Ciudad Quotes

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Buscás eso que llamas la armonía, pero la buscás justo ahí donde acabás de decir que no está, entre los amigos, la familia, en la ciudad...
Julio Cortázar (Hopscotch)
Pero el amor, esa palabra... Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado...
Julio Cortázar
Viajar, perder ciudades, perderlos todos.
Enrique Vila-Matas (Recuerdos inventados: Primera antología personal)
La ciudad era papel, pero los recuerdos no
John Green (Paper Towns)
Donde no hay libros hace frío. Vale para las casas, las ciudades, los países. Un frío cataclismo, un páramo de amnesia
María Elena Walsh
Quién soy en esta ciudad muerta?...No entiendo sino las cenizas.
Pablo Neruda
Da lo mismo la lengua que hables o la ropa que lleves. Hay cosas que no cambian. Las familias. Los amigos. Los enamorados. Son iguales en todas las ciudades de todos los países de todos los continentes del mundo.
Annabel Pitcher (Ketchup Clouds)
Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos ( o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonio acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenian una segunda oportunidad sobre la tierra.
Gabriel García Márquez (One Hundred Years of Solitude)
«Solo se vive una vez, pero si lo haces bien, una es suficiente». Eternamente tuyo, Bosco
Esther Sanz (La ciudad de la luna eterna (El bosque, #3))
Sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres. Así la poesía no habrá cantado en vano.
Pablo Neruda (Toward the Splendid City: Nobel Lecture)
En esta ciudad eterna el tiempo se detuvo hace varios siglos... Y tú y yo podemos volver a detenerlo, si quieres, durante un instante.
Esther Sanz (La ciudad de la luna eterna (El bosque, #3))
Y una a una las noches entre nuestras ciudades separadas se agregan a la noche que nos une.
Pablo Neruda
Somos todas las piezas de lo que recordamos. Tenemos en nosotros mismos las esperanzas y los temores de quienes nos aman. Mientras hay amor y memoria, no hay verdadera pérdida.- Tessa
Cassandra Clare (City of Heavenly Fire (The Mortal Instruments, #6))
Màs vale hombre paciente que valiente, mejor dominarse que conquistar ciudades
Paramahansa Yogananda (Autobiography of a Yogi)
Las ciudades desiertas o desenterradas son incomparablemente más bellas que las vivas.
Giovanni Papini (Gog / El libro negro)
...pero tenía la impresión de haber soñado dos ciudades perdidas: literalmente: ciudades perdidas dentro de otras ciudades perdidas, deambulando todas sobre una superficie impenetrable
Yuri Herrera (Señales que precederán al fin del mundo)
Dicen que el vértigo es, en realidad, una atracción fatal hacia el abismo, que es la muerte quien nos llama para sellar nuestro destino.
Esther Sanz (La ciudad de la luna eterna (El bosque, #3))
Si no puedo convencer al cielo, moveré a los infiernos.
Cassandra Clare (City of Lost Souls (The Mortal Instruments, #5))
Eres heterosexual y tienes bajas expectativas de las figuras paternales. —Probablemente pondrán eso en mi lápida “Era Heterosexual y Tenía Bajas Expectativas.
Cassandra Clare (City of Heavenly Fire (The Mortal Instruments, #6))
Es difícil encariñarse con algo que no desciende nunca de su pedestal.
Victoria Álvarez (La ciudad de las sombras (Helena Lennox, #1))
-Si lo que pretendes es suicidarte, adelante. Pero la muerte es un lugar sumamente aburrido, te lo advierto. Está lleno de estatuas mal hechas, ciudades nauseabundas y viejas chifladas. Hector se giró hacia la voz, aturdido al reconocerla. -No te miento. Vengo de allí.
José Antonio Cotrina (La sombra de la luna (El ciclo de la luna roja, #3))
O comes o te comen, no hay más remedio.
Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros)
Querida nunca conseguirás gustarle a todo el mundo, ni en París ni en tu ciudad natal. La opinión de un desconocido debería traerte sin cuidado
Victoria Álvarez (La voz de Amunet)
Lo tocó murmurando la letra, con el violín bañado en lágrimas, y con una inspiración tan intensa que a los primeros compases empezaron a ladrar los perros de la calle, y luego los de la ciudad, pero después se fueron callando poco a poco por el hechizo de la música, y el valse terminó con un silencio sobrenatural. El balcón no se abrió, ni nadie se asomó a la calle, ni siquiera el sereno que casi siempre acudía con su candil tratando de medrar con las migajas de las serenatas. El acto fue un conjuro de alivio para Florentino Ariza, pues cuando guardó el violin en el estuche y se alejó por las calles muertas sin mirar hacia atrás, no sentía ya que iba la mañana siguinte, sino que se había ido desde hacía muchos años con la disposición irrevocable de no volver jamás.
Gabriel García Márquez
La eternidad es demasiado larga para convertirla en una condena.
Esther Sanz (La ciudad de la luna eterna (El bosque, #3))
-Kat- Pronunció mi nombre como si fuera una especie de oración, y luego me dio un beso en la piel detrás de la oreja-. Rompí todas las reglas de mi clase por sanarte y mantenerte conmigo. Me casé contigo y quemé toda una ciudad para mantenerte a salvo. He matado por ti. ¿Crees que iba a olvidar lo que significas para mi? ¿Que nada en este mundo; en cualquier mundo; sería más fuerte que mi amor por ti?
Jennifer L. Armentrout (Opposition (Lux, #5))
No intentes enterrar el dolor: se extenderá a través de la tierra, bajo tus pies; se filtrará en el agua que hayas de beber y te envenenará la sangre. Las heridas se cierran, pero siempre quedan cicatrices más o menos visibles que volverán a molestar cuando cambie el tiempo, recordándote en la piel su existencia, y con ella el golpe que las originó. Y el recuerdo del golpe afectará a decisiones futuras, creará miedos inútiles y tristezas arrastradas, y tú crecerás como una criatura apagada y cobarde. ¿Para qué intentar huir y dejar atrás la ciudad donde caíste? ¿Por la vana esperanza de que en otro lugar, en un clima más benigno, ya no te dolerán las cicatrices y beberás un agua más limpia? A tu alrededor se alzarán las mismas ruinas de tu vida, porque allá donde vayas llevarás a la ciudad contigo. No hay tierra nueva ni mar nuevo, la vida que has malogrado malograda queda en cualquier parte del mundo.
Lucía Etxebarria (Beatriz y los cuerpos celestes)
El Distrito Federal es una ciudad que tiene origen de quimera, sacada del agua, levantada sobre el agua. Los mexicanos viven sobre lo inestable, trampa, marisma y pantano a la vez. Aquí lo real y lo irreal se confunden.
Elena Poniatowska
El amor para mí es como el aire, no se le puede poner barreras, ni limitar entre dos personas.
Esther Sanz (La ciudad de la luna eterna (El bosque, #3))
Lo sublime debe ser efímero, como la propia existencia, insignificante en el universo y, aun así, tan valiosa para el alma.
Esther Sanz (La ciudad de la luna eterna (El bosque, #3))
Los zorros del desierto de Sechura aúllan como demonios cuando llega la noche; ¿sabes por qué?: para quebrar el silencio que los aterroriza.
Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros)
No hay modo de fingir. Te amo y te amaré hasta que muera, y si hay una vida después de ésta te amaré aun entonces.
Cassandra Clare (City of Glass (The Mortal Instruments, #3))
-a Veracruz lo llaman el "Jardín de Aclimatación": si sobrevives en esa ciudad, sobrevives en cualquier lugar de México-.
Fernando del Paso (Noticias del Imperio)
Apoderarse de un corazón que no está acostumbrado a los ataques es entrar en una ciudad abierta y sin guarnición.
Alexandre Dumas (La Dama de las Camelias)
Se dio cuenta de que su vida se parecía tanto a la ciudad en hora pico: ambas estaban a punto de estallar
Maria Fernanda Heredia (La lluvia sabe por qué)
Todas las chicas tienen el corazón roto. Las carreteras están atascadas durante el fin de semana. Todo el mundo quiere estar lejos de donde ha nacido. Al menos el viernes por la noche. Los bares ya no dan dos por una y en esta ciudad tienes que ganar mucho para poder beber en el centro. Los camareros han enterrado sus sonrisas porque es viernes por la noche y la gente coge todo lo que brilla. Con o sin permiso. Las niñas bonitas siempre son las que están más tristes porque saben que hay más tipos dispuestos a hacerles daño. Las niñas feas se dejan ir y bailan toda la noche solas, o unas con otras y no tienen suerte ni atrayendo las desgracias. Los tíos con coche juegan con los dados trucados y los que tienen dinero nos están viendo a todos las cartas. Las madres no duermen en toda la noche porque saben que duele pero también saben que no hay nada mejor y no acaban de decidir qué es lo más peligroso. No hay nadie que no dispare el viernes por la noche, ni hay quien esquive los disparos. Sé que no puedo esperar que estés siempre sola, lo único que te pido es que no te lo creas todo. No te fíes de los anillos de oro, ni de las carrozas de plata. Todos mentimos bien los viernes por la noche.
Ray Loriga (Héroes)
Los humanos podemos resultar difíciles cuando sufrimos por un ser querido
Cassandra Clare (City of Fallen Angels (The Mortal Instruments, #4))
Solo quien olvida el amor puede ser inmune a la belleza.
Esther Sanz (La ciudad de la luna eterna (El bosque, #3))
Los edificios y los adoquines y las escaleras y los callejones y las iglesias y los parques…, todo, la ciudad entera, nos perteneció por un precioso instante que era largo y ancho y, Stu, lo llenamos hasta el último resquicio. Aquello era vivir. Vivir de verdad
Annabel Pitcher (Ketchup Clouds)
-Tendría que haber caído yo -me había dicho él al verme así-. Quizá entonces no estarías tan triste. -Si hubieras caído tú, en lugar de Bosco, ahora no estaría rastreando el bosque. Habría ido a buscarte a la eternidad." Robin y Clara
Esther Sanz (La ciudad de la luna eterna (El bosque, #3))
Entre el lenguaje, ser por naturaleza social, y el escritor, que sólo engendra en la soledad, se establece así una relación muy extraña: gracias al escritor el lenguaje amorfo, horizontal, se yergue e individualiza; gracias al lenguaje, el escritor moderno, rotas las otras vías de comunicación con su pueblo y su tiempo, participa en la vida de la Ciudad.
Octavio Paz (El laberinto de la soledad / Postdata / Vuelta a El laberinto de la soledad)
لە شەوێکی دڵگیر هیچ شتێک زۆرتر لە خوێندنی کتێبێکی باش مرۆڤ هێور ناکاتەوە، نە سەیرکردنی فیلم و نە گوێگرتن لە مۆسیقا. بخەوی و بخوێنی و بێخەیاڵی عالەم و ئادەم و دنیا بیت.
Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros)
Cuando todos se vayan a otros planetas yo quedaré en la ciudad abandonada...
Jorge Teillier
Algunos turistas creen que Amsterdam es la ciudad del pecado, pero en realidad es la ciudad de la libertad. Y en la libertad casi todos encuentran el pecado.
John Green (Bajo la misma estrella)
Se acabó esa ciudad. Terminó aquel país. No hay memoria del México de aquellos años. Y a nadie le importa: de ese horror quién puede tener nostalgia
José Emilio Pacheco
En otras ciudades, la gente inteligente sale y hace dinero. En Dublín, la gente inteligente se queda en casa y hace libros". -Anne Enright
Santiago Posteguillo
Coro Nadie llega a ninguna parte, las ciudades huyen y se esconden. Ejércitos de caminantes señalan falsos rumbos. Hemos nacido para no llegar
Alejandro Dolina
—Adónde vamos? La sonrisa de Rhys se ensanchó cada vez más. —A Velaris, la Ciudad de la Luz de las Estrellas. –Capítulo 13, pág. 129
Sarah J. Maas (A Court of Mist and Fury (A Court of Thorns and Roses, #2))
Ya saben: se puede estar solo en una fiesta de declarados amigos, en un asado familiar, en una mesa ruidosa de ex compañeras del secundario; se puede estar sola en la ciudad -a todas nos ha pasado-aunque todos los flacos te miren y te murmuren cosas cuando pasás. Pero, ¿saben que? también estamos solas cuando al amor lo encontramos online: lo leemos, lo sentimos, pero no lo vemos. Cuando las pruebas sólo son escritas, duele.
Cielo Latini (Chubasco)
Mi cuarto esta oscuro, y Etienne envuelve sus brazos a mi alrededor. Escuchamos a la cantante de ópera en un silencio tranquilo. Estoy sorprendida por lo mucho que extrañare Francia. Atlanta fue casa por casi diesiocho años e incluso cuando solo he estado en Paris por los últimos nueve meses, me ha cambiado. Tengo una ciudad entera que conocer el año que viene pero no estoy asustada. Porqué tenía razón. Para nosotros dos, casa no es un lugar. Es una persona. Y finalmente estamos en casa.
Stephanie Perkins
Hay libros que tenemos a nuestro lado veinte años sin leerlos, libros de los que no nos alejamos, que llevamos de una ciudad a otra, de un país a otro, cuidadosamente empaquetados, aunque haya muy poco sitio, y que tal vez hojeamos en el momento de sacarlos de la maleta; sin embargo, nos guardamos muy bien de leer aunque sólo sea una frase completa. Luego, al cabo de veinte años, llega un momento en el que, de repente, como si estuviéramos bajo la presión de un imperativo superior, no podemos hacer otra cosa que coger un libro de estos y leerlo de un tirón, de cabo a rabo: este libro actúa como una revelación. En aquel momento sabemos por qué le hemos hecho tanto caso. Tenía que ocupar sitio; tenía que ser una carga, y ahora ha llegado a la meta de su viaje; ahora levanta su vuelo; ahora ilumina los veinte años transcurridos en los que ha vivido mudo a nuestro lado. No hubiera podido decir tantas cosas si no hubiera estado mudo durante este tiempo, y qué imbécil se atrevería a afirmar que en el libro hubo siempre lo mismo.
Elias Canetti
A mí tan sólo me gusta ver las ciudades desde lo alto y abrazar mujeres que no pronuncien la palabra siempre. O que lo hicieron una vez y se arrepienten de ello: me gustan mucho las mujeres casadas.
José Ovejero (La invención del amor)
Me llamo Kvothe, que se pronuncia «cuouz». Los nombres son importantes porque dicen mucho sobre la persona. He tenido más nombres de los que nadie merece. Los Adem me llaman Maedre. Que, según como se pronuncie, puede significar la Llama, el Trueno o el Árbol Partido Mi primer mentor me llamaba E’lir porque yo era listo y lo sabía. Mi primera amante me llamaba Dulator porque le gustaba cómo sonaba. Me han llamado Kvothe el Sin Sangre, Kvothe el Arcano y Kvothe el Asesino de Reyes. Todos esos nombres me los he ganado. Los he comprado y he pagado por ellos. Pero crecí siendo Kvothe. Una vez mi padre me dijo que significaba «saber». He robado princesas a reyes agónicos. Incendié la ciudad de Trebon. He pasado la noche con Felurian y he despertado vivo y cuerdo. Me expulsaron de la Universidad a una edad a la que a la mayoría todavía no los dejan entrar. He recorrido de noche caminos de los que otros no se atreven a hablar ni siquiera de día. He hablado con dioses, he amado a mujeres y he escrito canciones que hacen llorar a los bardos. Quizá hayas oído hablar de mí.
Patrick Rothfuss (The Name of the Wind (The Kingkiller Chronicle, #1))
Tenemos miedos. Todos tenemos miedos, aunque lo bueno de esta vida es que casi nadie nos pregunta cuáles son los nuestros. Los intuyen, los huele, se encuentran con ellos en un día en un aeropuerto, en medio de una calle oscura, al subir a un autobús en una ciudad desconocida… Y de repente se dan cuenta de que somos miedosos al volar, a la oscuridad, a que nos roben o a amar y entregar en el sexo parte de nosotros
Albert Espinosa (Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo)
La observación, no sólo el amor, nos hace dueños de las cosas, de las ciudades que hemos visitado, de las historias que hemos vivido, de la gente, de todo. Todas las cosas por las que has pasado sin indiferencia, con atención, son tuyas. Las puedes convocar cuando te dé la gana.
Milena Busquets (También esto pasará)
De entre todas las frutas amargas de la vida, la muerte no es, ni con mucho, la peor. Lo malo es vivir lejos de una misma, que es como vivo yo desde hace años, desde que me trasladé a esta ciudad que no existe y que, sin embargo, se llama Madrid. Madrid no existe, pues; es un sueño provocado por una enfermedad, por unas medicinas que tomamos para combatir alguna enfermedad. Todos los que estamos en Madrid no existimos.
Juan José Millás (La soledad era esto)
Desde aquí no se ve el óxido, la pintura cayéndose y todo eso, pero ves lo que es realmente. Ves lo falso que es todo. Ni siquiera es duro como el plástico. Es una ciudad de papel. Mírala, Q, mira todos esos callejones, esas calles que giran sobre sí mismas, todas las casas que construyeron para que acaben desmoronándose. Toda esa gente de papel que vive en sus casas de papel y queman el futuro para calentarse. Todos los chicos de papel bebiendo cerveza que algún imbécil les ha comprado en una tienda de papel. Todo el mundo enloquecido por la manía de poseer cosas. Todas las cosas débiles y frágiles como el papel. Y todas las personas también. He vivido aquí dieciocho años y ni una sola vez en la vida me he encontrado con alguien que se preocupe por lo que de verdad importa.
John Green (Paper Towns)
There are two ways to lose you sanity in Juarez. One is to believe the violence results from a cartel war. The other is to claim to understand what is behind each murder.
Charles Bowden (Murder City: Ciudad Juárez and the Global Economy's New Killing Fields)
Margo no era un milagro. Ella no era una aventura. No era una cosa bella y preciosa. Era una chica.
John Green (Paper Towns)
A veces la memoria clava chinchetas en momentos triviales del pasado y los fija para siempre, aunque "para siempre" parezca mucho tiempo.
Eva García Sáenz (El silencio de la ciudad blanca (La trilogía de La ciudad blanca, #1))
pensé en todos los que habitan en las ciudades y en quienes van de una ciudad a otra, de un país a otro, de un planeta a otro planeta, como si en algún lado las cosas fueran a ser mejor, como si en algún lado uno pudiera sacarse los zapatos, y sin temer nunca más, equilibrado en su destino, manejándolo en el puño, palpando directamente el valor y la gallardía en los latidos calientes de la esperanza, decir aquí me quedo y nada me moverá
Antonio Skármeta
Meter todos los millones de kilómetros cuadrados de mares, de bosques, todas las cordilleras de la Tierra, todos los ríos, las ciudades y todos los países en un espacio tan minúsculo era un milagro sólo al alcance de un libro.
Antonio Iturbe (La bibliotecaria de Auschwitz)
Ella estaba sentada en la cumbre de una colina, contemplando Roma. El sol de la tarde volvía oro las estructuras de la ciudad. -Jamás pensé que llegaríamos a este lugar-dijo ella. -Y yo tuve fe en que lo haríamos. Él tomó la mano de ella y le plantó un beso. -¿Todo ha terminado? -Por ahora-respondió él.
Kirsten Miller (The Eternal Ones (Eternal Ones, #1))
Augustus Waters fue el Alcalde de la Ciudad Secreta de Cancerlandia, y no es reemplazable comenzó Isaac. Otras personas serán capaces de contar historias divertidas sobre Gus, porque era un tipo divertido, pero déjenme contarles una seria: Un día después de que me extirparan mi ojo, Gus se presentó en el hospital. Yo estaba ciego y con el corazón roto y no quería hacer nada y Gus irrumpió en mi habitación y gritó: “¡Tengo una noticia maravillosa!” Y yo dije algo como: “Realmente no quiero escuchar una noticia maravillosa en este momento”, y Gus dijo: “Esta es una noticia maravillosa que quieres escuchar”, y yo le pregunté: “Bien, ¿cuál es?” y él dijo: “¡Vas a vivir una buena y larga vida llena de momentos grandiosos y terribles que ni siquiera puedes imaginar todavía!
John Green (The Fault in Our Stars)
Lo que es preciso subrayar es el aspecto frívolo de la población y de la vida. Pero se pasan los días fácilmente en cuanto se adquieren hábitos, y puesto que nuestra ciudad favorece justamente los hábitos, puede decirse que todo va bien.
Albert Camus (The Plague)
A pesar de que estoy en el mismo lugar, casi a la misma hora e incluso en el asiento de siempre, cada día es diferente. Cada día vivo una aventura distinta, conozco a alguien nuevo, visito ciudades en las que nunca he estado y, a veces, incluso viajo a mundo inexistentes que a mí me parecen de los más reales. Es tan extraño como mágico poder visitar otros universos pasando páginas y páginas sin dejar de leer.
Esmeralda Verdú (Besos entre líneas)
—Tal vez siempre has sido sabio —dijo Jace—. Recuerdo que cuando te pregunté si querías ser mi parabatai, tú me dijiste que necesitabas un día para pensar en ello. Y luego volviste y dijiste que sí, y cuando te pregunté por qué accediste a hacerlo, dijiste que era porque necesitaba a alguien que me cuidara. Tenías razón. Nunca pensé en ello de nuevo, porque nunca tuve que hacerlo. Te tengo, y siempre has cuidado de mí. Siempre —No —dijo Alec—. No hables así. —No ¿Por qué? —Porque —dijo Alec—. Así es como la gente habla cuando piensan que van a morir
Cassandra Clare (City of Heavenly Fire (The Mortal Instruments, #6))
Durante un siglo, mi vida fue una repetición continua, una sucesión exacta de días, estaciones y años... Pero llegaste tú y todo cambió. Hace un año, no podía imaginar el mundo más allá de mi bosque, y ahora todo un universo de posibilidades se abre ante mí.
Esther Sanz (La ciudad de la luna eterna (El bosque, #3))
Vamos a ver. Ya sabes cómo, al final de Romeo y Julieta, Julieta se despierta en la cripta y Romeo ya está muerto? Él pensó que ella estaba muerta por lo que se quitó la vida a su lado?... Bueno, imagina que ella se despierta y él todavía estaba vivo, pero.. Pero él hubiera matado toda su familia. Y quemado su ciudad. Y matado y esclavizado su pueblo".
Laini Taylor
Notaba las cicatrices de ella bajo los dedos, y quiso decirle que para él eran como adornos, testimonios de su valentía que sólo la hacían más hermosa.
Cassandra Clare (City of Lost Souls (The Mortal Instruments, #5))
Comprendí que el dolor también une a las personas, tal vez más que las alegrías, porque de esas, como buenos desagradecidos que todos somos, nos olvidamos pronto.
Eva García Sáenz (El silencio de la ciudad blanca (La trilogía de La ciudad blanca, #1))
La guerra está en el monte —dijo—. Desde que yo soy yo, en las ciudades no nos matan con tiros sino con decretos.
Gabriel García Márquez (Love in the Time of Cholera)
del Antiguo Testamento salió el verbo sodomizar, aludiendo a Sodoma, la ciudad más divertida en toda la historia después de Las Vegas
Elia Martínez-Rodarte (Ivaginaria)
Dejar el campo, irse a la ciudad, hacer carrera universitaria, tener coche, y prosperar hasta lograr tener una casa de campo...
Gabriel Zaid
Pero allí, en la vida real, en esa pequeña calle cubierta de nieve, en una gran ciudad a la que se considera la ciudad del amor, me convirtió en el hombre más feliz de París.
Nicolas Barreau (La sonrisa de las mujeres)
Hubo otras ciudades después y otras pasiones, pero ningún amor es como el primero. Y ninguna ciudad es como Londres.
Enric González
Tocaestrellas... ¿Sabes dónde esta la ciudad de Piedra? ¿Hablas el idioma de los goblins?
Concepción Perea (La corte de los espejos (La corte de los espejos, #1))
No sé sino vivir en esta ciudad de mierda.
Ana Teresa Torres (La Fascinación De La Víctima)
Nerviosismo de la ciudad: no poder abrir el paquetito de azúcar para el café.
Ramón Gómez de la Serna
¡Alegría infantil en los rincones de las ciudades muertas!... ¡Y algo nuestro de ayer, que todavía vemos vagar por estas calles viejas!
Antonio Machado (Poesía completa)
—[...] me imaginaba teniéndote a mi lado durante cincuenta o sesenta años más. Pensé que entonces estaría preparado para abandonarte. Pero se trata de ti, y ahora me doy cuenta de que nunca estaré más preparado para perderte de lo que lo estoy ahora. Y no lo estoy en absoluto.
Cassandra Clare (City of Fallen Angels (The Mortal Instruments, #4))
...sólo era alguien en el mundo invisible de la ciudad de los pobres y los intocables. Hay épocas y lugares en los que no ser nadie es más honorable que ser alguien." El prisionero del cielo
Carlos Ruiz Zafón
Felicidades, tu nueva vida empieza ahora." Pero ha pensado eso tantas veces... Uno puede cambiar de trabajo y mudarse a una nueva ciudad, pero en realidad nada cambia. Se está atrapado en el mismo cuerpo, la misma escoria circula por la sangre, los mismos recuerdos dan vueltas en la cabeza.
Johan Theorin (Sankta Psyko)
Las macrópolis han perdido su centro, el núcleo lógico del que una vez salieron. En Tokio, Roland Barthes experimentó la fascinación del vacío central: la ciudad como constante orilla. Los habitantes del Distrito Federal conocemos este asombro; el paisaje nos excede en tal medida que la única forma de cohesionarlo, de darle sentido, es ir de un lado a otro: funciona porque es atravesado.
Juan Villoro
Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada;
Charles Dickens (Historia de dos ciudades)
La soledad es un concepto anglosajón. En Ciudad de México, si eres el único pasajero en un autobús y alguien sube, no solo se sentará a tu lado sino que se recostará en ti. (Del cuento Triste idiota)
Lucia Berlin (A Manual for Cleaning Women: Selected Stories)
ما عساى فاعل و أنا داخل هذا القفص سوى القراءة ؟ فى القراءة و التفكير أقتل الساعات و الأيام . أحيانا تكتسبى افكارى قوة كبيرة حتى إننى أصاب بالذعر و فى أحيان أخرى ، يتملكنى كدر لا سبب له ، و يبدو لى أننى داخل حلم فأصحو منه غارقا فى كربى ، و أحيانا أجهش بالبكاء بلا مقدمات و يستمر البكاء ساعات فلا استطيع كبحه
إدواردو ميندوثا (La ciudad de los prodigios)
-Quisiera- dijo, sin mirarla a ella sino al suelo- poder decir lo adecuado, hacer lo adecuado, para que fuera más fácil para ti. Sea lo que sea que quieras de mí, quiero hacerlo. Quiero estar aquí para ti de cualquier forma que sea la mejor para ti, Clary.
Cassandra Clare (City of Heavenly Fire (The Mortal Instruments, #6))
La Ciudad es una para el que pasa sin entrar, y otra para el que está preso en ella; una es la ciudad a la que se llega la primera vez, otra la que se deja para no volver, cada una merece un nombre diferente.
Italo Calvino (Invisible Cities)
La noche se cierra, al filo de la una y media o de las dos de la madrugada, sobre el extraño corazón de la ciudad. Miles de hombres se duermen abrazados a sus mujeres sin pensar en el duro, en el cruel día que quizás les espere, agazapados como un gato montés, dentro de tan pocas horas. Cientos y cientos de bachilleres caen en el íntimo, en el sublime y delicadísimo vicio solitario. Y algunas docenas de muchachas esperan —¿qué esperan, Dios mío?, ¿por qué las tienes tan engañadas?— con la mente llena de dorados sueños…
Camilo José Cela (La Colmena)
Una ciudad de papel para una chica de papel [...]. Miraba hacia abajo y pensaba que yo era de papel. Yo era la persona débil y plegable, no los demás. Y esa es la cuestión. A la gente le encanta la idea de una chica de papel. Siempre le ha encantado. Y lo peor es que a mí me encantaba también. Lo cultivaba, ¿sabes?
John Green (Paper Towns)
Pero el silencio era diáfana en el calor de las cuatro, y por la ventana del dormitorio se veía el perfil de la ciudad antigua con el sol de la tarde en las espaldas, sus cúpulas doradas, su mar en llamas hasta Jamaica.
Gabriel García Márquez (Love in the Time of Cholera)
Pero no olvide tampoco que lo primero que se aprende en el Ejército es a ser hombres. Los hombres fuman, se emborrachan, tiran contra, culean. Los cadetes saben que, si son descubiertos, se les expulsa. Ya han salido varios. Para hacerse hombre hay que correr riesgo, hay que ser audaz. Eso es el Ejército, Gamboa, no sólo la disciplina.
Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros)
—Lo haré. Lo haré porque no me queda más alternativa. Pero no lo haré para cumplir tu sueño, hechicera —hizo un gesto despectivo hacia la Rocavarancolia que aquella mujer había construido en su interior—. No me interesa esta ciudad. No es la mía ni lo será nunca. Lo haré por venganza. Lo haré por justa ira. ¿Estás contenta, Dama Loca? —quiso saber—. Haré lo que deseas. —Pero por los motivos equivocados. —¿Y dónde está la diferencia? —preguntó él.
José Antonio Cotrina (La sombra de la luna (El ciclo de la luna roja, #3))
Si tú quieres que tome clases como un estudiante, puedo hacerlo. Si quieres mudarte a una gran ciudad para perseguir tus sueños, te seguiré. Y si algún día deseas casarte con un vestido blanco y hacer esto oficial ante los ojos humanos, estoy dispuesto a hacer eso también (...)―Para bien o para mal, me temo que estas ligada a mí por ahora.
Julie Kagawa (The Iron Queen (The Iron Fey, #3))
Extraviados en sí mismos, ignoraban que una vida no basta para descubrir los infinitos sabores de la menta, las luces de una noche o la multitud de colores de que están hechos los colores. Una generación sucede a la otra, y cada una repite los actos de la anterior. Sólo un instante antes de morir descubren que era posible soñar y dibujar el mundo a su manera, para luego despertar y empezar un dibujo diferente. Y descubren también que hubo un tiempo en que pudieron poseer el viaje inmóvil de los árboles y la navegación de las estrellas, y recuerdan el lenguaje cifrado de los animales y las ciudades abiertas en el aire por los pájaros. Durante unos segundos vuelven a las horas que guardan su infancia y el olor de las hierbas, pero ya es tarde y tienen que decir adiós y descubren que en un rincón está su vida esperándoles y sus ojos se abren al paisaje sombrío de sus disputas y sus crímenes y se van asombrados del dibujo que hicieron con sus años. Y viven otras generaciones a repetir sus mismos gestos y su mismo asombro final.
Elena Garro (Los recuerdos del porvenir)
¡Ah, es difícil encontrar esa huella de Dios en medio de esta vida que llevamos, en medio de este siglo tan contentadizo, tan burgués, tan falto de espiritualidad, a la vista de estas arquitecturas, de esta política, de estos hombres! ¿Cómo no había yo de ser un lobo estepario y un pobre anacoreta en medio de un mundo, ninguno de cuyos fines comparto, ninguno de cuyos placeres me llama la atención? No puedo aguantar mucho tiempo ni en un teatro ni en un cine, apenas puedo leer un periódico, rara vez un libro moderno; no puedo comprender qué clase de placer y de alegría buscan los hombres en los hoteles y en los ferrocarriles totalmente llenos, en los cafés repletos de gente oyendo una música fastidiosa y pesada; en los bares y varietés de las elegantes ciudades lujosas, en las exposiciones universales, en las carreras, en las conferencias para los necesitados de ilustración, en los grandes lugares de deportes[...] Y lo que, por el contrario, me sucede a mí en las raras horas de placer, lo que para mí es delicia, suceso, elevación y éxtasis, eso no lo conoce, ni lo ama, ni lo busca el mundo más que si acaso en las novelas; en la vida, lo considera una locura.
Hermann Hesse (Steppenwolf)
De noche, en mi cama, busqué a aquel a quien ama mi alma; lo busqué y no lo encontré. Me levantaré, pues, y rodearé la ciudad; por las calles y por las plazas buscaré a aquel a quien ama mi alma; lo busqué, y no lo encontré. Encontráronme
Paulo Coelho (La espía)
En el campo… En el campo… Me encantaba el campo. Quería estar lejos de las ciudades, lejos de la excitación. Sólo me apetecía tumbarme de espaldas bajo un árbol y leer un libro o dibujar, y dejar de preocuparme porque me asaltaran, dejar de llevar una faca o terminar casado con alguna fulana como una cabra. Así debía de ser el campo, pensé ensoñadoramente.
S.E. Hinton (The Outsiders)
Cuando te enamoras, la cosa siempre acaba con una pérdida, ¿no? Uno pierde al otro,en algún momento, siempre.
Christoph Marzi (Heaven: Stadt der Feen)
La manera en la que piensas de una persona no es como ellos realmente son.
John Green (Paper Towns)
¡Maldito seas! A fe que merece simpatía el hombre que me demuestra lo que yo podría haber sido y no soy.
Charles Dickens (Historia de dos ciudades)
Cogió su mochila, con las cuatro cosas que pensó que podría necesitar, y salió a buscar la verdad. O lo más parecido que pudiese encontrar.
Juan A. Cuadra Pérez (El libro de Ivo (La saga de la Ciudad, #1))
أنا بابلو مواطن من العالم أخو كل البشرية المستعبدة
إدواردو ميندوثا (La ciudad de los prodigios)
Sólo la libertad le interesaba ahora para manejar su soledad a su capricho, llevarla a un cine, encerrarse con ella en cualquier parte.
Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros)
Estoy cansado de esperar a que las circunstancias sean perfectas, nunca lo son.
Eva García Sáenz (El silencio de la ciudad blanca (La trilogía de La ciudad blanca, #1))
La gente herida es peligrosa, porque sabe que puede sobrevivir.
Eva García Sáenz (El silencio de la ciudad blanca (La trilogía de La ciudad blanca, #1))
Hay personas que saben encajar los golpes, aprender a recibirlos una y otra vez, esa es su fortaleza. Pero no saben huir, la sola idea de un mundo desconocido las paraliza
Eva García Sáenz (El silencio de la ciudad blanca (La trilogía de La ciudad blanca, #1))
«El mayor truco del diablo fue convencer al mundo de que no existía».
Eva García Sáenz (Los ritos del agua (La trilogía de La ciudad blanca #2))
Es un hecho maravilloso y digno de reflexionar sobre él, que cada uno de los seres humanos es un profundo secreto para los demás.
Charles Dickens (Historia de dos ciudades)
Their curses were not aimed at any definite target: they swore at such abstractions as God, the Officers, the Mothers of Others, with more music than meaning.
Mario Vargas Llosa (La Ciudad y los Perros)
Cuando se viaja se abandonan las ciudades, por gratas que sean, con un sentimiento de alegría. Es la curiosidad que se despierta de nuevo, el instinto ancestral de cambio y movimiento, que llevamos en nosotros como herencia de nuestros remotísimos abuelos, nómadas incansables del mundo prehistórico ¿Qué habrá más allá? ¿Qué nos espera en la próxima etapa?...
Vicente Blasco Ibáñez (Oriente)
Las ideas son el uniforme vistoso que se les pone a los sentimientos y a los instintos
Pío Baroja (La ciudad de la niebla)
Que engañoso creer que una persona es algo más que una persona.
John Green (Paper Towns)
La sabiduría de una ciudad no hay que medirla por los sabios que acoge, ni por sus bibliotecas, ni por sus ilustradores, calígrafos y medersas, sino por el número de crímenes tortuosos cometidos en sus calles oscuras a lo largo de miles de años.
Orhan Pamuk (My Name Is Red)
Y de alguna forma sentía que pasar tanto tiempo rodeada de fantasmas me había convertido en uno. Invisible para todo el mundo menos para mí, y tan real como una ciudad en llamas, gritando mientras ardo sin que nadie me oiga porque ya no queda nadie.
Beatriz Esteban (Las voces del lago)
¿Qué es hoy día la ciudad de México? Una mancha expansiva que se trepa por los cerros. Un inmenso lago desecado que, en venganza por la destrucción a la que fue sometido, va mordisqueando los cimientos de los edificios hasta tragárselos por completo. Un amontonamiento de casas a medio construir que exhiben las varillas de la esperanza de un segundo piso que nunca se construye […]
Gonzalo Celorio
Esto es, después de todo, el punto. No sabes qué va a pasar si derribas los muros, no puedes ver a través del otro lado, no sabes si va a llevar a la libertad o a la ruina, la resolución o el caos. Podría ser un paraíso o la destrucción. Derriba los muros. De lo contrario, debes vivir de cerca, en el miedo, construyendo vallas contra lo desconocido, diciendo oraciones contra la oscuridad, hablando versos de terror y opresión. De lo contrario quizás nunca conozcas el infierno, pero no vas a encontrar el cielo, tampoco. No vas a saber sobre el aire fresco y volar. Todos ustedes, donde quiera que estén: en sus ciudades espinosas, o sus pueblos de un solo bulto. Encuéntrala, la cosa sólida, los lazos de metal y la grieta, los fragmentos de piedra llenando tu estómago. Y tira, y tira, y tira. Haré un pacto contigo: yo lo haré si tú lo haces, siempre y para siempre. Derriba los muros.
Lauren Oliver (Requiem (Delirium, #3))
-Si lo que pretendes es suicidarte, adelante. Pero la muerte es un lugar sumamente aburrido, te lo advierto. Está lleno de estatuas mal hechas, ciudades nauseabundas y viejas chifladas. Hector se giró hacia la voz, aturdido al reconocerla. -No te miento. Vengo de allí.
José Antonio Cotrina
Allí, junto a Akiva, incluso mientras hablaban de guerra, ciudades sitiadas y enemistad duradera, se sentía atraída hacia su inmensidad y calidez, como si fuera al mismo tiempo lugar y persona, y, contra cualquier lógica, exactamente donde se suponía que ella debía estar.
Laini Taylor (Daughter of Smoke & Bone (Daughter of Smoke & Bone, #1))
La ciudad estaba sumergida en su marasmo de siglos, pero no faltó quien vislumbrara el rostro macilento, los ojos fugaces del caballero incierto con sus tafetanes de luto, cuya carroza abandonó el recinto amurallado y se dirigió a campo traviesa hacia el cerro de San Lázaro.
Gabriel García Márquez (Del amor y otros demonios)
No creo en los fantasmas, pero esta mujer tiene el aspecto de un fantasma, se mueve como un fantasma y habla como un fantasma, así que podemos estar de acuerdo en que hay fantasmas, aunque yo no crea en ellos
Christoph Marzi (Heaven: Stadt der Feen)
—¿Quién está ahí? —llamó, luego frunció el ceño—. Claro —añadió, haciendo frente a la oscuridad a su alrededor—. Incluso yo, como Cazador de Sombras , he visto suficientes películas como para saber que cualquiera que grite “¿Quién está ahí?” va a ser asesinado instantáneamente.
Cassandra Clare (City of Heavenly Fire (The Mortal Instruments, #6))
Llega un momento de la vida en que de la gente que uno ha conocido son más los muertos que vivos. Y la mente se niega a aceptar otras fisonomías, otras expresiones: en todas las caras nuevas que encuentra, imprime los viejos moldes, para cada una encuentra una máscara que se le adapta mejor.
Italo Calvino
Podía soportar la soledad y las humillaciones que conocía desde niño y sólo herían su espíritu: lo horrible era el encierro, esa gran soledad exterior que no elegía, que alguien le arrojaba encima como una camisa de fuerza.
Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros)
Lo que puedan enseñarte los demás acaba en sí mismo, lo que aprendes por tu propia cuenta forma parte de ti. Y te será de gran ayuda. Abre los ojos, aguza el oído, haz trabajar la cabeza, descifra el significado de las cosas que te muestra la ciudad. Ya que tienes corazón, sírvete de él mientras puedas...
Haruki Murakami (Hard-Boiled Wonderland and the End of the World)
Es normal que las personas asignen más importancia a su ambiente inmediato, ellas mismas y sus familias, que al más lejano, su ciudad, el país, el mundo. Pero que las personas estén interesadas más en sí mismas no quiere decir que no les importe lo que suceda con los demás. El capítulo I de la Teoría de los sentimientos morales se abre con la siguiente afirmación: «Por más egoísta que se pueda suponer al hombre, existen evidentemente en su naturaleza algunos principios que lo mueven a interesarse por la suerte de otros, y a hacer que la felicidad de éstos le resulte necesaria, aunque no derive de ella nada más que el placer de contemplarla».
Adam Smith (La Riqueza De Las Naciones)
—¿Y el amor? —intervine algo cohibida—. Amar implica a veces renunciar a cosas. —Eso no es amor, querida... Alicia. —La voz de Morelli sonó increíblemente dulce —. Es falta de imaginación. El amor no sabe de sacrificios. Eso que llaman fidelidad no es más que una renuncia al amor más profundo. Una forma de sumisión de nuestra naturaleza libre. Las personas que solo aman una vez en la vida son unas superficiales... O unas fracasadas. No entienden la profundidad del amor y de la propia belleza.
Esther Sanz (La ciudad de la luna eterna (El bosque, #3))
En la época que nos ocupa reinaba en las ciudades un hedor apenas concebible para el hombre moderno. Las calles apestaban a estiércol, los patios interiores apestaban a orina, los huecos de las escaleras apestaban a madera podrida y excremento de rata; las cocinas, a col podrida y grasa de carnero; los aposentos sin ventilación apestaban a polvo enmohecido; los dormitorios, a sábanas grasientas, a edredones húmedos y al penetrante olor dulzón de los orinales. Las chimeneas apestaban a azufre; las curtidurías, a lejías cáusticas; los mataderos, a sangre coagulada. Hombres y mujeres apestaban a sudor y a ropa sucia; en sus bocas apestaban los dientes infectados, los alientos olían a cebolla y los cuerpos, cuando ya no eran jóvenes, a queso rancio, a leche agria y a tumores malignos. Apestaban los ríos, apestaban las plazas, apestaban las igelsias y el hedor se respiraba por igual bajo los puentes y en los palacios. El campesino apestaba como el clérigo; el official de artesano, como la esposa del maestro; apestaba la nobleza entera y, sí, incluso el rey apestaba como un animal carnicero y la reina como una cabra vieja, tanto en verano como en invierno.
Patrick Süskind (Perfume: The Story of a Murderer)
En alguna parte al borde de tu imaginación hay un Laberinto Se tuerce y gira como malvados pensamientos, y nadie... ningún hombre, mujer o niño... ha alcanzado nunca el centro. Allí, dentro de las paredes de la Ciudad de los Goblins, está el castillo de Jareth, el rey de los goblins. Los Goblins son asquerosas criaturitas cuyo mayor deleite es robar bebés y convertirlos en goblins. Pero esto solo puede ocurrir si tú lo deseas. Debes pronunciar las palabras adecuadas para que el deseo se convierta en realidad. "Deseo que los goblins vengan y se te lleven ahora mismo" son las palabras correctas. Cuando los Goblins las oigan, vendrán... y vinieron
A.C.H. Smith (Labyrinth: A Novel Based on the Jim Henson Film)
El que no ha visto como yo en un anochecer lluvioso de invierno una de esas ciudades perdidas de la llanura, cuando las primeras luces vacilantes comienzan a encenderse, y todo lo visible se iguala enterrado bajo la doble capa de la noche y de la intemperie, quizás cree haberla experimentado alguna vez, pero no conoce de verdad la tristeza
Juan José Saer (Las nubes)
Entro de noche a mi ciudad, yo bajo a mi ciudad donde me esperan o me duelen, donde tengo que huir de alguna abominable cita, de lo que ya no tiene nombre, una cita con dedos, con pedazos de carne en un armario, con una ducha que no encuentro, en mi ciudad hay duchas, hay un canal que corta por el medio mi ciudad y navíos enormes sin mástiles pasan en un silencio intolerable hacia un destino que conozco pero que olvido al regresar, hacia un destino que niega mi ciudad donde nadie se embarca, donde se está para quedarse aunque los barcos pasen y desde el liso puente alguno esté mirando mi ciudad. Entro sin saber cómo en mi ciudad, a veces otras noches salgo a calles o casas y sé que no es mi ciudad (...).
Julio Cortázar (62: A Model Kit)
Mi nombre completo es Ed Kennedy. Tengo diecinueve años. Soy taxista menor de edad. Soy uno más de los muchos jóvenes que se ven en este pueblo próximo a la ciudad, sin demasiadas perspectivas ni posibilidades. Aparte de eso, leo más libros de los que debería, soy pésimo en la cama y un desastre haciendo la declaración de la renta. Encantado de conoceros.
Markus Zusak (I Am the Messenger)
Soñaba toda la semana con la salida, pero apenas entraba a su casa se sentía irritado: la abrumadora obsequiosidad de su madre era tan mortificante como el encierro.
Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros)
No soy nada. Solo el eco que todavía sopla en el viento si alguien lo quiere escuchar.
Christoph Marzi (Heaven: Stadt der Feen)
La crueldad del olvido, tan necesaria para sobrevivir.
Mario Mendoza (La ciudad de los umbrales)
Unos fallecen Otros quedan y lloran Yo lo escribo
Irene Maciá (La ciudad dormida)
Mientras haya amor y memoria, no existe la auténtica pérdida
Cassandra Clare (Ciudad del Fuego Celestial (Cazadores de Sombras, #6))
En Cierto modo, tenía derecho; todos en el colegio respetaban la venganza.
Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros)
Crecer en círculos concéntricos, como los troncos de los árboles que cada año aumentan una vuelta.
Italo Calvino (Las ciudades invisibles)
Istoria se repetă, iar timpul nu există. Îl împărţim ca să ne ordonăm puţin vieţile, cu toate că în realitate timpul este plan şi nu are nici început, nici sfârşit.
Enrique Moriel (La ciudad sin tiempo)
أتسألنى مم أشكو ؟ أأشكو من الضباب الذى يلفنا ؟ كلا يا سيدى ، أأشكو من الطقس ؟ كلا يا سيدى ، أأشكو من حال الطريق السيئة ؟ كلا يا سيدى ، مم أشكو إذن ؟ أشكو من الحمق الإنسانى
Eduardo Mendoza (La ciudad de los prodigios)
A veces el tiempo que marca el calendario no tiene nada que ver con el tiempo mental o emocional que cada uno vive por dentro.
Eva García Sáenz (El silencio de la ciudad blanca (La trilogía de La ciudad blanca, #1))
El pasado siempre tiene importancia. No hay que olvidar las cosas que hiciste en el pasado, porque si lo haces nunca conseguirás aprender de ellas.
Cassandra Clare (City of Fallen Angels (The Mortal Instruments, #4))
Cambia mucho las cosas, en tal sentido, recorrer la Mancha con el Quijote en las manos, visitar Palermo habiendo leído El Gatopardo, pasear por Buenos Aires con Borges o Bioy Casares en el recuerdo, o caminar por Hisarlik sabiendo que allí hubo una ciudad llamada Troya, y que los zapatos del viajero llevan el mismo polvo por el que Aquiles arrastró el cadáver de Héctor atado a su carro.
Arturo Pérez-Reverte (Hombres buenos)
Son como palabras elementales que me obsesionan por las noches, y con ellas construyo frases. Pero la verdad está en las palabras elementales: la ciudad, la libertad, los amigos, el aire. Todo eso la vida nos lo da y no tiene valor... ¿Cómo te lo diría? Es igual que unas monedas en nuestras manos. Y un día te das cuenta de que has perdido esas monedas y ya no las vas a recuperar. Nadie te las dará de limosnas.
Francisco González Ledesma (Crónica sentimental en rojo (Ricardo Méndez, #3))
Al llegar a cada nueva ciudad el viajero encuentra un pasado suyo que ya no sabia que tenia: la extrañeza de los que no eres o no posees mas, te espera al paso en los lugares extraños y no poseidos. Marco [Polo] entra en una ciudad: ve a alguien que vive en una plaza una vida o un instante que podrian ser suyos; en el lugar de aquel hombre ahora hubiera podido estar el si se hubiese detenido en el tiempo mucho tiempo antes, o bien si mucho tiempo antes, en una encrucijada, en vez de tomar por un camino hubiese tomado por el opuesto y al cabo de una larga vuelta hubiera ido a encontrarse en el luhar de aquel hombre en aquella plaza. En adelante, de aquel pasado suyo verdadero o hipotetico, el queda excluido; no puede detenerse; debe continuar hasta otra ciudad donde lo espera otro pasado suyo, o algo que quizas habia sido un posible futuro y ahora es el presente de algun otro. Los futuros no realizados son solo ramas del pasado: ramas secas. -¿Viajas para revivir tu pasado?-era en ese momento la pregunta del Kan, que podia tambien formularse asi: ¿Viajas para encontrar tu futuro? Y la respuesta de Marco: -El otro lado es un espejo en negativo. El viajero reconoce lo poco que es suyo al descubrir lo mucho que no ha tenido y no tendra.
Italo Calvino (Invisible Cities)
En aquella ciudad, donde a menudo lo ilegal es convención social y forma de vida --es herencia de familia, dice un corrido famoso, trabajar contra la ley--, Teresa Mendoza fue durante algún tiempo una de esas jóvenes, hasta que cierta ranchera Bronco negra se detuvo a su lado, y Raimundo Dávila Parra bajó el cristal tintado de la ventanilla y se la quedo mirando desde el asiento del conductor. (p. 26 en LA REINA DEL SUR)
Arturo Pérez-Reverte
Oh, sí, hay muchas cosas que no comprendemos. Pasan los años, cientos, miles, ¿y qué ve un hombre en su vida? Unos pocos veranos, unos pocos inviernos. Miramos las montañas y decimos que son eternas, así nos lo parecen... pero, en el curso del tiempo, las montañas se alzan y caen, cambia el curso de los ríos, mueren estrellas en el cielo y grandes ciudades se hunden debajo del mar. Incluso los dioses mueren. Todo cambia.
George R.R. Martin (A Clash of Kings (A Song of Ice and Fire, #2))
La cabaña, reino de la simplificación. Al abrigo de los pinos, la vida se reduce a gestos vitales. El tiempo ganado a las tareas cotidianas lo ocupa el descanso, la contemplación y los pequeños placeres. El abanico de cosas que realizar se reduce. Leer, sacar agua, cortar leña, escribir y servirse té se vuelven liturgias. En la ciudad, cada acto sucede en detrimento de otros mil. El bosque reúne lo que la ciudad dispersa.
Sylvain Tesson (Dans les forêts de Sibérie)
-¿Qué te parecería alquilar una lancha? -No esaría mal, pero tenemos el problema del ruido. [...] -Podríamos acercarnos a remo-sugirió, yo le respondí con una mirada. -Hmmm... Jenks, no es un lago, es el puto océano. ¿Has visto el tamaño del buque cisterna que pasaba por debajo del puente cuando hemos llegado a la ciudad? Su estela podría volcarnos. No pienso ir al estilo canoa a menos que me digas que te llamas Pocahontas.
Kim Harrison (A Fistful of Charms (The Hollows, #4))
—No hice un pastel —repitió Alec, gesticulando expresivamente con una mano—, por tres razones. Uno, porque no tengo ningún ingrediente para hacer el pastel. Dos, porque yo en realidad no sé cómo hacer un pastel. Hizo una pausa, claramente esperando. Removiendo su espada e inclinándose contra la pared de la cueva, Jace dijo con cautela: —¿Y tres? —Porque no soy tu zorra —respondió Alec, claramente complacido consigo mismo.
Cassandra Clare (City of Heavenly Fire (The Mortal Instruments, #6))
... recuerdo que lo que hace especial a una ciudad no son solo su topografía ni las apariencias concretas de edificios y personas, la mayor parte de las veces creadas a partir de casualidades, sino los recuerdos que ha ido reuniendo la gente que, como yo, ha vivido cincuenta años en las mismas calles, las letras, los colores, las imágenes y la consistencia de las casualidades ocultas o expresas, que es lo que mantiene todo unido.
Orhan Pamuk
Cae la noche a toda prisa y el cristal helado produce en tus manos un tintineo leve pero muy agradable. La gran ciudad parece arder en toda su amplitud, en su apabullante telón de torres recubiertas de destellos, zurcidos ahora junto al polen diamantino de un millón de luce…y el sol se ha puesto ya detrás de ellas y la vieja luz rojiza del crepúsculo queda pinta sin calor, sin violencia, sobre el río. Y allí están los botes, los remolques, las barcazas que pasan y la perspectiva alada de los puentes con su gracia exultante. De pronto, ha caído la noche y hay barcos allí, hay barcos, y una ansiedad animal e intolerable dentro de ti que no consigues calmar.
Thomas Wolfe (Una puerta que nunca encontré)
Pero el amor, esa palabra… Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero. Claro que te curarás, porque vivís en la salud, después de mí será cualquier otro, eso se cambia como los corpiños. Tan triste oyendo al cínico Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una lengua. Y es tonto porque todo eso duerme un poco en vos, no habría más que sumergirte en un vaso de agua como una flor japonesa y poco a poco empezarían a brotar los pétalos coloreados, se hincharían las formas combadas, crecería la hermosura. Dadora de infinito, yo no sé tomar, perdoname. Me estás alcanzando una manzana y yo he dejado los dientes en la mesa de luz. Stop, ya está bien así. También puedo ser grosero, fijate. Pero fijate bien, porque no es gratuito. ¿Por qué stop? Por miedo de empezar las fabricaciones, son tan fáciles. Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas. De la palabra a los actos, che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al verse. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto.
Julio Cortázar
Esta ha sido nuestra lucha por años. Son nuestras familias que Sulifer ha estado desgarrando, nuestras vidas que él ha aplastado. Sólo hemos estado esperando a que la persona adecuada nos guíe, y aquí está usted. Llevan sus colores, pintan su sigilo en las paredes. Tal vez usted no se dispuso a crear una revolución, pero la revolución ha estado esperando durante años la chispa correcta. Vamos a luchar, y todos vamos a recuperar nuestra ciudad juntos.
Jessica Khoury (The Forbidden Wish)
A veces, incluso, las causas de la envidia son idénticas: deseamos de la vida de alguien lo mismo que él desea de la nuestra. A los cuarenta años, en suma, la felicidad se convierte en un asunto que concierne solamente a los demás.
Luisgé Martín (La misma ciudad)
—Con la edad se adquiere cierta humildad, Alexander. Mientras más años cumplo, más ignorante me siento. Sólo los jóvenes tienen explicación para todo. A tu edad se puede ser arrogante y no importa mucho hacer el ridículo —replicó ella secamente.
Isabel Allende (La Ciudad de las Bestias)
la admiración por el Padre, símbolo de lo cerrado y agresivo, capaz de chingar y abrir, se transparenta en una expresión que empleamos cuando queremos imponer a otro nuestra superioridad: "Yo soy tu padre" […] No es el fundador de un pueblo; no es el patriarca que ejerce la patria protestad; no es rey, juez, jefe de clan. Es el poder, aislado en su misma potencia, sin relación ni compromiso con el mundo exterior. Es la incomunicación pura, la soledad que se devora a sí misma y devora lo que toca. No pertenece a nuestro mundo; no es de nuestra ciudad; no vive en nuestro barrio. Viene de lejos, está lejos siempre. Es el extraño. Es imposible no advertir la semejanza que guarda la figura del "macho" con la del conquistador español. Ése es el modelo –más mítico que real– que rige las representaciones que el pueblo mexicano se ha hecho de los poderosos: caciques, señores feudales, hacendados, políticos, generales, capitanes de industria. Todos ellos son "machos, "chingones".
Octavio Paz (The Labyrinth of Solitude and Other Writings)
Después de mi muerte un día El mundo será pequeño a las gentes Plantarán continentes sobre los mares Se harán islas en el cielo Habrá un gran puente de metal en torno de la tierra Como los anillos construidos en Saturno Habrá ciudades grandes como un país Gigantescas ciudades del porvenir En donde el hombre-hormiga será una cifra Un número que se mueve y sufre y baila (Un poco de amor a veces como un arpa que hace olvidar la vida) Jardines de tomates y repollos Los parques públicos plantados de árboles frutales No hay carne que comer el planeta es estrecho Y las máquinas mataron el último animal Arboles frutales en todos los caminos Lo aprovechable sólo lo aprovechable Ah la hermosa vida que preparan las fábricas.
Vicente Huidobro (Altazor, Or, a Voyage in a Parachute)
Bolivia, hoy uno de los países más pobres del mundo, podría jactarse –si ello no resultara patéticamente inútil– de haber nutrido la riqueza de los países más ricos. En nuestros días, Potosí es una pobre ciudad de la pobre Bolivia: «La ciudad que más ha dado al mundo y la que menos tiene»... Esta ciudad condenada a la nostalgia, atormentada por la miseria y el frío, es todavía una herida abierta del sistema colonial en América: una acusación. El mundo tendría que empezar por pedirle disculpas.
Eduardo Galeano (Las venas abiertas de América Latina)
un hecho maravilloso y digno de reflexionar sobre él, que cada uno de los seres humanos es un profundo secreto para los demás. A veces, cuando entro de noche en una ciudad, no puedo menos de pensar que cada una de aquellas casas envueltas en la sombra guarda su propio secreto; que cada una de las habitaciones de cada una de ellas encierra, también, su secreto; que cada corazón que late en los centenares de millares de pechos que allí hay, es, en ciertas cosas, un secreto para el corazón que más cerca de él late.
Charles Dickens (Historia de dos ciudades)
Hablar de revoluciones, imaginar revoluciones, situarse mentalmente en el seno de una revolución, es hacerse un poco dueño del mundo. Quienes hablan de una revolución se ven llevados a hacerla. Es tan evidente que tal o cual privilegio debe ser abolido, que se procede a abolirlo; es tan cierto que tal opresión es odiosa, que se dictan medidas contra ella; es tan claro que tal personaje es un miserable, que se le condena a muerte por unanimidad. Y, una vez saneado el terreno, se procede a edificar la Ciudad del Futuro.
Alejo Carpentier
Somos una generación que pasa el relevo a otra miserable, desahuciada. No pudimos pagar a los encantadores de serpientes y eso va a convertir el mundo en un cementerio africano habitado por fantasmas de personas. Hemos levantado unas ciudades monstruosas y crueles donde se han terminado los horizontes y se acaban las condiciones, donde nuestros hijos crecerán narcotizados y pasando penurias para sobrevivir, hasta que el caos y la alienación arrasen con ellos. Hemos heredado una tumba, pero en ella ya viven desheredados.
Emilio Bueso (Extraños eones)
Se necesitan políticas para un crecimiento sostenible, equitativo y democrático. Esta es la razón del desarrollo. El desarrollo no consiste en ayudar a unos pocos individuos a enriquecerse o en crear un puñado de absurdas industrias protegidas que solo benefician a la elite del país; no consiste en traer a Prada y Benetton, Ralph Lauren o Louis Vuitton para los ricos de las ciudades, abandonando a los pobres del campo de su miseria. El que se pudieran comprar bolsos de Gucci en los grandes almacenes de Moscú no significo que el país se había vuelto una economía de mercado. El desarrollo consiste en transformar las sociedades, mejorar las vidas de los pobres, permitir que todos tengan la oportunidad de salir adelante y acceder a la salud y a la educación. Este tipo de desarrollo no tendrá lugar si sólo unos pocos dictan las políticas que deberá seguir un país. Conseguir que se tomen decisiones democráticas quiere decir garantizar que un abanico de economistas, funcionarios y expertos de los países en desarrollo estén activamente involucrados en el debate. También implica una amplia participación que va bastante más allá de los expertos y los políticos. Los países en desarrollo deben tomar las riendas de su propio porvenir. Pero nosotros en occidente no podemos eludir nuestras responsabilidades
Joseph E. Stiglitz
Queridos jóvenes, buenas tardes. Quiero primero darles las gracias por el testimonio de fe que ustedes están dando al mundo. Siempre oí decir que a los cariocas no les gusta el frío y la lluvia. Pero ustedes están mostrando que la fe de ustedes es más fuerte que el frío y la lluvia. ¡Enhorabuena! Ustedes son verdaderamente grandes héroes. Veo en ustedes la belleza del rostro joven de Cristo, y mi corazón se llena de alegría. Recuerdo la primera Jornada Mundial de la Juventud a nivel internacional. Se celebró en 1987 en Argentina, en mi ciudad de Buenos Aires. Guardo vivas en la memoria estas palabras de Juan Pablo II a los jóvenes: “¡Tengo tanta esperanza en vosotros! Espero sobre todo que renovéis vuestra fidelidad a Jesucristo y a su cruz redentora” (Discurso a los Jóvenes, 11 de abril 1987:
Pope Francis (El Papa Francisco en Brasil)
«... sabes, yo tenía una familia, un trabajo, algo siempre estaba en el medio, pero ahora vendí mi casa, encontré este lugar, un estudio amplio, deberías ver el espacio y la luz. Por primera vez en mi vida voy a tener el lugar y el tiempo para crear.» No nene, si vas a crear vas a crear trabajando 16 horas por día en una mina de carbón, o vas a crear en una piecita con tres chicos mientras estás desocupado, vas a crear aunque te falte parte de tu mente y de tu cuerpo, vas a crear ciego, mutilado, loco, vas a crear con un gato trepando por tu espalda mientras la ciudad entera tiembla en terremotos, bombardeos, inundaciones y fuego. Nene, aire, luz, tiempo y espacio no tienen nada que ver con esto y no crean nada... excepto quizás una vida más larga para encontrar nuevas excusas.
Charles Bukowski
Un día perfecto, para mí, es así -Morales se permitió una mínima gesticulación con las manos, como si bosquejara la acción de una película que pensase dirigir-: Una mañana cargada de nubarrones, unos cuantos truenos, y una buena lluvia de todo el día. No digo un aguacero, porque los imbéciles solares se quejan el doble si la ciudad se llena de agua. No, alcanza con una lluvia pareja que dure hasta la noche. Hasta la noche tarde, eso sí. Para que uno pueda dormirse con el ruido de las gotas. Y si podemos agregarle de nuevo unos truenos, mejor.
Eduardo Sacheri (The Secret in Their Eyes)
El romance hablaba de cierto brujo y cierta poetisa. De cómo el brujo y la poetisa se conocieron a la orilla del mar, entre los chillidos de las gaviotas; cómo se enamoraron desde el primer momento. De cuán hermoso y fuerte era su amor. De que nada, ni siquiera la muerte, sería capaz de destruir aquel amor ni de separarlos. Jaskier sabía que pocas personas creerían la historia que contaba el romance, pero no se preocupó por ello. Sabía que los romances no se escriben para que se crea en ellos, sino para emocionar. Algunos años después, Jaskier podría haber cambiado el contenido del romance, haber escrito sobre lo que sucedió en realidad. No lo hizo. La verdadera historia no hubiera emocionado a nadie. ¿Quién querría escuchar que el brujo y Ojazos se separaron y no se volvieron a ver nunca más, ni una sola vez? ¿Que cuatro años más tarde Ojazos murió de viruela durante una epidemia que asoló Wyzima? ¿Que él, Jaskier, la sacó en sus brazos de entre los cadáveres quemados en las hogueras y la enterró lejos de la ciudad, en el bosque, sola y tranquila, y junto con ella, tal y como había pedido, dos cosas: su laúd y su perla celeste? Una perla de la que nunca se separó.
Andrzej Sapkowski (Krew elfów (Saga o Wiedźminie, #1))
Los días lluviosos son el recuerdo de un castigo mayor para la ciudad. Un poco de lluvia siempre se convierte en una caótica inundación. Las calles regresan entonces a su origen: se hacen lagunas, canales, ríos pestilentes. En ellos aparece el reflejo de los edificios, de la gente, sus dobles sepultados. La pregunta que se hacen los capitalinos tarde o temprano en medio de un chubasco es la misma que obsesionaba a los europeos que deambulaban por la destruída ciudad de México: ¿qué había antes aquí? A lo largo de los siglos, la respuesta es siempre la misma: lo que quedó de una catastrofe.
Fabrizio Mejía Madrid
Entonces", dice mientras íbamos por la carretera principal, el rompe el silencio, "he estado pensando." "¿Sí?" Él asintió "Realmente necesitas salir conmigo." Parpadeé. "¿Perdona?" "Ya sabes. Tú, yo. Un restaurante o una película. Juntos" Él me mira otra vez, cambia de velocidad. "¿Quizás es algo nuevo para ti? Si es así, voy a estar feliz de guiarte" "¿Quieres llevarme a ver una película?", Pregunto. "Bueno, realmente no", dijo. "Lo que en verdad quiero es que seas mi novia. Pero pensé que si te lo decía así te asustarías." Sentí que mi corazón salto de mi pecho. "¿Siempre eres tan directo sobre este tipo de cosas?" "No", dice. Doblamos a la derecha, subiendo por la colina hacia la ciudad, los altos edificios del hospital y la campana U eran visibles desde arriba de la colina. "Pero tengo la sensación de que tienes prisa y estas dejando todo, así que pensé que debería ir al grano" "Yo sólo estaré fuera una semana", digo en voz baja. "Cierto", dice mientras seguimos subiendo. "Pero he querido hacerlo desde hace tiempos y ya no podía esperar." "¿En serio?", Pregunto. Él asiente con la cabeza. "Como, ¿desde cuándo?" Él lo piensa por un segundo. "El día que me golpeaste en baloncesto." "¿Eso te pareció atractivo?" "No exactamente", respondió. "Más bien fue como vergonzoso y humillante. Pero hubo algo en ese momento. . . Era como una pizarra limpia. Ninguna postura o pretensión. Fue como, ya sabes, real”. Estábamos llegando a la ciudad ahora, pasando FrayBake, Luna Blu sólo estaba ha unas cuadras de distancia. "Real", repito.
Sarah Dessen (What Happened to Goodbye)
الواقع الذى يحيط بنا ليس سوى ستارة ملونة وفى الجانب الاخر من هذه الستارة لا توجد حياة اخرى وانما هى الحياة نفسها فليس الغيب الا ذلك الجانب الاخر من الستارة وعندما ندقق النظر فى الستارة لا نرى الجانب الاخر الذى هو الشىء نفسه وعندما ندرك ان الواقع ليس سوى ظاهرة بصرية فاننا نتمكن من اجتياز هذه الستارة الملونة وحين نجتاز تلك الستارة الملونة نجد انفسنا فى عالم اخر مماثل لهذا وفى ذلك العالم يوجد كذلك من ماتوا ومن لم يولدا بعد ولكننا لانراهم الان لانهم مفصولون عنا بالستارة الملونة التى نخلط بينها وبين الواقع وما ان يتم اجتياز هذه الستارة فى احد الاتجاهات حتى يصبح من السهل جدا اجتيازها دوما فى الاتجاه نفسه وفى الاتجاه المعاكس ايضا
Eduardo Mendoza (La ciudad de los prodigios)
¿Cómo odia uno a un país, o lo ama? Tibe habla de eso; yo no soy capaz. Conozco gente, conozco ciudades, granjas, montañas y ríos y piedras, conozco cómo se pone el sol en otoño del lado de un cierto campo arado en las colinas; pero ¿Qué sentido tiene encerrar todo en una frontera, darle un nombre y dejar de amarlo donde el nombre cambia? ¿Qué es el amor al propio país? ¿el odio a lo que no es el propio país? Nada bueno. ¿Sólo amor propio? Bien, pero no es posible hacer de eso una virtud, o una profesión...Mientras tenga amor a la vida, amaré también las colinas del dominio de Estre, pero este amor no tiene fronteras de odio.
Ursula K. Le Guin (The Left Hand of Darkness (Hainish Cycle, #4))
Mi querida prima de ojos azules: Hoy amanecí loca, y como todas las personas fastidiosas y tontas, he decidido obsequiarte con mi locura y mis disparates; yo sé que será una lata horrible, pero ya no se puede remediar nada porque ya empecé la carta y te la pienso mandar. Ante todo, siento ganas de hablar contigo sobre versos y poemas, pero no aquí, en la ciudad llena de bullicio, entre las calles plenas de algarabía, sino allá, en Los Teques, en el pueblo dulce y bueno con su iglesia blanca y tibia, con su plaza festiva. ¿Cómo estás? ¿Cómo tienes el pelo? ¿Muy rubio? ¿El pelo de oro y diamantes como el de las princesas encantadas y las ninfas del día? Di que lo tienes rubio porque el sol te regaló uno de sus más claros destellos y los crisantemos decidieron perfumártelo y engalanártelo con el mejor de sus perfumes. ¿Te fijas? ¡No puedo hablar sin salir a buscar frases tontas y barbaridades! Reciban besos y abrasos de la poetisa: Ida y Vuelta
Gabriela Kizer (Ida Gramcko)
Cuando escribo procedo por series: tengo muchas carpetas donde meto las páginas escritas, según las ideas que se me pasan por la cabeza, o apuntes de cosas que quisiera escribir. Tengo una carpeta para los objetos, una carpeta para los animales, una para las personas, una carpeta para los personajes históricos y otra para los héroes de la mitología; tengo una carpeta sobre las cuatro estaciones y una sobre los cinco sentidos; en una recojo páginas sobre las ciudades y los paisajes de mi vida y en otra ciudades imaginarias, fuera del espacio y del tiempo. Cuando una carpeta empieza a llenarse de folios, me pongo a pensar en el libro que puedo sacar de ellos.
Italo Calvino (Las ciudades invisibles)
El Poder es capaz de todos los crímenes menos de los que requieren coraje. Devora héroes y caga locos. Hasta los postes del telégrafo se inclinan a su paso. El Poder inaugura cárceles el día primero de cada mes. El enemigo quiere un mundo sin dueños ni prohibiciones y el Poder advierte: el enemigo pretende hacernos creer que no existe pero, ¿quién no es peligroso para el orden público? El enemigo se infiltra, anida, intoxica, asedia: huele a azufre, tiene cuernos, es nocturno y joven y numeroso.
Eduardo Galeano
—Lindo perro mío, buen perro, chucho querido, acércate y ven a respirar un excelente perfume, comprado en la mejor perfumería de la ciudad. Y el perro, meneando la cola, signo, según creo, que en esos mezquinos seres corresponde a la risa y a la sonrisa, se acerca y pone curioso la húmeda nariz en el frasco destapado; luego, echándose atrás con súbito temor, me ladra, como si me reconviniera. —¡Ah miserable can! Si te hubiera ofrecido un montón de excrementos los hubieras husmeado con delicia, devorándolos tal vez. Así tú, indigno compañero de mi triste vida, te pareces al público, a quien nunca se ha de ofrecer perfumes delicados que le exasperen, sino basura cuidadosamente elegida.
Charles Baudelaire (Paris Spleen)
هناك نوعان من الإضرابات : الإضراب الذي يهدف إلى الحصول على منفعة محددة، والإضراب الذي يهدف إلى زعزعة النظام السائد والمساهمة في تدميره .. النوع الأول مضر جداً للعامل، لأنه يسعى في العمق إلى تعزيز الوضع الجائر الذي يسود في المجتمع . هذا أمر يسهل فهمه ولا يحتاج إلى تفسير .. فالإضراب هو السلاح الوحيد بيد البروليتاريا ، ومن الحماقة تبديده في الصغائر
Eduardo Mendoza (La ciudad de los prodigios)
Aquella sociedad potosina, enferma de ostentación y despilfarro, sólo dejó a Bolivia la vaga memoria de sus esplendores, las ruinas de sus iglesias y palacios, y ocho millones de cadáveres de indios. Cualquiera de los diamantes incrustados en el escudo de un caballero rico valía más, al fin y al cabo, que lo que un indio podía ganar en toda su vida de mitayo, pero el caballero se fugó con los diamantes. Bolivia, hoy uno de los países más pobres del mundo, podría jactarse -si ello no resultara patéticamente inútil- de haber nutrido la riqueza de los países más ricos. En nuestros días, Potosí es una pobre ciudad de la pobre Bolivia: "La ciudad que más ha dado al mundo y la que menos tiene", como me dijo una vieja señora potosina, evuelta en un kilométrico chal de lana de alpaca, cuando conversamos ante al patio andaluz de su casa de dos siglos. Esta ciudad condenada a la nostalgia, atormentada por la miseria y el frío, es todavía una herida abierta del sistema colonial en América: una acusación. El mundo tendría que empezar por pedirle disculpas.
Eduardo Galeano
Bogotá era entonces una ciudad de cien mil habitantes, con no más de cinco barrios y un área de quince kilómetros cuadrados. El centro era la joya arquitectónica de la capital y hacia el norte, por las vegas de un pueblo llamado Chapinero, habían sido construidos los barrios de la clase alta. Los pobres, menesterosos y campesinos desplazados vivían en los cerros y en las zonas del sur y el occidente de la capital. Había una Calle Real que comenzaba en la avenida trece y llegaba hasta el ángulo nororiental de la plaza de Bolívar, a lo largo de la cual bullía un activo comercio y se desplegaban elegantes tiendas de telas, vajillas, farmacias yjoyas, la mayoría de las cuales estaban en manos de judíos, libaneses y alemanes.
Ecchehomo Cetina (El hombre que fue un pueblo)
El catálogo supone la disolución y el rechazo crítico de las reglas básicas, es decir, de los "órdenes", de los a priori, de las frases hechas, de las convenciones de cualquier origen y género. Nace de un acto destructor de la afirmación cultural, que induce a rechazar todo el bagaje de normas y cánones tradicionales, a recomenzar desde la raíz, como si no hubiera existido nunca un sistema lingüístico, como si, por primera vez en la historia, tuviésemos que construir una casa o una ciudad. [...] Catalogar significa sistematizar. Dejan de emplearse las palabras sin antes haber analizado a fondo su contenido. Además, a lo menos en un primer momento, se eliminan los verbos, los nexos, las maneras posibles de construir una frase.
Bruno Zevi (Leer, Escribir, Hablar Arquitectura)
Mercaderes y charlatanes se hicieron con el control de Europa, llamando a su insidioso evangelio "La Ilustración". El día de la plaga estaba próximo; pero de las cenizas de la humanidad no surgió ningún fénix. El campesino humilde y piadoso, Pedro Labrador, se fue a la ciudad a vender a sus hijos a los señores del Nuevo Sistema para empresas que podemos calificar, en el mejor de los casos, de dudosas. (...) El giroscopio se había ampliado. La Gran Cadena del Sur se había roto como si fuera una serie de clips unidos por algún pobre imbécil; el nuevo destino de Pedro Labrador sería muerte, destrucción, anarquía, progreso, ambición y autosuperación. Iba a ser un destino malévolo: ahora se enfrentaba a la perversión de tener que IR A TRABAJAR.
John Kennedy Toole (A Confederacy of Dunces)
LA CIUDAD (1910) Dijiste: "Iré a otra tierra, iré a otro mar. Otra ciudad ha de haber mejor que esta. Cada esfuerzo mío es una condena dictada; y mi corazón está -como un muerto- enterrado. ¿Hasta cuándo estará mi alma en este marasmo? Adonde vuelva mis ojos, adonde quiera que mire veo aquí las negras ruinas de mi vida, donde pasé tantos años que arruiné y perdí." No hallarás nuevas tierras, no hallarás otros mares. La ciudad te seguirá. Vagarás por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo; y entre las mismas paredes irás encaneciendo. Siempre llegarás a esta ciudad. Para otra tierra -no lo esperes- no tienes barco, no hay camino. Como arruinaste aquí tu vida, en este pequeño rincón, así en toda la tierra la echaste a perder.
Konstantino Kavafis
Ahora ella está de frente a él. De golpe, Alberto descubre que el rostro tantas veces evocado en el colegio estás últimas semanas tenía una firmeza que no asoma en el rostro que ve a su lado, el mismo que vio en el cine Metro, o tras esa puerta, cuando se despidieron, un rostro cohibido, unos ojos tímidos que se apartan de los suyos y se abren y cierran como tocados por el sol de verano.
Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros)
La ciudad que había pagado a sus madres con la humillación y la privación de sus derechos, estaba ahora a punto de recibir su respuesta enfundada en armaduras, cascos y escudos, y con la lanza y la espada en lugar de la palabra. El cordero había dejado de serlo para convertirse en lobo. La maternidad se había prohibido a sí misma, dispuesta a no crear más vida sino sobre la propia muerte. La paciencia, agotada. Los buenos deseos, superados. Los ojos del corazón, fuertemente vendados para no ver ni sentir lo que habría de suceder. El odio asomándose e intentando crecer en el interior, apenas contenido por una razón que había decidido entregarse ya a la obediencia ciega. Los cuerpos entrenados, preparados, dispuestos y anhelantes, pidiendo sólo una dirección, un objetivo hacia el que dirigirse.
Arthur de Jeuffosse (Lágrimas Oscuras (Trilogía Amazonas, #1))
La superficie no resiste. Huyo hacia delante llevando el dolor cosido a los talones. Ninguna acequia en la que ahogarlo, ninguna huella en la que perderlo. Decido enfrentarlo como se enfrenta al cielo la llanuera: a descubierto. Habré de perderme a mí ya que en el mí se aloja todo dolor. Digo dolor para nombrarlo, exorcizar al mí. Escribo el mí para que ruede hacia la página, pero se me pega a los dedos y no acierto, no acierto a diluir en la tinta el llanto. A sacudidas me digo, a sacudidas la letra y luego contra lo irremediable me alzo. Alzo el grito. Contra lo irremediable. Vago por el mundo dejando un rastro de gritos. Cada saludo es un frito, cada sonrisa un grito. Mi sonrisa oculta el primer grito del mundo, el único, el mismo, aquel que brota en el final, cuando ya nada importa. Intrusa de mi mundo y del ajeno, no hallo lugar para el descanso. La fe de los comienzos, no El perdón no. Sólo el balbuce. La salvación no. Sólo el balbuceo. Después del grito el balbuceo. Asolada el balbuceo. Mis pasos doblándose hacia dentro. La mente desposeída de estrategias. Sólo el balbuceo. Dolor, ni tan siquiera -palabra sin sentido-. No abro las cortinas. Ninguna cortina. La habitación oscura. Málagra, Damasco, Delhi, en todas las ciudades la vida me es ajena, Todas las ventanas son la misma ventana. Todas las aceras reciben el mismo cuerpo. La misma soledad cayendo, excesiva. Morir es un exceso. Me ex- cedo. Balbuceo. Sigo alimentándome tan sólo para poder decir el exceso. A contra-vida. Abajo. Y a nadie que esté vivo ha de importarle lo que digo. No es más que un murmullo soterrado, apenas inquietante.
Chantal Maillard (La herida en la lengua)
LA ESTACIÓN DE FERROCARRIL. Mi no llegada a la ciudad de N tuvo lugar puntualmente. Fuiste avisado con una carta no enviada. Lograste no llegar a la hora prevista. El tren llegó al andén número tres. Bajó mucha gente. Entre la muchedumbre se dirigió a la salida la ausencia de mi persona. Varias mujeres me sustituyeron rápidamente en aquella prisa. A una de ellas se acercó corriendo alguien desconocido para mí pero ella lo reconoció al instante. Ambos intercambiaron un beso no nuestro, durante el cual se perdió no mi maleta. La estación de la ciudad de N pasó bien el examen de la existencia objetiva. La totalidad estaba en su lugar. Los detalles se movían por las vías marcadas. Tuvo lugar incluso la cita acordada. Fuera del alcance de nuestra presencia. En el paraíso perdido de la posibilidad. En otra parte. En otra parte. Como suenan estas palabras.
Wisława Szymborska
Estamos ante un enfrentamiento entre la metrópolis y el territorio que pretende colonizar, y por ironía de la historia, la causa de la libertad, la razón y el deseo ha abandonado las ciudades, o mejor dicho, lo que antes fueron ciudades, para refugiarse en el campo, lo que antes fue campo, y lanzar desde allí, con el concurso nihilista de los excluidos del suburbio, el contraataque contra las fuerzas antihistóricas domiciliadas en las conurbaciones. Lejos de los centros comerciales, y por lo tanto, lejos de la mercantilización del vivir y de la estatización de la existencia, el tiempo y el lugar recobran algún sentido y permiten a los individuos recuperar la memoria y cooperar contra la sinrazón capitalista, construyendo, si se rebasa el horizonte plataformista, una nueva identidad de explotados anclada en el territorio, luego en su condición concreta de habitantes, no en la condición abstracta de ciudadanos. Dicha identidad no ha de aspirar a proporcionar un marco más regulado al mercado de la vivienda y del suelo, sino a abolir cualquier relación mercantil; tampoco pretenderá complementar el régimen tecnocrático que gusta en llamarse "democracia" cuando no es más que totalitarismo disimulado, sino sustituirlo por una verdadera democracia de base, horizontal, directa, autogestionaria. No será el estandarte de un nacionalismo de nuevo cuño, sino el emblema de una voluntad universal de liberación.
Miguel Amorós (Perspectivas antidesarrollistas)
UNA VISTA AÉREA Desde arriba Insurgentes es sólo una amplia avenida que corta la ciudad de México de Norte a Sur repleta de pequeños autos. Se dice que es la vía más grande del mudo porque de un lado desemboca en Acapulco y del otro en Nuevo Laredo pero, en realidad, si uniéramos en línea recta todas las calles llamadas Insurgentes en todo el país, la avenida continuaría hasta llegar a las costas de Hawaii. Insurgentes está enrollada por todo el país como un laberinto. Todos los años, alguien le pone ese nombre a alguna calle de una ciudad en construcción y se siente original. Ni siquiera la ciudad de México ha evitado esa repetición: entre 1985 y 1995, aparecieron veintitrés calles, bulevares, callejones, privadas, prolongaciones y retornos llamados Insurgentes. En el futuro todas las rutas de México terminarán por llamarse así. Caminaremos sin rumbo, doblando a la izquierda y derecha sobre Insurgentes, preguntándonos ¿Dónde estoy?
Fabrizio Mejía Madrid
Siempre hay un rey sobre un caballo en las viejas ciudades; lo custodian las fuentes y los niños y un insólito pájaro. Cuando los veo, pienso que la muerte mira de las estatuas armada hasta los dientes, con sus ojos de bronce clausurado. Si pregunto por ellos, me describen galopes y batallas. Nunca al caballo libre en las praderas ni al señor en su casa. Todos cuentan la historia por las guerras en las viejas ciudades y por más que pregunto nadie sabe describir la morada donde amasaba pan el panadero y su mujer hilaba. La historia que nos cuentan es la historia de una que otra batalla, pero jamás nos dicen que, entretanto, el labrador sembraba y que, segando el trigo de la vida, los jóvenes se amaban mirándose a los ojos, como miro la paz en tu mirada, mientras paseamos por la antigua plaza con un rey a caballo donde juegan los niños y las fuentes son catedrales de agua. La paz, amor, es ese pájaro insólito que, a veces, se posa en las estatuas.
Armando Tejada Gómez
Mátenme al alba. Con cuchillos [ilegible] y con cuchillas oxidadas. Estaré en cuclillas esperando. Salva tu amor. No lo salves. Desafección y mierda violenta que aprendió a expresarse en nuestros días mediante fórmulas atroces como «hacer el amor» y «asumir la responsabilidad» y «negar el pasado» y «el hombre es lo que se hace». No hay más que la memoria, maravilla sin igual, horror sin semejanza. Hace mucho que me entregué a las sombras. Y no me contenta mi destino sombrío, mi destino asombrado. Me han asolado, me han agostado. Libérame de ti pues te amo y no estás. No me hables. No te apostes en mis rincones preferidos. Estás aquí. Me deliras. Me cortas las cintas de colores que me aliaban a las niñas que fui. Me abandonas loca furiosa, comiendo sombras furiosamente, girando convulsa con las manos espantadas, revolcándome en tu huida hasta los atroces orgasmos y gritos de bestia asesinada. Pero te amo. A ti te asumo, ante ti sin pasado ni relojes ni sonidos. Sucia y susurrante, leve, ingrávida, llena de sangre y de sustancias sexuales, húmeda, mojada, reventando de calor, de sangre que pide. Me dañas la columna vertebral, tantos días despeñada sobre tu cuerpo imaginado. Me dañas la cabeza que di contra las paredes porque no sabía qué hacer salvo esto: que debía golpearme y castigarme ya que tú no venías. Con tu sonrisa de paraíso exactamente situado en el tiempo y en el espacio. Con tus ojos que sonríen antes que tus labios. En tus ojos encuentro mi persona súbitamente reconstruida. En tus ojos se acumulan mis fragmentos que se unen apenas me miras. En tus ojos vivo una vida de aire puro, de respiración fiel. En tus ojos no necesito del conocimiento, no necesito del lenguaje. En tus ojos me siento y sonrío y hay una niña azul en el jardín de un castillo. Ahora que no estás me atrae la caída, la mierda, lo abyecto, lo denigrante. Salgo a la calle y siento la suciedad, la ruina. Entro en los bares más siniestros y tomo un vino como sangre coagulada, como menstruación, y me rodean brujas negras, perros sarnosos, viejos mutilados y jóvenes putos de ambos sexos. Yo bebo y me miro en el espejo lleno de mierda de moscas. Después no me veo más. Después hablo en no sé cuál idioma. Hablo con estos desechos que no me echan, ellos me aceptan, me incorporan, me reconocen. Recito poemas. Discuto cuestiones inverosímiles. Acaricio a los perros y me chupo las manos. Sonrío a los mutilados. Me dejo tocar, palpar, manos en mi cuerpo adolescente que tanto te gustaba por ser ceñido y firme y suave. («La lisura de tu vientre, tus caderas de efebo solar, tu cintura hecha a la medida de mis manos cerrándose, tus pechos de niña salvaje que los deja desnudos aun cuando llueve, tu sexo y tus gritos rítmicos, que deshacían la ciudad y me llevaban a una selva musical en donde todo confabulaba para que los cuerpos se reconozcan y se amen con sonidos de leves tambores incesantes. Esas noches en que hacíamos el amor debajo de las grandes palabras que perdían su sentido, porque no había más que nuestros cuerpos rítmicos y esenciales… Y ahora llueve y tengo náuseas y vomito casi todo el día y siempre que hay un olor espantoso en la calle, un olor a paquete olvidado, a muerto olvidado. Y tengo miedo. Eso quería decir: que no estás y tengo miedo.»)
Alejandra Pizarnik (Diarios: edición definitiva)
Amanece en México. Millones de ciudadanos se preparan para otra ardua jornada laboral. Un controlados aéreo de la torre del Aeropuerto Internacional Benito Juárez de la Ciudad de México entrega su turno después de una noche más de eficaz trabajo cumplido. Un agricultor del valle de Culiacán, granero de México, prepara su sistema de riego con tecnología de punta. Una ingeniera atómica controla impolutamente los desechos de uranio altamente enriquecidos de la central nuclear de Laguna Verde. Un empresario de Monterrey termina una conference call con sus socios del Lejano Oriente. En un hotel del Caribe, la recepcionista despierta puntualmente a los turistas de las habitaciones que así se lo han pedido. Los hospitales trabajan. Las escuelas inician labores. La basura se recoge. El agua corre por las cañerías. La luz se enciende. Los teatros dan la tercera llamada. En el campo, millones de manos ya están sobre el surco y los empleados de la periferia de las grandes ciudades se desplazan hacia sus centros de trabajo. Una monumental energía humana echa a andar un día más la undécima potencia económica del planeta.
Ricardo Cayuela Gally
EL FANTASMA DE EDNA LIEBERMAN Te visitan en la hora más oscura todos tus amores perdidos. El camino de tierra que conducía al manicomio se despliega otra vez como los ojos de Edna Lieberman, como sólo podían sus ojos elevarse por encima de las ciudades y brillar. Y brillan nuevamente para ti los ojos de Edna detrás del aro de fuego que antes era el camino de tierra, la senda que recorriste de noche, ida y vuelta, una y otra vez, buscándola o acaso buscando tu sombra. Y despiertas silenciosamente y los ojos de Edna están allí. Entre la luna y el aro de fuego, leyendo a sus poetas mexicanos favoritos. ¿ y a Gilberto Owen, lo has leído?, dicen tus labios sin sonido, dice tu respiración y tu sangre que circula como la luz de un faro. Pero son sus ojos el faro que atraviesa tu silencio. Sus ojos que son como el libro de geografía ideal: los mapas de la pesadilla pura. Y tu sangre ilumina los estantes con libros, las sillas con libros, el suelo lleno de libros apilados. Pero los ojos de Edna sólo te buscan a ti. Sus ojos son el libro más buscado. Demasiado tarde lo has entendido, pero no importa. En el sueño vuelves a estrechar sus manos, y ya no pides nada.
Roberto Bolaño (The Romantic Dogs)
The conversation swings from the brothers Bush to the war in Iraq to the emerging rights of Muslim women to postfeminism to current cinema—Mexican, American, European (Giorgio goes spasmodically mad over Bu-ñuel), and back to Mexican again—to the relative superiority of shrimp over any other kind of taco to the excellence of Ana’s paella, to Ana’s childhood, then to Jimena’s, to the changing role of motherhood in a postindustrial world, to sculpture, then painting, then poetry, then baseball, then Jimena’s inexplicable (to Pablo) fondness for American football (she’s a Dallas Cowboys fan) over real (to Pablo) fútbol, to his admittedly adolescent passion for the game, to the trials of adolescence itself and revelations over the loss of virginity and why we refer to it as a loss and now Óscar and Tomás, arms over each other’s shoulders, are chanting poetry and then Giorgio picks up a guitar and starts to play and this is the Juárez that Pablo loves, this is the city of his soul—the poetry, the passionate discussions (Ana makes her counterpoints jabbing her cigarette like a foil; Jimena’s words flow like a gentle wave across beach sand, washing away the words before; Giorgio trills a jazz saxophone while Pablo plays bass—they are a jazz combo of argument), the ideas flowing with the wine and beer, the lilting music in a black night, this is the gentle heartbeat of the Mexico that he adores, the laughter, the subtle perfume of desert flowers that grow in alleys alongside garbage, and now everyone is singing— México, está muy contento, Dando gracias a millares… —and this is his life—this is his city, these are his friends, his beloved friends, these people, and if this is all that there is or will be, it is enough for him, his world, his life, his city, his people, his sad beautiful Juárez… —empezaré de Durango, Torreón y Ciudad de
Don Winslow (The Cartel)
Vivo en los Estados Unidos y soy chilena, sangre, voluntad y memoria. Al llegar a este país me obligaron a llenar un formulario en el cual había una casilla referente a la raza: la primera alternativa era blanca, la cual iba a automáticamente yo a marcar, cuando leí más abajo la palabra “Hispanic”. Me pareció una enorme incultura por parte de los funcionarios gringos ya que lo hispano no se refiere a una raza, pero abismada comprendí que por primera vez en mi vida me expulsaban de mi propio nicho, de lo que creía mi identidad natural y objetiva, aunque entre una norteamericana y yo no mediase la más mínima diferencia física ( más aún en este caso específico: soy pelirroja, hasta me parezco a ellos ). Ni que decirlo, marqué con saña el segundo cuadrado y cada día transcurrido de estos seis años me he ido apegando más y más a él. Cuando camino por las calles de la ciudad, a veces me da la impresión de que todos mis antepasados están allí, en la pulcra e impersonal boca del metro, con la esperanza de llegar a alguna parte. Todo chicano o salvadoreño despreciable es mi tío, el hondureño que retira la basura es mi novio. Cuando Reina se declara a sí misma una desclasada, sé exactamente a que se refiere. Toda mi vida ha corrido por este lado del mundo. Mi cuna real y ficticia, el lugar donde nací y el otro que fui adquiriendo, lucen oropeles muy americanos ( ¡ no acepto que ese adjetivo se lo atribuyan los del norte! América es tanto la de arriba como la de abajo, norte y sur tan americanos uno como el otro). Trazo los dos puntos del continente para señalar los míos y agrego un tercero, éste. Dos de ellos resultan razonablemente cercanos, y luego, inevitable, la línea larga baja y baja hasta llegar al sur, hasta lo que, a mi pesar, debo reconocer como el fin del mundo. Sólo los hielos eternos más allá de esa tierra. Allí nací. Mapuches o españoles, fluidas, impredecibles, vigorosas, allí están mis raíces.
Marcela Serrano (Lo que está en mi corazón)
Yo había crecido en el convencimiento de que aquella lenta procesión de la posguerra, un mundo de quietud, miseria y rencores velados, era tan natural como el agua del grifo, y que aquella tristeza muda que sangraba por las paredes de la ciudad herida era el verdadero rostro de su alma. Una de las trampas de la infancia es que no hace falta comprender algo para sentirlo. Para cuando la razón es capaz de entender lo sucedido, las heridas en el corazón ya son demasiado profundas. Aquella noche primeriza de verano, caminando por ese anochecer oscuro y traicionero de Barcelona, no conseguía borrar de mi pensamiento el relato de Clara en torno a la desaparición de su padre. En mimundo, la muerte era una mano anónima e incomprensible, un vendedor a domicilio que se llevaba madres, mendigos o vecinos nonagenarios como si se tratase de una lotería del infierno. La idea de que la muerte pudiera caminar a mi lado, con rostro humano y corazón envenenado de odio, luciendo uniforme o gabardina, que hiciese cola en el cine, riese en los bares o llevase a los niños de paseo al parque de la Ciudadela por la mañana y por la tarde hiciese desaparecer a alguien en las mazmorras del castillo de Montjuïc, o en una fosa común sin nombre ni ceremonial, no me cabía en la cabeza. Dándole vueltas, se me ocurrió que tal vez aquel universo de cartón piedra que yo daba porbueno no fuese más que un decorado. En aquellos años robados, el fin de la infancia, como la Renfe, llegaba cuando llegaba.
Carlos Ruiz Zafón
Es inútil. El vacío auténtico, como un blindaje, acoraza su vida. Se detiene junto a una silla, la toma por el respaldar, hace ruido con ella golpeando las patas contra el piso; pero este ruido es insuficiente para desteñir el vacío teñido de gris. Deliberadamente hace pasar ante sus ojos paisajes anteriores, recuerdos, sucesos; pero su deseo no puede engarfiar en ellos, resbalan como los dedos de un hombre extenuado por los golpes de agua, en la superficie de una bola de piedra. Los brazos se le caen a lo largo del cuerpo, la mandíbula se le afloja. Es inútil cuanto haga para sentir remordimiento o para encontrar paz. Igual que las fieras enjauladas, va y viene por su cubil frente a la indestructible reja de su incoherencia. Necesita obrar, mas no sabe en qué dirección. Piensa que si tuviera la suerte de encontrarse en el centro de una rueda formada por hombres desdichados, en el pastizal de una llanura o en el sombrío declive de una montaña, él les contaría su tragedia. Soplaría el vien­to doblando los espinos, pero él hablaría sin reparar en las estrellas que empezaban a ser visibles en lo negro. Está seguro que aquel círculo de vagabundos comprendería su desgracia; pero allí, en el corazón de una ciudad, en una pieza perfectamente cúbica y sometida a disposiciones del digesto municipal, es ab­surdo pensar en una confesión. ¿Y si lo viera a un sacerdote y se confiara a él? Mas, ¿qué puede decirle un señor afeitado, con sotana y un inmenso aburri­miento empotrado en el caletre? Está perdido, ésa es la verdad; perdido para sí mismo.
Roberto Arlt (Los lanzallamas (Los siete locos, #2))
A mí, Hasan, hijo de Mohamed el alamín, a mí, Juan León de Médicis, circuncidado por la mano de un barbero y bautizado por la mano de un papa, me llaman hoy el Africano, pero ni de África, ni de Europa, ni de Arabia soy. Me llaman también el Granadino, el Fesí, el Zayyati, pero no procedo de ningún país, de ninguna ciudad, de ninguna tribu. Soy hijo del camino, caravana es mi patria y mi vida la más inesperada travesía. Mis muñecas han sabido a veces de las caricias de la seda y a veces de las injurias de la lana, del oro de los príncipes y de las cadenas de los esclavos. Mis dedos han levantado mil velos, mis labios han sonrojado a mil vírgenes, mis ojos han visto agonizar ciudades y caer imperios. Por boca mía oirás el árabe, el turco, el castellano, el beréber, el hebreo, el latín y el italiano vulgar, pues todas las lenguas, todas las plegarias me pertenecen. Mas yo no pertenezco a ninguna. No soy sino de Dios y de la tierra, y a ellos retornaré un día no lejano. Y tú permanecerás después de mí, hijo mío. Y guardarás mi recuerdo. Y leerás mis libros. Y entonces volverás a ver esta escena: tu padre, ataviado a la napolitana, en esta galera que lo devuelve a la costa africana, garrapateando como mercader que hace balance al final de un largo periplo. Pero no es esto, en cierto modo, lo que estoy haciendo: qué he ganado, qué he perdido, qué he de decirle al supremo Acreedor? Me ha prestado cuarenta años que he ido dispersando a merced de los viajes: mi sabiduría ha vivido en Roma, mi pasión en el Cairo, mi angustia en Fez, y en Granada vive aún mi inocencia.
Amin Maalouf (Leo Africanus)
Mirad: somos punks y skins, somos los chicos con botas, somos las ratas con botas, somos feos y pajeros y tiñosos, buscabullas y culoapretados, espitados y bocazas y chulos, botas sucias y caras brutas, los paquetes estrujados y las cabezas rapadas, rotos y descosidos en la ropa y en el alma, malas dentaduras y mal cutis, los peores empleos y barrios, somos la gente que no quieres conocer y venimos de los sitios adonde no quieres ir, nacidos para ser carn d’olla, nacidos para fracasar, el eslabón más bajo de la cadena alimenticia, pisando charcos en la ciudad podrida, carnaza de descampado y bóbila y calimocho, comiéndonos las consonantes y comiéndonos los mocos, expulsados y castigados, sin recreo pero también sin clase, sin clase de ningún tipo, esta noche hay un destroy, tienes-tienes-tienes y nosotros no tenemos nada, pero si tienes una lista negra ya nos puedes ir apuntando, si tienes una lista negra nosotros queremos estar en ella, meando por las calles, rompiendo los cristales, cantando las canciones que no salen en los libros. Los chicos con botas, bolsillos vacíos y cojones llenos, esas canciones son lo único que tenemos. Eso, y a nosotros mismos. Porque somos los chicos con botas, somos las ratas con botas, duros como clavos, a veces hay que agachar la cabeza para no romperse, y somos los irrompibles, somos la arrogancia original, borrachos y orgullosos, pisando cascos rotos, los culos contra la pared, sin futuro y sin modales, carne de cañón, Cornellà, Santako, L’Hospi, Bellvitge, Castefa, Viladecans, Gavà, Sant Boi, La Cope, feas las esquinas y más dura será la caída, cayendo, cayendo, siempre cayendo, cayendo y riendo, haciendo la conga en la cola del INEM, de aquellos polvos vinieron estos lodos, sólo que aquí polvos hemos visto pocos y el lodo nos llega ya hasta el cuello, de cara a la pared pero sin libros en las manos, no nos dio tiempo a querer ser alguien, nadie te cuenta nunca cómo se sale de aquí, ¿hay alguna manera de salir de aquí?, primero deletrea u-n-i-v-e-r-s-i-d-a-d si tienes huevos, oportunidades para estudiar una carrera es lo que no te van a dar (cantaban los Clash), esto es Todos Contra Todos pero nosotros estamos juntos, es lo único que tenemos. Las canciones, y a nosotros mismos. Caemos como piedras pero, mientras tanto, ¿echamos unas risas? Cayendo y riendo, es todo lo que nos queda. Nos vemos en la Casa de la Bomba a las diez en punto, como cada sábado, que esta noche hay un destroy. No tardes, no me jodas.
Kiko Amat (Rompepistas)
A VECES LA MAÑANA AYUDA Hace tiempo que ando escribiendo una crónica que llevaría el título "No siempre la mañana ayuda". Y hasta tenía el comienzo apuntado en un papel por ahí, a toda prisa, sobre la mesa del despacho. Empieza así: "Al salir de la casa y tropezar con el rostro del sol(antiguamente lo representábamos así, con una amplia sonrisa y los ojos alegres, con una cabellera de rayos resplandecientes), deberíamos caer de rodillas, ofrecer cualquier cosa al culto pagano de la luz y sentir después el mundo conquistado. Pero todos tenemos otra cosa que hacer". Y saldría uno por ahí fuera a ahuyentar la melancolía, a justificar el título, en definitiva. Algo me ha impedido continuar. Y sé que hoy no voy a concluir una prosa que me enfrentaría al lector. Y es que, sin esperarlo, se despertó en mi memoria un caso acontecido entre dos hombres, un caso que viene a demostrar que, a veces, la mañana ayuda, sí señor. Vamos, pues, con la historia. Imagine el lector un vagón de tren. Lleno. El día no es ni feo ni bonito: tiene algo de sol, unas nubes que lo cubren, y hay una brisa cortante allá afuera. Los viajeros van callados, hacen todos unos gestos involuntarios al albur del traqueteo. Unos leen periódicos, otros se ausentan hacia un país silencioso y sólo habitado por pensamientos ocultos e indefinidos. Hay una gran indiferencia en la atmósfera, y el sol, al descubrirse, ilumina un escenario de rostros apagados. Entonces, el hombre más(pero muy lejos deser un adolescente), que está sentado junto a la ventanilla, empieza a tararear en sordina una vaga canción. Quizá no tenga motivos especiales de contento, pero, en aquella hora, la necesidad de cantar es irresistible. Todo cuanto acude a su memoria sirve. Y va tan absorto en su pura y gratuita alegría que ni siquiera repara en que el vecino de asiento se muestra ofendido y esboza esos movimientos elocuentes que sustituyen a las palabras cuando no hay valor para pronunciarlas. Frente al hombre que canta, hay un viejo. Éste desde que salió anda rumiando problemas que lo atormentan. Es muy viejo, y está enfermo. Ha dormido mal. Sabe que va a tener un día difícil. Y detrás de él una voz deshilacha canciones, badabádabá, notas de música, de un modo impreciso pero obstinadamente vivo y afirmativo. El sol sique jugando al escondite. Y el mar, que súbitamente aparece se puebla de islas de sombra entre grandes lagos de plata fundida. A lo lejos, la ciudad se diluye en humo y niebla seca. Silenciosa, a aquella distancia, tiene un aire de fatalidad y resignación, como un cuerpo que ha renunciado a vivir y se extingue lentamente. Es grande el peligro de que la melancolía triunfe definitivamente. Pero el hombre insiste. Ya no es posible identificar al que canta. Ahora sale de su boca un flujo de armonía, un lenguaje que ha desistido de la articulación coherente para penetrarse mejor de la sustancia de la música. Esto acabrá sin duda con un grito irreprimible de alegría, con indignación y escandalo de los viajeros. Ocurrió, sin embargo, que la ciudad llegó de repente. Se abrieron las puertas, la gente se precipitó, empujándose, olvidándose unos de otros. El hombre se levanta, murmurando aún algo. Sigue a lo largo del andén, va a lo suyo, con su música. Y, de pronto, alguien lo coge del brazo. El viejo está a su lado, se juraría que tiene los ojos húmedos, y dice: "Gracias. Yo venía preocupado y triste. Cuando lo oí cantar sentí una gran paz, y durante todo el camino vine pidiéndole a Dios que siguiera usted cantando. Muchas gracias". El hombre de las canciones sonrió, primero con embarazo, luego como si fuera el amo del mundo. Se separaron. Y fue cada uno a su trabajo, con la música que era de los dos.
José Saramago (Las maletas del viajero)