esa ocasión, sus méritos de nada hubieran valido; pero también es cierto que, sin sus méritos, era inútil que la ocasión se presentará. (pp. 9-10) Pero volvamos a nuestro asunto. Cualquiera que meditase este discurso hallaría que la causa de la ruina de los emperadores citados ha sido el odio o el desprecio, y descubriría a qué se debe que, mientras parte de ellos procedieron de un modo y parte de otro, en ambos hubo dichosos y desgraciados. (p. 36) porque el que vence no quiere amigos sospechosos y que no lo ayuden en la adversidad, y el que pierde no puede ofrecer ayuda a quien no quiso empuñar las armas y arriesgarse en su favor. (p. 40)
Niccolò Machiavelli (The Prince)
«Divorciarme, eso es lo que debo hacer», mascullaba para mis adentros, pero debo haberlo dicho más de una vez en voz alta, porque Willie paró la oreja ante la palabra divorcio. Había pasado por dos anteriores y estaba decidido a evitar untercero; entonces me presionó para que consultáramos a un psicólogo. Yo me había burlado sin piedad del terapeuta de Tabra, un alcohólico despelucado que le aconsejaba las mismas perogrulladas que yo podía ofrecerle gratis. En mi opinión, la terapia era una manía de los estadounidenses, gente muy consentida y sin tolerancia para las dificultades normales de la existencia. Mi abuelo me inculcó en la infancia la noción estoica de que la vida es dura y ante los problemas no cabe sino apretar los dientes y seguir adelante. La felicidad es una cursilería; al mundo se viene a sufrir y aprender. Menos mal que el hedonismo de Venezuela suavizó unpoco aquellos preceptos medievales de mi abuelo y me dio permiso para pasarlo bien sin culpa. En Chile, en tiempos de mi juventud, nadie iba a terapia, excepto los locos de atar y los turistas argentinos, así es que me resistí bastante a la propuesta de Willie, pero él insistió tanto que por fin lo acompañé. Mejor dicho, él me llevó de un ala. El psicólogo resultó tener aspecto de monje, llevaba el cráneo afeitado, bebía téverde y permanecía la mayor parte de la sesión con los ojos cerrados. En el condado de Marin se ve a cualquier hora hombres en bicicleta, trotando enpantalones cortos o saboreando su capuchino en mesitas de las veredas. «¿Esta gente no trabaja?», le pregunté una vez a Willie. «Son todos terapeutas», me contestó. Tal vez por eso sentí un gran escepticismo frente al calvo, pero pronto éste se reveló como un sabio. Su oficina era un cuarto desnudo pintado de color arveja, decorado con una tela -mandala, creo que se llama- colgada en la pared. Nos sentamos con las piernas cruzadassobre unos cojines en el suelo, mientras el monje sorbía como un pajarito su té japonés. Empezamos a hablar y pronto se desencadenó una avalancha. Willie y yo nos arrebatábamos la palabra para contarle lo que había pasado contigo, la existencia de espanto que llevaba Jennifer, la fragilidad de Sabrina, mil otros problemas, y mi deseo de mandar todo al diablo y desaparecer. El hombre nos escuchó sin interrumpir y cuando faltaban pocos minutos para que terminara la sesión, levantó sus párpados capotudos y nos miró con una expresión de genuina lástima.«¡Qué tristeza hay en sus vidas!», murmuró. ¿Tristeza? Eso no se nos habíaocurrido a ninguno de los dos. Se nos desinfló la rabia en un instante y sentimos hasta los huesos una pena vasta como el Pacífico, que no habíamos querido admitir por pura y simple soberbia. Willie me tomó la mano, me atrajo a su cojín y nos abrazamos. Por primera vez admitimos que teníamos el corazón muy adolorido. Fue el comienzo de la reconciliación.-Voy a aconsejarles que no mencionen la palabra divorcio durante una semana. ¿Pueden hacerlo? -preguntó el terapeuta. -Sí -respondimos a una sola voz.
Isabel Allende (La suma de los días)
No obstante, la marea creciente del monoteísmo no barrió realmente el dualismo. El monoteísmo judío, cristiano y musulmán asimiló numerosas creencias y prácticas dualistas, y algunas de las ideas más básicas de lo que denominamos «monoteísmo» son, de hecho, dualistas en origen y espíritu. Incontables cristianos, musulmanes y judíos creen en una poderosa fuerza maligna (semejante a la que los cristianos denominan el Diablo o Satanás) que puede actuar independientemente, luchar contra el Dios bueno y causar estragos sin el permiso de Dios. ¿Cómo puede un monoteísta ser partidario de una creencia dualista de este tipo (que, por otro lado, no puede encontrarse en parte alguna del Antiguo Testamento)? Lógicamente, es imposible. O bien uno cree en un Dios único y omnipotente o bien cree en dos poderes opuestos, ninguno de ellos omnipotente. Aun así, los humanos poseen una maravillosa capacidad para creer en contradicciones. De manera que no debería ser ninguna sorpresa que millones de piadosos cristianos, musulmanes y judíos consigan creer a la vez en un Dios omnipotente y en un Diablo independiente. Incontables cristianos, musulmanes y judíos han ido más lejos y han llegado a imaginar que el buen Dios necesita incluso nuestra ayuda en su lucha contra el Diablo, lo que, entre otras cosas, inspiró la convocatoria de yihads y cruzadas. Otro concepto dualista clave, en particular en el gnosticismo y el maniqueísmo, era la distinción clara entre cuerpo y alma, entre materia y espíritu. Los gnósticos y maniqueos argumentaban que el dios bueno creó el espíritu y el alma, mientras que la materia y los cuerpos son la creación del dios malo. El hombre, según esta concepción, sirve de campo de batalla entre el alma buena y el cuerpo malo. Desde una perspectiva monoteísta, esto es un disparate: ¿por qué distinguir de manera tan tajante entre cuerpo y alma, o entre materia y espíritu? ¿Y por qué aducir que el cuerpo y la materia son malignos? Al fin y al cabo, todo fue creado por el mismo Dios bueno. Pero los monoteístas no pudieron dejar de sentirse cautivados por las dicotomías dualistas, precisamente porque les ayudaban a afrontar el problema del mal. De manera que dichas oposiciones acabaron siendo piedras angulares del pensamiento cristiano y musulmán. La creencia en el Cielo (el reino del dios bueno) y el Infierno (el reino del dios malo) fue también dualista en su origen. No hay rastro de tal creencia en el Antiguo Testamento, que tampoco afirma que el alma de la gente continúe viviendo después de la muerte. De hecho, el monoteísmo, tal como se ha desarrollado en la historia, es un caleidoscopio de herencias monoteístas, dualistas, politeístas y animistas, mezcladas en un revoltillo bajo un único paraguas divino. El cristiano cree en el Dios monoteísta, pero también en el Diablo dualista, en santos politeístas y en espíritus animistas. Los estudiosos de la religión tienen un nombre para esta admisión simultánea de ideas distintas e incluso contradictorias y la combinación de rituales y prácticas tomadas de fuentes distintas. Se llama sincretismo. El sincretismo, en realidad, podría ser la gran y única religión del mundo.     L
Yuval Noah Harari (Sapiens. De animales a dioses: Una breve historia de la humanidad)
La suposición de que todas las razas son, por sus características, iguales, puede ser seguida de una manera parecida a considerar a las naciones llegándose en escala descendente a afirmar idéntica cosa hasta de los mismos hombres. En esta forma, el mismo marxismo internacional no pasa de ser un punto de vista general del mundo – sostenido en verdad por espacio de muy largo tiempo – y llevado adelante por el judío Karl Marx a modo de credo político. De faltarle el apoyo de un proceso de envenenamiento semejante, el extraordinario éxito político de estas doctrinas habría sido imposible. Karl Marx fue sencillamente, y en realidad, el único individuo entre millones que en el lodazal de un mundo corrompido descubrió, con el ojo seguro del profeta, la ponzoña indispensable, extractándola como por arte de magia en una solución concentrada a fin de acelerar la destrucción de la existencia independiente de las naciones libres de esta Tierra. Y todo ello con el propósito de servir a su propia raza. En este sentido puede decirse que la doctrina marxista constituye el epítome intelectual de las teorías del mundo que prevalecen hoy en día. En esta parte del mundo la cultura humana y la civilización están indisolublemente ligadas a la presencia del elemento ario. Si ese elemento desapareciese o fuera vencido, el negro velo de un periodo de barbarie volvería a descender sobre el mundo. Para todo aquel que contemple a este último con ojos de nacionalista, cualquier brecha abierta en la existencia de la civilización humana merced a la destrucción de la raza que la protege, será siempre el más condenable de los crímenes. Quien ose poner la mano en la más noble imagen de Dios, pecará contra el bondadoso Creador de esta maravilla y contribuirá a su propia expulsión del paraíso. Todos sabemos que en un porvenir lejano, la humanidad deberá afrontar problemas cuya solución exigirá que una raza excelsa en grado superlativo, apoyada por las fuerzas de todo el planeta, asuma la dirección del mundo. La organización de una política mundial sólo podrá efectuarse, en todos los tiempos, mediante su enunciación definida y exacta; los prinicipios de un partido en formación son para éste lo que el dogma es para la religión. Por consiguiente, así como la organización del partido marxista traza actualmente el camino hacia el internacionalismo, así debe contar la política nacionalista con un instrumento que nos ofrezca una posibilidad de defenderla por la fuerza. Éste es el objetivo que persigue el Partido Nacional Socialista Obrero Alemán. Advertí, pues, que me estaba reservada la particular misión de extraer las ideas centrales de la masa informe de esta teoría general del mundo, para remodelarlas y darles una forma más o menos dogmática, de modo que por su franqueza y claridad fuera capaz de unir sólidamente a cuantos la aprobasen. En otras palabras: el Partido Nacional Socialista Obrero Alemán se propone adaptar los principios esenciales de una teoría racista del mundo a las posibilidades prácticas que nos ofrecen los tiempos y el material humano actuales, para lograr el triunfo de aquella teoría del mundo, triunfo que tendrá lugar cuando tales métodos hayan tornado posible la rígida organización de grandes masas.
Adolf Hitler (Mi Lucha)
En cuanto al fin que nos proponen Plinio y Cicerón, la gloria, estoy muy lejos de tenerla en cuenta. La inclinación más contraria al retiro es la ambición. La gloria y el reposo no pueden alojarse en el mismo albergue. Por lo que veo, estos sólo tienen los brazos y las piernas fuera de la multitud; su alma y su intención continúan, más que nunca, atadas a ella: b | Tun’ uetule auriculis alienis colligis escas? [Entonces, viejo, ¿trabajas sólo para alimentar los oídos ajenos?] a | Se han echado atrás solo para saltar mejor, y para, con un movimiento más fuerte, penetrar más vivamente en la muchedumbre. ¿Queréis ver cómo se quedan cortos por un pelo? Comparemos las opiniones de dos filósofos [Epicuro y Séneca], y de dos escuelas muy diferentes, uno escribiendo a Idomeneo, otro a Lucillo, amigos suyos, para apartarlos de la administración de los negocios y de las grandezas, y dirigirlos hacia la soledad. Hasta ahora has vivido —dicen— nadando y flotando; ven a morir al puerto. Has entregado el resto de tu vida a la luz, entrega esta parte a la sombra. Es imposible abandonar las tareas si no renuncias a su fruto; así pues, deshazte de toda preocupación por el nombre y por la gloria. Existe el peligro de que el brillo de tus acciones pasadas te ilumine en exceso, y te siga hasta el interior de tu guarida. Abandona, junto a los demás placeres, el que brinda la aprobación ajena; y, en cuanto a tu ciencia y capacidad, no te importe: no perderán su eficacia porque tú valgas más que ellas. Acuérdate de aquel que, cuando le preguntaron para qué se esforzaba tanto en un arte que no podía ser conocido por mucha gente, respondió: «Me basta con pocos, me basta con uno, me basta con ninguno». Tenía razón. Tú y un compañero sois teatro de sobra suficiente el uno para el otro, o tú para ti mismo. Que el pueblo sea para ti uno solo, y que uno solo sea para ti todo el pueblo. Es una ambición cobarde pretender obtener gloria de la ociosidad y del ocultamiento. Tenemos que hacer como los animales, que borran su rastro a la entrada de su guarida. No has de buscar más que el mundo hable de ti, sino cómo has de hablarte a ti mismo. Retírate en tu interior, pero primero prepárate para acogerte; sería una locura confiarte a ti mismo si no te sabes gobernar. Uno puede equivocarse tanto en la soledad como en la compañía. Hasta que no te hayas vuelto tal que no oses tropezar ante ti, y hasta que no sientas vergüenza y respeto por ti mismo, c | obuersentur species honestae animo [que se ofrezcan imágenes honestas al espíritu], a | represéntate siempre en la imaginación a Catón, Foción y Aristides, ante los cuales aun los locos ocultarían sus faltas, y establécelos como censores de todas tus intenciones. Si estas se desvían, la reverencia por ellos te devolverá al camino. Te retendrán en la vía de contentarte contigo mismo, de no tomar nada en préstamo sino de ti, de detener y fijar el alma en unos pensamientos definidos y limitados donde pueda complacerse; y, tras haber entendido los verdaderos bienes, que se gozan a medida que se entienden, de contentarse con ellos, sin ansias de prolongar la vida ni el nombre. Este es el consejo de la verdadera y genuina filosofía, no de una filosofía ostentosa y verbal, como es la de los dos primeros.
Michel de Montaigne (The Complete Essays)
Debido a su intuición de la unidad de la naturaleza, su mente, su ojo y su pluma se lanzaron a detectar relaciones saltando de una disciplina a otra. «Esta búsqueda constante de formas básicas, recurrentes y orgánicas suponía que, cuando miraba un corazón como un fruto rodeado de una red de venas, veía, y dibujaba a su lado, los brotes que germinan de una semilla —escribió Adam Gopnik—. Al estudiar los rizos de la cabeza de una bella mujer, pensaba en el movimiento circular de un remolino de agua.»[14] Su dibujo de un feto en el útero pone de manifiesto su parecido con una semilla dentro de la cáscara. Al inventar instrumentos musicales, Leonardo estableció una comparación entre el funcionamiento de la laringe y el glissando de una flauta. Al participar en el concurso de proyectos para el tiburio de la catedral de Milán, fijó una correspondencia entre arquitectos y médicos que reflejaba la analogía fundamental de su arte y su ciencia: la que existe entre el mundo físico y la anatomía humana. Al diseccionar una extremidad y dibujar sus músculos y tendones, trazaba asimismo cuerdas y palancas. Vimos un ejemplo de este análisis basado en pautas y patrones en la «hoja temática», en la que se disponía una relación de semejanza entre las ramas de un árbol y las arterias de un ser humano, que Leonardo también aplicaba a los ríos y sus afluentes. «La suma de todas las ramas de un árbol en cada una de sus distintas alturas resulta igual al grosor del tronco principal —escribió en otro lugar—. La suma de las ramificaciones de un curso de agua en cada uno de sus puntos, si fluyen con la misma rapidez, es igual al caudal de la corriente principal.»[15] Esta conclusión todavía se conoce como «regla de Da Vinci» y se ha demostrado cierta siempre que las ramas no sean muy grandes: la suma de las áreas transversales de todas las ramas en un determinado punto de ramificación equivale al área transversal del tronco o de la rama madre.[16] Otra analogía que hizo fue comparar la forma en que la luz, el sonido, el magnetismo y las reverberaciones causadas por un golpe de martillo se propagan siguiendo un patrón concéntrico, en general en forma de ondas. En uno de sus cuadernos realizó una serie de pequeños dibujos puestos en columna para indicar cómo se expande cada campo de fuerza. Incluso ilustró lo que sucedía cuando cada tipo de onda chocaba con un orificio en la pared; prefigurando los estudios que realizaría el físico neerlandés Christiaan Huygens al cabo de casi dos siglos, representó la difracción que se produce cuando las ondas atraviesan la abertura.[17] La mecánica de ondas constituyó para Leonardo una simple curiosidad pasajera, pero incluso en ella su genio parece asombroso. Las correlaciones que Leonardo establecía entre distintas disciplinas le servían para orientar sus investigaciones. La comparación entre los remolinos de agua y las turbulencias del aire, por ejemplo, le proporcionó el marco para estudiar el vuelo de las aves. «Con el fin de exponer la verdadera ciencia del vuelo de las aves en el aire —escribió—, tenemos que tratar primero de la ciencia de los vientos, que probaremos por el movimiento de las aguas.»[18] Aun así, los patrones que discernía eran más que simples guías útiles para el estudio. Los consideraba revelaciones de verdades esenciales, manifestaciones de la hermosa unidad de la naturaleza.
Walter Isaacson (Leonardo da Vinci: La biografía)
En la Feria del Libro de Bogotá, un hombre me dio un papel en el que había consignado una teoría: a lo largo de la historia, Dios había repetido muchas veces las caras de los humanos. Con la invención de la fotografía y la proliferación de las reproducciones de la imagen, el proceder estaba cerca de ser descubierto: la gente empezaba a encontrar que su rostro ya había vivido en otro momento, en otro lugar, con otro nombre. Por eso, Dios se estaba dando prisa para acabar el mundo. El papel tenía el título de «Verdad sobre el calentamiento global y el metro de Bogotá».
Carolina Sanín (Tu cruz en el cielo desierto)
...el ideal autoritario pervive intacto en innumerables símbolos, costumbres, tendencias y hasta concepciones del mundo, que exhiben la misma confianza en la delegación, e idéntica fe en la omnipotencia. Sociedades abiertas al intercambio libre de bienes y servicios parecen el epítome de una crueldad insolidaria, cuando todos estaríamos mucho mejor con un patrimonio prácticamente idéntico.“Eso no cambia que la división del trabajo se apoye sobre la diversidad humana, y que sin el orden inventado en cada instante por las iniciativas de esa diversidad solo haya una organización piramidal despótica. Nos entregaremos entonces al arbitrio de salvadores, cuyos planes serán a fin de cuentas una reedición de viejas ofertas, empobrecidas adicionalmente por el hecho de que esos mesías no tienen siglos de experiencia en el mando, como las iglesias y ejércitos tradicionales. Sin embargo, esa entrega al salvador —arcaico o modernísimo— bien pudiera no tener relación alguna con el deseo de disfrutar libertad y prosperidad. Tanto algunos ricos como algunos pobres prefieren ilusionarse con cierta redención sectaria a vivir libres y acomodados, porque de puertas adentro no se soportan. Si despiertan deprimidas (por costumbre o por alguna resaca), ciertas personas pontificarán sobre lo depresivo del mundo, aunque estén rodeadas por personas llenas de entusiasmo. Les vale, pues, cualquier representación que ayude a borrar las fronteras entre su realidad y la ajena. También podría decirse que no han sido bendecidas por un amor a la objetividad, sino cargadas con un deseo de ser y no ser al mismo tiempo.
Antonio Escohotado (Sesenta semanas en el trópico: Viajes por el planeta exterior)
De noche nos pasábamos las horas hablando de mil cosas por hacer y a veces en pequeñas discusiones llegaba a amanecer. Y siempre amanecia con un beso y tú, después me preparabas un café y yo me despedía cada día soñando con volver. Parábamos el tiempo día a día quería descubrirte cada vez prendido de tu vida y tú prendida de la mía el mundo parecía a nuestros pies. Ya ves que todo pasa, quién diría ya ves que poco queda del ayer apenas los recuerdos momentos que no vuelven otra vez. Te acuerdas de las veces que dijimos, que nada nos podría separar el viento que escuchaba tus palabras cantaba tu cantar. Y yo me cobijaba por tu cuerpo, y tu echabas los sentidos a volar perdidos en la noche y el silencio soñábamos soñar. La vida se hace siempre de momentos, de cosas que no sueles valorar y luego cuando pierdes cuando al fin te has dado cuenta el tiempo no te deja regresar. Ya ves que todo pasa, quién diría ya ves que poco queda por contar apenas los recuerdos momentos que no vuelven nunca más.
Andrea Bocelli (Andrea Bocelli - Amore Piano, Vocal and Guitar Chords)
Si me pides que te acompañe al fin del mundo, lo hago encantada. Pero que quede claro: voy contigo, no detrás de ti.
Utopía – Ana Calatayud L. (Verso a verso fui creciendo)
Al hablar de pueblo esto implica manejar una realidad amplia de lo que significa la comunidad de origen, una comunidad cultural en la cual la historia y la cultura es el lazo o nexo que recluta a los sujetos, en oposición a la “comunidad imaginada”, que es parte de la construcción estatal. Hablar de Pueblo es hablar de cómo se existe en diversos espacios, al mismo tiempo, que en el caso mapuche se encuentra en oposición a otro grupo humano, en una situación de resistencia a la subordinación, en una posición contra-hegemónica en el sentido gramsciano, es decir en construir unidad y continuidad del sujeto histórico, con el fin de convertirse en expresión política. Es por ello que la cultura resulta un elemento aglutinante, que permite reclutar a los sujetos, dotando de un sentimiento de pertinencia y de autovaloración de manera individual como colectiva, funda además la visión epistémica, es decir, como construye su mundo, y su visión ontológica, el orden social y el sentido de mundo que se tiene, que lo que diferencia de otro colectivo humano.
Sergio Caniuqueo
Los juegos finitos son jugados por jugadores conocidos. Tienen reglas fijas. Y hay un objetivo acordado que, cuando se logra, pone fin al juego. Por ejemplo, el fútbol es un juego finito. Todos los jugadores llevan uniformes y son fácilmente identificables. Hay un conjunto de reglas y árbitros que hacen que se cumplan. Todos los jugadores han acordado jugar según esas reglas y aceptan las sanciones que se les imponen cuando se las saltan. Todos están de acuerdo en que el equipo que marca más puntos al final del tiempo definido será declarado ganador, el juego acabará y todo el mundo se irá a casa. En los juegos finitos siempre hay un principio, una media parte y un fin. En cambio, los juegos infinitos son jugados por jugadores conocidos y desconocidos. No hay reglas exactas o acordadas. Puede que haya convenciones o leyes que rijan cómo se deben comportar los jugadores. Pero, dentro de unos márgenes amplios, los jugadores pueden actuar como quieran. Si optan por romper las convenciones, pueden hacerlo. La manera en la que cada jugador decide jugar depende totalmente de él o ella. Y puede cambiar su forma de jugar en cualquier momento y por cualquier razón. Los juegos infinitos tienen horizontes temporales infinitos. Y, como no hay una línea de llegada, no hay un fin práctico del juego, este tipo de juego no se puede «ganar». En un juego infinito, el objetivo principal es seguir jugando, perpetuar el juego.
Simon Sinek (El juego infinito: ¿Sabes a qué estás jugando?)
Toda la alegría silenciosa de Sísifo consiste en eso. Su destino le pertenece. Su roca es su cosa. Del mismo modo, el hombre absurdo, cuando contempla su tormento, hace callar a todos los ídolos. En el universo súbitamente devuelto a su silencio se elevan las mil vocecitas maravilladas de la tierra. Llamamientos inconscientes y secretos, invitaciones de todos los rostros constituyen el reverso necesario y el premio de la victoria. No hay sol sin sombra y es necesario conocer la noche. El hombre absurdo dice "sí" y su esfuerzo no terminará nunca. Si hay un destino personal, no hay un destino superior, o, por lo menos, no hay más que uno al que juzga fatal y despreciable. Por lo demás, sabe que es dueño de sus días. En ese instante sutil en que el hombre vuelve sobre su vida, como Sísifo vuelve hacia su roca, en ese ligero giro, contempla esa serie de actos desvinculados que se convierte en su destino, creado por él, unido bajo la mirada de su memoria y pronto sellado por su muerte. Así, persuadido del origen enteramente humano de todo lo que es humano, ciego que desea ver y que sabe que la noche no tiene fin, está siempre en marcha. La roca sigue rodando. Dejo a Sísifo al pie de la montaña. Se vuelve a encontrar siempre su carga. Pero Sísifo enseña la fidelidad superior que niega a los dioses y levanta las rocas. El también juzga que todo está bien. Este universo en adelante sin amo no le parece estéril ni fútil. Cada uno de los granos de esta piedra, cada fragmento mineral de esta montaña llena de oscuridad, forma por sí solo un mundo. El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo dichoso. --- P.97
Albert Camus (El mito de Sísifo)
Cuando la música enmudece, todo el mundo aclama, con el rostro iluminado, a los integrantes del coro, radiantes. Es tan hermoso. A fin de cuentas me pregunto si el verdadero movimiento del mundo no es el canto.
Muriel Barbery (La elegancia del erizo)
mayor amor presente = mayor sufrimiento futuro.
Alejandro Gaviria (Otro fin del mundo es posible (Spanish Edition))
A fin de cuentas, nacemos y es como si en el mismo instante de venir al mundo nos abandonasen en mitad de una inmensa duna de arena blanca.
Hiromi Kawakami (De pronto oigo la voz del agua)
¿Acaso es culpa mía haber nacido para ser heroína? Todo el mundo representa el papel que se le ha sido asignado, fin del cuento.
Shannon Hale (The Storybook of Legends (Ever After High, #1))
Se puede ir al fin del mundo sin salir de una habitación
Natalia Sanmartín Fenollera (The Awakening of Miss Prim)
intervención humana, «los neoliberales […] han apuntado a las condiciones extraeconómicas que posibilitan un sistema económico libre».[33] No todo el mundo reconoce que el ordoliberalismo alemán y la economía austriaca no se centraban en la economía como tal, sino en las instituciones que generaban un espacio para la economía.[34] Cuando Hayek mencionaba las «fuerzas autorreguladoras de la economía» —como hizo, por ejemplo, durante la conferencia inaugural que dio al asumir su cargo en Friburgo—, inmediatamente después hablaba de la necesidad de un «marco» para la economía.[35] Su obra se centraba en la cuestión del diseño de lo que en el libro que escribió después de Camino de servidumbre llamó los «fundamentos de la libertad».[36]
Quinn Slobodian (Globalistas: El fin de los imperios y el nacimiento del neoliberalismo (Ensayo) (Spanish Edition))
¿Tienen algo que ver con los intereses de los humildes las querellas retóricas de los partidos burgueses?
Mario Vargas Llosa (La Guerra Del Fin Del Mundo (Spanish Edition))
España dejó tras de sí una religión e innumerables monumentos, una tradición y mucha literatura. Sobre todo, creó provincias y dominios que lograron madurar en los nuevos países independientes de América Latina. Gran Bretaña no lo hizo tan bien en Oriente Medio, África ni el Lejano Oriente. India y Pakistán son dos países en guerra; México y Argentina, no. Las guerras en América Latina son raras. En comparación con el resto del mundo, se nos antoja ahora un oasis de paz. La presencia de la madre patria continúa siendo una fuerte influencia sobre todo en la vida literaria; y la vida literaria sobresale con fuerza en la cultura hispanoamericana. Resulta permisible preguntarse si ocurrió alguna vez el ocaso de España y el fin de su imperio cuando se visita América Latina.
Hugh Thomas (World Without End: Spain, Philip II, and the First Global Empire)
Cayó la noche. Sobre la cumbre de la colina, el viento sopló arrastrando polvo sobre los fragmentos de lo que antaño había sido un ter’angreal. Allá abajo se hallaba la tumba de Shadar Logoth, abierta para dar esperanza al mundo. Y, en la lejana Tremalking, empezó a correr el rumor de que la Época de las Ilusiones llegaba a su fin.
Robert Jordan (El corazón del invierno (La rueda del tiempo, #9))
La cura, tanto para la mujer ingenua como para aquella cuyo instinto ha sido lesionado, es la misma: Practicar la escucha de la propia intuición, de la propia voz interior; hacer preguntas; sentir curiosidad; ver lo que se tenga que ver; oír lo que se tenga que oír; y actuar después de acuerdo con aquello que una sabe que es verdad. El alma recibe al nacer las facultades intuitivas. Es posible que éstas estén cubiertas por años y años de cenizas y excrementos, pero no es el fin del mundo, pues todo eso se puede limpiar. Frotando, rascando y practicando, la capacidad de percepción puede recuperar su estado inicial.
Clarissa Pinkola Estés (Mujeres que corren con los Lobos / Women Who Run with the Wolves (Spanish Edition))